La explosión del periodismo - Ignacio Ramonet Miguez - E-Book

La explosión del periodismo E-Book

Ignacio Ramonet Miguez

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En La explosión del periodismo estudia el impacto que ha significado la irrupción de Internet y de las nuevas tecnologías en los periódicos impresos. Una prensa que lucha por su supervivencia mientras sus cimientos se cimbran por la dinámica de la información online. El modelo económico de los grandes diarios de información general tampoco da para más: un mercado despiadado castiga a las empresas que no pueden generar beneficios financieros inmediatos. En la debacle de los medios también tienen un papel importante el descrédito de las divas del periodismo y la superabundancia de información basura que desorienta a la opinión pública. El periodismo sólo prevalecerá, dice el autor, si se erige en contrapoder del poder político y económico y desenmascara con rigor e independencia la hipocresía con que éstos siembran sus mentiras.

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Seitenzahl: 175

Veröffentlichungsjahr: 2020

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ÍNDICE

Prólogo Un cambio de ecosistema

I. Una crisis de identidad

II. Erosión de la credibilidad de los medios

III. «Mentirosos compulsivos»

IV. Innovaciones y éxitos

V. WikiLeaks

VI. ¿Hacia qué modelo de rentabilidad vamos?

VII. ¿Sobrevivirán los diarios?

Algunas webs de consulta

PrólogoUn cambio de ecosistema

Lo malo de esta edad de oro de la comunicación y la información es que no hay manera de saber lo que pasa.El Roto1

El planeta Medios vive una conmoción de una intensidad nunca antes conocida. El impacto del meteorito Internet, comparable al que causó la extinción de los dinosaurios, está provocando un cambio radical de todo el ecosistema mediático y la desaparición progresiva de los diarios impresos.

La digitalización del mundo está transformando a gran velocidad el «biotopo informacional».2 En consecuencia, decenas de diarios se encuentran al borde de la ruina o han quebrado. Su viejo modelo económico se ha desintegrado. La propia práctica periodística —aquejada de una crisis sistémica3— debe ser reconstruida y reinventada.4 Como afirma un experto en nuevos medios: «El ADN de la información ha cambiado, hay que cambiar el ADN de los periodistas»,5 y no sólo el código genético de la prensa escrita… la conmoción alcanza también a la radio6 y a la televisión, en especial a los canales de noticias en continuo, que en su mayoría no tienen esperanza de salvación. Su audiencia no acaba de despegar, sus resultados de explotación continúan arrojando pérdidas7 y sus mejores periodistas están migrando hacia el documental.

Estamos viviendo un cambio de paradigmas.8 Una revolución que avanza a grandes sacudidas, con violentas aceleraciones y pausas frecuentes, aunque no es universal, pues no hay que olvidar la existencia, en un mundo profundamente desigual, del considerable abismo entre el Norte y el Sur que separa a ricos y pobres, a info–ricos e info–pobres.9

Lo más probable es que la prensa escrita, medio de comunicación de la era industrial, no desaparezca. Pero la información ya no circula como antes, en unidades precisas, controladas, bien corregidas y calibradas. Ya no se presenta sólo en sus formas cerradas tradicionales: cables de agencias, diarios impresos, noticieros de radio, telediarios... Convertida en algo inmaterial, ahora toma la forma de un fluido que circula en segmentos abiertos por la Red casi a la velocidad de la luz… Las redes sociales y la Web 2.0 permiten a los «web–actores» completar cada noticia añadiendo un matiz, un comentario, una cita, una foto o un video, en lo que podría llamarse un trabajo de inteligencia colectiva o de «alquimia de las multitudes» —en palabras de Francis Pisani—, en progreso constante. (Siendo específicos, medios sociales se refiere a las plataformas, aplicaciones, herramientas y medios de comunicación con los cuales se produce conversación, interacción, colaboración y distribución de contenidos entre usuarios: Facebook, Linkedin, Twitter, Wordpress, Blogger, YouTube y tantas más. La red social es la que se crea al conectar a miles o millones de usuarios que comparten información e interactúan. Sin embargo, el uso ha impuesto este último término como sinónimo de medio social y así se emplea en este trabajo.)

