Lecciones de economía internacional - Jorge Rojas - E-Book

Lecciones de economía internacional E-Book

Jorge Rojas

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Beschreibung

La economía internacional estudia las relaciones económicas entre los países: las comerciales (teoría pura) y las financieras (teoría monetaria). Este libro analiza detalladamente conceptos y relaciones fundamentales en la teoría pura, como los modelos de libre comercio, la política comercial, la teoría de la movilidad internacional de los factores de producción, la relación entre el comercio internacional y el crecimiento económico, y el actual proceso de globalización. Además, estudia el carácter conflictivo del comercio, tanto entre los países como al interior de cada uno de ellos; las políticas comerciales mercantilistas de las potencias coloniales europeas; y un caso específico de políticas comerciales, el del Perú desde 1960.

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Seitenzahl: 456

Veröffentlichungsjahr: 2024

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Jorge Rojas

LECCIONES DE ECONOMÍA INTERNACIONAL

Teoría pura

Lecciones de economía internacionalTeoría pura© Jorge Rojas, 2024

© Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial, 2024Av. Universitaria 1801, Lima 32, Perú[email protected]

Diseño, diagramación, corrección de estilo y cuidado de la edición: Fondo Editorial PUCP

Primera edición digital: setiembre de 2024

Prohibida la reproducción de este libro por cualquier medio, total o parcialmente, sin permiso expreso de los editores.

Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú Nº 2024-06119e-ISBN: 978-612-317-962-5

Índice

Siglas, acrónimos y abreviaturas

Introducción

1. La teoría de la economía internacional

2. Los modelos del comercio internacional

3. Los nuevos avances en la teoría del comercio internacional

4. La teoría de la política comercial

5. Otras cuestiones

Capítulo 1. El mercantilismo y el comercio colonial

1. El mercantilismo en perspectiva histórica

2. El mercantilismo en perspectiva teórica

3. Las críticas al mercantilismo

4. El fin del mercantilismo

5. Las políticas mercantilistas: temas de discusión

Capítulo 2. El modelo ricardiano

1. Los principales supuestos del modelo

2. La ventaja comparativa

3. La división internacional del trabajo y las ganancias del comercio

4. El equilibrio comercial con curvas de demanda recíproca (offer curves)

5. El equilibrio general ricardiano

6. Los efectos del libre comercio en el modelo de Ricardo

7. El equilibrio comercial con curvas de exceso de demanda

8. El equilibrio comercial con las curvas de oferta y demanda relativas

9. El problema del país grande

10. Más de dos bienes

11. Los costos de transporte y los bienes no transables

12. Más de dos países

13. La evidencia empírica

Capítulo 3. El modelo Ricardo-Viner

1. El modelo Ricardo-Viner y sus supuestos

2. El modelo Ricardo-Viner en el comercio internacional

Capítulo 4. El modelo Heckscher-Ohlin-Samuelson

1. El modelo con coeficientes fijos

2. El modelo con coeficientes variables

3. El teorema de Rybczynski

4. El teorema de Heckscher-Ohlin

5. El teorema de igualación de precios de los factores

6. El teorema de Stolper-Samuelson

7. La evidencia empírica

Capítulo 5. Los nuevos avances en la teoría del comercio internacional

1. El progreso tecnológico y el comercio de manufacturas

2. Los costos de transporte y el comercio – los modelos de gravitación

3. La competencia imperfecta y el comercio intraindustrial

4. Las economías de escala externas y el comercio internacional

5. Las cadenas de producción globales

6. El comercio internacional de las materias primas

7. Las nuevas teorías del comercio y los países en desarrollo

Capítulo 6. La teoría de la política comercial

1. La tarifa y sus efectos: el equilibrio parcial

2. La tarifa y sus efectos: el equilibrio general

3. La tarifa y sus efectos: el equilibrio comercial

4. Otros instrumentos de precio

5. Las restricciones cuantitativas: las cuotas de importación

6. Los argumentos por la protección

7. La medición de la protección

Capítulo 7. La política comercial peruana desde el año 1960

1. El proteccionismo moderado: 1960-1967

2. Una política comercial incoherente con el discurso proteccionista: 1968-1976

3. La liberalización frustrada: 1977-1985

4. Las políticas populistas del APRA: 1985-1990

5. El regreso a la ortodoxia a partir del año 1990

Capítulo 8. Las políticas comerciales discriminatorias

1. Los tipos de integración económica

2. La integración y el bienestar: la creación y la desviación de comercio

3. La experiencia peruana de la integración

4. Otros proyectos de integración a nivel mundial

Capítulo 9. La movilidad internacional de factores

1. La movilidad internacional del trabajo

2. La movilidad internacional del capital o la inversión extranjera

3. La movilidad internacional de factores y el bienestar

4. La evidencia empírica

Capítulo 10. El comercio internacional y el desarrollo económico

1. El modelo primario-exportador

2. La industrialización por sustitución de importaciones

3. El costo de la protección y las críticas a las políticas proteccionistas

4. El modelo exportador asiático

5. ¿Qué debemos aprender?

