Líderes de amarillo - Igor González de Galdeano - E-Book

Líderes de amarillo E-Book

Igor González de Galdeano

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Beschreibung

Detrás de los grandes líderes en cualquier disciplina de la vida existe un hilo conductor con una serie de comportamientos y habilidades. Igor González De Galdeano, líder del Tour de Francia en 2002, en este apasionante libro nos invita a sumergirnos en la vida y carrera profesional de 9 leyendas del ciclismo con el propósito de identificar ese patrón y compartir experiencias y competencias bajo la óptica del liderazgo. El recorrido por las luces y las sombras de la trayectoria profesional y personal de estos 9 titanes que han vencido como mínimo una vez en el Tour de Francia tiene como objetivo conocer y compartir qué peculiaridades específicas les han llevado a vencer en la mejor carrera del mundo, cada uno desde un estilo de liderazgo único. Igor ha extraído y estructurado muy relevantes aportaciones que son muy aplicables al mundo de las organizaciones y a la vida misma, pues el análisis de las decisiones y del comportamiento de estos grandes deportistas nos invita a reflexionar y a entender qué virtudes cultivaron y también qué errores deberíamos evitar para poder vestir el maillot amarillo de la vida.

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Seitenzahl: 301

Veröffentlichungsjahr: 2024

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Título original: Líderes de amarillo.

La pulsión interna de 9 ganadores del Tour de Francia

Primera edición: Noviembre 2024

© 2024 Editorial Kolima, Madrid

www.editorialkolima.com

Autor: Igor González de Galdeano

Dirección editorial: Marta Prieto Asirón

Maquetación de cubierta: David Visea

Maquetación: Carolina Hernández Alarcón

Ilustraciones desarrolladas por el Estudio Manu Campa;

Artistas: Itziar Rivera (Jacques Anquetil, Bjarne Riis, Lance Armstrong); Nacho Díaz (Pedro Delgado, Jan Ullrich, Óscar Pereiro); Claudia Alonso-Allende (Miguel Induráin, Marco Pantani, Alberto Contador); Mónica Hurtado de Mendoza (imagen de portada).

ISBN: 978-84-10209-30-5

Producción del ePub: booqlab

No se permite la reproducción total o parcial de esta obra, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea este electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros métodos, el alquiler o cualquier otra forma de cesión de la obra sin la autorización previa y por escrito de los titulares de propiedad intelectual.

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 45).

 

 

Dedicado a mi mujer Nerea,la balanza que ha equilibrado mi vida desde que nosconocimos con tan solo 17 años.Y a nuestras hijas, Nahia por su empatía, Maddi por su constancia y Paule por su sensibilidad.

Índice

Prólogo

Introducción

Jacques Anquetil

Pedro Delgado

Miguel Induráin

Bjarne Riis

Jan Ullrich

Marco Pantani

Lance Armstrong

Óscar Pereiro

Alberto Contador

Lidera desde la libreta

Liderar desde la soledad de un corredor de fondo

Manual de liderazgo

Epílogo

Prólogo

Recuerdo una mañana de sábado en la que se celebraba un evento organizado con el equipo Sub-23 que patrocina mi empresa. Descubrí a un líder montado en una bicicleta. Partió al frente guiando, ese concepto que Igor describe con tanta perfección en el libro que el lector tiene entre las manos.

Tras marcar la estrategia se dejó caer por el pelotón con una gran sonrisa para conocer a todos hasta llegar al último para darle aliento y, con suma delicadeza, animarlo. Cuando había que dar un giro en la ruta o apreciaba algún peligro volvía a encabezar.

Me propuse conocer a ese líder que había estado todo el tiempo al servicio de los demás. Le había observado y me había llamado poderosamente la atención. Lo abordé a la hora de las cervecitas.

Así saludé por primera vez a Igor González de Galdeano, uno de los 12 ciclistas españoles que ha merecido endosar el maillot amarillo en el Tour de Francia. A ese laurel hay que sumar un palmarés mucho más amplio. Además, es relevante también su experiencia como director general de uno de los grandes equipos ciclistas españoles. En la actualidad, y tras un notable esfuerzo de formación, desarrolla una exitosa segunda vida profesional ofreciendo su experiencia a directivos.

Tras muchas horas de trabajo interior he descubierto que detrás de los grandes líderes en cualquier disciplina de la vida existe un hilo conductor con una serie de comportamientos y habilidades.

A quienes nos apasiona el ciclismo y queremos profundizar en nuestro propio liderazgo, os invito a sumergiros en las nueve leyendas del ciclismo que nos presenta. Igor analiza su vida personal y profesional con el propósito de compartir experiencias y competencias bajo la óptica del liderazgo.

Igor nos descubre en qué contextos estos míticos del ciclismo han guiado su vida profesional desde la generosidad, la autoconfianza, la honestidad, la humildad y la constancia y qué errores deberíamos evitar para poder vestir el maillot amarillo de la vida.

Para su estupendo trabajo ha contado con el apoyo y dirección de uno de los referentes del management contemporáneo: Javier Fernández Aguado.

