Let it happen ¡Deja que suceda! - Mau Espinosa - E-Book

Let it happen ¡Deja que suceda! E-Book

Mau Espinosa

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Beschreibung

Let it happen propone una filosofía de cambio basada en tres pilares: Lógica, Emoción y Tácticas (L.E.T.). Mau Espinosa, consultor con más de dos décadas de experiencia, comparte cómo esta metodología ha sido clave para enfrentar desafíos personales y profesionales, desde crisis empresariales hasta decisiones de vida. A través de ejemplos reales, reflexiones profundas y herramientas prácticas, el autor demuestra que el cambio no es solo inevitable, sino una oportunidad para liderar con propósito. Esta obra ofrece un enfoque y un modelo innovador para tomar decisiones efectivas, conectar con la motivación personal y transformar la incertidumbre en crecimiento. Ideal para quienes buscan liderarse a sí mismos y a otros en entornos complejos.

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Seitenzahl: 298

Veröffentlichungsjahr: 2025

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EMPODÉRATE PARA AFRONTAR LOS RETOS Y ALCANZAR EL ÉXITO DURADERO

Toma el control de tu narrativa con el poder transformador de L.E.T. (Lógica – Emoción – Tácticas), un enfoque probado y diseñado para guiarte a través de los retos más difíciles de la vida. Desarrollado a partir de experiencias reales y practicado por personas que han convertido la adversidad en logros, esta filosofía empoderadora te proporciona herramientas prácticas para dominar el pensamiento claro, aprovechar tus emociones de forma constructiva y tomar medidas decisivas y estratégicas.

En este libro descubrirás cómo:

Tomar decisiones con confianza, incluso bajo presión.

Canalizar tus emociones hacia respuestas productivas.

Transformar los reveses en oportunidades de crecimiento y éxito.

Tu futuro está en tus manos. Tu historia la escribes tú. Tu vida la construyes tú.

¡Deja que suceda con L.E.T.!

L.E.T. revela la arquitectura oculta del éxito y el fracaso. A través de un viaje íntimo de triunfos personales y conocimientos profesionales, Mau descubre la estructura de un liderazgo transformador que une la lógica, la emoción y la estrategia, ofreciendo un poderoso plan para liberar el potencial humano tanto en el ámbito personal como en el organizacional.

NICHOLAS GRUNAUER Fundador y director de Grunauer Group

En INSIGNIA AUTO, hemos visto de primera mano cómo poner a las personas en el centro lo transforma todo. Al trabajar juntos para ayudar a nuestro equipo a definir y vivir sus planes de vida, muchos de ellos por primera vez, les hemos dado un regalo profundamente personal que va más allá del lugar de trabajo. Llega a sus familias, a sus comunidades y da sentido a su vida cotidiana.

La metodología L.E.T. (Lógica, Emoción y Tácticas) ha sido la clave para hacer realidad esa transformación. Este libro está repleto de ideas poderosas y prácticas que cualquier líder puede aplicar. Es una lectura obligada para aquellos que quieren que su organización sea más que solo un lugar de trabajo, y se convierta en un espacio que deje un legado duradero en la vida de las personas.

Gustavo Flores

Propietario y director general

INSIGNIA AUTO

Índice

El efecto L.E.T.

Capítulo 1: Una llamada a liderar

Capítulo 2: Oxford

Capítulo 3: COVID

Capítulo 4: Resiliencia

Capítulo 5: No ser Pelé

Capítulo 6: Holmes, Bond, Batman … y Einstein

Capítulo 7: Tocar Fondo

Capítulo 8: Nuevos comienzos

Capítulo 9: Comiendo atún directo de la lata

Capítulo 10: Volver a empezar

Capítulo 11: Lógica

Capítulo 12: Emoción

Capítulo 13: Tácticas

Capítulo 14: Narrativa,

storytelling

y L.E.T.

Capítulo 15: El Fénix

Reflexiones finales: L.E.T. comienza tu viaje

Agradecimientos

Navegación estructural

Cubierta

Contracubierta

Portada

Créditos

Índice

Comenzar a leer

Agradecimientos

EL EFECTO L.E.T.

L.E.T. (Lógica - Emoción - Tácticas) no es solo una metodología, es una filosofía de vida y de cambio aplicable tanto a nuestra vida personal como a la profesional. Esta doctrina ha sido una fuerza guía a lo largo de mi trayectoria, incluso antes de identificarla conscientemente como tal. Representa la manera en que he enfrentado decisiones y eventos importantes, equilibrando emociones, lógica y acciones tácticas para lograr el éxito.

Desde muy joven, apliqué estos elementos intuitivamente, ya fuera al jugar futbol, elegir mi trayectoria educativa o al tomar la audaz decisión de mudarme a Estados Unidos para avanzar profesionalmente. Hoy entiendo claramente cómo estos momentos tenían un fuerte trasfondo emocional. Como descubrirás a lo largo de este libro, conocer mi propia realidad emocional y entender cómo impactaba en mis decisiones y acciones resultó crucial.

