Los códices mesoamericanos - Miguel Ángel Ruz Barrio - E-Book

Los códices mesoamericanos E-Book

Miguel Ángel Ruz Barrio

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Beschreibung

Los códices mesoamericanos se crearon en el Centro de México desde la época prehispánica. Estos documentos, mal llamados códices, aseguran los autores, fueron uno de los soportes que permitieron la transmisión y preservación de la cultura y la cosmovisión mesoamericanas durante siglos. Recalcan que, a la llegada de los españoles, su producción no desapareció, sino que se trató de adaptar a las novedades. Por ello, la mayor parte de los códices que se conservan corresponde a la época colonial. Destacan que estos manuscritos pintados constituyen una de las mejores fuentes para el estudio de la historia prehispánica y buena parte de la colonial. Consideran también que este hecho resulta más importante si se toma en cuenta que muchas de las crónicas y obras escritas durante el siglo XVI y comienzos del XVIII también recurrieron a ellos para su elaboración. Tal es el caso de los trabajos de fray Bernardino de Sahagún, fray Diego Durán o Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, entre otros. Subrayan que los códices mesoamericanos son repositorios de información con una gran riqueza, que permiten distintos acercamientos, así como una perspectiva metodológica multidisciplinar tal y como el lector especializado se podrá percatar en libro que nos ocupa: Los códices mesoamericanos. Registros de religión, política y sociedad, el cual reúne investigaciones de especialistas consolidados y de quienes están iniciando su carrera, pero con aportes de nuevas miradas a la investigación.

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Seitenzahl: 559

Veröffentlichungsjahr: 2021

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El Colegio Mexiquense, A. C.

Dr. Víctor Humberto Benítez Treviño

Presidente

Dr. José Antonio Álvarez Lobato

Secretario General

Dra. Emma Liliana Navarrete López

Coordinadora de Investigación

972.018

C669

Los códices mesoamericanos: registros de religión, política y sociedad / coordinadores Miguel Ángel Ruz Barrio, Juan José Batalla Rosado. —Zinacantepec, Estado de México: El Colegio Mexiquense, A.C., 2016.

342 p. : il.

Incluye referencias bibliográficas

ISBN: 978-607-7761-99-0

1. Códices mesoamericanos – Religión – Registros. 2. Códices mesoamericanos – Política y sociedad 3. Manuscritos antiguos – Mesoamérica 4. Códices mesoamericanos – Sistemas de comunicación gráfica. I. Ruz Barrio, Miguel Ángel, coordinador, II. Batalla Rosado, Juan José, coordinador.

Edición y corrección: Rebeca Ocaranza Bastida y Miguel Ángel Ruz BarrioFormación y tipografía: Fernando Cantinca CornejoDiseño, cuidado de la edición y diseño de portada: Luis Alberto Martínez LópezConversión electrónica: Carlos Ramírez

Primera edición, 2016

Primera electrónica: 2017

D.R. © El Colegio Mexiquense, A. C. Ex hacienda Santa Cruz de los Patos s/n, Col. Cerro del Murciélago, Zinacantepec 51350, México MÉXICOPágina-e: <www.cmq.edu.mx>

Queda prohibida la reproducción parcial o total del contenido de la presente obra, sin contar previamente con la autorización expresa y por escrito del titular del derecho patrimonial, en términos de la Ley Federal de Derechos de Autor, y en su caso de los tratados internacionales aplicables. La persona que infrinja esta disposición se hará acreedora a las sanciones legales correspondientes.

Hecho en México/Made in Mexico

ISBN: 978-607-7761-99-0 [edición impresa] ISBN: 978-607-8509-10-2 [edición electrónica]

Contenido

Siglas, acrónimos y abreviaturas

Presentación

I. El sistema de comunicación gráfica en los códices

Hacia una revisión de los posibles antecedentes teotihuacanos del estilo Mixteca-Puebla: aspectos temáticosTatiana Valdez Bubnova

El sistema de escritura de los aztecas y sus herederos: características prominentes en los códicesGordon Whittaker

Los glifos del folio 44 del Códice Telleriano-Remensis ¿cargos o antropónimos?Isabel Bueno

Te hago bandera... Signos de banderas y sus significados en la expresión gráfica nahuaKatarzyna Mikulska

II. Cosmovisión y religión en los códices mesoamericanos

Chicomecoatl, la diosa del maíz en los códices del Centro de MéxicoNathalie Ragot

Tlazolteotl, la patrona de la decimotercera trecena Ce Ollin (1 Temblor) del tonalpohualliMarta Gajewska

La representación del murciélago en los documentos pictográficos del Centro de MéxicoMiguel Ángel Ruz Barrio

III. Política, sociedad y economía en los códices

Cuauhtitlan entre dos imperios. El sistema político azteca a través de la evolución histórica de un altepetlCarlos Santamarina Novillo

El tributo de la cal en el Códice OsunaMaría Teresa Jarquín Ortega

La Genealogía de Jaltepec o Genealogía de Francisco Quecuii Otro manuscrito pictográfico mixteco del siglo xviManuel A. Hermann Lejarazu

En el nombre de Dios Padre: reivindicaciones de la nobleza indígenaBérénice Gaillemin

Conquista y evangelización en los títulos primordiales de MichoacánHans Roskamp

Siglas, acrónimos y abreviaturas

acc

Archivo Comunal de Cherán, Michoacán

acz

Archivo Comunal de Zacán, Michoacán

aga-u

Archivo General Agrario, Uruapan, Michoacán

aget-h

Archivo General del Estado de Tlaxcala

agn, mpi

Archivo General de la Nación, Mapas, Planos e Ilustraciones

agn

Archivo General de la Nación, México

agn-h

Archivo General de la Nación, México, ramo de Historia

agn-t

Archivo General de la Nación, México, ramo de Tierras

bnah

Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, México

bnf

Bibliothèque nationale de France

bnf/fm

:

Bibliothèque nationale de France/Fond Mexicain

bnss

.:

Basílica de Nuestra Señora de la Salud, Pátzcuaro

c.

circa

cap.

capítulo

ccvar-fod

Centro Cultural Vito Alessio Robles, Saltillo, Coahuila, Fondo Óscar Dávila

cf

Códice Florentino

cf

confróntese

cm-fa

El Colegio de Michoacán, Zamora, Fondo Alvarad

Conacyt

Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología

Cuad.

