La linfa y su drenaje manual - Frederic Vinyes - E-Book

La linfa y su drenaje manual E-Book

Frederic Vinyes

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Beschreibung

Más del 60% de nuestro cuerpo es de naturaleza líquida. Las células de nuestros tejidos se hallan rodeadas de líquido intersticial que posibilita su nutrición y la eliminación de residuos. Está demostrado que el drenaje linfático manual (DLM) puede ayudar en los estados de encharcamiento, hinchazones o edemas cuando su causa reside en problemas de circulación linfática. Se trata de maniobras muy suaves, basadas en un profundo estudio de la anatomía y la fisiología del sistema linfático

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Seitenzahl: 186

Veröffentlichungsjahr: 2016

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LA LINFA

y su drenaje manual

NOTA IMPORTANTE

En ocasiones, las opiniones sostenidas en los Libros de Integral pueden diferir de las de la medicina académica. La intención es facilitar información y presentar alternativas, hoy disponibles, que ayuden al lector a valorar y decidir responsablemente sobre su propia salud y, en caso de enfermedad, a establecer un diálogo con su médico o especialista. Este libro no pretende, en ningún caso, ser un sustituto de la consulta médica profesional. Aunque se considera que los consejos e informaciones son empíricamente correctos y ciertos en el momento de su publicación, ni el autor ni el editor pueden aceptar ninguna responsabilidad legal por cualquier error u omisión que se haya podido producir.

La linfa y su drenaje manual

© Frederic Vinyes, 2012

© de esta edición: RBA Libros, S.A.

Avda. Diagonal, 189-08018 Barcelona

www.rbalibros.com

[email protected]

Realización editorial: Bonalletra Alcompas, S.L.

Ilustraciones: Montse Vilarnau

Fotografías de los paso a paso de las partes cuarta, quinta y apéndice: Josep Maria Fabregà

Diseño y maquetación de tripa: Xavier Peralta

Primera edición en esta colección: noviembre 2012

Reservados todos los derechos.

Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida por ningún medio sin permiso del editor.

Ref. OEBO955

ISBN: 9788491180173

FREDERIC VINYES

LA LINFA

y su drenaje manual

A

Gertrud Reiners y Emil Vodder in memoriam un día nevado de invierno del 78 en Frankfurt.

En todas las vidas hay días gloriosos, decisivos para nuestro destino. A veces afloran con ternura

CONTENIDO

Cómo usar este libro

Introducción

El sistema circulatorio sanguíneo

PRIMERA PARTE

El sistema linfático

Antecedentes históricos

Los órganos linfáticos

Los vasos linfáticos

Los ganglios linfáticos

La linfa

SEGUNDA PARTE

Los edemas

Localización de los edemas

Origen de los edemas

Clasificación de los linfedemas

Evolución clínica de los linfedemas

La respuesta del cuerpo a una linfostasis

El tratamiento de los linfedemas

TERCERA PARTE

Indicaciones del Drenaje Linfático Manual (DLM)

El DLM en estética

Indicaciones médicas

Contraindicaciones

CUARTA PARTE

La práctica del DLM

DLM y masaje corporal

Efectos del DLM sobre el organismo en general

Generalidades sobre las manipulaciones

Particularidades de las diversas manipulaciones

QUINTA PARTE

DLM de las partes del cuerpo

Tratamiento de las diversas partes del cuerpo

Cuello

Cara

Nuca

Brazo

Pierna

Vientre

Pecho

Espalda

Cómo usar este libro

Esta obra ha sido escrita y diseñada para que el aprendizaje del Drenaje Linfático Manual resulte lo más fácil y cómodo posible, de ahí que en ella se haya cuidado con especial mimo la claridad del texto y la información visual. Su autor, el doctor Frederic Vinyes, tiene una larga experiencia en medicina natural, tanto en la docencia como en la práctica médica y en la redacción de obras divulgativas —son bien conocidos sus manuales de hidroterapia y de reflejoterapia podal.

