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Teatro, juego y Gestalt: estas son las líneas maestras de la propuesta terapéutica de Quim Mesalles. El auge de la relación entre teatro y terapia en los últimos años es realmente extraordinario, aunque muy pocas publicaciones se han hecho cargo de ello ofreciendo a profesionales y gente relacionada con la ayuda un contenido teórico-práctico de este calado. Mediante magníficas explicaciones y ejemplos del día a día de una consulta, y a partir de los juegos y dinámicas propuestos, podemos conocer los principales conceptos en los que se sustenta la Terapia Gestalt, como la terapia grupal, el teatro terapéutico, la terapia sistémica y las diferentes terapias corporales, que son las pautas básicas de esta obra. La tribu que sana también puede facilitar la tarea de terapeutas y conductores de grupos, gracias a la claridad de su exposición y a la cercanía que en todo momento muestra su desarrollo narrativo.
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Seitenzahl: 658
Veröffentlichungsjahr: 2024
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LA TRIBU QUE SANA
Quim Mesalles
LA TRIBU QUE SANA
Terapia grupal y manejo de grupos terapéuticoscon enfoque Gestalt
Primera edición: septiembre de 2018
© Quim Mesalles Bisbe
© Prólogo: Carmen Vázquez Bandín
© Editorial Comanegra, 2018
Consell de Cent, 159
08015 Barcelona
www.comanegra.com
Edición: Nuria Ochoa
Diseño de cubierta: Virgínia Pol
Maquetación: aQuatinta
Producción del ePub: booqlab
ISBN: 978-84-10161-03-0
Quedan rigurosamente prohibidas y estarán sometidas a las sanciones establecidas por ley: la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier procedimiento, incluidos los medios reprográficos o informáticos, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo público sin la autorización expresa de Editorial Comanegra. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.
Prólogo
Introducción
1. El inicio
La mancha
Los pingüinos y el oso
La Biografía Emocional
2. La terapia grupal
Lo histórico
La terapia grupal
El Grupo Terapéutico
El grupo como un ser vivo
Lo que ayuda estar en un grupo
Cómo se trabaja con un grupo gestáltico
Desde dentro
3. La Terapia Gestalt
Influencias
La autorregulación
Gestalts inconclusas
La Terapia Gestalt es holística
Las relaciones de calidad
Fritz Perls
La Gestalt aquí y ahora
Trabajo terapéutico grupal
La Terapia Gestalt de Nueva York (Este) y la de California (Oeste)
Costa Este
Costa Oeste
Ajustes Creativos y Ajustes Conservadores
El Ciclo de la Experiencia de la Costa Oeste
Desde dentro
4. El juego
El Ciclo de la Experiencia a través de los juegos
Qué se consigue jugando en un grupo terapéutico
Desde dentro
5. El teatro terapéutico
Técnicas de teatro terapéutico
Escena traumática con cambio final
Escenas temidas o deseadas
Trabajo con escenas temidas
Trabajo con escenas deseadas
Trabajo de polaridades en grupo con herramientas teatrales
Party parts o reunión de las partes
El role playing
Teatro social y del oprimido
Propuesta de escenificación de escenas límite en grupo
Psicomagia
Representación de sueños
Fantasías dirigidas o psicofantasías
El clown
Desde dentro
6. Los grupos, la terapia sistémica y mi propuesta
Descubriendo las constelaciones
Los órdenes del amor
Los órdenes en la empresa y en las organizaciones
Constelaciones gestálticas o creativas
De lo femenino y lo masculino
Sociograma grupal creativo
En sus zapatos
Los tres viajes
El campo
Desde dentro
7. El cuerpo
Dibujando el cuerpo
Diálogos a cuatro bandas
Expresando desde el cuerpo
Contacto físico
Meditación activa
Movimiento auténtico
Kinesiología gestáltica
Biodanza
Río abierto
Bioenergética
Centros de energía
Diálogos con el cuerpo
Construyendo un puzle con las partes del cuerpo
Memoria celular
Experimentos de movimiento para conectar con los sentidos
Ejercicios con ojos tapados
Diferentes juegos para moverse
Desde dentro
8. Arteterapia
Collage
Escultura de reciclaje
Arcilla o plastilina: construyendo la familia
La solución en el inconsciente
Barro al aire libre
Papel y colores: pintando sentimientos
Diálogo a dos pintando
Intervención del otro en mi pintura
Mural grupal
Mural y viaje por el mundo
Mural en dos fases
Máscaras
Trabajando con mi máscara
Baile de máscaras
Ritual con máscaras
Cuentos
Desde dentro
9. Manual de dinámicas y juegos
El inicio (capítulo 1)
Terapia Gestalt (capítulo 3)
El juego (capítulo 4)
El teatro terapéutico (capítulo 5)
Lo sistémico (capítulo 6)
El cuerpo (capítulo 7)
Arteterapia (capítulo 8)
Los libros que me han inspirado
Agradecimientos
A mis hijos, Claudi, Miranda y Lila
Lo lúdico se transforma en lúcido.Quim Mesalles
Estamos ante un libro esencialmente didáctico. Escrito desde las salas de terapia y los despachos de la Escola Gestalt de Catalunya-Espailúdic por uno de sus fundadores y actual director, su nombre (Espailúdic) empuja a aplaudir ese juego de palabras que él mismo maneja en su capítulo sobre el juego y que se ha copiado aquí como lema sintetizador de este prólogo: «Lo lúdico se transforma en lúcido». Y es así; este libro, fruto de una larga experiencia gestáltica en un espacio lúdico y lúcido, es la prueba.
Quim Mesalles ha escrito unos extensos capítulos en los que desmenuza y ejemplifica su manera de trabajar con grupos desde un enfoque sustancialmente gestáltico. Trata de integrar en él su formación, muy rica y variada, y sobre todo lo que conoce mejor: la Terapia Gestalt de la Costa Oeste —básica en su formación— y la de la Costa Este, que ha conocido después, pero en la que también ha entrado y profundizado. En ese afán integrador, ha reunido en su libro una serie de descripciones de otros recursos terapéuticos y muestra cómo los utiliza. Así, las constelaciones familiares, la arteterapia, lo sistémico, el juego, el psicodrama, etc. Todo está enriquecido con ejemplos prácticos de su manera de utilizarlos, tantos y tan diversos, en sus talleres, sin perder de vista el enfoque gestáltico con el que quiere dar unidad a todo lo que aporta.
Llaman la atención muchos aspectos de este libro, escrito con la clara intención de ayudar a otros psicoterapeutas y también, supongo, a estudiantes de la formación en Terapia Gestalt. Para ello ha recurrido a su creatividad —muy grande y muy evidente a lo largo de todas las páginas— para utilizar toda clase de medios. Entre ellos, señalo su capacidad literaria, porque el libro está muy bien escrito, en un castellano fluido y preciso; pero, además, acude también a específicos procedimientos literarios.
Por ejemplo, coloca «en escena» a cuatro personajes, que suponemos de su invención —Gisela, Antonio, Xavi, Cristina—, pero con los que pone al alcance del lector muchas de las dificultades que suelen tener los participantes en grupos gestálticos al comienzo, a lo largo y al final de esos talleres, junto con sus propias reflexiones sobre ellos y su trabajo. Y lo hace por medio de lo que en la crítica literaria se conoce como «flujo de la consciencia», basado en los pioneros estudios de William James, y el capítulo IX de sus Principios de psicología.1
Podemos leer, entonces, los pensamientos de estos personajes, y los del propio facilitador del taller, y aunque quizá todo sea fruto de la intuición de este, no se puede olvidar que lo intuitivo es una de las «armas» más poderosas en la terapia, utilizada sensatamente, por supuesto, y esto queda muy claro en los pensamientos del propio terapeuta transcritos también aquí.
