Lecturas que curan - Diana Paris - E-Book

Lecturas que curan E-Book

Diana Paris

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Beschreibung

Este libro es una invitación a leer textos literarios terapéuticamente, desde la Psicoterapia Integrativa (PNIE) y su enfoque multifactorial. Los textos literarios son estos «fármacos» de fórmula secreta que se vienen soñando a lo largo de los siglos. Diana Paris nombra esta modalidad terapéutica como Literatcura: «Una forma de intervención que utilizo hace años para tratar los conflictos vinculares, los trastornos del carácter, los estados de ánimo inhabilitantes y las emociones contrariadas». La literatcura es una verdadera herramienta para reinterpretar al ego, el sufrimiento, el deseo, la autoestima, la contaminación del psiquismo ajeno (redes sociales), la incapacidad para ver lo valioso cuando el estado permanente es la angustia o el sentimiento de derrumbe existencial… Posología, indicaciones y advertencias son siempre personalizadas. No hay un prospecto único: todo depende de la «dosis» metafórica que el sujeto acepte elaborar con la química de su propio verbo-cuerpo-alma. Este libro funciona como una guía práctica para gestionar saludablemente las emociones: porque cuando la herida es tan honda, se impone como prescripción el arte de leer literatura, medicina sagrada.

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Seitenzahl: 271

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Índice de contenido
PORTADA
PORTADILLA
AGRADECIMIENTOS
DEDICATORIA
CITAS
AUTORES Y TÍTULOS LITERARIOS
PRÓLOGOS
1ª PARTE CAMBIAR LA FARMACIA POR LA BIBLIOTECA
ANTES DE SEGUIR…
2ª PARTE REPERTORIO LITERARIO
1. BIOLÓGICA
2. COGNITIVA
3. EMOCIONAL-VINCULAR
4. SOCIO-ECOLÓGICA-CULTURAL
5. ESPIRITUAL
EX-TRA: EXPERIENCIAS TRANSFORMADORAS
APÉNDICE 1 CATÁLOGO DE EMOCIONES
APÉNDICE 2 FARMACOLOGÍA LITERARIA DURANTE EL CORONAVIRUS
A MODO DE CIERRE… DOS “PHARMAKON” PARA CADA DÍA
BIBLIOGRAFÍA
NOTAS
CRÉDITOS

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Mi gratitud

A mi Maestra, Liz Alcalay.

A mi mamá que me nutrió de libros.

A mis profesor@s,

a mis alumn@s,

a mis pacientes.

A la literatura, por cultivar mi pasión lectora.

A vos, Alejandro, por darme de beber amorosamente,

del cuenco de tus manos, agua con estrellas…

Este libro está dedicado a las personas que —como diría

Jorge Luis Borges en el poema “Los justos”— están

salvando el mundo…

el que descubre con placer una etimología, el que acaricia a un animal dormido, el que agradece que en la tierra haya Stevenson.

…Y usted.

No sé qué es un libro. Nadie lo sabe. Pero cuando hay uno, lo sabemos.

MARGUERITE DURAS

…“cuentos”, en uno de sus más antiguos significados, arte curativo.

CLARISSA PINKOLA ESTÉS

…hacer que la literatura sea eficaz para mí, es decir, volver a ella con la antigua convicción mía de que se trata de una terapia.

ALEJANDRA PIZARNIK

AUTORES Y TÍTULOS LITERARIOS

Esta lista incluye solo algunos, que son los trabajados en las “recetas” centrales de cada caso, pero hay muchos más: poemas de Pablo Neruda, Mary Oliver y Federico García Lorca, la leyenda de Serendipia, el mito griego de Poros y Penia, una reversión de Sergio Sinay sobre la Oración de Perls, fragmentos de un cuento de Isak Dinesen —pseudónimo de Karen Blixen—, unas líneas de El Golem de Gustav Meyrink, y más…

JUAN RAMÓN JIMÉNEZPlatero y yoHOMEROLa OdiseaMARIO LEVRERO El discurso vacíoEDMOND ROSTANDCyrano de BergeracHERBERT CLYDE LEWIS El caballero que cayó al marANTONIO TABUCHISostiene PereiraIRÈNE NÉMIROVSKYUn niño prodigioFRANZ KAFKA La metamorfosis, Carta al padreMARCO DENEVIEl ErizoHILDA GARCÍA CIDEl hijoROALD DAHLLos CretinosJULIO CORTÁZARRayuelaLEWIS CARROLLAlicia al otro lado del espejoROBERT WALLERLos puentes de MadisonFRANZ KAFKAAnte la leyREINA ROFÉAves exóticasTUNUNA MERCADOCanon de alcobaCLARISSA PINKOLA ESTÉSLa pestaña del LoboMARY OLIVEREl viajeRUMILa MisiónAntigua plegaria celtaMIGUELDE CERVANTES SAAVEDRADon Quijote de la ManchaANTOINEDE SAINT-EXUPÉRYEl PrincipitoLa BibliaHONORÉDE BALZACPiel de ZapaJACOBY WILHELM GRIMM Piel de asnoANGÉLICA GORODISCHERMadre no hay una solaKHALIL GIBRÁNEl ProfetaSAMANTHA SCHWEBLINDistancia de rescate

