La crisis permanente - Jaime Soto - E-Book

La crisis permanente E-Book

Jaime Soto

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Beschreibung

La realidad superó las intenciones al escribir este libro, tanto que fue necesario modificar su título y hacerlo de nuevo. La crisis permanente, de Jaime Soto, es una respuesta a los vertiginosos cambios detonados en Chile por el Estallido Social del 2019 y la pandemia de la CoVid-19. Todo ha sido tan rápido, desliza nuestro autor, que aún estamos lejos de comprender las transformaciones. Para salir airoso, su estilo es elíptico, tocando temas incluso opuestos y con grandes saltos en el tiempo, intentando así un pronóstico hacia el futuro. ¿Tendremos más tecnología y la vez más trabajo? ¿Qué hacer frente a los nuevos conflictos sanitarios, políticos, medioambientales, etcétera? ¿Está en riesgo la vida con el Cambio Climático? La clave sería no tener miedo a las disrupciones, incluso procurarlas como un desafío a la inteligencia y la ética social. Los tiempos del lucro sin fin parecen terminados y en su reemplazo llegó el escrutinio público a través de las Redes Sociales. La democracia toma nuevas formas y simultáneamente surgen inesperadas amenazas a la misma. Todo está por verse y todo es apasionante. Como la lectura de este libro, colmado de información útil. Iván Quezada Escritor

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Seitenzahl: 127

Veröffentlichungsjahr: 2021

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864. Ch. 1. Ensayo chileno. Páginas: 128. Tamaño 14 cm. ancho, 21 cm. alto. © Copyright 2020. Primera edición: Editorial El Español de Shakespeare. Santiago de Chile, diciembre de 2020. Registro de Propiedad Intelectual Nº A-9630. ISBN: 978-956-9385-28-5 ISBN Digital: 978-956-9385-29-2 Edición Literaria y fotos de portada: Iván Quezada. Fotografía de la solapa: Archivo del autor. Diseño y Diagramación: Freddy Cáceres O. Edición electrónica: Sergio Cruz Derechos Reservados.

Dedicado a mi esposa y mi hijo.

Mis agradecimientos para Isabel Villalón, Jorge Alzamora, Francisco Videla, Renato Sepúlveda y María Teresa Santander.

Índice

Reseña

Prólogo

Los engranajes del Conflicto y la Innovación

Capítulo I La inestabilidad como paradigma

Capítulo II El efecto dominó

Capítulo III La innovación y la política

Capítulo IV Un asunto de valores

Conclusiones Cambiar para desarrollarse

Prólogo

¿Qué es una «invariante»? Desde luego, un neologismo. Nos sirve como un ancla en una época de cambios vertiginosos. Los negocios y emprendimientos parecen ser luces de un día… Pero sólo en apariencias. La «invariante» es el aspecto que nunca se modifica, más allá de las transformaciones tecnológicas, las innovaciones organizacionales, los cambios políticos o en la Naturaleza (me refiero, obviamente, al impacto de la CoVid-19). A veces es inconsciente, pero es imprescindible descubrirla para acertar en la planificación de transformaciones que, en principio, pueden parecer imposibles, pero en las nuevas circunstancias no, como el reemplazo de la matriz energética por las presiones para priorizar la energía renovable. El ejemplo clásico, en pequeña escala, es el orden de las letras en los teclados. Es la misma posición desde las antiguas máquina de escribir, no cambia con la tecnología.

No se puede emprender en algo que mudará completamente. En un breve lapso, el activo que uno creía precioso, nadie lo toma en cuenta. Sin ir más lejos, mucha gente está adquiriendo habilidades en cosas que en el futuro no existirán. Por eso, el objetivo de este libro —a través de conversaciones y relatos— es ilustrar a los lectores en el cambio permanente y que así averigüen si sus productos serán válidos en los próximos años.

La «invariante» hace al emprendedor. Examinemos el complejo caso del Periodismo. Hoy la gente ve la información por Internet y el impreso está en vías de extinción. Los ciudadanos no pagan por las noticias y con ello el Periodismo de Investigación parece condenado. A nivel mundial, por otra parte, estamos llenos de robot entregando noticias falsas y la gente se las cree. ¿Qué pasó con la antigua «invariante», que era escribir las noticias? En diez años más, ¿le interesará a alguien leerlas? Quizás en el futuro las personas sólo querrán verlas. Si sucede un accidente, los usuarios demandarán observarlo con sus propios ojos, particularmente a los muertos y heridos. Sin embargo, no bastará con una imagen para hacer creíble un supuesto «hecho». Las noticias falsas han generado escepticismo. Entonces, ¿cómo mantendremos el valor de informarse?

