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Coautora del best seller La trampa de los manipuladores. "Inmadurez, vanidad, ingenuidad, soberbia, inconsciencia, indignidad, egoísmo, estos y muchos otros conceptos pueden ser englobados en uno: torpeza emocional. Agazapada, evidente, detectada o ignorada... siempre está presente aunque nuestro ego se subleve ante la revelación. Ella nos espía y amenaza, nos confunde y perjudica. Está en todas partes, en nosotros y en los otros. No es posible saber cómo, cuándo, dónde o porqué podemos ser víctimas o victimarios de la estupidez. Lo difícil es darse cuenta y mucho más, asumirlo. El trabajo de reconocerse es difícil y se hace aún más arduo cuando se trata de estupideces emocionales, ya que muchos de nuestros actos están regidos por ellas. Este libro ofrece la posibilidad de gerenciarlas, dada nuestra condición de seres pensantes, emocionales y emocionables. Es una herramienta que ayudará a los más inteligentes a detectar las conductas generadas por este problema y la posibilidad de aprender a modular sus actos evitando o al menos neutralizando sus efectos".
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Seitenzahl: 169
Veröffentlichungsjahr: 2022
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Portadilla
Prólogo
Introducción
1. El estúpido emocional
Cinco claves de la inteligencia emocional
2. La estupidez
Primera ley de la estupidez
Segunda ley de la estupidez
Tercera ley de la estupidez
Cuarta ley de la estupidez
Quinta ley de la estupidez
3. Las emociones
4. Pensamiento mágico
Pensamiento positivo versus pensamiento mágico
Sobre el pensamiento mágico
5. Prejuicio y discriminación
Prejuicio - perjuicio
Discriminación a las mujeres
Primera ley de la estupidez:
Discriminación racial
Discriminación religiosa
Quinta ley de la estupidez
Discriminación por orientación sexual
Discriminación estética
Discriminación a la vejez
6. Más sobre la estupidez emocional
Echarles la culpa a los demás, responsabilizándolos de los errores que cometemos, también es parte de la torpeza y estupidez emocional
La envidia… ¡Qué torpeza tan estúpida!
La queja permanente es también parte de la torpeza emocional
Exagerar la importancia de un problema también es una torpeza.
El victimizarse es un claro ejemplo de torpeza y estupidez emocional
7. La estúpida quimera de vivir en Disney World
8. Miscelánea de torpezas emocionales
La conducta en situación de riesgo
Los que ignoran los derechos de los otros
Los que no pueden dejar de hacerse los graciosos
¿Es gracioso solo por estar en los medios?
El opinador cotidiano
Los que juegan a ser “psicólogos amateurs”
Las mujeres que pelean todas las batallas que pueden perder
9. La empatía
10. Alfabetización emocional
11. Sugerencias para alfabetizar
El tiempo
El juego
El miedo
Los límites
La agresividad
Los valores
12. Y… ¿Qué pasa con la escuela?
Conclusión
Anexo
Estúpido test para detectar la estupidez emocional
Bibliografía
GLORIA HUSMANN
LA TORPEZA EMOCIONAL
CUANDO LA ESTUPIDEZ LE GANA A LA INTELIGENCIA
Husmann, Gloria
La torpeza emocional : cuando la estupidez le gana a la inteligencia / Gloria Husmann. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Del Nuevo Extremo, 2018.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-609-701-7
1. Psicología. I. Título.
CDD 150
© 2017, Gloria Husmann
© 2017, Editorial Del Nuevo Extremo S.A.
A. J. Carranza 1852 (C1414 COV) Buenos Aires Argentina
Tel / Fax (54 11) 4773-3228
e-mail: [email protected]
www.delnuevoextremo.com
Imagen editorial: Marta Cánovas
Corrección: Mónica Ploese
Diseño interior: Silvia Ojeda
Primera edición en formato digital: diciembre de 2017
ISBN 978-987-609-701-7
Digitalización: Proyecto451
Todos los derechos reservados. Ninguna porción de este libro podrá ser reproducida, almacenada en algún sistema de recuperación, o transmitida en cualquier forma o por cualquier medio –mecánicos, fotocopias, grabación u otro– excepto por citas breves en revistas impresas, sin la autorización previa por escrito de la editorial.