Cuadernillo

cv

.

Consonante + vocal

cvc

.:

Consonante + vocal + consonante

Dr.

Doctor

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Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua

et al

y otros

Exp.

expediente

f./ff.

folio/folios

fig./figs.

figura/ figuras

gdn

Gran Diccionario Náhuatl

hg

Historia general

hm

Histoire du Mexique

hmai

Handbook of Middle American Indians

Ibid

Ahí mismo

iff

.:

Inventario del Fondo Franciscano

lib.:

libro

lám./láms.:

lámina/láminas

leg.:

legajo

ls

Leyenda de los Soles

mrm

Museo Regional Michoacano, Morelia

ms.

manuscrito

p./pp.

página/páginas

pl./pls.

plate/plates

pm

Primeros Memoriales

s.a.

sin año

s.p.

sin página

t.

tomo

tr

Telleriano Remensis

Vat, A

Vaticano A

vol./vols.

volumen/volúmenes

Presentación

El presente libro constituye una muestra de las diversas investigaciones que se pueden realizar en torno a los códices mesoamericanos que se crearon en el Centro de México desde la época prehispánica. Estos documentos, mal llamados códices, fueron uno de los soportes que permitieron la transmisión y preservación de la cultura y la cosmovisión mesoamericanas durante siglos. Al llegar los españoles su producción no desapareció, sino que se trató de adaptar a las novedades. Por ello, la mayor parte de los códices que se conservan corresponden a la época colonial. También es cierto que algunos contenidos ya no pudieron recogerse o fueron “censurados” por la cultura europea. A pesar de ello, estos manuscritos pintados constituyen una de las mejores fuentes para el estudio de la historia prehispánica y buena parte de la colonial. Este hecho es aún más importante si tenemos en cuenta que muchas de las crónicas y obras escritas durante el siglo xvi y comienzos del xvii también recurrieron a ellos para su elaboración. Tal es el caso de los trabajos de fray Bernardino de Sahagún, fray Diego Durán o Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, entre otros.

Los códices mesoamericanos son repositorios de información con una gran riqueza, que permiten distintos acercamientos, así como una perspectiva metodológica multidisciplinar. Prueba de ello son los trabajos que aquí se han recopilado. Entre los investigadores que colaboran en la presente obra algunos son ya especialistas consolidados, mientras que otros están iniciando su carrera, no obstante, aportan nuevas miradas a la investigación.

La obra se divide en tres apartados temáticos que agrupan diferentes perspectivas de la riqueza que ofrecen las pictografías mesoamericanas. El primero, “El sistema de comunicación gráfica en los códices”, reúne cuatro trabajos que aportan un amplio panorama en torno a la documentación. El punto de partida es la colaboración de Tatiana Valdez Bubnova quien se ocupa de la posible relación entre algunas representaciones de Teotihuacan y el estilo MixtecaPuebla. El estudio aborda la continuidad dentro de Mesoamérica de aspectos temáticos, a pesar de los cambios que con el paso del tiempo se produjeron en cuanto a la forma de plasmarlos.

Los siguientes dos artículos se centran en la problemática de la escritura desde perspectivas diferentes. El trabajo de Gordon Whittaker propone una revisión general del sistema azteca y su funcionamiento, aspectos que aparecen plasmados en los códices mesoamericanos. Se trata de una cuestión que para muchos aún no está zanjada, por tanto, existen diversas posturas al respecto. El autor nos muestra su visión, apoyada en algunos ejemplos concretos para ilustrarla. En el caso del estudio de Isabel Bueno tenemos un caso particular centrado en los glifos que aparecen en el f. 44 del Códice Telleriano-Remensis. Este ejemplo le permite exponer las dificultades que existen no sólo en cuanto a la lectura de dichos elementos, sino también respecto a la propia interpretación de su función general. Por ello se pregunta si lo que aparece en esa sección que analiza son antropónimos o cargos. Se trata de una reflexión interesante que plantea las dificultades a las que se enfrenta el investigador de los códices y que muchas veces se resuelven recurriendo a las glosas, si bien a menudo se ha demostrado que no existe una correlación directa entre el libro indígena y el libro escrito europeo, siguiendo la terminología propuesta por J. J. Batalla Rosado.

El último trabajo de este apartado es el de Katarzyna Mikulska, “Te hago bandera... Signos de banderas y sus significados en la expresión gráfica nahua”. En este capítulo se analizan los signos de las banderas panitl y de los papeles tetehuitl los cuales aparecen en contextos que remiten a la guerra o al sacrificio. La autora propone también que estos conjuntos forman unidades de significado en el sistema de comunicación gráfica nahua, paralelos a la fórmula de la expresión oral de las culturas orales, y formadas como resultado del procedimiento similar al de la “definición por extensión” propuesta por D. Dehouve.

La segunda parte de la presente obra aborda temas relacionados con la cosmovisión y la religión para los cuales los códices se han convertido en una de las fuentes primordiales. Si bien dentro de estos manuscritos los que abordan esta información no son los más abundantes, sí que son de los más estudiados debido a que no suelen ofrecer una única interpretación y requieren estudios complejos que acudan tanto a otras fuentes documentales como a otras herramientas, entre las que está la etnografía. En este apartado recogemos tres trabajos que se ocupan de dichos tópicos.

Los primeros dos artículos de esta sección se referen cada uno a una deidad. Nathalie Ragot nos habla de la diosa del maíz, la cual ocupaba un lugar importante en las creencias y los rituales aztecas. La autora propone un estudio de varios de sus aspectos simbólicos e iconográficos (dominios de influencia, colores, amacalli) a través de sus representaciones en los códices del Centro de México y en la escultura.

