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Ya hice el reseteo y ahora, ¿cómo sigo? • Qué como en las reuniones sociales • Cómo reemplazo las harinas y los edulcorantes • De qué manera organizo una alacena saludable • Cómo creo el hábito del ejercicio físico • Cuáles son las claves para integrar la alimentación sana en mi familia • De qué manera incorporo el ayuno intermitente y los suplementos El doctor Facundo Pereyra, especialista en medicina interna, gastroenterología y endoscopía digestiva, autor best seller de Resetea tus intestinos, con más de 380.000 seguidores en su Instagram, te ofrece una guía única con recetas fáciles para eliminar los últimos síntomas, sostener los cambios y lograr bienestar todos los días.
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Seitenzahl: 197
Veröffentlichungsjahr: 2023
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@editorialelateneo
A mi vieja, Susana Grisanti, que me regaló una infancia soñada.
A mi hermano, Lisandro, por su presencia permanente.
A mi amigo, Rodrigo Scianca, por ayudarme a no terminar quemado en este viaje.
A mi amiga, Roberta Tello, por darme el apoyo necesario en las épocas más difíciles.
A mi amigo, Carlos Peralta, guardián del proyecto desde el viejo continente.
A mi amiga, Jor Racciatti, por trabajar desinteresadamente en el proyecto y sumar mucho.
El día antes de ir a la feria del libro, Caro, la coordinadora de la editorial El Ateneo me dijo: “Facu, preparate que vas a tener una de las emociones más fuertes de tu vida”. Un poco exagerado, pensé. Confieso que no soy un escritor avezado, ni mucho menos: todo lo contrario. Me animo a confesarles que antes de este libro no podía escribir ni el papel de los mandados. Sin embargo, el día que recibi el mail de la editorial, con la invitación para escribir un libro, sentí que se me daba la oportunidad de mi vida para difundir mis descubrimientos y no lo dudé ni un segundo.
Haber sido convocado por la Editorial El Ateneo tenía un sentido especial. La librería El Ateneo tenía un valor afectivo para mí, ya que representaba un paseo obligado de los fines de semana en mis últimos años en Capital Federal durante la residencia de Gastroenterología. Solía visitar la librería más linda del mundo para tomar café y pasar tardes enteras hojeando libros. El amor a las librerías me lo transmitió mi padre. Me llevaba siempre a mirar y se compraba todo librito que encontraba. Con mi madre, le hacíamos chistes porque, muchas veces, adquiría algunos repetidos. El Ateneo me quedaba a 2 cuadras de casa, y, en el edificio de al lado, vivía mi tía Salma, así que, muchas tardes, ella bajaba y nos quedábamos horas charlando mientras hojeábamos libros sentados en el café.
Confieso que no me resultó nada fácil el proceso del libro. Estaba con mucho trabajo atendiendo a pacientes y ocupándome de las necesidades de los grupos que hacían el programa Medicina de Bienestar en 15 días. Mi bebé Benita tenía algunos meses y no dormía. Fueron tiempos duros, cuando nos despertábamos 3 o 4 veces a la madrugada a darle el biberón. Cuando podía, escribía unas líneas. Entonces, todo el proceso me llevó más de un año.
Cuando llegó, finalmente, el tan deseado día de la presentación, sentía un doble orgullo. Por un lado, el hecho de haber completado la obra y, por otro, la emoción de presentarlo en la Feria del Libro de Buenos Aires. Durante mis años de estadía en Capital —que fueron como 18—, casi diría que no me perdía una Feria del Libro. Tal vez, por haberme criado en un pueblo. Siempre me sentí atraído por las ferias o cualquier evento que combinara multitudes, stands y shows. En mis paseos por la feria, a veces, me detenía por un momento a escuchar a algún autor presentando su libro y pensaba qué lindo sería escribir uno algún día, pero qué inalcanzable que parecía. Ni por casualidad me imaginaba que este día llegaría a mi vida.