PRÓLOGOS

RESIGNIFICAR EL DOLOR

Estamos ante una invención, un descubrimiento, que quizás surgió de un cubo con estrellas, que bebió una noche y hoy nos comparte su pócima mágica.

La llama “Literat(c)ura” y, en su desarrollo y práctica con sus pacientes, Diana Paris convida a sus lectores con esos procesos, esos viajes humanos, esas odiseas personales compartidas en las sesiones: las desdichas no dichas, los encierros del mundo interior, las historias familiares, los mandatos que nos habitan, los miedos que nos paralizaron y aún hoy nos congelan…

¿Cómo ayudar verdaderamente, humanamente? ¿Cómo socorrer a quien pide ayuda y recurre a un terapeuta, a un especialista en escuchar, compartir y devolver en formas amorosas un nuevo propósito, una nueva visión que permita seguir creando el propio sentido con nuevas preguntas?

¿Cómo puedo vincularme conmigo y los demás en formas placenteras y dinámicas? ¿Podré transformar mi destino? ¿Podré construir —sobre mis ruinas— el castillo soñado?

Diana nos revela las gemas de sus encuentros con sus consultantes-pacientes. Nos contagia el ánimo amoroso de un buscador que sabe lo que busca: la llama interna, la chispa de vida que llevamos todos, la que nunca cesa de resplandecer ni en las horas más desoladas. Ella las aviva en este caso con uno de los combustibles más eficaces —ya lo constatarán ustedes en esta obra— que la humanidad haya creado: la palabra. Y con ella el sentido. Y con ella los lazos que nos unen. Y con ella la literatura.

De forma magistral, en este libro se explica por qué el arte, la literatura en este caso, nos afecta a cada uno en nuestras vidas, de acuerdo y proporcionalmente quizás a las obras que hayamos encontrado, y combinada con ese momento presente en el que sucedía la lectura.

Aquí tenemos suerte de que nos guíe por estas páginas una especialista en literatura enamorada de los libros, la historia y la pedagogía. Una psicoanalista, terapeuta curiosa e investigadora incansable, que respeta y celebra su pasión: acompañar a quien llega en busca de ayuda.

Todos somos todos, ya es sabido. Y aquí lo volvemos a experimentar, por ejemplo, en los miedos de su paciente Luis y su visión adolescente del mundo, aquel chico que sufrió críticas y miradas hirientes y que las revive hoy este adulto apagado en cada interacción social. Y ahí viene Diana, con textos bajo el brazo, relatos de otros “Luises” de Bergerac que confrontan su visión de lo ocurrido, su elección sobre qué enfocar más nítidamente, con el prisma de su multi-dimensionalidad.

Este es un libro para todos los que saben que la literatura salva, reaviva, emociona, contagia, devuelve la paz, crea sentido, despierta fantasmas y redime, pero nunca han sabido tan detalladamentede qué variadas formas y cuánto puede sanar a los que más lo necesitan. A los que se detuvieron a la vera del camino, a los que esperan y desesperan, a los dolientes ansiosos por las palabras mágicas que revelen el sentido y la transformación que anhelan en silencio.

Imagino, sueño y espero un “Ministerio de Literat(c)ura” en todos los gobiernos, trabajando codo a codo con el de salud, llevando a quien lo que necesite en dosis farmacoliterarias para ahuyentar su pena o resignificar su dolor.

FERNANDO RABBIA

Terapeuta en Medicina Psicobiológica Social

(integrante de la Escuela del Doctor Fernando Callejón)

LECTURA EN ECO

Sentada frente a mi cerro en Córdoba —en el centro de la Argentina— te escucho mientras te leo, tengo clavada tu voz en off. Te cebo mates y te convido mi tarta de manzanas. Te tejo a crochet un saquito que abrigue tu espalda, esa que carga los dolores ajenos y escribe a veces encorvada para sanarlos. Te cuido en mi fantasía, porque sé de la soledad en la que una se encuentra, pensando en ese consultante rebelde a las pociones que se le ofrece. Y no porque no haya oídos dispuestos, sino porque el develar lo ominoso a otros inquieta o aterra. Porque solitaria, aunque muy concurrida, es a veces nuestra tarea terapéutica…

Me emocionan cada uno de sus capítulos y me obligan a saborearlos despacito, temiendo que al despertarme, en su final, no queden vestigios de este sueño.

