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Las adicciones son un problema de salud pública que afecta fundamentalmente a los adolescentes y jóvenes que quieren experimentar vivencias que permitan olvidar problemas. Más de 66% de personas que solicitan tratamiento en México son menores de edad.
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Seitenzahl: 97
Veröffentlichungsjahr: 2018
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Agradecemos al Consejo Nacional contra las Adicciones (Conadic) de la Secretaría de Salud, por su asesoría técnica; a Conaculta-Sinafo-Fototeca Nacional del inah por el permiso para reproducir fotografías pertenecientes a su archivo; al doctor Gonzalo Alemán, la psicóloga Fanny Feldman, así como a las personas denominadas usuarios (U1 y U2) y a las personas denominadas rehabilitados (R1 y R2) por apoyar esta edición con sus testimonios.
Este libro se propone dar a conocer aspectos relacionados con las drogas más consumidas en la actualidad; algo de su historia, su composición, sus usos y sus consecuencias. No pretende ser una obra enciclopédica, sino un libro que pueda consultarse con comodidad, sobre todo por lectores jóvenes, porque en esa población se centran los mayores riesgos asociados con las drogas y las adicciones: las costumbres, las actividades y los conceptos se renuevan y tienden al enfrentamiento generacional. Esto es de especial relevancia en el caso de México, ya que la mitad de su población tiene menos de 25 años de edad (según el censo de población de 2010, 50.56%). Son muchos los factores que provocan la drogadicción y complejos los caminos para combatirla, pero el problema de las drogas se extiende cada vez más y afecta a personas de menor edad.
En esta segunda edición hemos actualizado algunos datos estadísticos que muestran claramente que la situación en nuestro país no ha mejorado en los últimos diez años; antes bien, se vuelve cada vez más preocupante.
Una de las mejores fuentes de datos para conocer el estado del problema del consumo de drogas a nivel nacional es la Encuesta Nacional de Adicciones (ENA), que elabora cada cierto tiempo el Consejo Nacional contra las Adicciones (Conadic); ahora, además, se cuenta con otros instrumentos que nos ayudan a tratar de comprender mejor la situación.
Disponemos, por ejemplo, de la Estadística del Consumo de Drogas en Pacientes de Primer Ingreso a Tratamiento en Centros de Integración Juvenil (ECD), publicación semestral de los Centros de Integración Juvenil (CIJ) que nos proporciona datos más actualizados que la ena. Así, nos encontramos con datos completamente contradictorios: mientras que la ena 2011 establece la edad de inicio en el consumo de drogas entre población de 12 a 65 años en un promedio de 18.8 años (18.5 en hombres, 20.1 en mujeres), datos más puntuales obtenidos de los reportes ecd señalan que, en el mejor de los casos, la edad de inicio promedio se ubica, entre 2010 y el primer semestre de 2012, entre los 15.6 y los 16.4 años. La gráfica 1 nos muestra esto. En la gráfica 2 podemos ver más claramente que, de manera dramática, la cantidad de usuarios de drogas que se inician antes de los nueve años creció alarmantemente en el primer semestre de 2012 (3.1%), respecto de 2010 (1.05%) y 2011 (1.25%).
¿Qué hace que nuestros niños se inicien en las drogas a una edad en la que sus únicas preocupaciones deberían ser estudiar y jugar? Para dar mayor información, la gráfica 2 incluye el número total de infantes que solicitaron tratamiento siendo menores de nueve años. Hay que hacer notar que también es alarmante el hecho de que no conocemos la edad promedio en ese sector poblacional de solicitantes: ¿es ocho años, es seis, es cinco?
Si manejamos un poco más las cifras, nos encontraremos con otros números sumamente alarmantes y desalentadores. La gráfica 3 muestra el porcentaje de solicitantes de tratamiento en los cij que son menores de 18 años, es decir, menores de edad. ¡Más de 66%!
En la gráfica 4 mostramos el número de solicitantes de tratamiento por primera vez en los cij, en cada periodo.
Es evidente que algo está mal, muy mal. Nuestros niños no están recibiendo ni información ni educación adecuadas con respecto al empleo de drogas. Estos datos no se reflejan adecuadamente en la ena, ya que una encuesta para detectar usuarios no es lo mismo que entrevistar usuarios declarados de manera autónoma.
El gobierno, a través de la ena, menciona que: “con el fin de brindar una mejor atención a la prevención y tratamiento a las adicciones en el 2011, se crearon la Comisión Nacional Contra las Adicciones (Conadic), entidad que tiene a su cargo la elaboración y vigilancia de las políticas públicas, la coordinación intersectorial y la observancia de los compromisos internacionales; y el Centro Nacional para la Prevención y el Control de las Adicciones (Cenadic), cuyo propósito es propiciar la calidad de los servicios de atención y tratamiento de las adicciones”. Esperemos que comiencen a dar resultados pronto.
La gráfica 5 muestra la evolución de la esperanza de vida en nuestro país; vemos claramente que se duplicó entre 1930 y 1990, es decir, en solamente 60 años. Si comparamos estos datos con los de las gráficas anteriores, no queda más que preguntarnos: todos esos menores de edad que han tenido que solicitar servicio por su adicción a las drogas, y todos aquellos que no lo han hecho, ¿qué esperanza de vida tienen?
Como hemos podido ver, el sector poblacional más afectado por las drogas es la juventud. Podríamos argumentar que existe una disponibilidad tal de drogas que hasta niños de menos de nueve años tienen acceso a ellas. Independientemente de lo anterior, uno de los pasos más importantes que debemos dar para tratar de reducir este problema es el de la educación y la información oportuna y suficiente, tanto en el ambiente escolar como familiar.
