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Imagínate un mundo en el que cada ser humano nace con una capacidad intacta para Amar. ¡Creémoslo ahora! La Placenta. El Chakra Olvidado acoge el respeto por la Cultura y el respeto por la Naturaleza, al tiempo que se basa firmemente en la investigación científica, que confirma lo que las comadronas ya sabían desde hace mucho tiempo: los protocolos más respetuosos, más a su debido tiempo, los menos invasivos, son los mejores. Este libro trata de resolver el milagro de la reproducción sexual en toda su complejidad. ¿Sería posible hablar de madres, de bebés o de sus Placentas sin profundizar en el reino del Espíritu? Por supuesto que no; la sexualidad es territorio sagrado. Aún así, para mí el concepto de religión/espiritualidad es un misterio total. No tengo ni la menor idea de lo que puede ser o parecer «Dios» o «Dios-nosotros». Me gustaría tener la capacidad de poder decir en qué creo exactamente, pero no puedo. No tengo respuestas para mis preguntas espirituales y no tengo un nombre para la benevolencia que suplico que exista. Este no es un lugar cómodo en el que encontrarse, pero para mí es honesto. Así pues, este libro comienza aquí, con mis preguntas indescriptibles y quizás sin respuesta: ¿Cuál es el significado de nuestro nacimiento? ¿Somos, cada uno de nosotros, un pedazo de Paz? ¿Dónde vive el Espíritu dentro de nosotros? ¿Era en nuestras Placentas, que es por lo que la mayoría de nosotros sentimos que hemos perdido algo valioso y esencial? Tengo el valor de esperar que el debate que comienzo aquí, y que comparto con cada una de vosotras, revolucionará el nacimiento.
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Seitenzahl: 319
Veröffentlichungsjahr: 2022
La Placenta
El chakra olvidado
Título original: Placenta, the forgotten chakra. Publicado por Half Ange Press, Bali, Indonesia (2010). © Robin Lim (por los textos). © Miyuki Akiyama (por las ilustraciones). © Luz Viudes Middelmann y Jaime Viudes de Carlos (por la traducción). © Zion Lee (por el diseño de la cubierta). © Lakota Moira (por el diseño editorial). © Devin Bramhall y Wil Hemmerle (por la edición del texto original). © Noemí Márquez (por la maquetación interior). Fotografías de Margo Berdeshevsky. Leon Vrielink. Luciana Ferrero. Wil Hemmerle. Déjà Bernhardt. Elena Skoko. Loren Earle-Cruickshanks. Otras fotografías: Archivos de la Fundación Bumi Sehat. Ilustraciones de Gede Robi y Sophia Anastasia.
No está permitida la reproducción total o parcial de este libro ni su tratamiento informático ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier medio, sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación o por fotocopia, o mediante otro método sin permiso escrito previo de la Editorial OB STARE. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal).
© Editorial OB STARE (para esta edición) www.obstare.com | [email protected]
Primera edición en versión digital: diciembre de 2021
ISBN: 978-84-123106-0-3 Maquetación ebook: leerendigital.com
Índice
Portada
La placenta
Créditos
Agradecimientos para la edición española
Prefacio
Introducción
¿Qué es la Placenta?
¿Qué son los Chakras?
La Placenta: nuestra heroína en el mito y la historia
Modernidad y tradición en el tratamiento de la Placenta
Rindiendo homenaje a la tercera etapa del parto: el alumbramiento de la Placenta
La Placenta: conservación y ceremonias
El nacimiento Lotus
Historias de nacimientos Lotus
Placentofagia: ingerir la Placenta
Recetas para preparar la Placenta
Más historias
Amamantar para no romper el Círculo
Crear Paz con el nacimiento Lotus
Nadie muere solo
Investigaciones a tener en cuenta
Películas, lecturas y recursos recomendados
La Fundación Bumi Sehat
Acerca de la autora
Palabras finales
Agradecimientos
para la edición en español
Requiere una paciencia especial vivir con una mujer que está enamorada de las Placentas. Por todo su apoyo y comprensión constante y por su música, doy las gracias a mi marido, Wil Hemmerle. Mi inspiración siempre han sido mis hijos, Dèjá, Noël, Zho`u, Lakota, Zion, Thoreau, Hanoman y EllyAnna. Abrazos para mi amado yerno, Robi, mi amada nuera, Edwine, y mis nietos Zhouie, Bodhi y Tashi. A mi madre, Cresencia Munar Lim Jehle, y a Lola, mi sanadora, y a la cuidadora de mis bebés, Hilot Vicenta Munar Lim, les debo todo.
El artista Miyuki Akiyama ha bendecido con su arte estas páginas. A Zion Lee, artista de la cubierta, y a Sophia Anastasia por su arte adicional. A los fotógrafos Leon Vrielink, Margo Berdeshevsky, Dèjá Bernhardt, y también Bumi Archives. Gracias. A los editores del texto, Wil Hammerle y Devin Bramhall, y la diseñadora del libro, Lakota Moira.