Internet es totalizante y establece, no sin riesgos, una nueva lógica, distinta de la producción fordista, típica de la era industrial. En aquella época, aunque una pluralidad de obreros especializados pudiese contribuir a la fabricación de un producto, éste, al final, era entregado completo, acabado, cerrado, y se correspondía punto por punto con el proyecto inicial. Esto ya no es así. La lógica de la información online es la de lanzar una noticia en bruto —en ocasiones incluso aproximada— para después corregirla, modificarla o enriquecerla de forma permanente y en cualquier momento… La información se está volviendo un work in progress, un material en constante evolución, una especie de conversación, un proceso dinámico de búsqueda de la verdad más que un producto terminado. «Antes, el artículo de un periodista sólo salía en portada si el jefe lo decidía», dicen Francis Pisani y Dominique Piotet. «Hoy ese mismo artículo puede saltar a primera plana por ser el ‹más leído›, el más enviado por correo electrónico o el más enlazado en blogs».q

«Internet no es un medio de comunicación», matiza Jeff Jarvis, profesor de periodismo en la City University de Nueva York y bloguero (www.buzzmachine.com). «Es una sociedad, un espacio donde podemos conectarnos con los demás […] La gente de los medios ve Internet como un medio de comunicación. Pero no lo es».w

Los diarios generalistas siguen anclados en un modelo económico que ya no funciona. Los tiempos en los que la casi totalidad de los diarios publicaban la misma información general ya es historia. El mercado es despiadado ante una prensa y unos periódicos incapaces de generar beneficios. Las grandes cadenas de televisión generalistas no se salvan.e Su modelo también ha quedado obsoleto. Y la solución consistente en construir, mediante fusiones y concentraciones, grandes grupos multimedia internacionales, como ya se hizo en las décadas de 1980 y 1990, ha resultado ineficaz ante la proliferación de nuevas formas de difusión de la información, de la cultura y del ocio vía Internet. En estas condiciones, ¿qué garantía de supervivencia tiene el periodismo de calidad? ¿No le queda acaso más remedio para seguir existiendo que recurrir a subvenciones de mecenas, de fundaciones o del Estado?

Paradójicamente, la audiencia de la prensa escrita nunca ha sido tan importante. En la «sociedad de redes» los internautas siguen buscando el acceso a los medios de comunicación tradicionales, en especial a aquellas publicaciones de prensa escrita consideradas más serias, y visitan sus páginas de noticias online. El número de lectores de estos diarios ha aumentado de forma excepcionalr gracias a la web. De entre los doscientos sitios web de información online más visitados de Estados unidos los medios tradicionales representan 67% del tráfico.t El 33% restante procede de agregadores de contenidos como Google News, Yahoo! News y las webs llamadas pure players, presentes únicamente en Internet.

El número uno de la prensa mundial online, The New York Times —cuya tirada en papel asciende a 950 mil ejemplares— es leído por 43.7 millones de internautas. En Francia las páginas web de Le Figaro y de Le Monde reciben la visita de más de cinco millones de lectores al mes. Otro dato importante es que la información online sigue dependiendo de los viejos soportes: 80% de los enlaces que encontramos en las webs informativas, los blogs o las redes sociales estadounidenses remiten a medios de comunicación tradicionales.

La novedad radica en que las personas que acceden de este modo a los contenidos de los periódicos quieren a su vez que se les lea y se les escuche. La información ya no circula en un solo sentido. La lógica «vertical» que caracterizaba a la relación entre los medios de comunicación y los lectores cada vez es más «horizontal» o «circular».

Notas

1 Dibujante, El País, Madrid, 25 de noviembre de 2010.

2 Cf. Francis Pisani y Dominique Piotet, Comment le Web change le monde. L'alchimie des multitudes, París, Pearson–Village mundial, 2008 (Ed. española: La alquimia de las multitudes: cómo la web está cambiando el mundo, Ediciones Paidós, trad. de Alicia Capel, Madrid, 2008).

3 Sistémica significa que no es una crisis de ciclo ni de evolución sino de funcionamiento estructural propio del periodismo. Ninguno de sus parámetros funciona.

4 Cf. Leonard Downie y Michael Schudson, «The reconstruction of American Journalism», Columbia Journalism Review, 19 de octubre de 2009.

5 Benoît Raphaël, editor del blog La Social NewsRoom /http://benoitraphael.com).

6 Por poner un ejemplo: con el objeto de dar preferencia a la difusión de sus programas en Internet y teléfono móvil, la prestigiosa BBC World Service anunció, en enero de 2011, que iba a reducir su masa salarial en 25%, lo que dará lugar al cierre de cinco servicios en lenguas extranjeras y a la eliminación de 650 puestos de trabajo.

7 En Francia, i>Télé, la cadena de noticias de Canal+, está en déficit. La cifra de negocios por publicidad en 2010 de France 24, cadena internacional de noticias del gobierno francés, cayó 38% respecto a 2009. En Estados Unidos, la CNN, reina del género y fundada en 1980, perdió, en 2010, el 40% de su audiencia y en otros países también comienza a haber cierres de cadenas, como es el caso de la CNN+, perteneciente al grupo Prisa (editor del diario El País), que dejó de emitir el 28 de diciembre de 2010 tras once años de existencia.

