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El enfoque del envejecimiento positivo plantea que es imperativo contribuir a que los años que se han agregado a la vida humana merezcan la pena ser vividos. Es una obra escrita en un lenguaje claro, pero con apoyo científico, lo que la vuelve muy interesante y amena para profesores, alumnos, profesionales y público en general.
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Seitenzahl: 381
Veröffentlichungsjahr: 2022
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305.26
Z44lZegers Prado, Beatriz.
Lecturas al atardecer: ocho temas acerca del envejecimiento
/ Beatriz Zegers Prado, María Elena Larrain Sundt.
2ª ed.– Santiago de Chile: Universitaria, 2017.
205 p.; 15,5 x 23 cm. – (El saber y la cultura)
Incluye bibliografías.
ISBN Impreso: 978-956-11-2568-1
ISBN Digital: 978-956-11-2713-5
1. Envejecimiento – Aspectos sociales.
2. Abuelo – Relaciones familiares.
3. Ancianos – Conducta sexual.
4. Psicoterapia – En ancianidad.
I. t.II. Larrain Sundt, María Elena.
© 2014, BEATRIZ ZEGERS P., MARÍA ELENA LARRAIN S.
Inscripción Nº 246.597, Santiago de Chile.
Derechos de edición reservados para todos los países por
© EDITORIAL UNIVERSITARIA, S.A.
Avda. Bernardo O’Higgins 1050, Santiago de Chile.
Ninguna parte de este libro, incluido el diseño de la portada,
puede ser reproducida, transmitida o almacenada, sea por
procedimientos mecánicos, ópticos, químicos o
electrónicos, incluidas las fotocopias,
sin permiso escrito del editor.
Texto compuesto en tipografía Bembo 12/14,5
Se terminó de imprimir esta
SEGUNDA EDICIÓN
en los talleres de Salesianos Impresores S.A.,
General Gana 1486 Santiago de Chile,
en diciembre de 2017.
IMAGEN DE PORTADA
Paisaje de la tarde con la luna creciente (detalle)
Vincent van Gogh
Pinturas, Óleo sobre tela
Francia, principios de 1889
Museo Kröller-Müller
DIAGRAMACIÓN
Yenny Isla Rodríguez
DISEÑO DE PORTADA
Norma Díaz San Martín
Diagramación digital: ebooks [email protected]
ÍNDICE
AGRADECIMIENTOS
PRÓLOGO
PREÁMBULO PARA OCHO LECTURAS
SERÉ ABUELO/A Y BISABUELO/A
¿Por qué “abuelidad” y no simplemente abuelo/abuela?
¿Qué abuelo o abuela seré?
¿Qué significado tendrá para mí ser abuelo/abuela?
Resultantes creadoras de la abuelidad
NO SERÉ VIEJO TODAVÍA
Envejeceré activamente
¿Qué haré en el tiempo que queda?
“Como decíamos ayer”
CONTINUARÉ AMANDO
¿Todos los amores se escriben con mayúsculas?
El desafío del amor para siempre
Hablemos claro
Amor, sexualidad y vías de sublimación
ENVIUDARÉ
¿Qué es el duelo?
Circunstancias que determinan el curso de un duelo
Naturaleza del vínculo
Edad
Cómo ocurre la muerte
Creencias religiosas y sentido
¿En qué consiste el proceso de duelo?
Nuevos matrimonios
DIRÉ MIS REMINISCENCIAS
¿Por qué los ancianos gustan hablar del pasado?
Memoria autobiográfica y reminiscencia
Reminiscencia benéfica
Riesgos de la reminiscencia
Revisión de vida
Transiciones vitales (turning point)
MANIFESTARÉ MI VOLUNTAD
¿Dónde quiero vivir los últimos años?
¿Qué cuidados médicos quiero recibir?
Haré mi testamento
Confianza irrevocable
CELEBRARÉ LOS 80, TAL VEZ MÁS
Todo depende del carácter de los hombres
Legado y reconocimientos
Mentores espirituales
¿ES POSIBLE LA PSICOTERAPIA EN ADULTOS MAYORES?
Definición de psicoterapia e historia de la psicoterapia en el adulto mayor
Diagnóstico: observación, evaluación y registro de la historia vital
Actitudes del terapeuta, dimensiones que favorecen/dificultan la psicoterapia en el adulto mayor y temáticas más frecuentes
Transferencia y contratransferencia en el tratamiento psicoterapéutico de adultos mayores
Cuidados psicoterapéuticos basados en la evidencia
BIBLIOGRAFÍA GENERAL
AGRADECIMIENTOS
Muchas son las personas a quienes debemos gratitud:
A nuestros maridos: Rodolfo Amenábar y Felipe Infante, quienes permitieron generosamente que dedicáramos parte del tiempo familiar a esta labor. A nuestros hijos, nueras y yernos, también a nuestros nietos; todos ellos han sido fuente de inspiración.
A Isabel Zegers, quien leyó y corrigió buena parte de los diversos capítulos, su bagaje lingüístico sin duda constituyó un gran aporte.
A todos aquellos que leyeron y comentaron los borradores de los diversos capítulos, ayudándonos a clarificar nuestras ideas y entregándonos valiosos y sugerentes comentarios: Dr. Otto Dörr, Dr. Alejandro Serani, Ps. Mariarita Bertuzzi, Ps. María Paz Peñaloza, Ps. Loreto González. Especial mención merece nuestra alumna Teresita Valdés, quien colaboró en la revisión del manuscrito y citas bibliográficas.
A Rosita Kornfeld, quien fuera Directora del Servicio Nacional del Adulto Mayor hasta marzo de 2014. Su pasión por los adultos mayores ha constituido un permanente estímulo a adentrarnos en la Psicología de esta época de la vida.
A la Dra. Juana Silva, Directora del Instituto Nacional de Geriatría, quien aceptó dadivosamente escribir el prólogo.
A nuestros colegas, amigos y alumnos de la Universidad de los Andes que nos acompañaron y animaron de las más variadas formas a concretar este proyecto. Una frase personal vaya para el Ps. Cristian Rojas-Barahona, varias reflexiones en este libro provienen de proyectos compartidos, algunos de los cuales esperamos algún día vean la luz.