Lógicamente, comprendí que la educación universitaria que recibí, aunque era una base sólida, resultaba insuficiente por sí misma para alcanzar el éxito que buscaba. Esta conciencia me motivó a expandir continuamente mis conocimientos y habilidades. Busqué fundamentos teóricos adicionales, regresando a la universidad para estudiar finanzas, economía y valoración empresarial. Amplié mi formación participando en un programa de negociación en la Facultad de Derecho de Harvard y posteriormente obtuve una maestría en Liderazgo y Cambio por la Universidad de Oxford y la hec París. Fue en este entorno académico donde finalmente articulé y consolidé los elementos que llevaba años aplicando intuitivamente, integrándolos plenamente en mis servicios de consultoría.

Desde que inicié mi carrera en el mundo de la consultoría en 1996, primero como analista financiero y posteriormente como dueño de mi propia firma, siempre he reconocido la importancia de involucrar, empoderar y proporcionar estabilidad emocional a las personas. Esto aplica tanto a nivel individual como grupal, ya que, sin abordar la cultura del grupo y las emociones personales, el cambio sostenible es inviable.

El proceso de cambio comienza desde las emociones y posteriormente se complementa con la lógica. Es fundamental entender el por qué de cada acción y aprovechar adecuadamente las herramientas y recursos disponibles para involucrar a las personas y obtener resultados. Finalmente, la sincronización y la táctica son claves: priorizar acciones, ejecutar movimientos estratégicos, implementar cambios, entender el poder de las narrativas internas y externas, e introducir nuevos procesos y herramientas.

En última instancia, este libro busca proporcionar un entendimiento integral sobre cómo tomar decisiones efectivas. Resalta la importancia de considerar las implicaciones emocionales, estructuras lógicas, procesos claros, herramientas adecuadas, recursos disponibles, la priorización efectiva, tiempos precisos y todas las variables necesarias para una toma de decisiones táctica.

Integrar estos elementos te permitirá adoptar la filosofía L.E.T., facilitando el cambio y fomentando un crecimiento continuo y enriquecedor tanto en tu vida profesional como personal.

capítulo 1Una llamada a liderar

Este es un libro sobre el cambio. Cambio en tu vida personal, en tu carrera profesional y en tu negocio.

Gestionar el cambio es lo más importante en nuestras vidas, sin importar lo que hagamos o la etapa en la que nos encontremos. Nada permanece igual; crecemos, evolucionamos, enfrentamos dificultades y desafíos. Cómo afrontamos estos cambios determina nuestro éxito o fracaso. No percibo el cambio como una fuerza pasiva o externa: lo veo más bien como un viaje con propósito, impulsado por el liderazgo y el sentimiento de empoderamiento. Es un viaje que todos debemos emprender por nosotros mismos. Mi intención es que este libro sea una invitación a asumir tu rol como líder, no solo en tu vida profesional, sino también en tu crecimiento personal.

El liderazgo no es un estado estático, sino una progresión constante que requiere lógica, fortaleza emocional y precisión táctica. Este libro no es únicamente sobre entender el proceso de transformación, sino también sobre responder a la llamada para liderar a través de tus retos personales y profesionales.

Todo viaje comienza con una chispa, un momento en que reconocemos que el statu quo ya no es suficiente. Ya sea que estés enfrentando un nuevo desafío empresarial, superando contratiempos personales o tratando de mejorar el rendimiento de tu equipo, el primer paso siempre es el mismo: reconocer que el cambio no es opcional, es inevitable.

Pero este viaje no se trata únicamente de llegar a un destino final. Se trata de en quién te conviertes durante el camino. ¿Estás listo para tomar el volante y liderarte a ti mismo y a otros a través de las curvas y desafíos que implica la transformación?

DEFINIENDO EL VIAJE

El viaje hacia el liderazgo comienza con tres dimensiones interconectadas: Lógica, Emoción y Tácticas. Estos tres elementos —L.E.T.— conforman la base del liderazgo eficaz y guiarán cada paso del camino.

Lógica: tu capacidad para pensar críticamente, resolver problemas y tomar decisiones.

Emoción: tu resiliencia, motivación y autoestima, que sirven como combustible para el viaje.

Tácticas: tus estrategias, habilidades de comunicación y capacidad de adaptación, que te permiten navegar en situaciones inesperadas.

Cada dimensión desempeña un papel crucial en tu trayectoria. Sin embargo, como veremos, muchos líderes exitosos suelen tropezar cuando uno de estos elementos falta o está mal alineado.

Todos conocemos la lógica. Constantemente enfrentamos diversas situaciones y problemas, y nuestra educación nos ha enseñado a descomponer estos problemas en sus partes más fundamentales, idealmente en opciones binarias. Podemos optar por X o Y (o quizás Z). ¿Qué opción nos dará el mejor resultado? Tomamos una decisión lógica, basándonos en estas alternativas y en sus resultados esperados. La lógica nos brinda confianza y la sensación de seguridad al poder justificar posteriormente nuestras decisiones.