Hasta ahora se creía que una noticia publicada era verdadera. El principio era: a mayor seriedad del medio de comunicación, más auténtico su contenido. Esa credibilidad murió y se desconoce el mecanismo para reconquistar la confianza del público. El medio que lo consiga será el que adapte la «invariante» a estos factores, conservando su esencia: que la gente se entere de la realidad.

Las materias de este libro son el emprendimiento, la innovación, el cambio tecnológico, la evaluación de proyectos… Antes se decía que un proyecto con un «van mayor a cero» (lucrativo), se debía hacer. Hoy, sin embargo, se acaba si no es ético. La normalidad en el presente ya no lo será en los años venideros. Si el proyecto no es sustentable ni desarrolla la comunidad, está condenado a morir… Aunque quizás la regulación todavía no esté a la altura. Por ejemplo, para disponer de 5G necesitamos más antenas que hasta ahora, pero ¿quién aceptaría tenerlas? Todos queremos una conectividad veloz, aunque sin poner una «palmera» en la casa. La tasa de cambio es tan veloz, que los proyectos ahora demoran sólo dos años; después son inviables. ¿Cuánto vale una empresa en ese contexto? ¿Las ideas continúan siendo un activo, a pesar de que cualquiera las puede copiar?

Es importante diferenciar a emprendedores, inversionistas y empresarios. En Chile, un emprendedor es quien tiene una idea y pide financiamiento para llevarla a cabo o emplea capital propio. Puede ser un restorán u otra cosa. El empresario, en cambio, posee un patrimonio y dispone de recursos para nuevas iniciativas. No necesariamente es rico, pero sí es reconocido por la comunidad empresarial. Su meta es la utilidad. Ya conoce a su gente, tiene su empresa y una historia. El inversionista, por su lado, no está en línea directa con la gente. Invierte en una empresa y puede ocupar el cargo de director, aunque sólo con el objetivo de rentabiliza su inversión. Si compra un departamento para arrendarlo, debe comparar su ganancia con el interés de un depósito bancario. Aún así, en la Nueva Economía es necesario colaborar con las personas, confiar en ellas, usar las comunicaciones. Por eso extraña que los modelos vigentes en Chile sean jerárquicos. En los organigramas se ve quién gana más, limitando el emprendimiento. Entre nosotros impera una economía basada en materias primas y carecemos de soluciones modernas. Aquí no se ha construido un Uber ni un Amazon. Pero la única manera de alcanzar el desarrollo es con emprendedores que se planteen el desafío: un nuevo modelo económico.

Llegaríamos al umbral del desarrollo con 35 mil dólares per cápita. Si crecemos al 5%, tal vez para el 2025 lograríamos esa cifra. Al tres o al dos, quizás en veinte años más… ¡Y más aún los indicadores numéricos cayeron en el desprestigio! La cuestión es cómo combinar nuestras aspiraciones con el pleno empleo y una vida decente. La distribución está terriblemente mal hecha. ¿Dónde está bien ejecutada? Lo vemos en algunos países ricos, donde a una persona, al empezar a trabajar, se le deposita mil dólares en una cuenta corriente para que tenga una vejez sana. En Chile, por el contrario, somos subdesarrollados.

Los engranajes del Conflicto y la Innovación

Capítulo I La inestabilidad como paradigma

1. Comunicarse contra viento y marea

Entre los relojes, la invariante es la medición de las horas del día. Todos los aparatos, digitales o analógicos, indican el paso del tiempo. En los negocios también existen invariantes, pero son invisibles para quienes no emprenden dichas transacciones. Quienes deducen el factor inmutable, ocultan un as de triunfo bajo la manga.

En la era de la digitalización, la piedra de tope es la comunicación. La gente siempre se comunicará. Veamos el ejemplo de las películas. Las personas gustan de ellas, las ven en cualquier formato que se les presente. Pero los creadores del video en VHS no lo entendieron así y tuvieron que resignarse a su desaparición con el auge del CD, luego del Bluray y ahora del streaming. La tecnología implica un cambio permanente en los recursos, pero no en el contenido.

