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«Me gusta leer apasionadamente, y que mi lectura no quede capturada por una pedagogía, por unas reglas, por unas normas morales, políticas, jurídicas o religiosas. Me gusta leer infielmente, pasar del texto al cuaderno, de la ortodoxia a la heterodoxia, de la repetición a la interpretación, del significado al sentido. Para mí, leer es un oficio y un ritual.» El filósofo Joan-Carles Mèlich reúne en este libro un total de 262 «fragmentos filosóficos» procedentes de sus cuadernos de notas. Se trata de una reflexión sobre la lectura, la escritura, la distinción entre moral y ética, el sentido, Dios, el infierno, la compasión, la intimidad, la finitud, el deseo, el perdón, las víctimas, la muerte…, en un género que rehúye las categorías y opta por las escenas, las imágenes, las metáforas. Mèlich nos ofrece, en definitiva, «un pensamiento fragmentario, abierto, no sistemático, contrario a la lógica metafísica».
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Seitenzahl: 61
Veröffentlichungsjahr: 2024
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Joan-Carles Mèlich
LA LECTURA COMO PLEGARIA
fragmentos filosóficos i
FRAGMENTA EDITORIAL
Publicado por
fragmenta editorial, sl
Plaça del Nord, 4, pral. 1.ª08024 [email protected]
Colección
fragmentos
, 32
Primera edición
enero del 2015
Primera edición ePub
junio del 2024
Producción editorial
ignasi moreta
Producción gráfica
inês castel-branco
Composición digital
pablo barrio
© 2015
joan-carles mèlich sangrà
por el texto
© 2015
fragmenta editorial
por esta edición
ISBN
978-84-10188-29-7
Con el apoyo del Departament de Cultura
reservados todos los derechos
A Tona, a Helena
Los pensamientos que se articulan
hasta formar un sistema no conocen la piedad.
Excluyen gradualmente lo inexpresado
y lo dejan luego tras de sí, hasta que muere de sed.
elias canetti
Pórtico
Telón
Índice onomástico
Índice analítico
Sobre este libro
Biografía
Cubierta
Portada
Créditos
Dedicatoria
Epígrafe
Índice
Comenzar a leer
No podía dormir. Entonces releía a Nietzsche, a Beckett y a Wittgenstein. O también, al azar, algunos Apuntes de Canetti, Las flores del mal de Baudelaire, y las Elegías de Rilke. A veces a Freud y los relatos de Kafka; escuchaba música de cámara de Mozart, Un réquiem alemán de Brahms, la Novena sinfonía y La canción de la tierra de Mahler, la Noche transfigurada de Schönberg, la Lulú-Suite de Alban Berg, o Epitaph, Starless y Exiles de King Crimson. Tomaba uno de mis cuadernos de color violeta y escribía, siempre con pluma.
Era mi plegaria.
1
No tener miedo de las paradojas. Dejar de pensar en categorías y hacerlo en escenas, en imágenes, en metáforas, en relatos. Un pensamiento fragmentario, abierto, no sistemático, un pensamiento contrario a la lógica metafísica, una lógica que siempre tiene respuestas para todo y que, por eso mismo, nos aleja de la vida.
2
Escribir es rezar. Y leer es una plegaria.
3
Me gusta leer apasionadamente, y que mi lectura no quede capturada por una pedagogía, por unas reglas, por unas normas morales, políticas, jurídicas o religiosas. Me gusta leer infielmente, pasar del texto al cuaderno, de la ortodoxia a la heterodoxia, de la repetición a la interpretación, del significado al sentido. Para mí, leer es un oficio y un ritual.
4
La literatura es una forma de vida, porque la vida, como la literatura, es disonante, ambigua y ambivalente. En la literatura no hay ideas claras y distintas, no hay principios que nos digan cómo y de qué forma hay que leer, ni cuál es la forma correcta de lectura. En la literatura, como en la vida, tampoco hay señales inequívocas que nos muestren la interpretación correcta.
5
Si solo hay una interpretación, entonces ya no hay ninguna. La interpretación es infinita porque cada interpretación es finita. Y eso es la lectura, un juego de (in)finitas interpretaciones.
6
Nietzsche y Wittgenstein solo ponen una condición a sus lectores: ser leídos lentamente.
7
Todo lo que puede hacerse rápidamente no me interesa.
8
¿Por qué Sófocles, Dante, Shakespeare, Cervantes, Dickens, Dostoievski, Melville, Tolstói, Strindberg, Proust, Rilke, Kafka, Musil, Joyce, Pessoa, Woolf, Mann, Beckett, Borges, Espriu o Canetti no se estudian en los cursos de filosofía?
