La ética del cuidado - Fabienne Brugère - E-Book

La ética del cuidado E-Book

Fabienne Brugère

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Beschreibung

A partir de la premisa de que el cuidado es un modo de respuesta ante el desmantelamiento de lo público y lo social, Fabienne Brugère reivindica desde una perspectiva feminista la labor que históricamente han tenido las mujeres y reformula ese quehacer más allá del determinismo histórico que acusa las profundas desigualdades entre hombres y mujeres. La rehabilitación del cuidado en la sociedad, a diferencia de la moral y su carácter universalista, supone el reconocimiento de que las personas se necesitan recíprocamente. El ideal de autonomía, desde la perspectiva de Brugère, solo es posible gracias a quienes otorgan cuidado en la medida en que este último es la clave del buen vivir. Así, el maternaje, lejos de ser un hecho biológico, es una función que supone la revisión de cómo nos relacionamos y cuáles son nuestras responsabilidades.

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Seitenzahl: 183

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Cet ouvrage, publié dans le cadre du Programme d’aide à la publication, a bénéficié du soutien de l’Institut français / Esta obra, publicada en el marco del Programa de ayuda a la publicación, contó con el apoyo del Instituto Francés de Chile a través de su programa de apoyo a la traducción Gabriela Mistral, 2021.

Registro de la Propiedad Intelectual Nº 2022-A-7338

ISBN: 978-956-6203-04-9

ISBN digital: 978-956-6203-05-6

Imagen de portada: Krasna Vukasovic, Estación,25 x 30 cm, óleo sobre tela sin bastidor, 2018. Cortesía de la artista.

Diseño de portada: Paula Lobiano Barría

Corrección y diagramación: Antonio Leiva

Traducción: Natalia Calderón Martínez

L’éthique du «care»

© Presses Universitaires de France / Humensis, 2021

De esta edición © ediciones / metales pesados

E mail: [email protected]

www.metalespesados.cl

Madrid 1998 - Santiago Centro

Teléfono: (56-2) 26328926

Santiago de Chile, septiembre de 2022

Impreso por Andros Impresores

Diagramación digital: Paula Lobiano Barría

Índice

El cuidado como un derecho fundamental

Introducción

I. El tema del care. La voz de las mujeres

La atención hacia los otros: otra psicología moral

El care no es el maternaje

La voz indistinta de las mujeres

¿Cómo ocuparse de los otros sin perder su yo?

¿Un sexo de la solicitud y del cuidado? Las identidades sexuadas

Una ética más que una moral

¿Cómo vivir mejor?

Hacer recíproco un mundo asimétrico

Una ética feminista

II. El cuidado. Contra el individuo liberal

Lo humano es fundamentalmente vulnerable, pero…

La crítica del hombre liberal

El giro de la filosofía práctica en el siglo XVIII

Vulnerabilidad y crítica de la identidad

Una ontología del accidente

Vulnerabilidad y dependencia

El buen care

III. Por una democracia sensible

El uso neoliberal del cuidado

El enfoque familiar del care

Las prácticas de cuidado

El trabajo social

¿Cuál democracia sensible en Francia?

Conclusión

Notas

Notas de la traducción

El cuidado como un derecho fundamental

L’éthique du «care» es el título original de este libro publicado en Francia por Fabienne Brugère en el año 2011. Este anglicismo introducido en la lengua francesa por la autora busca dar cuenta de toda una tradición de pensamiento principalmente norteamericana, que ha situado la cuestión del care, del cuidado, en el centro de sus preocupaciones.

El anglicismo care es así paraBrugère una manera de dar cuenta de una corriente de pensamiento que emerge en Estados Unidos –y más precisamente en la época de Reagan–, periodo caracterizado por el desarrollo de una política ultraliberal que buscaba minimizar el Estado y desregular el sistema financiero, acabando así con todo sistema de protección, de cuidado. El care es de ese modo una respuesta a un modelo que finalmente conlleva al desmantelamiento de lo público, de lo social, en pos de un individuo autónomo e independiente, independiente de los otros, descontextualizado.