Otro recurso o procedimiento literario es la utilización que hace de lo que también se llama «escritos de la memoria». De la memoria propia y ajena. De esta forma, Quim nos aporta abundantes párrafos autobiográficos en los que cuenta sus experiencias mientras se iba formando en tantos enfoques distintos, aunque puede sospecharse que fueron sus años de aprendizaje en el Instituto de Teatro los que más calaron en él y, posteriormente, en su forma de trabajar como terapeuta. Sobre todo, cuando aprendió el método Stanislavski, que él reclama como nutritivo y fuente de inspiración para sus grupos de formación y terapia.
Precisamente a propósito de Stanislavski, volvemos a encontrar esa otra forma de explicar y aclarar cuanto escribe: lo biográfico. El autor nos ofrece pequeñas y útiles biografías de los grandes personajes (muy bien contextualizados) que estudia y conoce y cuyas ideas y temas aprovecha para sus tareas grupales: Jacob L. Moreno, Bert Hellinger, Virginia Satir, A. Jodorowsky… y, naturalmente, Fritz y Laura Perls, Paul Goodman, etc. De esta forma, los lectores nunca perderán de vista cuáles han sido las fuentes de inspiración del trabajo de Quim Mesalles; y también, en buena parte, la de la Terapia Gestalt en general, sobre la que hace un recorrido histórico, así como sobre la terapia grupal.
Para concluir su utilísimo libro, el autor lo sintetiza en unas páginas finales que titula «Manual de dinámicas y juegos», en las que da un breve resumen de cada una de las técnicas que él maneja y remite a las páginas en las que las ha desarrollado. De nuevo vemos aquí su preocupación e interés didáctico enfocado hacia quienes trabajan, desde uno u otro lado, en grupos con enfoque gestáltico.
Por último, solamente me queda agradecer a Quim el honor que me hace habiéndome brindado «en exclusiva» su texto original para que lo prologara, y desearle a él y al libro un gran éxito de divulgación y ventas porque, sin ninguna duda, es merecedor de él.
Carmen Vázquez BandínPsicóloga clínica. Psicoterapeuta gestáltica
Madrid, 26 de septiembre de 2017
________________
1 Cf. William James, Principios de psicología, México, Fondo de Cultura Económica, 1989, cap. IX, «El curso del pensamiento», p. 181 y siguientes.
He escrito este libro pensando en terapeutas y estudiantes que quieran trabajar con grupos, aunque puede leerlo cualquier persona interesada en el tema. Y todo lo que explico en él es la suma de los aprendizajes que he adquirido a lo largo de mi vida en distintos ámbitos.
En los diferentes capítulos encontrarás ejercicios prácticos y dinámicas grupales aplicables a grupos terapéuticos, de crecimiento personal o de terapia grupal.
A lo largo del libro vas a conocer a Antonio, Gisela, Xavi, Cristina y Félix, que, junto con otras doce personas, conforman un grupo de Terapia Gestalt, y todos están inspirados en personas reales. Los cinco te mostrarán, a través de las experiencias que irán viviendo, los temas que desarrollo para aportarte una visión más completa, útil y entretenida de la terapia grupal con enfoque gestáltico. En algunas ocasiones está separado su mundo interno, es decir, lo que piensan internamente, de lo que expresan y viven fuera, en su mundo relacional. Observarás que, a lo largo del libro, se van pacificando sus luchas internas y va aumentando la conciencia de sí mismos y de lo que necesitan.
Es un libro práctico que se nutre de numerosas experiencias que, como director de la Escola Gestalt de Catalunya-Espailúdic, he compartido con clientes, alumnos y colegas especializados en Terapia Gestalt, de los que he recibido valiosas aportaciones. Su lectura permite adquirir herramientas para la dinamización de grupos, tanto en el ámbito terapéutico como en los de la educación, la salud, la animación social y cultural, la empresa, etc. También incluiré mis propias reflexiones y aprendizajes como terapeuta, formador y supervisor.
Al final del libro encontrarás un «Manual de dinámicas y juegos» que te permitirán inspirarte y guiarte para poder utilizarlos con grupos terapéuticos. Con ellos podrás ayudar a los participantes a identificar y superar sus bloqueos.
Me gustaría que estos capítulos pudieran ser de utilidad a los nuevos terapeutas gestálticos y a las personas que se están formando en psicoterapia grupal. Con la escritura de estas páginas cumplo el deseo de muchos alumnos y clientes que, a lo largo de estos años, me han pedido que les enseñara las dinámicas y juegos que yo he ido usando en mis grupos. Gracias a todos vosotros por ser los impulsores de este proyecto. Ojalá a ti, que lo vas a leer, también te resulte útil.
Voy por el pasillo que me lleva hasta la sala de terapia grupal, donde hoy es el primer día para este grupo de Terapia Gestalt. Me quedo observando desde la puerta y veo unas quince personas sentadas en cojines formando un semicírculo en el suelo. Me llama la atención la mirada intensa de uno de los hombres del grupo; creo recordar que se llama Antonio, parece inquieto mirando a todos los demás, y me pregunto qué estará pensando.
ANTONIO EN SU MUNDO INTERNO(lo que piensa para sí): ¿Qué estoy haciendo aquí? No debí hacerle caso a Ana, esto no es para mí. Además, me miran de forma extraña, seguro que creen que si he venido es porque estoy fatal; van a notar que estoy nervioso, me están empezando a sudar las manos, y si empiezo a sudar se me manchará la camisa y me criticarán entre ellos. Si al menos hubiera venido ella conmigo no estaría aquí solo. Qué seguro parece aquel chico guapo, no para de reír con los de al lado, parece que hasta se lo pasa bien. Me está empezando a temblar el cuerpo, ahora sí que se van a dar cuenta, solo falta que empiece a ahogarme y acabe con un ataque de ansiedad.
Mientras compruebo si falta alguien para poder empezar, veo a la chica con la que tuve la entrevista hace unos días, Gisela, y recuerdo que me comentó que había estado ya en otros grupos terapéuticos. Se ha colocado en un extremo del grupo, un poco apartada.
GISELA EN SU MUNDO INTERNO (lo que piensa para sí): Vaya, en este grupo hay varias chicas monas, y encima parecen simpáticas, hay algunas que lo tienen todo y otras que solo tenemos las migajas. Aquel es guapo, ¿cómo sería tenerlo de pareja? Quizá demasiado guapo, me dejaría por otra mejor que yo, seguro que ya se ha fijado en la rubia; aquel otro no está mal, pero tiene cara de susto; a este paso no voy a encontrar al amor de mi vida. A esta edad está claro que soy defectuosa, hay algo que no funciona bien en mí, soy un desastre, igual estaría mejor en un convento de clausura, total, para lo que sirvo… Ya me está empezando a doler el estómago, a ver si al menos en este curso encuentro un terapeuta que me ayude de una vez.
Pasan cinco minutos de la hora de inicio, dejo al grupo en la sala y voy a secretaría a comprobar la lista para ver quién falta. Siempre hay alguien que llega tarde. Qué largos se hacen los primeros momentos…
ANTONIO EN SU MUNDO INTERNO: «Si no vas a un terapeuta o a algún grupo de terapia esto se acaba, no puedo soportar tu incapacidad para tomar decisiones, para cambiar las cosas, siempre tienes miedo a dar cualquier paso… No puedo seguir así».
Qué familiar me resultó que Ana me soltara eso, mi exmujer me dejó por los mismos motivos. Pero ¿realmente venir aquí va a ayudarme? ¿En qué, de qué forma? Quizá ellas están equivocadas y yo no tengo ningún problema. ¿Y si encima esta gente empieza a meterse conmigo? ¿Y qué voy a hacer si me deja ella también y vuelvo a quedarme solo? Me tengo que quedar aquí, al fin y al cabo, en los dos años que llevo conviviendo con Ana he visto los cambios positivos que se han producido en ella desde que empezó en aquel grupo de Gestalt, y en su hermano, que también lo hizo y que ahora ha encontrado más sentido a su vida y lo veo más contento.