Marta Gajewska, por su parte, se ocupa del papel de Tlazolteotl en la decimotercera trecena ce ollin (1 temblor) del Tonalpohualli, de la cual era patrona. Su trabajo, como indica desde el inicio, va más allá, pues pretende mostrar cómo las clasificaciones de los dioses en conjuntos cerrados suponen siempre una reducción de sus cualidades. Por lo contrario, considera que las deidades mesoamericanas son entidades complejas y con múltiples facetas. Este aspecto es de suma importancia a la hora de interpretar documentos mánticos, ya que se evita una lectura única de los mismos.

Por último, en esta segunda parte del libro, tenemos el trabajo de Miguel Ángel Ruz Barrio, “La representación del murciélago en los documentos pictográficos del Centro de México”. En este capítulo se realiza un repaso por los elementos que definen al murciélago en la cosmovisión de la región durante la época prehispánica y presenta un catálogo con sus diferentes apariciones en documentos pictográficos. Esta labor permite al autor elaborar un listado con los elementos identificativos del quiróptero, lo que facilita su búsqueda en otros documentos. Asimismo, se aportan interesantes aspectos vinculados al papel de este animal en la religión, tales como su relación con la música o su presencia en tres de las veintenas nahuas.

La parte final del libro recoge cinco capítulos con estudios relacionados con la política, la sociedad y la economía en los cuales los códices son una de las fuentes primordiales. El primero de ellos, obra de Carlos Santamarina Novillo, se centra en el análisis del papel político que jugó Cuauhtitlan desde la época tepaneca hasta la azteca. Para ello recurre a diversas fuentes etnohistóricas, entre las que podemos encontrar manuscritos pictográficos.

El segundo trabajo de esta sección es el análisis que nos presenta María Teresa Jarquín Ortega sobre el tributo de la cal, recogido en el Códice Osuna. Si bien este documento se remite a un periodo concreto y muy delimitado, el trabajo nos muestra no sólo qué cantidad de cal se tributaba, sino también en qué se usaba, qué precio tenía y a quiénes estaba dirigida.

La tercera colaboración es el estudio de una genealogía mixteca a cargo de Manuel A. Hermann Lejarazu. Este género documental, como bien indica el autor, cobró gran importancia durante la época colonial, ya que constituía una de las pruebas esenciales a la hora de reclamar ciertas prerrogativas que les fueron reconocidas a la nobleza indígena o que fueron clave en los litigios por las herencias. En algunas zonas, como la Mixteca o Tlaxcala, este tipo de documentación fue numerosa y crucial en los estudios sobre la sociedad en aquellas regiones. El autor demuestra su conocimiento sobre los códices mixtecos y gracias a ello no sólo nos presenta un caso particular, sino que nos ilustra sobre los cambios que sufrieron para adaptarse a las nuevas necesidades.

El cuarto trabajo de esta tercera parte es de Bérénice Gaillemin, el cual por su título, “En el nombre de Dios Padre: reivindicaciones de la nobleza indígena”, parecería que encajaba mejor entre los relacionados con la religión. Sin embargo, su estudio de un códice testeriano y su contenido permiten a la autora realizar un análisis que tiene más relación con las reclamaciones de la nobleza indígena. Este tipo de documentos forman un corpus especial dentro de los códices mesoamericanos, ya que por sus características no son propiamente parte del grupo. Entre otros aspectos, según muchos autores, fueron elaborados por los frailes con la intención de transmitir las ideas cristianas a los indígenas. Este conjunto es controvertido y son muchas las ideas que están cambiando en torno a ellos en aspectos como su datación. El trabajo de Gaillemin nos muestra lo que para ella fue una reutilización del documento con la intención de reclamar ciertos derechos posiblemente vinculados con los herederos de la familia Moctezuma.

El quinto capítulo, que cierra el libro, recoge el trabajo de Hans Roskamp sobre los títulos primordiales de Michoacán. Éstos fueron elaborados a partir del siglo xvii y son muestra de la evolución que tuvieron los pueblos de indios hacia su interior. Los títulos primordiales de la época colonial tardía constituyen un importante subgénero de las tradiciones históricas y escriturales del México indígena. La creación de memorias de los pueblos y títulos que avalaran la propiedad de sus tierras fue derivando en el documento alfabético, si bien no se llegaron a olvidar los códices o “pinturas” durante el Virreinato los cuales también seguían siendo reutilizados, aunque no producidos. Esta amplia visión de los títulos ha sido ya presentada por investigadores como el propio Hans Roskamp, Michel R. Oudijk, Ethelia Ruiz Medrano o Stephanie Wood. En este texto el autor analiza un corpus de ejemplares, publicados e inéditos, pertenecientes a diversos pueblos del centro de Michoacán. El tema central son las visiones de la conquista española y la evangelización, que se expresan en estas fascinantes historias locales. Se señala que las narraciones -igualmente en otras regiones de Méxicoclaramente enfatizan la lealtad de los indígenas a la Corona y a la Iglesia, siguiendo discursos que también están presentes en la documentación indígena más antigua del siglo xvi.

A través de todos estos trabajos no sólo se presentan, por tanto, los enfoques desde los cuales es posible abordar el estudio de los códices mesoamericanos, sino que también se aportan interesantes novedades en torno al mismo.

Miguel Ángel Ruz Barrio Juan José Batalla Rosado Coordinadores

I

El sistema de comunicación gráfica en los códices

Hacia una revisión de los posibles antecedentes teotihuacanos del estilo Mixteca-Puebla: aspectos temáticos

Tatiana Valdez BubnovaEl Colegio Mexiquense, A. C.

