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El recorrido que nuestra práctica clínica fue teniendo en estos últimos años fue el producto de cuestionamientos que la misma clínica nos arrojaba. El poder escucharlos e intentar abrir las preguntas sobre aquello que no cerraba con una lineal explicación de alguno de sus aspectos, hizo posible esta construcción. Así, la clínica de los problemas en el lenguaje empezó a arrojar preguntas: ¿Por qué muchos niños con problemas en el lenguaje no pueden jugar? ¿Por qué algunos sonidos de la lengua no ingresan en el sistema que ya posee el niño? ¿Por qué en algunos niños el lenguaje los roza, pero no los toma? Las preguntas fueron muchas, pero una aparece en el centro de la escena, permitiéndonos una conceptualización más abarcativa: ¿qué es el lenguaje? ¿Qué le pasa a un niño cuando no puede adquirir el lenguaje, quién es ese niño, qué concepción de niño poseemos para pensarlo en esta apropiación? La complejidad de la apropiación del lenguaje, nos coloca en todo momento en un doble anclaje: el lugar subjetivado desde donde se posibilitará un hablante, y las articulaciones de los subsistemas que coexisten en la lengua, de los que cada niño debe apropiarse. Tomar esta posición teórica nos lleva a intentar delinear en el marco de la interdisciplina, los bordes de la terapéutica del lenguaje, introduciéndonos en el difícil campo de la subjetividad y con él, en el de la enunciación, soportando el saber que en cada pieza lingüística que conocemos como implante de lo enunciativo, se juega lo lingüístico y lo subjetivo en forma absolutamente imbrincada. Los síntomas tienen, con esta mirada, una significación que hace hiancia, que no se cierra, que se arma en ese momento, desterrando el sentido directo, la significancia cerrada. Eso que se produce tiene soporte en su existencia.
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Seitenzahl: 189
Veröffentlichungsjahr: 2022
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Lic. Noemí Giuliani
Giuliani, Noemí
La terapéutica del lenguaje infantil : una mirada clínica / Noemí Giuliani. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Entreideas, 2022.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga ISBN 978-987-48327-4-0
Fonoaudiología. I. Título CDD 617.8
La terapéutica del lenguaje infantil: una mirada clínica Noemí Giuliani
Dirección editorial: Marcela Pereira Diseño de tapa: Adriana Llano © Editorial Entreideas www.editorialentreideas.com.ar [email protected]
Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, en castellano o en cualquier otro idioma.
Digitalización: Proyecto451
La autora
Noemí Giuliani
Es Fonoaudióloga de la Universidad de Buenos Aires. Licenciada en Fonoaudiología en la Universidad del Museo Social Argentino. Realizó estudios de Lingüística y Psicoanálisis.
Ex coordinadora del equipo de lenguaje de Fepi (Fundación para el Estudio de los Problemas de la Infancia). Pertenece, en la actualidad, al equipo de lenguaje y al equipo docente de esa institución. Supervisora de equipos de fonoaudiología de diversos hospitales de la Ciudad de Buenos Aires. Dicta cursos sobre problemas en la adquisición del lenguaje en ámbitos de educación y salud. Coordinadora de grupos de estudio sobre terapéutica del lenguaje.
Autora de artículos publicados en revistas especializadas.
Dedicada a la atención de niños con problemas en la adquisición del lenguaje.
Contacto: [email protected]
A mis sobrinos, lugares de sentido.
Y a Matías con quien, además, compartí la pasión por el lenguaje.
Cuando comencé a escribir este libro mucho pensé en para quién lo estaba haciendo, y apareció la imagen de mis discípulas que durante muchos años, compartieron, preguntaron y preguntan sobre esta forma de entender el lenguaje, y como consecuencia, su terapéutica. A ellas mi primer agradecimiento.
Así que como primer sentido de esta escritura están ellas y ellos (aunque son menos) para estos primeros otros, quienes me acompañaron en esta construcción, la enriquecieron, la cuestionaron, la interpelaron.