Un agradecimiento especial para el equipo de este libro en España ~ Traductores: Luz Viudes Middelmann y Jaime Viudes de Carlos ~ Maquetación interior: Noemí Márquez Pérez ~ Eva Darias, gracias por tu visión ~ Marta Farré, Roser Gallardo Ferrer, Cristina Triviño, Asociación Nacer en Casa y Editorial OB STARE, gracias por ayudarme a amar a España.
Equipo de Yayasan Bumi Sehat Bali & International (Fundación Madre Tierra Sana): sois gente que demuestra que es posible construir la Paz mundial con una madre y un bebé por vez. Las Comadronas/Bidans de Nacimiento Tierno: Jero Susanti, Brenda Ritchmond, A.A. Sayang, Ni Ketut Suastini, Dewa Rutini, A.A. Mas, Ni Made Suastini, Wayan Surdarni, Katherine Bramhall CPM, Maria Marat, Budi Astuti, Yeshi Aprillia S.Si.T M. Kes., Erin Ryan CPM, Lianne Schwartz y Carly Facius.
Al equipo de Bumi Sehat en Aceh Tsunami Relief Clinic: el Dr. Eman Tuahta, Mimi y Leman Wijaya. A las comadronas Louise Noorbergen, Nursiyah, Mega Purba, Lisa Forasacco, Maria dalle Pezze e Ibu Cheryl. Mi amor y un profundo aliento sanador para Kelly Dunn, René Bisnaire y todos los voluntarios, el personal y los que nos apoyaron en el Bumi Sehat de Haití en 2010.
Un abrazo muy fuerte para el Equipo de Bumi Wadah; respondimos juntos al desastre del Tifón Haiyan en Filipinas, y hemos demostrado que el retraso en el pinzamiento y corte del cordón umbilical de los Bebés es esencial para su supervivencia, especialmente en los lugares de la Tierra con recursos más bajos y riesgos más elevados. Maraming Salamat: Teresa Maniego, Lucibelle Kyamko, Toba Pearl, Tina Ferreros, Alfredo Torno III, Jun Ferreros, Maita Manglapus. Comadronas, médicos, enfermeras y doctores: Lorina Solís, María Teresa Palaña, Joana María Abrenio, Jill Roxanne Montejo, Rhodora Caidic, María Filomena Neri, Myra Briones, Lillian Sanpere Tarragona, Claudia Booker, Vicki Penwell, Rose Penwell, Lyn Stark, Jacquelyn Aurora, Celina Szwinta, Dr. Nikko Peven-Izu, Dra. Marissa Casals, Michelle Buenaventura, Karen Ferreira, Sora Colvin, Dra. Valerie Simonsen, Kelly Milligan, Diane Albright, Heather Sadiechild Harris, Susan Holland, Katherine Sims, Claire Jackson, Nienke de Leeuw, Erika & Dillon Carpenter. A nuestro equipo de apoyo: Belly Cañada, Garry Guevarra, Joel Bartolome, Je-ar Ambrona, Nida Ligo y Emma Bell. A Ibu Anie Djojohadikusumo y la Fundación de Familia Wadah y Direct Relief International.
A otros profesionales médicos, auténticos sanadores con los que he tenido el placer de trabajar: el Dr. Bobbi Aqua, DOC, Dr. I Nyoman Hariyasa Sanjaya, SpOG, Dr. Dewa Ketut Arika Seputra, SpOG, Dr. Made Wedagama, SpOG, Dr. John Briley, pediatra, Dr. Ni Gusti Ayu Partiwi Surjadi, SpA. MARS, Mangku Ketut Liyar y Niccolo Giovannini, ginecólogo.
Agradecimientos a la Fundación Shakti: Pradheep, Priya & Panav Chhalliyil y Bruce Grady. A los grupos que han apoyado mi camino y el trabajo de Bumi Sehat, que incluyen a Ikatan Bidan Indonesia (IBI), North American Registry of Midwives (NARM), Gentle Birth en Filipinas, la World Alliance for Breastfeeding Action (WABA), La Leche League Int., Genius in Diapers, Midwives Alliance of North America e Hygicia College.
A las Guardianas del Nacimiento y Guardianas de la Paz que me han inspirado: Marie Zenack, Devin Bramhall, Paula Baudoux, Katia, Margo Berdeshevsky, Gina Maria Catena, Liz Gilbert, Carla Swanson, Michael Franti, Mala Light, Barbara MacLeod Montani, Shawna Wentz, Robbie Davis-Floyd, Ina May Gaskin, Agnes Gereb, Devi Lestari, Reza Gunawan, George M. Morley, Wallaby Pulsatilla, Farfalla Vitalba, Stefanie Dawn, Julie Gerland, Faye Read, Ronnie Falcao, Gloria Lemay, Rebecca Bashara, Scott, Surreal & Inti, Mark, Gabriel & Aurea Ament, Chiaki, Gerry, Chiyo & Liang Ong, Lya, Diego & Ara, Ratna, Hajis e hijas, Oma Frederika Nault, Sara Wickham, Dra. Sarah J. Buckley, Deb Puterbaugh, Sera Bonds, Rosie Estrin, Viktor Tichy, Uta Meiner, Marianne Littlejohn, Jeanice Barcelo, Orango Riso, Michel Odent, Rico & Clair Baker, Robyn Garrison, Debby Lowry, Mary Jackson, Tina Garzero, Kadi Mourningstar, Jan Francisco, Joanne Dugas, Anne Frye, Nancy Wainer, Marcy Tardio, Nan Koehler, Pearl Breitbach, Diane Frank, Faith Gibson, Kate Bowland, Roxanne Potter, Mary Offerman, Lance Sims, Melody Weig, Beverly Francis, Rahima Baldwin, Valerie El Halta, Raven Lang, Lori Land, Elizabeth Davis, Kalanete, Marina, Joseph Yacoe e hijos, Marjan deJong, Pamela Hunt, Hannelore Josam, Ni Ketut Rusni, Sam, Prajna & Zion Shapiro, Marietta Paragas, Gina Tyler, Alesia Lloyd, Linda & Babu Walling, Andy Carmone, Suzanne Arms, Jan Tritten, Ida Daragh, Ashisha and Peggy O’Mara, Sandra Morningstar y Lee & Chris Beckom, cada una de vosotras me ha ayudado de una manera tremenda por haber creído en mí.