Déjeme expresarle, querida guía maternal, que se aprecia su pluma cuidadosa en la originalidad de los sinónimos y metáforas, y en la fuente inagotable de todos esos fonemas.

En tu tarea titánica y de elaboración minuciosa, que decantan en estos maravillosos protocolos con tanta astucia y dedicación. Qué amorosidad se despliega en estas prescripciones, que intuyo provocarán desvelos puérperos en tus noches, con estos pacientes-gestantes en vías de sanación.

Qué bello es leerte así, tan apasionada, docta en todos los sentidos posibles, siendo la madre ideal para estas páginas, que le da carácter real y autónomo a cada caso, regalándolo al mundo, abrigando su descenso a estos lugares necesitados de luz.

Abriendo tu botiquín de remedios para el alma, Diana, enseñando generosamente aquello que funciona eficazmente de tu baúl de herramientas, que entiende de dolores-mensajes (propios) y provee de tanto alivio (a otros).

Un credo de fe en el carácter sanador/revelador de la ciencia llamada “Literat(c)ura”.

LORENA SALAMI BILIBIO

Lic. en Psicología Clínica, especialista en PNIE

1ª Parte CAMBIAR LA FARMACIA POR LA BIBLIOTECA

Introducción. Fundamentación teórica. Arteterapia.

Biblioterapia. Botiquín literario: ¿y si hubiera otros

remedios? No hay recetas únicas, ni fórmulas magistrales.El efecto lector. La escritura que sana.

Diccionario de la fantasía.

Antes de seguir…

…Sí, porque empezar fue hace mucho tiempo.

Amistades, colegas, alumnos, alumnas y consultantes ya conocen este libro —por retazos, dichos, lecturas parciales, usos— que se viene escribiendo (gestando) desde el año 2005, luego de leer Mujeres que corren con los lobos[1], que me estalló en cuerpo y alma.

Recojo una experiencia de más de 30 años de especialista en Letras —como docente e investigadora— así como en el Psicoanálisis, con el afán de compartir y desarrollar con ejemplos de la clínica el alcance del efecto benéfico, saludable y resiliente que produce el arte en general, y la literatura específicamente.

He trabajado con este enfoque integrativo —arte-psicoanálisis— tanto como facilitadora en talleres literarios con públicos diversos (desde niños de jardín de infantes en Buenos Aires, hasta adultos de la tercera edad en el Hogar para Ancianos de Colonia Valdense, Uruguay), como también en mi tarea de terapeuta. Implemento las técnicas y protocolos de la psicogenealogía (el estudio del inconsciente familiar en los árboles genealógicos) en cruce con un enfoque específico: la técnica de arteterapia. Desde la práctica y experiencia profesional, conformé una dinámica personal, innovadora y efectiva que llevo adelante con grupos, instituciones y pacientes: celebro el maridaje maravilloso entre la literatura y la psicología[2].

El mismo cruce aparece en mis libros anteriores[3], y también los dedicados al entramado presente/biografía del sujeto/antecedentes familiares o memorias transgeneracionales (Psicogenealogía)[4] como línea de abordaje[5].

Como profesional de la salud (Psicoanalista, Arteterapeuta, Especialista en Bioética), y originalmente formada en Humanidades (Filosofía y Letras, docente, editora, lingüista, escritora), no puedo dejar de mencionar la identificación con los postulados de Edgar Morin: su vanguardista opción de un paradigma que pone a dialogar los saberes provenientes de la biología y las ciencias sociales, junto con la articulación del arte, la filosofía, la antropología y la espiritualidad. Este esquema viene siendo, desde hace años, mi faro en la práctica clínica, y he decidido —por fin— compartir con ustedes una versión posible del “recetario” que construí: provisorio, amplio, dinámico, cambiante, abierto, siempre en crecimiento.

Cómo trabaja la Psicoterapia Integrativa

A lo largo de estas páginas ilustraré con ejemplos de la clínica, con la orientación capaz de ver al sujeto en todas sus dimensiones: la mirada médica y la psicológica, el contexto y su construcción biográfica, los anclajes y recursos, las experiencias fallidas y los afrontamientos positivos. En efecto, tantas son las variables a considerar en un tratamiento.

Por ahora nos basta con mencionar un caso para señalar cuán iatrogénica puede ser una información sin soporte emocional.

Ana llega a la consulta “desarmada” y más lastimada por el conflicto de diagnóstico que por el resultado de sus análisis. Es una mujer de 65 años que sigue atascada en un duelo sin resolver desde la adolescencia: un aborto a los 15 años, cuando era la novia del mismo hombre que hoy es su marido (y padre de sus tres hijos varones, que ya tienen más de 30 años y la han hecho abuela). Decidieron no asumir ese embarazo juvenil. El drama parecía zanjado, la vida se había ordenado y Ana había logrado construir una familia en armonía.