A manera de introducción

En buena medida, el conocimiento de la religiosidad que caracterizó a algunas culturas arqueológicas mesoamericanas se sustenta en los registros de la imagen visual,1 o, en el mejor de los casos en escritos. Imágenes visuales y textos escritos se presentan en distintos medios y soportes, estos últimos con usos variados aunque generalmente relacionados con las prácticas de las élites. En lo que atañe a la significación las referencias a la religiosidad antes mencionadas se derivan de las relaciones entre la expresión2 y el contenido3 en los diversos registros y es necesario estudiar estos aspectos al enfrentarse a la interpretación de la significación.

El propósito de este trabajo es dar cuenta de los primeros avances de una investigación acerca de los correlatos en las referencias a los temas míticos o rituales en las imágenes de la antigua Teotihuacan y el Códice Borgia. En repetidas ocasiones se han señalado similitudes formales entre dichas imágenes. En este artículo se parte de la hipótesis de que luego de la caída de Teotihuacan la imaginería que alguna vez caracterizó a esta antigua urbe seguiría siendo, por algún tiempo, un punto de referencia para la expresión simbólica del poder político de otras culturas durante el epiclásico. Ciertos recursos que fueron comunes en la plástica teotihuacana permanecerían relacionados con el poder y la religiosidad hasta tiempos incluso posteriores al epiclásico; algunos aspectos compositivos que fueron significativos para la cultura teotihuacana tendrían un desarrollo hasta tiempos del posclásico insertos en otras estructuras de creencias y prácticas religiosas. Luego de llevar a cabo un estudio y una propuesta de clasificación temática de la imaginería4 teotihuacana parto también de la suposición de que en el registro arqueológico de esa cultura se preservaron referencias a temas míticos o rituales en forma de imágenes visuales.5

El propósito general de esta etapa del proyecto que desarrollo es contribuir a indagar si aspectos temáticos de la imaginería teotihuacana pueden considerarse parte integral de algunos desarrollos regionales de la imaginería mesoamericana. Cabe subrayar que la búsqueda del origen del estilo Mixteca-Puebla, o algún otro estilo, no está entre los propósitos de los avances que presento, pero sí el estudio de las posibles estructuras de significación que persisten en el tiempo, en un área cultural. Como se verá más adelante, algunos autores han supuesto cierta continuidad entre aspectos de los registros de los temas rituales y religiosos teotihuacanos y las imágenes identificadas con el estilo MixtecaPuebla; esta aseveración requiere ser puesta a prueba en el contexto del actual conocimiento de la imaginería teotihuacana.

Me ocuparé de la imagen visual teotihuacana, no en términos de arte sino de imaginería; es decir, que como imagen visual con determinadas funciones sociales de tipo religioso primariamente, pero no exclusivamente, tuvo aspectos políticos. La imaginería no es el único testimonio de la religiosidad teotihuacana; diversos trabajos arqueológicos han fructificado en evidencia material de actividades de tipo religioso-ritual en Teotihuacan, aunque dichos hallazgos son complementarios del tema en cuestión. En este caso me ocuparé sólo de las imágenes visuales.

Gracias a registros escriturarios, aunque también en imágenes visuales, es que se conocen temas míticos y del ritual cívico-religioso de la misma temporalidad que la imaginería teotihuacana (c. 250-600 d.C.), pero procedentes del sureste mesoamericano. En contraste, como se sabe, los grafemas teotihuacanos aún carecen de propuestas sistemáticas de traducción confrontadas con un corpus general, es por eso que en este trabajo trataré únicamente con imágenes visuales, aunque el tipo de soportes y medios en los cuales se presentan las muestras de posible escritura teotihuacana, indican que en la antigua Teotihuacan aspectos de los temas mencionados se actualizaron mediante grafemas (Valdez, 2012). Procuraré enfocarme en el planteamiento de los inicios de un estudio de tipo inductivo de casos particulares.

La investigación que presento tiene como punto de partida el estudio temático de la imaginería teotihuacana. Se presupone que los temas que han llegado hasta nosotros, plasmados en restos arqueológicos como imágenes visuales, tuvieron correlatos en una tradición oral hoy desaparecida. En otro trabajo propuse la identificación de algunos conjuntos de figuras de la plástica teotihuacana relacionados entre sí conforme a temas mítico-religiosos.6

Antecedentes

En la década de los setenta el historiador del arte prehispánico Arthur Miller describió aspectos formales de lo que podría llamarse la “tradición teotihuacana” de la plástica figurativa, proponiendo que “una bidimensionalidad de tipo teotihuacano aparecería de nuevo en los manuscritos pintados del posclásico” (1973: 28); Miller agregó:

[D]e hecho, los cánones de interpretación en un solo plano de las pinturas en los códices serían suficientemente similares como para sugerir que la ilustración de manuscritos en Mesoamérica pudo haber sido influida por la pintura mural teotihuacana. Los códices mayas también participan de esa bidimensionalidad, probablemente debido a que esos documentos del posclásico se pintarían bajo una influencia mexicana que se infiltraría en Yucatán en tiempos del posclásico. La pintura mural posclásica de Chichén Itzá, Tulum, Santa Rita y otras sería ejemplo de las tradiciones pictóricas Maya-mexicanas (Miller, 1973: 28).

Miller fue poco específico al describir los recursos de la bidimensionalidad en pinturas mesoamericanas de distintas culturas y épocas. Varias décadas después de la publicación de su trabajo cabría preguntarse si los cánones formales que menciona, en el contexto de lo que actualmente se conoce de la imagen visual mesoamericana, indicarían una influencia particularmente teotihuacana en los códices, y específicamente en aquellos identificados con el estilo Mixteca-Puebla.7 Es posible adelantar que la evidencia indicará que la construcción del espacio en la imagen visual por medio de la superposición de planos fue un recurso común en varias culturas de Mesoamérica desde etapas muy anteriores a la teotihuacana. Una influencia como la que asumió Miller en el contexto mesoamericano, transcultural y duradera, no puede ser identificada mediante la construcción del espacio en la imagen visual en los términos que esta autora propuso. Más bien cabría también preguntarse si el corpus de imágenes tanto teotihuacanas como del estilo Mixteca-Puebla derivaría o participaría en una tradición común y continua en el tiempo y cómo se expresarían sus desarrollos particulares.