A todas aquellas personas que nos han enriquecido, sea a través de sus vidas, sus ejemplos, sus enseñanzas, sus dolores y conflictos.
Un agradecimiento particular dirigimos a Editorial Universitaria, en la persona de su editor, Arturo Matte, por su apoyo y confianza en nuestro trabajo y para que este se haya concretado.
PRÓLOGO
Chile ya es un país envejecido, proceso que no solo se ha instalado en la composición de la estructura etária de nuestra población, sino que también se agrega el proceso denominado “envejecimiento de la vejez”, es decir, no solo crece el grupo de 60 años y más, sino que de este el que mayoritariamente se incrementa y de manera sostenida es el de 80 y más.
Las autoras −una de ellas reconociendo, aceptando y reivindicando el amplio significado positivo de la palabra, afirma ser ella una “anciana”−, dan cuenta de este(a) actor(a) que siempre ha existido en nuestra sociedad, pero que hoy aumenta de manera significativa tanto en números relativos como absolutos, grupo de personas que vivencian cambios biopsicosociales, que se instalan en su historia, para los que surgen nuevos requerimientos en todos los ámbitos, y que a su vez constituyen un capital social en extremo valioso para la sociedad y para nuestro país.
Declaran como los principales objetivos de su trabajo en este libro el contribuir a que los años que se han agregado a la vida humana merezcan la pena ser vividos, y esperan que lo sean de la mejor manera posible, y que principalmente lo han desarrollado de manera dirigida a los protagonistas de este proceso: las personas que se encuentran en la adultez mayor y, por otro lado, a quienes tienen una relación más directa con ellos.
Eligen y abordan temas complejos que involucran lo que significa envejecer, sus desafíos, las preocupaciones, de una manera que hace fácil su comprensión, con un sólido y amplio respaldo del estado del arte en estos sensibles temas de interés no solo para quien está en la adultez mayor, sino para quienes acompañan a los adultos mayores, las familias en general, hijos, hermanos, nietos; para los profesionales, técnicos, cuidadores, y para todos quienes atendemos o nos relacionamos laboralmente con este grupo etário, en este proceso que es parte de nuestra vida.
Los temas son abordados desde la normalidad de los procesos de una manera amena, destacando los aspectos que invitan a querer conocer más, facilitando a quienes están ya instalados en la adultez mayor el hacerse cargo de su propio proceso, de reconocer no solo las pérdidas sino de darles un sentido a estas, de identificar cambios positivos que son parte de esta etapa de la vida, tanto para quien envejece como para la sociedad, como son la madurez en todos los aspectos, la generación del sentimiento y valor tan necesarios en nuestro tiempo, presentando el paradigma de la solidaridad entre otros. Abordan temas complejos y muchas veces dolorosos y difíciles de enfrentar de una manera franca y acogedora, lo que facilita su reconocimiento y resolución oportuna.
Nos introduce al concepto de “Abuelidad” como la identidad del abuelo, el rol, los vínculos, las relaciones con los nietos, los hijos, cómo se integran y su importancia en la adaptación al proceso de envejecimiento, concepto que abre muchas posibilidades, las que cuando se reconocen, comprenden y asumen, reverberan positivamente en los integrantes de una familia.
La abuelidad tiene una consecuencia “reparadora”: los abuelos son “portavoces” de la historia pasada, “puente” entre el pasado y el presente; son también figuras de “identificación” para los nietos.
Del proceso de jubilación y de los jubilados destacan cómo pueden continuar desarrollándose, madurando y contribuyendo de manera activa a que esta nueva condición personal y en la sociedad sea fecunda y creativa. Lo antedicho redundará en su calidad de vida y bienestar, así como en quienes los rodean, en particular antes de llegar a la cuarta edad en la cual, dada la presencia de enfermedades crónicas, pueden aumentar los niveles de fragilidad, disfuncionalidad, cambian los ingresos económicos, la situación legal, la adaptación conyugal cuando se está casado, la convivencia comunitaria cuando se es religioso(a), la identidad personal, las fuentes de valoración personal, los vínculos interpersonales, el uso del tiempo.
Revisan qué significa y cómo abordar el tiempo libre de manera que se transforme en bienestar personal, para la sociedad y su entorno, con la posibilidad de realizar acciones, actividades, que favorezcan la expresión de la solidaridad intergeneracional, la “generatividad”, que presentan como la conciencia de la responsabilidad personal hacia los demás y hacia la sociedad, y la posibilidad de vivenciar lo que Erikson denomina “gran-generatividad”, responsabilidad que les cabe a los adultos mayores en la mantención de los significados valiosos del mundo en el que han vivido. Rescatan el concepto del juego en esta etapa de la vida y la “Geriagogía”, disciplina que nos muestra cómo aprender a envejecer y la importancia de tener y cuidar a los amigos.
Presentan el amor en la adultez mayor con un amplio sentido, de cómo esta capacidad se mantiene, puede crecer, puede madurar; revisan la conceptualización del tema bajo la mirada de diferentes autores.Vinculado al amor se presenta el perdón y enfatizan cómo estos sentimientos contribuirán a la calidad de vida. La ancianidad no supone renunciar al amor ni a perdonar.
Miran la muerte como una de las pérdidas que es altamente probable vivir en esta edad, la presentan como un hecho natural que forma parte del ciclo vital, generalmente revestido de dolor. Destacan de estas el deceso del cónyuge, siendo más frecuente que la mujer viva la experiencia de la viudez, una experiencia particular y dolorosa, y revisan el duelo como un proceso que requiere un tiempo para su elaboración.
De los cambios biológicos presentan uno que es muchas veces temido, por el riesgo vinculado a los trastornos cognitivos y demencias; los cambio esperables con la edad en la memoria, entregando orientación sobre cómo apoyarlos de manera positiva, como por ejemplo trabajar con la “memoria autobiográfica”, la “reminiscencia”, la que apoyaría el conocimiento de sí mismo, pasado, presente y proyección, y la posibilidad de reorganización, lo que sería parte del proceso de “gerotrascendencia” que se incrementaría con el paso de los años. Asimismo, describen otras técnicas de apoyo de trabajo con la memoria.