Sin embargo, el calendario inconsciente se manifestó en un lenguaje brutal a través de sangrados y molestias pélvico/abdominales.

El diagnóstico fue implacable: cáncer de útero. El dolor callado que ningún hijo había calmado se convirtió en un duelo calcificado. Justo al cumplirse 50 años de aquella herida, volvía a sangrar. Ana siguió el tratamiento estándar que el oncólogo le indicó y superó el trance, pero se tomó, además, el tiempo de poner en la conciencia los re-sentires que seguían exigiendo claridad, auto-perdón, comprensión y re-enfoque de su vida en perspectiva. La medicina hizo su parte “técnica”. Ana supo sanar holísticamente. Leímos fragmentos de Distancia de rescate, de Samanta Schweblin, a modo de revisar los vínculos que establecemos con los hijos, reales o simbólicos en nuestra imaginaria casa-útero, y cuánto se tensa la “soga” que nos ata o libera. Empecé con estos párrafos, antes de prestarle la novela: “Lo llamo «distancia de rescate», así llamo a esa distancia variable que me separa de mi hija y me paso la mitad del día calculándola, aunque siempre arriesgo más de lo que debería. […] Varía con las circunstancias. Por ejemplo, las primeras horas que pasamos en la casa quería tener a Nina siempre cerca. Necesitaba saber cuántas salidas había, detectar las zonas del piso más astilladas, confirmar si el crujido de la escalera significaba algún peligro. […] El hilo invisible que nos une se estiraba otra vez, presente pero permisivo, dándonos de a ratos cierta independencia”.

Fundamentación teórica: en gotas y comprimidos

Leo la problemática biopsicosocial de estrés que presenta una persona que llega a consulta desde la expectativa de encuentro: crear un vínculo, un contrato entre terapeuta y paciente. Dos personas que buscan un objetivo común: eliminar las “toxinas psicológicas”, esas cogniciones persistentes, rumiaciones, auto-acusaciones que paralizan (el fenómeno conocido como “Lot”) para —en cambio— activar las respuestas resilientes y conseguir ventanas de plasticidad, bajando la inflamación, la angustia, proponiendo psicoterapia interdisciplinaria, actividades creativas y de relajación (yoga, mindfulness), así como ejercicios cognitivos para favorecer la re-escritura de los circuitos neurales con nuevas habilitaciones.

Estas páginas se enfocan en una práctica de más de 30 años con la especialización en el abordaje terapéutico a partir del arte —y en particular de la literatura—. Las técnicas y propuestas de expresión personal, la canalización del dolor, la trasformación de la vivencia traumática y el marco epistemológico plural de este paradigma, posibilitan abrir al sujeto padeciente un abanico de oportunidades hacia la libertad creativa. Arteterapia y PNIE integran de manera flexible los conceptos de complejidad/biología/psique e intermodulación factorial, a fin de configurar una mirada holística, un enfoque syndémico, en consilencia de saberes.

Ya no hablamos de “enfermedades psicológicas u orgánicas”[6]. El paradigma integrativo asume la concomitancia psico-físico-ambiental como eje de su abordaje. Sabemos que las modificaciones a nivel del sistema nervioso —y su consecuente repercusión hormonal-inmune— darán un cuadro de múltiples aferencias que debemos considerar. Solo así, la estrategia nos permitirá superar el modelo mecanicista, lineal, causal, determinista y reduccionista que suele fracasar por el corto horizonte de perspectiva.

Nuestra propuesta consiste en leer el continuum de intercambios que el sujeto transita, y cuyo tratamiento reclama la recuperación de la armonía desde una concepción holística e integradora.

Desde la Psicoterapia Integrativa (PI PNIE, Psiconeuroinmunoendocrinología) entendemos el abordaje terapéutico como un enfoque multifactorial para escuchar la dolencia. El diálogo socrático permite estimular la capacidad de reflexión, la auto-escucha, observar la matriz de los prejuicios, y promover el pensamiento crítico-transformador para acompañar al paciente en la toma de conciencia a partir de cinco dimensiones: biológica, cognitiva, emocional-vincular, socio-cultural-ecológica y espiritual-trascendental[7].