Excepto que… no siempre funciona así.

La lógica puede ser impecable, pero muchas veces no obtenemos los resultados esperados. Quizás sabemos exactamente lo que debemos hacer, pero algo nos detiene. No realizamos lo que sabemos necesario, o quizás otros no hacen lo que consideramos lógico, aunque la lógica sea clara y convincente. Las emociones, propias o ajenas, parecen interponerse en el camino.

Pongamos un ejemplo sencillo a nivel personal. Decides inscribirte en un gimnasio. Sabes que deberías estar en mejor forma y más saludable, quizás perder algunos kilos o simplemente mejorar tu condición física. Es lógico hacerlo, tiene total sentido, así que tomas la decisión.

Sin embargo, cuando vas al gimnasio, resulta complicado. No te ejercitas tanto como deberías, ni durante el tiempo necesario. Cuando toca regresar, lo pospones. Te cuesta encontrar tiempo, no quieres madrugar, el trabajo está siendo difícil y la última vez que fuiste quedaste dolorido. Tus emociones te indican que no disfrutas particularmente el ejercicio, porque no te hace feliz; es incómodo e incluso doloroso.

Entonces aplicas una táctica: contratas un entrenador personal.

Esta primera decisión táctica marca una gran diferencia, no solo porque alguien te indique qué hacer. El entrenador no simplemente toma tu decisión lógica y te obliga a superar tu resistencia emocional, sino que, con su experiencia, crea un puente entre ambos elementos. Trabaja contigo, desglosando tus objetivos en metas alcanzables a corto plazo, diseñando un plan que permite pequeñas victorias rápidas que crean impulso.

En lugar de decir simplemente: «Pierde diez kilos», establece objetivos más específicos, como completar una semana constante de entrenamientos, realizar cierto tiempo en la caminadora o levantar un peso determinado. Estas pequeñas victorias cambian tu percepción del ejercicio, transformándolo de una obligación agotadora en un viaje gratificante. El objetivo lógico de estar más saludable comienza a volverse emocionalmente satisfactorio al observar tu progreso y asociar el ejercicio a logros personales.

Además, tu entrenador te ayuda a crear una visión renovada de ti mismo, animándote a imaginar cómo te sentirás y cómo te verás en seis meses. No solo enfatiza cambios físicos, sino también la confianza y energía que tendrás. Te presenta una imagen de ese «tú del futuro» y repentinamente los entrenamientos dejan de ser una molestia inmediata para convertirse en pasos hacia una visión inspiradora.

Quizás lo más importante es que el entrenador adapta una rutina específicamente para ti, alineándose a tus horarios, niveles naturales de energía y compromisos diarios. Incluso adecua los ejercicios a tus preferencias personales, transformando el gimnasio de una tarea temida en algo que puedes disfrutar. Esta rutina crea constancia, y la constancia genera hábitos.

De esta forma, contratar un entrenador no es solo tener alguien que guíe tus ejercicios: es el primer paso táctico en una serie de movimientos estratégicos. Metas claras, una visión inspiradora y una rutina flexible son tácticas que conectan lógica y emoción.

La estrategia lógica de mejorar tu salud es correcta, y tu resistencia emocional no es debilidad, sino una señal de que algo necesita cambiar en la implementación de la estrategia. Al utilizar tácticas efectivas, la tensión entre lógica y emoción se resuelve.

Aunque esta solución pueda parecer sencilla, en mi trabajo como consultor empresarial veo diariamente ejemplos de grandes estrategias que fallan por pasar por alto estos pasos tácticos esenciales que unen lógica y emoción. La clave no está únicamente en tener un excelente plan o una mentalidad correcta, sino en traducirlas en acciones concretas y humanas que realmente funcionen.

Veamos otro ejemplo. Gran parte de mi experiencia profesional ha sido como consultor en empresas del sector automotriz. He colaborado con concesionarios y talleres en Estados Unidos, México y Europa, muchas veces con operaciones millonarias que frecuentemente son negocios familiares. Esto es diferente al mundo de las grandes corporaciones (aunque también he hecho consultoría para ellas). En muchos aspectos, trabajar con estos negocios es más personal, más directo y, por ende, más real. Esa cercanía siempre me ha gustado.

En el sector de servicios automotrices existe un concepto conocido como «proeficiencia». Se trata de una relación entre el tiempo disponible y el tiempo vendido, combinando productividad y eficiencia. La productividad mide el tiempo trabajado en comparación con el tiempo disponible, mientras que la eficiencia mide el tiempo vendido en comparación con el tiempo realmente trabajado. Por ejemplo, si programas dos horas para una reparación y logras completar el trabajo en menos tiempo, cobras al cliente por el tiempo acordado y avanzas con el siguiente trabajo, siempre y cuando haya otros trabajos en lista de espera. De lo contrario, los mecánicos podrían quedarse sin actividad. Lo ideal sería vender alrededor del 125 % del tiempo disponible, ya que es común que ciertos trabajos se completen más rápido de lo estimado. Sin embargo, la mayoría de los talleres suelen programar aproximadamente el 80 %.