6. El Consenso de Washington

Capítulo 11. La globalización y el comercio mundial

1. La emergencia y la consolidación del capitalismo: 1800-1870

2. La reemergencia del colonialismo y del proteccionismo: 1870-1920

3. La liberalización y el Orden Americano: 1920-1980

4. La neoliberalización y el Nuevo Orden: 1980-2020

Referencias

Anexo 1.El equilibrio comercial

1. Las curvas de demanda recíproca

2. Las curvas de exceso de demanda

3. Las curvas de oferta y demanda relativas

Anexo 2.La medición de las elasticidades en una curva de demanda recíproca

Siglas, acrónimos y abreviaturas

AC

Acuerdo de Cartagena

AEC

Arancel externo común

AEMC

Arancel externo mínimo común

ALALC / ALADI

Asociación Latinoamericana de Libre Comercio / Asociación Latinoamericana de Integración

ALBA

Alianza Bolivariana

ALC

Áreas de libre comercio

ALCA / FTAA

Área de Libre Comercio de las Américas / Free Trade Area of the Americas

APC

Acuerdo de promoción comercial

APEC

Asia-Pacific Economic Cooperation / Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico

APRA

Alianza Popular Revolucionaria Americana

ASEAN

Association of Southeast Asian Nations

ATPA

Andean Trade Preference Act

ATPDEA

Andean Trade Promotion and Drug Eradication Act

BID

Banco Interamericano de Desarrollo

BM

Banco Mundial

CAEM

Centro de Altos Estudios Militares (hoy Nacionales)

CAF

Corporación Andina de Fomento

CAN / Pacto Andino

Comunidad Andina

CARICOM

Caribbean Community / Comunidad del Caribe

CDD

Costo doméstico de la divisa

CDR

Curvas de demanda recíproca

CED

Curvas de exceso de demanda

CEE

Comunidad Económica Europea

CEPAL

Comisión Económica para América Latina y el Caribe

CERTEX

Certificado de reintegro tributario a las exportaciones

CETICO

Centros de exportación, transformación industrial, comercio y servicios

CIC

Curvas de indiferencia comercial

CIF

Cost, insurance and freight (costo, seguro y flete)

CODEPA

Comité de Política Arancelaria

CPG

Cadenas de producción globales

CT

Costo de transporte

DEG / SDR

Derechos especiales de giro / special drawing rights

DR

Curva de demanda relativa

DTE

Devolución de tributos por exportación

DTI

Deterioro de los términos de intercambio

ECASA

Empresa Comercializadora del Arroz

ENCI

Empresa Nacional de Comercialización de Insumos

EPA

Environmental Protection Agency (de los Estados Unidos)

EPCHAP

Empresa Pública de Comercialización de Harina y Aceite de Pescado

EPSA

Empresa Pública de Servicios Agropecuarios

EPSEP

Empresa Pública de Servicios Pesqueros

EUA

Estados Unidos de América

FENT

Fondo de exportaciones no tradicionales

FMI

Fondo Monetario Internacional

FOB

Free on board (libre a bordo)

FONAVI

Fondo Nacional de Vivienda

G7

Grupo de los Siete / Group of Seven

GATS

Acuerdo General sobre Comercio en Servicios

GATT

General Agreement on Tariffs and Trade / Acuerdo General sobre Tarifas y Comercio

GVC

Global Value Chain

HOS

Heckscher-Ohlin-Samuelson

HPAE

High-performing Asian Economies

ICE

Instituto de Comercio Exterior

IDE

Inversión directa extranjera

IGV

Impuesto general a las ventas

INDECOPI

Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual

IPC

International Petroleum Company

IPCC

Intergovernmental Panel on Climate Change

ISC

Impuesto selectivo al consumo

ISI

Industrialización por sustitución de importaciones

LIP

Lista de importaciones prohibidas

LPSI

Lista de productos susceptible de importación

MEF

Ministerio de Economía y Finanzas del Perú

MERCOSUR

Mercado Común del Sur

MINCETUR

Ministerio de Comercio Exterior y Turismo del Perú

MPE

Modelo primario exportador

MRIO

Multi-region input-output

MUC

Mercado único de cambios

NAB

Nomenclatura arancelaria de Bruselas

NAFTA

North American Free Trade Association

NATO / OTAN

North Atlantic Treaty Organization / Organización del Tratado del Atlántico Norte

NBER

National Bureau of Economic Research

NMF

Nación más favorecida

NTC

Nuevas teorías del comercio

OMC /WTO/ antes GATT

Organización Mundial del Comercio / Word Trade Organization / antes General Agreement on Tariffs and Trade

