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El autor, reconocido como uno de los pioneros del mindfulness en España y América Latina, ha plasmado sus profundos conocimientos en esta obra, donde se expone la idea de que la verdadera sabiduría va más allá de la edad y el conocimiento acumulado, manifestándose así en la serenidad y la observación atenta de la vida. La narrativa se sumerge en un viaje personal que el autor inició a partir de una experiencia reveladora en 1977, transformando radicalmente su perspectiva y entendimiento del mundo. Y esta historia no solo se centra en la experiencia individual, sino que también aborda la reflexión y el crecimiento espiritual como herramientas para enfrentar desafíos y descubrir un propósito profundo en la vida. Se destaca como una lectura esencial para aquellos que buscan comprender la intrincada relación entre la mente, la identidad y la creatividad, en la que se exploran las maneras en que la naturaleza puede convertirse en fuente de inspiración para la sanación y el desarrollo personal.
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Seitenzahl: 110
Veröffentlichungsjahr: 2024
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LA SABIDURÍA DE LA EDAD
Fernando A. de Torrijos
Prólogo: J. G. Campayo
…caminante son tus huellas el camino y nada más…
Siglantana
Para esta edición:
© Fernando A. de Torrijos, 2024
© Editorial Siglantana S. L., 2024
www.siglantana.com
Instagram: @siglantana_editorial
YouTube: www.youtube.com/siglantanalive
Maquetación y preimpresión: José Ramón Viza
Portada
Cuadro en color de Nicholas Roerick (1874 -1947)
Milarepa pensativo rodeado de montañas y valles
Nicholas Roerick Museum
Cuadro PARTE I
Cuadro en color de Nicholas Roerick (1874 -1947)
Un animal manso desciende a las profundidades acarreando en su lomo la joya que ilumina para depositarla en un lugar seguro
Nicholas Roerick Museum
Cuadro PARTE II
Cuadro en color de Nicholas Roerick (1874 -1947)
Hierbas beneficiosas plantadas y recolectadas por Vasilisa la Sabia
State Museum of Oriental Art, Moscow
Reservados todos los derechos. No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea este electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito del editor. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal).
Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra. Puede contactar a través de la web www.conlicencia.com o por teléfono en el 91 702 19 70 / 93 272 04 47.
ISBN: 978-84-10179-20-2
A RUTH CON TODO MI AMOR
En memoria de
mi madre Charito,
mi hermana Paloma.
Mis amigos Paco Cimarra,
Ángel Rubio, Alejandro Córdoba.
Mis veneradas maestras
Joy Mills y Ferris Urbanowski.
A Jacobo, Fanny, Nacho,
Michael, Elena y Mathew,
y demás familiares y amigos.
Y a todos los que con vuestra presencia
y amistad habéis dado sentido e inspiración
a mi vida, gracias por vuestro apoyo y bondad.
ÍNDICE
Prólogo
Introducción
parte I
Una joya olvidada
Vive la vida si has de llegar a la sabiduría
Hay que subir a la montaña para poder bajar al valle
Tres valles que cura
PRÁCTICA COTIDIANA – 1
Despertarse por la mañana antes de saltar de la cama
Un lugar en el universo
El funcionamiento de la mente
La mente bulliciosa o dispersa versus la mente silenciosa
La importancia del cultivo de la atención (mindfulness) yel discernimiento
PRÁCTICA COTIDIANA – 2
Prácticas al iniciar las actividades del día
Tres dádivas
Vuelta a casa
Tres verdades
La sabiduría de la edad
Dialogando con la naturaleza
PRÁCTICA COTIDIANA – 3
Atención y amabilidad genuinas
Comprometerse
PARTE II
Un huerto para cultivar
Empezando desde cero
Cuando el discípulo está listo…
Practicar - practicar - practicar
Tres prácticas formales esenciales para el cultivo de la atención
La respiración como ancla al momento presente
Caminata consciente
El escáner corporal o exploración guiada del cuerpo
Texto original del escáner corporal
Introducción del escáner
Inicio de escáner
La meditación es el movimiento del amor
Cierre
Decir que Fernando de Torrijos es una de las personas más interesantes que ha dado el siglo XX no sería faltar a la verdad, pese a la profunda amistad que nos une y a la sincera admiración que le profeso. He tenido la suerte de conocer a otros maestros espirituales y de meditación, en diferentes tradiciones contemplativas, desde el budismo, en sus diferentes escuelas, al vedanta, pasando por el cristianismo, el islam o el chamanismo. También he podido estar al lado de referentes de la psicología, la psiquiatría y la neurociencia. De todos ellos, como de cualquier ser humano, he aprendido y me han ayudado a ser lo que soy hoy.
