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El Cine Arte Normandie es hasta hoy una de las salas de cine más significativas de Santiago de Chile. Entre 1982 y 2001 creó un espacio cultural fundamental para la vida de la ciudad, enmarcado primero en el período de dictadura (1973-1990) y luego en la restauración de la democracia en los años noventa (1991-2001). Apoyado en entrevistas y documentos del archivo del cine Normandie, en este libro analizamos su importancia, estableciendo un recorrido desde sus orígenes y a lo largo de dos décadas, evaluando sus principales actores y momentos. A su vez, analizamos el rol particular que tuvo en el Normandie la programación y la crítica como un espacio formativo para las audiencias santiaguinas. Fue en la interacción entre gestión, programación, crítica y espectadores que el cine fue configurando un canon propio, que marcó la vida y la memoria de la cinefilia chilena.
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Seitenzahl: 261
Veröffentlichungsjahr: 2020
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La vieja escuelaEl rol del Cine Arte Normandie en la formación de audiencias (1982-2001)
Claudia Bossay, María Paz Peirano e Iván Pinto
© Claudia Bossay, María Paz Peirano e Iván Pinto
© Pehoé Ediciones
Primera edición, marzo de 2020
ISBN Edición digital: 978-956-9946-55-4
Diagramación digital: ebooks [email protected]
Al equipo Cine Arte Normandie Scarlett Bozzo, Mildred Doll, Alex Doll, y Francisco Meza Díaz, a los entrevistados Ignacio Aliaga, Alfredo Barría, Felipe Blanco, Ascanio Cavallo, Juan Ignacio Corces, Nicolás Lasnibat, María Eugenia Meza, Pablo Marín, Christian Ramírez, José Román, Héctor Soto, Ricardo Stuardo, Edgardo Viereck, David Vera-Meiggs y Juan Pablo Vilches; al equipo de ayudantes de investigación Francisca Alsúa, Francisco Gallardo y Bastián Lisboa; y al Ministerio de la Cultura, las Artes y el Patrimonio.
El Cine Arte Normandie es uno de los referentes más importantes de la historia de la cultura cinematográfica en Chile. El Normandie ha sido, desde su creación en 1982 y hasta ahora, un lugar donde las películas y el diálogo sobre cine han permitido al público disfrutar, aprender y conocer sobre un cine distinto al que se puede acceder en las salas comerciales. Este libro pretende dar cuenta cómo este cine se convirtió en ese espacio cultural fundamental para la vida santiaguina durante sus primeras décadas de funcionamiento, que son un antecedente clave para su actual desempeño.
Este libro se basa en la investigación desarrollada mediante el proyecto La vieja escuela. El rol del Cine Arte Normandie en la formación de audiencias, 1982-2001, gestionado por el Cine Arte Normandie junto con la Corporación de Estudios de Cine LaFuga, y financiado por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes mediante el Fondo Audiovisual, Folio nº 437486, convocatoria 2017-2018. Dicha investigación tuvo por objetivo identificar el rol que ha tenido históricamente el Cine Normandie en la formación de audiencias. Nos embarcamos a este trabajo con la hipótesis de que a través de una programación de calidad y una serie de folletos críticos que buscaban orientar al espectador que asistía, el Cine Arte Normandie logró formar una audiencia cinéfila en el marco de un difícil período para la cultura en Chile. Durante la primera década de funcionamiento de este cine, en un contexto dictatorial en el cual hubo pocas o nulas instancias destinadas a la educación cinematográfica y a la difusión de conocimientos sobre cine en Chile, esta labor fue fundamental. Ello se extendió, igualmente, luego del retorno a la democracia en la década de 1990, posicionando al Cine Arte Normandie como un referente para la cinefilia local durante todo el período estudiado (1982 – 2001). Un trabajo que, a pesar de sus transformaciones, continúa al día de hoy.