A Debra Pascali-Bonaro, Giuditta Tornetta, Marzia Bisognin, Chiara Pozzi Perteghella y a todas las Doulas que cuidan a las Madres como Madres, gracias. A la Dra. Eden Gabrielle Fromberg, un abrazo. Llueven bendiciones especiales sobre mí de los ya fallecidos Sunny Supplee, Mary Kroeger, Jeannine Parvatti, June Whitson, Carolyn Sims, Kerry Pendergast, Cristina Abbio, Gina Sitz, Ibu Rindi, Theodore Sturgeon, Wayan Budiyasa, Zoe Christian, Dawn Teddi Wiedemann, Christine Jehle Kim y mi padre, Robert A. Jehle.
Agradecimientos a la Asociación Americana de Psicología y Salud Prenatal y Perinatal (APPPAH) por concederme el honor de ser la Guardiana del Nacimiento del Año, en el suave regazo de Jeannine Parvati. Un profundo agradecimiento a la Fundación Alexander Langer por darme la oportunidad de seguir los pasos de Alex Langer, un peregrino por la Paz en la Tierra. A los amigos y familiares en Italia: Maurizio Rosenberg Colorni, Sabina Langer, Anastasia Mostacci, Marzia Bisognin. Mucho amor para Verena Schmid, Valentina Facchin, Lisa Forasacco, Maria dalle Pezze, Gloriana Facci y la maravillosa Bianca Buchal, a los centros de Il Melograno Natural Childbirth por toda Italia, y especialmente a Tiziana Valpiana, ¡Gracias!
Todos los que me votasteis desde cualquier país como Heroína de la CNN... habéis construido una plataforma para que el Nacimiento Suave tome fuerza. Queridos padres del futuro: comportaos afectuosamente con los bebés, ya que ellos son un conjunto de nuestras pasiones; mantenedlos intactos y dadles de mamar, por favor. A las familias con Nacimiento Lotus: gracias por el coraje de reinventar la humanidad. Así es como construimos la Paz. Os amo mucho a todos.
Prefacio
Este libro trata de resolver el milagro de la reproducción sexual en toda su complejidad. ¿Sería posible hablar de madres, de bebés o de sus Placentas sin profundizar en el reino del Espíritu? Por supuesto que no; la sexualidad es territorio sagrado. Aún así, para mí el concepto de religión/espiritualidad es un misterio total. No tengo ni la menor idea de lo que puede ser o parecer «Dios» o «Dios-nosotros». Me gustaría tener la capacidad de poder decir en qué creo exactamente, pero no puedo. No tengo respuestas para mis preguntas espirituales y no tengo un nombre para la benevolencia que suplico que exista. Este no es un lugar cómodo en el que encontrarse, pero para mí es honesto. Así pues, este libro comienza aquí, con mis preguntas indescriptibles y quizás sin respuesta: ¿Cuál es el significado de nuestro nacimiento? ¿Somos, cada uno de nosotros, un pedazo de Paz? ¿Dónde vive el Espíritu dentro de nosotros? ¿Era en nuestras Placentas, que es por lo que la mayoría de nosotros sentimos que hemos perdido algo valioso y esencial? Tengo el valor de esperar que el debate que comienzo aquí, y que comparto con cada una de vosotras, revolucionará el nacimiento.
Una muy querida amiga y «hermana bruja» me dijo que soñó que el universo estaba escribiendo un libro, y haciendo el trabajo a través de mí. Este es el libro, Marie. Gracias por el sueño.
Sintiendo todo eso y escribiendo sobre ello me aporta una fe inmensa de que estamos en la cúspide de tal posibilidad como para comenzar suavemente a recibir seres humanos óptimos en este mundo. Yo creo en una mano benevolente que sueña la existencia de este mundo. Esa mano se mueve por mí cuando confío en la incertidumbre total. Como comadrona, ese es un lugar humilde, el centro desde el que debo trabajar. Porque tengo la experiencia de que cualquier cosa que necesite para hacer el servicio que hago a mis madres y bebés, siempre está en la punta de mis dedos. Si creo que necesito algo y eso no está disponible, resulta que justo delante de mis ojos hay algo mejor y más adecuado. Solo necesito prestar atención y estar abierta a esa calmada y ligera voz de guía e inspiración. Incluso si esa voz me está diciendo que haga algo muy extraño, comparado con lo que está considerado como normal en el protocolo de las comadronas, ¡como dejar intactos el cordón umbilical, el bebé y la Placenta! O quizás escribir todo un libro sobre Placentas.