Existe una lógica empresarial clara detrás de intentar vender el 125 % del tiempo disponible. Esto proporciona al gerente de servicio un indicador clave de rendimiento (kpi) definido, que mide el progreso hacia el objetivo de alcanzar el 125 % de proeficiencia.

Es habitual que los gerentes anuncien: «Bien, equipo, tenemos una nueva meta: ¡alcanzar el 125 % de proeficiencia! ¡Vamos!». Pero para los empleados esto suena simplemente a más trabajo, como una orden para esforzarse más. La lógica empresarial convincente no queda clara para ellos; sus emociones no están involucradas.

Sin embargo, aumentar la proeficiencia —y, por ende, la productividad del negocio— podría significar que el equipo ganará hasta un 60 % más de lo que perciben actualmente. Si la conversación con cada empleado iniciara con: «Juan, ¿te gustaría ganar un 60 % más?», lo más probable es que su respuesta inmediata sea: «¡Dime qué necesito hacer!». Juan piensa inmediatamente en cómo ese dinero adicional beneficiará a su familia y le permitirá hacer cosas que actualmente no puede. En este punto, sus emociones están plenamente involucradas. La gente no necesita saber necesariamente que el objetivo es alcanzar el 125 % de proeficiencia. Lo que debe saber es que la dirección encontró una forma potencial de aumentar sus ingresos en un 60 %. Todas las acciones posteriores de la gerencia —las responsabilidades, procesos, dependencias y controles— se orientan a lograr ese aumento en sus ingresos, en lugar de simplemente cumplir con la meta técnica de proeficiencia.

Presentar la meta lógica de esta manera táctica activa las emociones y aumenta significativamente las probabilidades de éxito empresarial.

Siempre digo que el objetivo empresarial es solo un hito en el camino. El verdadero objetivo, aquel que impulsa realmente la acción, es el objetivo personal del ejecutivo o del empleado. Esto aplica tanto a ventas como a liderazgo y cualquier otro aspecto del negocio. El objetivo real no es solo vender cierta cantidad de productos; es la comisión que persigue el vendedor, la libertad financiera que desea o el reconocimiento que busca.

Necesitamos cambiar la narrativa alrededor de la fijación de objetivos. No se trata de metas abstractas impuestas desde arriba, sino de conectar esas metas con las ambiciones personales. Cuando las personas perciben sus objetivos como algo profundamente personal, cuando entienden las recompensas tangibles ligadas a sus esfuerzos, no solo cumplen, sino que destacan. Así es como se construye un éxito más sólido y constante, transformando objetivos rutinarios en un impulso imparable.

A lo largo del libro hablaremos mucho más sobre L.E.T. —Lógica, Emoción y Tácticas— porque considero que será una herramienta maravillosa para gestionar el cambio en tu vida y en tu negocio. Es un marco conceptual para entender lo que te impulsa, lo que te detiene y las diversas tácticas que te ayudarán a conectar la lógica con las emociones en cada situación para alcanzar tus objetivos.

Quisiera compartir contigo algunos ejemplos de momentos de mi propia vida donde enfrenté cambios importantes que podían haber causado daños significativos, y mostrarte las acciones que tomé —basadas en lógica, emoción y tácticas— que me permitieron superar esas adversidades, retomar el rumbo y convertir mi vida en un éxito.

Además, también compartiré ejemplos provenientes de mis muchos años de experiencia como consultor, trabajando con empresas de diversos tamaños y sectores para resolver problemas reales. Espero que estos ejemplos te brinden ideas prácticas y útiles sobre tu carrera, liderazgo o negocio.

Pero antes, quisiera compartir una sencilla lista de aspectos que mi experiencia me ha enseñado que son fundamentales para lograr resultados en nuestras vidas personales y profesionales: los diez motivadores más importantes.

LOS DIEZ PRINCIPALES MOTIVADORES: LECCIONES DE MÁS DE VEINTE AÑOS DE COACHING

En más de dos décadas dedicadas a la consultoría, coaching y dirección de equipos ejecutivos alrededor del mundo, he aprendido que la motivación no es igual para todos. Cada individuo, desde ejecutivos de alto nivel hasta líderes emergentes, está impulsado por factores únicos que lo llevan a actuar. La clave para descubrir la motivación radica en entender estos factores fundamentales que alimentan la ambición, el compromiso y la resiliencia.

Para mí, la motivación combina «motivos» con «acción». La verdadera motivación surge cuando identificamos aquellas razones profundas que inspiran una acción decidida. Al conectar con lo que realmente nos mueve, nos alineamos con nuestros objetivos y logramos progresos significativos. Estos diez motivadores son fundamentales, ya sea que estés iniciando un negocio, liderando un equipo multinacional o buscando tu crecimiento personal. Nos referiremos frecuentemente a estos motivadores a lo largo del libro.

