La paceñez - Rubén Olachea Pérez - E-Book

La paceñez E-Book

Rubén Olachea Pérez

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Beschreibung

En este libro, La paceñez. Breves apuntes sobre el habla paceña, Rubén Olachea Pérez y Laura Cruz Reyes presentan ensayos, un glosario y una breve historia de la ciudad capital y puerto de La Paz, Baja California Sur, para analizar que significa la paceñez y las razones que hacen del español paceño una variante única dentro del noroeste de México.    La obra explora cómo la historia de la península, caracterizada por una colonización lenta y aislada, junto con la convivencia de una cultura ranchera en un entorno geográfico extremo, sentó las bases de esta forma distintiva de hablar. También revisa cómo la geografía casi insular, que limitó durante siglos las migraciones masivas pero permitió oleadas intermitentes de españoles, franceses, ingleses, chinos y norteamericanos, seguidas más recientemente por mexicanos del continente y estadounidenses, enriqueció esta variante regional con vocablos en inglés, castizos, arcaísmos, galicismos y algunas palabras heredadas de los pueblos originarios, ya extintos, que habitaron esas tierras antes de la colonización española.   Esta habla paceña -que puede sonar extraña a oídos foráneos, pero la gente, originaria o avecindada, en La Paz reconoce con orgullo como parte fundamental del ser paceño(a)- es rescatada por los autores en un glosario delicioso y conciso cuya lectura, quizá, logre ayudar a curiosos a descifrar la forma en que se expresan los paceños, pero, sin duda sacará una sonrisa a cualquier paceño hablante que ande de wicha entre sus páginas.

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Seitenzahl: 98

Veröffentlichungsjahr: 2025

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La paceñez

Breves apuntes sobre el habla paceña

Rubén Olachea Pérez

Laura Eugenia Cruz Reyes Mendoza

Universidad Autónoma de Baja California Sur

La Paz, Baja California Sur, México, 2024

Universidad Autónoma

de Baja California Sur

DR. DANTE ARTURO SALGADO GONZÁLEz

Rector

DRA. ALBA ERITREA GÁMEZ VÁZQUEZ

Secretaria General

C.P. MAURICIO LUNA RODRÍGUEZ

Encargado de la Secretaría de Administración y Finanzas

LIC. JORGE RICARDO FUENTES MALDONADO

Director de Difusión Cultural y Extensión Universitaria

LIC. LUIS CHIHUAHUA LUJÁN

Jefe del Departamento Editorial

Este libro fue evaluado por pares académicos bajo arbitraje “doble ciego” de conformidad con la normatividad de la Universidad Autónoma de Baja California Sur. Los dictámenes son resguardados en los expedientes de la editorial universitaria.

D. R. © Rubén Olachea Pérez

Laura Eugenia Cruz Reyes Mendoza

D. R. © Universidad Autónoma de Baja California Sur,Boulevard Forjadores s/n entre Av. Universidad y Félix Agramont Cota, Col. Universitario. La Paz, Baja California Sur, México

Primera edición: 2024

ISBN: 978-607-8925-37-7

Reservados todos los derechos. Ninguna parte de este libro puede ser reproducida, archivada o transmitida, en cualquier sistema –electrónico, mecánico, de fotorreproducción, de almacenamiento en memoria o cualquier otro–, sin hacerse acreedor a las sanciones establecidas en las leyes, salvo con el permiso escrito del titular del copyright. Las características tipográficas, de composición, diseño, formato y corrección son propiedad de los editores.

Cuidado de la edición: Diana Rosario Beltrán Herrera

Diseño de portada: Domenica Tovar-Hulvershon Gutiérrez

Maquetación: Tania Jacqueline Espinoza Romero

Hecho en México

A Rebeca, principio y fin de este libro

5

Contenido

Nota introductoria....................................7

Prólogo....................................................10

La Paz: Breve contexto histórico.............22

Ser paceño(a)...........................................39

Glosario de términos paceños..................76

A..........................................................77

B..........................................................79

C..........................................................81

D..........................................................89

E..........................................................91

F...........................................................93

G..........................................................94

6

H..........................................................97

I...........................................................100

J...........................................................102

L..........................................................103

M.........................................................105

N..........................................................108

O..........................................................109

P...........................................................111

R..........................................................115

S...........................................................116

T..........................................................118

V..........................................................120

W.........................................................122

Z..........................................................124

Epílogo....................................................126

Referencias..............................................130

Acerca del autor y la autora......................135

7

Nota introductoria

Esta obra tiene como eje conductor a las personas paceñas y su manera de comunicarse entre ellas. Las particularidades geográficas, físicas y cultu-rales crean un lenguaje distinto al de otras partes de la República mexicana.