Los emprendedores deben darse cuenta de cuál es la invariante al ofrecer una innovación. El gran riesgo es desarrollar una tecnología condenada a morir. Hoy la novedad es la robótica y la Inteligencia Artificial, por nombrar dos. Se dice que, por ejemplo, los robots serán los nuevos sirvientes y no sólo en labores mecánicas, sino incluso proporcionarán soluciones a dilemas intelectuales. Cada día se los emplea más en las mesas de ayuda, como asimismo en los «fonos ayuda». Pero el negocio es la respuesta a las personas, no es el dispositivo en sí mismo, como algunos operadores creen. La esencia sería el algoritmo que satisface las inquietudes.

El cambio es constante y absorbe la variedad. Al mezclarse ambos factores, se origina un ecosistema distinto. En el presente tenemos diez mil respuestas para una pregunta, pero quizás antes la conseguíamos en una enciclopedia y nos resultaba satisfactoria. ¿Realmente hubo un cambio? Sí, pero en el modelo de búsqueda, no en las respuestas que obtenemos.

Antes recibíamos el dato listo. En los medios de comunicación, las noticias venían filtradas. Hoy, en cambio, es al revés: se solicita un dato y acuden mil fuentes, que pueden ser verdaderas o falsas. Las personas ya no compran diarios, pero siguen necesitando los datos, la información y el conocimiento que éstos entregan.

El estándar actual es la inestabilidad. En el pasado se consideraba que la estabilidad era una virtud. A uno le decían que trabajaría veinticinco años en una empresa, empezando como cajero. Los empleos se heredaban de una generación a otra, familias enteras vivían de hacer lo mismo década tras década. Este esquema económico ya no existe. El cambio y la variedad se mezclan, además, con la inestabilidad. Hasta hace poco carecíamos de variedad, las cosas se obtenían en pocas fuentes. Éramos seres atomizados, con trabajos estables que odiábamos, pero nos proporcionaban una carrera. Ya sin la estabilidad de por medio, la variedad se ha vuelto brutal y asimismo el cambio —que la gente asocia al cambio tecnológico— no tiene límites. El conocimiento es la clave. Nos dirigimos a una sociedad basada en el aprendizaje, con una robótica e Inteligencia Artificial avanzadas (por mencionar sólo dos variables tecnológicas), lo cual acabará para siempre con la ecuación que dirigía nuestras vidas. El aprendizaje estará por sobre el lucro, lo que demostrará que este último nunca fue una invariante.

En este contexto, el emprendedor-innovador tiene una buena idea y quiere convertirla en un negocio. Posee dos habilidades que normalmente no van juntan: o eres emprendedor o inventor. Este último crea algo y el primero le da un valor comercial. Con ambos factores, tenemos un «emprendimiento innovador».

Un emprendedor-innovador genera un prototipo, empleando un algoritmo. Por ejemplo, consigue una búsqueda más veloz en Google, lo cual constituye una oportunidad de negocios. Su mayor interés es procurar una mejora en sus actividades, que pueda convertirse en transacciones económicas. Está lejos de ser un mero especulador.

El centro no es el lucro, insistimos. La rentabilidad en sí no tiene que ver con el emprendimiento ni la innovación. El emprendedor anhela que su sueño se convierta en realidad y goza implementando su inspiración. Por ética debe generar una ganancia, ya que toda iniciativa implica la participación de muchas personas. Sin embargo, la esencia de su quehacer es la perseverancia. El fracaso es un aprendizaje inherente al proceso innovador-emprendedor. No le tiene miedo y cuando lo padece deduce sus errores para no cometerlos en su siguiente emprendimiento. El lucro —en el buen sentido— será una consecuencia, nunca su obsesión.

2. Cómo hacer viable la transferencia tecnológica

La tecnología como novedad ya es algo del pasado. El hito sucedió en 1900, cuando el transporte por fuerza animal fue reemplazado por el motor a combustión. Todo el mundo giraba en torno a las carretas y los caballos. Había una pujante industria relacionada, entre otras cosas, con el heno, las herraduras y la crianza de los equinos. Y de repente apareció el automóvil. Hubo una pérdida de empleos, pero se recuperaron con creces en la nueva industria automotriz. El drama de entonces se parece al del presente, con la pronta operación de la Inteligencia Artificial (IA). La gente tendrá que cambiar de oficios.