A quienes leyeron mis producciones y pudieron acompañar su escritura: Elsa Coriat, Catalina Massara, Alejandrina Greco, María de los Ángeles Suarez, Norma Filidoro, Claudia Sykuler.
También para aquellos otros profesionales, que en el armado del riquísimo campo de la interdisciplina, me permiten el intercambio: psicopedagogos, psicomotricistas, psicoanalistas.
Como mi segunda casa es FEPI (Fundación para el Estudio de los Problemas de la Infancia) tengo puestas ahí muchas horas, ideas, discusiones, intercambios, aprendizajes: por eso a todos mis compañeros también les dedico este libro, a los que hoy están y también a aquellos que no están en ella, porque buscaron otros lugares para seguir pensando. Mi especial mención a Fernando Baralo, por los años compartidos, por lo mucho que pensamos juntos.
Mi especial agradecimiento al Equipo de lenguaje de Fepi, cuna de muchas conceptualizaciones, clínica amasada en el fragor de lo cotidiano. Especial mención a Celina Brinkworth, hoy coordinadora del equipo.
A los que no están porque partieron pero están vivos en lo que dejaron: a mi querido Jorge Garbarz, Kinesiólogo-Psicomotricista, y a mi querido Dr.Owen Foster, Neuropediatra, que me permitió, con su simpleza, pensar cuestiones muy complejas.
A quienes me siguen enseñando: a Alfredo Jerusalinsky, especialmente, con quien aprendí mucho, permitiéndome en una interpelación de saberes armar algo nuevo. Mucho sigo aprendiendo de él, de su volver a cuestionar lo ya determinado.
A Elsa Coriat, de quien sigo aprendiendo, porque en su decir introduce los conceptos más profundos. Mi agradecimiento además por haberme acompañado en temas de la escritura.
A Claudia Sykuler, psicomotricista, con quien aprendí a entender un poco más que lenguaje y cuerpo están absolutamente implicados uno en el otro. Agradezco su profundo respeto por nuestro trabajo interdisciplinario.
A Norma Filidoro, psicopedagoga, con quien aprendo a leer otros textos, a entender la integración escolar de muchas maneras, metiéndonos en cada obstáculo con la pasión que nos caracteriza.
A Patricia Enright con la que aprendo sobre los niños pequeños, por su pasión, por su mirada profunda.
A Haydee Coriat, de quien aprendí que una buena clínica lleva tiempo, escucha, y entramado.
A Stella Caniza de Páez, porque aprendí de ella que el tesón, la perseverancia, la resistencia, sirven.
Por fuera de Fepi: a mi primer gran Maestra, Fonoaudióloga Juana Levín, quien me mostró un camino nuevo, mi profundo agradecimiento a ella. Está en muchos lugarcitos de lo pensado en estos años.
A Liliana Cazenave, donde aprendí no sólo de la lectura sino de su generosidad y cuidado, en una mirada interdisciplianria que interroga.
A los docentes, a los equipos de integración.
A los servicios hospitalarios, que al permitirme supervisar sus materiales clínicos, le dieron a mi decir una escucha con sentido.
Aunque no los nombre porque están en todo lo dicho, a los niños que me permitieron pensar algo de lo que les pasaba y les pasa, movida por el gran deseo de entender su lenguaje, su juego, sus producciones gráficas.
A todos los niños que juegan, ríen, rompen, arman, hablan, gritan, miran en silencio, piden…y a los que nada de esto pueden hacer, para todos ellos, lo pensado.
Este libro hacía falta.
Le era necesario al universo interdisciplinario de los profesionales que trabajan en los problemas del desarrollo infantil, es decir, le era y le es necesario no sólo a los fonoaudiólogos y/o terapeutas del lenguaje, sino también a los psicoanalistas, psicopedagogos, psicomotricistas, psicólogos, musicoterapeutas, terapistas ocupacionales, pediatras…, en fin, todos aquellos que, de una manera u otra, trabajen en la clínica de niños – incluyendo aquí tanto a los bebés como a los niños pequeños.
El hombre es un ser de lenguaje. Quiero decir con esto que las palabras son mucho más que el instrumento a través del cual, mal que bien, nos comunicamos; las palabras nos otorgan la existencia, nuestra existencia en tanto sujetos singulares, cada uno con su propio deseo.