8 Cf. Thomas Kuhn, La Structure des révolutions scientifiques, tr. Fr. L. Meyer, París, Flammarion, 1982. (Ed. española: La estructura de las revoluciones científicas, FCE, trad. de Carlos Solís, 2005). Según Kuhn, un paradigma científico es un conjunto coherente de modelos, conceptos, conocimientos, hipótesis y valores estrechamente vinculados. Hay revolución científica, cuando un marco conceptual (paradigma) es remplazado por otro.

9 Los internautas sólo representan una minoría respecto de la población mundial. Según la Unión internacional de las telecomunicaciones (UIT): «Unos 2.800 millones de personas navegaron en Internet en 2010, es decir, sólo uno de cada tres habitantes del planeta».

q F. Pisani y D. Piotet, op. cit.

w Entrevista con Jeff Jarvis, El País, 19 de septiembre de 2010.

e En Estados Unidos, de las cuatro grandes cadenas, sólo la Fox parece que sale airosa. Por el contrario, «la mitad de los ingresos de la NBC proceden ya de sus programas de información por cable. En cuanto a la CBS News, los beneficios han sido inexistentes, y ABC News ha podido salir del apuro gracias a unos fuertes ajustes de presupuestos. La primera ha anunciado una reducción de 7% de sus operaciones en materia de información, mientras que la segunda está planteándose un expediente que podría dar lugar al despido de un cuarto de sus 1.400 empleados» (http://mediamerica.org/paysage-audiovisuel/les-medias-traditionnels-en-declin-selon-le-pew-reports).

r Leer el informe «Newspapers in Crisis» (www.emarketer.com/Reports/All/Emarketer_2000552.aspx).

t Según datos del Instituto Nielsen NetRatings (cf. Le Monde, 20 de marzo de 2010).

I. Una crisis de identidad

La cómoda situación de los medios y de los periodistas que detentan el monopolio de la información en la sociedad se está acabando. Una parte de los periodistas profesionales se consideraban a sí mismos una élite con poder exclusivo para imponer el control de los debates. Pecaban de orgullo creyendo que tendrían para siempre a sus pies un lectorado pasivo y cautivo. La época en la que sólo ellos podían escoger y publicar información ha concluido. La Red los está despojando de su estatus de «curas seculares».

Philippe Cohen y Élisabeth Lévy nos recuerdan que no hace mucho «los periodistas gozaban del privilegio, pero también de la responsabilidad, de formar parte de aquellos que tienen voz. Lo que les fascina es ser el centro de las miradas. La mayoría de ellos, afortunadamente, ya no trata de guiar a las masas. Muchos sólo aspiran a formar parte de ese mundo del ‹famoseo› que encandila al pueblo. Su identidad se basa en su superioridad social».1 Pero el impacto de Internet está amenazando con despojarlos también de esta superioridad.

Cuando la blogósfera comenzó a crecer, hacia 2003, una cantidad importante de profesionales de la prensa, desde la cima de su soberbia, miraban a los web–actores con cierta condescendencia. No veían venir el cambio. Esta relación se ha invertido. Gozar hoy de ventajas profesionales protegidas sin estar presente en las redes y sin someterse al veredicto de Internet es, por así decirlo, imposible.

En la nueva sociedad de redes cada ciudadano es un «periodista» en potencia.2 Delante de su pantalla —de computadora, de teléfono o de tableta— el internauta que domina los recursos de la Web 2.0 no es considerado inferior al periodista profesional. Es más, le disputa su estatus de supremacía.

Por su parte, los medios dominantes no dejan de alentar a los internautas a que se conviertan en «periodistas». Constantemente les piden que suban a sus páginas web fotografías, videos o comentarios sobre cualquier asunto del que hayan sido testigos: un acontecimiento político o meteorológico, un accidente, una catástrofe, una manifestación callejera, etc. De ahí la gran interrogación que surge en relación con la identidad del periodismo y la validez de la información.

A la pregunta ¿Qué es una noticia?, los medios de comunicación, acorralados, tienden a responder únicamente en términos de audiencia. Una «buena» noticia es aquella que puede interesar al mayor número de gente. No aquella que, por ejemplo, es más útil para la población, más decisiva o más esclarecedora en materia de economía, de ecología, de política… de modo que los grandes medios de comunicación han perdido de vista su misión. Habiéndose dedicado durante demasiado tiempo al objetivo principal de domesticar a la sociedad, ya no saben para qué sirven.