Lapaceñezno se refleja exclusivamente en el habla, que es dinámica y permite que convivan una gran variedad de vocablos de distintos oríge-nes: arcaísmos castizos del habla ranchera sud-californiana se combinan con anglicismos que, a su vez, evidencian el contacto con la otredad de vecinos, turistas de habla inglesa.

Sobresale la permanencia de algunos vo-cablos de pueblos originarios ya extintos, que

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denotan un regionalismo y un respeto por un pasado lejano.

Pese al aislamiento geográfico de vivir en una media península cuya sensación es, prácti-camente, vivir en una isla; las migraciones man-tienen un flujo de expresiones idiomáticas co-nectadas con el macizo continental. Asimismo, la convivencia entre generaciones hace a algunas frases más influidas por la tecnología y la moder-nidad. Al mismo tiempo, perviven costumbres de énfasis de distinta índole, como los diminutivos o los aumentativos. Esto se evidencia con el nombre de varias colonias o playas: El Esterito, El Saltito, El Mezquitito, El Manglito, entre muchas otras, que para los paceños suenan habituales.

La historia de La Paz y la poca población que hubo por décadas convierte a nuestro entorno en un laboratorio vivo en donde se pueden ob-servar y estudiar aspectos de un pasado reciente y cambios vertiginosos. En La Paz se conjugan muchas cosmovisiones: el ranchero sudcalifor-niano; los pescadores; el paceño que nació aquí y nunca se ha marchado; los estadounidenses que viven sus retiros aquí y los mexicanos provenien-tes de otros sitios que hallan en estas tierras un lugar para asentarse y radicar.

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Las personas paceñas forman un crisol de pensamientos que son expresados mediante el habla, por tanto, se añaden y se borran vocablos de manera casi imperceptible, y sólo median-te una reflexión y autocrítica a nuestro lenguaje cotidiano ponemos de manifiesto que el español utilizado en La Paz es diferente al que hablan en CDMX, Guadalajara, o incluso, Sinaloa, la parte más cercana del continente. La influencia es evi-dente pero la resistencia, también, es pertinaz.

Los autores.

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Prólogo

La paceñezes la condición de serde La Paz, Baja California Sur, México, América. O haber llegado a muy temprana edad o, posteriormente, adqui-rir ese sentimiento de pertenencia cultural a partir de varios años de permanencia o residencia en la ciudad capital y puerto de La Paz. No se intenta aquí hacer un panegírico o trazar una epopeya en torno a ser sudcaliforniano, choyero,pata salada.La historia de Baja California Sur parece estar en-tretejida por circunstancias insólitas y, a la vez, por ciertos aspectos predecibles. La belleza de su silueta territorial, ya sea como medalla ornamental o fotografiada y vista desde satélite, adornó gente y un buen número de hogares y oficinas para evi-denciar orgullo y arraigo, pertenencia y apego a

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una identidad en formación a la par que dinámica. La península bajacaliforniana o la media penínsu-la forma parte inconfundible e infaltable del bello mapa de México, con sus dos penínsulas a los ex-tremos. Una anunciando el Caribe, la otra abra-zando dos mares colosales el golfo de California y el océano Pacífico.

Para quienes nacimos aquí en La Paz y vivimos la infancia en la década de 1970, como es mi caso, sentíamos que vivíamos en un episodio de serie norteamericana de moda de aquella época o dentro de una película española, entre comedia costumbrista y toques Almodóvar; además de vibrar al latido de México y su programación te-levisiva de aquellos años, plácidos y risueños, aunque también intensos y cambiantes. Bonanza, El gran chaparral, Los Waltons… películas de Jo-selito, de Rocío Dúrcal, de Pily y Mily, o progra-mas musicales como México, magia y encuentro. El día alcanzaba para muchas cosas. No es que no hubiera quehacer, más bien parecía que el tiempo sobraba. Mi abuela sintonizaba la radio y a la hora del desayuno había música de Cri-Cri “Las ocho ya van a dar / y el niño va a merendar…”. Yo era el típico chamaco chiqueado (mimado) por nadie, pero chiqueado al fin, yo creo que por

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mí mismo o la voz de mi incipiente conciencia mediática. Despertaba risas y comentarios en la familia porque al parecer heredé vía televisión una cosmovisión tipo hippiepsicodélica califor-niana y una proclividad a la comicidad del cine mexicano, entre Tin Tán, Capulina y tantos otros héroes de la pantalla nacional, con fondo musical de José Alfredo Jiménez, Agustín Lara, Lorenzo de Monteclaro, Estelita Núñez y Manoella Torres, entre tantísimas voces características cuyos bellos timbres fueron nutriendo la educación sentimen-tal de muchísimos mexicanos e hispanohablantes del mundo entero.