El lenguaje es atributo y condición de lo humano.
El cachorrito humano, ese cuerpito vivo que sale a la luz viniendo desde las tibias tinieblas del vientre de su madre, deberá ser marcado primero por lo simbólico, por el significante, para poder después apropiarse de la lengua e ir armando su propio decir – …si todo va bien, claro.
Dejándome deslizar por las ideas para ubicar qué quería transmitir en este prólogo, recordé inesperadamente una hermosa y divertida poesía española del siglo XVIII (1) que, cuando yo era niña, me recitaba mi mamá. Dice así:
Admiróse un portugués
de ver que en su tierna infancia
todos los niños en Francia
supiesen hablar francés.
«Arte diabólica es»,
dijo, torciendo el mostacho,
«que para hablar en gabacho
un fidalgo en Portugal
llega a viejo y lo habla mal;
y aquí lo parla un muchacho».
Aunque le reconozcamos a estos versos una alta dosis de verdad, quienes trabajamos en clínica de niños bien sabemos que, en Francia, no “todos los niños” pueden hablar francés con la misma fluidez, y que pasa lo mismo en nuestro país con el español y en todos los países del mundo con sus respectivas lenguas. Porque no siempre “todo va bien”: hay niños que tienen dificultades para expresarse, otros que tienen dificultades incluso desde la elemental comprensión de lo que escuchan y hay algunos que, como se dice, ni siquiera están en la lengua.
El oficio de terapeuta del lenguaje es imprescindible allí donde la cosa no anda; sin embargo, tal vez por su extrema complejidad, es una disciplina que ha tardado en alcanzar su madurez. Este libro le otorga su carta de ciudadanía. No es que nunca se haya escrito nada sobre el tema, al contrario, se ha escrito muchísimo, pero el trabajo de cada autor, en el mejor de los casos, tocaba un aspecto del problema.
Es vasta la bibliografía a la que recurre Noemí Giuliani – Saussure, Jakobson, Benveniste, Foster, Ducrot, Kerbrat-Orechione, Jerusalinsky, Halliday, Caron, Oleron, K. Nelson, Agamben, Ducrot, Todorov, Ansermet, Aguado, Rapin, Narbona… y no he agotado la lista – pero lo más original es su articulación en una posición clínica que tanto respeta la lengua y sus leyes, como la subjetividad y el mínimo decir – hasta con un gesto o un único fonema – del niño en sus inicios.
Tanto el nombre de todos estos autores como los títulos de los primeros siete capítulos nos remiten a la diversidad de puntos de vista que se articulan y aúnan en esta construcción teórico-clínica, que comenzó a gestarse a partir de una pregunta entre otras: ¿Por qué muchos niños con problemas en el lenguaje no pueden jugar?
A continuación, los siguientes cuatro capítulos dedicados a casos y situaciones clínicas, que nos muestran la eficacia de esta operatoria en acción, que dejan claro la manera desde dónde y cómo proceder y por qué es necesario recurrir a tantas fuentes.
Casi al final, un tema de nuestros días: la comunicación alternativa, su potencialidad en algunos casos específicos, pero también los graves riesgos de su uso indiscriminado. Y para concluir, un último capítulo sobre interdisciplina, que fue el punto del que partimos y que atraviesa todo lo que aquí se construye.
Nuestra realidad cotidiana se despliega en un tiempo en el que nos encontramos con una insólita cantidad de niños pequeños con grandes problemas en su armado subjetivo. Como no podía ser de otra manera, todos ellos presentan un lenguaje extremadamente pobre y/o problemático, o directamente su ausencia. Casi automáticamente es habitual que se los derive a tratamiento en fonoaudiología. Bienvenida sea esa derivación siempre y cuando el (o la) fonoaudiólogo/a sepa que no es suficiente el saber de la fonoaudiología para trabajar con un niño pequeño o con cierto tipo de problemas de lenguaje incluso con un niño ya más grande.
Recordaría aquí una hermosa y antigua expresión de la lengua: “no se trata de soplar y hacer botellas”.