Las tres primeras partes del libro («El sistema linfático», «Los edemas» e «Indicaciones del DLM») constituyen la teoría del Drenaje Linfático Manual. Las dos siguientes forman la parte práctica, explicada con fotografías paso a paso de los diversos movimientos y con símbolos gráficos que agilizan la lectura.

Los símbolos empiezan a utilizarse en la cuarta parte («La práctica del DLM», pág. 107); con ellos se describen las manipulaciones básicas del Drenaje Linfático Manual. Su utilidad es la de reforzar la información aportada por las fotografías. Los símbolos son los siguientes:

La quinta y última parte («DLM de las partes del cuerpo», pág. 127) describe el drenaje linfático de las diversas zonas corporales. En ella se ha seguido también un sistema gráfico que permite recapitular fácilmente los pasos. En el comienzo de cada zona corporal aparece un dibujo como el que reproducimos, donde cada uno de los numeritos refleja la secuencia que debe seguirse en la manipulación. En el texto que sigue al dibujo, las explicaciones de cada paso se inician precisamente con ese número escrito en grande. En ellas se resaltan las manipulaciones con su signo correspondiente.

Introducción

Desde tiempos del gran Hipócrates (460-377 a. C.) se conoce la existencia de una especie de «sangre blanca» en el cuerpo humano. El venerado padre de la medicina occidental se refería sin duda a la linfa intestinal, que habitualmente presenta un aspecto lechoso después de haber comido. Aristóteles, otro gran personaje de la Antigüedad que, aparte de afamado filósofo, también fue médico, cita en sus escritos la existencia de un «líquido incoloro», refiriéndose al aspecto más generalizado que tiene la linfa en nuestro organismo.

La linfa es el líquido que contienen en su interior los vasos linfáticos. Todos ellos forman en su conjunto el sistema vascular linfático, que resulta básico para la supervivencia y salud del cuerpo humano.

Además de este sistema vascular linfático existen una serie de estructuras (órganos) linfáticas que desempeñan una misión básicamente defensivo-inmunitaria. Todo ello forma el sistema linfático (orgánico y vascular), y la ciencia que lo estudia es la linfología.

No obstante, a diferencia del gran desarrollo médico que ha alcanzado la angiología (estudio de los vasos sanguíneos arteriales y venosos), el nivel de conocimientos que durante muchos años se ha tenido de la circulación linfática ha sido más bien pobre, hasta que gracias a las modernas técnicas de investigación podemos decir que en la actualidad se conoce bastante bien el sistema linfático, tanto en sus aspectos inmunológicos, como los propiamente vasculares y transportadores de la linfa.

A pesar de ello, el conocimiento del sistema vascular linfático es bastante superficial, incluso para la mayoría de la clase médica del país, ya que en los planes de estudio de medicina se aborda de una forma bastante simple. Por todo ello no debe extrañarnos que muchos médicos muestren todavía un cierto escepticismo al oír hablar de una terapia manual (tan poco apreciadas en general) que actúa sobre el sistema vascular linfático (tan poco conocido en su estructura y funciones).

Si bien el Drenaje Linfático Manual (DLM) fue descubierto de forma intuitiva y un poco visionaria por Emil Vodder y durante muchos años fue considerado un método alternativo o marginal, es decir, no académico, en la actualidad goza ya de una base científica bien estructurada, gracias a los años de investigaciones que médicos y profesores universitarios —como M. Földi, S. Kubik, A. Castenholz, A. Gregl, J. R. Casley-Smith, entre otros— dedicaron a este tema.

Entendemos por DLM la activación manual del drenaje de líquido intersticial, a través de hendiduras microscópicas en los tejidos (canales prelinfáticos), y de linfa, a través de los vasos linfáticos.

El conocimiento de esta técnica requiere saber y entender no solo los aspectos teóricos del método, sino, ante todo, aprender bien las manipulaciones prácticas, tan diferentes a las del masaje clásico convencional.