Revisan un tema relevante dado el progreso de la medicina: la posibilidad de vivir más, el verse enfrentado a vivir con discapacidad y/o enfermedades complejas y el no estar en condiciones, al final de nuestra vida, de expresar cómo deseamos que sea este final. Hoy es posible manifestar esta voluntad antes de que la salud u otras circunstancias exijan decisiones y determinaciones que siempre son complejas, como son: dónde se desea pasar los últimos años de vida, qué cuidados o atenciones médicas se quiere recibir, hasta cuándo, cómo deseamos ser enterrados. Esto es posible y recomendable que se efectúe a través de lo que se denomina Manifestación de Deseo Anticipado, o para la distribución de nuestros bienes a través del Testamento, siempre destacando el “derecho de vivir y morir con dignidad”, acción que proporciona una información útil a la familia, a los prestadores de servicio y asistencia médica y que dará tranquilidad a su vez a quien ha expresado estas determinaciones.
Respecto del envejecimiento, describen los retos que esto significa para el propio Adulto Mayor, para la sociedad y los países, en particular los requerimientos de protección y seguridad social a la población que envejece, con los sistemas de apoyo formales e informales que se encargan de brindar los diversos cuidados que se requieren a medida que aumentan los niveles de vulnerabilidad, fragilidad y dependencia. Nos presentan los significados del envejecer bajo la mirada de destacados autores, con los conceptos de trascendencia y generatividad, entre otros.
Vinculado a los temas anteriores nos muestran que la psicoterapia sí puede ser una alternativa de apoyo terapéutico, que esta requiere de un terapeuta preparado y con ciertos requisitos; que existe una variedad de técnicas debiendo previamente efectuarse una adecuada evaluación y diagnóstico que permitan determinar si alguna de las modalidades disponibles podría beneficiar a un determinado adulto mayor.
Destacan la contribución de nuevas especialidades médicas, como la geriatría, la psicogeriatría, la necesidad de la interdisciplinariedad, de la valoración múltiple de la mirada biopsicosocial, de la evaluación detallada y acabada de cada persona como una forma de poder comprender y abordar el tratamiento, de la coexistencia de muchos problemas médicos complejos como presencia de dolor, gravedad de la enfermedad, amenaza de esta respecto de la vida y la funcionalidad, consecuencias de un determinado tratamiento, problemas psicológicos, percepciones respecto de su condición de salud y calidad de vida, motivaciones respecto de estas, miedos, problemas sociales y biografía del adulto mayor. Subrayan que el objetivo último de todas las formas de psicoterapia es contribuir a una mejor adaptación de la persona a su ambiente a través de cambios psíquicos a distintos niveles: actitudinales, afectivos y comportamentales, tratamiento que tiene mucho por ofrecer y que recomiendan y solicitan sea fortalecido e instalado en la atención primaria.
Presentan el tema de los cuidadores de adultos mayores con alta dependencia y el riesgo de estrés de este cuidador, que también será o ya es adulto mayor, y la necesidad de mejoras a este respecto.
Por último una dificultad anexa, en países como el nuestro, es el hecho que la formación especializada en psicoterapia del adulto mayor no es algo que se encuentre sistematizado.
Como médico geriatra quiero agradecer a las autoras la gran contribución y apoyo que los temas contenidos en este libro, y la forma como son presentados, significarán no solo para las personas que están en la adultez mayor, sino para quienes hemos elegido contribuir al cuidado y atención de salud de este grupo etário, como ellas dicen; saber envejecer es un asunto que no es fácil para quien está en medio del proceso, ni para quienes lo acompañan, ni para aquellos que tienen la responsabilidad de proponer e implementar políticas que nos aseguren la posibilidad de un buen envejecer. Se requiere alcanzar sabiduría al respecto, a lo que sin duda contribuirá este libro, por lo que los invito a su lectura.
Dra. Juana Silva Opazo
Directora
Instituto Nacional de Geriatría
PREÁMBULO PARA OCHO LECTURAS
No existen dudas que la población mundial envejece, y Chile no solo no está ajeno a estas tendencias demográficas, sino que es ya un país envejecido y continuará siéndolo a un ritmo acelerado. Frente a estos hechos no cabe mantenerse al margen y menos a quienes nos preocupa el bienestar de los adultos mayores. Este libro, por tanto, busca contribuir a que los años que se han agregado a la vida humana merezcan la pena ser vividos y esperamos que lo sean de la mejor manera posible.
Cabe decir que esta no es una inquietud nueva para mí. Comencé a adentrarme en lo que significa envejecer hace cerca de tres décadas, época en la cual empezaban a surgir en Chile las primeras iniciativas orientadas a favorecer lo que se conoce como envejecimiento positivo. Por cierto que en el transcurso de este tiempo he ido envejeciendo y, aunque muchos se rehúsen a usar el vocablo, puedo afirmar que soy una anciana. En este acontecer ha sido una fuente de profunda preocupación el hecho de poder embarcar a alguien en esta tarea de enseñar acerca de cómo envejecer y todo lo que conlleva. De allí que es para mí una gran alegría que María Elena Larrain haya aceptado participar activamente en el arduo quehacer de dar vida a estas páginas. Pero no solo es motivo de gozo, sino que de gratitud inmensa, porque de otra manera esta labor todavía no habría podido ser concretada.
Este libro está dirigido a los protagonistas de este proceso; es decir, todas aquellas personas que se encuentran en la adultez mayor. Serán ellos los principales intérpretes de estas líneas y quienes juzgarán si hemos sido capaces de responder, al menos en cierta medida, a algunas de las muchas interrogantes que seguramente se han planteado a fin de comprenderse mejor, resolver conflictos antiguos o recientes, encauzar sus vidas de manera positiva o, quizás, encontrar nuevos derroteros contemplando los vastos y anchurosos horizontes que se abren al llegar el atardecer de la vida.