Si íbamos al cine, podría haber programa doble con intermedio: una del Santo contra algún monstruo chafa con obvia y tiesa máscara de plás-tico; y todo ello contribuía con gozo a una inocen-cia consciente, sí, de que mucho había de oropel y falso plafón, pero la gracia consistía en no perder el ritmo e ir generando eso mismo, una cadencia viva, aterrizada, pegada al suelo que pisábamos y compartíamos.

La Paz era, pues, una pequeña ciudad cuyos barrios podían incluir en una misma cuadra a los riquillos y a algunos verdaderamente muy mo-destos, y la sensación era, aunque posteriormente

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descubriríamos con cierta amargura otra versión, que todos podíamos de alguna manera prosperar cada vez un poquito más (“si no te lo pistearas todo”). Los niños católicos creíamos que todos (absolutamente todos) íbamos a la doctrina, al ca-tecismo o Catequesis. Ese es uno de los grandes defectos de la clase media aspiracional en cual-quier nación como ‘todos’ creíamos a pie juntillas en la magia de la televisión, el cine y la radio, pues todos vivíamos en un mundo algo uniforme: la escuela, el fin de semana, la misa dominical, las comidas familiares y las tertulias. La ocasio-nal ‘fiesta’ a la sombra de un foco pelón, cuyo lujo era sacar el tocadiscos y escuchar alguna melodía en aquellos discos de acetato de tantas revolucio-nes por minuto. Para mí, lo máximo eran ABBA, Mocedades, Viva la gente, algo de The Beatles y… Topo Gigio, Scooby Doo, La Pantera Rosa… la lista se vuelve infinita.

La Paz era una pequeña ciudad con aeropuer-to internacional, en un estado cuya vida oficial y democrática recién iniciaba, con grandes apoyos para la cultura y la infraestructura. Luego nos en-teraríamos que los mantos freáticos estaban con-taminados, que tomar agua de la manguera no era lo recomendable, aunque habíamos crecido con

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ese hábito, por los calores tan altos del verano. También, posteriormente, nos enteraríamos de otra triste realidad: nuestro cielo no era tan pulcro como siempre supusimos. La electricidad traía un coste muy elevado porque a la larga se asoció con enfermedades graves a esa mancha oscura que flotaba cual nata allí donde se generaba la energía, en la planta termoeléctrica, y se movía cual nuba-rrón voraz contra nuestra salud. ¿Resolverán las nuevas generaciones los problemas heredados por nosotros o sólo se dedicarán a sobrevivir? ‘La-mentamos las molestias que esto le ocasione’. Mas no perdamos la esperanza porque, como dicen las doñitas respecto a los cambios modernos, “¡Antes qué esperanzas!”.

Entre el provincianismo y la actitud moderna

En la década de 1960 cursé la primaria en el centro de La Paz, en la Escuela 18 de Marzo de 1938, hoy extinta por capricho de unos cuantos y su afán de volver esa zona cercana al malecón un bar tras otro. El edificio constaba de tres pisos, y en el superior, me enteré, había clases universita-rias. La misma escuela en la que yo iba a aprender lo básico, por las tardes era sede de la Univer-

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sidad Autónoma de Baja California Sur. Por lo tanto, decía yo, también voy a la Universidad, con el mismo ingenio ingenuo de quien, por obtener buenas calificaciones y diplomas, se cree diplo-mático.

Cerca de la Escuela 18 de Marzo de 1938 también estaba la zona comercial, con tiendas bien surtidas de novedades electrónicas, productos ja-poneses y chinos. Nos reíamos con cierto recelo de cosas etiquetadas Made in Taiwan, al compararlas con la calidad indiscutible, en aquellos entonces, de todo lo que fuera hecho en Estados Unidos (los dulces, los carros Tonka, ciertos juguetes bonitos a la vista y caros, ropa de marca, Fisher Price & Buster Brown, etc.). El ferry era una realidad, y algunas personas que bajaban de él nos parecían exóticos: los malamente denominados tahualilaso los oaxaquitas. Gente de piel más oscura que el promedio, menudita y con el miedo en los ojos. Nunca faltan los avispados de la voz cantante, que se sienten más grandes y sabelotodo, buenos para poner apodos y desaparecer cual fantasmas. Segu-ramente ellos han de ser perfectos. Ya verás.

Recuerdo en ese panorama también a los mormones evangelizadores, a menudo una pareja de jóvenes, uno rubio y otro menos rubio. Bien

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vestidos, formales, hablando español con dificul-tad pero con intención de comunicarse para discu-tir ese tema de mil batallas: la religión. O sea que La Paz podía tener ese toque cosmopolita progre-sista que da la libertad de cultos y un agradecible ambiente de bajo fanatismo (sin procesiones ni gente protagonista desmayada alegando que vio a Dios y que la Virgen le habla en arameo).

El malecón siempre