Desde mi humilde visión, una clave es liderarse a uno mismo y ser fiel a unos principios valiosos. Así lo expresó un gran movilizador, Gandhi: «Cuida tus pensamientos, porque se convertirán en tus palabras. Cuida tus palabras, porque se convertirán en tus actos. Cuida tus actos, porque se convertirán en tus hábitos. Cuida tus hábitos, porque se convertirán en tu destino».

Igor ha extraído y estructurado aportaciones de esos personajes, que son muy aplicables. Deseo que los lectores disfruten y aprendan tanto como yo lo he hecho.

 

CLAUDIO GOLDARBEITER

Director de Limpiezas del Grupo EULEN

Introducción

Existen aptitudes innatas que inducen a que una persona muestre desde sus inicios particularidades del liderazgo. Otras carecen de esas aptitudes, pero con brega y formación llegan a alcanzar dignos niveles del mismo.

Durante 7 días, yo fui líder del Tour de Francia en 2002. Sufrí en mis espaldas y en mi mente la presión del maillot amarillo y lo arduo de gestionar un escenario tan relevante. La afición, los medios de comunicación, la competición, incluso los enfrentamientos institucionales, te ponían al límite. Me pregunté entonces qué virtudes acumulaban los ciclistas que habían triunfado en el Tour para controlar esa presión y mantener su condición física y mental hasta el final. ¿Tenían las mismas cualidades? ¿Seguían un idéntico patrón de liderazgo? ¿Cómo influía el apremio vivido a nivel profesional y personal? ¿Eran también guías en su vida personal?

Dos décadas después me propuse escribir este libro, en el que analizo a 9 titanes que han vencido como mínimo una vez en el Tour de Francia. El objetivo ha sido conocer y compartir qué peculiaridades específicas les han llevado a vencer en la mejor carrera del mundo.

Si analizamos a los diferentes líderes en otros ámbitos, observamos que cada uno desarrolló un estilo disímil. Churchill fue capaz de convencer a EE. UU. para que juntos acabaran con la Alemania nazi de Adolf Hitler. Por su lado, un desconfiado y nada empático Stalin se negó a ser convencido por Churchill de las verdaderas intenciones del cabo bohemio. El dictador georgiano imponía su criterio deshaciéndose de todo aquel que osase contradecirlo e incluso de quienes lo apoyaban... Churchill salvó a su país. Stalin fue un lamentable referente que generó empobrecimiento, exterminio y autoritarismo. Recomiendo al respecto los libros: ¡Camaradas! De Lenin a hoy (LID, 2017) y Entrevista a Stalin (Kolima, 2024).

Podríamos comparar a numerosos líderes que han alcanzado la misma posición de poder. Unos han sido paradigmas; otros un desastre para sus países y la humanidad.

En este libro dibujo los perfiles de quienes han vestido el maillot amarillo en París. Cómo fueron desde la infancia y qué influencia tuvieron esas vivencias en su evolución. Menciono explícitamente el entorno político y social en el que crecieron y desarrollaron su potencial. Examino también si la cima alcanzada estuvo basada en generosidad o en su narcisismo. Si fueron referentes motivadores e impulsores dentro de sus equipos. Reflexiono sobre si sus éxitos fueron el reflejo de sus virtudes, y si fueron líderes encima de la bicicleta y al bajarse de ella. En fin, qué características les facilitaron el alcanzar la victoria y cuáles les tornaron vulnerables, conduciendo incluso a alguno a una muerte prematura.

Javier Fernández Aguado, uno de los referentes internacionales en liderazgo, ha creado una metodología denominada «El idioma del liderazgo». Asevera que son aproximadamente 250 las palabras y comportamientos los que transforman a un directivo en un líder. Esta afirmación nos da una idea de cómo liderar reclama un notable esfuerzo. El liderazgo es un aprendizaje constante en busca de la excelencia. Me he basado una vez más en sus contribuciones intelectuales para la investigación que he realizado.

Mis aportaciones se fundamentan en una meticulosa investigación de biografías, artículos y entrevistas. Todos los aprendizajes los traslado del deporte a las organizaciones mercantiles y financieras.

Jacques Anquetil

Otra vez, amigo, acabarás segundo

Jacques acudió al médico con un dolor abdominal en junio de 1987. Sumaba 53 años. Le realizaron las pruebas pertinentes y se confirmó el peor augurio. Padecía cáncer de estómago. Los médicos no le dieron más de 10 años de vida. Consciente de su situación siguió dentro de lo posible con su vida, principalmente como comentarista de TF1. En agosto le operaron para intentar reducir la maltrecha víscera. Todo fue bien. Doce días después fue capaz de recorrer 5 km en bicicleta. Todo un portento físico que se negaba a perder frente a esa temible dolencia. Las cosas se complicaron meses más tarde. Comenzaron las despedidas.