Buscamos, así, poner en valor una institución cinéfila -el cine arte- que a lo largo de varios años ha constituido una experiencia fundamental para la formación de audiencias reflexivas. A través de las películas programadas en el cine, de la guía de sus críticas y de los espacios generados para el encuentro y visionado colectivo, el Cine Arte Normandie se consolidó como una ventana al mundo y una celebración de la diversidad mediante el cine. El espacio del cine arte permite encontrarse, conocerse, y establecer otras formas de sociabilizar. Crear un ambiente propicio para la contemplación activa y crítica del mundo que nos rodea. A ello es lo que llamamos “cinefilia”, el amor por el cine: no sólo a la acumulación de conocimientos sobre cine, sino a su disfrute colectivo y al aprendizaje de “ser público”, en diálogo con otras y otros dentro y fuera de la sala.
La investigación comenzó por sistematizar los archivos de la crítica del Cine Arte Normandie,que la misma institución había guardado por todos estos años. Para esto se creó un archivo digital, el cual liberamos completamente en la página web www.archivosnormandie.cl. Algunas de las críticas también las publicamos en este libro, poniéndolas en contexto y analizándolas en mayor profundidad. Estos materiales y su difusión son, para los autores de este libro, esenciales para el resguardo de contenido único, que aún es mayormente desconocido por el público actual y que ha sido escasamente estudiado hasta ahora. En buena medida, estos archivos nos hablan no sólo de la historia del Cine Arte Normandie, sino también de la historia de la crítica de cine en Chile, particularmente en Santiago.
Para poder comprender el contexto del trabajo crítico del Cine Arte Normandie y su impacto en la formación de públicos y de una cultura cinematográfica local, el análisis de los archivos se complementó con la recolección de testimonios sobre el trabajo del cine. Nos reunimos a rememorar y analizar el rol del Normandie y de sus críticas, con personas que fueron parte de su creación y organización durante las primeras décadas de funcionamiento. Asimismo, entrevistamos a críticos de cine que trabajaron para el Cine Arte Normandie durante este período, así como también a críticos actualmente activos, para quienes este espacio fue importante en su formación, como público joven del Normandie entre 1982 y 2001. En su conjunto, la recopilación de diversas fuentes nos permitió estudiar la programación de la cartelera cinematográfica, las reseñas críticas del cine, y su impacto en los públicos y la crítica chilena.
El libro está dividido en tres capítulos y un anexo. Los capítulos abordan el estudio de la historia, la cartelera y la crítica ocurrida en el Cine Arte Normandie. En el primero de ellos, se buscó reconstruir la historia del cine, desde sus antecedentes inmediatamente predecesores como son los cineclubs y programaciones de cine arte. Se explora desde el origen del cine hasta el año 2000, puntualizando entre las décadas del ochenta y noventa, dos momentos en los que los modos de trabajo, la orientación de la programación y la crítica cinematográfica del Normandie difirieron entre sí.
El segundo y tercer capítulo se centran en los aspectos específicos de la programación y la crítica, enlazando dos lógicas que fueron a la par pero que se materializaron en prácticas distintas. En el segundo capítulo se analiza la lógica general de la programación, destacando los ciclos temáticos y modos de organización de la cartelera. Poniendo en valor los múltiples criterios de selección que competían en la cartelera, estos fueron los ciclos de embajadas, o institutos bilaterales de cultura, reposiciones de películas que salieron rápido de cartelera comercial o que incluso, nunca llegaron a ella, reestrenos de obras guardadas por el propio cine, estrenos nacionales de cine chileno y del mundo, entre otros criterios. En el tercer capítulo se aborda el valor de la crítica de cine desarrollada en el marco de los folletos críticos de múltiples colaboradores liderados por Sergio Salinas. Se busca aquí visibilizar el trabajo que durante años se desarrolló en el interior del cine entendiendo la crítica como un espacio de divulgación y formación del espectador, con textos que orientaban la educación contextual y estética de los filmes. Se visualiza aquí tanto su desarrollo interno como la influencia internacional de revistas de prestigio contemporáneas a los períodos abordados, dando cuenta de una aspiración al cosmopolitismo importante en la cinefilia desarrollada en el cine.