Se plantea también la cuestión de la identidad del periodismo profesional. Si ahora cualquiera puede ser «periodista», ¿qué es entonces un periodista? ¿En qué consiste su especificidad? ¿Cómo se le puede distinguir, por ejemplo, de un web–actor que observa y ofrece su punto de vista sobre una realidad de la que es testigo? ¿Por qué dar preferencia a la «verdad» del periodista? ¿Millones de personas presentes en el terreno de la noticia y transmitiéndola a través de la Red no encarnan acaso la verdad que aporta Internet?3

En una sociedad de redes como la nuestra no es posible dar una respuesta sencilla a estas preguntas. La justificación habitual argumenta que el periodista profesional se toma el tiempo necesario para contrastar la información, corregirla y confirmarla. Pero esto ya no es así. En primer lugar, porque en un sistema de información sometido a la dictadura de la urgencia que prácticamente se ha convertido en instantáneo, pocos periodistas disponen del tiempo necesario para hacer su trabajo de forma concienzuda. «Se quiere informar rápido en lugar de informar bien, y la verdad no sale ganando con ello», decía Albert Camus en 1944.

En segundo lugar, porque la proliferación de mentiras y verdades a medias en los medios dominantes refleja que muy a menudo no se respetan estos imperativos del periodismo de calidad. Por otro lado, nadie puede demostrar, a priori, que la comunidad de internautas no pueda contrastar, retocar y confirmar una noticia con el mismo rigor y seriedad, o más, que un periodista profesional. Las inmensas posibilidades de Internet y de las redes sociales representan, en este sentido, una esperanza considerable de democratización de la información.

El triunfo del amateur

Los usuarios de la redes ya no son sólo lectores–oyentes–telespectadores inertes. Escriben, hablan, fotografían, filman, comentan, analizan. En realidad, explica Rosental Calmon Alves, director del Knight Center for Journalism in the Americas de la Universidad de Texas, «el consumidor de información ya no es un ser pasivo que recibe la información empaquetada por otros. Él también quiere producir contenidos».4 Nos dirigimos hacia una sociedad de prosumers, es decir de «prosumidores» (productores–consumidores).

En la actualidad, cuando hablamos de internautas ya no estamos hablando de individuos aislados sino de ciudadanos que forman parte de un organismo vivo pluricelular planetario. Este extraordinario enjambre de redes puede resultar, cuando actúa al unísono, más importante incluso que mastodontes como TVE, TF1, BBC o CNN juntos.5

Basta observar la velocidad exponencial a la que se desarrollan las redes sociales. El número de sus usuarios ha explosionado a escala mundial: 60 millones en MySpace —perdiendo velocidad6—, 175 millones en Twitter,7 640 millones en Facebook, una red cuyo asombroso auge deja atónito. Todos los meses se realizan en el mundo 970 millones de visitas únicas8 a Google, 633 millones a Yahoo!,9 400 millones a Wikipedia, 370 millones a Zynga —una plataforma de juegos sociales—… Todos los días alrededor de cien mil nuevos blogs vienen a sumarse a los 250 millones que ya existen.

Este crecimiento asombroso confiere a los web–actores un poder de comunicación inaudito. Están surgiendo nuevas dinámicas que nadie había imaginado y que pueden dar lugar tanto a una sabiduría colectiva como a un embrutecimiento generalizado contra el que nos alerta la famosa ley de Godwin —definida en 1990 por el abogado estadounidense Mike Godwin—, según la cual «cuanto más se prolonga una discusión online, más probabilidades hay de que surjan comparaciones que aludan a Hitler o a los nazis», es decir, la «bomba atómica retórica» que querría acabar con cualquier debate.

¿Puede el periodismo continuar al margen de todo este enorme zumbido de la comunicación mientras lo que diferencia a los profesionales de la información y a sus usuarios se desvanece? Como ya hemos dicho, cualquier ciudadano puede ser un web–actor, usuario de Internet y, a la vez, creador de contenidos. Estamos pasando «de una sociedad del espectáculo a sociedades de espectadores–actores».q

La creación profesional coexiste con la creación amateur. Cada vez es más difícil diferenciar a uno de otro, como indica Patrice Flichy, especialista en innovación y en técnicas de información: «Está surgiendo un nuevo tipo de individuo: el pro–am (profesional–amateur), que desarrolla sus actividades de aficionado de acuerdo con estándares profesionales y que aspira, en el marco de un ocio activo, solitario o colectivo, a reconquistar parcelas enteras de actividad social como las artes, la ciencia y la política, que tradicionalmente eran del dominio de los profesionales».w