Miller señaló semejanzas entre determinada pintura mural prehispánica e imágenes visuales teotihuacanas; pero en lo particular, no sistematizó comparaciones formales o temáticas entre códices y murales del posclásico mesoamericano y la imaginería teotihuacana. Este asunto fue abordado en la tesis presentada por Saeko Yanagisawa (2005: 12-24), donde la autora se propone “la búsqueda de las huellas de la tradición Mixteca-Puebla8 en el arte de Teotihuacan”. Yanagisawa entiende esa tradición como un estilo artístico9 del posclásico, que se desarrollaría en el área norte de Oaxaca y en el sur de Puebla10 y que se expandió por Mesoamérica, como apunta Nicholson (1960), a partir del periodo tolteca.

Yanagisawa intuye una larga tradición común manifiesta en la imagen visual, misma que incluiría la imaginería de Teotihuacan y variedad de manifestaciones de la plástica del posclásico. Esa tradición estaría testificada también, por ejemplo, en descripciones de deidades como Tlaloc en algunas fuentes documentales, como en la obra de Diego Durán, y en algunos códices del posclásico (Yanagisawa, 2005: 8). La misma autora parte de una definición formal del estilo Mixteca-Puebla para después plantear correlatos con la imaginería teotihuacana; consecuentemente, su aproximación al tema de investigación fue a partir de la forma plástica, manifiesta en aspectos como los siguientes:

espacio

indefinido

, no hay línea de soporte ni de horizonte;

diversas escalas en una misma escena, por ejemplo, la figura humana se representa en una proporción muy grande en relación con la de la arquitectura;

línea marco (contorno de las figuras siempre igual);

color aplicado con la misma intensidad dentro del área que delimita la línea marco;

oreja “hongo” (Yanagisawa, 2005: 17, con base en Robertson, 1959; Nicholson, 1977; Escalante, 1996).

Aspectos como la oreja hongo11 y la ausencia de una “línea de soporte” se presentan en algunas escenas de la plástica teotihuacana; las características de la aplicación del color, que retoma Yanagisawa, también formarían parte del canon teotihuacano, pero no serían exclusivos de éste, pues caracterizan a la plástica de varias culturas del Clásico mesoamericano. La línea de contorno tiene características específicas en distintas fases estilísticas de la pintura mural teotihuacana (Lombardo, 1995). Los rasgos formales del estilo Mixteca-Puebla que hemos mencionado hasta aquí resultan insuficientes para argumentar una relación de derivación entre ambos cánones, el teotihuacano y el Mixteca-Puebla. Es por esta razón que para avanzar en el conocimiento de la continuidad y la disyunción en la imagen visual del Centro de México del clásico al posclásico, es de particular relevancia el estudio de los aspectos temáticos que propongo.

Yanagisawa (2005: 20) también mencionó un lenguaje pictográfico característico del estilo Mixteca-Puebla, integrado por signos o logogramas, símbolos o ideogramas, y convenciones pictóricas y pictográficas; su finalidad sería la de transmitir información. Los medios y soportes del estilo Mixteca-Puebla que identificó son los siguientes:

códices (posclásicos y coloniales tempranos),

cerámica policroma laca cholulteca y mixteca,

pintura mural,

bajorrelieves,

artes menores como mosaicos de turquesa, metalurgia, objetos de hueso, madera y jade.

Los códices que Yanagisawa (2005: 23) consideró característicos del estilo Mixteca-Puebla son: Nutall, Vindobonensis, Bodley, Colombino, Selden, Egerton, Becker I y II, Borgia, Cospi, Vaticano B o 3773, Laud, Ferjéváry-Mayer, Porfirio Díaz reverso y Fonds Mexicain 20 También mencionó un corpus secundario de códices, procedente de un área distinta de la Mixteca-Puebla, con algunos más procedentes del Valle de México como el Tonalámatl de Aubin, Borbónico, Telleriano-Remensis, Mendoza y Magliabechiano Entre las muestras del estilo Mixteca-Puebla, Yanagisawa incluyó bajorrelieves mexicas, pintura mural de Tamuin, en San Luis Potosí; de Tulum y Tanacah, en Quintana Roo; de Mayapán, en Yucatán; de Santa Rita, en Belice; las cerámicas totonaca y huaxteca de Veracruz y otras procedentes del norte y el occidente de México y de la región de Nicoya (Yanagisawa, 2005: 24). Los aspectos temáticos del extenso corpus ya mencionado no formaron parte de esa investigación, más allá de la enunciación de un repertorio de figuras o motivos identificado por varios autores (Yanagisawa, 2005: 19-20; Nicholson, 1977; Ramsey, 1982; Lind, 1994; Escalante, 1996) y que son los que se listan a continuación:

discos solar y lunar

banda celeste

banda terrestre

ojos estelares

símbolo de Venus

cráneos o esqueletos

plumones de sacrificio

símbolos de guerra (agua y fuego, escudos, dardos y banderas)

caracol segmentado

greca escalonada en forma de “S” y volutas

jade o discos concéntricos

agua

fuego y flama

corazón

montaña o lugar

flor

formas zoomorfas (serpiente, jaguar, venado, conejo, araña y mariposa)

lágrima

casa o templo

piedra

vaso trípode globular

trono de base dentada o escalonada

tabla para el Fuego Nuevo

árbol quebrado

los 20 signos del calendario ritual (tonalpohualli)

hileras de esqueletos (a veces con corazón, las manos, etc.)

cruces (de San Andrés, griega, de Malta) y huesos cruzados

nubes o humo

“omega”

diamante o rombos

rayo solar

huesos o puntas de mague.