La sección de anexos comprende un rescate de textos y soportes materiales pertenecientes al Cine Arte Normandie. En primera instancia, la selección de críticas que nos parecieron representativas de los distintos discursos cinéfilos en que se movió el cine durante el período estudiado. Un corpus seleccionado a partir tanto de textos que nos parecen representativos de la riqueza discursiva de las críticas, así como de películas canónicas dentro de la historia del propio cine.
El propósito de este libro es difundir entre el público general la historia y el trabajo cinéfilo del que es, probablemente, el más “clásico” cine arte de Santiago: el Normandie. Este no es, por tanto, un libro académico, aún cuando está forjado por una investigación realizada desde el ámbito de la historia, la antropología y los estudios de cine. Proponemos una interpretación sobre el impacto y el alcance del Normandie para que sea accesible al público no especializado, respetando el rigor del análisis de las diversas fuentes recopiladas. Cada uno de los capítulos tiene segmentos de las entrevistas e imágenes y gráficas asociadas a lo que se discute en cada uno de ellos para así acompañar el texto con lo visual y opiniones especializadas, como lo hacían las mismas críticas del Cine Arte Normandie.
La vieja escuela busca mantener vivo en sus lectoras y lectores el gusto por una cultura cinematográfica. Exploramos las pasiones cinéfilas que están en los orígenes del Cine Arte Normandie, y que incluso pueden rastrearse al menos una década antes del comienzo del mismo, en el trabajo de quienes con mucho esfuerzo crearon y mantuvieron este proyecto durante el complejo período aquí estudiado. Queremos compartir el entusiasmo, el cariño y el esfuerzo con que levantaron un espacio para la cultura cinematográfica que se mantiene hasta hoy. Una cultura que, al igual que como sostenían los creadores del cine en tempranas reflexiones en la década de 1960, ha de cultivarse, pues en ella radica un entendimiento de la sociedad comprometida con la ética, la comunidad y el arte, elementos esenciales para enfrentar las demandas de nuestros propios tiempos.
Durante las décadas de 1980 y 1990 el Cine Arte Normandie exhibía memorables obras del cine mundial, siguiendo la línea del Cine Arte de Viña del Mar, que existía desde 1967. Normandie se distinguía de salas más comerciales que habían en este período en el centro de Santiago. Para los fundadores del Normandie, el cine arte se diferenciaba de otros espacios en tanto allí se podía desarrollar una apreciación cinematográfica reflexiva y crítica, donde se proponía pensar el cine como una herramienta de conocimiento y comprensión social. Así, no es una película o un “autor” –siguiendo el término acuñado por la revista francesa Cahiers du Cinema- lo que constituye lo artístico, sino que el proceso de someter unapelícula a un estudio atento, a una reflexión compartida. Los cineclubes y las salas de arte proponían condiciones idóneas para estas instancias de mediación cultural.
La programación de una sala de cine arte, junto a las reseñas críticas sobre las obras, los contextos de producción y antecedentes de los directores, eran esenciales para lograr estos objetivos. Es importante destacar la labor de quienes diseñaban la programación de la sala. En conjunto Sergio Salinas y Alex Doll, decidían qué es lo que querían exhibir. Salinas desde una posición más teórica-estética y Doll desde la posibilidad de programar las películas, basándose en su conocimiento del mercado de la exhibición en Chile y el Cono Sur. De esta manera, el trabajo de programación conjugaba el aspecto teórico con las posibilidades reales de exhibición de películas existentes en el mercado.
¿Cómo se llevó a cabo el proyecto del Cine Arte Normandie? En este capítulo hablaremos sobre el desarrollo histórico del cine, identificando dos períodos: uno entre 1982 y 1991 (desde su creación hasta su cambio de sede). El segundo, entre 1992 y 2001, la primera década en su ubicación actual.
La trayectoria del Normandie no se explica sin comprender algunos de los procesos que anteceden a su creación, en donde se conforma la cultura cinematográfica que impulsa su labor. Por eso comenzamos esta historia con los proyectos en que participaron sus fundadores, antes de la creación del Normandie.