DIMENSIÓN BIOLÓGICA. Incluye el trabajo sobre los hábitos de alimentación, sueño, ejercicio, sustancias farmacológicas: le señalamos al paciente cada experiencia que incide negativamente en su cotidianidad y le ayudamos a optimizar aquellas que han dado resultados positivos, clasificamos conductas para descartar las nocivas.DIMENSIÓN COGNITIVA. Trabajamos en busca de la interpretación de las cogniciones y producir el cuestionamiento para la reversión. Preguntamos a partir de la problemática que trae el consultante, y lo enfrentamos a la disyuntiva “hecho”/“opinión”. Insistimos en que los episodios de la biografía simplemente suceden y que la diferencia de perspectiva la marca el “cómo”. Esta es una manera de jerarquizar otra mirada sobre “lo que ha ocurrido”.DIMENSIÓN EMOCIONAL-VINCULAR. En esta instancia revisamos la calidad de las interrelaciones familiares/sociales y el peso del sistema de creencias. La tarea se propone cuestionar “la verdad” y forzar respuestas diferentes: “¿Es realmente así, qué evidencias concretas podrías darme? ¿Es cierto o es un supuesto? ¿Dónde aprendiste ese sentimiento de desesperanza?”. La idea es mostrar que a veces no hay soporte para lo que se manifiesta. Nuevamente, volvemos a marcar el enfoque de la mirada, señalar que habitualmente se confunde el hecho con la opinión. Invito a apreciar que lo “real” es siempre una cuestión de posicionamiento, producto de la subjetividad: una manera, pero no la única manera.SOCIO-CULTURAL-ECOLÓGICA. Es muy movilizador explorar las condiciones actuales y los estresores que aparecen: todo tratamiento multifactorial incluye el objetivo de reducir la carga alostática a lo largo del tiempo que acumula factores de estrés e intensifica sus efectos. Buscamos incidir en los factores de estrés producidos por las condiciones psicosociales, culturales, familiares: estilos de vida, ambientes y contextos, respuestas altamente activadoras de la sobrestimulación (estresores auditivos, visuales y sensoriales en general): detectarlos y modificar aquello que perjudica la salubridad atendiendo al modo de percibir dichos estímulos.DIMENSIÓN TRASCENDENTAL. Es especialmente en este paradigma donde profundizaremos nuevas indagaciones. Escuchar atentamente las frases nucleares del paciente (“Mi vida no tiene ningún valor”, “No cuento más que conmigo mismo”, “Esta situación será siempre así”). Advertir cuáles fueron los anclajes de la niñez que grabaron esa postura frente a las adversidades, ofrecer recursos para ejercitar el músculode laapreciatividad: ver lo valioso; recuperar la capacidad para incorporar estímulos que apunten al anclaje positivo, la validación y la meta-plasticidad partiendo de las múltiples derivaciones que brinda la consideración del aspecto espiritual, trascendente, artístico, creativo.

En todas las dimensiones —y según los casos— incorporo las “técnicas semánticas narrativas” y los paradigmas propios de la Filosofía del lenguaje (Derrida), y las técnicas de “re-narración” (Boris Cyrulnik y Vincent de Gaulejac[8]) del guión de vida. Desde el enfoque PI PNIE, alentamos otra alternativa: en lugar de poner solamente el foco en las “fallas” tempranas que han llevado al sujeto a un estado de desequilibrio, nos apoyamos también en los logros y refuerzos positivos de las experiencias vividas, y en la re-escritura de la “película personal”.

En la consulta recorro estas instancias que atraviesan al sujeto desde la línea de vida (biografía al presente) y antes: la etapa llamada Proyecto y Sentido (los meses previos a la concepción, momento de la concepción, gestación, y primeros años), así como los aportes del estudio del Transgeneracional (el genosociograma o análisis del árbol genealógico[9]).

La propuesta: poner el faro en la dimensión trascendental

Leer bien es uno de los mayores placeres…

porque es el placer más curativo.

MARCEL PROUST

Literat©ura es el término que he creado para referir a mi propuesta de dinámica terapéutica. El eje está puesto en la dimensión trascendental que sostiene al arte literario. Es, a mi entender, la instancia menos explorada en las diferentes vías psicoterapéuticas. Así, con lo que hemos acordado llamar “Ex-Tra” (Experiencias Transformadoras) adherimos a la capacidad sanadora que construye el paciente cuando entra en contacto con su dolor en la experiencia de lectura.

Otras líneas psicoterapéuticas son complementarias y valiosas: la Biodecodificación (Christian Flèche) hace hincapié en lo orgánico, explorando el significado biológico como adaptación de un impacto emocional no resuelto; el psicoanálisis se centra en el poder del inconsciente como trampolín para indagar los no-dichos; la línea cognitiva conductual ofrece “un plan” para enfrentar los desequilibrios comportamentales; y así podríamos seguir mencionando otros aportes, todos efectivos, pero todos insuficientes para abarcar la complejidad humana... Considero de vital importancia trabajar en diálogo con otras disciplinas y profesionales, y al unísono con el consultante durante los diversos procesos.

