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Este libro es un tren dispuesto a esperarte el tiempo que desees. Refleja toda mi vulnerabilidad, desde distintas etapas; distintos momentos y sentimientos. Así decidí escribirme. Espero que, a través de estas páginas, vos también te leas; y en cada estación, en cada sentimiento, te detengas y te observes. Mirá el paisaje. ¿Ves que no es ni tan malo ni tan bueno? Comencemos.
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Seitenzahl: 101
Veröffentlichungsjahr: 2020
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Balbo, Maira Belén
Leer tus sentimientos : ¿desde qué emoción decidís observarte? / Maira Belén Balbo. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2020.
163 p. ; 22 x 15 cm.
ISBN 978-987-708-704-8
1. Desarrollo Personal. 2. Desarrollo Emocional. 3. Superación Personal. I. Título.
CDD 158.1
Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,
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de/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.
Hecho el depósito que marca la Ley 11.723
Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2020. Balbo, Maira Belén
© 2020. Tinta Libre Ediciones
Leer tus sentimientos
¿Desde qué emocióndecidís observarte?
Agradecimientos
Debería hacer otro libro para agradecer a todas aquellas personas que me estuvieron apoyando. Lo trataré de resumir brevemente.
Pau y China son aquellas amigas que no sabés en qué momento dejaron de ser eso para convertirse en hermanas. Les conté después de unas cervezas que estaba escribiendo un libro, me apoyaron en cada paso y no dejaron nunca de incentivarme; hasta cuando estuve más frustrada, aparecían haciendo más chicos mis problemas con algunos chistes y arrancaba de nuevo.
Lili y Ale vieron todos los cambios que tuve mientras iba escribiendo el libro, conocen lo cambiante e insegura que soy por momentos; sin embargo, están, siempre están, les debo todo, les agradezco mucho más.
Bauti, con sus pocos años de vida, supo enseñarme a reír y disfrutar el presente. Es especial, siempre lo voy a decir y no solo porque es mi sobrino, sino porque tiene una capacidad de enseñar que nos sorprende día a día. Él supo también desde el primer momento y guardó el secreto. Es mi ejemplo de vida, mi motor externo.
Naty, Flor, y el resto de mi familia cercana, aquellos a quienes les tomó más de sorpresa este libro, porque nunca les conté en qué andaba, aunque seguro lo intuyeron. Flor es mi otra sobrina, en parte como mi hermana, nos llevamos 20 días de diferencia y nos une algo mucho más fuerte que solo la familia. Siempre es mi inspiración, mi orgullo, la mejor doctora que puedo conocer y también una de las mejores personas. Naty es mi hermana, la luchadora y leona, si no fuese por ella, nunca hubiésemos aprendido lo que es el dolor, porque siempre está un paso adelante para soportar todos los golpes fuertes, para que la vida nos enseñe distinto de como ella aprendió. Mi hermana es el símbolo más fuerte de que todos podemos, supo hacerme entender por la fuerza que siempre iba a estar, a pesar de las discusiones, a pesar de todo. Me enseñó qué es la familia: “Somos poquitos y nos cuidamos”, como dijo un día. Omar es mi cuñado, no conozco persona a la cual le cueste más hablar de sentimientos que a él, sin embargo, tengo la gracia de compartir las mejores charlas y confesiones a la noche, al lado de un fueguito para sus asados, con una birra en la mano.
Jorge y Leo, aquellos otros amigos que siempre están para sacar una sonrisa, para abrazarme y darme fuerza cuando no las tengo. Me enseñaron a volver a confiar millones de veces.
Les agradezco a todos ustedes, los que emprendieron este viaje conmigo desde el principio. Saben que para escribir sobre sentimientos y tener ideas les hice un montón de preguntas por las redes, para las cuales hubo gente que siempre estuvo atenta y me respondió. Empezó como un juego, y esto en parte es eso. Conocerse es jugar a ser nuestros propios analistas; confiarme sus historias, sus miedos, sus alegrías, sus secretos me dio el poder suficiente para encaminarme y seguir siempre escribiendo.
Gracias a cada persona que aparece en este libro y a todos ustedes que están leyendo.