GISELA EN SU MUNDO INTERNO: Este verano ha sido especialmente duro, sentí ese vacío casi todo el tiempo, esa sensación tan desagradable de que algo no va bien y de que falta algo importante que no termina de llegar. Ni las clases de yoga, ni el taichi, ni el pilates, ni todos los cursos espirituales me han servido, ni las nuevas clases de baile que he empezado hace poco, claro, porque esperaba que hubiera hombres y no ha sido así. Ya no sé ni lo que estoy buscando. Es curioso cómo un montón de «casualidades» me han llevado hasta aquí: mi profesor de yoga me explicó lo bien que le fue un residencial de Gestalt que hizo hace unos años, mi compañera de trabajo también me contó algo parecido, en los libros que caen en mis manos últimamente aparece la palabra Gestalt… Seguro que estoy en el lugar adecuado por fin, lo siento así, aunque no sé explicarlo.
Acaba de llegar la persona del grupo que faltaba; la invito a sentarse y yo me dirijo hacia el lugar vacío que hay frente a todos, cerrando el círculo, y respiro profundamente. Imagino que cada persona del grupo, mientras empezamos, está inmersa en su mundo interno, con sus miedos, sus dudas, sus fantasías temidas, sus fantasías deseadas… Y yo, que soy el terapeuta que va a llevar el grupo, siempre siento, antes de empezar, un track emocional que identifico como un cierto temor, y mis pensamientos se suceden a partir de esta tensión. El primer día todos son desconocidos para mí, se me hacen extraños, aunque sé que pronto me resultarán familiares. Me gustaría gustarles a todos, pero sé que eso no es posible, y me encantaría que este primer día les resultara útil y les apeteciera continuar. Mis Ajustes Creativos para agradar y comunicar se ponen en marcha, los veo, los miro, observo al grupo en su totalidad, y noto cómo van cambiando las sensaciones dentro de mí. Al ponerles, por fin, cara y cuerpo a cada uno de ellos, me invade más tranquilidad, aunque mi respiración y mi corazón continúen acelerados. Cuando empiezo a presentarme y presentar el curso, el sonido de mi propia voz me va tranquilizando y mi respiración está ya más normalizada. Conforme voy estando presente con ellos, en el aquí y ahora, voy sintiendo más entusiasmo, casi alegría. Uno de los motivos de esta alegría tiene que ver con que hay tantos hombres como mujeres en el grupo y me hace fantasear que todo será más fácil. Pienso que cuando el número de hombres y mujeres es parecido, el grupo se autorregula bastante solo. Luego les explico un poco de teoría sobre la Terapia Gestalt para poder encuadrar el curso, y después propongo una ronda o rueda de presentación para que cada uno diga su nombre y explique por qué está aquí y algo importante que esté ocurriendo en su vida en ese momento, es decir, lo que es Figura en las últimas semanas y también lo que es Figura en el aquí y ahora.
El concepto de Figura y Fondo es un principio gestáltico muy significativo que ayuda a saber en qué ponemos la atención en cada instante, y esto favorece la presencia. Figura es aquello que es más emergente en el momento presente, aquello que nos tiene ocupados, hacia donde miramos y sentimos más intensamente. Por tanto, al resto de las cosas de nuestra vida que no están presentes en este momento en Gestalt lo llamamos Fondo.
Empiezo la rueda explicando lo que es Figura en mí, con la mayor sinceridad y sin que me comprometa en exceso, pero de modo que abra las puertas a la autenticidad y al vínculo. Es Figura en mi vida que quiero tener publicado el libro que estoy escribiendo antes de las siguientes vacaciones, y eso ocupa mucho espacio en mi día a día, y es Figura ahora mismo la cara de Antonio que me mira tan fijamente.
A continuación, me dirijo a la persona de mi derecha para que empiece a hablar de sí misma en estos términos, y así sucesivamente van hablando uno a uno. Conforme se van mostrando a mí y al grupo, me doy cuenta del grado de entrega y compromiso de cada uno de ellos; por ejemplo, algunos cuentan algo realmente auténtico y comprometido, y otros simplemente hablan acerca de alguna cosa general evitando abrirse emocionalmente. En su forma de presentarse también se posicionan en cuanto al vínculo, es decir, lo que vincula más es la profundidad y mostrar la vulnerabilidad, y lo que aleja y vincula menos es la superficialidad y el control de la situación.
También aprovecho para pedir a los alumnos que se den cuenta, cuando estén explicando algo de ellos, de si hablan de algo que está ocurriendo en el ahora presente o si rellenan el espacio con cosas que pertenecen al futuro o al pasado. Estos son los conceptos aquí-ahora en contraposición al allá-entonces.
Empiezo a ver cómo todos se agitan cuando les digo que van a tener que hablar; veo sus cuerpos tensos y cómo se cogen las piernas con las manos, como para protegerse y sostenerse. Cada uno busca su ajuste corporal para estar preparado para hablar; hay alguno que intenta encogerse como si pudiera desaparecer, y otros, como Xavi, que está a mi derecha, que entra en excitación, abre mucho los ojos y se pone seductor.
XAVI EN SU MUNDO INTERNO: No sé exactamente qué decir, pero seguro que si les hablo de mi trabajo les interesará, sobre todo si les digo que también trabajo como actor profesional, y contaré algo que parezca gestáltico.
XAVI EXTERNAMENTE (dirigiéndose al terapeuta y al grupo): Hola, me llamo Xavi, y hace tiempo que quería hacer este curso. De hecho, yo ya he trabajado con este tipo de terapia en la Escuela de Teatro; soy actor y he leído varios libros de Gestalt. Me siento como en casa en este grupo… A mí los grupos me gustan y me gusta que este sea casi de veinte personas, así es más rico para todos.
YO, QUE SOY EL TERAPEUTA, EN MI MUNDO INTERNO: Uf, ¡qué agotamiento me produce este hombre! Es simpático y a la vez algo narcisista. Me gusta que sea tan hiperactivo, porque esto moverá al grupo.
Vamos siguiendo la rueda y cada uno explica un poco de sí mismo y, con cada uno, en mí detona una resonancia interna distinta. Así, son muy contrastadas las sensaciones en mí. Ha habido otro chico que me ha producido ternura mientras hablaba, otro que me ha producido enfado, una chica que me ha producido rechazo y otra que me ha hipnotizado… En fin, cada persona tiene su forma de expresarse externamente y eso llega a mi mundo interno, con un sinfín de emociones variadas. Me recuerdo a mí mismo, con cariño y comprensión, que cada persona tiene su forma de buscar amor y reconocimiento en el mundo, y esa manera de hacerlo produce diferentes reacciones en mí y en los otros. Estamos al principio del curso y cada uno lo hace lo mejor que sabe.
GISELA EN SU MUNDO INTERNO: La mayoría hablan mejor que yo, siempre tuve dificultad para hablar delante de un grupo, ojalá se salten mi turno y no tenga que hablar, podría salir e ir al baño… Aunque he estado en muchos grupos, siempre me pasa lo mismo, me cuesta un montón hablar delante de todos; pero creo que tenía que venir, porque son muchas las coincidencias que me han traído aquí. Tengo vergüenza de no estar a la altura de los demás…, me veo inferior… Ojalá en este curso encuentre lo que me falta… Y el formador parece tener ese halo de hombre inalcanzable que tanto me atrae.
