Lo que nos dé la gana - Sofia Delcarlo - E-Book

Lo que nos dé la gana E-Book

Sofia Delcarlo

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Beschreibung

Si sos de esas personas que sienten que no encajan en el mundo, este libro es para vos. Lo que nos dé la gana es una invitación a observar la realidad de forma cruda y concreta. Aquí se presenta un análisis histórico de las últimas generaciones, con el fin de demostrar por qué la forma en la que nos dijeron que teníamos que vivir ya no es posible. El mundo en el que nacimos no existe más y ya no nos conformamos con lo que creíamos que nos teníamos que conformar. Esta obra expresa cómo somos cada vez más los que buscamos nuestra propia autenticidad, sin ninguna intención de cumplir con estereotipos. En este libro, vas a encontrar que no estás solo, que no estás sola, y que gran parte de la humanidad está atravesando un cambio tan profundo como el tuyo. Desde su exploración para cambiar moldes por alas, Sofía Delcarlo comparte su visión y las herramientas más valiosas para encontrar el camino día a día.

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Seitenzahl: 129

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Ilustraciones de tapa e interior: Sofía Delcarlo.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Delcarlo, Sofía Belén

Lo que nos dé la gana / Sofía Belén Delcarlo. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2023.

106 p. ; 21 x 15 cm.

ISBN 978-987-824-416-7

1. Desarrollo Personal. 2. Coaching. 3. Espiritualidad. I. Título.

CDD 158.1

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2023. Delcarlo, Sofía Belén

© 2023. Tinta Libre Ediciones

Gracias, gracias, gracias…

Prefacio

Hola, me llamo Sofía y soy una persona muy parecida a cualquiera que pueda leer este libro. Estoy agregando este prefacio después de haber terminado de escribir todo el texto y de darme cuenta desde dónde lo escribí. Descubrí, después de innumerables revisiones, leídas y correcciones, que lo escribí para mí pensando que lo quería escribir para todos.

Lo que nos dé la gana es algo que no me di la posibilidad de hacer prácticamente nunca en la vida. En este libro doy opiniones conscientes sobre los cambios en el mundo y la capacidad y oportunidad que tenemos de ser nosotros mismos, dentro de estos cambios.

Todo lo que escribimos o decimos siempre habla de nosotros. Así que este libro desarrolla mi propio deseo de ser lo que realmente soy, sin dejarme llevar por lo que siempre me dijeron que era.

Para escribir este texto tardé más de dos años, en los cuales, a la vez que escribía, iba construyendo un camino hacia mi propia autenticidad. En algún punto, siendo consciente de lo que estaba haciendo, pude empezar a mostrarme de una forma más real y genuina. Porque, como ya les dije, soy humana, como ustedes, y el contacto conmigo y con lo que deseo no fue por arte de magia, sino que fue un proceso, un largo camino que, por ahora, está culminando con este libro.

Los invito a leer esto como un mensaje de alguien que ya lo pasó y tuvo que escribir un libro para poder romper, de a poco, las viejas estructuras e ir aceptándose como es a cada momento, intentando actuar con un poco más de coherencia.

Sean bienvenidos a mi experiencia, hasta hoy, en el planeta Tierra, la cual comparto de corazón a quien le resuene.

Espero que lo disfruten.

Con amor,

Sofi

Introducción

En este momento del mundo, se está viviendo una época de cambios muy intensos. No cambios de moda ni cambios tecnológicos, sino cambios internos en la manera que tenemos de ver los días que se nos pasan por delante. Quizás la diferencia radica un poco en eso, en que vemos cada día que pasa y no nos conformamos con que pase sin prestarle atención. Le vamos dando un nuevo significado a estar vivos.