Y claro, mucho menos se trata de soplar y hacer palabra: la hipotonía en la motricidad de la musculatura oral, por ejemplo, jamás ha sido la causa de que un niño no se apropie del lenguaje. Por supuesto que la propia fonoaudiología no se limita a esto, pero a través de los relatos de colegas y de lo que nos cuentan los padres de nuestros pacientes, sabemos que perduran y están en boga sistemas de “enseñar a hablar” que casi “garantizan” que el pequeño no pueda llegar a tener una palabra propia. Que el niño utilice la palabra para decir lo suyo y no para repetir como un loro lo que dicen otros, es un “detalle” que no es, para muchos, considerado prioritario. En estos tiempos, devolverle a la palabra su dignidad, es la condición primera y básica para posibilitar la cura de un problema de lenguaje.
Este libro conlleva la transmisión de una experiencia clínica que se ha demostrado altamente fecunda en el avance de la palabra, tanto en niños con pequeños problemas como en otros con problemas mayores. Una experiencia que lleva pocas décadas, por la que han pasado, uno por uno, algunos centenares de niños y en la que se viene formando y trabajando un primer núcleo de profesionales. Una experiencia que sienta escuela y que en este libro no sólo se hace presente a través de los casos clínicos que se relatan sino también a través de su conceptualización teórica.
La teoría que sostiene este posicionamiento clínico para la terapéutica del lenguaje se basa en el singular entramado que Noemí Giuliani realiza, tomando en cuenta campos de extrema diversidad: la lingüística, la neurofisiología, la psicología evolutiva y el psicoanálisis. La manera de entrelazar estos saberes es inédita y convierte a la autora de este libro en la gestadora de una nueva producción teórica, con efectos directos sobre su implementación clínica.
Leyendo este libro se entenderá por qué, en esta clínica, por parte del terapeuta de lenguaje, saber escuchar, comprender, lo que el niño está diciendo, es la condición para que el niño se interese en el avance de su apropiación de la lengua.
Los fonoaudiólogos que se forman como terapeutas del lenguaje agudizan su oído para ubicar los fonemas que utiliza cada niño y la concatenación que con estos fonemas logra armar, pero el efecto positivo de su clínica dependerá del valor significante que el terapeuta sepa escuchar y comprender en aquello que resulta ininteligible para otros.
En niveles más complejos desde lo expresivo, el armado de la estructura sintagmática, es decir, de la frase, de la oración, en suma, del discurso, está presente en este libro y es inseparable de la clínica que se propone desde esta mirada.
Y si además consideramos que la comprensión del lenguaje es la base privilegiada para el aprendizaje, se vislumbrará hasta qué punto un terapeuta del lenguaje puede ofrecer un apoyo clave a la clínica psicopedagógica. Pero lo mismo podemos decir para todas las disciplinas que están en juego: no hay una sola cuya articulación central no pase por la palabra.
Saussure descubre para nosotros que la lengua es una complicada y maravillosa obra de orfebrería. Lacan lo pone en la metáfora: anillos cuyo collar se sella en el anillo de otro collar hecho de anillos. Corresponderá a cada niño convertirse en el orfebre de su propio decir, siguiendo las leyes del código fallido de la lengua. ¿Esto se puede enseñar? No se puede enseñar pero la posición que el terapeuta adopte en la clínica es condición para que se pueda posibilitar.
La presentación que Noemí Giuliani hace de la lengua, imbrincando los aportes de distintos autores y de distintas disciplinas, mostrando la complejidad de su estructura, le confiere a la terapéutica del lenguaje su carácter imprescindible, al tiempo que sienta los ejes de su práctica y de su ética.
Elsa Coriat
Septiembre 2015
1- Nicolás Fernández de Moratín (1737-1780): Saber sin estudiar (epigrama).
Construir una posición clínica lleva implícito hacer una articulación teórica que requiere diferentes momentos de ajustes conceptuales.
Tolerancia ante la incertidumbre de aquellas cuestiones que no aceptan articularse, que deberán seguir interrogándonos, posibilitándonos así un movimiento que permite la pregunta.