GISELA EXTERNAMENTE: Me llamo Gisela, y estoy aquí porque hace ya unos meses que estoy estancada y sentí la necesidad de hacer algo distinto. Ha habido muchas casualidades que me han llevado a querer hacer este curso de Gestalt como camino de crecimiento. Me cuesta mucho expresarme en grupo, me es más fácil hacerlo uno a uno. Hoy, aquí, tengo una sensación nueva que me hace creer que estoy en el lugar adecuado, que por fin voy a encontrar lo que busco y voy a dejar de sabotear mi vida.
YO EN MI MUNDO INTERNO: Después de escuchar a Gisela, siento una sensación de conexión con ella que me hace pensar en que su exposición es auténtica y llena de sentimientos. A la vez, pienso que hay un exceso de emocionalidad y me imagino que quiere agradar a la autoridad.
Continúo con la rueda y les dejo a cada uno un espacio, pero cuidando de que, por un lado, tengan un tiempo de exposición parecido todos y, por otro, que ese tiempo no sea excesivo, porque es el primer día y es difícil mantener la atención de lo que escuchan durante casi una hora.
CRISTINA EN SU MUNDO INTERNO: Hoy me siento muy femenina, les gustaré, qué bien que me he puesto la blusa blanca que me resalta los pechos y los pantalones ajustados… Siento mucho calor y se me acelera la respiración. Creo que en este ambiente es apropiado mostrarse emocional.
CRISTINA EXTERNAMENTE: Hola, me llamo Cristina, estoy emocionada por mi primer día en este grupo. Veo que la mayoría de los que estamos aquí tenemos necesidades parecidas y me ha emocionado mucho lo que ha dicho mi compañera de aquí al lado. Me gustaría decirle que confíe en su intuición.
YO EN MI MUNDO INTERNO: ¡Qué seductora con su mirada y sus gestos femeninos de princesa que se dirige al rey! Es un tipo de alumna que puede aportar mucho juego y trabajo personal a los hombres del grupo, aunque la percibo un poco falsa.
Sigo la rueda.
ANTONIO EN SU MUNDO INTERNO: Me he quedado rayado con lo bien que habló Xavi, es encantador, cómo me gustaría ser como él, el próximo día me pondré en un sitio cerca de él. La chica guapa se llama Cristina, también parece que le cuesta poco hablar, ¡madre mía, qué segura de sí misma y cómo se dirige a todos con la mirada alta, incluso al profesor! La verdad, no sé qué hace aquí; me gustaría caerle bien. Algunas personas cuentan cosas que no me interesan mucho, otros se enrollan bastante, la mayoría están desajustados. Yo no hablo bien, pero tendré que explicar algo que sea interesante para ellos; hablaré de mis dudas sobre la Gestalt y de que no tengo claro si sirve o si lo hago porque me lo ha aconsejado Ana. Ella sí que sirve para esto, ella sabe hacer las cosas, lo hace todo muy bien, pero yo no soy como ella y no estoy hecho para esto.
ANTONIO EXTERNAMENTE: Me llamo Antonio, soy ingeniero, aunque he leído mucho sobre psicología y filosofía. Me cuesta mucho hablar de mí y expresar mis emociones. He venido a este curso porque me lo ha aconsejado mi pareja, ya que a ella le ha ido muy bien, pero no tengo claro que esto sea lo mío. Me parece todo un poco raro, no sé muy bien cómo funciona todo esto.
YO EN MI MUNDO INTERNO: Siento cierta inquietud al escuchar a Antonio, pienso que quizá ha venido para satisfacer a su pareja y no porque a él le apetece. Fantaseo con que obedece a su pareja por miedo a perderla… Me gustaría que estuviera aquí por él, bien puede ser un niño que se convierta en hombre gracias a este curso. ¡Ánimo, Antonio!
Una vez realizada la rueda y presentado el curso, empiezo con una dinámica o experimento (se le llama así porque nunca se sabe el resultado ni el alcance de la propuesta).
Primero les propongo que hagan un trabajo por parejas; este contacto uno a uno les facilita iniciar la relación, ya que les resultaría más difícil empezar con todo el grupo. Así pueden explorar el primer momento de contacto con alguien.
Les pido que se pongan en pie y cierren los ojos durante unos minutos hasta que les dé las instrucciones; de esta forma se conectan con su mundo interno a través de todos los sentidos excepto la vista, que normalmente es un órgano de control y anticipación.
Esta es una dinámica experiencial simple en la que, mientras permanecen con los ojos cerrados, los voy colocando por la sala de forma que queden casi tocando espalda con espalda con alguien. Una vez colocados todos, les invito a retroceder con pasos muy pequeños hasta que se encuentren con el cuerpo del compañero que está detrás y entonces apoyen sus espaldas. Ahora les propongo que se relacionen a través de la espalda, de esa manera empieza el contacto con el otro. En ese momento les pido que se den cuenta de en qué momento abandonan el ahora y aquí. Luego les invito a que adivinen con quién están haciendo el ejercicio y que apoyen su oreja en la del otro para escuchar su corazón. Esto implica contacto con la cara de un desconocido y, a la vez, sentirlo, olerlo… y ahí se disparan las fantasías de cada uno, al tener los ojos cerrados. Después, les animo a que inicien un contacto con las manos y los brazos hasta llegar a los hombros, y si les apetece, que le hagan saber al otro si es agradable o no el encuentro sin utilizar palabras, solo a través del contacto físico. Y así los dejo un tiempo hasta que, finalmente, les digo que se separen, abran los ojos y vean con quién estaban. Este es un momento mágico en el que descubren al otro y se dan cuenta de que, con los ojos abiertos, vuelven a actuar de nuevo los roles de cada uno y salen del aquí y ahora, y la distancia emocional y física es distinta. Después les digo que se sienten en el suelo, el uno frente al otro y que hablen entre ellos compartiendo la experiencia mutua. Esto es un buen darse cuenta para empezar y un espacio de relación para poder soltar las tensiones del inicio del curso. Durante un rato les dejo que se relacionen y se familiaricen con el entorno y se favorezca así la comunicación uno a uno.
A nuestros protagonistas, con este primer experimento, seguro que ya les han empezado a pasar cosas, tanto antes de empezar la dinámica como durante ella.
ANTONIO EN SU MUNDO INTERNO: Me piden que cierre los ojos y no me fío del todo, aunque las palabras y el tono de voz del formador me tranquilizan; eso sí, si ocurre algo los abriré, pero parece que lo bueno es no abrirlos… ¡Vaya, parece que me ha tocado la chica nostálgica de la que no recuerdo bien la cara! Gisela, creo, menos mal que es una chica, lo prefiero si hay que tocarse. Siento cierta timidez ahora que nos tocamos la cara y las manos, huele bien, espero no estar sudando y que ella me huela mal a mí.
GISELA EN SU MUNDO INTERNO: Espero que no nos pidan que hagamos algo ridículo, me moriría de vergüenza y más aún delante de chicos guapos. La más mona se ha puesto de pie la primera, seguro que mi vida sería más fácil si fuera tan segura como ella; ya me está molestando otra vez el estómago y me pican los brazos, seguro que vuelve a salirme el sarpullido. No quiero ponerme a llorar ya de entrada con el primer ejercicio, siempre soy la que más sufre con todo, claro, soy tan sensible, demasiado; igual repito cosas que ya he hecho en otros grupos y entonces me aburriré. Seguro que estaré molestando con mi contacto a la persona que tengo detrás, quizá me esté apoyando demasiado; tengo la sensación de que no estoy haciendo bien el ejercicio, porque no me dejo fluir tal como dice el formador. Creo que la persona con la que estoy trabajando, Antonio me parece que se llama, no habrá conectado bien conmigo porque me habrá notado demasiado alterada; de hecho, los ejercicios de contacto me cuestan mucho, hubiera tenido que ser más suave y neutra, porque seguro que estoy siguiendo mal las consignas del ejercicio. Me estoy agobiando un poco y creo que perjudicaré a mi compañero; me doy cuenta de que quizá aún no estoy preparada para este tipo de curso… aunque sí creo que muchas veces capto rápido las cosas a nivel emocional. Bueno, me entregaré a esto y que sea lo que Dios quiera.