1. RECONOCIMIENTO

El reconocimiento tiene un impacto profundo en las personas. Aunque reconocer logros y resultados es crucial, el verdadero poder del reconocimiento aparece en los momentos difíciles. Reconocer cuando alguien necesita tiempo para recuperarse, cuando enfrenta desafíos complejos o requiere ayuda para superar obstáculos es incluso más valioso que destacar una victoria. Este tipo de reconocimiento transmite empatía, apoyo y comprensión, fortaleciendo la confianza y el compromiso.

2. COMPETENCIA

La competencia saludable impulsa a las personas a superar sus límites y alcanzar mayores niveles de rendimiento. Fomenta la creatividad, la perseverancia y la mejora constante. Los líderes que aprovechan el espíritu competitivo saben que este puede motivar a las personas a innovar y a dar lo mejor de sí mismas. La competencia resalta cualidades clave como la resiliencia, la determinación y la búsqueda constante de excelencia.

3. LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Poder expresar libremente ideas y pensamientos es extraordinariamente poderoso. Esta libertad genera una cultura de respeto y diálogo abierto, donde los empleados se sienten seguros para desafiar normas y explorar soluciones nuevas. Cuando las personas sienten que su voz importa, se involucran profundamente y aportan energía positiva a cada proyecto.

4. CRECIMIENTO

Las oportunidades de crecimiento son esenciales para cualquier profesional motivado. La falta de crecimiento limita la motivación, mientras que el desarrollo continuo la revitaliza. Los líderes que priorizan el crecimiento crean entornos en los que se promueve constantemente el aprendizaje. El crecimiento proporciona una sensación de progreso y propósito, estimulando el entusiasmo y la pasión.

5. FELICIDAD (UN ENTORNO POSITIVO)

Crear un ambiente positivo y de apoyo es fundamental para fomentar la felicidad y, por ende, la motivación. Los líderes que invierten en un entorno laboral saludable logran que sus equipos se sientan seguros, apoyados y valorados. La felicidad en el trabajo impulsa el compromiso y lleva a las personas a destacar, generando un impacto positivo en todo el equipo.

6. RECOMPENSAS ECONÓMICAS

Aunque las recompensas económicas por sí solas no garantizan una motivación sostenible, proporcionan seguridad esencial y un reconocimiento tangible del valor aportado. La compensación apoya la vida personal y permite perseguir metas y aspiraciones. El dinero es un incentivo poderoso, especialmente cuando está alineado con motivadores intrínsecos como el propósito y el reconocimiento.

7. PROPÓSITO Y SIGNIFICADO

El propósito da sentido al trabajo más allá de las ganancias y la productividad. Es un motor poderoso que inspira a las personas a perseverar, incluso en situaciones complicadas. Cuando los individuos sienten que sus esfuerzos contribuyen a una misión más grande, encuentran satisfacción y claridad. Los líderes que comunican un propósito claro inspiran a sus equipos a trabajar con dedicación y visión hacia metas profundamente gratificantes.

8. AUTONOMÍA Y CONTROL

La autonomía empodera a las personas para tomar decisiones y asumir responsabilidades en sus funciones. Es la libertad de actuar según su propio criterio, fomentando la creatividad, la responsabilidad y la automotivación. Cuando los líderes otorgan autonomía, fomentan la confianza y demuestran fe en las capacidades de su equipo. Esta confianza transforma la motivación en acciones concretas, impulsando decisiones proactivas y seguras.

9. PERTENENCIA Y CONEXIÓN

La necesidad de pertenecer y conectar con otros es fundamental. En el contexto laboral, sentir que somos parte de un equipo o comunidad nos motiva a esforzarnos más allá de lo esperado. Los líderes que fortalecen el sentido de pertenencia crean vínculos sólidos entre los miembros del equipo, generando lealtad, confianza y camaradería. Esta conexión brinda apoyo emocional, a la vez que facilita la superación conjunta de desafíos y la celebración de éxitos.

10. DESAFÍO Y MAESTRÍA

La maestría se alcanza al superar desafíos y expandir nuestros límites personales. Para muchos, el proceso de alcanzar la maestría es altamente motivador. Los líderes que ofrecen desafíos fomentan el crecimiento y la excelencia en sus equipos, creando un sentido de logro. Al enfocarse en la maestría, los individuos desarrollan resiliencia, confianza y una motivación imparable para alcanzar niveles superiores de competencia, conscientes de que cada avance los acerca a la excelencia.