Introducción
La Placenta, la raíz de tu origen, es un órgano milagroso que comparte y protege tu vida. Es el hilo conductor que te une con tu madre y hace de panel de control del vientre-buque que te mantiene hasta que naces. Fue concebida en el momento de tu creación. Tu Placenta es genéticamente exacta a ti. Aunque compartes algo de la identidad genética de tus padres, a menos que tengas un hermano gemelo monocigótico (idéntico), nada ha sido nunca tan perfectamente exacto a ti excepto tu Placenta. La reproducción sexual, el acto de crear nueva vida, solo funciona porque existe la Placenta. Como mamíferos, nos reproducimos sexualmente, así que el sexo es el azulejo más rojo y más cálido en el mosaico de nuestra vida terrenal, y la Placenta es el mandala que está en el centro de ese milagro. Históricamente, los relatos de nuestra creación nos hablan de la Madre Tierra dando a luz al mundo: su fluido amniótico se convirtió en océanos, y la Placenta se convirtió en el Árbol de la Vida. Ello demuestra cuán esencial es la Placenta para nuestra supervivencia y cuán imbuida está en nuestra psique.
De acuerdo con la Teoría del Caos, los sistemas dinámicos son sensibles a las condiciones del comienzo. Los seres humanos son sistemas extremadamente dinámicos, y nuestra supervivencia depende de la fortaleza de nuestros sistemas inmunológicos individuales. La Placenta es el comandante en jefe del sistema inmunológico del bebé durante el desarrollo embrionario (es decir, la condición del comienzo). Así pues, debemos proteger las Placentas de nuestros descendientes, siendo respetuosos durante la transición hacia su nacimiento, para dar a nuestros hijos el mejor comienzo posible y proteger el auténtico cimiento de sus sistemas inmunitarios.
La epigenética (el estudio de los cambios heredados en la expresión genética causados por algo diferente del ADN) está abriendo nuestras mentes a la comprensión de que la forma en la que se expresan los genes es más complicada que simplemente sumar las contribuciones genéticas codificadas en la madre y el padre. Lo que la madre come, bebe, siente y experimenta en su entorno tiene un impacto en la salud, la inteligencia y toda la manifestación genética de sus futuros descendientes. Todo ello tiene un fuerte impacto en el feto en gestación y se transmitirá también a las generaciones futuras. La transmisión de la gestalt de las experiencias de la madre ocurre a través del cordón umbilical, y la Placenta es el órgano de síntesis. ¿Sería de extrañar que las Placentas hayan sido consideradas ángeles en muchas tradiciones?
Mírate el ombligo. Indudablemente, hay una pequeña depresión o cicatriz que ha quedado del desprendimiento de tu cordón umbilical, justo en el centro de tu cuerpo. Esta es una marca permanente, un recuerdo que te hace recordar tu Placenta, que fue crucial en tu desarrollo como embrión y feto. Sin embargo, en nuestra cultura moderna no pensamos en nuestros cordones umbilicales ni en nuestras Placentas. Hoy en día, casi todos los hospitales de occidente simplemente se deshacen de las Placentas de los bebés tirándolas como meros residuos médicos. ¿Cómo ha sido que la Placenta, algo fundamental para nuestra supervivencia y nuestro bienestar futuro, haya perdido su importancia y haya llegado a ser considerada como basura? Eso nació de una repugnante revolución en el siglo veinte empujada por el impulso de la sociedad para dominar la naturaleza, a la cual el Dr. Michel Odent, especialista en Obstetricia y en parto en agua, llama «la industrialización del nacimiento».
El proceso natural de traer una nueva vida humana al mundo se convirtió en un acontecimiento médico en el que la futura madre era hospitalizada y medicada, y el bebé era extraído de ella, no parido por ella. De alguna manera, en un intento de hacer del nacimiento algo seguro, la ciencia se utilizó como medio de prevención, y el nacimiento se convirtió en un proceso apresurado de alta tecnología para rescatar al bebé del vientre de la madre. Para los bebés, la transición hacia la vida en la Tierra se convirtió en una rigurosa sucesión de protocolos en los que se cortaba el perineo de la madre para ensanchar la vagina y acelerar el parto. El bebé, con frecuencia inerte debido a las sustancias farmacológicas suministradas a la madre durante el parto, era tratado de forma ruda, incluso colgado cabeza abajo e incluso azotado en las nalgas para estimular la respiración. Se pinzaba y cortaba inmediatamente el cordón umbilical sin prestar atención al trauma provocado a largo plazo por una repentina y violenta separación del bebé de la madre y de la Placenta. Se llevaba a la madre a una sala de recuperación para descansar mientras el bebé, que ella había llevado debajo de su corazón durante nueve meses, quedaba aislado en una cuna y alimentado con un biberón. La Placenta, la heroína de la gestación, era tirada a la basura para su incineración. El milagro, que en un tiempo perteneció a las familias, era ahora propiedad de las instituciones médicas. La ciencia médica, que cuando era bien aplicada salvaba vidas, había perdido su rumbo en el territorio de los nacimientos. La medicina se separó de la naturaleza y olvidó el respeto a la diversidad de la cultura y la tradición humanas. De algún modo, en la aplicación de tal eficiencia, perdimos nuestra humanidad en el momento culminante y más tierno de la vida: el nacimiento de un niño.