El cuidado apunta, en consecuencia, a restaurar el núcleo del mundo social. Desde ese punto de vista, cuidar implica no solamente cuidar al otro, implica, en primer lugar, el reconocimiento de la relacionalidad e interdependencia humana, punto de vista que rompe con los conceptos claves que se instalaron desde la modernidad y que son el fundamento del liberalismo político, como lo son los conceptos de autonomía e individualismo y que llegan a su punto culmine durante el gobierno de Reagan en Estados Unidos, Thatcher en Reino Unido y durante los años ochenta en Chile.

Pero el care es además poner en relieve una función atribuida históricamente a las mujeres, a quienes se las ha considerado como naturalmente predispuestas al cuidado principalmente a causa de la maternidad. Se trata, en definitiva, de tomar ese determinismo y señalarlo en primer lugar como el responsable de las profundas desigualdades sociales que aquejan a las mujeres. En segundo lugar, significa considerar que el cuidado es un asunto que nos compete a todas y todos, se trata de afirmar nuestro carácter de seres relacionales que aspiramos al buen vivir. La cuestión del cuidado es entonces un asunto cultural, social y político. Es por ello que Fabienne Brugère, al final de este libro, se refiere a ciertos esfuerzos realizados en el contexto político francés por llevar a cabo una transformación social a través del cuidado, como la exministra socialista Martine Aubry, quien acuña el concepto de sociedad del cuidado. En el contexto chileno, la propuesta de Nueva Constitución, que está actualmente en discusión, está atravesada por la cuestión del buen vivir, por la reivindicación de los derechos de las mujeres, de las minorías y de los más desprotegidos; es decir, el cuidado está en el centro de un nuevo proyecto de sociedad. Tanto es así que el artículo 50 señala: «Toda persona tiene derecho al cuidado». Por lo tanto, las sociedades que tienen como eje al cuidado son sociedades que reconocen la relacionalidad por sobre el aislamiento y el individualismo.

La pandemia de COVID-19 puso igualmente la cuestión del cuidado en el centro del debate, principalmente porque nos dimos cuenta de que no existen individuos aislados, ni autónomos, somos seres relacionales.

La autonomía, etimológicamente hablando, refiere a regirse por sus propias normas, a efectuar las principales actividades de la vida sin ayuda alguna, así como actuar sin influencia del otro, por lo que el concepto derivó en sinónimo de actuar con reflexión. Las éticas del cuidado –Brugère pone el acento en la diversidad de éticas–, a diferencia de la moral, de carácter universalista, buscan un reconocimiento de las diferencias, de las problemáticas que nos afectan a todas y a todos de la misma manera, de la precariedad, de la dependencia y la fragilidad. El ideal de autonomía solo es posible gracias a quienes otorgan cuidado; un niño o niña logra la autonomía gracias al cuidado de sus padres o al maternaje que ejerzan aquellas o aquellos que se ocupan de un niño o niña. Pues la maternidad no es un hecho biológico –el hecho de ser mamá–, sino una función que puede ejecutar no solo la madre.

Finalmente, y no menos importante de destacar, este libro presenta una visión del cuidado desde una perspectiva feminista, pues tal como lo señala la autora, es necesario hablar de «éticas» del cuidado en plural, en la medida en que cada una de ellas pone más o menos el acento en una determinada cuestión. Una ética del cuidado feminista implica por tanto reconocer el rol histórico de las mujeres en cuanto al cuidado se refiere, las profundas desigualdades que de ello se derivan, la importancia de cuidar a quienes cuidan. En definitiva, se trata de rehabilitar el cuidado, otorgarle un lugar central en la sociedad y, más aún, reconocer que se trata de un asunto que concierne a todas las personas que viven en sociedad y no exclusivamente a las mujeres. Somos seres dependientes, diversos, relacionales, y eso no es algo negativo, sino que constituye la clave del buen vivir.

La decisión editorial de traducir el título del presente libro como La ética del cuidado no busca borrar esa tradición de pensamiento que nace en un contexto político y social de crisis del cuidado. Busca más bien hacer uso de una palabra que en español actualmente está vigente en la medida en que vivimos una época en la cual ciertas categorías que regían nuestras sociedades deben ser revisadas. El actual debate constitucional chileno es prueba de ello, pero también las cada vez más numerosas publicaciones en las cuales el cuidado es central.

En el cuerpo del texto se respeta el texto original: cuando la palabra utilizada es care no se traduce y se mantiene el anglicismo; por el contrario, cuando la autora utiliza la palabra en francés prendre-soin traducimos al español como «cuidado».