La experiencia de los fundadores, rica en cultura cinematográfica, se venía acumulando desde casi una década antes del comienzo del Cine Arte Normandie. Dichas experiencias las encontramos en la organización de cineclubes y salas de cine arte durante estos años y en el trabajo de visionado conjunto y reflexión crítica desarrollados en dichos espacios.
En 1969, “Cine Arte Limitada”, sociedad integrada por Guillermo Aguayo, Hugo Castelleto y Aldo Francia, gestores del Cine Arte de Viña del Mar y del Festival de Cine de la misma ciudad, así como también administradores de la sala de Cine Marconi de Santiago, cedieron la última función de los lunes de esta sala santiaguina (actual Teatro Nescafé de las Artes, ubicado en Manuel Montt con Providencia) para que un grupo de amantes del cine llevara a cabo el Cine Club Nexo. Nexo recibió el apoyo del propio Teatro Marconi, del Departamento de Arte Cinematográfico de la Universidad de Chile (sede Valparaíso) y de la Cineteca Universitaria. El Cine Club Nexo lo integraban Robinson Acuña, Franklin Martínez, Sergio Salinas y parcialmente José Román. Este grupo sería parte importante de la revista Primer Plano1 (1969-1973), la cual desarrollaba “la nueva crítica chilena”, y estaba escrita por Sergio Salinas, Héctor Soto, Hvalimir Balic y José Román. Esta llegó a publicar cinco números y una sexta edición quedó trunca por el golpe de Estado.2
Fachada del cine Marconi en 1977, cuando ya había pasado a llamarse cine Providencia. Foto proveniente del Flicker Santiago Nostálgico.
En la declaración de principios del cineclub (1969)3 sus miembros denunciaban la precaria situación cultural en que se encontraba Chile, en particular el cine. Señalaban que esta precariedad se notaba en la propia producción nacional, en la insuficiente crítica especializada y en la escasa orientación que recibía el público. En la opinión de Nexo, esto era un marcador del subdesarrollo nacional. Los integrantes incitaron en su declaración a que quienes pudieran hacer algo al respecto, lo hicieran, para evitar que el país cayera en un “conformismo ético e intelectual.”4 Para ello se propusieron luchar contra los comerciantes que trataban al público como consumidor ingenuo, acercándose de esta manera a los planteamientos que por esos años postularon diversos manifiestos del Nuevo Cine Latinoamericano. Llamaron también a romper con el aislamiento cinematográfico, que ignoraba las grandes obras de este arte mundial. Esta demanda incluía luchar contra la censura a la que estaban sometidos los cineastas locales. Recordemos, por ejemplo, lo que pasó con Caliche sangriento (1969), de Helvio Soto el mismo año de la declaración.5
Otro antecedente del Cine Arte Normadie fue el Cine Club Omega (1974-1976), vinculado al Instituto Chileno Norteamericano, ubicado en calle Moneda. Este cineclub entró en funcionamiento en enero de 1974, tras un curso de verano dictado por Gladys Pinto, miembro del comité de cine del Instituto, quien solía escribir críticas en los periódicos de aquella época. Entre los miembros de Omega figuraban: Juan Bozzo, Ascanio Cavallo, Eduardo Contreras, Gianitsa Georgudis, Patricia Peralta, Carlos Pozo, Luis Valenzuela, Alex Doll y Andrés Vattuone. El cineclub declaraba en Realizadores de cine (publicación autogestionada con los programas de exhibición entre noviembre de 1974 y diciembre 1975) “creemos que es necesaria la formación de una cultura cinematográfica en el país, por lo que estamos empeñados en lograr una amplia difusión que alcance a vastos sectores del público.” La cual debía ir además acompañada de “una postura crítica lo suficientemente lúcida […] para permitir orientar mediante la selección.”6 La programación de Omega, vinculada al Instituto Chileno Norteamericano, era variada. El acceso a las obras y la posible programación dependía de los listados de películas de las distribuidoras comerciales en 16 y 35 mm, y de algunos aportes de cintas que facilitaba el Canal 4 de la Universidad Católica de Valparaíso. La obtención de dichos films era vía arriendo, por lo que para financiarlo se cobraba una entrada. Uno de los elementos destacables que tiene el Cine Club Omega es que desarrolla por primera vez un espacio dedicado a la reflexión y promoción del cine en el contexto de la dictadura, especialmente durante los primeros años, en que había muy poca actividad cultural en Chile.