También hemos pensado en los hijos de estos progenitores, en sus nietos que ya han alcanzado la juventud o adultez, quienes, posiblemente, no siempre saben cuál es la forma de acompañar a sus padres o abuelos en esta parte de su caminar. Es natural que así sea, puesto que el envejecimiento se les presenta como algo lejano y desconocido. Intentaremos acortar esta distancia contándoles acerca de lo que significa envejecer, sus desafíos, las preocupaciones y afanes que son propios de esta época de la vida. Queremos que aprendan de sus bellezas y de cómo es posible comprender y apreciar los relieves y contrastes de la senectud. Intentaremos mostrarles que la adultez mayor puede analogarse, en muchos sentidos, a esos momentos del día cuando el astro rey, atrevido y majestuoso, pinta de rojo el atardecer y aparecen los arreboles en el cielo.
Asimismo, hemos intentado incluir en nuestras reflexiones a todas aquellas personas cuyo trabajo y vocación se plasman en el quehacer con ancianos, ya sea como acompañantes o cuidadores, como terapeutas, como partícipes en difundir el saber adquirido en la vida misma a la sociedad en su conjunto, colaborando en la articulación de políticas públicas que beneficien a este grupo etário. Es preciso aclarar que en estas páginas nos centraremos principalmente en el proceso normal de envejecer, y solo tangencialmente algunas frases y párrafos contendrán ciertas consideraciones relativas a la discapacidad, la dependencia y la senilidad.
Hemos tenido presentes a todos aquellos que se encuentran en proceso de formación y que probablemente habrán de tener contactos con personas ancianas. Nuestros alumnos han sido siempre una fuente inspiradora de la máxima importancia, y en esta oportunidad sus inquietudes y requerimientos han sido considerados en la selección de las temáticas y en el modo de abordar algunas de ellas.
Con todo, no pretendemos agotar la infinidad de contenidos posibles, tampoco hemos concebido este libro como un tratado, sino que ha sido organizado en torno a ocho lecturas, las cuales pueden ser leídas de modo conjunto o por separado y han sido escogidas en función de nuestros conocimientos y experiencias surgidos desde nuestra vida personal y profesional. Esperamos que esta selecta colección concite el interés de muchos.
En la primera lectura, titulada “Seré abuelo/a y bisabuelo/a” nos adentraremos en esa experiencia de las relaciones entre las generaciones. Intentaremos penetrar en la riqueza de los significados de la “abuelidad”. Si bien algunos aspectos ya fueron abordados en el libro Cruzando el Mediodía escrito por una de las autoras, esta nueva versión incluye nuevas referencias y perspectivas.
Luego, en la segunda: “En el tiempo que queda” analizaremos qué hacer cuando la jubilación nos regala infinitas posibilidades de acción y de hacer, pero, más fundamentalmente, de ser. Escrito a partir del concepto de “envejecimiento positivo” y las alternativas posibles, analizaremos también la relevancia de la “amistad”, entendida como uno de los vínculos más importantes y uno de los “amores” que podemos cultivar en nuestro periplo por los confines de este mundo.
En la tercera, “Continuaré amando”, nos introduciremos en un tema envuelto en muchas creencias erróneas y mitos que relegan el asunto al mundo de las sombras. Para hablar con propiedad del amor y la sexualidad en la adultez mayor es preciso esclarecer primero qué significados encierra el término amor y las características del amor maduro. También describiremos algunos de sus acentos en esta época de la vida, y de las vicisitudes de la sexualidad característica de estos años, buscando desmitificarla.
Una continuación natural cuando se escribe acerca del amor de pareja en la ancianidad lo constituye la siguiente lectura: “Seré viuda/o”, ya que si bien es cierto que la viudez puede ocurrir en cualquier momento de la vida, es más probable que acontezca en la adultez mayor. De esta forma se analizarán las repercusiones que trae consigo enfrentar la vida cuando el cónyuge ha partido. Proporcionaremos algunas claves acerca del proceso de duelo y los factores que intervienen o dificultan su elaboración. Esperamos que estos signos ayuden a comprender el modo de elaborar otras pérdidas que ocurren en la ancianidad. Terminaremos refiriéndonos sucintamente a los nuevos matrimonios.
“Diré mis reminiscencias” es el tema de nuestra quinta lectura; en ella nos referiremos a este hábito tan frecuente en los ancianos y cuyo sentido e importancia a menudo resulta desconocido. Mostraremos la visión actualizada que indica que esta “memoria personalísima” puede tener efectos benéficos en algunas situaciones y, en otras, dificultar los desafíos que la ancianidad trae consigo. Hacia el final de esta lectura vincularemos este fenómeno con la revisión de vida, proceso de gran significación en la adultez mayor.
La sexta lectura, “Manifestaré mi voluntad”, toca otro aspecto a menudo evadido y eludido porque nos enfrenta con la complejidad de pensarnos a nosotros mismos ante nuestra declinación y muerte. Señalaremos la importancia de participar y clarificar a nuestros cercanos las decisiones que queremos se adopten en la eventualidad en que no podamos participar de medidas que nos atañen directamente, porque nos hemos vuelto ‘silentes o ausentes’. Entre otros, aludiremos a los cuidados médicos, lugares donde residir, junto al significado y la importancia de escribir nuestro testamento.
En la séptima lectura, “Celebraré los 80, tal vez más”, el lector encontrará la importancia del carácter en estos años, algunas dinámicas que se activan con el envejecimiento y los deberes de los ancianos respecto de sí mismos y los demás. Así también expondremos el desarrollo de una nueva tarea que se ha agregado al ciclo vital humano dada su prolongación. Nos referimos al modo propio en que los adultos mayores están en el mundo y cómo este modo abre el camino a la “trascendencia”.