OMS

Organización Mundial de la Salud

OPEP

Organización de Países Exportadores de Petróleo

OR

Curva de oferta relativa

PBI

Producto bruto interno

PE

Protección efectiva

PETROPERÚ

Petróleos del Perú

PID

Programas de integración industrial

PMDER

Países de menor desarrollo económico relativo

PSDI

Programas sectoriales de desarrollo industrial

PYME

Pequeña y microempresa

R. U.

Reino Unido

RC

Restricciones cuantitativas

RM

Resto del mundo

RNM

Registro nacional de manufacturas

SECREX

Seguro de crédito de exportación

SENAFER

Empresa Nacional de Ferrocarriles del Perú

SGP

Sistema generalizado de preferencias

SR

Oferta relativa mundial

T

Protección nominal

TC

Tipo de cambio

TI

Términos de intercambio

TMT

Tasa marginal de transformación

TPA

Tráfico de perfeccionamiento activo

TPE

Tasa de protección efectiva

TPP

Trans-Pacific Partnership

TTIP

Transatlantic Trade and Investment Partnership

UE

Unión Europea

UN

United Nations

UNCTAD

United Nations Conference on Trade and Development

UNFCCC

United Nations Framework Convention on Climate Change

VA

Valor agregado

VAD

Valor agregado doméstico

VAX

Valor agregado extranjero

VC

Ventaja comparativa

WWW

World Wide Web

XNT

Exportaciones no tradicionales

ZFI

Zonas francas industriales

Capítulo 1. El mercantilismo y el comercio colonial

En general, hay acuerdo en considerar que es difícil definir el mercantilismo, pero podemos decir que fue al mismo tiempo un régimen político-económico y una escuela económica que floreció en Europa entre los años 1550 y 1750, cuyo enfoque pragmático contrastaba con la religiosidad y el interés por cuestiones éticas y de justicia (o cuestiones normativas) de los autores escolásticos del medioevo; así mismo, puso un énfasis en el rol del Estado —o la búsqueda de una alianza entre las clases propietarias y el Estado— que a su vez contendía con el individualismo de los autores clásicos, a los que sin embargo, de esta forma, antecedió en su atención al interés propio.

El mercantilismo fue un fenómeno muy complejo y —como tal— puede ser estudiado desde diversos ángulos. En primer lugar, los autores mercantilistas escribieron el primer capítulo de importancia de la teoría económica que estudia la historia del pensamiento económico. En segundo lugar, el mercantilismo puede ser estudiado —o criticado— por la teoría del comercio internacional en el capítulo concerniente a la política comercial. En tercer lugar, las políticas mercantilistas de las potencias europeas desde el siglo XVI hasta el siglo XVIII son un tema de gran interés para la historia económica.

Así, aun cuando los libros de texto de economía internacional por lo general dejan el tema del mercantilismo para los textos de historia económica e historia del pensamiento económico, debemos resaltar acá la importancia del estudio del mercantilismo en el estudio de la economía internacional, no solo por el largo periodo de tiempo que dicha escuela cubre, sino también porque —como veremos— ha sido la única escuela económica cuyos argumentos centrales giran alrededor del comercio internacional y de la política comercial, para no mencionar que la obra más importante sobre la escuela mercantilista es la del teórico más importante de la economía internacional del siglo XX, Eli Heckscher (1994), quien publicó originalmente en Estocolmo en 1931 su obra bajo el título Merkatilismen.

En su obra Heckscher (1994) distingue tres aspectos o facetas del mercantilismo o, como él los denomina, tres sistemas —sistema político o de poder, sistema comercial o de protección, y sistema monetario— lo cual nos sugiere la complejidad del paradigma mercantilista. Aquí vamos a tratar de hacer lo mismo (puntos 2.1, 2.2 y 2.3), para luego exponer tanto las críticas al mercantilismo hechas por David Hume, por los fisiócratas y por los autores clásicos, como los cambios que llevaron al fin del mercantilismo (puntos 3.1, 3.2, 3.3, 3.4 y 4), para finalmente sugerir algunas materias de discusión (punto 5); pero antes brevemente pondremos al mercantilismo en perspectiva histórica y teórica (puntos 1 y 2).

1. El mercantilismo en perspectiva histórica

En la historia económica del mercantilismo, una primera cuestión a notar es que su inicio (alrededor del año 1550) coincide con el fin de la Edad Media y el paso a la Edad Moderna y al Renacimiento a partir de los siglos XV y XVI, paso marcado por la caída de Constantinopla en poder de los turcos en 1453 y por la llegada a América de los europeos en 1492. También debemos hacer notar que, para entender la emergencia del mercantilismo y su adopción en Europa a partir del siglo XVI, debemos tomar en cuenta cuatro acontecimientos íntimamente vinculados entre sí:

El contacto de Europa con Asia, que ya se había iniciado con las Cruzadas, se vio acrecentado con los viajes de Marco Polo a la China a fines del siglo XIII, y una mayor interacción con el mundo islámico (el Oriente Medio), todo lo cual permitió a los europeos —principalmente por vía de las ciudades italianas— conocer el papel (¡y el papel moneda!), la pólvora, la brújula, la porcelana, los números arábigos (¡y el cero!), la doble contabilidad, etc.La expansión europea hacia el resto del mundo, como sabemos, fue el resultado del descubrimiento de América por Cristóbal Colón en 1492, pero también del descubrimiento de una ruta marítima hacia el Asia (la India y los países árabes) al realizar Vasco da Gama la circunnavegación del África en 1497. Las acciones de ambos navegantes resultaron del interés de los europeos por comerciar con el Oriente, interés acrecentado desde los viajes de Marco Polo, y que fueron facilitadas por los adelantos en las técnicas de navegación marítima.Pero la expansión europea hacia el resto del mundo fue posible también por la formación de los Estados europeos tras la derrota de los señores feudales y el declive del poder político de la Iglesia, lo cual llevó a la desaparición de la servidumbre (serfdom) y la concentración del poder en manos de monarquías absolutas que organizaron ejércitos y burocracias profesionales, códigos civiles y tributarios, etc.3.La formación de los Estados europeos facilitó también el surgimiento de las potencias coloniales europeas, básicamente España, Portugal, Inglaterra, Francia y Holanda. Luego de la circunnavegación del mundo por Fernando de Magallanes y Sebastián Elcano (1519-1522), la expansión hacia Occidente se consolidó durante el siglo XVI, inicialmente con la conquista de América por España y Portugal, y más tarde por Inglaterra y Francia, al norte de México, durante el siglo XVII. Por su parte, Inglaterra, Francia, Holanda y Portugal buscaron consolidar su expansión en África y hacia el Oriente (Medio Oriente, India, Indochina, Australia, etc.).