Realizadores de cine, obra de compilación de Cine Club Omega, con una gráfica de portada donada por el muralista Antonio Cadima. Archivos Normandie.
Las críticas de Omega estaban fuertemente influenciadas por la teoría del autor. Se trataban corpus de los directores más que de obras por sí solas. Tenían una lógica histórica, en tanto narraban la historia del cine, directores y reflexiones, desde estas obras. Las críticas de dos páginas seguían entonces la lógica que tendrían las críticas de Nexo y las del Normandie: ficha técnica, contexto, un comentario de la obra destacando aspectos estéticos y narrativos y una presentación de las obras del director. La mayoría de las críticas del primer año las escribió Ascanio Cavallo. También encontramos algunas de Alex Doll y Juan Bozzo, así como de ambos, en conjunto con Cavallo. Otras sencillamente firmadas por Cine Club Omega, o escritas por miembros colaboradores del cineclub.
Es en este cineclub que comienza la relación de amistad entre los miembros del futuro Cine Arte Normandie, en particular entre Doll y Salinas, quienes compartían una pasión común no solo por un buen cine, sino por su reflexión. Sergio Salinas ofreció su experiencia como programador de cine del Canal 4 de la Universidad Católica de Valparaíso, así como de otros cineclubes, como Nexo. Podía además obtener en préstamo películas en 16 mm del canal, y facilitarlas para la programación del cineclub, la que era realizada por Doll y Cavallo. La declaración de principios de Omega, describe a Salinas y a José Román como orientadores de “respaldo desinteresado.”7 El Cine Club Omega fue también el lugar donde Alex y Mildred Doll conocieron a los futuros socios del Normandie, Ricardo Stuardo y Jorge Vera, igualmente cinéfilos. Ricardo Stuardo era abogado, de la misma generación universitaria que Sergio Salinas. Jorge Vera era periodista, encargado de marketing y relaciones públicas del Instituto Chileno Norteamericano.
Tanto el Cine Club Nexo, que funcionó principalmente durante el Gobierno de la Unidad Popular; como el Cine Club Omega, que comenzó en el año 1974, buscaban estimular y difundir la cultura cinematográfica mediante una seleccionada programación y textos de apoyo para el público. Además, realizaban capacitaciones, charlas y discusiones con los miembros que los integraban. De esta manera, se convertían en mediadores de un conocimiento más especializado con un público generalizado. El convencimiento de que en el visionado crítico radica una posibilidad de entender otras culturas, otras épocas, otros modos de hacer y pensar, y por lo tanto, un mayor entendimiento de la sociedad en su conjunto, motivaba a estos entusiastas. Si bien ambos cineclubes contaron con algo de apoyo de las instituciones que los acogían, se constituyeron sobre todo con mucha pasión por el cine y la convicción de aportar a la sociedad al “arte más poderoso del siglo XX”, tal como afirman las declaraciones de principios de ambos cineclubes.8
Imágenes del Cine Egaña una vez que ya había dejado de ser cine. En Avilés, 92 salas. Entrada Cine Egaña. Colección Cine Arte Normandie.
Un cuarto antecedente que se sumó a la creación del Cine Arte Normandie comenzó en el año 1976, cuando Alex y Mildred Doll asumieron el desafío de tomar en administración la sala Cine Arte Egaña, ubicado en plaza con el mismo nombre. Alex Doll, estudiante de Ingeniería en la Universidad de Chile, tuvo la ambición de ir más allá del cineclubismo y aspirar a la gestión de una sala que mostrase cine arte periódicamente, a pesar de que en el medio cinematográfico se aseguraba que un proyecto de cine arte era inviable en términos económicos y podría significar un fracaso financiero. Continuando las lógicas colaborativas que se venían trabajando desde los cineclubes, el cine arte de la Plaza Egaña fue apoyado por Román, Cavallo, Salinas y otros amigos. El Egaña fue un desafío que se asumió con poca experiencia, pocos recursos y equipos de proyección en regular estado, lo que generó numerosas dificultades que a la larga hicieron inviable mantenerlo abierto, cerrando sus puertas en 1977. En este cine se exhibieron películas como El rostro (Ingmar Bergman, 1958), Luz de invierno (Bergman, 1963) y Fresas salvajes (Bergman,1957), entre otras. Estas obras se obtenían comprándolas a algunas distribuidoras cerradas que aún guardaban copias de películas del período 1955 – 1970, difíciles de encontrar y en diversos estados de conservación. Es importante destacar la importancia de esta suerte de “rescate” que se hizo en ese período, ya que a partir de ello comenzó la creación de un gran archivo fílmico en Chile, constituyendo la Corporación Cultural Cinemateca Chilena.