En el parto es importante asegurarse de que el bebé, la Placenta, la madre y la familia están verdaderamente preparados para cortar el cordón umbilical. Este primer corte rompe la unión física entre el bebé y su Placenta-ángel. Además, guardianes del nacimiento, creo que si es necesario cortar el cordón, hay que hacerlo con reverencia y una intención pura, ya que una vez rota la trinidad bebé-cordón-Placenta, no puede ser restaurada. Preguntad a la Placenta y al bebé: «¿Estáis de acuerdo?». Pronunciad una plegaria silenciosa pidiendo perdón por la separación provocada por el corte del cordón umbilical. ¡Tomaos el tiempo necesario! ¡Id despacio! No hay necesidad de apresurarse ni de preocuparse. Recordad: cortar el cordón no es una operación de rescate, aunque si veis hacerlo en un hospital pensaríais que lo es. De las prisas y del corte del cordón es de lo que tenemos que rescatar a los bebés.
Los filósofos de todas las épocas se han preguntado dónde se encuentra el asiento del alma. ¿En el cerebro o en el corazón? Algunas culturas han postulado que el alma eterna del hombre vive en el hígado o en los riñones. Lo que yo he observado es lo siguiente: desde nuestra concepción, cada uno de nosotros hemos compartido la matriz con nuestra Placenta. Tu Placenta creció contigo. Durante la gestación, tu Placenta os protegió a ti y a tu madre, aportando nutrientes esenciales y oxígeno y eliminando los residuos a través del laberinto de la circulación placentaria y el sistema de circulación sanguínea de tu madre, separados pero coordinados. Así pues, mi pregunta es: ¿También tienen nuestras Placentas un alma? ¿O compartimos nuestra alma con nuestra Placenta?
Este libro es una investigación que ha nacido de mi fascinación, respeto e incluso amor por las Placentas. Creo en el poder de las preguntas, incluso si la respuesta nunca pudiera ser hallada. Es la pregunta la que proporciona el camino espiritual hacia el asombro. Si ahora estás leyendo esto, tú también debes tener un cierto interés en tus intrincadas raíces espirituales y en el origen del ser humano. Bienvenida a un libro de historias de tu Placenta, del Árbol de la Vida, del Origen, del Chakra Olvidado. Aquí aportaremos luz a las funciones de la Placenta: fisiológicas, históricas y culturales. Si pensamos en la vida humana como si fuera una flor de loto en la que la Placenta es la raíz, el cordón umbilical el tallo y el bebé la flor y el fruto, quizás regando esa raíz en nuestros corazones podemos encontrar algún sentido a nuestras vidas. Alimentando eso de donde venimos podemos encontrar pistas de hacia dónde estamos yendo. En este planeta achacoso, en estos tiempos difíciles, abracemos nuestros orígenes y alimentemos nuestros potenciales para poder iluminar sanos y salvos nuestro camino de vuelta al hogar.
Para este libro, he decidido utilizar los pronombres femeninos. No es una señal de tratamiento preferencial, pero tenía que elegir. En Bali, los bebés masculinos se valoran mucho más que los femeninos. Aquí he deseado simplemente establecer un equilibrio[01]..
«Retrasar el pinzamiento del cordón umbilical (o no pinzarlo en absoluto) es la manera fisiológica de tratarlo, y un pinzamiento prematuro es una intervención que necesita una justificación. La «transfusión» de sangre de la Placenta al neonato —si se retrasa el pinzamiento del cordón— es fisiológica, y son improbables los efectos adversos de esa transfusión… pero en un nacimiento normal debería existir una razón válida para interferir en el proceso natural»[02].
[01] En el texto traducido no siempre se mantiene el femenino por una cuestión de sonoridad lingüística.
[02] Publicación de la Organización Mundial de la Salud - Salud reproductiva, Timing of Cord Clamping. Care in Normal Birth: A Practical Guide Report, sección 5.5.
¿Qué es la Placenta?
Fecundación: el milagro que sucede cuando el esperma se encuentra con el óvulo después de que un hombre y una mujer hacen el amor. Imagínate entre 500 y 700 millones de espermatozoides provenientes de la eyaculación del hombre precipitándose hacia un solo óvulo reluciente dentro de la mujer. Es el primer maratón de una nueva vida. El vencedor, el mejor preparado, llega en el momento exacto, y el óvulo le permite entrar. Su unión se convierte en el zigoto, la primera célula de un nuevo ser humano. El primer día después de la fertilización del óvulo, la unidad comienza a diversificarse: primera escisión al dividirse en dos células, después rápidamente en cuatro, y al tercer día de gestación ya han evolucionado ocho células llamadas blastómeros. Después, estos se multiplican en dieciséis células llamadas mórulas, y el proceso continúa.