Anquetil nació el 8 de enero de 1934 en Quincampoix, una aldea normanda. Allí reposan los restos del cinco veces ganador del Tour, el primer ciclista en romper récords al alcance de pocos. Logró un palmarés envidiable. En 16 años sumó 5 Tours, 2 Giros, 1 Vuelta y 9 títulos mundiales Contrarreloj. Hombre controvertido y directo, nunca escondió el consumo de drogas para conseguir sus éxitos. Se atrevió a contradecir a un ministro francés en un debate televisivo: «Solo un idiota se puede imaginar que se puede hacer una Burdeos-París a base de agua. Los corredores tienen el mismo derecho a tratar sus dolores que un profesor de Geografía». Hoy en día esas palabras serían castigadas con la suspensión deportiva automática y un juicio social.

Janine Boëda fue la primera mujer de Jacques. Se conocieron en el gimnasio de su entonces marido, André Boëda, el preparador físico de Jacques. Janine se separó de su esposo. Como era previsible, la ruptura entre el deportista y su entrenador fue fulminante. El culebrón corrió como la pólvora entre los mentideros ciclistas. ¡Jacques se enamora de la esposa de su instructor! Janine tenía una hija y un hijo de su primer matrimonio: Annie y Alain. Janine y su hija se fueron a vivir con Anquetil.

Antes de conocer a Anquetil, Janine había decidido no procrear más. Ese no fue ningún inconveniente para un Jacques centrado en las competiciones.

Sin embargo, cuando se retiró, mudó su propósito. Entre sollozos y olor a alcohol, Jacques balbuceó ante Janine:

–¡Quiero tener un hijo! Si no es contigo me marcharé a París, buscaré a una prostituta y le pagaré durante nueve meses para quedarme con el niño.

Sigo en estos compases el libro de Sophie Anquetil, polémico y contradictorio: Pour l´amour de Jacques. Sophie es hija de Jacques, a la vez que nieta de Janine…

Janine y Jacques parlamentaron con Annie. Le propusieron ser la madre del hijo que añoraba Jacques. Annie, de 18 años, rendida a los encantos de Jacques, accedió. A partir de entonces, madre e hija compartieron al hombre de la casa. Y llegó Sophie Anquetil.

Todo puede embrollarse aún más. El hijo de Janine, Alain, en una situación personal complicada, se fue a vivir a casa de Jacques y Janine junto con su mujer Dominique. Dominique también cayó rendida ante Jacques Anquetil. Así llegó un segundo hijo, Cristopher. Corría 1986, un año antes de su fallecimiento.

Su descontrol venía de lejos. Decidió hacerse profesional cuando verificó que su amigo Maurice Dieulois, ciclista, ligaba más que él gracias a la bicicleta. En 1952, con 18 años y el permiso de su padre, fichó por un equipo, a condición de que fuese financieramente independiente. Antes de eso, Anquetil recolectaba fresas. Dedicarse a otra cosa por mera afición hubiera supuesto una pérdida de mano de obra en el negocio familiar. Jacques era consciente. Si no triunfaba en el deporte regresaría con su padre. Rubio, espigado, carismático e inteligente, la estrategia era su fuerte. Administraba sus fuerzas para alzarse con la victoria. Triunfó desde el principio, aunque nunca conquistó el corazón de la afición francesa, más afín a Poulidor, el eterno segundón, más lanzado, aunque menos estratega.

Jacques, definitivamente postrado, solicitó hablar con su exmujer Janine. Se miraron a los ojos, agarrados de la mano, esperando el final.

Cuando acudió Poulidor, su rival y eterno seguidor, con voz apagada le susurró con sorna malintencionada: «Otra vez, amigo acabarás segundo». El humor negro siempre le había acompañado. Jacques había desarrollado, en fin, una vida personal controvertida, donde fue a la vez de marido de su mujer y su hijastra, padre y abuelo.

Los estudios sobre líderes se han abordado desde diferentes perspectivas. Cuatro teorías se perfilan que analizan la personalidad.

Si consideramos que es un conjunto de rasgos y cualidades que configuran a una persona, nos encontramos:

1. La basada en que los líderes nacían con cualidades innatas.

2. La centrada en los estilos, desarrollada en los años cincuenta: el demócrata, el autócrata y el laissez faire.

3. La del filtro administrativo, donde la supervisión se basa en el interés tanto por la producción como por las personas.

4. La de contingencia, desarrollada en los años 90, y la situacional difundida en el 2000. Según esta, los rasgos de la personalidad son simplistas y limitados, pues ignoran variables situacionales.

Si analizásemos a Anquetil en base a estas 4 hipótesis concluiríamos que asume características combinadas. Atendiendo a la primera era un líder con carisma, valentía, atractivo físico, comunicador, sociable, con preocupación por la imagen.

Según la segunda se acercaba a un autócrata. Le gustaban el control, tomar las decisiones y no dar paso a que otros opinasen. Interesado por las victorias no limitaba directamente las oportunidades de sus compañeros. Con su poderío atraía los esfuerzos de ellos en su consecución.