En 1977 Carlos Velasco, a cargo de la sala Toesca ubicada en Huérfanos con Teatinos, la cual exhibía películas para niños, decidió hacer un giro en su programación y acudió a Sergio Salinas para la gestión de una franja nocturna de cine arte. Así se concretó un proyecto que resultó ser exitoso y económicamente sustentable. Allí asistió gran cantidad de personas ante la novedad de la programación de la sala ubicada en pleno centro de la ciudad. Sergio Salinas asumió la programación y Mildred Doll la administración.9
En 1980 comenzó un masivo cierre de salas de cine, en parte, por ser espacios poco rentables en relación a sus tamaños, lo que llevó a que muchos cines pasaran a ser supermercados o iglesias evangélicas, entidades que podían pagar arriendos muy superiores. Esto provocó el cierre del cine Toesca.
Luego de la experiencia en el Cine Arte Toesca, comenzó un período de búsqueda de un nuevo espacio autónomo para programar películas de “autores” de cine, pero que fueran también comerciales. Alex Doll y Sergio Salinas imaginaron la posibilidad de programar y administrar su propia sala: un cine arte más profesional.
El “proyecto de cine arte”10 era un desafío enorme que en su momento algunos consideraron destinado al fracaso: no solo por las dificultades de la autogestión, sino también por la dictadura que impactaba fuertemente el ambiente cultural en ese momento. En el mundo del cine, en particular, se vivía un difícil período en el cual imperaban la censura y el abandono institucional. La dictadura cívico-militar (1973-1990) había desmantelado las infraestructuras de producción cinematográfica, lo que se tradujo en que disminuyeran los espacios de exhibición y desapareciera el fomento del Estado a la producción de cine nacional. Las escuelas y carreras universitarias de cine fueron cerradas y se impuso el decreto ley Nº 679 en 1974, que creaba el “Consejo de Calificación Cinematográfica”, con la misión de orientar la exhibición cinematográfica en el país, evaluando las películas según criterios oficiales para: Todo Espectador, 14 años, 18 años, 21 años y Rechazada. A modo de ejemplo, podemos decir que este Consejo de Calificación prohibió El violinista en el tejado (Norman Jewison, 1971) por una escena con banderas rojas y calificó para mayores de 21 años el documental Cien niños esperando un tren de Ignacio Agüero (1988). Otra situación fue el hecho de que la ley prohibía cortar las cintas y algunos distribuidores lo hacían antes de ingresarlas al país, generando una situación de autocensura muy perjudicial. Por ejemplo, El padrino 2 (Francis Ford Coppola, 1974) se exhibió sin mostrar la parte que sucede en Cuba.11
A esta altura, entre las experiencias de los distintos cineclubes y de las exhibiciones en salas de cine arte, ya se cumplía un poco más de una década de trabajo en el circuito chileno en que se había explorado la cultura cinematográfica en Chile como una herramienta esencial del “hombre consciente de nuestros tiempos”, tal como se describiese por el Cine Club Omega. Se tenían largas conversaciones sobre cuál sería el espacio ideal para estos fines: una sala grande de más de 300 butacas, para hacerlo viable, o bien una sala más pequeña para un grupo más especializado de cinéfilos. Parte de la discusión entre ellos giraba en torno a cómo construir un espacio que a la vez promoviera un cine de calidad, pero que restringiera lo menos posible el acceso al público, es decir, que fuera un espacio abierto tanto para espectadores que a priori conocían de cine, como los que no.12 Una primera alternativa era arrendar el cine Ritz, en San Antonio con Alameda, pero al conocerse también del cierre del cine Normandie, ubicado cercano a Plaza Baquedano, esta fue la opción elegida.