Finalizaremos con la lectura octava que se pregunta acerca de si “¿Es posible la psicoterapia en la tercera edad?”, la cual está escrita posiblemente en un estilo y lenguaje más técnicos, aunque no por ello menos accesible al público general. Mostraremos qué se entiende por psicoterapia, en qué casos puede beneficiarse un adulto mayor con esta ayuda, algunas particularidades de este proceso cuando se dirige a adultos mayores y lo que dice al respecto la investigación basada en la evidencia. Desprenderemos que es urgente que los especialistas en salud mental se formen en esta subespecialidad. Convencidas que en esta lectura se recoge de algún modo la trama de las anteriores, optamos por no escribir ningún epílogo, colofón o recapitulación.
Me parece que fue ayer cuando terminé de escribir el libro Cruzando el Mediodía, pero ya han transcurrido ocho años. ¡Qué rápido ha transcurrido el tiempo! Hemos recurrido al mismo procedimiento en esta nueva publicación; esto es, la forma de presentar las diversas lecturas son similares. La perspectiva psicológica, que nos es propia por nuestra formación profesional, la hemos complementado, en muchos casos, con la visión antropológica y ética de inspiración cristiana, la que estamos ciertas que resultará enriquecedora. Además, hemos usado ejemplos cotidianos, narraciones literarias, que comunicamos a menudo, al modo de viñetas. Habrá además menciones a algunas películas, medios todos que buscan acercar lo escrito y abrir sendas nuevas que inviten a los lectores a transitarlas.
Al terminar, comienzan a entretejerse en nuestras mentes cuestiones aquí no tratadas, posiblemente ni siquiera esbozadas, pero que esperamos poder concretar nosotras mismas −en la vida que nos queda−, o tal vez, otros que nos seguirán. Confiamos que de estas Lecturas al atardecer broten respuestas o reflexiones nuevas que contribuyan a hacer de la adultez mayor esa época en la que se corona una vida y que, examinada, merecerá ser narrada.
Beatriz Zegers Prado
SERÉ ABUELO/A Y BISABUELO/A
Las metáforas más hondas,Tata, suelen venir de los vaivenes de la mecedora tuya, cuando me envolvías con un ala de tu manta de vicuña, frente a la chimenea en el salón oscurecido.
Joaquín Alliende Luco1
Aunque no se citarán cifras, de los antecedentes proporcionados por la demografía se desprende que hoy día hay más abuelos que los que existían a comienzos del siglo xx. Esas generaciones nacieron habiendo perdido a sus abuelos o bien estos murieron cuando sus nietos tenían corta edad, situación que cambió a partir de los años cincuenta, constituyéndose en una novedad histórica2. Los abuelos han dejado de ser esas figuras que solo se conocían por sus nombres, anécdotas, fotografías o cuadros pintados que adornaban las paredes de la casa. Los niños, adolescentes y adultos de hoy tienen mayores posibilidades que antaño de transitar estos periodos de vida junto a sus abuelos y, algunos, con sus bisabuelos; a su vez, estos últimos verán crecer a sus nietos y también, posiblemente, a sus bisnietos.
Lo anterior es una de las consecuencias del incremento en las expectativas de vida y se ha traducido en un aumento de las posibilidades para que los nietos y bisnietos se familiaricen con el proceso de envejecimiento y conozcan las diferencias entre un anciano joven y uno que ha alcanzado la vejez propiamente tal; entre un senescente lúcido y uno que se encuentra aquejado por enfermedades que limitan su capacidad funcional, sean estas de carácter físico o mental; entre cambios del crecimiento y los que pueden ocurrir en la vejez. En el cuento La abuela de Peter Härtling3 se puede leer acerca de esto; relata, entre otros, un sorpresivo descubrimiento: “Karli” (el nieto) encuentra en un vaso de agua en el cuarto de baño “los dientes de la abuela”, hecho que despierta su curiosidad y que da origen a un diálogo con su abuela.
Por otra parte, la disminución en las tasas de natalidad ha traído consigo una disminución en el número de nietos. La presencia de un hijo único es cada vez más frecuente y este suele tener también un solo hijo, modificando las exigencias que esta relación conlleva para abuelos y nietos. Tonucci, en su agudo libro Con ojos de abuelo refleja las cavilaciones de una nieta: “Qué duro es contentar a cuatro abuelos una solita”4.
No menos importantes son las cifras que revelan un aumento en las tasas de divorcio y separación en la población, ya que pueden generar distintas consecuencias para la relación abuelos-nietos, y también para la visión que los menores tengan acerca de qué es una familia. Así, por ejemplo, es más probable que la madre divorciada tienda a cortar la relación con sus antiguos suegros, lo que se traduce en una disminución de la posibilidad de que sus hijos vean a estos abuelos. Cada vez es más frecuente que estos abuelos concurran a los Tribunales para que se les otorgue el derecho a visita de sus nietos(as), siendo una ocasión propicia, aunque no deseable, para que reaparezcan antiguas rencillas familiares. Por lo demás, los abuelos maternos, cuando una hija se separa, tienen mayor probabilidad de que se vean enfrentados a la tarea de asumir el rol de padres sustitutos, lo que se asocia a la incorporación de la mujer al mundo del trabajo. Finalmente, hijos vueltos a casar con otra persona que tiene a su vez hijos de una unión anterior, han llevado al surgimiento de vinculaciones de parentesco que aún no se encuentran definidas en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (drae); ¿cómo llamarlos? ¿”Abuelastros”, “nietastros”?
El nacimiento de niños fuera del matrimonio se ha incrementado, duplicando en muchos países al número de hijos que nacen de padres que no están casados, siendo otra posible razón para que se afecten las relaciones abuelos-nietos. Aunque ello signifique muchas veces ser abuelos por primera vez, cumpliéndose el anhelo de descendencia que se anida en el corazón humano, puede influir en las simpatías o antipatías hacia el nieto. En este contexto hay que tener presente que la generación de los abuelos nació en una época en que los hijos nacían prioritariamente dentro del matrimonio.
Se agrega a lo anterior que hoy día es más probable que otrora ser abuelos a “destiempo” sea porque el nieto es hijo de padres adolescentes o de primerizas añosas (mujeres mayores de 40 años), las que al mismo tiempo pueden ser madres solteras.