A Graciela Chiale, por tantos años compartidos
_______ Agradecimientos
A todas las personas que, aun sin saberlo, me regalaron ejemplos de estupidez emocional.
A Graciela Chiale. ¡Gracias por escribir el prólogo!
A Cristina Alemany, disparadora de las ideas.
Al licenciado Andrés Fariña, que siempre estimula y acompaña mis proyectos. Agradezco todos los ejemplos que me acercó en esta oportunidad.
A mis amigos, con quienes comparto tristezas, alegría, comidas y… ¡Claromecó!
A mi profesor y compañeras de teatro, con quienes alimento la alegría de seguir jugando.
A la gente de la editorial. Gracias por la confianza.
Como siempre y más que nunca, a mi familia. Sin ellos nada tendría sentido.
_______ Prólogo
Seré sintética, porque la lectura de este libro es urgente, pero no quiero renunciar al honor de prologarlo.
Inmadurez, vanidad, ingenuidad, soberbia, inconsciencia, indignidad, temeridad, egoísmo, estos y muchos otros conceptos pueden ser englobados en uno: torpeza emocional.
Escondida, agazapada, evidente, detectada o ignorada… siempre está presente aunque nuestro ego se subleve ante la revelación.
Ella nos espía y amenaza, nos confunde y perjudica. Está en todas partes, en nosotros y en los otros. Ya que nadie se encuentra exento de ser un torpe emocional, por lo tanto, este es un libro que también se puede conjugar.
No es posible saber cómo, cuándo, dónde o porqué podemos ser víctimas o victimarios de la estupidez. Lo difícil es darse cuenta y mucho más, asumirlo.
Adolfo Bioy Casares dijo alguna vez que “el mundo atribuye sus infortunios a las conspiraciones y maquinaciones de grandes malvados. Entiendo que se subestima la estupidez”… Yo creo que tenía razón.
El trabajo de reconocerse como tal es difícil y se hace aún más arduo cuando se trata de estupideces emocionales, ya que nuestros actos están regidos por ellas.
Tal como lo señala la autora, este libro ofrece la posibilidad de gerenciarlas, dada nuestra condición de seres pensantes, emocionales y emocionables.
Usted tiene en sus manos una herramienta que ayudará a los más inteligentes a detectar las conductas generadas por este problema y la posibilidad de aprender a modular sus actos evitando o al menos neutralizando sus efectos.
Los otros, los que no puedan o no quieran detectarlas, estarán verificando la hipótesis de Albert Camus: “La estupidez insiste siempre, sobre todo en los más estúpidos”.
Cuando salió el libro de Daniel Goleman, La inteligencia emocional, pensé que era un libro absolutamente necesario y me alegré por su aparición en el mercado. Hoy, con este libro, tengo exactamente la misma convicción. Fundamento lo que digo en la idea de que en el plano emocional, inteligencia y torpeza emocional son conceptos indisociables. En tal sentido, inteligencia y estupidez no son antagónicas, de la misma forma que para Freud no lo era el binomio amor-odio. Pero como prometí ser sintética, no me extenderé más sobre este punto en particular.
Estoy convencida de que la disociación entre el pensar y el sentir es meramente conceptual. Por lo tanto, dos conceptos aparentemente antagónicos como la inteligencia y la torpeza emocional pueden…, y deben, ser analizados como las dos caras de una misma moneda.
Cuando lo emocional irrumpe y se lleva puesto a lo racional, la inteligencia se repliega, y es entonces cuando la torpeza emocional reina.