El DLM está indicado en el tratamiento de una gran cantidad de trastornos, y es especialmente útil ante estados edematosos (hinchazones) que básicamente tengan un origen linfático (linfedemas). En otros casos, el DLM es una terapia complementaria, de apoyo o acompañante, en campos tan diversos como la traumatología, la dermatología, etc. Con el DLM podemos tratar con éxito desde pequeñas hinchazones (tenosinovitis, hematomas, acné, etc.) hasta grandes linfedemas (brazos, piernas, etc.), siempre que exista una posibilidad real de drenaje. En caso de grandes edemas (elefantiasis, por ejemplo) se hará preciso emplear también ciertas medidas de apoyo (Komplexe Physikalische Entstauungstherapie, que podríamos traducir como «tratamiento fisioterápico complejo, o multifactorial, de desestancamiento, o descongestión», al que nos referiremos como KPE) para conseguir resultados estables.

Hemos puesto el máximo interés en utilizar un lenguaje claro y preciso en este libro y en acompañar los textos de una gran cantidad y variedad de fotografías e ilustraciones, para así facilitar el aprendizaje del DLM tanto en su parte teórica como en sus aspectos prácticos. Creemos que la obra va a resultar de gran ayuda tanto para masajistas, esteticistas y fisioterapeutas, como para diplomados en enfermería y médicos interesados en conocer el DLM.

El planteamiento de la parte práctica se ha elaborado teniendo muy en cuenta aspectos de índole pedagógica. Evidentemente, el DLM no se aprende únicamente leyendo un libro, pero sí que es fundamental que este facilite la labor de aprendizaje. Se han abandonado algunas manipulaciones obsoletas del antiguo método Vodder, que tenían un valor más de apariencia que de drenaje linfático real. Se ha ordenado la superficie corporal en zonas o cuadrantes linfáticos, y estas, en partes anatómicas bien delimitadas. Se ha esquematizado además cada cuadrante linfático, destacando las manipulaciones fundamentales en cada caso, lo que facilitará la comprensión y la labor creativa de quienes deseen hacer uso del DLM. Al final de la obra se ofrece además una amplia bibliografía, así como información sobre las posibilidades de su aprendizaje.

El sistema circulatorio sanguíneo

Está formado por un sistema tubular cerrado —los vasos sanguíneos— que está conectado a un poderoso motor —el corazón— que impulsa entre seis y siete mil litros de sangre cada día a través del sistema.

Los vasos sanguíneos

Los vasos sanguíneos del sistema circulatorio tienen diferentes formas y funciones.

Las arterias llevan la sangre del corazón a los tejidos de nuestro organismo. Se van ramificando como las ramas de un árbol, disminuyendo su calibre a medida que se alejan del corazón. También la velocidad y la presión de la sangre en su interior se van haciendo menores cuanto más estrechas son. Poseen una capa envolvente de fibras musculares que les confieren un cierto grosor, resistencia y elasticidad, lo que les permite contraerse y relajarse según las necesidades de cada momento. Las más finas o estrechas se denominan arteriolas y se encuentran justo antes de los capilares sanguíneos, que son los vasos sanguíneos más finos que existen, con un diámetro entre 0,007 y 0,01 mm, un grosor inferior al de nuestros cabellos. Se hallan repartidos prácticamente por todo nuestro cuerpo. Hay tal cantidad en nuestro organismo que poniéndolos en fila darían unas cinco veces la vuelta a la Tierra. A través de ellos se verifica el paso de las sustancias nutritivas de la sangre a las células de los tejidos y de los residuos de estas a la sangre, que los transporta a los órganos de eliminación de nuestro cuerpo: intestino, riñones, piel, etc. Una parte de estos residuos y de líquido intersticial sale de los tejidos por vía linfática. Esta cuestión la trataremos más adelante en las páginas de este libro, evidentemente con mayor detalle.

El ejercicio físico aeróbico activa tanto la circulación sanguínea como la linfática.