Cine Normandie desde la Alameda en 1980, publicitando Grease (Randal Kleiser, 1978) en cartelera. Foto de Jorge Ianiszewski.
El Teatro Normandie en la Av. Bernardo O’Higgins (Alameda) 139, era una de las 40 salas que en ese entonces existían en el centro de Santiago.13 Era un cine del año 1941 que originalmente exhibía estrenos, películas ‘de primera vuelta’.14 La sala pertenecía originalmente al Banco de Talca, que por estos años quebró, dejando el teatro a manos de un grupo que lo administraba. Paralelo a esto, Carlos Velasco se encontró en aprietos durante la crisis económica, lo que lo motivó a empezar a desvincularse de las salas que administraba, entre ellas el Toesca y luego el Normandie. La decisión sobre la sala, sin embargo, no fue inmediata. Se consideró que quizás era demasiado grande, que podía ser de difícil acceso por la falta de estacionamientos, que su posición en la ciudad no era la más favorable, que estaba en el borde entre el centro y el oriente, lo que quizás no favorecería la asistencia (originalmente se buscaba una sala en pleno centro). A pesar de estas dudas, la elección a la larga fue certera, pues el público empezó a llenar la sala rápidamente en los años siguientes.
El destino de esta propiedad a comienzos de 1980 era la construcción de un hotel. Sin embargo, gracias a las fundamentales gestiones de Nicanor Parra y de Velasco, la sala logró arrendarse para abrir el nuevo Cine Arte Normandie. La sala Normandie se arrendó a la sociedad Filmoarte (creada en 1980) a la que pertenecían originalmente Sergio Salinas, Alex Doll, Ricardo Stuardo y Jorge Vera, y que luego pasó a ser Filmoarte Ltda. Ricardo Stuardo gestionó el arriendo con una condición renovable año a año, hasta 1991. A esto se sumó después la creación de Los Filmes de la Arcadia (fundada en 1982), la distribuidora de cine de Doll asociada a Filmoarte. Sergio Salinas estuvo a cargo de la programación artística y de los ejes curatoriales del Normandie. Alex Doll fue el gestor de la programación, encargado de la búsqueda y adquisición de las películas. Ricardo Stuardo, abogado con amplia experiencia en gestión cultural, fue el encargado de los aspectos jurídicos de la sociedad que administraría el cine. Además, la gestión de Stuardo fue clave para la difusión en los medios, como la Radio Cooperativa. Jorge Vera apoyaba también en la difusión del cine, pese a que se retiró tempranamente de la sociedad. Por su parte, Ricardo Stuardo permaneció en Filmoarte, aunque finalmente se retiró de ella para dedicarse al teatro. A pesar de ello, ha permanecido colaborando con el Cine Normandie hasta el día de hoy.
Paralelamente a la creación del Cine Arte Normandie, Aldo Francia solicitó a Sergio Salinas apoyo en la administración del Cine Arte de Viña del Mar, tarea que también asumieron los socios de Filmoarte Ltda. a partir de mayo de 1982, cuando abrieron la programación con la película Providence de Alain Resnais (1977).
“[El Normandie era] un cine de barrio que no estaba realmente en un barrio sino en Plaza Italia, al lado de El Cuervo y del Café Ulm, que era un reducto de resistencia musical. El Normandie, antes de ser arte, se especializaba en estrenos de segunda vuelta o reposiciones. Hasta que se convirtió en el icónico Cine Arte Normandie ese año 82.” Alberto Fuguet (VHS, 2017)
Primera crítica del Cine Arte Normandie. Nótese que estaba impresa en un color diferente al resto de los trípticos que verán en el libro. Archivos Normandie.