Que disfruten la lectura.
Graciela Chiale
_______ Introducción
Este libro tiene, para mí, un significado muy especial que quiero compartir con los lectores.
Después de varios años y siete libros escritos con mi amiga y coautora Graciela Chiale, tomé la decisión de romper nuestra “sociedad literaria”, con el único objetivo de darme el tiempo para cumplir un sueño: escribir una novela.
Sin embargo, al poco tiempo me invitaron a escribir acerca de un tema que me atrapó. La torpeza emocional como camino regio a la estupidez que anula al razonamiento y se impone a la inteligencia.
Sorpresa, dudas, miedo fueron mis primeras emociones. Me preocupé por lo que pensarían quienes nos conocen como un dúo de escritoras. Cómo realizar sola este libro, sin que se pensara en una ruptura afectiva entre quienes habíamos compartido tantos proyectos. Pero después de una profunda reflexión interior, concluí que la mirada del afuera no condicionaría mi decisión.
No me equivoqué. Casi cuarenta años de amistad se vieron reflejados en la generosidad con la que Graciela celebró y acompañó este proyecto. Aportó ideas, correcciones y sugerencias, ponderando lo que yo iba produciendo. No cabe duda alguna, el afecto no solo está resguardado, sino acrecentado.
El punto inicial de este libro fue una mirada introspectiva, íntima y reflexiva. Considerándome una persona inteligente, cuántas veces me había visto sorprendida por mis conductas inadecuadas, impropias y… estúpidas. ¿Sería yo la única afectada por este fenómeno? A partir de ese momento, comencé a observar conductas torpes que partían de personas inteligentes.
Me pregunté, entonces, si el camino que partía de la torpeza emocional, arribaba a la conducta estúpida y si ello afectaba el bienestar de las personas.
Fue de gran ayuda descubrir a Cipolla y sus “leyes fundamentales de la estupidez humana”, que permiten concluir que mucho del sufrimiento que aqueja al género humano procede de la estupidez emocional.
Transité luego el camino de las emociones, lo que me permitió reconocer su condición de ser, fundamentalmente, el punto de unión entre lo físico y lo mental; registrar conductas atrapadas entre la emoción y la acción; señalar que nadie puede evitar las emociones, y que según estas sean positivas o negativas, el resultado es experimentar bienestar o padecimiento. Todo esto reveló que las emociones, al no ser estáticas, pueden cambiar y llevar, a su vez, el cambio, también, a los sentimientos. Esencialmente, a reconocerlas como nuestro capital psicológico. Según las invirtamos, el balance mostrará un aumento de capital o la bancarrota.
Los capítulos siguientes son una descripción de cómo la estupidez emocional se expresa en el universo cotidiano y cómo es naturalizada sin cuestionamiento.
Un capítulo entero da muestra de dicha naturalización, al describir la confusión que se hace del pensamiento positivo respecto al pensamiento mágico. Distingue que, mientras el optimismo NO distorsiona la realidad y permite una actitud confiada que se apoya en una autoestima firme, el pensamiento mágico se basa en creencias o afirmaciones equívocas sobre la relación causa-efecto. Muchos son los casos puntualizados y que ejemplificaron esta idea.
En capítulos siguientes creo haber logrado desplegar un verdadero muestrario de conductas torpes o estúpidas, que permiten acceder al reconocimiento de que la inteligencia interpersonal, imprescindible para entender y relacionarnos con los demás, se basa en la empatía. Ese es el tema desarrollado en el capítulo 9.
De la mano de Daniel Goleman, al releer su tan prestigioso libro La inteligencia emocional, surgieron los capítulos que pusieron sobre el tapete la necesidad de una alfabetización emocional.
Se desarrollaron, entonces, dos apartados que desplegaron la importancia de la alfabetización en la primeria infancia. Alfabetización que comienza en el hogar, y que necesita de la escuela para la culminación exitosa de dicho proceso.