Elaborar su línea de vida, buscar la recuperación de los datos del árbol genealógico, alcanzar la información retenida en el Proyecto y Sentido (las condiciones psico-sociales-emocionales, biológicas, y ambientales de la madre, así como el contexto gestacional, el modo de su nacimiento —tipo de parto— y las primeras semanas de vida[10]) constituyen fuentes de inagotable valor para revisar el presente, iluminadas por los hechos constitutivos de “la tribu” y sus mandatos.

Botiquín literario: ¿y si hubiera otros remedios?

Si una persona ha perdido una pierna o un ojo, sabe que ha perdido una pierna o un ojo; pero si ha perdido el Yo, si se ha perdido a sí mismo, no puede saberlo, porque ya no está allí para saberlo.

OLIVER SACKS

Creamos para no enfermar, porque lo que busca salida, lo que puja hacia afuera (y ese es el sentido etimológico de la palabra “expresión”) no es otra cosa que la manifestación del Inconsciente.

SIGMUND FREUD

La propuesta es cambiar la farmacia por la biblioteca o la librería. Sabiendo desde el inicio que no hay un elixir único eficaz para todo, aceptando que no existe un remedio universal, afirmando que tampoco lo es la literatura por sí misma: sostenemos el sentido holístico como práctica. Todos los trastornos, desde la Psicoterapia Integrativa, reclaman un enfoque multidisciplinar. Es decir, leer una novela no salva de la ruina a quien atraviesa la angustia por una crisis financiera; un poema no reemplaza un tratamiento oncológico; un mito no resuelve el conflicto de una pareja… Pero determinada lectura de ciertos textos en el marco terapéutico dibuja otro paisaje de la emoción para revisar el modo de construir la realidad (financiera, de salud o de vínculo). Si algo novedoso viene a aportar la “Literapia”, es un paso más en la afirmación del equilibrio del sujeto.

El conocido episodio de la novela de Proust (aquella escena de la madalena en la taza de té y la reverberación de las evocaciones de su infancia) que se disfruta en la obra cumbre del novelista francés, En busca del tiempo perdido, es un excelente disparador para el paciente bloqueado. Cuando sus frases-escudo suenan a “no sé, no quiero recordar” y solo expresa: “no sé, debe de haberse borrado, nunca me lo dijeron, si lo sabía lo olvidé”…, es cuando el auxilio del “botiquín literario” se impone como prescripción.

Dado que la lectura literaria permite a la vez identificación y distancia, he tenido valiosas sorpresas haciendo el “experimento Proust” en el consultorio, con pacientes que tiraron del hilo de la memoria a partir de este estímulo lector-gustativo-olfativo que actualiza los abismos de la memoria…

Así, en mi práctica personal, sumo a esta “batería” muchas técnicas de recuperación del estado de nueva conciencia, equilibrio dinámico y salida de la “vida gris” —propia del pensamiento operatorio— lo que he dado en llamar: “Botiquín de Literat©ura” o la invitación a leer textos literarios terapéuticamente. Sostengo que en el arte de leer hay una dosis posible de reversión del conflicto y una oportunidad de sanación…

Cuando el análisis en consulta estimula los no-dichos es más rico, abierto, interdisciplinario, ecológico, dinámico y personalizado. Y, cuando el terapeuta realiza una observación directa de las expresiones conductuales cotidianas del paciente, propicia el diálogo socrático, e invita a “dar el salto” con propuestas de cambios de hábitos que operan en una experiencia transformadora: la literatura se torna en una medicina sagrada.

En los textos literarios se escenifica otro modo de intermodular tiempo/espacio/sujeto/ambiente/soma/psique. La literatura es un constructo estético, cultural y holístico, donde cada paciente hace una entrada única y personal con su historia de vida, sus antecedentes genealógicos y sus planteos para decodificar la realidad. En el ámbito de la consulta, acompañado por la escucha biblio-terapéutica, es posible sembrar la influencia positiva de la bio-psico-educación.

No hay “recetas” únicas, es siempre en el interjuego terapeuta-consultante en el que se construye la mejor alternativa de esta propuesta de tratamiento literario. Los “fármacos” vienen preparados en diversos formatos: ya sea poción, antídoto, gotas, elixir, ungüento, potingue, mejunje, brebaje, pócima, tabletas, grajeas. Todos guardan una fórmula secreta, la que se ha cocinado junto a las marmitas para exprimir hierbas en los laboratorios de la creatividad a lo largo de los siglos.

Así, cuando confluyen varios principios de influencia, se constituye una fuerza de cambio. Esta noción, proveniente de distintos paradigmas, se enfoca en la misma dirección de toma de conciencia. Ideas como “awarness” (darse cuenta), “mismidad” (reforzamiento de la identidad), “dotar de nuevo sentido” (reorganización de los saberes y creencias), hallar y profundizar el “sentido de vida” (“¿soy capaz de activarme y preservarme, cuál es mi Norte, qué valor doy a mi existencia?”), o habilitar la apreciatividad, son las que conforman las prescripciones del botiquín literario. Y, muy importante, no derivan en efectos adversos.