Sucedió que, finalmente, ese día de la presentación en La Rural terminó siendo una de las pocas veces que lloré en mi vida. Vinieron a verme mis padres (que estaban de casualidad en la ciudad); mi hermano, Lisandro, con su respectiva familia; todos mis amigos de Cipolletti que vivían en Buenos Aires —que eran como 12—; algunos parientes y Rodri Scianca, mi amigo desde jardín de infantes, que tomó el avión desde Cipolletti exclusivamente para el evento. Ya estaba emocionado solo por tener a mis afectos acompañándome. Luego, llegaron otras sorpresas: los lectores.
Durante los primeros 10 minutos de haber empezado a firmar libros, recibí una seguidilla de 3 o 4 personas que me habían venido a ver de distintos puntos de la Capital especialmente para conocerme y contarme cómo, gracias a mi método, concretado a distancia a través de las redes, habían logrado mejorar su calidad de vida. Entre tantas demostraciones de afecto, inesperado para mí, ya estaba tan emocionado que, cuando conocí a la última persona que se acercó ese día, no pude contener las lágrimas. Había viajado 2 horas en colectivo desde Merlo para agradecerme: después de 5 años, había podido volver a librarse del propio encierro provocado por un cuadro de dolores abdominales crónicos graves que no lo dejaban salir de su casa. Le vi en los ojos lágrimas que desencadenaron las mías. Una emoción solo igualada por el momento en que nació cada una de mis hijas. Muy impactante.
Todo esto pasó ese día, y, las siguientes semanas, entendí que, en ese libro, había plasmado y organizado por primera vez las ideas sobre las que había pensado durante tantos años de práctica. Para mi sorpresa, lo que más impactó a los lectores fue mi historia personal de casi una década desaprovechada padeciendo ansiedad crónica hasta que logré cambiar de hábitos con mucho esfuerzo. Mucha, muchísima gente se sintió identificada con mi historia, lo cual, en otro aspecto, tal vez, no me sorprenda tanto, porque —más allá de nuestras historias personales o familiares— la gran mayoría de las personas comparte el dolor de sentir que no puede, que algo no está bien en su vida, pero no sabe cómo cambiar.
Creo que el principal legado o utilidad de aquel primer libro residió en aclarar un mar de dudas que sufrían los pacientes con enfermedades crónicas que no estaban respondiendo con la medicina convencional y que buscaban —a veces, con desconfianza— tratamientos alternativos. En definitiva, se trató de una guía científica del sentido común —si cabe la paradoja— en este tortuoso camino de sanación para miles de personas.
Jamás me hubiera imaginado que iba a llegar a convertirse en un best seller en la Argentina. Canté y grité como un niño, no tanto por el “éxito”, sino por la aceptación que tuvo entre quienes no me conocían y el agradecimiento entre quienes sí ya habían probado mi propuesta.
Recuerdo el día en que mi amigo Rodri Scianca me envió un mensaje con la foto de mi libro en primer lugar del ranking de esa semana. Sigo siendo un médico de un pueblo, que, hasta 2021, jamás había escrito y, de golpe, ahora compartía el ranking con autores muy respetados, queridos y conocidos, que llevaban años publicando. Todo me parecía increíble. Una caricia al ego, claro que sí: quién no se deslumbra con podios, el gratificante #1 del top 100 de los más vendidos. Sin embargo, enseguida comprendí que las ventas iban y venían, así como las escaladas hasta lo más alto o las bajadas estrepitosas. Todo ello tiene el riesgo de convertirse en un espejismo, la ilusión del supuesto éxito o de haber “llegado” a algún lugar.
Entonces, entendí también que me habían quedado varias cuestiones en el tintero. Desde que presenté el libro hasta hoy, transcurrieron varios meses. Ya lo hice en más de 10 ciudades. En la mitad de ellas, fui invitado exclusivamente para conversar sobre el libro; en las otras, aproveché viajes de turismo para despuntar el vicio. Aunque, en realidad, presentar el libro solo es una excusa: mi objetivo y mi pasión surgen de escuchar y orientar a los oyentes. Descubrí que me encantaba contar mi método, pero más me gustaba tratar de ayudar a la gente que se acercaba a verme con sus problemas a cuestas. Por eso, en mis últimas presentaciones, decidí organizar la charla de modo tal que pudiera optimizar mi ayuda comunitaria. Inmediatamente después de contar de qué se trata el libro, pregunto al público por sus dolencias y explico, a través de esos casos reales que me van relatando allí mismo, cómo organizar el método para cada patología.