Por último, se ensaya un sarcástico test que pretende, sin ninguna intención agresiva, medir nuestra propia estupidez, y desde el reconocimiento, comenzar a mutarla por inteligencia.
Esta obra es un punto de partida para la metamorfosis esperada. El anhelo de esta autora es que todos nos convirtamos en guardianes de la inteligencia emocional.
_______ 1. El estúpido emocional
Una verdadera pandemia azota a la humanidad. Prácticamente no existe la persona que pueda asegurar que nunca fue víctima de ella, y si así lo aseverara estaría confirmando lo contrario.
Quizás solo fue una circunstancia que permitió que se filtrara la palabra, la conducta, la acción que denunció el síntoma. Hablamos de la estupidez emocional.
“Me reconozco y soy reconocida como una persona inteligente. Preparada académicamente y con una vasta experiencia de vida, podría decirse que estoy en condiciones de afrontar dificultades cotidianas sin mayores inconvenientes. Y así ocurre generalmente. Sin embargo, me gustaría contarles una situación vivida por mí y que podría echar por tierra los conceptos vertidos anteriormente.
”No soy gran consumidora de programas televisivos, pero cuando alguna serie me atrapa suelo aprovechar los anuncios publicitarios para levantarme, hacer un llamado, adelantar la comida o ir al baño. Un día llamó mi atención una publicidad que ofrecía un aparato para picar, según decían, hasta cubitos de hielo. Era un anuncio que intimaba a llamar rápidamente para no perder la oferta. Yo siempre me burlaba de ese tipo de marketing pensando que nadie podría creer en lo que decían y, por lo tanto, me reía de ese tipo de publicidad. No sé qué me pasó, pero ese día consideré que ese aparatito maravilloso podría solucionarme la vida y… ¡llamé!
”Como podrán imaginar, el aparato no picaba ni una papa cocida. Cuando fui a reclamar, me dijeron que podía cambiarlo por otro elemento igual de inútil.
”Cuando lo conté, solo a unas pocas personas de mi confianza, todas me miraron asombradas y coincidieron en la exclamación: ‘Pero vos sos una persona inteligente, cómo pudiste hacerlo. Todo el mundo sabe que esos anuncios son caza bobos’.
”Sí, me sentí una estúpida”.
Este relato es interesante como disparador para la reflexión. ¿Quién no se sintió alguna vez identificado con el sentir de la protagonista de esta historia? O ¿por qué una persona inteligente hace cosas no inteligentes? O ¿por qué se considera al coeficiente intelectual como un antídoto universal que puede proteger de toda equivocación?
La inteligencia siempre ha gozado de buena prensa. Recuerdo lo imprescindibles que eran los test que evaluaban el coeficiente intelectual (CI). Con ellos se determinaban ingresos a lugares de estudio o trabajo. Incluso se utilizaban a mansalva para diagnósticos “infalibles”.
Eran, también, la justificación para la jactancia de las abuelas: “Mi nieto tiene un CI altísimo”, desafiaban orgullosas a otras con cifras cuyo significado prácticamente desconocían. El conocimiento del CI daba letra, también, a las maestras, que argumentaban los fracasos escolares repitiendo la frase tan popular y aborrecida: “Es muy inteligente, pero vago”.
El coeficiente intelectual se obtenía mediante el uso de tests que medían las áreas lógico-matemática, verbal y espacial. En el año 1983, un profesor de la Universidad de Harvard, Howard Gardner, propuso un nuevo modelo, el de las inteligencias múltiples. Planteó que además de la capacidad lingüística y la lógico-matemática, el hombre tiene otras habilidades y por ello la inteligencia no se puede medir correctamente realizando pruebas que solo valoren esos aspectos.