Natalia Calderón Martínez

Traductora

Introducción

Cuando Carol Gilligan enunció en Una voz diferente1la idea de que las mujeres tienen otra manera de pensar la moral que los hombres, no se contentó con ampliar la división de los sexos a la moral. Ella, en cambio, puso en relieve un concepto ampliamente ocultado y dejado en estado de abandono, el care. Esto pudotener como resultado un desprecio al cuidado* atribuido a las mujeres.

Pero, en realidad, el desafío estaba en otro lugar: interrogar las fronteras de la moral, la posibilidad de una experiencia de vida moral inédita en la cual las mujeres, ampliamente pero no en exclusiva, se encuentran siendo si no las depositarias, al menos las testigos. Una nueva voz emerge y pide ser problematizada, sacada a la luz; inaugura un problema a la vez filosófico, psicológico, sociológico y político, el care. Es ese problema el que nos proponemos hacer emerger, intentando mostrar que existe una caring attitude (una actitud de cuidado), una manera de renovar el problema del vínculo social a través de la atención a los otros, el cuidado, el cuidado mutuo, la solicitación o la preocupación por los otros. Estos comportamientos adosados a prácticas, a colectivos o a instituciones se inscriben en una nueva antropología que combina la vulnerabilidad y la relacionalidad, esta última debiendo ser entendida en su doble vertiente de la dependencia e interdependencia. Cabe además decir que esta concepción de lo humano socava los cimientos del individualismo y revela sus fundamentos negativos. No es por lo tanto un azar si la ética del care apareció en la América de Reagan. A la celebración del individuo emprendedor, interesado en poseer siempre más en una sociedad de mercado autorregulado, esta viene a recordar que las cruzadas conquistadoras de unos no son posibles sino porque otros, las mujeres pero igualmente las personas que necesitan ganarse la vida, los inmigrantes, aseguran las tareas de cuidado (de los niños, de las personas mayores, de los individuos emprendedores, etc.). Esta ética nos viene a recordar igualmente la necesidad de renovar el Estado social frente a las nuevas formas de vulnerabilidad, ya sean vitales, sociales o medioambientales. Nuevos grupos sociales, nuevas formas de explotación de los individuos son desde esta perspectiva analizados. A partir de ahí, dos opciones devienen legítimas:

En primer lugar, sostener que las tareas de cuidado, ocultadas o eufemizadas, deben ser reconocidas como condición sine qua non de la actividad económica. No puede existir un liberalismo, y a fortiori unneoliberalismo, sin tomar en cuenta las tareas de cuidado que algunos hacen posible, para que otros se consagren a la conquista de su cuota de mercado. La ética del care, al promover el reconocimiento y la delegación del cuidado, hace pensar en una complementariedad en la cual los tipos actuales de división entre lo privado sin voz y lo público no le hacen justicia.

¿Es necesario detenernos aquí o podemos ir un poco más lejos al sostener que no es solo necesario velar por la complementariedad privado/público, sino, más fundamentalmente, por su puesta en cuestión? Dilucidar las tareas de cuidado, cuidar al cuidado mismo y a las instituciones que lo entregan no son solamente operaciones que piden ser reconocidas como tales. Se trata de desplegar una figura inédita de la atención a los otros y de responsabilidad social, poniendo en cuestión una sociedad en la cual el éxito individual pasa por la capacidad de devenir un emprendedor de sí poco preocupado de los otros o de lo colectivo. Las corrientes de pensamiento del care reclaman un nuevo marco de inteligibilidad que no puede residir fácilmente en los viejos hábitos de división tradicional entre lo privado/público ni en el tipo de sociedad (a menudo patriarcal) que esa división presupone. En realidad, lo que las acompaña es la posibilidad de una reestructuración profunda de la sociedad y de sus normas, la puesta en cuestión de un funcionamiento político adquirido con antelación a las premisas del neoliberalismo.

Es esta segunda filosofía, incomparablemente más viva que la primera, la que nos proponemos explicitar siguiendo tres niveles de argumentación de la ética del care: la voz sostenida por el care y la constatación de las desigualdades de género; el «cuidar» de la vulnerabilidad y de las grandes dependencias; la posibilidad de políticas públicas adaptadas a los nuevos regímenes de protección de los individuos y la promoción de una igualdad real entre mujeres y hombres. La ética del care no consiste en un reordenamiento regional de los abusos del neoliberalismo, sino más bien en una revolución teórica y práctica. Es esta convicción la que queremos exponer.