Por supuesto, se sumaron algunas anécdotas divertidas durante el recorrido. Por ejemplo, en Villa Regina, en el medio de la charla en un colegio público, entró un señor un tanto “pasado de copas” que insistía en preguntar sobre “los bichitos de su caca”. En Santiago del Estero, una señora me preguntó si podía hacer un ejercicio de relajación previo que nos encantó a todos. En General Roca, fui a la charla solo con mi hija Benita, de 13 meses, que subía al escenario pidiendo upa. Conocí gente muy agradable e interesante durante mis charlas. Este ida y vuelta con las personas, para mí, es increíble. De hecho, creo que descubrí una pasión más en mi vida: charlas comunitarias con idea de consultorios grupales.
La otra cara de la moneda, sin duda, es que, en estos viajes, siento que descuido un poco a la familia. Mis hijitas y mi mujer me extrañan cada vez que me voy como yo a ellas.
Pasada la tormenta emocional de la presentación en las semanas siguientes, comencé a pensar en un segundo libro. Había tanto más para decir…
Con los días, sentí el impulso de hacer la parte 2 del libro, algo que sirviera como una guía con sentido común y ciencia para organizarse, para comer bien, para alejar enfermedades, para vivir más años. Y, ¿por qué no?, también para hablar del ayuno intermitente, un antes y un después en mi vida emocional. Necesito compartirlo para que otras personas puedan utilizarlo en beneficio propio.
De hecho, muchos pacientes, después del plan de 15 días, se sienten espectaculares porque no les queda ningún síntoma; la piel se pone más linda; la mente, más clara; la digestión, imperceptible. Pero otros persisten con síntomas y se encuentran un poco perdidos. Para ellos, en nuestras redes, desarrollamos un nuevo programa, en el que nos contactamos con cada participante para redireccionar el tratamiento siguiendo un protocolo.
Por todos estos motivos, ideé este nuevo libro con el objetivo de difundir nuestro protocolo de seguimiento, a fin de explicarle al lector los pasos por seguir para terminar de sanar luego de probar el plan de 15 días detallado en el libro Resetea tus intestinos.
En esta nueva obra, mi idea es acompañar la vida “luego del reseteo”, que el lector conozca y se informe de lo último de la ciencia en cuanto a calidad de vida y longevidad.
El desafío radica en transmitirles a los lectores en qué consiste nuestro camino terapéutico en caso de persistencia de síntomas luego del día 15 y cómo seguir diariamente con una nueva alimentación saludable, la vida social, las salidas y cómo organizar la heladera y la cocina. Por eso, también agregamos una parte íntegra dedicada a las recetas con opciones para las 4 comidas diarias.
Quisiera compartir con los lectores mi mirada integrativa de la salud para que las personas sanen y logren el ansiado “síntoma 0”, que creo que es posible. Con la información adecuada y las herramientas terapéuticas de vanguardia, considero que hoy está al alcance de todos sentirse en plenitud, libres de enfermedades y gozar de una vida larga y feliz.
¿Por qué no mejoro a pesar de hacer el plan? ¿Hay algo que hice mal? ¿Ya no tengo remedio?, ¿soy yo?, ¿estoy más enfermo que el resto? ¿Tengo que hacerlo de vuelta?”.
Si no mejoraste o mejoraste poco a pesar del plan, no te preocupes, no significa que hiciste algo mal o que ya no tienes remedio ni que estás más enfermo que el resto ni tampoco que tienes que hacerlo de vuelta. Tenemos calculado que hay un 10 % de las personas que no mejora del todo con la fase inicial. En realidad, el método del reseteo incluye tres pasos, y el plan de 15 días presenta solo un primer escalón inicial.