Nuestra intención con este libro es dar instrumentos al lector para que tome decisiones propias e informadas. No somos jueces ni acusadores, ni defensores ni jurados. Somos testigos con información, datos y testimonios que queremos compartir contigo. La decisión de cómo actuar frente a las drogas la tomarás tú. Esperamos que las siguientes páginas te sirvan para actuar con conocimiento y conciencia de lo que estas sustancias significan y, sobre todo, de los peligros que implican su consumo.
En ocasiones consumir drogas es una manera de rebelarse contra el excesivo materialismo del mundo, que genera necesidades absurdas en una vorágine de consumo irracional. Pero quienes así lo hacen se convierten también en consumidores materialistas, aunque su necesidad de consumo sea otra. El comercio de las drogas es fuente de beneficios económicos enormes. Las drogas son artículos de consumo selectivo pero globalizado: selectivo porque no todas las personas las consumen; globalizado porque se encuentran en todo el mundo.
Una aclaración pertinente: también el alcohol y el tabaco son drogas muy peligrosas, pero son drogas legales, es decir, se pueden adquirir y consumir en espacios formalmente establecidos sin cometer ningún delito. La adicción a la nicotina es de las más difíciles de atacar. Aquí vamos a hablar solamente de drogas ilegales, aunque sabemos, por la Encuesta Nacional de Adicciones, que por cada joven que ha probado alguna droga ilegal, hay por lo menos cuatro que fuman o que consumen alcohol.
La marihuana, también conocida como cáñamo, es una planta de origen asiático del género Cannabis, del cual se distinguen tres especies: la Cannabis sativa, que llega a medir hasta seis metros y produce mucha fibra y aceite; la Cannabis indica, que mide hasta un metro y produce más resina en las hojas; y la Cannabis ruderalis, que se cultiva poco porque es la más pequeña de las tres.
Una manera informal de clasificar la marihuana tiene que ver con su color, que depende de la especie y de la región de cultivo. Así, tenemos la roja de Panamá, la amarillo pálido conocida como Acapulco Golden, o las plantas color café oscuro de Jamaica y Colombia.
Entre los aficionados al consumo y cultivo de la marihuana han surgido cepas más populares que otras que se distinguen por su sabor y aroma, potencia o efectos particulares, y que han recibido nombres como AK-47, White Widow y Purple Haze. Una leyenda del mundo de la música cuenta que Jimmy Hendrix escribió su canción Purple Haze porque ésta era una de sus drogas favoritas.
Hay innumerables mitos asociados al descubrimiento, empleo y significado de la marihuana, lo que demuestra el conocimiento ancestral que se tiene de ella como intoxicante. Según una leyenda nepalí, el dios Shiva, en vez de estar en su casa con su divina esposa Parvati, gustaba de vagar por las montañas y dedicarse al placer con las ninfas celestes. Celosa, Parvati le hizo fumar flores hembras resinosas de cáñamo, lo cual llenó a Shiva de excitación y lujuria. Tomó a su esposa con divina beatitud experimentando un éxtasis sagrado que lo llevó a permanecer desde entonces a su lado y a fumar cáñamo siempre antes de unirse a ella.
Asimismo, una leyenda china cuenta que un campesino inhaló humo de cáñamo por accidente al incendiarse la cabaña donde estaba secándolo. Tan a gusto durmió y tan vívidos fueron sus sueños que repitió la experiencia: incendió cabañas enteras una y otra vez.
La primera referencia escrita de su empleo, en el 2700 a. n. e., se encuentra en la farmacopea de Shen Nung, uno de los padres de la medicina china. Más adelante, hacia el 550 a. n. e., el persa Zoroastro redactó el Zend-Avesta, un texto que describe gran cantidad de plantas medicinales, entre ellas la marihuana. El historiador griego Herodoto hablaba de sus propiedades medicinales y psicotrópicas, y describía cómo algunos habitantes de Asia central arrojaban marihuana sobre piedras calientes anotando: “suelta humo como el incienso y su olor los deja borrachos”.
Alrededor del año 100 a. n. e., ya se utilizaba en China la fibra de cáñamo para hacer papel, lo que permitió a esa cultura perpetuar y comunicar muchas de sus costumbres y logros. Por el año 800 de nuestra era el profeta Mahoma aprobó el uso de la marihuana y prohibió el del alcohol. Doscientos años después, los musulmanes utilizaban el hachís (resina concentrada del cáñamo) para fines tanto sociales como medicinales.
En 1484 el papa Inocencio VIII decidió que la marihuana era “un sacramento no santificado para misas satánicas”, y estableció una prohibición para todas las medicinas derivadas de ella como parte de su lucha contra la hechicería y el satanismo. Diez años después se inició la fabricación de papel de cáñamo en Inglaterra y comenzó la distribución de la planta para cultivarse en el Nuevo Mundo. Llegó a Chile en 1545 y a Perú en 1554.
Los ingleses llevaron el cultivo de la marihuana a Canadá en 1606 y a Virginia en 1611. A partir de ahí se extendió a todas las colonias inglesas. Hacia 1631 ya se le empleaba en operaciones de compra y venta. En 1791 George Washington impulsaba abiertamente la industria doméstica del cáñamo, mientras que Thomas Jefferson declaraba “una necesidad” el cultivo de marihuana en lugar de tabaco.
En 1835 se fundó el Club de los Hachichines, un grupo bohemio del que formaba parte el poeta Baudelaire. Cuatro años más tarde una revista de homeopatía comenzó a publicar informes sobre los efectos de la marihuana. Hacia 1841 el médico escocés W. B. O’Shaughnessy, que trabajaba en la India, introdujo formalmente la marihuana en la medicina occidental, a lo que se sumó unos años después el psicólogo Jacques-Joseph Moreau de Tours, quien se refirió a sus beneficios físicos y mentales.
