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Cada vez más personas sufrimos hinchazón, gases, dolor abdominal o molestias después de comer, sin encontrar respuestas ni soluciones duraderas. Sabemos que algo no está bien en nuestros cuerpos, pero ¿cómo identificar si es SIBO y qué hacer al respecto? Facundo Pereyra, especialista en medicina interna, gastroenterología y endoscopía digestiva, y autor del bestseller Resetea tus intestinos, nos ofrece esta guía práctica para detectar el SIBO, aliviar los síntomas y restaurar el equilibrio digestivo de manera sostenida. Una guía clara, accesible y basada en evidencia sobre el sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado (SIBO), una condición digestiva cada vez más diagnosticada pero aún poco comprendida. Con un enfoque integrador, el autor detalla los síntomas, las causas y los niveles del SIBO, ofrece herramientas para su diagnóstico y tratamiento, y presenta un completo plan de alimentación para revertirlo. A través de casos clínicos, recomendaciones prácticas y su experiencia como gastroenterólogo, invita a las personas a reconectar con su cuerpo y recuperar su bienestar intestinal. Enfoque integral que contempla intestino, emociones, estilo de vida y suplementación. Explicaciones claras desde una mirada médica integrativa y basada en la práctica clínica y casos reales. Contenido práctico y aplicable: Incluye autotests de diagnóstico orientativo para SIBO e intolerancia a la histamina; plan alimentario detallado en dos fases, con recetas y ejemplos de menús; suplementos y hábitos concretos.
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Seitenzahl: 111
Veröffentlichungsjahr: 2025
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Durante años, miles de personas han convivido con hinchazón, malestar digestivo y síntomas que parecían no tener explicación. Muchos recibieron diagnósticos como colon irritable o intolerancias alimentarias, sin saber que detrás de sus molestias podía esconderse otra condición que ha comenzado a ganar visibilidad: el sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado (SIBO, por sus siglas en inglés).
El SIBO es una entidad que hemos comenzado a comprender mejor en los últimos años. Aunque su nombre pueda sonar novedoso, siempre estuvo presente, pero a lo largo de mucho tiempo fue visto como un trastorno poco común o mal comprendido.
Durante mis años de formación en clínica y gastroenterología, el SIBO era considerado un caso raro, casi exclusivo de pacientes con problemas anatómicos en el intestino, como oclusiones o deformidades que dificultaban su funcionamiento normal. En esos escenarios, bastaba con administrar un antibiótico y los síntomas desaparecían con rapidez.
Recuerdo que, en el Hospital Udaondo, el doctor Bustos Fernández estaba convencido de que algunos pacientes con colon irritable podían tener un problema con microorganismos que crecían en exceso en el intestino y generaban síntomas como hinchazón, dolor y diarrea. Curiosamente, muchos de estos pacientes mejoraban al recibir ciprofloxacina, un antibiótico que no es el mismo que usamos actualmente en el tratamiento del SIBO, ya que hoy contamos con opciones menos invasivas y mejor toleradas.
Aunque en ese momento no se hablaba específicamente del SIBO, con el tiempo quedó claro que aquel fenómeno coincidía con lo que hoy entendemos sobre esta condición. A medida que se profundizó en su estudio, surgieron herramientas que permitieron identificarlo con mayor precisión.
En los últimos años, la llegada del test de aire espirado marcó un antes y un después en el diagnóstico del SIBO. Su simplicidad y su accesibilidad de uso hicieron que se adoptara rápidamente en la práctica médica. Como resultado, muchas personas que hasta entonces habían sido diagnosticadas con colon irritable comenzaron a recibir un nuevo diagnóstico: SIBO.
El uso masivo del test provocó un crecimiento exponencial en los diagnósticos. De pronto, aquellos pacientes que durante años habían tenido problemas digestivos ahora eran etiquetados como casos de SIBO. A pesar de este boom, muchas personas que recibieron el diagnóstico y siguieron el tratamiento no lograron resolver sus síntomas por completo, lo que generó una gran incógnita: ¿por qué?
El problema radica en que el test de aire espirado no es perfecto: tiene una tasa de falsos positivos y falsos negativos cercana al 30%. Esto significa que algunas personas que reciben un diagnóstico de SIBO en realidad no lo tienen, mientras que otras que sí lo padecen no logran ser identificadas. En muchos casos, quienes obtienen un resultado positivo reciben antibióticos y no mejoran, mientras que otros pacientes con síntomas claros quedan sin tratamiento porque el test no los detecta.