Los datos muestran igualmente la prevalencia de la familia nuclear por sobre la familia extensa, en especial en la ciudad, donde los estilos de vida han tenido significativos cambios; entre otros, su crecimiento y expansión, lo que puede disminuir las oportunidades que los abuelos compartan con sus nietos, si estos considerandos no se barajan antes de fijar las residencias de nietos y abuelos.
Antes de entrar en el análisis propiamente tal de qué es la “abuelidad”, es bueno tener en cuenta que hoy día los signos del envejecimiento son visibles a edades más tardías. Por la misma razón, “la imagen tradicional del abuelo como ese pausado caballero mayor que camina con un bastón, o de la abuela, como esa señora de cabellos finos y blancos peinados en un moño en la nuca, sentada en una mecedora tejiendo junto a un cesto lleno de lanas, corresponde más a la de un bisabuelo o bisabuela actual”5. Para ilustrar lo antedicho basta pensar que muchos abuelos lo son por primera vez antes de los cincuenta años, es decir, en la plenitud de la adultez madura.
¿Por qué “abuelidad” y no simplemente abuelo/abuela?
El término “abuelidad” tiene mayor densidad que el habitual y coloquial “abuelo”. Para el drae la palabra “abuelo” tiene siete acepciones diversas, dentro de las cuales se incluye la relación de “una persona con el padre o madre de su padre o de su madre”; designa también a alguien que es “anciano” o a un “antepasado”6. Para entender mejor las significaciones que de esta palabra emanan, se invita al lector a leer el cuento “Pacto de Sangre”7 del destacado escritor uruguayo Mario Benedetti. El cuento se inicia con la voz de Octavio, anciano de ochenta y cuatro años, a quien ni sus hijas lo llaman por su nombre, le dicen simplemente abuelo; él siente que es su nieto el único que con todo derecho lo llama así. “Abuelidad”, de acuerdo con la definición dada por la psicoanalista argentina Paulina Redler (1986), se refiere a la identidad del abuelo, ya que esta se modificará a partir de la naturaleza de los vínculos que establezca consigo mismo desde las particularidades de la relación con uno o más nietos; los afectos que la colorearán (positivos o negativos); como también con el reconocimiento que le otorguen o nieguen los demás miembros del grupo familiar (hijos/as, nueras o yernos, etc.)8. En este sentido la abuelidad se comprende como una fase del desarrollo y, como tal, proporciona la posibilidad de madurar aspectos de la identidad hasta ahora no alcanzados, lo que dependerá de las funciones, estilos y compromisos que se asuman y el sentimiento de competencia o incompetencia que se asocie, dado su efecto en la autoestima del abuelo9.
Ser abuelo no es un hecho aislado, sino que puede constituirse en una oportunidad de desarrollo si se tiene en cuenta el significado y sus dinámicas psicológicas, acentuadas por la situación vital del periodo que sigue a la “edad media de la vida”. A partir de ese momento se producen importantes pérdidas de representaciones de sí mismo debido, entre otros, a la probabilidad creciente de que padres, amigos, familiares y conocidos mueran, independencia de los hijos, disminución o cese de la actividad laboral, en fin. La elaboración de estas pérdidas exige procesos internos o psicológicos y también cambios externos10. En estas circunstancias se plantea la necesidad de establecer nuevas vinculaciones o restablecer otras que quedaron interrumpidas por los avatares de la existencia. Entre las primeras se pueden citar las que se establecen con los nietos, las que son relaciones afectivas que transcurren en el presente. Sin embargo, cuando el abuelo muere, no existe una forma de dar cuenta de este hecho, como le escribe una abuela a su nieta, a quien había cuidado durante largo tiempo11: Si la esposa del señor Razman no me hubiese visto a través del seto que separa nuestros jardines, con toda seguridad a estas horas serías huérfana. ¿Huérfana? ¿Se dice así cuando muere una abuela? No estoy del todo segura. Tal vez los abuelos estén considerados como algo tan accesorio que no se requiere un término que especifique su pérdida. De los abuelos no se es ni huérfano ni viudo. Por un movimiento natural se les deja a lo largo del camino, de la misma manera que por distracción, a lo largo del camino se abandonan los paraguas.
Susana Tamaro, Donde el corazón te lleve
¿Qué abuelo o abuela seré?
Los abuelos pueden ser personas tiernas, cariñosas, pacientes, como también pueden ser mañosos, mal genios, autoritarios, fríos, distantes, egoístas, celosos. Estos rasgos indudablemente tienen que ver con la personalidad y el carácter de cada quien, pero también con las dinámicas que se activan en esta relación. A continuación se verán las dos más importantes: narcisistas y edípicas, según el análisis realizado por Redler12. Mientras las dinámicas narcisistas suelen ser más comprensibles para la mayoría, aquellas vinculadas a las vicisitudes edípicas son más difíciles de aceptar, ya que tocan a los sentimientos de inclusión, rivalidad, celos que pueden surgir y los que rara vez se mencionan, porque tiende a adoptarse una imagen idealizada de la figura del abuelo.
Freud13 plantea que existen dos funciones significativas del narcisismo normal o amor de sí mismo: la primera se relacionaría con la existencia personal y la segunda tendría que ver con los eslabones que forman la cadena entre las generaciones. Es en esta sucesión de anillos donde se insertan los nietos. Hombres y mujeres, cuyos hijos no tienen descendencia, comunican de una u otra forma los sentimientos penosos que esta falta les produce, en la medida que el anhelo de inmortalidad del yo no se cumpliría14. Los menores y los no tanto también necesitan la presencia de esta figura y cuando ella no está se “fabrican una de papel”15o deciden adoptar una, cuando uno se encuentra con una sabia y dulce anciana como “Margueritte”16:
He decidido adoptar a Margueritte: Pronto celebrará su octogésimo sexto cumpleaños, más me vale no esperar demasiado, los ancianos tienen tendencia a morir.
Así, si le pasa cualquier cosa, no sé, si se cae en la calle o le dan un tirón del bolso, ahí estaré yo. Podré llegar rápidamente, quitar a la gente de en medio y decirles:
- Vale, está bien, váyanse, ahora me encargo yo: es mi abuela.