Por otro lado, el fuerte crecimiento de la actividad económica al final de la Edad Media resultó tanto de la expansión colonial como del declive del escolasticismo y del poder de la Iglesia, que consideraba como pecados la codicia y la usura. A tales factores deben agregarse los adelantos en la navegación con la introducción de la brújula en Europa (siglo XIV) y el perfeccionamiento de la propulsión naval a vela (alrededor del año 1600), que hicieron que el transporte marítimo fuera más rápido y seguro.

El siglo XVII es el que marca el auge de las políticas mercantilistas en Europa, como resultado del tremendo crecimiento del comercio colonial (incluyendo el comercio de esclavos que perduró hasta el siglo XIX), de las marinas mercantes europeas, y de la extracción de metales preciosos en México y Perú que permitió el crecimiento de la oferta de dinero en Europa.

Las potencias coloniales europeas monopolizaron el comercio con sus colonias, incluyendo la navegación y el tráfico de esclavos. En España los reyes católicos establecieron en 1503 la Casa de Contratación de Indias en Sevilla; y entidades similares fueron creadas por los ingleses (la East India Company en el año 1600), los holandeses (1602 y 1621) y los franceses (1635). En general, estos organismos —una suerte de ministerios— se mantuvieron activos hasta el siglo XIX4.

Dos políticos del siglo XVII, usualmente mencionados como paradigmas de la aplicación de las políticas mercantilistas, fueron Oliver Cromwell en Inglaterra y —sobre todo— Jean-Baptiste Colbert en Francia. Cromwell, líder puritano de la guerra civil inglesa que estalló en 1640, fue nombrado Lord Protector del Commonwealth of England en 1653 y falleció en 1658, y durante su gobierno buscó promover el comercio, permitió el retorno de los judíos a Inglaterra y promulgó la primera Navigation Act en 1651. Colbert, ministro de finanzas de Luis XIV de Francia entre 1665 y 1683, reformó las finanzas y la justicia en este país, promovió el comercio y la industria mediante leyes proteccionistas y de navegación.

El declive del mercantilismo durante el siglo XVIII resultó, por un lado, del inicio de la Revolución Industrial en Inglaterra, que va del año 1760 a 1830 (James Watt patentó la máquina a vapor en 1769). Por otro lado, del inicio del derrumbe de las potencias coloniales —con la Revolución americana en 1776— y del declive del absolutismo que marca la Revolución francesa en 1789, pero que tiene como antecedente a las guerras civiles inglesas de mediados del siglo XVII. Finalmente tenemos también el inicio de unas importantes innovaciones intelectuales: David Hume publicó sus Political Discourses en 1752, François Quesnay publicó su Tableau Économique en 1758, y Adam Smith publicó The Wealth of Nations en 1776.

2. El mercantilismo en perspectiva teórica

Antes de exponer los principales aspectos del pensamiento o doctrinas mercantilistas, podemos ponerlas en perspectiva, reseñando brevemente las distintas escuelas que distingue la teoría del pensamiento económico a través del tiempo, señalando los autores y sus obras representativas:

Los autores escolásticos, cuyo interés principal fueron las cuestiones morales no la economía, y que en la Edad Media escribieron sobre el justiprecio y contra la usura. Santo Tomás publicó su Summa Theologica en el siglo XIII.Los mercantilistas, siendo tal vez la literatura inglesa del siglo XVII la más representativa (Thomas Mun escribe England’s Treasure by Forraign Trade en 1621, que es publicada en 1664), pero precursores importantes fueron Juan de Mariana en España (1609) y Antonio Serra en Italia (1614).Los fisiócratas advocaron el laissez-faire y el libre comercio. Criticaron el postulado de los mercantilistas que la riqueza podía crearse mediante el intercambio, enfatizando el rol de la tierra en tal sentido. Quesnay publicó su Tableau Économique en 1758. Otro autor importante fue Turgot que publicó sus Réflexions en 1770.Los clásicos enfatizaron el rol del interés propio, la libre competencia (laissez-faire) y la ‘mano invisible’ en la creación de la riqueza, y usaron la teoría del valor-trabajo para explicar los precios. Adam Smith publicó The Wealth of Nations en 1776; David Ricardo On the Principles of Political Economy and Taxation (1817-1821, tres ediciones); Thomas Malthus (en 1820) y John Stuart Mill (en 1848) también publicaron sus propios principios (An Essay on thePrinciple of Population y Principles of Political Economy, respectivamente); y Jean-Baptiste Say publicó su Traitéd’Economie Polítique en 1803.Karl Marx definió la plusvalía como la diferencia entre el valor creado por los trabajadores y el salario que reciben, afirmando que el capitalismo implica el enfrentamiento entre los propietarios del capital (la burguesía) y los trabajadores (el proletariado). Das Kapital fue publicado en tres volúmenes entre los años 1867 y 1894.Los neoclásicos de la escuela marginalista abandonaron la teoría del valor-trabajo de los clásicos. Alfred Marshall publicó ocho ediciones de sus Principlesof Economics entre 1890 y 1920. Otros autores importantes fueron Eugene von Böhm-Bawerk y Carl Menger, de la escuela austríaca; William Stanley Jevons, uno de los creadores de la microeconomía inglesa; Vilfredo Pareto y León Walras, fundadores de la teoría del bienestar y del equilibrio general; e Irving Fisher, quien empezó a crear la teoría macroeconómica. John Maynard Keynes dio origen a la teoría macroeconómica moderna y rechazó la ley de Say según la cual la oferta crea su propia demanda y no puede existir desempleo involuntario. Publicó The General Theory of Employment, Interest, and Money en 1936.