En esta época de algoritmos informáticos, nos hemos habituado a escuchar la palabra “algoritmo” como parte de la vida cotidiana. Pero, seguramente, no escuchaste la expresión “algoritmo terapéutico”. Se trata de una serie de medidas de tratamiento escalonadas, practicada una tras otra hasta que el paciente resuelve sus síntomas o enfermedades. El reseteo intestinal tiene un algoritmo terapéutico de 3 o más pasos. Todo aquel que no mejora en el primer escalón pasa al segundo, y el que no mejora en el segundo pasa al tercero, y así puede haber muchos escalones.
El primer escalón del reseteo, efectivamente, es el programa de 15 días que denominamos Medicina de Bienestar en 15 días (MDB15). Como ya mencionamos, comprende nuestra propuesta terapéutica inicial para aquellas personas con síntomas digestivos y extradigestivos que sumen más de 6 puntos en el autotest. Se materializa en 15 días de descanso digestivo a través de dieta de eliminación, suplementación y gestión activa del estrés.
Ya sabemos que —en promedio— entre un 10 % y un 15 % de las personas no se mejoran con el primer escalón y necesitan pasar al segundo.
Si sientes que estás en ese 10 % que requiere los otros escalones, no te desilusiones. Tal vez, necesites dejar de comer los alimentos ricos en histamina de la dieta por un tiempo. O, quizás, tengas que usar algún antimicrobiano (antibiótico, antimicótico o antiparasitario) para acomodar tu microbiota y terminar de sanar o un laxante fuerte o un protector gástrico. Si tu punto máximo de dolor está en las articulaciones o enfermedades autoinmunes, tal vez, necesites suplementación antiinflamatoria específica.
Para muchas personas, el último as bajo la manga puede representar un tratamiento neuromodulador.
Los fármacos conocidos antiguamente como antidepresivos tienen la función de, por un lado, elevar la serotonina en el cuerpo y, por el otro, bajar la sensibilidad de los órganos, a fin de mejorar la ansiedad, el insomnio y la depresión.
Ahora bien, nuestro método beneficia en la salud a la mayoría de las personas que tienen los síntomas del intestino permeable, población representada por un autotest igual a 6 o mayor. Sin embargo, algunos pacientes persisten con síntomas, y otros incluso empeoran su situación actual.
Lo primero que debemos identificar, ante estos casos, es si la dieta fue respetada a rajatabla, ya que el más leve cambio puede afectar los resultados. Por ejemplo, ingerir algunos de los alimentos no permitidos, incorporar por error gluten, lácteos o azúcar antes de los 15 días, por más mínima que sea la cantidad, puede generar un aumento de la permeabilidad intestinal, cuyos efectos nocivos pueden durar hasta 7 días. Por este motivo y para no confundir los resultados, en estos casos, es obligatorio volver al inicio del plan: otra vez al día 1.
Pero, a veces, sucede que las personas respetan el plan religiosamente y se desilusionan cuando llegan al día 15 sin registrar cambios o, tal vez, mejoran de manera parcial. Un comentario que recibo a menudo es el siguiente: “Doc, me daba una bronca porque en el grupo todos iban bárbaro, menos yo, que no mejoro”. Antes de contarte en qué consiste el segundo paso, aclaro que el esfuerzo no fue en vano. Al no mejorar con el plan, se descarta el diagnóstico de las intolerancias alimentarias más comunes. Y esto es muy importante para cualquier persona con problemas crónicos de salud, ya que implican molestias específicas en más del 30 % de la población. No existe hoy en el mundo ningún test para descartar intolerancias alimentarias confiable y validado científicamente. Haber llegado hasta acá y no haber mejorado significa descartarlas, lo cual ya nos sirve muchísimo como herramienta diagnóstica.
No haber mejorado o incluso haber empeorado indica que la causa del intestino permeable para esta persona reside en otro lado: no se debe a los alimentos “clásicos”, como el gluten, los lácteos y el azúcar, sino a otros factores, que serán atendidos en las próximas instancias del método, como los problemas de la microbiota, el estrés o la intolerancia a la histamina de la dieta.