Con relación a la tercera, podemos referirnos a la descripción de Julio Jiménez, el «Relojero de Ávila» y señor de las cumbres que compartió tres temporadas equipo (Ford) con Anquetil: «Anquetil y yo fuimos compañeros y grandes amigos; para mí era casi un hermano. Después del Tour íbamos juntos a correr criteriums. Lo recuerdo con enorme cariño; aparte de un gran campeón era un señor fuera de las carreteras, sencillo, noble y generoso, que nunca perjudicó los intereses de sus compañeros aunque fuese el líder del equipo».

Si nos ceñimos a la cuarta, en sus primeros años estaría más en la situacional, donde se centraba en la búsqueda de las victorias cuando más le favorecía el entorno, como era la contrarreloj. Más tarde iría abriendo miras para conseguir las victorias en el Tour, el Giro de Italia y la Vuelta a España.

Jacques Anquetil causaba tanto furor como rechazo. Ganador de más de 200 competiciones, no dejaba indiferente. En uno de sus últimos Tours, donde volvió a dejar en segundo lugar a Poulidor, fue silbado en la meta de los Campos Elíseos por los seguidores más emocionados por el esfuerzo de Poulidor que por la aplastante pedalada de Jacques. Tras esa victoria adquirió un barco al que denominó «Sifflement» (silbido).

Para Javier Fernández Aguado, un líder es aquel que consigue que las personas que dependan de él quieran hacer lo que tienen que hacer. También define a un líder como aquel que posiciona la organización en mejor lugar que cuando llegó.

Anquetil dejó el ciclismo francés en una situación de mayor popularidad y seguimiento, pero su liderazgo generó controversia.

Antecedentes

El sistema político que existía cuando él nació se tambaleaba con sucesivos cambios de Gobierno y escándalos de corrupción. Uno de los más llamativos fue el caso Stavisky, un ucraniano naturalizado francés que fue el mayor estafador de la época. Fue relacionado con el robo de doscientos millones de francos al Crédit Municipal de Bayona con el apoyo del alcalde.

El día del nacimiento de Jacques se encontró el cadáver de Alexandre Stavisky, suicidado. Para la Derecha todo había sido un asesinato orquestado por Camille Chautemps, político francés que llegó a ser jefe del Gobierno francés durante la Tercera República. La Derecha procuró en balde modificar el poder existente.

En 1944 llegaría Charles de Gaulle, jactancioso político francés que dirigió la Resistencia contra la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial y presidió el Gobierno desde 1944 hasta 1946 con el fin de restablecer la democracia en Francia.

Anquetil fue imagen de la Francia de la superación y la victoria. Charles de Gaulle gobernó en su segundo mandato entre 1965 y 1969. Le entregó La Legión de Honor. La imagen que mostraba Anquetil de firmeza y superioridad atraía al político.

Anquetil era indomable, hecho a sí mismo bajo el deseo de gozar de la vida por encima de la bicicleta. Al contrario que tantos deportistas de élite, nunca cuidó su alimentación. Fue bebedor, aficionado a la cerveza y al vino. Cultivó más de 700 hectáreas de viñedos en Normandía, de las que disfrutaba con asiduidad. El champán y el marisco eran parte del menú, incluso los días de competición. «Para ser bueno sobre la bicicleta hay que ser bueno en la mesa y alegre en la vida», se excusaba.

Tras su retirada en 1969 se instaló en «Le Domaine des Elfes», un castillo normando que había pertenecido a Guy de Maupassant, escritor y naturista francés del siglo XVII. Allí desarrolló la historia amorosa más rocambolesca conocida en el ciclismo.

Primer Tour de 1957

Anquetil contaba con 23 años, con un palmarés envidiable y un futuro prometedor. Gran contrarrelojista, con ciertas dificultades en la montaña frente a los escaladores, pero con la suficiente regularidad como para mantenerlos a raya. Afrontó su primer Tour con una madurez probada en competiciones como el Gran Premio de las Naciones, donde había vencido hasta ese momento en 4 ocasiones.

El Tour comenzó en Nantes con 120 participantes y culminó en París. Solo concluyeron 55. Gran estratega y con un equipo francés sólido, se regodeó pensando que disponía de 91 km contra el crono, su especialidad, para mantener a raya y distanciar a los escaladores, como el español Jesús Loroño.

La estrategia es esencial.

Si hablamos de la Segunda Guerra Mundial debemos referirnos a Winston Churchill, quien diseñó su plan estratégico para enfrentarse a la inminente invasión alemana basado en 5 pilares:

1. Toma de decisión: fulminó a los políticos partidarios de la negociación con los nazis basada en el miedo, que debilitaba la capacidad de acción del Imperio británico.

2. Responsabilidad: asumió el mando de las Fuerzas Armadas.

3. Controlar la situación: centró los esfuerzos para que la industria se dedicara a la fabricación de armamento, aun siendo consciente de que podían sumirse en la bancarrota.

4. Comunicación: implantó un sistema de comunicación directo con el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt, evitando intermediarios.