Para lograr un mejor resultado a las “dosis” de las páginas literarias indicadas sumamos píldoras Ex-Tra, movimientos donde el protagonismo es para el paciente y le revela su capacidad de transformación de una idea, creencia, sentir, resentir… Tras la lectura, tras la emoción que aflora y permite nuevas conexiones, se abre el momento del “hacer”. Seguir leyendo ese texto u otro del autor, escribir la propia versión, re-narrar. Cada fórmula y cada paciente son únicos, y no permiten repetir la práctica de una sesión a otra. Por eso, el muestrario que aparece más adelante es solo una posibilidad, un ejemplo real, y una ventana inspiracional.

Las propuestas que promueven este plan de lecturas son graduales y “a la medida” del consultante. En cada situación se despliega un menú de manjares literarios a la carta. No hay indicaciones fijas. Habrá quien con unos párrafos de El Principito pueda comenzar este camino, y habrá quien inicie el trabajo de autoindagación con la frase de Viktor Frankl: “quien tiene un por qué vivir… encontrará casi siempre un cómo”. Y los más golosos tal vez prefieran el frasco-texto completo de una extensa novela.

En un block de papel, a modo de recetario, prescribo títulos, receto píldoras de metáforas, o jarabes de cuentos; a veces entrego —o invito a sacar al azar— unos papelitos con frases que guardo en un frasco de vidrio en cuya etiqueta se lee: JA-LEA.

De todas las manifestaciones del arte, es la Literatura la vía regia que yo he encontrado para acompañar a mis pacientes. Nombro, con ironía lúdica, a mi consultorio como una “librería emocional”. Me sitúo como prescriptora de textos a la hora de recetar un cuento como medicamento. Creo en la fuerza sanadora de la literatura. En mi formación como arteterapeuta encontré el nudo que reúne las dos pasiones que me constituyen: la literatura y el psicoanálisis.

Llamada “literapia”, “biblioterapia”, o “remedios literarios”[11], es una forma de intervención que utilizo desde hace años para tratar los trastornos del carácter, los estados de ánimo y las emociones contrariadas. Una verdadera herramienta terapéutica para reinterpretar el ego, el sufrimiento, el deseo, la autoestima, la contaminación del psiquismo ajeno (redes sociales y otros “engentamientos”), la incapacidad para ver lo valioso, la permanente presencia de la angustia, o el sentimiento de derrumbe existencial… y gestionar saludablemente estas emociones.

Cada sesión es única. Partimos de la buena alianza paciente-terapeuta, del oficio con experiencia, de la libertad ensayo-error en la recomendación de un texto, hasta afinar la sensibilidad y dar en el blanco. Les comparto la enseñanza de Françoise Dolto: “la vida es un yendoyviniendo”, para salir de la noción de certidumbre y aceptar el desafío de la duda y la equivocación.

El fundamento de esta práctica se encuadra en los avances y desarrollos de la Biblioterapia, un tipo de terapia que se incluye en el campo de la arteterapia y que se basa en la literatura.Yo llamo a esta técnica Literat©ura.

Mi dinámica biblio-terapéutica consiste en recetar, prescribir títulos y autores a partir del diagnóstico, sin perder de vista los gustos literarios, entrenamientos y necesidades del paciente. La lectura acompaña el trabajo de introspección para lanzarse a descubrir nuevos enfoques de “lo real”: finitud, duelo, insatisfacción, trastornos de la alimentación, obsesiones, miedo al compromiso, fobias, falta de proyectos. Y acompañar —como quien lleva un farol en alto— el encuentro con aquello que se busca…

La experiencia de recuperación del sujeto a partir del reconocimiento de las adversidades planteada por Boris Cyrulnik, así como la afirmación del “impulso de vida” y los afrontamientos capaces de estimular las bases más favorables vivenciadas por un paciente (la resiliencia), más los presupuestos de búsqueda del sentido de la vida —elaboradas por Viktor Frankl (Logoterapia)—, y la re-escritura del “guión de existencia” que formula Vincent de Gaulejac (el concepto de “neurosis de clase”) son los pilares epistemológicos que sostienen mi práctica.

Pero, sin duda, quienes venimos de la formación psicoanalítica apreciamos el gesto revolucionario y pionero de Sigmund Freud, quien ya experimentaba con la recomendación de libros para sus pacientes con trastornos diversos. No existe —y lo sabía Freud— una sola dirección en la cura, pero el acto de leer es considerado un apoyo, un paliativo, un complemento en el trayecto hacia la recuperación. La lectura terapéutica es un proceso activo, de diálogo entre el lector y un texto de ficción que propende a la transformación sanadora de las emociones.