Pregunta que nos llevará a nuevos ajustes teórico-clínicos.
El recorrido que nuestra práctica clínica fue teniendo en estos últimos años fue el producto de cuestionamientos que la misma clínica nos arrojaba, el poder escucharlos e intentar abrir las preguntas sobre aquello que no cerraba con una lineal explicación de alguno de sus aspectos, hizo posible esta construcción.
En nuestra formación básica como fonoaudiólogos, cuando todavía el título que nos habilitaba llevaba la impronta de “técnicos”, aprendimos que los problemas del lenguaje eran un síntoma, entendiendo este término como lo toma la medicina. Umberto Eco, en su libro Signo (1), reproduce las diferentes acepciones que la palabra signo tiene en diccionarios a los que consulta. La acepción que tomo para lo que estoy planteando es: Síntoma: indicio, indicación palpable de la que se pueden sacar deducciones y símiles en relación con algo latente. Elementos característicos de una enfermedad, referidos a un enfermo.
Así estudiamos y aceptamos que cada síntoma en el lenguaje tenía su símil en un funcionamiento del sistema nervioso Central, que explicaba esa sintomatología. Hoy entendemos que existe una relación que, teniendo en cuenta ese principio, nos permite establecer una lectura que relaciona eso con otros procesos intervinientes.
Aquello había que re-educarlo, la apropiación del lenguaje dependía casi exclusivamente del funcionamiento de un órgano, el cerebro, que definía cómo podía un niño adquirir o no su lenguaje.
Recorrimos y nos apropiamos de aquello que la neurofisiología nos enseñaba, aprendimos los conceptos de la psicología evolutiva donde al ser lo conductual el observable, el dato que podíamos leer, estábamos construyendo un niño que poseía por un lado un organismo y por el otro conductas que lo describían. Lo “neurológico” o “lo emocional” marcaban la etiología, de lo que le pasaba a un niño con dificultades en la apropiación del lenguaje.
Pero la clínica empezó a arrojar preguntas: porqué muchos niños con problemas en el lenguaje no pueden jugar? Porqué algunos sonidos de la lengua no ingresan en el sistema que ya posee el niño? Porqué en algunos niños el lenguaje los roza, pero no los toma?
En definitiva las preguntas fueron muchas, pero una aparece en el centro de la escena, permitiéndonos una conceptualización más abarcativa: qué es el lenguaje? Qué le pasa a un niño cuando no puede adquirir el lenguaje, quién es ese niño, qué concepción de niño poseemos para pensarlo en esta apropiación?
Nuestra inquietud golpeó una primera puerta: la lingüística, ella nos ofrecía un amplio marco, riguroso, con un cuerpo teórico que, en su solidez, mostraba diferentes opciones.
Quien nos acompañó a conceptualizar el lenguaje como un sistema, (2) columna vertebral de nuestra práctica, nos llevó a entenderlo dentro de la lingüística de la enunciación. Por lo tanto, ya no se podía escapar de la implicancia que significa ser un sujeto hablante. Si entendimos con Ducrot (3), que entrar en un acto enunciativo es incluir y crear al otro, que oír es un hacer creativo, la terapéutica del lenguaje empezaba a cambiarse de lugar.
Entender que romper el silencio, al decir de Bajtín (4), significa hacer encadenamiento con miles de enunciados antes dichos, que siempre se entrelazan, de distintas maneras, para que un niño hable.
Y si uno, terapeuta del lenguaje, está inmerso en esa concepción, arrastra en su mirar al niño que construye su lenguaje.
Es mi intención al escribir este libro, mostrar, en un primer momento los conceptos básicos sobre los que fuimos armando esto que dimos en llamar terapéutica del lenguaje, para luego, intentar articular esas conceptualizaciones.
Algunos recortes clínicos me permitirán mostrar, los ajustes y desajustes de esa construcción teórico- clínica.
En principio voy a enumerar los campos teóricos que tomamos en nuestra clínica, mostrándolos como fundamentos, sobre los cuales luego está articulada esa clínica.