5. Confianza: diseñó un discurso contundente para ganarse la confianza de los aliados y la ciudadanía.

Frases épicas de Churchill siguen siendo de rabiosa actualidad cuando hablamos de estrategia y éxito: «El problema de nuestra época es que las personas no quieren ser útiles, sino importantes», «el éxito consiste en aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse», «con el espíritu sucede lo mismo que con el estómago: solo puede confiársele aquello que pueda digerir».

Podemos establecer un paralelismo con Anquetil:

1. Toma de decisión: se unió al equipo más potente con la mejor estructura deportiva.

2. Responsabilidad: preparó con mimo su especialidad, la contrarreloj, contando con el mejor material y tecnología de la época.

3. Controlar la situación: mantuvo las distancias con los escaladores sin entrar en su juego de ataques, perdiendo el menor tiempo posible para recuperarlo en la Contrarreloj.

4. Comunicación: cuidaba la relación con los medios, mostrándose cercano. Era buen orador.

5. Confianza: se mantuvo firme en la estrategia para la consecución del objetivo, haciendo caso omiso de las críticas por su forma poco espectacular y de falta de ataques épicos que añoraban los aficionados y medios franceses.

Ese año el Tour pasaría por España con una crono en Montjuic de 10 km en la que venció. Al día siguiente, la etapa salió de Barcelona hacia Ax-Les-Thermes, tras un descanso y coincidiendo con el 14 de julio, fiesta nacional de Francia. Anquetil portaba el maillot amarillo conseguido en la décima etapa. Sucedió una de las tragedias que marcarían la historia triste del Tour. Los periodistas Alex Pirot y René Wagner perecieron al precipitarse su moto por un terraplén mientras cubrían la carrera.

El Tour transcurrió sin contratiempos para Anquetil. Con un equipo francés fortísimo, un terreno a su favor, se mostró intratable en la cronos, superando en casi 15 minutos al segundo clasificado en la general final.

Tras esta victoria, Anquetil iba encontrándose en diferentes competiciones con ciclistas que le mantenían las distancias en la Contrarreloj y le sacaban diferencias en la montaña. Le estaban cogiendo la medida. Así fue en el Tour de 1958, ganado por Gaul, luxemburgués con aptitudes en la contrarreloj. En 1959 venció Bahamontes, pues las distancias restadas a Anquetil en las montañas eran difíciles de recuperar en las etapas de contrarreloj.

«Para preparar una carrera no hay nada mejor que un buen faisán, champagne y una mujer», se regocijaba. Fue quizás lo que impidió a Anquetil, tras su primera victoria, seguir con su trayectoria. Le gustaba la buena vida, el lujo y la mesa, y esos hábitos estaban reñidos con los puertos del Tour. Debía dar una vuelta de tuerca a su disciplina.

 En el liderazgo, las virtudes juegan un papel importante.

Según Aristóteles, el hombre se divide en dos naturalezas:

• La que viene marcada en nuestro ser y que no se modificará en profundidad a lo largo de nuestra vida.

• El conjunto de hábitos que desarrollamos y que permite que cada uno de nosotros seamos como somos. Los hábitos buenos o virtudes juegan un papel esencial en el desarrollo como líderes. En positivo. Los hábitos malos o vicios juegan en negativo.

Los hábitos en el deporte son determinantes. Cómo los creas y los transformas en virtudes es clave para alcanzar los objetivos. Lo mismo sucede en la empresa. En ellos hay algo fundamental que en muchas ocasiones pasa desapercibido. Nos centramos en nosotros, en modificar aquello que creemos que nos resta, que no nos ayuda a seguir mejorando. Insistimos con ahínco. En la mayoría de las ocasiones fracasamos en el intento.

Nuestro entorno nos envía señales que impulsan la creación de hábitos. Ese entorno, en la mayoría de ocasiones lo creamos nosotros mismos.

En mi caso, cuando quedo con un determinado amigo, en nuestra conversación siempre hay cerveza. Quedar y no tomar una cerveza es casi imposible. Me propuse dejar de tomar la cerveza y tomar otra bebida que no tuviese alcohol. El entorno estaba constantemente enviándome señales para que pidiese esa cerveza. Incluso se me hacía muy difícil conseguir mantener la concentración en la conversación. El entorno, la situación era la de siempre. Un bar. Imposible cambiar el hábito.

Sin embargo, cuando quedo con otro amigo, el entorno cambia. Él es deportista, y como a mí, le gusta andar en bici. Cuando quedamos, la cerveza no es parte de nuestra conversación. Quedamos a andar en bici, a tomar un café... Las coordenadas modifican.

Tanto a nivel personal como en la empresa, a la hora de querer mutar un hábito, crear uno nuevo, debemos tener muy en cuenta el ecosistema que creamos. Adaptar el entorno al propósito de implantar o modificar un hábito es clave.