2.1. La doctrina política: la formación de los Estados europeos

Como ya señalamos en la introducción, Eli Heckscher (1994) vio que el mercantilismo se componía de tres sistemas: un sistema político o de poder; un sistema (o doctrina) comercial o de protección; y un sistema monetario.

Como doctrina política, el mercantilismo puede ser visto como el componente económico del absolutismo y de la formación de los Estados europeos, al racionalizar y sugerir algunos de los procedimientos de unificación nacional, especialmente en Inglaterra, Francia y España. Dicha unificación enfrentaba, por un lado, el universalismo de la Iglesia católica y del Sacro Imperio Romano—debilitados por la Reforma protestante iniciada por M. Lutero en 1517 y J. Calvino en 1536—, y por otro, el particularismo de los feudos medievales —debilitados por la introducción de la pólvora en Europa—, para no mencionar a otros Estados rivales.

Así pues, los mercantilistas no estaban interesados en teorías del valor (o precio), o de la producción o el consumo; lo que a ellos les interesaba era el aumento del poder del Estado, pero no en oposición al sector privado —que no existía o tenía muy poca importancia—, sino a otros Estados, la Iglesia y los señores feudales (la clase terrateniente). El mercantilismo, entonces, buscó aumentar el poder de las potencias coloniales europeas, y estuvo orientado hacia la geopolítica tanto como hacia la economía y, dadas las bajas tasas de crecimiento económico, se presumía que la riqueza y el poder mundial eran básicamente cantidades fijas, por lo que un aumento absoluto en ellas significaba también un aumento relativo para un país, pues era a expensas de los demás países, con frecuencia a través de las guerras.

Una de las políticas que se derivaba del interés de los mercantilistas por aumentar el poder político y militar de los Estados fue el fomento del crecimiento de la población. Heckscher (1994) argumenta que si bien inicialmente este interés de los mercantilistas en el crecimiento de la población tenía sobre todo un propósito militar —una mayor población permitía a los Estados en guerra mantener ejércitos más grandes—, posteriormente esto cambió y el interés por una población más grande terminó resultando de la mayor oferta de trabajo que dispondrían las manufacturas. Además, debemos tener en cuenta que la población europea cayó entre el 30% y 60% a mediados del siglo XIV como consecuencia de la epidemia denominada ‘peste negra’ (Black Death), lo cual redundó en la escasez de mano de obra (Findlay & O’Rourke, 2003).

En todo caso, una población más grande podría no ser suficiente para aumentar el poder político y militar de un Estado. También se necesitaba dinero (oro), y una manera de conseguirlo era el comercio superavitario con otros países, pues de esta manera se lograba la acumulación de metales preciosos que le permitían a ese Estado entrar en guerras y ganarlas (‘money is the sinews of war’). De esta manera, en el comercio tenían que haber necesariamente ganadores y perdedores: no todos podían ganar, pues los superávits de unos eran los déficits de otros. El interés por los metales preciosos y el comercio superavitario se explica también por la escasez de dinero provocada por la importación de bienes suntuarios provenientes de los países asiáticos —China, principalmente— a través de la ruta de la Seda (Silk Road), tal como señalan también Findlay y O’Rourke (2003).

2.2. La doctrina comercial: el proteccionismo y el comercio colonial

Como acabamos de mencionar en el punto anterior, una de las políticas centrales —sino la política central—promovida por los mercantilistas fue el comercio superavitario con otros países, por lo que en el comercio tenían que haber necesariamente ganadores y perdedores (los superávits de unos eran los déficits de los otros). De esta manera, podría decirse que el comercio internacional era visto como un juego suma cero. El análisis del intercambio balanceado mutuamente ventajoso, basado en el principio de las ventajas comparativas, donde no es necesario tener un superávit para ganar con el comercio, no fue adecuadamente formulado sino hasta comienzos del siglo XIX por David Ricardo.