XAVI EN SU MUNDO INTERNO: Creo que la chica que tengo detrás es Cristina, es como si el destino nos hubiera unido, porque es la que está más buena del grupo, huele bien y tiene la piel suave, me da placer estar a su lado. De hecho, este ejercicio está muy bien y lo usaré cuando haga el curso con mis compañeros de teatro. No aprenderé mucho aquí, pero creo que puedo disfrutar del contacto con los otros y quizá después pueda usar todo lo que aprenda para dar cursos… Recuerdo lo interesante que es la mirada de esta chica, creo que le gusto, no me extraña, los otros chicos de la clase no son gran cosa… Estoy a gusto aquí.
CRISTINA EN SU MUNDO INTERNO: Diría que me ha tocado con Xavi, creo que es interesante este chico, pero lo veo demasiado mental; si me pongo más femenina con él le ayudaré a bajar a la emoción y conectará mejor conmigo, después me agradecerá que lo haya ayudado a sentir más. Podría haberme puesto el perfume del fin de semana que es más intenso… Bueno, el que llevo hoy es más sutil y le ayudará a conectarse más con los sentidos… Es agradable trabajar con este chico, pero tiene un ritmo demasiado rápido, y creo que si yo respiro más despacio, también él se calmará. Qué agradable es esta sala para trabajar, el próximo día traeré una barrita de incienso que compré en la India y se la daré al profe para que limpie más el ambiente… Creo que este curso me ayudará a comprenderme más y ser mejor mujer.
Después de la rueda, la teoría y la dinámica de inicio, propongo experimentos de movimiento simples para este primer día.
— Es un trabajo con todo el grupo.
— Objetivos: caldear el ambiente, crear una dinámica divertida y que facilite el contacto corporal, crear excitación y ganas de más actividad.
— Desarrollo: pido al grupo que se disperse por la sala y a uno de los participantes le doy un cojín. Se trata de que huyan de que te den el cojín.
— Dirigiéndome al grupo:
1. Este cojín representa algo de lo que tenéis que huir, una responsabilidad que os pesa, y el que lo tiene quiere desprenderse de ella. Solo nos la puede pasar si estamos con el pecho al descubierto o al aire, y para que eso no ocurra tenéis que estar abrazados con alguien pecho con pecho fuertemente.
2. El que tienen el cojín tiene que perseguir a los compañeros que no están abrazados a nadie para deshacerse de él.
3. El resto podéis correr por la sala e intentar abrazaros con alguien para estar a salvo de que os pasen el cojín.
4. El abrazo solo puede durar lo que se tarda en contar hasta diez, que contará el que tiene el cojín, porque si al llegar a diez no habéis huido, os podrá endosar el cojín.
5. Si antes de terminar de contar llega una tercera persona y abraza a la pareja, como es otro formato habrá que volver a empezar a contar hasta diez.
6. Se pueden unir tantas personas como quieran, siempre que estén abrazadas de forma que el pecho esté cubierto. Y siempre se vuelve a empezar a contar hasta diez cuando llega otra persona nueva.
Cuando el grupo empieza a mostrar signos de cansancio y baja la energía, digo que paren y, encadenada a esa dinámica, les propongo otra.
— Trabajo por parejas.
— Objetivos: cohesionar el grupo, crear ambiente de juego y diversión, conseguir que la gente se relacione rápidamente y que tengan contacto de forma distendida. Tomar conciencia sobre las relaciones de pareja, la dificultad para soltar algo, la dependencia, los introyectos con respecto a la pareja, la propia autonomía y el autoapoyo.
— Dirigiéndome al grupo:
1. Sois pingüinos, elegid una pareja. Dos de vosotros seréis osos, por tanto, seréis siete parejas de pingüinos y una de osos polares que irán por separado.
2. Las parejas de pingüinos os cogéis del brazo y vais moviéndoos por la sala, con pasos cortos, observando a las otras parejas de pingüinos.
3. Sois pingüinos que soléis ser monógamos, pero si os atrae el pingüino de otra pareja, podéis soltaros de vuestra pareja y coger del brazo al pingüino que os gusta, y su pareja tiene que dejarlo ir.
4. Oso, tú caminas a zancadas grandes, pero sin correr, y tienes que ir detrás de las parejas de pingüinos para ver si puedes pillar alguno que se haya separado de su pareja mientras hacen el cambio o que esté en trío. Solo te puedes «comer» al pingüino que se queda suelto o al trío entero. Tu apariencia es amenazante, mostrando las garras y la boca abierta. Comes singles o tríos.
5. Si veo que sois muy conservadores y no os separáis de vuestras parejas, estaréis obligados a hacerlo cuando diga «cambio» o pare la música.
6. Los pingüinos que quedáis eliminados porque el oso os coge, os retiráis del juego y os ponéis en una pared con una pierna apoyada en la otra, como si fuerais flamencos, y las manos en alto, como si bailarais flamenco.
7. Los pingüinos que os quedáis sin pareja tenéis que buscar otra, haciendo que esta se suelte de la persona con la que estaba para que no os coma el oso.
8. Mientras estáis haciendo esta dinámica, os pido que prestéis atención a qué os ocurre con todo lo que va pasando, si os roban la pareja, si estáis solos, si robáis la pareja a alguien, si os enganchan con un trío…
Cuando el oso consigue comerse a todos los pingüinos, excepto a una pareja, la sala está poblada por flamencos y dos osos. Les hago repetir la dinámica varias veces para que se den cuenta de cómo se ponen a salvo, qué ocurre cuando les roban su pareja y si son capaces de quitar la pareja a alguien.
Una vez terminadas estas dinámicas de relación grupal, les invito a una pequeña reflexión por parejas sobre lo vivido y luego a una rueda para compartir con el grupo lo que han aprendido, de qué se han dado cuenta y qué tiene que ver lo que han descubierto con el resto de sus vidas. Esto hace que puedan conocer un poco más de sí mismos y, simultáneamente, que se potencien los vínculos entre los compañeros.
ANTONIO EN SU MUNDO INTERNO: Estos juegos me han ayudado a tener menos miedo y a dejarme ir un poco, así he controlado menos la situación y, hasta en algunos momentos, me he reído. Quizá Ana tenga razón en que me irá bien este curso… de todas maneras, tengo que controlar un poco la situación para no dejarme ir y después arrepentirme. ¡Ostras!, cuando estaba en las dinámicas no pensaba tanto, ahora al terminar es cuando mi mente me empieza a taladrar de nuevo…
ANTONIO EXTERNAMENTE, DIRIGIÉNDOSE AL GRUPO: El juego del pingüino me ha hecho darme cuenta, una vez más, de lo muy conservador que soy, porque cuando tengo una pareja no la suelto hasta que alguien me la quita e incluso así no reacciono a tiempo… ¡Cómo me cuestan los cambios!
GISELA EN SU MUNDO INTERNO: He pasado vergüenza en las dinámicas, aunque han sido tan intensas que me he soltado un poco; me hubiera gustado estar tan suelta como Cristina, la chica pelirroja, Xavi y la chica del pañuelo en la cabeza, que parece que disfrutan y aprenden rápido… Las instrucciones eran demasiado rápidas, pero yo he ido a mi ritmo. Ahora que han terminado los ejercicios necesito retirarme a mi mundo interno. Uf, nos toca hablar de nuevo en el grupo…
GISELA EXTERNAMENTE: Me he dado cuenta de que, cuando me entrego a la emoción del juego, puedo abrazar sin vergüenza, como en el juego de la mancha, lo hago sin pensar. En el del pingüino me he dado cuenta de que me arriesgo mucho y cambio de pareja muy rápido. ¿Será que no sé conservar la pareja? También me he pasado mucho rato huyendo del oso yo sola; soy muy individualista, quizá demasiado.