• El lenguaje desde un punto de vista estructuralista, tanto en el plano de la comprensión como en el plano de la expresión.
• Subjetividad en el lenguaje, lugares de anclaje de lo lingüístico al su-jeto que enuncia.
• Funciones de lenguaje, como lugar donde se da a ver una primera articulación en la apropiación del lenguaje como estructura en el sujeto hablante que empieza a “decir”.
• Momentos estructurales del lenguaje: relación entre apropiación lingüística y subjetividad.
• Síntomas lingüísticos: una lectura sostenida al interior de nuestra concepción de la terapéutica del lenguaje.
Así hoy intentamos leer los síntomas lingüísticos a partir de una concepción que se apoya en aquello que nos plantea Giorgio Agamben, (5) cuando habla de signatura:
Los síntomas tienen una significación que hace hiancia, que no se cierra, que se arma en ese momento, desterrando el sentido directo, la significancia cerrada.
Eso que se produce tiene soporte en su existencia.
1- Umberto Eco -. Signo, Editorial Labor.1973 pag. 13
2- Saussure F. Curso de lingüística general-Editorial Losada- 1981
3- Ducrot Oswald-El decir y lo dicho- Editorial Edicial- 2001
4- Bajtín m.m.Estética de la creación verbal-Ed-siglo XXI- 1984
5- Agamben Giorgio-signatura rerum- Ed. Adriana Hidalgo editora- 2009
El lenguaje se presenta, siempre y en cada momento de su evolución, como una estructura; como una organización imposible de analizar tomando parcialmente alguno de los elementos que la constituyen, como si nos encontráramos ante un hecho positivo.
Si entendemos estructura desde la concepción saussuriana, diremos, como muy acertadamente lo marca Amado Alonso en el prólogo del “Curso de Lingüística General”, que el concepto de VALOR más que ser un concepto complementario es un concepto IMPLICADO en el de ESTRUCTURA.
Estructura y valor lingüístico son hacedores uno del otro.
Cuando Saussure (1) habla de Sistema lo hace creando la concepción genial y revolucionaria de unidad indestructible entre sustancias, que sólo pueden dar como consecuencia la creación de una FORMA, forma que está posibilitada por la condición exclusivamente humana de simbolizar.
Hjelmslev (2) sostiene que detrás de todo proceso debe ser posible hallar un sistema, el sistema lingüístico va cambiando (en el eje histórico, el eje que corresponde a lo diacrónico). Se lo comprende como el paso de un estado de sistema a otro estado de sistema, pero lo que siempre estará será la disposición de los elementos en un conjunto simultáneo.
Todo fenómeno lingüístico posee una dualidad: lo sonoro (significante) que contiene otra cara que no se escucha pero lo sostiene, es la significación (significado). Cuando escuchamos una palabra a la que le otorgamos sentido, este engarce está realizado.
Al decir de Lyons (3): significante, es todo lo que tiene significado. Lo arbitrario de la lengua se incluye en la construcción de las diferencias. La arbitrariedad es imprescindible para armar lo simbólico, es necesario para que algo pueda representar otra cosa. La distancia entre la cosa y el nombre permite su representación.
Por lo tanto podemos armar un diagrama que posee cuatro elementos articulados en relaciones diferentes:
1- El significante, que lleva en su interior una dualidad, lo propioceptivo (que luego será representación motora) y lo auditivo, que debe quedar como huella psíquica, como imagen acústica, no como sonido, tomando la mera materialidad del mismo, sino, posibilitando la representación auditiva.
2- El significado, en cuyo interior está el significante, quien le otorga apoyatura con las diferencias que la lengua posee desde lo fonológico.
El significante posibilita el armado del significado, poniendo en juego dos sustancias que permitirán la aparición de una forma, lo semiótico.
Estos dos, significante y significado, en una relación de necesariedad, se interrelacionan para constituirse, para darse sentido, para armar las diferencias implícitas en este sistema semiótico, el lingüístico.
3- La arbitrariedad, puesta a través del significante, estará dada en relación a la cosa nominada. Esta genialidad que nos brindó conceptualmente Benveniste (4)