capítulo 2Oxford

Estaba sentado en un pub en la ciudad universitaria de Oxford, Inglaterra, en febrero de 2020, tomando una cerveza con algunos compañeros de estudios. Oxford está muy lejos de mi ciudad natal, Querétaro, en México. Llamada el «ombligo» del país por su ubicación central, Querétaro es una ciudad histórica, cuna de la independencia mexicana. Su famoso acueducto, construido en el siglo xviii, se impone sobre la ciudad; con su arquitectura barroca, sus calles adoquinadas y sus plazas encantadoras, este lugar emblemático es más que un museo al aire libre: es el reflejo vivo de la historia y cultura de México. Pero no solo eso. Es un centro vibrante donde la vida social y el turismo fluyen entre lo antiguo y lo moderno, atrayendo a quienes buscan empaparse de belleza, tradición y el encanto de una ciudad que vive y respira su pasado mientras avanza hacia el futuro. Es un lugar lleno de romanticismo y fantasmas del pasado. Si cierras los ojos, aún puedes percibir el aroma de los caballos que tiraban de los carruajes y escuchar el sonido de sus cascos sobre los adoquines.

La ciudad está llena de iglesias cuyas torres se elevan hacia el cielo, visibles desde casi cualquier lugar. Cuando crecí allí, la población rondaba el medio millón de habitantes, y podía recorrer en bicicleta desde mi casa, a las afueras del centro, hasta mi escuela, ubicada al otro extremo, en apenas diez minutos. En las últimas décadas, Querétaro ha crecido considerablemente gracias a su alta calidad de vida y a su reputación como excelente lugar para hacer negocios. Este crecimiento también se debió en parte al desplazamiento de personas desde la Ciudad de México hacia el interior del país tras el devastador terremoto de 1985. Mi propio padre formó parte de esa historia.

Pero ese día no estaba en Querétaro, sino en Oxford, disfrutando una cerveza. La cerveza inglesa es lupulosa, amarga y «cellar cool», es decir, un poco más fría que la temperatura ambiente, lo que para quienes venimos de Norteamérica significa tibia. Pero uno se acostumbra y hasta llega a gustarte. Mis favoritas son las ales y las stouts; si quieres verme sonreír cualquier día a cualquier hora, sírveme una Guinness.

Yo tenía alrededor de 48 años y estaba estudiando mi máster en Liderazgo y Cambio. El curso es impartido entre Saïd Business School de la Universidad de Oxford (nombrada en honor al empresario y filántropo sirio-canadiense Wafic Saïd) y la escuela de negocios hec de París (École des Hautes Études Commerciales de Paris). Aprendía muchísimo, algo que desde joven descubrí que era crucial para mi futuro. Mi negocio en Estados Unidos y México marchaba bien, aunque había tenido que reconstruirlo tras la crisis financiera de 2008. Pero hablaré sobre esto más adelante.

La taberna donde estábamos reunidos era más antigua que los Estados Unidos de América. Su arquitectura visible data al menos del siglo xvii, pero en el mismo sitio había existido una taberna y maltería desde el siglo xiii. El pub estaba al final de una calle estrecha en el centro de la ciudad, cerca de los antiguos colegios universitarios, bibliotecas, teatros e iglesias que forman el mundialmente famoso perfil gótico de Oxford. Me costaba creer que estaba sentado en un lugar donde grandes mentes habían intercambiado ideas, acordado y debatido. Eruditos y escritores de renombre como C.S. Lewis (Las crónicas de Narnia) y J.R.R. Tolkien (El señor de los anillos). Filósofos eminentes como John Locke e Iris Murdoch. Dramaturgos famosos como Oscar Wilde (La importancia de llamarse Ernesto). Científicos pioneros como Stephen Hawking (la teoría de los agujeros negros y Breve historia del tiempo). Actores como Hugh Grant (Cuatro bodas y un funeral y El diario de Bridget Jones) y Rowan Atkinson (Mr. Bean y Blackadder).

Y ahora, Mauricio Espinosa. No famoso, tal vez no destinado a la grandeza, pero estudiando en este mismo lugar, intentando aprender más sobre el mundo y hacer algo útil con ese conocimiento.

Tenía que entregar mi tesis y, junto con algunos compañeros, habíamos decidido alquilar un Airbnb en las afueras de Oxford como una especie de retiro académico. Íbamos a enfocarnos en terminar nuestros trabajos y no hacer nada más (salvo alguna visita ocasional al pub). Tomábamos el autobús al centro para usar la biblioteca Bodleiana, fundada en 1602 y una de las más antiguas de Europa. ¿Quién no querría estudiar en una biblioteca así? Pasé muchas horas allí, maravillado por el simple hecho de estar estudiando donde tantas grandes mentes lo habían hecho antes. Me fascinan los lugares históricos; habitarlos y compartir experiencias con quienes pasaron antes por ahí me llena de emoción. Es la misma sensación intensa que tengo al caminar por las calles empedradas de Querétaro, rodeado de sus fantasmas. Mi pecho se llena de emoción y, en ocasiones, tengo que secarme las lágrimas.