Tren
Primer vagón:Miedos · Pág. 13
Segundo vagón:El amor · Pág. 41
Tercer vagón:La ira · Pág. 71
Cuarto vagón:La alegría · Pág. 89
Quinto vagón:La tristeza · Pág. 111
Sexto vagón:El final de un nuevo comienzo · Pág. 139
Tren
“El tren solo pasa una vez en la vida”, dice el terrible refrán, cargándote de culpa, porque si ya se te pasó una vez y no lo aceptaste, lo siento, perdiste tu oportunidad, nunca más va a volver a existir.
Esta frase, dependiendo desde qué sentimiento la veas, es lo que transmite. Lo cierto es que el tren es empecinado como una persona y va a pasar cada 5, 10, 30 minutos, o cada día, en cada momento.
Yo me subo al tren cuando quiero, cuando estoy preparada y lo decido, o cuando puedo y quiero llegar a determinado lugar.
El tren es una alegoría de cada oportunidad que tenemos en la vida y generalmente se le da una carga negativa. “Si no te subís ahora…” o “Arriésgate” dicen por ahí las personas que no se subieron y se arrepienten…
Este libro es un tren dispuesto a esperarte el tiempo que desees. Este libro refleja toda mi vulnerabilidad, desde distintas etapas, distintos momentos y sentimientos. Yo decidí escribirme, espero que vos te leas y, en cada estación, en cada sentimiento, te detengas, te observes, respires.
Mirá el paisaje. ¿Ves que no es ni tan malo ni tan bueno?
Comencemos.
Mi nombre es Maira Belén Balbo, en la familia siempre me dijeron Belén, pero en los trabajos y en la facultad soy Maira. No tengo problema con ninguno de los dos nombres, creo que me genera tranquilidad esa ambigüedad. Soy muy buena manejándome en los grises de la vida, pero debo admitir algo: AMO el desorden. No sé si por sagitariana o porque me llaman de las dos formas, lo cierto es que hoy estoy en una ciudad tranquila, y mañana quizá ya me mudé.
Empecé a escribir desde muy chica, hacía canciones, poemas, contaba mis historias, sueños y fantasías, hasta que la rutina de la vida me atrapó y lo dejé, quedó solo en mis recuerdos en mi mente.
Arranqué de nuevo por una sesión de terapia. Digamos que fue el método para poder expresar lo que sentía y organizar mis palabras.
Leer-te se trata de eso, de empezar a ver qué sentimos y qué hacemos con eso. Les cuento lo que hice yo en cada sentimiento, que después de mucho tiempo les presté atención.
Me gustaría que empieces por cualquier capítulo, ya sea el de amor, tristeza, alegría, ira, miedo… El que más te identifique, porque en este libro decidí hace un caos con mi biografía, no tiene un orden cronológico, solo sentimental.
Ah, me olvidé de decirte: estudio Psicología. Según lo que dicen, los que queremos ser psicólogos estamos un poco locos y en parte es verdad. También es verdad que buscamos analizar todo, quizá también te des cuenta leyendo que un poco es eso.
Utilicé el lenguaje inclusivo para que todxs nos podamos identificar.
Primer vagón
Miedos
“Nada en la vida debe ser temido,solamente comprendido.Ahora es el momento de comprender más,para temer menos.”
María Curie
El miedo
Según me contaban en Psicología, es la emoción primaria más fácil de distinguir, la que más fácilmente podemos detectar y diferenciar.
El miedo a veces nos frena, nos hace dirigirnos hacia otro punto de vista, nos desvía la atención hacia otro lado. Desde chiquitos tenemos miedo, enfrentamos fantasmas, la oscuridad, a los extraños. A medida que vamos creciendo, los miedos cambian, pero siempre nos acompañan, como cualquier otro sentimiento. Tenemos miedo al futuro, al amor, a la carrera que estudiamos, al trabajo.
El miedo busca que nos alejemos de algo o alguien y nos focalicemos en otra cosa. Es principalmente mental, un NO constante…
Miedos tenemos todos: el más valiente soldado le teme a una guerra, el mejor comediante respira profundo antes de entrar a un escenario, el mejor escritor tiembla al oír sus relatos.
Los miedos existen y nos acompañan. Ahora, ¿te animás a enfrentarlos?
Miedo a papá
Mi relación con mi papá fue muy particular. Me hubiese gustado incluirlo en otra parte del libro, pero creo que en esta es el personaje principal.
Desde muy chica, vi a mi papá como aquella persona que no me pegaba, pero tenía una mirada… Con esa mirada era capaz de putearte, insultarte y humillarte en un abrir y cerrar de ojos. Yo sabía que cuando miraba papá, me tenía que callar. No me explico cómo lo aprendí, pero que era así, era así.