SISTEMA CIRCULATORIO SANGUÍNEO

1.Sistema arterial

2.Sistema venoso

3.Corazón

4.Sistema vascular linfático

A los capilares les siguen las vénulas (venas de pequeño calibre) hasta terminar en las venas de gran calibre. Llevan la sangre de vuelta al corazón, excepto en la circulación pulmonar, en la que ocurre lo contrario. La sangre cargada de oxígeno y, por lo tanto, de color rojo vivo que llevaban las arterias ha ido cediéndolo a las células de los tejidos, a través de los capilares sanguíneos. También a través de ellos se ha ido cargando de dióxido de carbono (gas residual del metabolismo celular), por lo que la sangre del interior de las venas aparece más oscura y cargada de residuos. Las venas poseen unas paredes más delgadas y casi diez veces más elásticas que las arterias, lo que les permite almacenar una enorme cantidad de sangre sin que aumente apenas la presión en ellas. Esto explica por qué no siempre que acumulen mucha sangre (como sucede, por ejemplo, con las varices) se va a producir un aumento de la presión venosa suficiente para dar lugar a edemas (acúmulo de líquido en los tejidos), un aspecto que entenderemos mejor cuando nos ocupemos de las leyes de Starling (pág. 50).

Hemos citado el corazón como poderoso motor impulsor de la sangre, pero este fenómeno solo destaca en las arterias, arteriolas y en los capilares sanguíneos. Surge ahora la pregunta: ¿qué mecanismos permiten hacer regresar la sangre de las venas al corazón? La circulación de retomo en todas aquellas partes del cuerpo que están por debajo del corazón debe vencer la ley de la gravedad para llegar a él. Esto solo es posible porque las venas poseen en su interior unas válvulas que hacen que la sangre circule hacia el corazón y no en sentido contrario.

La sangre

Todos sabemos que la sangre es vital para nuestra existencia pues transporta desde gases (oxígeno, dióxido de carbono) a sustancias nutritivas, a la vez que agua, electrolitos, residuos metabólicos, proteínas, hormonas, elementos defensivos, etc.

Interviene decisivamente en la regulación del pH (acidez-alcalinidad) y de la temperatura corporales. Su volumen oscila entre cuatro y seis litros, lo que equivale a un 7-8 % del peso corporal. Está formada por una serie de células y corpúsculos en una proporción que oscila entre 40-46 % del volumen global de sangre (valor hematocrito). Son los siguientes:

•Hematíes o glóbulos rojos. Encargados de transportar oxígeno de los pulmones a las células de nuestro organismo, así como dióxido de carbono de estas a los pulmones. El color rojo de la sangre se debe a los hematíes que contiene.

•Leucocitos o glóbulos blancos. Desempeñan funciones defensivo-inmunitarias en el organismo.

•Plaquetas o trombocitos. Intervienen en los procesos de coagulación de la sangre.

•Plasma. Forma el resto de la sangre y está constituido por un 90 % de agua y entre un 6-8 % de proteínas, así como por las otras sustancias mencionadas. Recibe el nombre de suero sanguíneo el plasma sin un factor de coagulación, como es el fibrinógeno.

Mecanismos impulsores de la sangre

Los principales mecanismos impulsores de la sangre en las venas son fundamentalmente:

•La actividad muscular. Durante el ejercicio físico los músculos, al contraerse, comprimen la sangre del interior de las venas. Las válvulas venosas determinan que la sangre circule en un solo sentido, evitando su retroceso o reflujo. Durante la fase de relajación muscular, las venas vuelven a llenarse de sangre. Este fenómeno es especialmente importante en las piernas. Los músculos de las pantorrillas, concretamente los gemelos, desempeñan un papel decisivo. Para aprovechar al máximo su función impulsora de la sangre en las venas de las piernas, conviene ejercitar estos músculos andando a menudo y con un calzado sin tacones altos. También la natación resulta de gran ayuda.

•Los movimientos respiratorios. Sobre todo cuando los practicamos con cierta intensidad (ejercicios respiratorios). Su área de influencia es fundamentalmente la circulación venosa de tórax y abdomen. Durante la inspiración disminuye la presión dentro del tórax y aumenta la intrabdominal, lo que va a favorecer el retorno de sangre al corazón.

Los movimientos respiratorios profundos activan tanto la circulación venosa del tronco como la linfática.

•El efecto de la gravedad. Va a favorecer el retorno venoso en aquellas venas que están en partes del cuerpo situadas por encima del corazón.