9
Los hay que se confiesan con sacerdotes. Yo, en cambio, me confieso con libros y con cuadernos.
10
Lo que el discípulo busca en su maestro es su lectura. No una lista erudita de lecturas, sino su experiencia de lector, su propia lectura, cómo ha leído, cómo ha interpretado, cómo ha convertido su lectura en experiencia vivida. El discípulo busca en la lección la lectura leída por el maestro: su tono, su trama, su textura. El discípulo no anda a la búsqueda de la lectura para repetirla, porque el verdadero maestro no lo toleraría. Los maestros de verdad no quieren ser imitados. Lo que el discípulo descubre en las lecciones del maestro es una lectura que lo impulse a leer, o a leer de nuevo, o a leer de otro modo. Busca lecturas que lo interpelen, que lo interroguen, que lo lancen hacia delante, hacia lo nuevo, hacia lo desconocido.
11
¿Qué es una lección?
Es una lectura que nos enseña y que nos invita a leer. Asistir a una lección es entrar en un universo abierto. Una lección es una abertura que el maestro transmite frágilmente, de manera humilde, precaria y provisional.
12
Escuchar una lección es vivir un acto de creación irrepetible, la creación de una obra de arte.
13
Un clásico es un texto del pasado que no deja de estar presente. Lo que convierte un libro en clásico es el tiempo, es la resistencia al tiempo. La condición de clásico no depende de ti ni de mí, sino solo del tiempo, del paso del tiempo.
14
Un clásico abre una grieta en la historia. Después de él nada volverá a ser como antes.
15
Encontrar la lectura adecuada para el momento adecuado. Eso es lo más difícil.
16
Lo más importante de una novela no es ni su trama ni su lenguaje, sino su atmósfera.
17
(Cuerpo y escritura.)
Cada vez estoy más obsesionado con escribirlo todo, con registrarlo todo. Sin escribir no podría vivir. Pero necesito cuadernos, una pluma y tinta de color violeta. No puedo utilizar el ordenador porque tengo que sentir el cuerpo de la escritura, el olor de la tinta y la textura del papel. Escribir es un acto corpóreo: corporal y espiritual al mismo tiempo. No puedo separarlo de mi vida.
18
Escribir lo que nadie leerá. Ese es el momento en el que surge la escritura como forma de vida.
19
Leves toques en el vidrio lo hicieron volverse hacia la ventana. De nuevo nevaba. Soñoliento, vio como los copos, de plata y de sombras, caían oblicuos hacia las luces. Había llegado la hora de variar su rumbo al poniente. Sí, los diarios estaban en lo cierto: nevaba en toda Irlanda. Caía nieve en cada zona de la oscura planicie central y en las colinas calvas, caía suave sobre el mégano de Allen y, más al oeste, suave caía sobre las sombrías, sediciosas aguas de Shannon. Caía así en todo el desolado cementerio de la loma donde yacía Michael Furey, muerto. Reposaba, espesa, al azar, sobre una cruz corva y sobre una losa, sobre las lanzas de la cancela y sobre las espinas yermas. Su alma caía lenta en la duermevela al oír caer la nieve leve sobre el universo y caer leve la nieve, como el descenso de su último ocaso, sobre todos los vivos y sobre los muertos.
james joyce, Los muertos
Me emociono con el monólogo final de Gabriel Conroy ante la tristeza de su mujer, y pienso que, después de escribir durante ocho años un libro sobre la ética de la compasión, ahora debería hacerlo sobre su fracaso, porque nada ni nadie puede llenar el vacío de una ausencia.
20
Aunque leamos el mismo texto, siempre leemos un texto distinto, porque aquel texto ya significa otra cosa, ya significa de otro modo. Si leer fuera descodificar, entonces no volveríamos a leer, no releeríamos, porque ya habríamos alcanzado el significado último del texto.
El totalitarismo es la pretensión de haber llegado al final del trayecto y, por lo tanto, de haber comprendido el sentido. Es el intento de reducir el sentido al significado.
21
La Ética de Spinoza es un maravilloso libro de aforismos.
22
Tenía la rarísima sensación de ser invisible, no vista, desconocida; ya no volvería a casarse, ya no volvería a tener hijos ahora, y solo le quedaba este pasmoso y un tanto solemne avance con todos los demás por Bond Street, este ser la señora Dalloway, ahora ni siquiera Clarissa, este ser la señora de Richard Dalloway.