Entre los motivos o figuras enumerados por Yanagisawa se vislumbran algunos temas que requieren una argumentación que los sostenga en su identificación para el caso teotihuacano; por ejemplo, el calendario ritual, el Fuego Nuevo, la guerra y el sacrificio; actualmente me encuentro trabajando estos aspectos.

Yanagisawa (2005: 36-76) llevó a cabo una comparación de figuras identificadas en el estilo Mixteca-Puebla con figuras teotihuacanas, de la cual deriva una clasificación de seis grupos temáticos comunes a ambas tradiciones; es necesario subrayar que la identificación de las figuras teotihuacanas que se incorporarían al estilo Mixteca-Puebla tiene como base semejanzas formales. Esos grupos se presentan a continuación.

Elementos celestes:

discos solar y lunar

bandas celeste y terrestre

ojos estelares

símbolo de Venus

Elementos acuáticos:

discos concéntricos

agua

Símbolos de guerra:

Atl-tlachinolli

dardos con bola de plumas

dardos con escudos

banda con chevrones

Arquitectura:

greca escalonada

trono

piedra

Sacrificio:

cráneos y esqueletos

hueso

fila de esqueletos alternando con huesos cruzados, corazones o pedernales

punta de maguey

punzón de hueso

corazón

zacatapayolli

fuego

humo

incineración de bulto funerario

Símbolos calendáricos:

signo del año

Yanagisawa (2005: 77-84) concluye que las siguientes figuras y combinaciones de motivos integrarían lo que denomina “lenguaje pictográfico” de la tradición Mixteca-Puebla y Teotihuacan:

voluta de la palabra

huellas de pie

hombre-mujer

ancianos

procesiones de sacerdotes

muertos con ojos cerrado.

Entre los componentes de ese “lenguaje pictográfico” Yanagisawa identifica también un conjunto temático fundamentado en la actividad ritual, las procesiones de sacerdotes; pero los conjuntos identificados por esta autora no presentan una sistematización de los criterios de identificación. Los correlatos que sí identifica Yanagisawa en Teotihuacan son concebidos como antecedentes del estilo Mixteca-Puebla. No fue su propósito establecer cuáles serían los nexos temáticos desde el punto de vista de la imaginería teotihuacana; pues mayormente se trató de figuras aisladas de sus contextos compositivos. Las referencias a mitos, ritos y sus actantes, que serían temas fundamentales de la imaginería religiosa, aún deben ser estudiadas. Con el propósito de comenzar a subsanar las carencias mencionadas propongo un punto de vista distinto del problema, pues la imaginería teotihuacana posibilita la integración de conjuntos temáticos con rasgos característicos autóctonos, algunos de los cuales parecen haber tenido desarrollos hasta los tiempos del estilo Mixteca-Puebla. También es necesario subrayar que en el gran contexto mesoamericano la presencia de motivos formalmente parecidos en materiales de culturas, tiempos y espacios distintos, no implicaría necesariamente un origen común ni una continuidad en su significación, pues el intercambio económico e ideológico entre élites de distintas culturas no fue un fenómeno extraño en el desarrollo de Mesoamérica y puede ser rastreado desde el Preclásico.

En Teotihuacan, con el fin de abastecer a la población, se promovería la interacción con poblaciones asentadas a corta y larga distancia, y se requerirían rutas seguras para llevar a cabo con éxito este propósito, propiciando así el intercambio ideológico entre diversas culturas en distintos niveles. La presencia de rasgos identificados como característicos de Teotihuacan en asentamientos contemporáneos se ha interpretado como un probable producto de tales dinámicas; un ejemplo de esto es el sureste mesoamericano (Stuart, 2000; Boot, 2009).

Se identifica presencia ideológica maya en la plástica teotihuacana de Tetitla (Millon, 1973; Taube, 1993) y en restos de objetos de cerámica hallados en varios conjuntos arquitectónicos teotihuacanos como La Ventilla, pero este intercambio en el nivel de la imagen visual se encuentra lejos de formar parte integral del canon teotihuacano.

Hay al menos dos ámbitos en los que es posible clasificar las influencias teotihuacanas en la plástica de otras locaciones y culturas de Mesoamérica, uno es el sincrónico y el otro el diacrónico; es necesario mencionar el llamado corredor teotihuacano, en el cual García Cook (2013) detecta en otros asentamientos de distintos niveles diversas escalas de influencia teotihuacana contemporánea al desarrollo de esa urbe; “[l]a cultura teotihuacana […] se localizó tanto al norte y oeste de Tlaxcala como en un ‘corredor’ que cruzaba al norte y oriente de la Malinche para internarse al valle poblano y continuar hacia el valle de Tehuacán y Oaxaca o bien hacia el Golfo centro-sur” (García, 2013: 8). Rasgos identificados con Teotihuacan se encuentran en la imaginería de poblaciones del Clásico Temprano en la zona maya y en los actuales estados de Chiapas, Oaxaca, Veracruz, Estado de México y Guerrero, y son índices de intercambios prolongados. Por otra parte, Abascal y Dávila (1976: 44) argumentan acerca de una antigua ruta de intercambio entre el altiplano central, la costa del Golfo y la zona maya, que persistiría luego de la caída de Teotihuacan y propiciaría una plástica ecléctica en varios asentamientos emblemáticos del epiclásico; no obstante, el desarrollo de ese tema excede los límites del presente trabajo.