Propuso, en principio, la existencia de siete inteligencias básicas en el ser humano. A saber:
Inteligencia lingüística: esta inteligencia se usa para la comprensión de las palabras y el uso del lenguaje.Inteligencia lógico-matemática: se utiliza en aquellas tareas que requieren la lógica.Inteligencia musical: tiene relación con la recepción del sonido y el tiempo.Inteligencia espacial: permite la comprensión del espacio y el cálculo de volúmenes.Inteligencia cinestésico-corporal: posibilita el dominio del propio cuerpo. Inteligencia intrapersonal: permite comprender los propios sentimientos, emociones, motivaciones y deseos.En el año 1995 Gardner incorporó un nuevo tipo:
Inteligencia naturalista: la habilidad para reconocer y comprender el entorno natural.Y en el año 1998 sumó una más a su teoría de inteligencias múltiples:
Inteligencia existencial: la capacidad de indagar e interesarse en cuestiones filosóficas.Lo cierto es que la inteligencia reinaba y el CI alto parecía inconmovible, irrevocable, inapelable, irremediable y necesario. Las emociones pertenecían a otro territorio. Cómo explicar, entonces, la paradoja de personas en extremo inteligentes que usaban su inteligencia estúpidamente.
En el año 1995 un acontecimiento irrumpió en el área de las relaciones humanas y conquistó de manera novedosa y entusiasta la atención de la psicología de la época. De la mano de Daniel Goleman apareció un concepto nuevo, el de la inteligencia emocional. Si bien con anterioridad los científicos John Mayer, Peter Salovey y Di Paolo habían esbozado ya una ruptura con la definición de inteligencia tradicional, fue Goleman, sin lugar a dudas, quien revolucionó a la sociedad con su pensamiento. Este autor sostiene que en cada individuo conviven dos mentes distintas, cuyas facultades reflejan el funcionamiento de circuitos cerebrales diferentes, pero interrelacionados: la mente que piensa y la mente que siente. Frecuentemente, la mente racional queda condicionada a la reacción emocional, situación que puede derivar en comportamientos sorpresivos, impropios o inconvenientes.
Goleman destaca entre las habilidades sobresalientes de la inteligencia emocional, el autocontrol, la empatía, la perseverancia y la capacidad para automotivarse. Estas facultades suelen estar establecidas en el equipaje genético y pueden ser moduladas durante los primeros años de vida. Sin embargo, enfatiza que, con métodos apropiados, la inteligencia emocional puede perfeccionarse durante la vida adulta.
Cinco claves de la inteligencia emocional
Capacidad de conocer las propias emociones: saber en cada momento qué sentimos exactamente y tener la capacidad para ponerle nombre a dichas emociones.Capacidad de controlar las emociones: el control sobre nuestras emociones permite la buena interacción con nuestros semejantes y con nosotros mismos.Capacidad de automotivarse: si quedamos prisioneros de la impaciencia, la ansiedad, el aburrimiento y el hastío, no podremos concentrarnos en la realización de la tarea propuesta.Capacidad de reconocer las emociones ajenas: se trata de la empatía, cualidad que por su importancia desarrollaré en un capítulo aparte.Capacidad de controlar las relaciones: es la habilidad de poder controlar el intercambio entre las corrientes emocionales de la otra persona y las propias.Todos podemos mejorar, mediante la adquisición de nuevos hábitos, estas cinco áreas que contribuyen al desarrollo de la inteligencia emocional.
Desde 1995 hasta la actualidad, el concepto de inteligencia emocional fue extendiéndose hasta prácticamente todos los rincones del planeta. También a todos los ámbitos. Su desarrollo se ha convertido en una herramienta inestimable que influye tanto en la forma en que un individuo se comporta en su vida doméstica, como en la productividad laboral y los requerimientos de liderazgo.
No es mi pretensión hablar de lo que tan bien explicó Goleman, sino todo lo contrario. Me parece interesante desarrollar cómo, a pesar de que la ciencia se esfuerza en acercarnos herramientas para vivir mejor, el hombre se especializa en ejercitar a diario una condición cada vez más humana: la estupidez emocional.