Pero, según Schumpeter (1954, cap. 7), también hubo una contribución analítica, aunque bastante cruda, de los mercantilistas, pues elaboraron argumentos en favor de la protección, tales como la industria naciente y la industria clave, y también argumentos vinculados con el empleo y el efecto multiplicador de las exportaciones. Pero estos argumentos fueron elaborados porque apelaban al sentido común, y el grueso de la literatura es considerada precientífica. Sin embargo, el concepto de balanza comercial es en sí mismo una herramienta analítica. Antonio Serra —según Schumpeter, un «pobre diablo»que escribió su obra en una prisión napolitana en 1613— fue el primero que entendió este concepto a plenitud, y lo usó para explicar que la escasez de los metales preciosos en el reino de Nápoles era causada por un déficit en su balanza comercial.

La política económica que se derivaba del interés por el comercio superavitario —por ejemplo, las políticas del ministro J. B. Colbert en Francia, o del Lord Protector Oliver Cromwell en Inglaterra— era el proteccionismo comercial, que buscaba promover las exportaciones (excepto las armas y algunos otros productos) y restringir o desincentivar las importaciones (excepto las materias primas necesarias). Con esta finalidad —de exportar y, por tanto, producir más— era necesario no solamente favorecer el crecimiento de la población —pues eso significaba una mayor fuerza de trabajo—, sino también mantener bajos los salarios —para disminuir los costos de producción de las exportaciones y el consumo de los trabajadores— y las tasas de interés.

Pero el aspecto más importante de las políticas mercantilistas fue la monopolización del comercio colonial. Las metrópolis europeas veían a sus colonias no solo como una fuente de metales preciosos y materias primas, sino también como una fuente de demanda potencial por exportaciones, y el comercio con dichas colonias debía monopolizarse. Por ejemplo, en Inglaterra se promulgaron las Actas de Navegación (Navigation Acts) en 1651 y 1660, estableciendo que sus importaciones debían hacerse en buques ingleses o del país de origen, y que el comercio con sus colonias debía realizarse por los ingleses, en buques ingleses, con la tripulación inglesa, y que algunos productos, tales como el azúcar, el tabaco y el algodón, producidos en las colonias americanas, solo podían ser exportados a los puertos ingleses, una práctica denominada enumeration. Estas actas, que originalmente buscaban excluir a la poderosa marina mercante holandesa del comercio británico, terminaron sirviendo para monopolizar el comercio colonial inglés, y su reforzamiento en 1764 aumentó el descontento que condujo a la revolución por la independencia americana en 1776. Además de Inglaterra, otras potencias coloniales europeas, tales como España y Francia, tuvieron unas normas similares a estas Actas de Navegación.

Cuando los libros de texto exponen el tema del mercantilismo frecuentemente olvidan enfatizar que esa fue la época del colonialismo, la piratería y el comercio de esclavos, y que las políticas comerciales mercantilistas estaban íntimamente asociadas con las políticas coloniales, esto es, con la explotación desinhibida de las colonias. El comercio de esclavos estuvo en manos principalmente de Inglaterra y Portugal (en la costa occidental de África), y los árabes (en la costa oriental). Recordemos también que la esclavitud fue abolida en Inglaterra recién en 1833, en Francia en 1848, y en Estados Unidos en 1865.

Si el comercio exterior beneficioso está asociado con un saldo comercial positivo, ¿cuál es la conexión entre las ganancias y el saldo? Como ya hemos mencionado, un interés básico era aumentar el stock de metales preciosos. Sin embargo, Schumpeter (1954) niega que los mercantilistas pensaran que el saldo comercial mide las ganancias, o que el balance constituye la ganancia, o que fuera la única fuente de tal ganancia, pero no da una explicación alternativa. Así, tal vez el mercantilismo tenga más sentido como una estrategia que usa el comercio exterior para mantener la economía doméstica estimulada: en esta concepción la prosperidad y el poder siguen siendo el objetivo final, pero la balanza comercial y el correspondiente aumento en el stock de dinero es el medio básico, con el pleno empleo siendo un importante fin operacional.

De hecho, Maurice Dobb (1969, cap. 5) enfatiza que las políticas proteccionistas de los mercantilistas —que promovían las exportaciones y restringían las importaciones— tenían como fin primordial garantizar una demanda para la industria doméstica, constreñida por el reducido poder adquisitivo de los trabajadores. Así, las políticas proteccionistas favorecidas por los mercantilistas son conspicuamente consistentes con el argumento del ‘balance de empleo’ (la búsqueda del pleno empleo), y el proteccionismo fue crecientemente promovido con poca o nula referencia a la entrada de los metales preciosos. En todo caso, tal como señala Heckscher (1994), con un superávit comercial se alcanzaban dos objetivos al mismo tiempo: el país lograba deshacerse de sus excedentes de producción (surplus of goods) y lograba aumentar su stock de metales preciosos.

2.3. La doctrina monetaria: la balanza comercial y la oferta del dinero

Una herencia de la Edad Media había sido la prohibición de exportar el oro y otros metales preciosos —y, en general, el control del uso y comercio de los metales preciosos, práctica a veces denominada bullionism—, pero un autor mercantilista como Thomas Mun, miembro del comité de la East India Company, cuyo libro —England’s Treasure by Forraign Trade— fue escrito en 1621 y publicado en 1664, encontró que eso no era necesario, y que las exportaciones del oro de un país debían ser iguales a su déficit comercial (no había dinero fiduciario y las transacciones se hacían con los metales preciosos), y por lo tanto si un país tenía un superávit comercial iba a estar importando y no exportando el oro, por lo que no era necesario prohibir las exportaciones del oro, sino que era suficiente asegurar una balanza comercial superavitaria.