Fernando no viene del mundo académico: lo que él transmite no son los saberes científicos, sino la sabiduría última. Aunque conoce bien muchas tradiciones contemplativas y la práctica de la meditación, tampoco proviene del místico. Él es un “buscador” en el amplio sentido de la palabra, un “hombre del Renacimiento” que ha dedicado su vida a encontrar lo que nunca muere. Lo que transmite proviene de la vida y de la experiencia humana profunda. Es como el médico de La peste de Albert Camus, que cuando alguien le preguntó: “¿dónde aprendió todo esto, doctor?”, su respuesta fue simplemente: “lo aprendí sufriendo”.
Muchas cosas he aprendido en estos años que he tenido la suerte de compartir con Fernando. Pero diría que tres son las principales enseñanzas:
Observar la belleza de todo ser humano, en cualquier momento, aunque se muestre opacada por capas de aparente maldad. Su visión, como la budista, es que el ser humano no es perverso, sino simplemente ignorante.
Conectar con la esperanza, la certeza de que, aunque tanto nosotros como el mundo somos imperfectos, la vida es un regalo increíble que siempre hay que agradecer.
Descubrir la trascendencia en todo lo que hacemos en el día a día, como nos han enseñado poetas y místicos, los únicos que pueden ver el mundo como realmente es.
Lo que estoy prologando no es solo un libro, es un legado. Se dice que la vida de un ser humano es la historia del mundo, y yo diría que la vida de Fernando es la historia de nuestra civilización, de la Humanidad en busca de sentido. El libro resume algunos aspectos de su rica e interesante vida, en la que conoció a maestros como Krishnamurti o fue la mano derecha de Jon Kabat-Zinn, el introductor del mindfulness, y de todo lo que aprendió en ese proceso “en busca del sentido”, como diría Viktor Frankl.
Este es el primer libro de Fernando, pero sé que no será el último. Tiene demasiadas cosas que contar como para que se pierdan, y él es demasiado bondadoso para callarlas y no compartirlas.
Gracias Fernando por ser una pequeña luz en este mundo complejo.
Javier García Campayo
Catedrático de Psiquiatría
Director del Máster de Mindfulness
Universidad de Zaragoza
El aspecto más importante del ser humano desde su aparición en este planeta, o desde su despertar en el paraíso terrenal, tal y como nos relata la Biblia, y que nos ha permitido llegar hasta donde hemos llegado, es la mente. De la mente emana la capacidad de pensar, de crear historia, de reconocer nuestra imagen en un espejo, generando un sentido de separatividad en relación con todo lo que nos rodea. Es el origen del ego, del yo, que según empieza a emerger, empieza a comparar, a juzgar, a exigir, a sentirse superior o inferior, a posicionarse, a ser poseído por el deseo. Y, en este emerger y formación del ego, nuestra naturaleza animal no ha desaparecido. En cada uno de nosotros existe la semilla de lo mejor y lo peor, del bien y del mal.
Cada ser humano quiere ser feliz, pero somos pura fragilidad. El miedo y la ignorancia nos afectan de tal forma que tratamos de encontrar esa felicidad en las cosas temporales, que tal como llegan se van, y esa temporalidad que nos negamos a aceptar da como resultado el sufrimiento, el miedo, la continua insatisfacción, que lleva a muchos al borde de la desesperación y a una profunda desdicha. Estos condicionamientos emergen en el proceso de nacer y van nublando la mente durante el trascurso de la vida. Sin embargo, esa mente en su naturaleza original está libre de ellos. Esa es la mente que conecta lo mortal, lo inmortal y lo eterno en nosotros. Todos somos hijos de la Mente Universal, somos representantes de Dios en la tierra y no lo sabemos. Somos dioses en el destierro.
Al escribir este libro, me mueve la intención de explorar juntos una senda que ha sido considerada eficaz en el proceso del autoconocimiento. Acercarnos a la constitución del ser humano como un todo, descubrir qué es lo que produce el condicionamiento, y cuáles son las herramientas más eficaces que nos permitirán liberar la mente de las garras del deseo, convirtiéndose así en una aliada en el proceso de despertar. Iniciar y continuar un proceso que nos permita vivir la vida como si realmente importara, en plenitud, momento a momento, con un claro sentido de dirección.
Un animal manso desciende a las profundidades acarreando en su lomo la joya que ilumina para depositarla en un lugar seguro.
En 1977, mientras paseaba por la Plaza de España en Madrid, me acerqué a un quiosco de periódicos para revisar las noticias del día. Acababa de terminar un retiro en silencio de casi dos meses en una choza que me había construido con mis propias manos, en mitad de un bosque en el Valle del Tiétar, cerca de la histórica localidad de Arenas de San Pedro en la provincia de Ávila.