Los fundamentos de una ética tal se sostienen en la necesidad de considerar a los humanos como seres relacionales de carne y hueso contra toda tentación objetivante de la moral. Al mismo tiempo, esta ética muy reciente, estructurada por la referencia a una inteligencia no separada de los afectos, toma direcciones muy diferentes según los o las autoras que la sostienen: existen éticas del care más o menos políticas, más o menos feministas, más o menos críticas desde el punto de vista del neoliberalismo. Es por ello que es necesario a veces hablar de ética del care, y otras veces, de éticas del care.

Este libro propone una introducción a la ética del care. Desde esa perspectiva, hemos privilegiado los textos fundadores estadounidenses y dejado de lado la recepción francesa.

La ética del care surge a partir del descubrimiento de una nueva moral de la cual es necesario reconocer la voz en un mundo que no dispone de un lenguaje adecuado para expresar y reconocer todo lo que refiere al trabajo del cuidado y al sentimiento de responsabilidad en cuanto al bienestar de los otros. Ahora bien, las tareas de cuidado de todo tipo favorecen conductas y un desarrollo psíquico benéfico para la sociedad: un sentido de la atención hacia los otros, de la responsabilidad y de la ayuda mutua. Estas son un antídoto eficaz contra una psicología que no toma en cuenta sino el interés personal de los individuos al actuar o la construcción de un yo autónomo encerrado en sí mismo. La teoría del care fue elaborada en primer lugar como una ética relacional estructurada por la atención hacia los otros. Ningún ser humano puede bastarse a sí mismo; fundamentalmente vulnerables e interdependientes, los individuos deben a menudo recurrir en un momento u otro de su vida a relaciones de protección, de ayuda para el desarrollo, de tratamiento de la dependencia; no obstante han sido ignorados, eufemizados o despreciados.

El cuestionamiento sobre la moral se arraiga en una constatación que refiere a las desigualdades de género y está enraizado en la convicción de que las mujeres no abordan los problemas morales de la misma manera que los hombres, cuestión asombrosa puesto que la moral ha sido siempre considerada como universal y desprovista de tales divisiones. En resumen, la ética del care preconiza el cese de la idealización de una moral mayoritariamente impuesta por un poder patriarcal; lo hace otorgándole un nuevo significado al campo de la psicología del desarrollo y de las etapas de la vida para defender la expresión de una voz moral ahogada, que renueva el lazo con las vidas ordinarias, con las indecisiones, con las dificultades frente a las cuales es necesario decidirse a pesar de toda una vida psíquica canalizada por el superyó moral. Lo que está en juego es el desplazamiento de las fronteras de la moral haciendo intervenir las voces disonantes de las mujeres. Para muchas mujeres, «la persona moral es aquella que ayuda a los otros», la bondad es entonces definida como el servir, cumplir con sus obligaciones y con sus responsabilidades hacia el otro2.

¿Cómo conciliar esta visión del buen vivir con la teoría moral de los psicólogos del desarrollo, la cual presenta como superior una moral anclada en la voluntad y en las acciones imparciales y sin compromiso?

Esta ética antiintelectual nace en la América de Reagan en los años ochenta, justo en el momento en el cual se destruyó, en beneficio de un capitalismo financiero llamado a autorregularse, el Estado benefactor heredado de la Declaración de Filadelfia, de los Acuerdos de Bretton Woods y de la creación de la Organización de Naciones Unidas3. Esta ética fue en un primer momento elaborada modestamente a través de una reflexión sobre el peso psicológico del trabajo de cuidado, sobre su invisibilidad y sobre el lugar minoritario de todas las formas de relaciones que esta conlleva en relación a los trabajos sobre el desarrollo moral. De manera general, se sitúa en una corriente de ideas que defiende que todos los vínculos humanos no pueden ser reducidos a intercambios mercantiles, el retorno al valor humano como irreductible a una mercancía pasando por una recalificación de la «cuestión social» y, principalmente, de sus fundamentos psicológicos y morales.