La semilla de la vida
Rápidamente después de la concepción, se han creado cuatro células. Al tercer día se han multiplicado en ocho, llamadas blastómeros, y al cuarto día ya hay dieciséis células, llamadas mórulas.
La flor de la vida
Cuando el embrión comienza su segunda semana de vida, se inicia el proceso de implantación, que dura 3 o 4 días; normalmente queda terminado en el día 12. Se desarrolla el saco amniótico, que abraza al embrión como excrecencia de la proyección del trofoblasto hacia el endometrio (tejido que reviste el interior del útero) y se convierte en la Placenta, el mandala de la flor de la vida. Eso es lo que yo llamo la geometría sagrada de la división de las almas.
Durante ese rápido crecimiento, todo el conjunto desciende por las trompas de Falopio hacia la cavidad uterina, una acogedora cuna dotada de todo lo esencial. Hacia el quinto día después de la fecundación, comienza el implante: las células del trofoblasto, capa de tejido en el exterior de la blástula, comienzan a formar la Placenta, mientras que la masa interior de células de los blastómeros se diferencia para convertirse en el cuerpo del bebé. Tanto la Placenta como el bebé surgen de la unión del espermatozoide y el óvulo, y su origen compartido los hace genéticamente idénticos.
En el sexto día después de la fecundación, las células del trofoblasto, que formarán la Placenta, comienzan a agarrarse al interior de la pared uterina. Cuando el embrión comienza su segunda semana de vida, continúa sucediendo la implantación, que normalmente queda completada hacia el duodécimo día. A continuación se desarrolla el saco amniótico para abrazar al embrión, mientras que las excrecencias del trofoblasto se proyectan al endometrio (tejido que reviste al útero) y forman la Placenta. Desde ese momento, la Placenta en desarrollo se ha incrustado dentro del útero materno. La circulación sanguínea de la Placenta y la de la madre comienzan a realizar intercambios, si bien la sangre de la madre no entra ni se mezcla con la Placenta infantil. Desde el comienzo del tercer mes de embarazo, el feto y la madre mantienen sistemas de circulación sanguínea completamente separados. Ese es uno de los milagros de la Placenta: integra tanto a la madre como al feto mientras mantiene la integridad de cada uno de ellos con sistemas circulatorios individuales y separados. Por ejemplo: los nutrientes y el oxígeno se difunden desde la sangre materna a la sangre fetal, y sin embargo, increíblemente, el bebé y la madre tienen algunas veces tipos de grupo sanguíneo diferentes.
El cordón umbilical está formado por una vena que lleva al feto sangre oxigenada y rica en nutrientes, y dos arterias que transportan del bebé a la madre la sangre sin oxígeno para ser regenerada en su sistema circulatorio. La pared umbilical está revestida con la gelatina de Wharton, compuesta de mucopolisacáridos. El cordón tiene normalmente alrededor de 50 centímetros de largo y 2 centímetros de diámetro. Es fuerte y flexible. Asegura un aporte constante de enzimas necesarias para el metabolismo, iones de calcio para la formación de los huesos y hierro para producir la sangre. Algunas veces el cordón umbilical tiene su vena y solo una arteria, lo cual puede tener relación con anormalidades del feto, o por el contrario, puede suceder y no causar ningún problema al bebé.
El bebé también recibe oxígeno por medio de las arterias espirales en la decidua (la capa gruesa de membrana mucosa modificada que está en el endometrio uterino). La sangre materna fluye bajo presión y entra en el espacio intervelloso por las arterias espirales y baña el vello de la Placenta con sangre rica en oxígeno. Dentro del vello de la Placenta se intercambian gases, y el flujo de sangre materna disminuye con la sangre desoxigenada. Todos los productos de desecho del dióxido de carbono fluyen de vuelta por medio de las venas del endometrio materno. La sangre de la madre y la del bebé, aunque no se mezclan, se acercan lo suficiente como para intercambiar gases.
La Placenta elige y transporta los nutrientes necesarios para la formación de los tejidos del bebé. Selecciona esos elementos de la sangre de la madre, utiliza lo que necesita y lo envía a la sangre del feto. Como comadrona, en el curso de los años he observado que la Placenta intentará defender el desarrollo del bebé cuando la madre tiene deficiencia de nutrientes esenciales. Por ejemplo: madres malnutridas pueden dar a luz bebés sanos con un peso normal al nacer, mientras que ellas mismas manifiestan claros signos de pasar hambre. Además, en el caso de restricción del crecimiento intrauterino (RCIU), el feto puede utilizar la Placenta para indicar a la madre que ella misma necesita más nutrientes[03].