Filmoarte retomó las funciones del Normandie en junio de 1982, durante las vacaciones de invierno, con la película La novicia rebelde(Robert Wise, 1965). En agosto, se inauguró oficialmente como Cine Arte Normandie, “único de la capital que funcionará de un modo regular y con un programa de estrenos y reposiciones”,15 conEl caballo del orgullo(Claude Chabrol, 1980). Se convirtió así en un espacio singular para la exhibición de películas que generalmente no se exhibían o dejaban de circular en los cines comerciales. La sala se diferenció por la cantidad y frecuencia de sus funciones diarias. El único que ofrecía una oferta similar en ese momento era el Cine de la Universidad Católica, con dos funciones a la semana. El Normandie hacía tres funciones diarias (15.30, 18.30 y 21.30 horas.), a lo que luego se incorporó el cine de trasnoche los viernes y sábados y el “cine foro” los domingos en la mañana o al mediodía. El Normandie lograba estrenar a veces películas que nadie había visto, o que no se difundían por medios de comunicación. Gracias a algunos auspiciadores, se organizaban premieres a las que se invitaba a gente del mundo cultural. A las funciones regulares solían asistir además personas públicas o políticos interesados en el buen cine, entre los que podemos mencionar al expresidente Patricio Aylwin, a Hortensia Bussi, Jorge Tellier, Cirilo Vila y José Donoso, entre otros.
De esta manera, el Normandie se fue posicionando en el circuito cultural. Los medios como las radios y los diarios contribuían a la difusión de las actividades del cine, incluida la programación. Además, el Normandie imprimía sus propios programas que se podían encontrar en la entrada del cine, los que permitían la difusión mensual y semanal de la programación y servían de guía para el público. Los folletos con críticas del Normandie permitían guiar el visionado de las películas. Algunas de las personas que habían conocido en la década de 1970, como José Román, Héctor Soto y el crítico peruano Isaac León Frías, trabajaban fuera del cine, pero colaboraban más o menos frecuentemente con la escritura de estas críticas. Conformaron además el grupo cercano de amigos del Normandie, que compartía con los socios organizadores sus ideas sobre cine en conversaciones en los restaurantes cercanos, muchas veces luego de alguna función.
Reunión del Cine Arte Normandie. Alex Doll, Antonio Martínez, Cristina Iñigo, Ascanio Cavallo, Marco Antonio Cumsille, José Maximiliano Díaz, Sergio Salinas y Mildred Doll. Foto de la colección familiar Doll, c.1985.
Evento realizado en Cine Arte Normandie, década 1980, sede Alameda. Aparecen Ana María Tomasevic, José Román y Jorge Vera. En la segunda foto, una invitada junto a Ricardo Stuardo, Juan Radrigán y Alex Doll. Fotos de Juan Bozzo.
El Normandie se transformó en un referente y pasó a ser parte activa de la vida en la ciudad. Su público era diverso: críticos de cine, profesionales e intelectuales, ciertamente, pero también público general, como amantes del cine de mediana y tercera edad (que habían visto películas norteamericanas y cine europeo en su juventud) y sobre todo estudiantes, quienes llegaban buscando películas alternativas a las salas comerciales o que habían circulado previamente en el circuito comercial, ahora a un precio más accesible. El público no correspondía, entonces, sólo a un puñado de cinéfilos –aún cuando en los ochenta fuera convertido en un ícono de la intelectualidad santiaguina, tal como sugieren Los Prisioneros en su canción “Por qué no se van” (1986), que ironiza con su público, a pesar de que su autor Jorge González había ido varias veces al cine–.16 Aunque se perfilaba como un espacio especial para un cine de mayor calidad, que efectivamente reunía a públicos especializados, Normandie no era un espacio excluyente para otros tipos de público.
“Había una vida y había una efervescencia en lo que se refería al cine arte, que yo creo que nunca más volvió a existir en la misma manera. O sea hay otras formas de vidas posteriores. Pero, esa cosa que vi en ese minuto, no… Era también una forma de escapar a lo que estaba pasando, el cine arte te abría otros mundos libertarios.” María Eugenia Meza (entrevista, noviembre 2019)