Mientras estudiaba en Oxford, Gran Bretaña llevaba años obsesionada con el Brexit, la salida planificada del país de la Unión Europea, la asociación política y económica que une a la mayoría de los países europeos. El país había votado a favor de salir en 2016, pero el debate sobre cómo hacerlo había sido acalorado y prolongado. Con la elección de Boris Johnson como primer ministro en diciembre de 2019, quien hizo campaña prometiendo «finalizar el Brexit», estaba claro que la separación finalmente ocurriría. Qué sucedería ahora con la economía y la sociedad británica era el gran tema del momento, y dominaba nuestras conversaciones en el pub ese día.

Pero entonces empezaron a llegar noticias sobre personas en Wuhan, China, que enfermaban con una neumonía que recordaba al sars (Síndrome Respiratorio Agudo Severo o sars-CoV-1). De repente, parecía estar surgiendo algo mucho más profundo y trascendental que una disputa comercial europea. Algo que podía afectar al mundo entero.

Había terminado mi tesis, pero aún debía escribir mi disertación final. Regresé a casa en Kansas City el 10 de marzo de 2020, con una escala en Houston para una reunión de negocios. Era una reunión habitual que se realizaba dos o tres veces al año, siempre en Houston, con las mismas rutinas y lugares familiares. Lo primero que noté fue lo silencioso que estaba el aeropuerto de Houston, normalmente lleno de viajeros. También estaban vacíos el hotel y el restaurante donde cenamos. El personal nos informó que sería la última cena que servirían antes de cerrar indefinidamente debido a la pandemia.

La gravedad del momento se hizo evidente. Corrimos a casa y nos hicimos pruebas de covid, ansiosos por la exposición durante el viaje. Fueron 48 horas de angustiosa espera hasta que supimos que los resultados eran negativos, pero pronto empezamos a enterarnos de conocidos que dieron positivo. Los contagiados sentían casi vergüenza, como si tuvieran la peste. Las personas comenzaron a quedarse en casa, los negocios cerraron y el miedo se extendió rápidamente.

Me recordó a la crisis financiera de 2008. Quizás esto era aún peor. En aquel entonces casi pierdo mi negocio y, viendo cómo iban las cosas, podría suceder otra vez. Necesitaba actuar rápido.

La lógica del problema era clara. Mi negocio se basaba en membresías, similar a pertenecer a un gimnasio. Pagabas una cuota mensual para ser parte de una comunidad empresarial donde tenías acceso a datos sobre métricas clave de desempeño, lo que te permitía comparar tu empresa con otras y compartir mejores prácticas, errores comunes, y cualquier información útil para mejorar tu negocio.

Empecé trabajando para una empresa llamada ncm Associates, que desarrolló el concepto original del «grupo de los 20» para la industria automotriz, reuniendo a un grupo de veinte concesionarios para comparar resultados y compartir estrategias exitosas. Tiempo después, tuve la oportunidad de comprar la división internacional de esa compañía y fundar mi propio negocio. Hablaré más sobre esto en páginas posteriores.

Como mencioné antes, ya había tenido que reconstruir mi negocio una vez, tras la crisis financiera de 2008 y algunas complicaciones personales. Ahora, corría el riesgo de perderlo nuevamente. La consultoría es un gasto fácil de recortar: «La situación será terrible con esta nueva crisis del covid, así que tendré que prescindir de Mau. Ha sido excelente y realmente me ha ayudado, pero primero debo asegurar la supervivencia del negocio».

Esa era la realidad ineludible del momento. Enfrentaba una potencial catástrofe empresarial por la llegada inesperada de una enfermedad infecciosa respiratoria.

Luego estaban las emociones. Sabía que todos tenían miedo, incluyéndome a mí mismo. Temor personal: ¿me enfermaría y moriría? Incluso manteniendo la esperanza de sobrevivir, comenzaba a preguntarme: «¿Qué pasará con mis clientes del sector automotriz? ¿Y con los clientes de ellos? ¿Quién va a comprar automóviles? ¿Cómo se puede mantener un negocio cuando la gente teme reunirse cara a cara? ¿Seguirán viniendo los empleados a trabajar?».

Podía ver claramente la lógica y las emociones involucradas. Ahora necesitaba pensar en la táctica.

Cuando estamos amenazados y con miedo, necesitamos atravesar rápidamente varias etapas. Tras el impacto inicial del temor, acompañado de emociones como ira, incertidumbre, ansiedad y búsqueda desesperada de respuestas, se presentan dos opciones. Puedes sucumbir al miedo diciendo: «No sé qué hacer. Jamás he vivido algo así. No veo cómo evitar el desastre». O bien, puedes reconocer tus emociones, entenderlas y empezar a pensar creativamente. Cuando tienes miedo, los desastres parecen inevitables y no puedes visualizar una solución clara. Sin embargo, al aceptar la realidad y comprenderla mejor, comienzas a pensar con mayor optimismo y creatividad. Puedes empezar a creer que la supervivencia, e incluso algún tipo de éxito, es posible. Entonces entras en una fase de crecimiento, estableciendo nuevos objetivos alcanzables con una visión clara. En esta etapa comienzas a actuar. Al combinar acción con visión, recuperas la capacidad de ejecución y crees firmemente en la posibilidad del éxito.