Desde mi punto de vista, rompí todo lo que creía y lo estoy volviendo a armar de formas inesperadas, de maneras que me suenan tan pero tan raras que me parece increíble haber encontrado miles de personas que piensan muy parecido. Encontré muchísimas personas de mi edad —y de muchas otras edades— que pasan por lo mismo. Todas ellas se desarmaron hasta los cimientos, miraron hacia atrás y dijeron: «Por acá no». Tocamos fondo para darnos cuenta de que tenemos la posibilidad de estar desnudos ante la vida, sin nada y con todo para replantear.

Siento que nace una nueva perspectiva en la que los mandatos sociales que estuvieron siempre presentes ya no sirven; no se amoldan más a nuestras mentes, a nuestros sentimientos, a nuestras ganas de ser felices. El ejemplo más simple en el que puedo pensar es en no vivir para trabajar, sino trabajar para vivir.

Yendo más a lo personal, cuando empecé a escribir esto, venía de unos meses raros, de reestructuración absoluta, de mirarme en una relación de siete años y de preguntarme qué hacía en algo así.

¿Dónde estoy ahora? ¿Quién soy? ¿Qué creo? Me encontré mirando hacia atrás, revisando los diez años de vida como adulta que tenía en ese entonces y replanteándome TODO. Algunas personas lo hacen por alguna razón, otros porque sí, pero la verdad es que muchos tenemos las ideas viejas tan arraigadas que nos lleva diez años, o más, poder mirarlas en la cara y decirles: «Señoras, sigan su camino, ya no las necesito». Somos muchísimos los que queremos algo distinto para nuestra vida; no sabemos bien qué es, pero me estuve cruzando con muchas ideas y perspectivas en las que veo un nuevo renacer de las personas.

Evolucionamos tecnológicamente, pero también, y principalmente, creo que se está creando un nuevo ser humano, que evoluciona en cuanto a la forma de relacionarse con el otro y con todo lo que lo rodea.

El título Lo que nos dé la gana tiene que ver con la caída del modelo de vida preformado que todos creíamos que teníamos que querer. Estamos empezando a ver las cosas de otra manera: los que rondamos los treinta vemos que todo se desmorona; los de más de cuarenta quizás huelen algo de esto en el aire y algunos van viviendo los cambios en su vida; pero los más chicos ya nacieron con otra perspectiva.

La nueva opción, tan descabellada, es no someternos a mandatos inaplicables, querernos como somos y aceptar que no existe un único camino para todos. En la actualidad ya no existe un solo modelo sobre el cual basar nuestra vida, porque se están abriendo camino muchas otras formas que funcionan, que nos hacen felices y nos hacen bien.

Pero la gran pregunta es: ¿por qué pasa esto? Pasa porque aprendimos que podemos hacer lo que nos dé la gana y no hay verdugo que nos pueda asesinar por ser auténticos y vivir nuestra propia vida con base en un modelo propio.

Hacer lo que nos dé la gana también puede ser visto como una visión anárquica, según entiendo, en la cual literalmente se tira todo por la borda y dedicamos el resto de nuestros días a vivir consumiendo estupefacientes y liberándonos a placeres desmedidos, pero esto no es a lo que me refiero. Me refiero a un lo que nos dé la gana más estable, más duradero, en lo cual podamos perpetuar nuestra existencia, siguiendo lo que realmente se siente bien y nos llena de energía para seguir vivos.

Hablo de una nueva forma de relacionarnos con nosotros mismos y con la que dé gusto amanecer todos los días; hablo de no estar desesperados por tomarnos vacaciones de una vida que no queremos y no elegimos; hablo de ser auténticos y vivir de manera coherente. Hablo de vivir desde el manual interno, el del corazón, y dejar de cumplir con instrucciones ajenas.