Entender lo que está pasando

Las nuevas leyes de la comunicación y la información en Internet aún están por definirse. Lo que es seguro en relación con la Web 2.0 —pronto Web 3.0— es que ya no serán los periodistas sino los internautas quienes las van a determinar. Según Patrice Flichy, la importancia creciente del amateur vendría a anunciar un movimiento transformador de gran envergadura, especialmente en el campo de la información: «Del mismo modo que la democracia política otorga el poder a ciudadanos en gran medida ignorantes de la cosa pública, la nueva democratización se apoya en individuos que, gracias a su nivel de formación y a las nuevas herramientas informáticas, pueden adquirir competencias fundamentales».e

Hoy los colectivos de internautas están a la vanguardia de la innovación. Son ellos los definen el camino a seguir, proporcionan nuevas pistas e imaginan perspectivas inéditas.r Según Calmon Alves, «La principal diferencia entre Google y los medios convencionales es que Google trabaja a partir de la perspectiva del usuario, y las empresas de medios trabajan desde la perspectiva de los productos. [...] La obsesión de los dueños de la prensa es sobre todo la de no ‹canibalizar› el papel. Esta limitación paraliza su capacidad de entender lo que pasa y les impide reaccionar».t

De los «medios–sol» a los «medios–polvo»

Todo está cambiando muy rápido. Estamos pasando de la era de los medios de masas a la de la masa de medios. Antes unos cuantos «medios–sol» en el centro del sistema determinaban la gravitación universal de la comunicación y de la información en torno suyo. Ahora los «medios–polvo», diseminados por todo el sistema, son capaces de aglutinarse para convertirse, llegado el caso, en superplataformas mediáticas gigantes… A la lógica del depredador solitario le sucede la estrategia del enjambre.y

La relación con la información escrita, en otros tiempos lineal y plana, hoy resulta esférica y estelar debido a la riqueza de los enlaces de hipertexto. Estos enlaces ofrecen infinitas posibilidades de extensión, prolongación, ilustración o discusión.

Nos alejamos de un sistema media–céntrico para dirigirnos hacia un sistema yo–céntrico donde cada internauta tiene la posibilidad de compartir sonidos, textos, imágenes, de intercambiar información, de redistribuirla, de reunirla en otros documentos, de realizar sus propias fotos o videos y de subirlos a la Red, donde todo el mundo los puede ver, y a su vez participar, comentar, contribuir y difundirlos. El auge de las redes sociales actualiza así el proyecto de una mayor democratización de la información.

La masa de información está explosionando y las fuentes de contenidos están viviendo una competencia implacable. En un contexto tal el periodismo tradicional se está desintegrando, literalmente. Nunca ha conocido una «edad de oro»; ya ha atravesado otras crisis graves y sin duda sobrevivirá. Por el momento se encuentra en la misma situación que Gulliver a su llegada a la isla de los liliputienses, amarrado por miles de minúsculos cordeles.

¿Ha llegado el fin del blu–ray?

No dejan de aparecer páginas web y herramientas de comunicación innovadoras que, mejor adaptadas al nuevo ecosistema,u entran a competir —y en ocasiones sustituyen— con los grandes medios de comunicación tradicionales. ¿Quién podía imaginarse, en 2006, cuando nació la red de microblogging Twitter, que sus 140 caracteres iban a expandirse con tanta fuerza en el nuevo ecosistema originado por el impacto meteorítico de Internet? Desde octubre de 2010, con casi tres millones de lectores en su cuenta de Twitter, The New York Times cuenta con tres veces más usuarios registrados en esa red que ejemplares de su edición impresa.i

La revolución digital —que podría conocer una nueva aceleración gracias al inmenso potencial del grafenoo— hace estremecerse a los grupos mediáticos, los cuales están pasando por el peor momento de su historia. La reciente hecatombe sufrida por la industria musical y del sonido, arrollada por los nuevos hábitos de los internautas, atormenta a sus dirigentes.p

Llegó la hora de la desmaterialización de los soportes. En el campo de la industria musical la comercialización, en 2001, del dispositivo iPod y del software de lectura y de gestión de bibliotecas multimedia iTunes, creados ambos por la compañía Apple, ha supuesto una revolución de tal envergadura que ha originado el comienzo de la desmaterialización de soportes como el CD y el desplome de la industria discográfica.

Desde el acuerdo que adoptaron en Las Vegas el 6 de enero de 2011, con ocasión del Consumer Electronic Show (CES