Tras tanto tiempo desconectado, estaba tratando de ponerme al día poco a poco. Entre las publicaciones expuestas en el quiosco me llamó la atención un ejemplar de la revista ecológica Ajo Blanco, otoño de 1977, ese número especial apoyaba con sus distintos artículos la experiencia que yo acababa de concluir. Todavía guardo ese ejemplar, pues considero que me estaba esperando ahí para ayudarme a dar un giro a mi vida. En sus páginas se encontraban unos párrafos extraídos del libro “La Liberación Interior” de Jiddu Krishnamurti, uno de esos párrafos decía:
Tecnológicamente el ser humano ha hecho enormes adelantos, sin embargo, en su naturaleza permanece como era hace miles de años: insaciable, envidioso, agresivo, y llevando siempre el peso de la desdicha. Tiene pues, que haber un cambio fundamental en la psiquis humana y esto puede producirse únicamente si el ser humano se libera por completo del temor, a menos que la mente esté absolutamente libre del temor, toda acción produce más daño, más desdicha, más confusión.
Han pasado cuarenta y cinco años desde que leí esto por primera vez, y creo que la mayoría de la humanidad sigue con los mismos enredos, haciéndonos daño unos a otros con excusa o sin ellas. Si alguien nos estuviera observando desde fuera del planeta, diría: “a esta gente le encanta el conflicto”.
Ya desde edad temprana me cautivaba leer, me atraían unas publicaciones juveniles tituladas Vidas ejemplares y Vidas ilustres. En la primera se presentaban las biografías de figuras ejemplares del cristianismo, y la segunda versaba sobre grandes personalidades, desde escritores a científicos e inventores. Me apasionaba sumergirme en las aventuras de cada uno de estos personajes singulares. Con mi imaginación lograba vestirme con sus ropajes, quizás tratando de averiguar qué es lo que la vida tenía preparado para mí. En sus vidas había de todo, experiencias agradables y desagradables, encuentros y separaciones, unas tristes, otras alegres; pero estos individuos parecían tener un objetivo claro, si bien a veces se despistaban, pronto recuperaban su sentido de dirección. Yo creo que este amor a la lectura, a este tipo de lecturas concretamente, fue un legado de mi madre. Ella siempre tenía dos o tres novelas de autores muy reconocidos en su mesilla de noche. En aquellos días de temprana adolescencia recibía con frecuencia mil y un consejos, principalmente por parte de mi padre, pero también en la iglesia, en el colegio, vecinos y familiares. Todos ellos me instruían con afán sobre aquello que debería hacer para tener una vida feliz, llena de satisfacción y sin problemas. Sin embargo, todos los que con toda su buena intención me ofrecían estos consejos, eran incapaces de vivirlos en sus propias vidas, por lo menos eso era lo que yo observaba y creía entender, es decir, había pura contradicción entre lo que decían y lo que hacían, por todas partes veía gran infelicidad y eso me llenaba de confusión. ¡Ah!, y cuando les cuestionaba en relación con esas contradicciones, la respuesta era siempre la misma: “niño, calla, que eres muy joven y no entiendes”. Y ahí se acababa la conversación.
Estoy convencido de que, de una forma u otra, todos hemos pasado por situaciones similares, y por fortuna las hemos sobrevivido. La mayoría hemos llegado a una edad respetable con energía, con deseos de aprender e ilusión de vivir.
Pero no todas las personas han tenido la fortaleza necesaria para seguir adelante. La guerra civil española, como todas las guerras, creó muchas heridas, muchos traumas; algunos de los que sobrevivieron físicamente, no lo lograron psicológicamente. En mi caso, perdí a mi madre y a una hermana que no consiguieron superar la sensación de abandono y la fragmentación familiar, esto las llevó al suicidio. Como es lógico, estos sucesos me afectaron profundamente y en ambas ocasiones me sentí sumergido en un pozo oscuro, atrapado, confundido. La situación de mi madre me paralizó, pues era muy joven para saber qué hacer. Fui incapaz de ayudarla y ello me hizo sentir intensamente culpable. En el caso de mi hermana, hice todo lo posible para aliviar su sufrimiento, la incluí en mi círculo de amigos, traté de animarla y ofrecerle mi apoyo, pero todo fue en vano, su herida era muy profunda y finalmente también sucumbió. Cuento todo esto, tan personal e íntimo, porque más adelante la vida iba a ofrecerme lo que para mí sería como una segunda oportunidad, de alguna manera iba a poder ayudarlas y, al mismo tiempo, propiciar que me ayudaran.