A pesar de sus limitaciones, la prueba de aire espirado ha tenido un impacto importante en la práctica médica. Antes de su llegada, la gente tenía una gran resistencia a recibir antibióticos sin una confirmación clara. Aunque como profesional no la utilizo como método de diagnóstico, esta ha aportado una base de conocimiento que nos permite entender mejor el SIBO, identificarlo con mayor precisión y tratarlo de manera más efectiva.
En mi opinión, su mayor contribución no está en la precisión diagnóstica, sino en haber puesto el tema sobre la mesa. Muchas personas con síntomas crónicos han podido encontrar algo de tranquilidad al recibir un nombre y apellido para su condición.
Ahora bien, aunque contar con una posible explicación para sus molestias es un primer paso, lo fundamental es entender cómo este desequilibrio impacta en sus organismos y qué estrategias pueden ayudarlos a revertirlo de manera efectiva.
En los casos en que el SIBO está presente, encontramos bacterias que han migrado al intestino delgado, donde fermentan y generan un estado irritativo.
Para entenderlo de manera más sencilla, podemos imaginarlo como si las bacterias del intestino grueso se mudaran a un lugar donde no pertenecen: el intestino delgado. En esta zona, fermentan los alimentos antes de tiempo, generan gases, inflamación y molestias como hinchazón, dolor abdominal, diarrea o estreñimiento. Pero su impacto no se limita al sistema digestivo: también puede alterar la permeabilidad intestinal y desencadenar síntomas extradigestivos.
En estos escenarios, la estrategia terapéutica debe centrarse en restaurar el equilibrio intestinal y fortalecer la barrera digestiva para evitar que estos procesos se sostengan.
Para lograrlo, en mi práctica diaria implementamos diferentes abordajes según cada paciente. En muchos casos, el antibiótico se convierte en un arsenal terapéutico cuando otras intervenciones no han sido suficientes para revertir los síntomas. Sin embargo, el tratamiento no se basa únicamente en fármacos.
Nuestro enfoque principal es el programa de reseteo intestinal, un método que aplicamos en mi institución bajo el nombre de B15. Este plan busca mejorar la microbiota y la salud digestiva mediante la eliminación de ciertos alimentos por siete días, seguida de una reintroducción progresiva para evaluar su impacto en los síntomas.
Los efectos del tratamiento no solo dependen del protocolo aplicado, sino también de las características individuales de cada paciente. En general, el SIBO afecta con mayor frecuencia a mujeres de entre 30 y 70 años, especialmente en etapas de postembarazo o postmenopausia. Los cambios hormonales en estos momentos de la vida pueden alterar la motilidad intestinal y la composición de la microbiota, y, por lo tanto, agravar problemas digestivos como el SIBO.
Más allá de los datos y las estrategias terapéuticas, lo que realmente marca la diferencia son las experiencias de quienes han atravesado este camino. Y, cuando hablamos de SIBO, siempre encontramos historias que no dejan de sorprendernos.
Una que siempre recuerdo es la de Anahí, una paciente que llegó a la consulta con múltiples problemas de salud: síntomas digestivos persistentes, fibromialgia, cansancio extremo y dolores articulares. A pesar de haber seguido nuestro programa de reseteo intestinal, que habitualmente logra mejorar este tipo de síntomas, los resultados no fueron los esperados.
Fue entonces cuando decidí incorporar rifaximina, el antibiótico que utilizamos en nuestro protocolo para casos de SIBO. El cambio fue sorprendente. No solo mejoraron sus síntomas digestivos, sino que también desaparecieron la fibromialgia y demás dolores. Incluso recuperó su energía y su bienestar general.
Este fue uno de los primeros casos, allá por 2019, que me hizo comprender el impacto extradigestivo del SIBO. Aprendí que, en algunos pacientes, las bacterias que ascienden al intestino delgado no solo generan fermentación y síntomas locales, sino también fenómenos de hiperpermeabilidad intestinal.
Si bien no es algo que ocurra en todos los casos, he visto que muchas personas con rifaximina logran mejoras significativas no solo en su aparato digestivo, sino también con enfermedades a distancia, al igual que sucede con el reseteo intestinal.
En pocas palabras, el antibiótico ayuda a restaurar el equilibrio del intestino y revertir el intestino permeable, tal como lo hacemos con la dieta y la gestión del estrés en la mayoría de los pacientes.