Aquel domingo de marzo de 2020, reflexionaba sobre la amenaza lógica que todos enfrentábamos, sobre las emociones que estábamos experimentando —incluidas las mías— y sobre una respuesta táctica que pudiera ayudarme a salvar mi negocio.

Mirando atrás, ahora comprendo que Oxford significó para mí mucho más que un simple momento en el tiempo. Se convirtió en un espejo que reflejaba quién era, qué aspiraba a ser y qué debía cambiar para alinear ambas realidades. No solo se trataba de adquirir conocimientos o credenciales, sino de ganar claridad y convicción. Las paredes de aquella institución histórica guardan ecos de grandes pensadores, y en ese espacio descubrí que el liderazgo, en esencia, es profundamente personal.

Este camino no era únicamente para aprender marcos teóricos. Era para descubrir mi propia capacidad de liderar, comenzando por liderarme a mí mismo. Las experiencias, las personas y los desafíos profundos que enfrenté me obligaron a hacer preguntas difíciles: ¿qué represento?, ¿qué legado quiero dejar?, ¿cómo puedo construir algo perdurable, no solo para otros, sino también para mí?

En este proceso, encontré inspiración no en reconocimientos externos ni en expectativas ajenas, sino en la silenciosa confianza que surge del autoconocimiento. La capacidad de definir el éxito según tus propios términos es una libertad que pocos buscan, pero esencial para el verdadero liderazgo.

Al entrar otra vez en una nueva etapa de mi vida, Oxford me recuerda una verdad crucial: el liderazgo no se trata de perfección ni certeza. Se trata de crecimiento. Consiste en tener el valor para comenzar, la humildad para aprender y la perseverancia para adaptarse. Esta nueva etapa es mi próximo gran viaje, no solo como profesional, sino como un líder que busca inspirar y elevar a otros.

Oxford fue el catalizador, pero el camino que tengo por delante es donde realmente empieza el trabajo. Y descubrí que estaba listo.

capítulo 3COVID

En 2020, con la propagación del covid poniendo en riesgo el futuro de mi negocio, decidí enviar un mensaje a cada uno de mis clientes. Mi intención era que fuese un mensaje potente, ofreciéndoles la oportunidad de participar en un foro semanal o incluso diario para compartir lo que estaba sucediendo en sus vidas personales y en sus negocios en esta nueva era de disrupción e incertidumbre.

Mi objetivo principal era ayudarles a salir del miedo y reconocer que esta situación adversa estaba ocurriendo realmente. Cuanto antes enfrentáramos los hechos, más rápido podríamos empezar a crear soluciones.

Mi temor personal, por supuesto, era que mis clientes cancelaran su membresía. Quizá algunos permanecerían mediante honorarios individuales, pero eso debilitaría por completo mi modelo de negocio. Mi meta era conservar el 70 % de mi base de clientes. Al final, logré retener al 96 %. De los setenta clientes que tenía en ese momento, perdí solo a tres durante toda la pandemia. Lo atribuyo en gran medida al primer mensaje que envié aquel domingo 22 de marzo, justo un día después de mi cumpleaños número 51, el día de L.E.T. - Lógica, Emoción y Tácticas. Un día que jamás olvidaré.

Había redactado un mensaje que planeaba enviar a mis clientes, pero cuanto más lo leía, más claro tenía que un comunicado escrito no sería suficiente. Al leer algo, no siempre se capta la emoción detrás del mensaje. Puede parecer demasiado impersonal o trivializar la situación. O, si uno está muy emocional, interpreta las palabras desde su propia perspectiva, pudiendo parecer inapropiado o fuera de contexto. Necesitaba que mis clientes vieran mi rostro, escucharan mi voz y entendieran mis emociones. Por eso opté por enviar un video. Lo grabé al menos media docena de veces y realicé varias ediciones antes de sentir que finalmente tenía el mensaje adecuado.

Probablemente fue uno de los primeros mensajes relacionados con el covid que recibieron, ya que lo envié ese domingo por la noche, de manera individual, a través de WhatsApp, a cada cliente. Fue una decisión táctica. Pude haberme facilitado las cosas creando una lista de distribución con un solo clic, pero enviarlo personalmente a cada uno lo hizo especial. Muchos clientes me dijeron posteriormente que esta correspondencia individual fue crucial para ellos. «Me contactaste directamente, en domingo, asegurándome que todo estaría bien, que estarías ahí conmigo, y que al día siguiente tendríamos una reunión para quienes pudieran asistir. Eso me tranquilizó muchísimo».

A las primeras sesiones con este nuevo formato las llamé «sesiones de vómito», porque invité a todos a desahogar sus preocupaciones. Estaban literalmente en modo supervivencia, preocupados por el dinero, por la inflación, por comprar bienes básicos y cómo sobrevivir día a día. Era un periodo oscuro para todos.