Este maravilloso órgano pesa solamente entre 500 y 600 gramos y se asemeja mucho a un árbol de la vida violeta, azul y rojo (como estudiante de Historia de las Religiones del Mundo en la facultad, me enamoré del concepto árbol de la vida, con sus múltiples ramas mostrándome las interrelaciones entre las creencias religiosas, la investigación científica, la filosofía y la mitología. Inmersa en sus ramas y en sus raíces estaba la convicción de que toda la vida es una fina red de conexiones). Por el lado del bebé, la Placenta es suave y luminosa e irradia hacia fuera con el cordón umbilical y sus dos arterias y su vena adheridos. Por el lado de la madre, la Placenta parece más como carne, con una superficie esponjosa que se adhiere a la pared interior del útero. Después del parto, la Placenta se desprende limpiamente de la pared contraída del útero en un plazo de entre once y veinte minutos aproximadamente. La expulsión de la Placenta se realiza sin complicaciones si la madre está alimentada adecuadamente y tiene las reservas de energía necesarias para la tercera etapa del parto.
«La Placenta es nuestra segunda madre. Es la Madre Naturaleza alimentándonos con su perfección». Marjan de Jong, una madre de Holanda.
Durante el embarazo y después del parto, la Placenta es la que hace posible la supervivencia de la madre y el hijo. Aporta nuestras necesidades nutricionales y ayuda a nuestro desarrollo. Actúa como una barrera que nos protege de las bacterias dañinas y la mayoría de las moléculas extrañas. Como órgano de síntesis, fabrica y utiliza estrógeno, progesterona y gonadotropina para mantener a la madre y al bebé vivos y sanos desde el periodo embrionario hasta el parto. Algunas veces se llama a la progesterona la hormona del embarazo[04], ya que apoya la gestación y la embriogénesis.
Un estudio llevado a cabo en 2001 por Langley-Evens y otros sobre ratas mostró que la restricción de proteína materna disminuía el peso de nacimiento y la actividad del gen 11§-HSD2 de la Placenta. El estudio proponía que la falta de nutrición materna expone al feto a niveles excesivos de glucocorticoides, lo que lleva al riesgo de hipertensión más tarde en la vida. Estudios posteriores demostraron que una dieta materna baja en proteínas reduce la expresión del gen 11§-HSD2 en la Placenta de las ratas y en los riñones y las suprarrenales del feto y del neonato. Los autores sugerían que una exposición del feto, y en especial de sus riñones, a niveles alterados de glucocorticoides, puede provocar el aumento de la proteína GR y la expresión de mRNA en los riñones, que es causa potencial de una presión sanguínea elevada en el futuro[05].
La granada, llamada melograno en italiano, delima en indonesio, pomegranate en inglés, grenadier en francés y meyve nar en turco, es un precioso fruto antioxidante que se encuentra por todo el mundo. Con su interior de un atractivo color rojo y relleno de rechonchas y jugosas semillas, es generalmente aceptado como símbolo de fertilidad. Se cree que la granada tiene poder sobre el mal. Es un fruto sagrado de las diosas Perséfone, Venus e Inanna. ¡Se parece mucho a nuestra querida Placenta!
Cuando ocurren abortos naturales entre la fecundación y la implantación de la Placenta, puede deberse a insuficiente progesterona. Al desarrollarse la Placenta y fabricar su rico cóctel de hormonas, normalmente se desarrolla un embarazo normal y sano. La Placenta proporciona secreciones hormonales que regulan las contracciones uterinas, convirtiendo al útero en un cómodo capullo en el que el bebé desarrollarse. Esas hormonas también preparan el cuerpo de la madre para amamantar, que será la fuente vital del bebé después del parto. Así pues, la Placenta sirve como recurso crucial para el bebé tanto dentro del útero como después del nacimiento.
«No se debe olvidar que es la Placenta, órgano compuesto por células, la que lleva a cabo la selección, el intercambio, el almacenaje y el transporte. Por ejemplo: sabe cuándo hay necesidad de hierro y elige el elemento hierro de entre otras sustancias y sabe cómo tiene que ser utilizado. No es un ser humano el que tiene ese conocimiento, sino un grupo de células llamadas Placenta. El hecho de que una célula pueda reconocer un elemento es sin duda un milagro. Lo que es más milagroso incluso es que pueda tomar la sustancia adecuada en la cantidad requerida y transportarla a un lugar determinado. Lo que sucede en el milagro de la creación del ser humano y todos los mamíferos indica que las células, las moléculas y los átomos que las producen manifiestan tener consciencia. Ciertamente, esa consciencia no pertenece a ninguna de ellas, sino a Dios, que las crea e inspira en ellas las funciones que tienen que realizar»[06].
Harun Yahya.
La Placenta. Las arterias umbilicales del feto y sus ramificaciones se muestran en blanco, y la vena y sus ramificaciones, en negro.
La capacidad protectora de la Placenta
La tolerancia inmunitaria de la gestación es simplemente la ausencia de una respuesta inmunitaria de la madre embarazada contra el bebé y la Placenta que están en desarrollo. Ya que el bebé es genéticamente diferente de la madre, la ausencia de rechazo está garantizada por medio de una barrera especial, o privilegio, entre la madre y el feto. La Placenta hace eso posible a nivel celular, como se explica en el libro Maternal-Fetal Medicine:
Las células del trofoblasto de la Placenta, a diferencia de la mayor parte de las otras células del cuerpo, no se expresan como moléculas del complejo MHC (Complejo Mayor de Isocompatibilidad) de clase I, isotipos HLA-A y HLA-B (antígenos humanos leucocitarios), y esa ausencia se asume para prevenir la destrucción de las células citotóxicas T de la madre, que de otra manera reconocerían las moléculas HLA-A y HLA-B fetales como extrañas. Por otro lado, expresan los atípicos isotipos MHC de clase I, HLA-E y HLA-G, para prevenir la respuesta inmunitaria de las células NK maternas, que de otra manera destruirían todo tipo de células que no pertenecieran al complejo MHC de clase I. Sin embargo, las células del trofoblasto sí expresan la característica tipología HLA-C[07].