En esta suerte de prólogo, quiero decir que no debo estar repitiendo todo el tiempo las frases creo, me parece o desde mi perspectiva. Pero NECESITO que se entienda que todo lo que escribo es desde mi (actual) experiencia; lo que veo alrededor, mi percepción del mundo viejo que se va desarmando y uno nuevo que cobra vida, rompiendo todo lo anterior con muchísima fuerza. Nada es absoluto, menos aún la perspectiva de una persona. Quiero que, si alguien lee esto, lo cuestione, que se le pongan los pelos de punta si no está de acuerdo, que se enoje si cree que no tengo razón; que se ponga triste si toca una fibra sensible, pero, más que nada, quiero que NO me crea; quiero que vea otra perspectiva y se pregunte sobre la vida con todas las ganas. Es más que seguro que yo no tenga toda la razón, pero doy otro punto de vista que nunca conocieron, y conocer otro punto de vista es siempre enriquecedor.

Recordá: no me creas y cuestioname, cuestionate y así, capaz, va apareciendo la realidad de qué es lo que te da la gana.

Capítulo 1

Orígenes, ¿por qué no vamos hacia allá?

Acá voy a contar la historia de mi familia, porque, en muchos otros casos, las historias familiares serán similares o al menos tendrán puntos en común con la mía. Soy fiel defensora de que el curso de una sociedad no está marcado por lo que haga solo una persona, una familia o un pueblo, pero, sin lugar a duda, es la conformación de todas las familias e individuos que vivieron en ese momento lo que hace la historia. Nosotros mismos —sí, cada uno de nosotros— estamos escribiendo historia con cada una de las cosas que hacemos. Aunque no hagamos nada, seguimos siendo predecesores de lo que vendrá después. Un individuo no es nada entre los 788.800.000.000 de personas que hay en el mundo, pero, como individuo social, como parte de un todo, sin cada uno de nosotros no existiría esta población total. Digámoslo así, si te moja una gota del mar, no pasa nada, pero, si te golpea una ola, probablemente te deje en el suelo. Esa gota es toda poderosa, es parte de esa ola; sin gotas no hay ola. Entonces voy a contar un poco la historia de algunas gotas, mis antepasados, para ver cómo la vertiginosidad de los cambios del último siglo es cada vez más impresionante —o no—. ¡Ustedes juzgarán!

Comienzo con mi bisabuelo. Él llegó con sus hermanos, exiliado de Italia, por pobreza y tristeza, después de la Primera Guerra Mundial. Solo con catorce años, vino a Argentina buscando una vida mejor. Algunos de sus hermanos se quedaron en Uruguay y otros encararon para Brasil.

Desde muy chico, tuvo que trabajar, sacrificándose de sol a sol para conseguir comida y techo. Es más, los conocidos de la zona lo llamaban il sette mestiere (el de los siete oficios). Un tipo con un cerebro impecable y habilidades técnicas lo suficientemente sofisticadas para que consiguiera abrir su propio comercio. Después de pasar sus años de “juventud” trabajando en cualquier cosa que saliera, lo logró. En cuanto a lo que respecta a la familia, se casó con Marta, bien de purrete, y tuvieron tres hijos. Murió a la edad de cuarenta años, por consecuencia del tabaquismo. Marta siempre se había dedicado a ser ama de casa, a cuidar a los chicos, y no sé mucho más de su historia.

Los tiempos antes del comienzo del siglo XX eran de la ley del esfuerzo. Eran comunes las muertes precoces y el éxito medido por cuántos hijos tenías y si estaban gorditos (porque, claro, si estaban gorditos, tenías un montón de plata y esto era el máximo logro).

Siento que todos los que tuvimos el placer de conocer a nuestras abuelas recordamos esta frase: «Comé más que estás flaquito». Esta frase, tan característica de la época de sus padres, siempre me generaba algún rechazo adentro; siempre la sentí oxidada, como si fueran esas cosas que se dicen por decir porque uno las escuchó toda la vida. En algo de eso tenía razón, porque era simplemente un reflejo de aquella realidad: el gran éxito eran la familia y los hijos gorditos. Ahora, la realidad es diferente y el éxito se mide de otra forma, pero voy a seguir con la historia paso a paso.