James Clear, en su libro Hábitos atómicos, traslada la importancia de las señales que recibimos a nivel sensorial: «Todos los hábitos se inician con una señal, y somos más proclives a notar las señales que destacan. Desafortunadamente, los ambientes en los que vivimos y trabajamos no contienen señales obvias que desencadenen conductas positivas. Por el contrario, parecen facilitar el no seguir ciertas conductas. Es fácil no tocar la guitarra cuando está escondida en el armario. Es fácil no leer un libro cuando la biblioteca está en el rincón más alejado del cuarto de invitados. Es fácil no tomar tus vitaminas cuando están dentro de la alacena, fuera de tu vista. Cuando las señales que desencadenan un hábito son sutiles o están escondidas son fáciles de ignorar. En comparación, cuando creamos señales visuales muy evidentes, podemos atraer nuestra atención hacia el desarrollo de un hábito deseado».

Anquetil era inquieto. Antes de ganar su primer Tour visitó al mejor ciclista del momento. No era otro que Fausto Coppi, ganador de cinco Giros y de dos Tours. Referencia de la época en la que Anquetil comenzaba a conseguir sus primeros resultados con tan solo 18 años, como en el Premio de las Naciones y el de Lugano, ambos contra el crono.

Así se narra en el libro La soledad de Anquetil, libro de Paul Fournel y galardonado con el Premio Jules Rimet y el Premio Lire: «Nada más vencer, Anquetil se pone la presión más alta: desde octubre de 1953, unas semanas después de la primera victoria profesional, es a Coppi en persona al que decide ir a conocer. La visita parece el impulso banal de un jovencísimo admirador de su gran campeón favorito, pero de hecho esta excursión anodina está cargada hasta la punta del cañón. Anquetil no viene de visita, no viene a reconocer su autoridad; viene simplemente a colocar la barra a la altura adecuada. Su barra. No espera nada del propio Coppi, viene a Novi Ligure para establecer su propia ambición y para ponerse una presión que durará toda su carrera. Le importa poco ser ciclista, lo que quiere es ser Coppi. El Campionissimo, nada menos. Eso es lo que testimonia este viaje inesperado. ¿Lo tratará de usted? Lo tuteara»… «Coppi saluda a Anquetil y le agradece la visita. Lo sabe todo de sus recientes hazañas y se lo toma muy en serio; las cronos del muchacho no pueden engañar a un profesional de su talla. A Anquetil le llama la atención la amabilidad del campeón. Sin duda le cuesta un poco reconocer en él al ciclista más grande de todos los tiempos, al hombre célebre cuya vida pública ocupa la primera plana de los periódicos del mundo entero. Aquel cuyo destino desfila en blanco y negro como una película neorrealista: blanco».

Anquetil tenía otras intenciones en esta visita, desconcertantes para Fausto Coppi: «Cavanna, el masajista, el confidente, el gurú de Coppi, le fascina. Es un antiguo boxeador de peso pesado, un antiguo corredor en pista que ha perdido la vista, capaz, se dice, de reconocer a los auténticos campeones solo tocando los músculos. Él es el que «hizo» a Coppi, se murmura, cuando no era más que un adolescente delgaducho.

Coppi no duda de la clase del joven, pero con un gesto invita a Cavanna a asegurarse. Cavanna agarra a Anquetil y le hace la revisión médica. Lo palpa por todas partes, de manera brutal, lo calibra y pesa a manos llenas, haciendo rodar los músculos bajo sus dedos, buscando los órganos a través de la piel. Encuentra muchas cosas de Coppi en él: la misma aparente fragilidad, la misma fuerza en la cadera, las mismas piernas interminables. Sin duda también siente a través de esa piel la voluntad y la determinación, la fuerza moral. Está ciego, en efecto, pero no se le escapa nada. Le toma mucho rato el pulso al joven; el corazón es lento. Le coloca una mano sobre el vientre, con suavidad, y concluye: «Tienes un buen estómago. No comas demasiado, haz como Bobet».

Coppi, al ser consciente del talento del galo, «asegura estar dispuesto a aconsejarlo, a ayudarlo, a elaborarle los planes de entrenamiento, a proporcionarle medios técnicos y financieros (…). Anquetil escucha, impresionado y educado, pero, sin un atisbo de duda, dice que no. Conoce su camino. No tiene la menor intención de seguir el régimen Bobet, y para ser el Campionissimo él mismo sobre todo tiene que devorar a Coppi y comenzar zampándose su inamovible récord del mundo de la hora. Elige la batalla».

Al visitar a Fausto Coppi, la autoconfianza y la autoestima mostradas son tremendas y el principio del complejo equilibrio del liderazgo. El Consejo de Asuntos Económicos y Financieros (ECOFIN) señala que «el liderazgo pone sus cimientos en una persona equilibrada, estable y confiable cuya autoestima permita construir relaciones permanentes, fiables y estimulantes. El líder confía en sí mismo. No es soberbia, sino autoconocimiento. El líder se mira en el espejo de sus fortalezas y debilidades para proyectar a partir de ahí una delegación de confianza en las personas que componen su equipo». Anquetil iba construyendo su liderazgo contando con un equipo, quizás no con la visión de delegar. La confianza en sí mismo estaba fuera de toda duda.