Después de compartir conmigo y con el grupo lo que les ha pasado, empiezan a entender que la Gestalt se asimila a través de la experiencia vivencial y el darse cuenta, lo cual produce un aprendizaje significativo que queda grabado en todos ellos a nivel emocional y físico. Es un buen principio para comprender en profundidad que el percatarse de los comportamientos relacionales de uno mismo nos lleva a la ampliación y expansión de la conciencia.
Aprovecho el momento en que termina la rueda para explicarles la teoría gestáltica de los tres darse cuenta importantes:
— el darse cuenta del mundo exterior, es decir, de la piel hacia fuera, el contacto sensorial actual con objetos y eventos en el presente, lo que en este momento veo, toco, escucho, huelo…
— el darse cuenta del mundo interior, esto es, el contacto sensorial con eventos internos en el presente, lo que siento bajo de mi piel, tensiones, músculos, movimientos, molestias, placeres…
— el darse cuenta de la fantasía, lo que incluye toda la actividad mental que abarca más allá de todo lo que sucede en el presente, como explicar, imaginar, adivinar, pensar, planificar, recordar el pasado o el futuro…
En un Grupo Terapéutico gestáltico es importante que las personas permanezcan el máximo tiempo posible en la experiencia del presente, porque si no dejan de estar y se van a experiencias pasadas o fantasías de futuro y, entonces, ya no se están relacionando con las personas que están ahí, sino con su propio mundo interno. Lo que es verdaderamente sanador es la relación con los otros con el máximo de presencia, es decir, en el aquí y ahora.
En este punto les propongo una práctica por parejas de los tres darse cuenta enumerándolos; es lo que llamamos el continuum de conciencia o continuo atencional.
Querido lector, querida lectora, te pongo un ejemplo:
— Externo: «Veo las letras que escribo ahora y me llama la atención la pared blanca del fondo».
— Interno: «Siento tensión en los músculos de mi mano, siento también tensión en mi estómago y siento placer en mis pies».
— Fantasía: «Ahora imagino que no acabaré nunca este libro que estoy escribiendo, que si alguien lo llega a leer quizá no entienda nada de lo que digo, y que mi pensamiento va más rápido que lo que tardo en escribir».
Pido a los alumnos que, además de enumerar lo que les ocurre desde los tres darse cuenta, los enlacen y vean cuál de ellos les resulta más fácil o difícil de utilizar. Tienen que conseguir un continuo de conciencia, que es verbalizar los tres darse cuenta de forma enlazada y continua. Por ejemplo:
— Gisela le va diciendo a Cristina: «Veo tu pelo rubio (externo) e imagino que te lo cuidas mucho para que esté así de brillante y bonito (fantasía). Al decir esto se me ha encogido el estómago y siento envidia (interno)».
— Y Cristina le responde: «Ahora que has dicho eso veo que tus ojos se llenan de lágrimas (externo) e imagino que eres una persona que sufre por sus complejos (fantasía) y siento calor en mis manos y ganas de abrazarte (interno)».
Cuando trabajamos con las técnicas de la Terapia Gestalt, debemos priorizar los darse cuenta, es decir, la toma de conciencia como elemento principal para poder satisfacer cualquier necesidad orgánica. Por eso propongo, principalmente, dinámicas que activen y potencien el darse cuenta personal a través del uso de los sentidos, las sensaciones y las expresiones corporales.
Después de las tres dinámicas (espalda con espalda, la mancha y los pingüinos) les propongo hacer una rueda final para compartir con el grupo lo más relevante de la sesión, y yo les hago una pequeña devolución terapéutica a partir de lo que ellos digan. La consigna que les doy es que expliquen si se han dado cuenta de algo nuevo, en lugar de explicar solo la vivencia. Después de cada dinámica se han reunido por parejas o subgrupos para compartir la vivencia y explicar sus darse cuenta; así, cuando llegan a la rueda general, esta es más fluida y ya está claro lo que quieren compartir, que es lo más esencial de lo que se han dado cuenta, y también traen ya elaborado el enlace con su vida cotidiana de lo que les ha ocurrido en las dinámicas. Lo importante del enfoque gestáltico, cuando se está comenzando a experimentar, es que aprendan cómo enfocar la atención para darse cuenta de lo que les está pasando e ir aumentando así la conciencia de quiénes son y cómo funcionan, cuáles son sus ajustes y cómo perciben el mundo emocionalmente, para después empezar a aceptarse tal y como son. En estos primeros momentos del contacto con la Gestalt, resulta novedoso y difícil ese continuo de atención sobre uno mismo y en relación con los otros.
Por cierto, lectora, lector, de lo que has leído hasta ahora, ¿te has «dado cuenta» de algo tuyo novedoso o sorpresivo y que puedas relacionar con tu vida? Sabrás que te habrás dado cuenta si tienes la sensación de haber descubierto algo o la sensación es de sorpresa. La conciencia va aumentando gracias a los pequeños y grandes descubrimientos sobre uno mismo.
Durante la rueda hay algunas personas que comparten cosas interesantes para ellos y para el grupo, y otras que solo comparten algo de la vivencia que han tenido. Yo recapitulo lo que han dicho con sus mismas palabras y añado mi sensación sobre lo que explican.
Así, por ejemplo, Antonio dice que lo más relevante para él ha sido que, poco a poco, ha ido perdiendo la desconfianza y se ha ido relajando más con las dinámicas.
ANTONIO: Al principio estaba muy tenso y no me fiaba de nadie, veía a los demás como un peligro. Me movía entre la desconfianza y la vergüenza. Sin casi percibirlo, me he ido relajando con los juegos y me he ido sintiendo más espontáneo y más presente. Ahora estoy más relajado y sin miedo.
YO A ANTONIO: Entonces me dices que has ido relajándote poco a poco con los juegos, y me imagino que, a lo largo de tu vida, has sostenido episodios en los que has tenido que estar muy seguro antes de dar un paso, porque, fantaseo, cuando eras niño tuviste miedo de que te pudiera pasar algo doloroso y aprendiste a protegerte controlando el entorno, pero eso solo es una fantasía mía que quizá no tenga que ver contigo…
(Veo que Antonio mueve la cabeza y en su rostro se puede leer una sensación de alivio.)
Yo pasé miedo de pequeño y, aún a veces, en situaciones nuevas y desconocidas, tardo tiempo en adaptarme.
ANTONIO (moviendo la cabeza y asintiendo con una sonrisa): Ya somos dos…, me siento acompañado y relajado.
En mi mundo interno experimento una sensación de calma y me doy cuenta de que, hasta ese momento, yo estaba tenso y tenía mi respiración muy corta, también sentía miedo y desconfianza cuando me dirigía a Antonio… Y ahora siento alivio, es decir, que utilizo mi cuerpo y mis sensaciones para saber qué es lo que me pasa a mí en relación con él. Esto muchas veces coincide con lo que siente el otro.
Cuando me dirijo a Gisela ella está enfocada totalmente hacia mí y me mira intensamente, comparte que se ha dado cuenta de que la mayoría del tiempo lo ha pasado pensando en que no entendería bien las normas y que podía entorpecer y perjudicar a los compañeros. En su vida, muchas veces percibe este sentimiento de hacer las cosas inadecuadamente y de ser distinta y no saber hacer las cosas correctamente.