Posología[12] (metodología): modo de uso

Cuando no satisfacemos las necesidades que tenemos nace una emoción.

Si esa emoción se libera en el exterior bajo una forma artística, a través de la palabra, el baile o los sueños... todo va bien. Cuando el acontecimiento no está expresado, queda impreso y el cuerpo será el último teatro de ese evento.

C. FLÈCHE

No persigo exhibir una biblioteca completa: clásicos y vanguardia, textos para adultos o para niños, autores de culto o populares… No es un catálogo de “alta literatura” ni de lecturas “masivas”. Este es un repertorio incompleto, recortado, específico de los casos que ilustro. No es un compendio de “lo que hay que leer”, ese no es el sentido que busco en este libro. Sin duda, la literatura que a mí me constituye se encuentra, en parte, en la selección que propongo, pero no se trata de mis gustos personales: hay una dirección con propósito terapéutico.

Como se sabe, se parte siempre de la demanda de consulta. Entrevista y detección del trauma o conflicto; la escucha y la definición de un diagnóstico. Sigo por el rearmado del árbol genealógico. Propongo tips de bio-psico-educación. Oriento la recolección de datos “olvidados”. Y sostengo el impulso vital del diálogo.

El diálogo busca recuperar el momento del bioshock que ha bloqueado la emoción, alcanzar el programante que deriva en la situación presente: se observa cómo ese resentir se instala en una patología orgánica o emocional (crisis asmática, acidez estomacal, dislexia o ataque de pánico, fobia, angustia, por ejemplo) y se lleva adelante el tratamiento de toma de conciencia, habilitación de la palabra y transformación de la escena. En cada caso se revisa la emoción, sus efectos, la fuente de su aparición, las dolencias que produce (por ejemplo, las patologías óseas remiten a algún tipo de conflicto de rendimiento y desvalorización, etc.[13]).

Pero no se acaba ahí: la Biblioterapia[14] es el paso siguiente. Considerando el perfil del consultante y sus capacidades de afrontamiento, se “prescriben” —a modo de profilaxis— una serie de lecturas.

Recordemos que si las emociones se liberan con algún tipo de expresión (palabra, movimiento corporal, forma artística, canalización de lo sufrido), si el conflicto se gestiona, si algo desbloquea el impacto sufrido en soledad e inesperadamente, no se convertirá en enfermedad. En cambio, cuando el acontecimiento doloroso no ha sido expresado, quedará impreso en el cuerpo.

La sugerencia de lecturas y el para qué espiar la vida de un personaje de ficción en un determinado suceso literario propicia el eco personal, resuena en el lector con una misma frecuencia y el espejo literario devuelve su propia emoción reformulada en un abanico de alternativas de resolución, antes impensadas, que se activan de manera inconsciente.

La Biblioterapia colabora en la toma de conciencia, disminuye a la mitad el alto estrés del conflicto sin resolver, alienta otros horizontes de comprensión del conflicto personal que, a la luz de la ficción, se muestra tan universal. Según reza el saber popular, un dolor expresado y compartido disminuye progresivamente, como así también la felicidad compartida multiplica su acción…

Para cada situación se recomiendan unas “píldoras metafóricas” que la literatura nos viene ofreciendo —una fantástica botica sin contraindicaciones médicas— desde el origen de los tiempos, con belleza y sabiduría; o se invita a una novela completa, o a un conjunto de cuentos… Siempre es “a la medida” del consultante.

En mi botiquín literario tengo “frascos” o “cajas” ordenadas por temas-conflicto; en sus etiquetas se lee: duelos, heridas de amor, madre vampiro, falta de ilusiones, apegos, adicciones, ovejas negras del clan, exilios, etc.

Así, por ejemplo, en un estante están los textos para temas que reclaman trabajar el TDC (Trastorno Dismórfico Corporal) y los conflictos en relación con la alimentación: imagen, obesidad, adicción a la comida y atracones. Obras como “Un artista del hambre” (cuento, de Franz Kafka), El cocinero (novela, de Kressing Harry), Días de hambre (novela, de Delfine Vigan), Kitchen (novela, de la japonesa Banana Yoshimoto) y Manual del caníbal (novela, del escritor argentino Carlos Balmaceda) forman parte de esta “receta” según sea el paciente que tenga delante.

Comento algún texto. Narro un cuento. Recomiendo un título. Leo unas páginas durante la sesión, o presto mis “remedios-libros” a modo de farmacia ambulante. En la siguiente sesión, comentamos o habilito el espacio para que se suelte la emoción desencadenada en el texto, con el pretexto de recuperar el efecto de la lectura.