Anquetil seguiría exprimiendo su motor para hacerse con más laureles. En ese camino consiguió vencer en el Giro de 1960, en un entorno hostil de los tifosi. Su palmarés no dejaría de crecer, llegando a ser el ciclista con más victorias en pruebas prestigiosas como el Premio de las Naciones o el de Lugano, ambos en la modalidad de Contrarreloj.

Italia era especial. El deporte se vivía desde el esfuerzo y la superación en un país que intentaba recuperarse del descalabro político y social. El ciclismo era una herramienta para mostrar el carácter. Luchadores, afines a su país. Mussolini y sus seguidores creían que si un italiano vencía en la General del Tour de Francia se mostraría la supremacía de su país sobre el resto del mundo.

Allí estaba Anquetil. Un depredador de las contrarrelojes que no dejaba espacio para la duda. No había margen para que nadie hiciese peligrar su supremacía en esa especialidad. En Italia, tras las dos primeras victorias de Anquetil en la prueba más prestigiosa contra el crono (llegaría a ganarla en 7 ocasiones), no querían volver a ver a un francés vencer en esa competición.

La organización se tensionó por la presión de los aficionados. Sabían que Anquetil incluía la prueba en su calendario. Le propusieron que no participase. Atónito, preguntó cuál era la causa. La organización le mostró la preocupación de la afición italiana que anhelaba que ganase un compatriota. Anquetil solicitó una compensación económica por la no participación.

Cuando la prueba de Lugano anunció los participantes, la prensa cuestionó cómo era posible que el francés no se hubiera inscrito. La organización se puso en contacto con Anquetil. Le rogaron que se incorporase. Respondió que, si querían que volviese a revocar la decisión, debían abonarle una nueva compensación económica.

A una semana del comienzo surgieron voces críticas con la previsible victoria de Anquetil. Era hora de que se abriese la puerta a la victoria de un italiano. El elegido era Ercole Baldini, gran rodador y especialista contra el crono.

Volvieron a contactar a Anquetil para mendigar que se dejase vencer. Le trasladaron que Ercole Baldini estaba en un gran momento y que debía ser el ganador. Anquetil accedió tras pedir otro resarcimiento económico. Accedieron a una tercera compensación para Anquetil.

Llegó el día. Anquetil se mostró poderoso. Su bicicleta impecable, su maillot ajustado milimétricamente, sus calcetines a la altura reglamentaria y su tupé peinado. Desplegaba una imagen inmejorable. A su lado, un Ercole Baldini abrumado por los gritos de una afición italiana necesitada de una victoria local. Él era el ciclista, gustoso del clamor de las masas. Anquetil giró la cabeza hacia su competidor:

–¿Qué tal estás?

–¡Bien!

–¿Quieres ganar hoy?

Ercole, con cara de asombro, no dudó:

–¡Claro!

–Si me abonas lo que te ha entregado la organización por participar, yo te dejo ganar.

Ercole accedió.

Anquetil no quedó ni entre los tres primeros, pero se embolsó cuatro primas por competir en una única carrera. Gran estratega. Carencia de ética.

La honestidad juega un papel fundamental en el desarrollo del liderazgo. Traslada acompañamiento y formación basada en valores no solo a tus colaboradores, sino también a la competencia. El líder debe ser un referente moral.

Anquetil es un modelo a no seguir en esta ocasión. En el momento de conocerse lo narrado, la decepción del entorno, de las personas cercanas y de los otros equipos fue colosal.

La honestidad es un valor que se ve proyectado en situaciones de crisis cuando las personas no las llevan adelante con un «sálvese quien pueda», sino con un «hagamos lo correcto». ¡La decencia se puede educar!Quées eléxito? Es marcar un objetivo, focalizar

En el caso de Winston Churchill la honestidad actuó junto a su energía. Brío reflejado en el optimismo constante, necesario para convencer a los suyos de que la victoria era posible. A una pregunta de un periodista sobre por qué era tan optimista, Winston contestaba que «a ser pesimista no le había visto ninguna ventaja».

Con mesura, Churchill consiguió la confianza de su equipo, de los aliados, en un momento en que cualquier leve error era la barrera entre la vida y la muerte.

Los Tours de Francia de Anquetil (1961/1964)

Con 103 km contra el crono, con 28,5 km en el segundo sector de la primera etapa, Anquetil se apropiaría del maillot y no lo soltó hasta París. Tours que empezaban a aburrir al espectador con un Anquetil parsimonioso en la montaña y veloz en la Contrarreloj. Carreras sin espectáculo por culpa de un atleta demoledor.

Parecía que el Tour, tras la retirada de Fausto Coppi, no estaba dispuesto a que otro ciclista que no fuese francés dominase. En estos cuatro Tours consecutivos, Anquetil ganó en nueve de las diez contrarrelojes que disputó, solo superado en la cronoescalada de 1962 a Superbagnères por un excepcional Bahamontes.

Ese año participó Raymond Poulidor, versátil, capaz de hacer quinto en una París-Roubeaux, ganar una Milán-San Remo, vencer el gran Premio de las Naciones o en el mismo Mont Faron. Potente, luchador, tuvo la mala fortuna de juntarse en lo mejor de su carrera con Anquetil y posteriormente con Eddy Merckx.