La inteligencia es imprescindible, ya que como seres humanos pasamos toda nuestra vida enfrentando desafíos y solucionando problemas. Sin embargo, cuando las emociones irrumpen, la racionalidad se hace a un lado y deja reinar al arrebato y a la pasión. ¿No lo cree así? ¿Cuál sería, entonces, la razón por la que entre conocidos, amigos o familiares circula la frase preventiva: “Para tener la fiesta en paz, no hablemos de política, religión, ni fútbol”?
A modo de síntesis
Muchas personas inteligentes hacen cosas no inteligentes. Hasta 1995 mediante pruebas que medían las áreas lógico-matemáticas, verbal y espacial, se establecía el coeficiente intelectual (CI). Las emociones pertenecían a otro territorio. Goleman desarrolla el concepto de inteligencia emocional (IE). Goleman sostiene que en cada individuo conviven dos mentes distintas: la mente que piensa y la mente que siente. Habitualmente, la mente racional queda condicionada a la reacción emocional. Las habilidades sobresalientes de la inteligencia emocional son el autocontrol, la empatía, la perseverancia y la capacidad para automotivarse. Dichas capacidades están en el equipaje genético, pero pueden ser moduladas durante la infancia e incluso en la vida adulta. La IE influye tanto en el comportamiento social, como en la productividad laboral y el liderazgo. La inteligencia (CI) es imprescindible, pero, cuando las emociones irrumpen, la racionalidad se hace a un lado y deja reinar al arrebato y a la pasión (IE). El hombre se especializa en ejercitar a diario una condición cada vez más humana torpeza emocional._______ 2. La estupidez
Había una vez…
Creo que un pequeño cuentito que circuló en las redes puede ser el punto de partida para apreciar cuán peligrosa puede y suele ser la estupidez.
Por causa de su conducta estúpida, Ricardo era el centro de atención en la escuela. La maestra gritaba “me vas a volver loca, Ricardo… ¡con vos ya no hay nada que hacer!”.
Un día, la madre de Ricardo fue a la escuela para averiguar cómo le estaba yendo a su hijo. La maestra le dijo honestamente lo que pensaba: que era un desastre, que tenía las peores notas del grado, que en veinticinco años frente a un aula, ella no había conocido a un niño así, tan estúpido.
La pobre madre quedó tan impresionada con esta sincera conversación, que decidió retirar a su hijo Ricardo de la escuela. Llegó, incluso, a mudarse al Brasil, ya que le habían recomendado un centro especializado en educación que funcionaba allí.
Muchos años después, a esta misma maestra le fue diagnosticada una rara enfermedad cardíaca que, según la opinión generalizada de los médicos que la atendían, solo podría ser resuelta por un famoso cirujano argentino residente en el Brasil. La maestra vendió sus bienes y con los ahorros de toda su vida emprendió viaje a San Pablo para intentar la costosa cirugía que era su última esperanza.
Logró que el prestigioso profesional llevara a cabo el procedimiento médico tan anhelado. La cirugía fue todo un éxito.
Cuando abrió los ojos, la maestra vio a su lado al apuesto y joven médico que le sonreía afectuosamente. Quiso decirle unas palabras de agradecimiento, pero no pudo hablar. Su rostro se puso azul, intentó levantar una mano, quiso gritar… pero no pudo hacerlo. En unos segundos, frente al médico que intentaba averiguar qué estaba pasando, se murió.
En ese momento, el médico miró a su lado y vio a Ricardo, el estúpido empleado encargado de la limpieza del hospital, que había desenchufado el respirador para enchufar la aspiradora.
Con sinceridad, ¿qué pensaron? ¿Qué Ricardo se había convertido en un gran cirujano cardiovascular? Eso solo ocurre en las novelas. Hay personas que nacen estúpidas y permanecen estúpidas toda la vida.