Sin embargo, generalmente se acusa a los mercantilistas de haber favorecido el control de cambios, que en ese caso tomaba la forma de controles sobre los flujos de los metales preciosos. Pero Heckscher (1994) señala que la tendencia de los países a restringir la salida de los metales preciosos venía desde el tiempo de las Cruzadas y subsistía aún durante la Primera Guerra Mundial, por lo que, en todo caso, no fue una política exclusiva de los mercantilistas.

Sin embargo, debemos reconocer que las restricciones a los flujos de los metales preciosos tuvieron particular importancia durante el periodo en que floreció la escuela mercantilista. ¿Cómo se puede explicar esto? Por un lado, si bien la riqueza todavía era íntimamente asociada con los metales preciosos, los autores mercantilistas más lúcidos no los hicieron sinónimos. Por el contrario, los autores mercantilistas empezaron a enfatizar la mayor circulación del dinero y no simplemente un mayor stock de los metales preciosos. Esto es, una mayor cantidad de los metales preciosos y su gasto aliviarían una percibida escasez del dinero y servirían para facilitar el comercio pues —como ya hemos mencionado— no había dinero fiduciario. Las economías europeas estaban en un proceso de monetización, y necesitaban del dinero para reducir los costos de transacción asociados al intercambio puro.

Por otro lado, tenemos la gran cantidad de metales preciosos que empezó a llegar a Europa desde las colonias americanas (México y Perú), lo cual, si bien, por un lado, facilitaba el proceso de monetización, por otro lado, incentivaba la rivalidad entre los países europeos por apropiarse del botín colonial, botín que —según Gonnard (1952, p. 67)— multiplicó por ocho el stock del oro y la plata en Europa en un siglo.

Tenemos, entonces, que las políticas mercantilistas habrían buscado asegurar un aumento de la circulación del dinero mediante la obtención de superávits comerciales, los que a su vez habrían sido asegurados mediante la monopolización del comercio colonial. Esta interpretación —que podríamos denominar monetarista— que hace Herckscher (1994) de las políticas mercantilistas, fue en gran medida respaldada por J. M. Keynes (1936) quien en el capítulo 23 de la Teoría General cita al mismo Heckscher con tal propósito, señalando que un objetivo básico de los mercantilistas habría sido reducir la tasa de interés con el fin de promover la inversión.

Sin embargo, Galbraith (1983) señala que el efecto positivo de la entrada de los metales preciosos a Europa resultó no tanto de la facilitación del comercio como resultado del aumento de la oferta de dinero, sino del aumento de los precios de las mercancías con relación a los salarios, lo cual elevó fuertemente las ganancias y, por tanto, el ahorro y la inversión (p. 23).

Una interpretación análoga de las políticas mercantilistas, pero sin ese matiz monetarista, había sido hecha antes por Karl Marx en la parte octava del primer volumen de su obra El Capital publicada originalmente en 1867. Allí, Marx subrayaba el rol del comercio colonial como una de las bases de lo que él denomina la acumulación primitiva (der ursprünglichen Akkumulation) de los fondos del capital financiero y productivo que un sistema capitalista requiere para su funcionamiento.

3. Las críticas al mercantilismo

No podemos entender el fin del mercantilismo como doctrina política y como escuela económica si antes no examinamos, primero, una serie de críticas de las que fue objeto y, segundo, una serie de cambios políticos, básicamente durante la segunda mitad del siglo XVIII, que fueron en detrimento del absolutismo político y de las potencias coloniales europeas.

3.1. La crítica de Hume: el mecanismo de un ajuste automático

Aun cuando un considerable número de autores del siglo XVII (Serra, Mysselden, Malynes, Mun, Locke) tuvo alguna idea del mecanismo de ajuste automático internacional —y reconoció que una política dirigida a obtener persistentes balances comerciales positivos sería derrotada por un eventual aumento del nivel de los precios domésticos—, este mecanismo no fue plenamente entendido sino hasta bien entrado el siglo XVIII. De hecho, un modelo sistemático y completo de ajuste de la balanza comercial por los precios fue producido recién en un ensayo publicado por David Hume en 1752, «Of The Balance of Trade» (uno de sus Ensayos Políticos o Political Discourses), que contenía una aplicación de la teoría cuantitativa del dinero en presencia del comercio exterior: un superávit comercial aumentaría la cantidad del dinero, y por tanto el nivel de precios, como resultado de lo cual el país debe de perder competitividad y ver disminuir sus exportaciones y aumentar sus importaciones. Lo opuesto ocurriría en el país deficitario. De esta manera, hay un mecanismo de ajuste automático que impide que haya países que tengan superávits (déficits) sistemáticos, el denominado price-specie-flow mechanism.

En este sentido, David Hume antecedió a los autores clásicos en su crítica del mercantilismo. Se dice también que Hume fue uno de los que acusó a los mercantilistas de ser unos tontos que identificaban riqueza con metales preciosos. Pero, tal como ya hemos señalado, el mercantilismo no fue tan superficial, y al favorecer el aumento de las exportaciones se pensaba no tanto —o no solo— en el oro que eso traería, sino en el mayor empleo e ingresos que eso crearía.