•El efecto aspirante del corazón. Aunque al corazón se lo cita como una especie de bomba hidráulica impelente-aspirante, el efecto impulsor domina con mucho sobre el segundo, que es bastante débil.

•La pulsación de las arterias vecinas. Estas ejercen un efecto compresor débil, pero rítmico y constante, sobre las venas vecinas. Arterias, venas, nervios y vasos linfáticos suelen discurrir conjuntamente formando los llamados «paquetes vásculo-nerviosos» de los diferentes órganos de nuestro cuerpo.

Venas de las piernas

En las piernas distinguimos claramente dos capas de venas:

•Venas profundas. Circulan entre los músculos (venas intrafasciales) y junto a las arterias locales, aprovechándose de su efecto pulsátil y del efecto compresor de los músculos que las rodean.

•Venas superficiales. Circulan bajo la piel, por fuera de los músculos (venas extrafasciales), y no están influidas por el efecto compresor-impulsor muscular. Al no circular tampoco junto con arterias no van a poder aprovecharse del efecto pulsátil de estas. Por ambos motivos presentan un mayor número de trastornos (varices, por ejemplo) que las profundas. Para paliar en parte esta circunstancia nuestro organismo dispone de venas perforantes que comunican las venas superficiales con las profundas.

La marcha facilita la circulación venosa profunda, así como también la linfática.

Antecedentes históricos

El sistema linfático en su estructura y funciones ha sido un gran desconocido en la historia de la medicina hasta no hace muchos años. Los modernos avances tecnológicos como el microscopio electrónico, la tomografía computarizada o el desarrollo de especialidades médicas como la anatomía microscópica, la cirugía y la inmunología han permitido adentrarnos en un conocimiento más profundo del sistema linfático.

Ya en la Antigüedad se conocía parte del sistema linfático, aunque no se sabía cuáles eran sus funciones.

Hipócrates (460-377 a. C.) y más concretamente los escritos de los seguidores de su escuela (Corpus Hipocraticum) citan unos vasitos o conductos que llevaban «sangre blanca». Concretamente se refieren a los vasos linfáticos intestinales (vasos quilíferos), pues la linfa que proviene del intestino delgado, al estar cargada de partículas de grasa (quilomicrones), tiene un aspecto lechoso.

Aristóteles

Aristóteles (384-322 a. C.), el gran filósofo griego discípulo de Platón, médico y profesor de Alejandro Magno, ya citaba en su época la existencia de unos vasos que contenían un líquido incoloro, que es el aspecto habitual de la linfa.

Herófilos, otro médico griego de la famosa Escuela de Alejandría, escribía: «De los intestinos salen unos conductos (vasos) que no van a parar al hígado, sino a una especie de glándulas». Es lo que hoy conocemos como ganglios linfáticos.

Ya Hipócrates citaba en la Antigüedad unos vasos o conductos que llevaban “sangre blanca”, refiriéndose a los vasos linfáticos intestinales.

Del Renacimiento a nuestros días

Después de la apasionante época de la Antigüedad clásica pasaron casi dos mil años en los que en Occidente apenas se progresó en el campo de la medicina por culpa, fundamentalmente, de la iglesia católica, que prohibía las disecciones y estudios anatómicos en cadáveres. Hasta que en el siglo XVII, con los nuevos aires que trajo el Renacimiento, se redescubrió y se volvió a estudiar al sistema vascular linfático gracias a las aportaciones del italiano Gaspare Aselli (1581-1626), que en 1622 descubrió la existencia de unos vasos de aspecto lechoso en el intestino del perro, que apenas se distinguían cuando la vivisección se realizaba con el animal en ayunas, lo que le hizo relacionar el contenido de estos vasos con el proceso digestivo.

Gaspare Aselli

Por otra parte, en 1651 el francés Jean Pecquet (1622-1674) descubrió en un cadáver humano la existencia del conducto torácico (ductus toracicus) y una especie de receptáculo en su inicio, que se denominó cisterna chyli o cisterna de Pecquet, en honor a su descubridor.