Hay un hiato temporal que separa la caída de Teotihuacan del desarrollo del estilo Mixteca-Puebla: ¿qué ocurrió con el canon teotihuacano durante el epiclásico? Quizá en una primera instancia se desintegró en lo que respecta a su asociación con el control o poderío de la metrópoli caída. Sin embargo, los valores y atributos de grupos socialmente poderosos expresados por medio de la imagen visual seguirían siendo válidos, ya que hay elementos identificados con la plástica asociada con el poder teotihuacano en culturas del epiclásico, en sitios como Xochicalco, en poblaciones cercanas a Teotenango, en Cholula y en Cacaxtla. Se trata de una multiplicidad de sitios en los cuales tanto símbolos como imaginería debieron tener en su momento valores específicos que expresarían identidades contrastantes entre sí las cuales, sin embargo, compartían aspectos comunes del imaginario. En algunos sitios del epiclásico, como se sabe, aparecen rearticulados de maneras novedosas componentes de la imaginería asociada con distintas culturas. Entre esos componentes estarían los elementos que formaban parte del canon teotihuacano. En tiempos posteriores a la caída de Teotihuacan cabe la posibilidad de que los elementos de la plástica que antaño estuvieron asociados con esa urbe hayan perdido tal carga de significado, pero que prevalecieran como parte integral de la imagen del poder y la religiosidad institucional. Hay también figuras y motivos que se han correlacionado con los valores de la imaginería teotihuacana en Tula, que como se sabe corresponderían al posclásico temprano, de 900-1150 a 1200 (Mastache y Cobean, 1985: 280).

El declive de la importancia política y económica de Teotihuacan en Mesoamérica no propició el rechazo de la imaginería que alguna vez fue un índice del poderío de la antigua urbe, al menos en varios asentamientos emblemáticos del periodo epiclásico y en la Tula del posclásico temprano. La interpretación de esto último es difícil, pues aunque es posible que la asociación específica de la imaginería con el prestigio que alguna vez detentó Teotihuacan se haya diluido o incluso perdido tras su caída, también es posible suponer que, por el contrario, se preservara o reapareciera en el imaginario en distintos momentos como un índice relacionado con la sacralidad y la legitimación del poder, por alusión a antiguas glorias. Algunos temas que una vez fueron parte del canon y del imaginario teotihuacano prevalecerían hasta el posclásico tardío, temporalidad en la cual se inscribe el Códice Borgia, y en cuya imaginería es posible identificar haces de figuras interrelacionadas mediante referencias a acciones. Desde una mirada retrospectiva, algunos de esos conjuntos fueron significativos en contextos teotihuacanos y al parecer continuaron siendo parte de los ámbitos de significación de la imaginería cívico-religiosa de varias culturas.

Las referencias a la mitología y al ritual cívico-religioso en el Códice Borgia y en los murales teotihuacanos se manifestarían como imágenes visuales de:

lugares sagrados

personajes sagrados

actos sagrados

palabras sagradas

12

Las imágenes visuales de actividades de culto se considerarán referencias a lo sagrado en los términos de una cultura dada, pero también las que figuran los fundamentos del culto.13 Algunos aspectos de la imaginería de temas míticorituales se definirían con base en asuntos como los arriba listados. La plástica teotihuacana contiene abundantes referencias a dichos asuntos; se han identificado posibles figuras y escenas mitológicas y de culto. Los temas presentados por medio de imágenes visuales que no es posible asociar de manera más o menos evidente con la religiosidad se considera que responderían a principios de referencia propios del ritual meramente cívico u otros a la fecha no identificados.

Al parecer, gran parte de la imagen visual teotihuacana que conocemos actualmente tendría justificación en el ritual cívico-religioso que se llevaría a cabo en distintos ámbitos de la urbe. Aunque gran parte de los medios conservados, como la pintura mural y la escultura monumental, están relacionados con las actividades de las élites, éstos no son los únicos, pues se han conservado también soportes de imágenes de amplia distribución social (Valdez, en prensa).

He mencionado que a partir de una propuesta de clasificación temática de la imaginería teotihuacana14 plantearé casos particulares de relaciones entre componentes susceptibles de comparación con la imaginería del Códice Borgia. Comenzaré por un detalle del tonalamatl del Códice Borgia (Seler, 1963; Batalla, 2008) y un mural teotihuacano del conjunto arquitectónico de Atetelco.

Una muestra de lo anterior se presenta en la figura 1, en la cual se comparan imágenes con elementos comunes como garras de aves y cuchillos asociados con el sacrificio. Esos elementos comunes se vuelven significativos pues ambas imágenes comparten contextos temáticos; en este caso, la probable referencia a ofrendas y sacrificios de sangre.

Los soportes son notoriamente diferentes no sólo debido a los medios utilizados, sino por sus funciones. El tonalamatl del Códice Borgia tuvo funciones adivinatorias, mientras que el mural teotihuacano se encuentra en un pasillo de una estructura arquitectónica de tipo administrativo en la cual hay pintadas multiplicidad de referencias a actividades rituales, pero el tema calendáricoadivinatorio está ausente. De aquí se derivaría que las imágenes en ambos casos funcionaban de maneras distintas. Es posible proponer que algunos aspectos de las ofrendas con sacrificio de aves habrían sido comunes desde tiempos teotihuacanos.

Figura 1. Posibles referencias a ofrendas en el Códice Borgia y en la pintura mural teotihuacana. Detalle de la lámina 6 del Códice Borgia y detalle de pintura mural del Corredor 2 del Patio Norte de Atetelco (reproducido por la autora).

Otra muestra es la que se presenta en la figura 2, en la cual se contrastan un fragmento del tonalamat, que se menciona líneas arriba, y la pintura mural teotihuacana que se conoce como Las Ofrendas

En la figura 2 nuevamente se comparan posibles referencias a actividades del ritual de ofrenda; en ambos ejemplos los ofrendantes son figuras masculinas, posicionadas sobre una franja acuática. Se derivan conclusiones semejantes a las del ejemplo anterior: la referencia a oficiantes de culto en un entorno acuático sería característica de la expresión de algunas actividades de ofrenda, mediante imágenes visuales.

La imaginería teotihuacana y la del estilo Mixteca-Puebla presentan temas y soluciones compositivas similares en varios medios y soportes. En el caso teotihuacano serían la pintura y el grabado sobre cerámica, y la pintura y el relieve en muros, entre otros. En el estilo Mixteca-Puebla se conservan composiciones en pintura mural y en códices que coinciden de manera significativa, aunque cada uno de los medios podría determinar aspectos de la imaginería. Como se sabe, los códices son un soporte que no se encuentra en el registro arqueológico en Teotihuacan.