Para muchos, esto significa una nueva oportunidad de vivir sin molestias. En el caso de Anahí, su recuperación también la llevó a encontrar un propósito mayor y ser un ejemplo de resiliencia y gratitud. Tras haber experimentado esta mejora, comenzó a trabajar como voluntaria y a ayudar a otros pacientes que se enfrentan a problemas similares. En las redes sociales se encarga de responder preguntas de forma gratuita, ofrecer apoyo emocional e incluso brindar aliento a personas que se sienten desanimadas. Muchas veces, cuando veo a pacientes en los vivos de Instagram les digo: “Anahí les va a escribir”. Y ella, con una energía transformadora, se convierte en un ángel de la guarda para quienes lo necesitan.
Historias como la suya demuestran que es posible recuperar el bienestar, aunque el camino no siempre sea sencillo. Así como Anahí encontró respuestas y una nueva forma de vivir, este libro también puede ayudarte a entender lo que está pasando en tu cuerpo.
Si llegaste hasta aquí, quizás sientas que la hinchazón te acompaña después de cada comida. Que los gases, la diarrea, la constipación o el dolor abdominal se volvieron parte de tu rutina, o que tu energía está cada vez más baja. Tal vez notaste cambios en tu piel, problemas del sueño o estrés, y te preguntas si todo esto podría estar relacionado. Si esta descripción te resulta familiar, quiero ayudarte a recuperar ese equilibrio que tanto anhelas. Aunque las soluciones no sean rápidas, pequeños cambios pueden generar grandes movimientos en tu salud.
Este libro te ofrece un camino claro y basado en evidencia para abordar el SIBO y sus síntomas de manera integral. Juntos exploraremos estrategias prácticas que puedes incorporar en tu día a día para sentirte mejor, herramientas para diagnosticarlo, tratamientos efectivos, alimentación, casos exitosos y estrategias para prevenir recaídas. Además, incluye un autotest para identificar en qué nivel de gravedad de SIBO te encuentras.
Luego de leer este libro comprenderás qué es el SIBO, cómo identificarlo y qué puedes hacer para mejorar tu calidad de vida. Y también aprenderás a tomar decisiones informadas sobre tu salud intestinal e implementar cambios que marquen la diferencia. Espero que este conocimiento no solo te sirva para sentirte bien, sino también para reconectar con tu cuerpo y recuperar el bienestar que tanto mereces.
Algunas veces entender qué ocurre en nuestro cuerpo puede ser difícil. Las señales no siempre son claras, y es fácil acostumbrarse a vivir con molestias sin saber qué las causa. Por eso, en principio, lo que siempre recomiendo es consultar a un profesional para asegurarse de que no haya problemas de salud a través de exámenes clínicos y estudios necesarios. Mientras tanto, antes de avanzar en el libro, te invito a realizar este autotest como un primer paso para ayudarte a determinar si el SIBO podría estar relacionado con los síntomas que experimentas.
La propuesta es sumar puntos en cada área de síntomas, manifestaciones y condiciones. Al final, podrás interpretar tus resultados y descubrir si algunas de las estrategias del libro pueden ser útiles para ti. No se trata de un diagnóstico, sino de una herramienta práctica que te permitirá conocer más sobre tu cuerpo e identificar posibles áreas de mejora.
Distensión abdominal
3
Diarreas frecuentes o diarreas alternadas con constipación
3
Dolor abdominal
1
Materia fecal pálida o maloliente o con un aspecto grasoso o aceitoso
3
Gases excesivos
1
Total
Si obtuviste 4 puntos o menos en la suma de la tabla, es probable que tus molestias se parezcan al SIBO, pero tengan otro origen.
Te recomiendo comenzar por el nivel 1, donde abordamos los síntomas digestivos que suelen confundirse con esta condición.
Si obtuviste entre 5 y 11 puntos, los síntomas podrían estar relacionados con un caso de SIBO.
En el nivel 2 vas a encontrar herramientas prácticas para detectarlo a tiempo y evitar que empeore.
Pero antes de avanzar, recuerda cuántos puntos obtuviste en la tabla de síntomas digestivos. Ahora vamos a evaluar si ese cuadro se combina con otras señales del cuerpo. Si sumas nuevos puntos en las siguientes secciones, es posible que el cuadro sea más complejo. Esto te va a permitir saber si, en lugar del nivel 2, te corresponde el nivel 3.
Si obtuviste 12 puntos o más en la suma de todas las tablas, es posible que estés atravesando un cuadro de SIBO con intestino permeable.
En el nivel 3, vas a conocer en profundidad cómo esta combinación puede afectar tu salud general y qué hacer para revertirla.
Aunque tu puntaje te ubique en un nivel específico, te recomiendo leer desde el comienzo. Cada parte del libro te va a ayudar a comprender mejor el funcionamiento del intestino, las posibles causas del SIBO y qué hacer para abordarlo de forma integral.