Thomas Bartholin

Dos grandes figuras de su tiempo, el sueco Olf Rudbeck (1630-1702) y el danés Thomas Bartholin (1655-1738), fueron los primeros en relacionar todos estos descubrimientos parciales y en considerar al sistema vascular linfático como una unidad funcional. Rudbeck definía los ganglios linfáticos como «Glandulae aquosae», por el líquido claro que hay en su interior, mientras que Bartholin fue el primero en usar la denominación «Vasa lymphatica» (vasos linfáticos) y la de «Lympha» (linfa), para su contenido, por el aspecto limpio (limpidus) o de agua clara que tiene esta.

A finales del siglo pasado un profesor de cirugía austríaco, el doctor A. Winiwarter (1848-1917), desarrolló un método de tratamiento de los grandes edemas de las extremidades basándose en la triple combinación de un suave masaje en sentido proximal, la aplicación de medidas compresivas y la elevación postural de las extremidades afectadas, para favorecer el retorno linfático. No obstante, a pesar de conseguir buenos resultados, este método cayó desgraciadamente en el olvido al cabo de unos años.

El matrimonio Vodder

A principios de los años 1930 el matrimonio danés Emil y Estrid Vodder trabajaban como fisioterapeutas en Cannes, en la Costa Azul francesa. Gran parte de sus pacientes procedían de la húmeda y fría Inglaterra. La mayoría venían aquejados de enfermedades infecciosas crónicas de las vías respiratorias superiores (sinusitis, faringitis, rinitis, amigdalitis, etc.), atraídos por el clima soleado del Mediterráneo.

Lo que más sorprendía a Vodder era que a prácticamente todos ellos se les palpaban unos ganglios linfáticos del cuello hinchados y duros. Intuitivamente se le ocurrió que un suave masaje de estos ganglios mejoraría el estado de salud de aquellos pacientes crónicos, lo cual se confirmó ampliamente en la práctica. El doctor Vodder (1896-1986), a pesar de no ser médico, ya que pese a que había hecho algunos cursos de medicina, en realidad era doctor en filosofía, hizo un descubrimiento genial que ha constituido un gran avance dentro del campo de la medicina y de la estética.

Según él, la idea inicial del drenaje linfático se le ocurrió en sueños. Lo cierto es que atreverse a masajear ganglios cuando la medicina oficial de la época recomendaba no tocarlos merece cuanto menos la admiración de todos nosotros. Realmente masajear los ganglios linfáticos en una infección aguda en la que aparecen hinchados y dolorosos constituye una verdadera contraindicación, pero no así en la mayoría de afecciones de tipo crónico en las que la palpación ganglionar no es dolorosa. También hay que descartar que los glanglios se hallen afectados de ciertos procesos patológicos (tuberculosis, toxoplasmosis, tumores, etc.).

El matrimonio Vodder se dedicó entonces en cuerpo y alma a profundizar en las posibilidades del nuevo tipo de masaje desarrollado por ellos, naciendo así lo que hoy conocemos como DLM, y observaron cómo muchos trastornos de tipo médico y del campo de la estética (hinchazones y sus consecuencias) mejoraban de forma notoria con la práctica del DLM.

En la primavera de 1936 se presentó en París por primera vez el DLM, concretamente en un congreso sobre belleza («Santé et beauté») que se realizó en la capital francesa.

El doctor Vodder, como seguidor que fue de la medicina humoral en su sentido más clásico, le atribuyó a la linfa, en un principio, un papel nutritivo y regenerador de los tejidos del cuerpo que no se ajusta a la realidad, ya que la linfa es un líquido que transporta residuos y proteínas plasmáticas del medio intersticial, pero no tiene funciones nutritivas. No obstante, al activar la salida de linfa y de líquido intersticial encharcado mediante el DLM sí que mejora la «calidad» de los tejidos afectados, pero no porque los nutra mejor, sino, ante todo, porque los «limpia» mejor.

Estas inexactitudes por parte de Vodder y el hecho de no ser médico fueron motivo de prejuicios por gran parte de la clase médica durante muchos años, a pesar de que el DLM se mostraba como un excelente método en la práctica.

Estudios científicos