La atención hacia los otros: otra psicología moral

Proclamando un feminismo que reactualiza el eslogan «lo privado es político», las éticas del care han sostenido una crítica a la voz de la mayoría, a menudo masculina, del razonamiento moral con su arsenal de principios, reglas y valores intangibles, para hacer escuchar otra voz, minoritaria, ampliamente anclada en la experiencia de las mujeres, en el sentimiento de responsabilidad hacia los otros, y llamando la atención sobre la urgencia del cuidado (lo que refiere al caring).

En los años ochenta, dos orientaciones teóricas distintas tratan este tema, una con Carol Gilligan, Una voz diferente (In a Different Voice),publicado en 1982, la otra con Nel Noddings, Caring, publicado en 1984, libro no traducido al francés. Si la ética de Gilligan marcó realmente su época, y tuvo un fuerte impacto en la evolución de las ciencias humanas durante muchos años y suscitó una explicitación política del concepto de care, incluso en Francia, no obstante el planteamiento propuesto por Noddings permaneció más marginal, puesto que se centra en un naturalismo femenino, construido bajo la norma del cuidado, arraigado en el maternaje. Esta segunda orientación pudo llegar a borrar el mensaje del care y tornarlo inaudible. Pudo hacer creer que existe una nueva esencia o identidad de las mujeres que se reorganizaría a través del cuidado, prioritariamente pensado en el maternaje en cuanto asunto exclusivamente reservado a las mujeres.

Entender el propósito de esta última es al mismo tiempo esencial para poder determinar mejor las lecturas generalizadoras o con mala intención que pudieran hacerse a propósito del care. En ese caso, la ética del care despliega la perspectiva de una complementariedad entre hombres y mujeres, estas últimas siendo reenviadas a la esfera tradicional de los sentimientos maternales yendo hasta la defensa de un pensamiento de madres. Ahora bien, esta ética corre el riesgo de encerrarse con tales tesis en una teoría social y política conservadora, puesto que el lugar de las mujeres es reducido a la figura de las madres y de la educación que ellas entregan.

El care no es el maternaje

Nel Noddings es la más representativa de esta corriente maternalista. En tanto especialista en cuestiones de educación, ella desea subrayar los beneficios de una ética del cuidado femenino, en contraste con una moral masculina que encierra el amor y la justicia en un universo impersonal desconectado de las urgencias de la vida cotidiana4. En Caring: a Feminine Approach to Ethics and Moral Education (1984), ella defiende, por una parte, el arraigo de las disposiciones éticas propias al cuidado en las virtudes femeninas, y por otra parte, el hecho de que la actitud del cuidado (caring attitude) esté estructurada por el modelo de la relación madre-hijo; la maternidad siendo así entendida como una experiencia biológica y psicológica específica capaz de servir de receptáculo a una concepción de la cooperación social que descansa en el cuidado. El punto de partida se sostiene en la defensa de una ética natural de los sentimientos, la cual consiste en cuidar de los otros. Esta ética está anclada a la vez en la posibilidad de la escucha (receptivity), en la relacionalidad (relatedness) y en un sentido de la atención (responsiveness). Tal teoría moral se posiciona como la contraparte de toda una tradición filosófica racionalista y masculina para desplegar un ideal ético de preocupación por los otros, enraizado en la experiencia moral de las mujeres. Nel Noddings toma como punto de apoyo para su reflexión la posibilidad que tienen las mujeres de ser madres. El valor atribuido al cuidado y a la atención educativa es femenino; este expresa una mayor sensibilidad moral de las mujeres que se sostiene en la posibilidad del amor maternal. De la maternidad al maternaje, la consecuencia es positiva. Solamente la mujer es entonces circunscrita a un retrato-robot que la fija, la esencializa y excluye a todas las mujeres que no participan de ese retrato. Defender de esa manera los valores femeninos no puede hacerse sin una reafirmación de la matriz heterosexual.

Por otro lado, la descripción de la relación de cuidado es encasillada en una ética del amor que opta por el naturalismo moral. Más específicamente, la actitud de proveedor de cuidado es analizada como una actitud de receptividad totalmente orientada hacia el otro, lo que hace posible la empatía, puesto que el que provee el cuidado adopta naturalmente el punto de vista del otro, no como una forma de toma de poder sobre una vida dependiente de aquella o de aquel que entrega el cuidado.