Marie-Sabine Roger, Tardes con Margueritte
Volviendo al abuelo, el nieto constituye una evidencia de que la inmortalidad puede lograrse a través de una promesa de inacabable descendencia. Redler17 destaca la oportunidad que el nieto proporciona al abuelo de contar con una identificación especular; la imagen que el espejo le devuelve suele ser seductora, en especial si esta es joven y vital; su lozanía y fuerza desmiente y atenúa la angustia que despierta la conciencia de que morirá; sugerente promesa para la pretensión humana de que el tiempo no transcurra, que se detenga. Cuando el nieto se parece física o psicológicamente, se asemeja al/la hijo(a) o a uno de los padres o abuelos, tiene el mismo nombre o comparte sus intereses, acrecienta su eficacia salvadora, afirma la autora. Al mismo tiempo, los nietos señalan el paso de los años en los hijos y, en consecuencia, en uno mismo, aumentando la conciencia de que no se es inmortal; constituyen un testimonio del tiempo vivido en la perspectiva del que aún queda por vivir. Cuando el vínculo con el nieto es positivo este se transformará en mensajero no terrorífico, sino que admitido, de la propia muerte18. Se desprende de lo dicho que el abuelo puede acoger al nieto con actitudes contrapuestas: cordial, protectora y cariñosa cuando se proyecta en él y se identifica con su reprimida ansia de vivir; o amonestante y hasta impaciente, cuando la imagen infantil se le presenta antitética a la propia y le hace sentirse todavía más anciano19. La aceptación de estas dinámicas implica atravesar crisis y duelos que reactivan o reestructuran –a su vez– otros más alejados, vividos en otros momentos de la vida.
Los estímulos para que se fortalezca el amor a sí mismo en el abuelo surgen de diversas fuentes. Puede amarse a sí mismo en esta relación; a lo que fue como padre o madre de sus hijos; a quien es ahora el(la) hijo(a) adulto que lo ha hecho abuelo; lo que querría ser en el presente y que aprecia en el(la) hijo(a) o en el(la) nieto(a)20. Estas dinámicas pueden variar, ya que no siempre se quiere igual al/la nieto(a) de un hijo que de una hija, si bien los primeros aportan al sentido de trascendencia a través del apellido, se suele tener una relación más estrecha con los nietos, hijos de las hijas del(la) abuelo/a. Se ha señalado que las abuelas suelen tener relaciones más íntimas, cálidas, y se desempeñan, con mayor frecuencia que los abuelos, como madres sustitutas, especialmente frente a los nietos que descienden de la línea femenina21. Un vínculo recíprocamente amoroso, correspondido, espolea sentimientos que aportan a la conservación de la autoestima; protege al abuelo de descompensaciones sintomáticas que podrían surgir dadas las diversas pérdidas que enfrenta a medida que va envejeciendo. El(la) nieto(a) lo puede conectar con aspectos del mundo que desconoce o con los cuales ya no interactúa, lo que fomenta el sentimiento de estar vivo y vigente. Así por ejemplo, muchos nietos introducen a sus abuelos en el mundo de la comunicación tecnológica; la invitación a que les escriban e-mails, a que formen parte de su “facebook” pudiendo ser una instancia para abrirse a estos nuevos horizontes, transformándose los nietos, muchas veces, en las personas que los alfabetizan digitalmente.
El abuelo, por su parte, conecta al nieto con su mundo, lo hace heredero de sus recuerdos, como se refleja en las memorias de la vida de Gabriel García Márquez22:
No cabe duda de que mereció la pena educar al muchacho: él devendría el heredero de los recuerdos del anciano, de su filosofía de vida y su moralidad política; en definitiva de su visión de mundo. El coronel seguiría viviendo a través de él.
Gerald Martin, Gabriel García Márquez: Una vida
Por todo ello, es una relación que puede vivirse con gran dependencia, pues es el otro quien, a través de lo que hace, lo completa, creando conciencia de la propia imperfección y limitaciones. No es extraño, por ende, que muchas veces los sentimientos hacia el o los nietos se expresen de modo ambivalente: amor e ira, o bien, de forma escindida: unos son los preferidos, buenos e idealizados, objeto de favores especiales, otros los rechazados y devaluados. Este último aspecto predominará cuando la relación se transforme en una amenaza al poner de manifiesto los aspectos deficitarios de uno mismo, cuando recuerda la relación insatisfactoria que se tuvo o se mantiene con un hijo, pasando el nieto a ser una proyección no querida o cuando el nieto deja de colmar o contradice las expectativas que el abuelo ha puesto en él. En estos casos los abuelos, lejos de contribuir a la armonía y unión familiar, generan rencillas, resentimientos y conflictos. Abuelos y padres habrán de hacer conscientes estas diferencias para evitar que se generen tensiones, ya que además ellas pueden originar sentimientos dolorosos o conflictos en la relación entre hermanos y/o primos.
El vínculo abuelo-nieto no solo reproduce vicariamente las relaciones anteriores padre-hijo, hijo-padre, nieto-abuelo, sino que las modifica en sus significados, esto es, las re-significa positiva o negativamente23. Como el nieto es una parte del hijo, posibilita que se desplacen los conflictos y sentimientos de celos y rivalidad que podrían existir sean del abuelo-padre hacia su hijo, sea del hijo-padre hacia su padre o hijo-nieto. Los conflictos abuelo-padre pueden incrementarse cuando este se transforma en una figura tierna, cariñosa, consentidora, cuando busca ser en su rol de abuelo lo opuesto a lo que fue como padre: distante, estricto, exigente. Afirmará que no es su tarea educar a sus nietos. Como ha señalado Kernberg24, muchas veces nietos y abuelos se entienden porque tienen un enemigo común, dinámica que se ilustra en la novela La sonrisa etrusca25 del escritor español José Luis Sampedro:
Ya de noche, mientras cuida al nieto durante la cena del matrimonio, el viejo dialoga en pensamiento con la palidísima frente sobre las mejillas arreboladas.