Entonces, cuando un paciente llega al día 10 del programa habiendo respetado las recomendaciones dietéticas a rajatabla sin mejoría visible, implementamos el próximo paso que consiste en evaluar si es o no intolerante a la histamina. Tiene similar cuadro clínico al intestino permeable, pero distinto enfoque terapéutico. A través de la confección de un autotest orientativo que diseñé para dicho diagnóstico, podremos sospechar que el paciente padece intolerancia a la histamina si suma 6 o más puntos.
Entonces, si el paciente suma 6 o más puntos en este autotest, el próximo paso consistirá en retirar los alimentos ricos en histamina por 5 días de la dieta del reseteo y agregar un antihistamínico. Si se revierte el cuadro se sospechará como diagnóstico final intolerancia a la histamina. Si la persona suma 6 puntos o menos en el autotest se procederá a retirar cereales (maíz, quinoa, trigo sarraceno y arroz), legumbres y semillas. A esta acción la denominamos protocolo de rescate. Si el paciente resuelve el cuadro se interpretará como intolerancia a alguno de los alimentos retirados en esta instancia y luego se volverán a introducir en la fase 2, uno a uno, para señalar el alimento problema. En caso de que el paciente no responda a los pasos anteriores se procederá al tercer paso: fármacos y suplementos.
Según cada situación clínica, se plantearán distintas opciones terapéuticas:
1 Persistencia de síntomas digestivos bajos: distensión, dolor abdominal bajo, diarreas o constipación. En este caso, nuestra estrategia se centrará en el uso de antibióticos locales para recuperar la microbiota saludable porque tienen excelente respuesta en gastroenterología, ya que solo matan las bacterias fermentadoras y no alteran las bacterias buenas. Ante la falta de mejoría luego de los antibióticos, tendremos en cuenta el sobrecrecimiento de unos hongos, llamados cándidas, en el intestino, más aún si existen cándidas o molestias vaginales. En estos casos, se agregarán suplementos naturales antimicóticos, como aceite de orégano. Si no hay respuesta, se evaluará el tratamiento con antimicóticos sistémicos o antiparasitarios. Ante la persistencia de los síntomas digestivos, se deberán considerar el uso de medicamentos neuromoduladores y la evaluación con el especialista.
2 Si persisten los síntomas digestivos altos (náuseas, ardor, acidez, dolor en la boca del estómago o dolor con el estómago vacío), se considerará el uso de protectores gástricos durante 3 días. En caso de mejoría, se continuará con el tratamiento por 1 mes y se indicará la evaluación con el especialista. Si no hay respuesta, se considerará el uso de neuromoduladores específicos para el estómago bajo prescripción médica.
3 En caso de falta de respuesta de los síntomas extradigestivos, como cefalea, fatiga crónica, dolores musculares, articulares, problemas en la piel o enfermedades autoinmunes, entre otros, nuestra indicación es agregar suplementos antiinflamatorios, como silimarina, cúrcuma y pimienta negra. Es importante también la suplementación con omega-3 y chequear los valores de vitamina D. Ante la falta de respuesta, será necesario evaluar el uso de neuromoduladores.
• Los medicamentos neuromoduladores se posicionan como el último as bajo la manga en el camino terapéutico para la mayoría de las situaciones descriptas. Los indicamos si el paciente no mejora su cuadro global o si mejora, pero persisten síntomas con los pasos anteriormente mencionados o si padece algunos síntomas anímicos asociados, como insomnio, nerviosismo, irritabilidad, contracturas, miedos, angustia o tristeza. Nuestra propuesta será modular la serotonina. En estos casos, se deriva a un especialista o para iniciar tratamiento con neuromoduladores con el fin de disminuir la hipersensibilidad de las vísceras y mejorar el insomnio, la ansiedad o la depresión.
Es importante resaltar que nuestros consejos no deben reemplazar, en ningún momento, la consulta médica. En casos de falta de respuesta, siempre se debe recurrir a la evaluación del médico para analizar la posibilidad de realizar endoscopía, ecografía abdominal o análisis de sangre con el fin de descartar cualquier enfermedad orgánica.