Mi viejo era de esas personas que todo el mundo quería, que tenía miles de amigos, conocidos y contactos. La gente lo amaba e incluso lo admiraba. Tenía una inteligencia el tipo, no saben la cantidad de títulos y cuadros colgados en la pared con su nombre: “Jefe de bomberos”, “Paramédico”, “Curandero”, “Electricista”, “Pintor”, “Jefe de seguridad”, “Título nuevo que todavía no existe” y mil millones más.
Papá también tenía un arma y balas, pero eso no lo veían los demás. Claro, era parte de su trabajo, era custodia en ese momento. Papá era aquel personaje que siempre apoyaba la época militar, porque había que matar a los subversivos, a los putos y a las tortilleras. Defendía el lugar de la mujer, siempre y cuando estuviese tres pasos atrás del hombre y se dejara pegar o, por lo menos, torturar psicológicamente.
Unos meses antes de cumplir 15 años, mis viejos se separaron (por primera vez desde que nací). No les puedo explicar la tranquilidad que tenía en esos días. Mamá trabajaba mucho, así que yo aprendí bastante a estar sola. Iba al colegio, estaba con mis amigos, ayudaba en casa en las noches. A veces cenábamos o tomábamos mates mirando la televisión, tranquilas, con cierta paz que era nueva y un poco desconcertante.
A medida que los días iban pasando, nuestra pseudorealidad fue cambiando (demasiado bonita para ser verdad). Nos empezaron a llegar llamadas y amenazas. Algunos días se camuflaban bastante bien, con lágrimas o llantos, pero otros días eran casi imposibles de tolerar.
Una noche (dos días ante de cumplir 15) veía a mi mamá caminando por toda la casa con el teléfono, hablando, insultando, llorando. Creo que no era un llanto de tristeza, más bien de enojo. Estaba superestresada y cansada, también se sentía débil, sin fuerzas, con una hija adolescente y una casa en construcción a cargo. Los amigos de mamá no faltaban, pero en esas situaciones, a veces los amigos no son a quienes uno necesita. A veces, aunque esté mal, volvemos a repetir relaciones en las que lo único que nos llena es el estar acompañados, sin importar lo mucho que nos duela, porque eso nos enseñaron, o estamos acostumbrados, porque tendemos a repetir costumbres, a volver a lo más fácil, a flaquear.
Me pasa el teléfono ansiosa y, como una niña chicamandándose un desastre, se aleja rápido.
—Hola, ¿qué pasa?
—Hola, hijita, ¿cómo estás? ¿Me extrañás?
—Estoy muy bien así, ahora, ocupada estudiando. ¿Necesitás algo?
—Estuve hablando con tu mamá. Estoy pensando en volver. Las extraño y en unos días es tu cumpleaños. ¿Vos me extrañás?
—Ya pasé tantas con vos, viejo. Prefiero tenerte lejos. Estamos tranquilas…
—Escuchá —Se refería a los ruidos de las campanas del tren—. Si no le decís a tu mamá que querés que vuelva, no me ves más.
Creo que ahí fue mi primera experiencia fuerte y madura de tratar de superar el miedo. Entendí muchas cosas, como por qué mamá no se alejaba de él, y la sumisión que tenía ante sus palabras, siendo que era ella la que siempre tenía trabajo y llevaba el hogar adelante. Entendí que yo no quería esa vida ni que él siguiera manejando la situación.
—Lamentablemente, no puedo hacer nada. Por mí, no vuelvas más.
Dos días pasaron y él llegó a casa, como si nada hubiese sucedido. Se arreglaron como pareja y yo quedé vacía por dentro, sin entender por qué mis palabras no habían sido suficientes, por qué la gente llegaba y los saludaba como si nada. Volvimos a ser esa familia “normal”.
En mi etapa de adolescente supersentimental, este simple acto marcó mi vida. En un principio, fue desde el lado negativo, usando la situación de excusa para huir, para alejarme de esto a lo que le decían familia. Si eso era, no lo quería más. Si la felicidad de una pareja se basaba en amenazas, para qué iba a querer encontrar al amor de mi vida, cuando este me iba a destrozar.
Luego, de a poco, fui comprendiendo que cada situación eran mis ejemplos y, como ser racional, debía elegir qué historia quería contar.
Orientación sexual