«Sí, niño mío; ellos comiendo tan tranquilos mientras tu cuerpecito es campo de batalla; tu sangre contra el mal, a vida o muerte, ¿cómo serán capaces?... Pero déjalos, no estás solo. Tu padre no manda en casa, tu madre te entrega a ese dottore de mierda, pero tu abuelo te sacará adelante, ¿te enteras, angelote mío?...[…] Ah, ¿sonríes?; ya veo que me crees. ¡Bravo, niñito mío! ¡Avante contra los enemigos, tú que venciste al tanque!».
José Luis Sampedro, La sonrisa etrusca
Por otro lado, como el contacto entre abuelos y nietos suele ser limitado, a no ser que se viva en la casa de uno de los hijos o muy cercanamente, se fortalece la mutua idealización, desplazando o escindiendo la hostilidad, la ira, la rabia, la que se dirige hacia la generación que separa a abuelos y nietos, esto es, los padres. De lo antedicho se desprende la necesidad de que el abuelo empatice con el padre, lo que conlleva identificarse con el hijo, aceptar sus estilos de crianza y, a través de ella, ratificar la autoridad y el papel protagónico que a los padres incumbe. Al abuelo toca adoptar un rol orientador, salvo que medien situaciones que constituyen abandono o abierta ineptitud en el modo de ejercer la “parentalidad”. De esta forma, cuando los abuelos ocupan un segundo plano, la relación entre las generaciones se vuelve más fluida, fácil, y previene la aparición de conflictos.
Una mención especial merecen los abuelos que todavía se encuentran en etapa de crianza de otros hijos, porque la coexistencia de hijos y nietos de edades similares puede facilitar o bien dificultar la diferenciación entre ser padre y ser abuelo y favorecer o distanciar a hermanos y primos. Otra referencia a tener en cuenta la constituyen los abuelos, posiblemente viudos, que viven como allegados en la casa de su hija o nuera. Tendrán que recordar cada día que su papel es aportar con la experiencia y no inmiscuirse más allá de lo que los hijos-yernos-nueras acepten o de lo que la prudencia indique; es la forma de no dificultar las relaciones, de alivianar una convivencia con personas que hacen las cosas y son distintas a lo que uno quisiera o es.
La relación abuela-nieta(o) contribuye a aminorar los sentimientos de pérdida que experimenta la mujer con la llegada de la menopausia, y con ella la pérdida de la capacidad reproductiva. Cuando se atiende al nieto como abuela se ejerce la función materna de un modo cualitativamente diferente. Se ha dicho que las abuelas construyen de modo sutil un discurso que contiene un mensaje sagrado, tal es “hacer familia”26. En el hombre, igualmente, proporciona un camino de compensación sublimatoria de la paternidad.
Lo dicho anteriormente es cierto, claro está, siempre que ello no signifique asumir el rol de “abuela esclava”, como llaman Matusevich y Pérez27 a aquella que no sabe decir que “no” a ningún nuevo encargo o responsabilidad que se le solicite (cuidar a los nietos a la vez que continuar desempeñando su rol de madre ama de casa y cuidadora de los miembros afectados de alguna enfermedad). Es cierto que esta abuela asume estas tareas por propia voluntad; la vocación de servicio, un arraigado sentido del deber y de responsabilidad exagerada, la hace no quejarse, ni siquiera pedir ayuda; el problema surge cuando la abuela se ha vuelto anciana, ya que el exceso de actividades puede poner en riesgo su salud y su vida, provocando un conflicto entre lo que desearía hacer y lo que realmente puede hacer, agregan los autores antes citados. Muchas veces los hijos se dan cuenta y conversan con ella al respecto, pero hay ocasiones en las que comienzan a sufrir el maltrato (reprimendas, quejas, correcciones, burlas o expresiones despectivas) y la incomprensión de aquellos a quienes ha servido durante muchos años. No es raro, en estas circunstancias, que la abuela al tomar conciencia de su incapacidad de continuar satisfaciendo las demandas que se le exigen, pueda llegar a situaciones extremas, como realizar un acto de suicidio para evitar ser una carga para los familiares, advierten Matusevich y Pérez28.
Cabe mencionar en este contexto, que en el horizonte de la “abuelidad”, el amor conyugal puede renacer de forma desconocida. La llegada de los nietos, esa segunda paternidad y maternidad menos exigente, más desinteresada y sublime29, se convierte, muchas veces, en un poderoso aliado para renovar la relación de pareja.
El vínculo abuelos-nietos, finalmente, es muy importante en la adaptación al proceso de envejecimiento. Lo anterior dado que las identificaciones de la infancia con el abuelo se reactivan cuando llega el momento de asumir este papel30. Así, es probable que se ejerza el rol en consonancia con las experiencias que uno tuvo con sus abuelos.
¿Qué significado tendrá para mí ser abuelo/abuela?
Se afirma que el rol de abuelo es un rol tenue o ambiguo al no existir claras prescripciones en relación a los derechos y obligaciones que les corresponden; las expectativas son vagas comparadas con las que se tiene respecto de cómo ser padres o hijos31.
El rol del abuelo tiene múltiples significados y se refleja en el estilo que este adopta. Un estudio clásico sobre el rol de los abuelos pone de manifiesto que en su mayoría ellos se sienten satisfechos, orgullosos de serlo, siendo una minoría aquellos que experimentan vivencias negativas o que el hecho de convertirse en tales ha tenido escasa o nula repercusión en sus vidas32. Las razones esgrimidas por estos últimos son: la dificultad para verse ellos mismos como abuelos, lo que puede suceder cuando no se tuvo la experiencia de ser nieto, cuando se es abuelo a destiempo (tener un nieto de una hija adolescente o de una primípara añosa), cuando el serlo se asocia a la ancianidad vista como algo que se teme o se evita o quizás, cuando uno se encuentra demasiado ocupado en otros roles o tareas a las que se les concede mayor importancia. También señalaron conflictos no resueltos con los hijos, a menudo de larga data; rivalidades entre los suegros o porque la interacción con los nietos les resultaba difícil o poco satisfactoria.
En una publicación anterior33 nos referimos a un estudio clásico de Neugarten y Weinstein34