Poulidor, apodado Pou Pou, esperaba el fallo de Anquetil en las montañas. A pesar de la complicidad de Poulidor con Bahamontes, Anquetil era capaz de mantener las distancias con ellos y siempre salir airoso frente a cualquier situación.

Pou Pou ganó su primera etapa en el Tour en Aix-Les-Bains. En 1962, durante su debut, ocupó el tercer puesto en la General. Esa evolución hacía presagiar que el relevo a Anquetil, 2 años mayor, lo auparía a ser una de las estrellas. Pou Pou gustaba más. Más humilde, llegaba al aficionado cansado de ver a la apisonadora Anquetil sin inmutarse con su pedalada firme frente a los escaladores y así volver a pasar su talento por encima de todos en las eternas Contrarrelojes. El aficionado quería otro espectáculo. A Anquetil no le preocupaba. Él sabía lo que tenía que hacer para vencer.

¿Qué es el éxito? Es marcar un objetivo, focalizar y esforzarse para conseguirlo. Anquetil lo logró de forma magistral.

Anquetil triunfó en 1964 en el Giro de Italia y Poulidor vendría de ganar la Vuelta a España. Se presagiaba un enfrentamiento. La expectación era tremenda. El Tour iba a dilucidar cuál era el mejor. Se respiraba el deseo de que un Raymond Poulidor desafiante venciese a un Anquetil dominador. Comenzaron las predicciones. Un vidente galo aseguró: «En la etapa 14, un corredor cuyo apellido empiece por A tendrá una terrible desgracia».

Llegó la etapa de Envalira, la 15. Los presagios de la 14 no se habían cumplido. Era el momento de los escaladores. Anquetil parecía influenciado por los presagios, por los miedos. No lo tuvo fácil. Se unieron de salida y cuesta arriba Bahamontes y Poulidor, junto al asturiano Julio Jiménez, dejando atrás a Anquetil. Pasó a más de 5’ por el alto.

Se rehízo, no sin el comentario de Bahamontes al terminar la etapa, «es imposible que haya recuperado tanto tiempo en la bajada. ¡Ha bajado en coche!». Años más tarde se especuló con que Anquetil fue ayudado por una moto. Las leyendas en torno a aquel día son numerosas. Llegó a meta con los favoritos.

Un pinchazo de Poulidor en el momento menos oportuno en una de las últimas etapas de montaña del Tour proporcionó una ventaja de un minuto a Anquetil en la General. Una vez más la suerte de los campeones, desgracia para Pou Pou.

Se vivía una época de grandes hazañas, de victorias épicas donde los ciclistas se apoyaban en la frase del fin justifi-ca los medios, que en tiempos posteriores hizo propia Lance Armstrong para arrebatar 7 Tours. Esa expresión iba unida al dopaje, trampas, traiciones y tácticas nada deportivas. El control tecnológico era escaso, el interés de victoria grande y los egos difíciles de controlar. El ciclismo de los años 50 y 60 daría para otros dos libros más, aparte de los que ya se han escrito. Fuera como fuese, debían adaptarse a las circunstancias y luchar no solo contra uno mismo, el sufrimiento y esfuerzo, sino contra una estrategia que Anquetil dominaba.

El duelo final de ese Tour fue en la montaña Puy de Dome. Un enfrentamiento memorable. Ninguno mostraba debilidad. Miedo, superioridad, respeto, ansia de ganar se fundieron en el último tramo donde se jugaba quién subiría al primer cajón de París. Un demarraje más de Poulidor, que consiguió descolgar a un Anquetil que mostraba debilidad física pero mucha fuerza mental. Poulidor aventajó a Anquetil en 14 seg. «Me sobran 13 segundos», sentenció Anquetil al cruzar la meta.

Quedaba la última crono. La lógica y Anquetil se impusieron.

Fue el quinto y último Tour para Anquetil. Felice Gimondi sujetó el siguiente, en el que Poulidor quedó en segunda posición, incapaz de aprovechar un Anquetil venido a menos. Las malas lenguas aseguran que aguantó hasta cerciorarse de que su gran rival, Poulidor, no ganaría.

APORTACIONES AL LIDERAZGO

•Creer en ti mismo es fundamental en la consecución de cualquier proyecto.

•La vida profesional y personal deben ir en la misma hoja de planificación.

• Tus principios deben estar por encima de tus deseos.

• El liderazgo debe ir en paralelo a la imagen, la escucha y la comunicación.

• Dominar la comunicación juega un papel relevante en el desarrollo del liderazgo.

• El camino para alcanzar el éxito está lleno de fracasos.

• El éxito se basa en focalizar, buscar los medios, esforzarse y contar con la suerte necesaria para alcanzar el objetivo.

• Cualquier proyecto deportivo o empresarial debe diseñar una estrategia para la consecución de los objetivos. Para desarrollarla hay que tener en cuenta los siguientes pasos: toma de decisiones, responsabilidad, control de la situación, trasladar confianza y dominar la comunicación.