YO A GISELA (con cariño, repito sus palabras): Es decir, que crees que haces las cosas inadecuadamente. Imagino que debe de ser difícil vivir con la sensación de perjudicar a los otros y no ser adecuada. (Veo que sus ojos se humedecen y se emociona.) Fantaseo con que quizá tuviste, de pequeña, la sensación de que no eras adecuada para ese entorno. (Siento y veo que Gisela llora, le comparto mi sentimiento de soledad ahora y ella me mira llorando y asintiendo.) Estoy aquí contigo.
Veo que se tranquiliza, su respiración y la mía se hacen más profundas, y tengo la sensación de que los dos nos sentimos más unidos y menos solos en ese instante.
Así, voy haciendo la rueda con cada persona. A cada uno le hago una pequeña devolución utilizando lo que dicen y mi resonancia emocional interna. Y me doy cuenta de que el grupo parece, según mi percepción, más unido y cohesionado.
Cada persona expresa algo de sí. Hay algunos, como Xavi, que expresan menos emociones. Él dice que ha estado muy a gusto y que ha disfrutado mucho de los ejercicios.
YO A XAVI: ¡Qué bien, Xavi, que has podido disfrutar de todo! Imagino que estás muy en sintonía con lo positivo y con el disfrutar. (Aunque le estoy diciendo esto, dentro de mí siento presión y contención.)
XAVI (sonriendo con cierta rigidez): Sí, yo sé disfrutar de las cosas.
YO A XAVI (mi sensación interna de tensión continúa y lo comparto con él): Fíjate, estás hablando de disfrutar y yo siento tensión. Hay veces en que yo no me permito sentir cosas dolorosas y solo conecto con lo positivo...
Él sonríe y dice que quizá sí, pero que ahor a para él es importante disfrutar del juego.
Respeto su momento y pienso en el dolor que supone mantener un alto grado de insensibilización y no comparto nada más con él.
Cristina dice, muy emocionada, que se ha dado cuenta de cómo ha ayudado a todos los que han trabajado con ella a ser conscientes de sus cosas y que los ejercicios están bien hechos y que son muy útiles. A mí, con lo que expresa, me entra una sensación de vacío y comparto con ella sus palabras.
YO A CRISTINA: O sea, que todo ha sido muy útil para los demás… ¿Y para ti? (Ella se emociona un poco, lo veo en sus ojos y dice que tengo razón, que siempre está en lo que necesitan los demás. Comparto con ella mi sensación de vacío y me dice que muchas veces siente esto en sus relaciones, que lo da todo y después se siente vacía. Le digo que debe de ser difícil vivir dando sin que nadie te dé… Me mira con un exceso de agradecimiento.)
CRISTINA: ¡Qué bien lo que has dicho! ¡Me hace sentir comprendida!
YO A CRISTINA (con ese halago hacia mí, se emociona más. Yo le sonrío y dentro de mí continúa la sensación de vacío): Tu halago me sienta bien, pero pienso: «¡Otra vez estás dando al otro lo que necesitas tú! Ojalá encuentres una manera de cuidar de ti».
Y no dejo que conteste con otro halago hacia mí, me pongo el dedo en la boca pidiendo silencio y le digo que paso a la persona siguiente.
Así voy continuando con la rueda, uno a uno, hasta terminar con todas las personas del grupo y les doy las gracias por este primer encuentro.
Este proceso realizado a lo largo de este primer día es una buena manera, en mi opinión, de que el grupo se conozca y experimente también, de una forma vivencial, las bases filosóficas de la Terapia Gestalt. Es decir, el aquí y ahora, el darse cuenta, las fronteras del contacto y el principio de autorresponsabilidad. Todos estos conceptos están contenidos en esta primera tanda de dinámicas.
Espero que hayas comprendido cómo el terapeuta Gestalt es la herramienta principal de la terapia; por lo tanto, es fundamental que sepa trabajar con lo que siente y que sepa usarse como termómetro y caja de resonancia con el cliente. Como has podido leer durante la rueda, mi resonancia emocional les ha ayudado a comprenderse mejor y a ser conscientes de que, en la relación terapeuta-cliente, como en cualquier relación de dos, todo se construye entre ambos al cincuenta por ciento. Y también espero haberte hecho partícipe de que, en mis grupos, he ido descubriendo que el darse cuenta de uno de sus miembros reverbera en todos los demás, y, de esta forma, puede llegar a convertirse en un darse cuenta grupal, aunque cada miembro lo haga a su propio ritmo.
Las dinámicas que los alumnos han realizado producen aprendizajes en muchos niveles, y no todos ellos son conscientes en el momento; algunos han sido registrados en su cuerpo y, en algún otro momento, aflorarán en la conciencia convirtiéndose en aprendizajes significativos. Vamos aprendiendo con la suma de experiencias.
En los grupos siempre propongo que, en el primer mes de curso o incluso antes de empezar, hagan una Biografía Emocional de aquellas cosas que, para ellos, hayan sido relevantes en su vida, sobre todo en cuanto a vivencias.
Los propósitos para hacer esta biografía son:
— Conocerlos un poco más y conocer su historia personal.
— Que hagan una conexión con su pasado y vean todos los asuntos inconclusos que hay en su vida emocional y puedan traerlos al curso y a las sesiones de terapia.
— Que, al cabo de un tiempo, la puedan leer y vean si están en el mismo lugar que cuando la escribieron y si explicarían de diferente forma sus vivencias, y si habría un cambio de guion hacia relaciones más sanas.
Yo, antes de empezar mis años de trabajo terapéutico, percibía a mi padre como un alcohólico, maltratador y violento, y a mi madre, como una niña perdida, simple y víctima. Esto me situaba en una mala posición en cuanto a la autoridad, y siempre andaba rebelde y salvando a las mujeres. Hoy, cuando hablo de ellos, los describo con mucho más amor, y a mi padre lo veo como un hombre luchador y cariñoso que sufría mucho por la temprana muerte de su padre, y a mi madre como una mujer inteligente, amable, fuerte y amorosa. El trabajo terapéutico me ayudó a ver partes del guion que, de niño, no podía ver. Y, al percibir y comprender la historia completa de mis padres y su sufrimiento, cambiaron mis sentimientos hacia los hechos que viví con ellos.
Lector, lectora, ¿te animas a hacer tu propia Biografía Emocional para ver si, al final del libro, ha cambiado, de alguna manera, tu forma de percibir las vivencias de tu vida?
GISELA: No tengo muy claro si en el hospital donde nací se equivocaron de niña y les dieron a mis padres la hija de otro matrimonio, porque siempre me he visto muy diferente a mi familia. Mi madre me contó que pasé un tiempo en la incubadora, quizá eso me marcó, porque solo me siento segura encerrada en mi casa y siempre tengo la sensación de que estoy sola, que nadie vendrá a por mí. Mi madre creyó que no sobreviviría y se desconectó emocionalmente de mí, para no sufrir si me moría. Creo que tampoco era una hija deseada y que trunqué los proyectos de mis padres. Así recuerdo mi primera infancia, con la sensación de que mis padres no me veían realmente; sin embargo, sí sentía que otros me miraban: los fantasmas. Desde muy pequeña tenía la sensación de que había gente conmigo en la habitación, aunque no veía a nadie. Por un lado, me daba mucho miedo, y por otro, me sentía acompañada. Me viene un recuerdo de mí en la cuna, en la planta de arriba, donde dormía, y sentía soledad y miedo porque mis padres estaban abajo y yo sentía una presencia a mi lado. Ahora me doy cuenta de que sentir estas presencias me ha hecho sentirme especial y diferente a los demás, y eso me gustaba, aunque me diera miedo. Y me da vergüenza reconocer esto.
Recuerdo haber tenido vergüenza desde muy pequeña. Enseguida empecé a mostrar cosas de mi forma de ser que no gustaban a los que me rodeaban y me ridiculizaban, así que comencé a sentir que era errónea e inadecuada.