Los nuevos trabajos pueden darse a través de un algoritmo cognitivo, que aprende al pasar del tiempo. Algunas empresas en América Latina ya han creado mesas de ayuda, en que un algoritmo contesta las llamadas y si no puede responder, traspasa la consulta a un humano. Dicha persona responde y el algoritmo asume que lo hace correctamente. Más tarde, repetirá su respuesta ante la misma pregunta. Su acervo crece y crece con miles de telefonemas en línea. Es un empleo que se pierde y a la vez surge otro; es una de las tantas disrupciones que vivimos hoy, donde el jefe puede ser un algoritmo.

Fuimos educados con el modelo de producción en serie de Henry Ford, que comenzó con el Ford T en 1908 en una cadena de montaje. Incluía una maquinaria especializada, salarios elevados y un gran número de trabajadores. El cambio tecnológico, en su primera fase, consistió en la mecanización. Sustituyó al hombre al manejar insumos con la ayuda de máquinas. La automatización se refería al control autónomo y centralizado de la producción, hasta el punto en que el ser humano sólo era necesario para vigilar y conservar las maquinas. La informatización, en cambio, estriba en el tratamiento automático de la información por medio de la tecnología digital. Todo esto siempre está acompañado de una revolución. En la Inglaterra de 1761, tenemos la Revolución Industrial con la mecanización. Más tarde, en 1829, comienza la era de la maquina a vapor, particularmente con el ferrocarril (en Inglaterra y Estados Unidos). Luego vino, en Alemania en 1875, la época del acero y la ingeniería pesada en los rubros eléctrico, civil, químico naval. Fue la primera globalización. Ya hacia el año 1908, en Estados Unidos, se había impuesto el petróleo con el uso masivo del automóvil, la petroquímica y la producción en masa.

La segunda globalización empezó una vez más en Estados Unidos, en 1971; nos referimos a la informática. Desde el 2000, es el período de la biotecnología, la nanotecnología, la dieléctrica y la utilización de nuevos materiales. Las revoluciones tecnológicas no sólo agregan nuevas industrias, creando un inédito comercio mundial; producen asimismo el rejuvenecimiento de toda la industria, un cambio significativo de la conducta social y del patrón de inversión, amén de profundas transformaciones institucionales. En el 2012, había veinte o treinta tendencias, destacando los teléfonoscelulares. Al año siguiente, irrumpieron los dispositivos móviles y apareció el Big Data. Así se fueron sumando la Nube, la impresión en 3D, etcétera.

De esta manera, llegamos al dilema central: ¿cómo explicar la transferencia tecnológica a alguien que no está familiarizado con la investigación académica o la innovación? En otras palabras: ¿cómo conseguimos que una persona invierta en una investigación, ya sea en una empresa o en un organismo público?

En rigor, la transferencia tecnología es una parte del traspaso del conocimiento. Más de una vez, en anteriores libros, al hablar de innovación y emprendimiento, empleamos la frase: «el cambio está en sí mismo y cambiando constantemente». Por ejemplo, una persona que camina horas dentro de una cueva y de pronto encuentra una luz, si tiene un pensamiento emprendedor, quizás vea una oportunidad; pero alguien que no lo posee, sólo se le ocurrirán cuestionamientos. No poca gente piensa en muchos peros cuando se ve obligada a tomar una decisión; no actúa debido a que su historia se basa en dudar. No es raro que una persona, al tener un problema económico en Chile, se le castigue poniéndola en DICOM (registro de morosidad de deudores). En cambio, en Estados Unidos las dificultades implican la posibilidad de empezar de nuevo y con una valiosa experiencia asimilada.

Un emprendimiento innovador implica romper un molde mental, salirse de la zona de confort. Lo que busca es cambiar la realidad. La persona debe estar inmersa en muchas cosas, no limitarse a una sola actividad. En este caso, una vez más, la suma de las partes es superior al todo.

La incidencia de la tecnología permite vivir una experiencia de virtualización extremadamente real, como competir en un juego desde adentro, premunido de unos lentes. Lo mismo cuando se hace un diseño en 3D. La invariante es la necesidad permanente de la gente de diseñar y jugar.

Las disrupciones son cambios en los medios disponibles. A mí, por ejemplo, me educaron en el mundo de Atari