Además, la Placenta produce neuroquinina B, una sustancia que contiene moléculas de fosfocolina. Esa es la estrategia que utilizan los nematodos parasitarios para impedir que los sistemas inmunitarios del organismo receptor detecten su presencia.
Otra estrategia utilizada por las Placentas de los mamíferos para prevenir los abortos de la madre es formar un sincitio o interfaz multinuclear. Esa barrera limita el movimiento de ciertos tipos de células entre el bebé en desarrollo y la madre. Ese epitelio sincitial (interfaz de células sanguíneas especiales, que son capaces de insertarse ellas mismas entre las células epiteliales) es la razón por la que la circulación sanguínea de la madre no se mezcla con la circulación del embrión. Todavía más milagroso es el hecho de que al mismo tiempo que provee esa barrera, la Placenta sigue permitiendo que los anticuerpos de la madre pasen al feto, protegiéndolo de las infecciones, pero sin atacarlo.
En algunos casos, la Placenta mantiene la vida del bebé incluso después de que ambos ya hayan nacido. La primera vez que tuve una experiencia de esto fue cuando la perra de nuestra familia, Madu, una basset hound mezclada, parió nueve cachorros. Uno nació muerto. Lamió a su cachorro muerto e incluso, todavía más interesante, lamió con fuerza la Placenta, que todavía estaba unida a él con el cordón umbilical.
Acabo de leer en un artículo de India que calentar la Placenta era el antiguo método ayurvédico para revivir a un niño nacido muerto. Calentar la Placenta es un acto coherente con las creencias ayurvédicas con respecto al significado de la misma. Durante siglos se ha recurrido a la práctica de estimular la Placenta si un bebé no respira o parece que está sin vida al nacer en India, Bangladesh y Birmania. Calentar la Placenta (por ejemplo, con agua caliente) o con estimulación manual (masaje) activa la jeeva (prana o fuerza vital) del neonato, que está almacenada en la Placenta, y va pasando gradualmente al bebé después del parto.
Me acordé de todo esto mientras miraba a Madu, que continuaba lamiendo la Placenta de su cachorro, ahora acurrucado bajo su barbilla. Después de continuar así durante un rato, Madu levantó su barbilla para poner al descubierto, milagrosamente, ¡un cachorro vivo! Madu se comió todas las Placentas de sus cachorros, aunque no empezó inmediatamente. Esperó hasta que los nueve hubieran nacido y el nacido muerto hubiera revivido. Eso fue un proceso que duró todo un día, desde el amanecer hasta entrada la noche. Una vez Madu había revisado a todos sus cachorros, eligió el más grande y más fuerte y se comió su Placenta. Después se comió la del siguiente más fuerte. Continuó comiéndose las Placentas en ese orden hasta que ingirió la del más diminuto. De alguna manera, ella sabía que tenía que dejar la Placenta del más pequeño acoplada el mayor tiempo posible, dando así tiempo a pasar la fuerza vital totalmente de la Placenta al cachorro.
Unas cuantas noches más tarde, en el Centro de Nacimiento Bumi Sehat, en Bali, recibí la llegada al mundo de un bebé muerto. Nunca habíamos visto a su malnutrida madre antes de esa noche. Al poco de llegar, empezó a empujar. Cuando estaba coronando la cabeza, el ritmo cardíaco del bebé se puso por las nubes, y entonces se paró. El bebé nació y no empezó a respirar. Su pulsación estaba ausente y su tono muscular era flojo. Inmediatamente comenzamos a efectuar una reanimación cardiopulmonar mientras le administrábamos oxígeno, aunque sin éxito. No había ninguna señal de vida, y sin embargo no sentíamos una muerte cercana. Trece minutos más tarde, cuando salió la Placenta, le pedí a la enfermera que trajera rápidamente un barreño con agua caliente, donde la pusimos, todavía unida al bebé por el cordón umbilical; el abuelo del bebé añadió Tirtha, agua sagrada del templo familiar, e instantáneamente el bebé se estremeció y comenzó a respirar. El niño está totalmente sano; su nombre es Tirtha.
En India, el «Jeeva Project» propone investigar la práctica indígena de revivir al nacido muerto calentando la Placenta, utilizada por las Dais, asistentes tradicionales en los partos. En el Centro de Nacimientos Bumi Sehat, en Bali, hemos podido comprobar que es un método con muchísimo éxito para preservar la vida del neonato. Pero solo funciona si el cordón umbilical no ha sido pinzado y/o cortado. Ya que la vida sigue siendo transferida de la Placenta al bebé después del nacimiento, el pinzamiento y corte inmediatos del cordón umbilical sabotea la transferencia de esa fuerza vital, tan esencial para una salud y un bienestar óptimos[08].