También tengo recuerdos felices, como por ejemplo la Navidad de mis 5 años en la que fuera nevaba y, dentro de casa, estábamos todos comiendo y riendo al lado del abeto cubierto de regalos. Mis padres sonreían y olía a comida navideña y a dulces. A veces, algunos olores me llevan a ese recuerdo, y creo que llevo toda la vida buscando ese tipo de sensación en otros lugares y en otras personas.
En el colegio recuerdo que intentaba «ser invisible» y me escondía por los rincones, aunque no lo conseguía porque los profesores siempre se fijaban en mí y me sentía observada. Cuando algún profesor se acercaba a mí, sentía mucha vergüenza y lo veía como una amenaza, siempre he sentido que la gente me quiere hacer daño. Si lo que quería era ayudarme y ser amable conmigo, me costaba mucho aceptarlo y me ponía arisca. Me hacían sentir incómoda las muestras de afecto de los adultos. Siempre fui buena estudiante, aunque mi atención siempre estuvo más puesta en las relaciones.
En clase tenía una «amiga del alma» con la que hablábamos de nuestras cosas, nuestra relación era muy profunda. Sentía que ella me comprendía y yo la comprendía a ella. Por fin había alguien ahí.
Recuerdo, sobre los 9 años, al llegar de la escuela, muchas tardes de soledad en mi habitación. Me sentía decepcionada y furiosa «con el mundo» y, en mi fuero interno, pensaba que, si me quedaba ahí sola, mis padres se darían cuenta y vendrían a por mí, pero eso no pasaba. Así que aprendí a soñar y escribir historias de amor sobre niñas preciosas y valientes que no necesitaban a nadie y que encontraban al amor de su vida cuando se hacían mayores y eran felices para siempre.
Recuerdo tener siempre un sentimiento de melancolía que, por un lado, me hacía sufrir, y por otro, me producía dentro una sensación de seguridad. La tristeza ha sido siempre un lugar conocido y cómodo, es «como estar en casa».
Durante mi adolescencia «mi único hogar» era mi interior y mi familia me entendía cada vez menos, y me juzgaban y rechazaban cada vez más. El verdadero amor de mis historias no llegaba y las cosas no cambiaban. Empecé a maltratarme, tomaba alcohol e incluso llegué a cortarme con un cúter porque necesitaba castigarme por ser como era. Por fin tuve mis primeras experiencias con chicos y eso me hacía sentirme especial y amada, aunque pronto averigüé que duraba poco, porque rompía con ellos cuando dejaba de sentir intensidad. En alguna ocasión me he dejado maltratar por las parejas, incluso hubo uno que era mayor que yo que intentó estrangularme y yo, aun así, seguí unas semanas más con él. Siempre que he encontrado un chico he creído que «era él» pero, al cabo de pocos meses, he sentido una decepción al conocerlo realmente y esto hoy en día aún me ocurre, como con mi última relación. También en eso siento que soy defectuosa, ya que mis amigas sí se quedan con sus novios en relaciones más largas e incluso «para siempre».
En la actualidad, «sigo siendo la misma» y con poca esperanza en que cambien las cosas: en los trabajos soy bastante buena, aunque nunca gano lo suficiente, con mi familia no me entiendo, tengo algún «amigo del alma» y sigo sin encontrar al amor de mi vida.
ANTONIO: Fui el segundo hijo de mis padres. Desde muy pequeño sentía que era poco significativo para ellos, ya que andaban ocupados con mi hermano mayor y con sus discusiones. Muchas noches, desde mi cama, oía a mis padres hablar, no sabía de qué, y me entraba mucho miedo porque pensaba que se querían deshacer de mí. En otras ocasiones no entendía de qué hablaban, pero mi fantasía era que me querían abandonar porque era una carga para ellos, creo que el cuento de Pulgarcito latía en mi cerebro. Yo veía el mundo lleno de peligros y me veía incapaz de sobrevivir solo, sin la protección de mis padres. De pequeño dependía absolutamente de ellos y me volví un niño dependiente de mi madre, ya que ella me decía cómo tenía que hacer las cosas, porque como las hacía yo estaban mal hechas. Mi padre era muy autoritario y le tenía mucho miedo. También temía que, si no me portaba bien, me castigara. Oía hablar a mi padre de lo peligroso que era el mundo y de que, gracias al dinero que él traía a casa, las cosas iban mejor. Yo pensaba: ¡Dios mío!, ¿cómo haría yo para sobrevivir sin dinero? Mi madre era muy controladora y cambiante de emociones, me podía retirar su amor en un instante si estaba furiosa y de un modo inexplicable. Eso me provocaba mucha inseguridad. Me quería ganar la aprobación de mi madre, pero solo lo conseguía cuando ella estaba de buenas. Intenté llegar a mi padre, pero era demasiado distante y aprendí a portarme bien para que me quisiera. De hecho, me sentía siempre muy desamparado, sin un lugar seguro a donde ir.
En el colegio también sentía que debía vigilar a mis profesores para prever sus cambios imprevisibles de humor o de comportamiento. Muchas veces me sentía avergonzado. Mis padres se trasladaron un par de veces de casa, por el trabajo de mi padre. Llegué a pensar que se olvidarían de mí al hacer el traslado. Nunca podía estar relajado del todo, ni en la escuela ni en casa, siempre estaba asustado. Mi sensación constante era y es: si puedo mantenerme alerta ante todos los peligros posibles y hallo aliados confiables, quizá estaré seguro. Por eso en la escuela hice un amigo, que era el más fuerte de la clase, y así me sentía protegido. Lo mismo hice de mayor en la mili, escogí al más fuerte del grupo para que me protegiera ante los «grandes peligros». Mi adolescencia fue una constante rebeldía encubierta hacia mi padre y, de escondidas, hacía las cosas que a él no le gustaban, como drogarme, pertenecer a sectas, etc., buscando apoyo. Tardé mucho en atreverme a tener relaciones sexuales, ya que me daba pánico acercarme a las mujeres que me gustaban, por miedo a que me rechazaran.
He tenido siempre la sensación de que la duda me acompaña y de que el mundo es un lugar amenazante.
Con mis parejas siempre he buscado la lealtad en ellas, y constantemente estoy en duda y les pregunto: ¿todavía me quieres? Estuve casado casi catorce años con Claudia y tenemos una hija de 12 años. Ahora llevo dos con Ana. Mi miedo es que también me deje por ser «un cobarde». Con Claudia no hay manera de entendernos, me echa en cara que estoy poco con Jana y que me interesa más mi pareja que mi hija. Este tema me agobia mucho, porque siento que las mujeres me riñen continuamente. Con el trabajo también me pregunto: ¿prosperaré? Aunque tengo títulos universitarios siempre pienso que van a averiguar que soy un fraude. Con mis superiores, siempre estoy alerta y creo que me van a despedir en cualquier momento. Y necesito el apoyo externo para que me digan que trabajo bien, cosa que curiosamente sucede a menudo, aunque yo dude de ello.
He dependido bastante de las mujeres y de mis parejas y les he dado mucho poder sobre mí.
XAVI: Desde muy pequeño aprendí a cuidar de mí mismo. Recuerdo que mis padres discutían mucho entre ellos porque mi padre bebía mucho, y yo me metía en mi habitación y pensaba que eso era parte de un sueño del que me iba a despertar en cualquier momento, y vería que todos se llevaban bien y era perfecto. Todavía a veces tengo dudas y creo que sí se llevaban bien y que todo esto me lo imaginé. Como era un sueño, en él yo aprovechaba para imaginar que rescataba a mi madre de las amenazas de mi padre y yo era el héroe que la salvaba y la hacía feliz, por supuesto más que mi padre.
Por las noches pasaba miedo y llamaba a mi madre y no venía, pero yo me inventaba que era un valiente que no necesitaba a nadie.