3.2. Las críticas de los fisiócratas

El ataque de los economistas clásicos a los mercantilistas estuvo precedido por el de los fisiócratas que promovieron el laissez-faire y el libre comercio. Como se recordará, los fisiócratas se desarrollaron en Francia a mediados del siglo XVIII (François Quesnay publicó su Tableau Economique en 1758), y aunque se suele destacar su tesis que la agricultura es el único sector que tiene un producto neto(o produit net), siendo capaz de crear riqueza adicional, no menos importante fue su posición en favor del libre cambio. En este sentido tuvieron una importante influencia sobre los economistas clásicos y, en particular, sobre Adam Smith, que residió en Francia entre 1764 y 1766, y publicó The Wealth of Nations (La Riqueza de las Naciones) en 1776.

3.3. Las críticas de los clásicos

Pero el hecho que los mercantilistas no tengan buena fama entre los economistas resulta sobre todo de las críticas que fueron objeto por parte de los autores clásicos. Las políticas del ministro francés J. B. Colbert fueron duramente atacadas por A. Smith (1937), quien parece haber sido el primero en usar la expresión mercantile system, y en su obra La Riqueza de las Naciones enfatizó la idea de la especialización y el intercambio mutuamente provechoso:

Dar el monopolio del mercado doméstico a la industria doméstica […] es en alguna medida ordenar a la gente la manera en que debe usar su dinero, lo cual debe, en casi todos los casos, ser algo inútil o pernicioso […]. El sastre no trata de hacer sus propios zapatos, sino que los compra del zapatero. El zapatero no trata de hacer su propia ropa, sino que emplea un sastre […]. (Libro IV, cap. II, pp. 423-424).

Myint (1958), sin embargo, nos hace notar que A. Smith tenía una idea algo más sofisticada del comercio y sus beneficios. De hecho, Smith (1937) en el capítulo previo a la cita anterior señala que el comercio:

Permite exportar la producción excedente por la cual no hay demanda doméstica e importar productos por los cuales existe demanda […]. De esa manera, las limitaciones del mercado doméstico no impiden que la división del trabajo sea llevada a su máxima perfección en todas las industrias. (Libro IV, cap. I, p. 415).

De acuerdo con Myint (1958), las dos principales ideas en esta cita son: (1) el comercio internacional permite superar las limitaciones del mercado doméstico y provee una salida para la producción excedente —el vent for surplus—y (2) al aumentar el tamaño de los mercados también se intensifica la división del trabajo y aumenta su productividad en cada país. Sin embargo, el propio Myint señala que J. S. Mill en sus Principios consideraba la doctrina del vent for surplus de Smith como una reliquia de la teoría mercantilista.

En todo caso, la idea del intercambio comercial mutuamente beneficioso sería luego reforzada por el concepto de la ventaja comparativa de David Ricardo (1951) en el cap. 7 de su obra On the Principles of Political Economy and Taxation. Aunque Ricardo no utiliza la expresión ‘ventaja comparativa’, él muestra que si asumimos dos economías (Inglaterra y Portugal) que producen solamente dos bienes (tela y vino), con tecnologías dadas pero diferentes entre ambos países, solo se requiere que los precios relativos (que son afectados pero no determinados por los diferentes grados de progreso tecnológico de los países) sean diferentes en ambos países para que estos puedan tener un comercio equilibrado mutuamente beneficioso, lo que descarta la visión mercantilista del comercio como un juego suma cero.

3.4. Las críticas de Marx

Ya hemos señalado que, al discutir el tema de la acumulación primitiva, Marx (1973) subraya el rol del comercio colonial —de las políticas mercantilistas— como una de las bases de dicho proceso. Debemos agregar ahora que al discutir el concepto de plusvalía (El Capital, vol. I, cap. XVI), Marx critica a los autores clásicos por no preocuparse por explicarla (en el caso de Ricardo) o por malentender su origen (en el caso de J. S. Mill), y al mismo tiempo acusa a los mercantilistas de creer en forma errada que la plusvalía tiene su origen en el intercambio.

4. El fin del mercantilismo

Una serie de cambios políticos, sobre todo durante la segunda mitad del siglo XVIII, provocaron el debilitamiento del absolutismo político y del colonialismo europeo, y terminaron por sellar el declive del mercantilismo. Entre ellos podemos mencionar la independencia americana (1776) y la Revolución francesa (1789), que dieron origen a sendas repúblicas. Aunque el nacimiento de los organismos representativos en Europa —los Estados Generales en Francia, la Cámara de los Comunes en Inglaterra, las Dietas en Alemania, y las Cortes en España— data de la Edad Media, fueron las nuevas repúblicas las que marcan el inicio del fin del absolutismo.

En el caso específico del colonialismo español, su debilitamiento empezó aun antes, con la guerra de Sucesión española (1701-1714), en la cual Francia y España enfrentaron a otras potencias europeas (la Gran Alianza) que buscaban impedir la instauración de la dinastía borbónica (de origen francés) en España, y que concluyó con el Tratado de Utrecht, que aceptó el ascenso de los Borbón en España, pero les arrebató territorios en Europa, así como el monopolio del comercio de esclavos con sus colonias en América, a favor de ingleses y holandeses.