Cuando mi bisabuelo falleció, les tocó a los chicos hacerse cargo del negocio. Mi abuelo me contaba que trabajaba todos los días y estudiaba a distancia: tenía que entregar una tarea escrita cada dos semanas y llevarla al único lugar de Buenos Aires donde se podía hacer la escuela a distancia, allá por el Microcentro, o enviarla por correo. Simplemente, observen la diferencia con la comunicación de hoy en día que, desde mi adolescencia hasta ahora, cambió abruptamente.

Recuerdo que hace catorce años estaba sola, viajando, y mandaba mails para contarles a todos de mi vida o tenía que buscar un teléfono y pagar por el minuto de llamada. Hace unos meses, viajé de nuevo, y realmente sentí a mis amigos y a mi familia TODO el tiempo al lado mío.

La comunicación ha avanzado de manera estrepitosa en tan solo catorce años y este cambio “impuesto” se ha aceptado por completo. El poder de las nuevas comunicaciones es infinito, pero esto no significa que un poder tan grande no tenga su contracara. Con este poder, lo que compartimos puede llegar a todo el mundo y cambiar la vida de personas que no conocemos de manera radical. El problema grave de esto es que las fuentes de información verdaderas y fehacientes son cada vez más limitadas o esquivas. Sin ir más lejos, la mayoría de las selfies vienen con un filtro incorporado; ya son algo falso. Pasamos de un acceso muy limitado a la comunicación y a la información, a tener el mundo a nuestra disposición, en la palma de nuestra mano.

Continuando con la historia de mi abuelo, él siguió trabajando, terminó la escuela primaria y no solo eso, sino que con su hermano fundaron una empresa que producía insumos para compañías extranjeras. En una sola generación, podemos ver este cambio que fue sucediendo en el mundo: del pequeño comercio local de mi bisabuelo a la fábrica multinacional que fundó mi abuelo, que se dirigía a un mundo más globalizado cerca de la mitad del siglo.

Mi abuelo siguió con la cadena familiar de continuar con el esfuerzo de su padre. Él fue de las ovejas blancas de la familia y realmente nació con el deseo de seguir el oficio familiar, de hacer su propio camino, feliz, sobre los cimientos ya planteados para que lo lograra. Era impensado en aquel entonces que la familia tuviera una empresa y que alguno de los herederos decidiera no darle su vida a ella. Ahora está lleno de abogados, con su estudio, que son padres de hijos que estudian arte.

Pasando al otro lado de mi familia, mi abuelo fue de los primeros separados en la Argentina, porque en ese momento el divorcio no existía. Un tiempo inexacto después de su divorcio, conoció a mi abuela y se enamoraron. Mis abuelos eran una pareja ilegal en ese entonces. Recién pudieron casarse en Uruguay muchos años después, cuando yo estaba por nacer, cerca de los noventa. El desconcierto de la familia de mi abuela fue total cuando se enteraron de que se quería casar con un divorciado; incluso tuvieron fuertemente impedido el camino a la unión. Cuando se casó con mi abuelo, fue toda una locura: «¡La señora que se casó con el divorciado!». En este caso, ambos llegaron juntos al hasta que la muerte nos separe.

Entiendo que, como nieta, no puedo ver más que la idealización de la relación de mis abuelos, pero lo que importa es que llegaron a cumplir sus votos matrimoniales, mejor o peor, pero lo lograron.

Ahora quiero destacar el rol de la mujer. Ya en ese entonces, mis dos abuelas trabajaban. Una era maestra y la otra azafata e incluso fue modelo. La diferencia en ambos casos era que el ser maestra en esa época era algo socialmente aceptado y estaba volcado al cuidado de niños, entonces su trabajo era completamente respetable. En el caso de ser mujer y ser modelo o ser azafata, la historia era bastante diferente. Había trabajos preestablecidos y aceptados para una mujer y muchos otros que no. En comparación a la generación anterior, es un adelanto, ya que las posibilidades comienzan a exceder el ser amas de casa y cuidar a los chicos, pero, dentro de las pocas posibilidades laborales permitidas, había cosas buenas y malas, cada una con su carga social.