Con frecuencia, los pacientes que lograron mejoría con el plan, después del día 15, toman conciencia de qué alimentos les caen mal cuando los reintroducen en su dieta diaria. Por consiguiente, los retiran por un tiempo, pero luego muchos —con el trajín de la vida— vuelven a introducirlos y a sentirse mal.
Doctor, anduve muy bien con el plan, pero me costó mucho sostener la dieta.
Uno de los aspectos fundamentales en el reseteo es que los pacientes logren descifrar qué alimentos les hacen mal. Así, una vez que la persona mejora ampliamente, debe estar atenta a cualquier síntoma que aparezca al reintroducir algún alimento que levantara la sospecha diagnóstica de intolerancia alimentaria. Se trata de una información imprescindible porque empodera a los pacientes y les da la posibilidad de elegir el camino por seguir, pero, más que nada, les da tranquilidad. Saber de dónde viene el problema otorga beneficios físicos y psicológicos.
Solemos observar, en nuestra práctica médica, que —a pesar de la clara mejoría— los pacientes retoman sus viejos hábitos alimentarios de manera gradual. En el transcurso de 2 meses, suelen recaer en los viejos patrones de alimentación adquiridos en el trascurso de los años... Si a ello le sumamos algún evento que fogonea el cuadro, ya que aumenta la hiperpermeabilidad intestintal, como tomar un antibiótico o estar demasiado nervioso, ahí empiezan los problemas de nuevo y es muy común que el paciente, tarde o temprano, vuelva a sentirse mal.
En estos casos, recomendamos repetir el proceso de fase 1 durante unos días hasta que desaparezcan los síntomas. Y luego volver a la dieta habitual, pero evitando los alimentos que se descubrió que no se toleraban.
Aquellos que logran entender la relación directa entre un alimento y su malestar, tarde o temprano, cambiarán su alimentación para siempre.
En pocas palabras, es esperable que las personas vuelvan a los viejos malos hábitos de alimentación después del reseteo. Pero, con el tiempo, este proceso dejará una información que se erigirá como pilar fundamental en el proceso del cambio sostenido en el tiempo.
Algo concreto referente al tema está estudiado con las personas que deben dejar de comer gluten por cuestiones de salud. Se sabe que el promedio de tiempo que una persona con diagnóstico de sensibilidad al gluten no celíaca logra adaptarse a su nueva dieta sana sin deseos ni sufrimiento psicológico ronda los 3 años. Suelo decirles a mis pacientes luego del reseteo que es esperable que recaigan. Sentirse mal una y otra vez, en ocasiones, es necesario para que el tiempo genere el cambio de hábito.
En mi historia personal, cuando, a los 33 años, tuve mi crisis de vida o depresión, intenté dejar el gluten y el azúcar 1000 veces, pero, por mi estado anímico, no lo lograba superar más allá de unos días. Hoy, con el paso de los años, ya no los deseo y me sorprendo a mí mismo cuando miro una torta en un cumpleaños y no me mueve ni un pelo. Increíble para mí, que vivía pensando en comer harinas y dulces todo el tiempo. Todos los días.
Así que te digo esto: paciencia; si te lo propones, lo vas a lograr.
Algunos alimentos son adictivos para el cerebro. Se estima que las adicciones alimentarias al azúcar, al trigo y a los lácteos afectan al 15 % de la población y se imponen como el obstáculo mayor para alguien que se propone empezar a comer saludable. Para muchos, representan adicciones tan potentes como las de las drogas, el alcohol o el tabaco y, en el cerebro, comparten los mismos circuitos patológicos de necesidad y recompensa.
Estoy convencido de que el principal impedimento para el cambio es la adicción alimentaria. Muchas personas quieren comer mejor, pero, sencillamente, no pueden. Algo similar a lo que ocurre con los fumadores que quieren dejar de fumar porque saben que les hace mal, pero no lo logran por sus propios medios.