Figura 2. Posibles referencias a ofrendantes en el Códice Borgia y en la pintura mural teotihuacana. Detalle de la lámina 1 del Códice Borgia y detalle del mural de Las Ofrendas, Templo de la Agricultura, Teotihuacan (reproducido por la autora).

A continuación mencionaré algunas observaciones de Sylvie Peperstraete (2006) acerca de las relaciones entre recursos formales, temas, medios y soportes en murales del estilo Mixteca-Puebla y códices.

El Códice Borgia y los murales de Ocotelulco y Tizatlán

Peperstraete señala rasgos formales comunes entre murales prehispánicos hallados en Tehuacán Viejo, en Puebla (cfr. Sisson, 1994) y Ocotelulco y Tizatlán, en Tlaxcala, todos identificados como muestras del estilo Mixteca-Puebla. Uno de esos rasgos es el que Peperstraete señala como compartimentación, algo que también se encuentra en el Códice Borgia, en la sección adivinatoria. La compartimentación se refiere a la manera de presentar las celdas de las ofrendas; también se encuentra en las secciones mítico-rituales de este códice, en los compartimientos con un punto en el centro (Peperstraete, 2006: 15). La compartimentación parece ser un rasgo que define el canon teotihuacano; tanto en el ejemplo de Atetelco como en el del Códice Borgia hay deidades centrales enmarcadas por figuras de serpientes (véanse las figuras 3 y 4).

Además de los rasgos formales ya mencionados, Peperstraete encuentra en las pinturas de Ocotelulco referencias a la oscuridad, a la noche y a la humedad, las que podrían denominarse como constituyentes de un conjunto paradigmático que también es común en los códices. Motivos circulares identificados en los murales, es decir, estrellas y líneas como agua y plumas de Chalchiuhtotolin tendrían, según esta autora, correlatos en el maxtle de Tezcatlipoca del Códice Borgia (Peperstraete, 2006: 19). También incluye en sus observaciones el Códice Magliabechi, al señalar que en él hay una referencia a la misma deidad postrada sobre un asiento con la misma forma que el altar de Ocotelulco (Peperstraete, 2006: 9-20). Señala también elementos aislados, presentes en los murales mencionados y en el Códice Borgia, como la banda celeste nocturna, los chalchihuites y las bolas de plumón (véase la figura 5 en la pág. 36).

Peperstraete identifica en los murales mencionados serpientes con garras, ojos estelares y penachos de plumas en la cola; y otras serpientes emplumadas, con brazos, garras, ojos estelares y cuchillos como portadoras de elementos terrestres. Los dos tipos de serpiente ya mencionados son comparados por esta autora con seres acuáticos y terrestres, asociados con la imagen de la banda terrestre. Cabe aquí señalar que personajes descritos como serpientes en la pintura mural teotihuacana se presentan en la posición de bandas celestes y bandas terrestre-acuáticas, pero en ocasiones tienen rasgos diagnósticos de felinos o cánidos y suelen presentar extremidades. El contexto de los altares como soportes para las imágenes de serpientes también se presenta en Teotihuacan en conjuntos arquitectónicos como Atetelco, como se ve en la figura 3.

Figura 3 Ejemplo teotihuacano de compartimentación con figuras de serpientes en el contexto ritual. Atetelco, altar del Patio Pintado, Basamento Norte, fachada principal y Atetelco, Patio Pintado, Adoratorio Central (reproducido por la autora).

Figura 4 Ejemplo de compartimentación con figuras de serpientes en el contexto ritual. Códice Borgia, lámina 72, sección “Los dioses de nuestra existencia” (reproducido por la autora).

Figura 5 Ejemplos de compartimentación con figuras de serpientes con extremidades en la pintura del Pórtico 2 del Templo Este del Cuarto Blanco de Atetelco y en la pintura del altar de Ocotelulco (reproducido por la autora).

Los asuntos que señala Peperstraete en los murales de Tlaxcala y que a continuación se presentan tendrían correlatos en la imaginería teotihuacana:

Serpientes con espinas como referencia a la tierra y la noche. En Teotihuacan se presentan figuras de serpientes y entes con el cuerpo alargado y con patas cuyo cuerpo está atravesado con cuchillos y espinas de maguey, tanto en altares como en muros; esos personajes se sitúan en contextos celestes y acuático-terrestres y, en Atetelco, con frecuencia presentan referencias a la ofrenda y sacrificios de sangre, pero en los murales de Tetitla y Techinantitla hay claras asociaciones entre zoomorfos alargados, el ámbito celeste e incluso la lluvia.

La pintura facial de personajes armados del altar de Tizatlan. En la pintura mural teotihuacana se registra la pintura facial formada por franjas horizontales en personajes armados.

Recinto de cuchillos en la pintura mural. Los ambientes formados por cuchillos en la pintura mural de Teotihuacan están presentes en escenas con temas sacrificiales y míticos.

Cráneo atravesado por un cuchillo. Este tema se presenta tanto en la cerámica como en la pintura arquitectónica teotihuacana, en contextos que se han asociado con el ritual funerario y cívico-religioso.

Peperstraete identifica una relación entre decapitación y fertilidad en los murales de Ocotelulco y en la lámina 44 del Códice Borgia. El tema de la decapitación en actividades rituales está atestiguado en la pintura mural teotihuacana; además, aunque se trata de referencias de muy distinta naturaleza, al parecer en Teotihuacan se realizaba con frecuencia un rito que incluía desmembramiento con decapitación que era llevado a cabo en figurillas de cerámica (Fonseca, 2008: 181).

Comenté brevemente algunas observaciones de Peperstraete, como ejemplo de una investigación en la cual se estudiaron temas religioso-rituales en la imaginería transmitida en soportes y medios distintos, pero identificados con un mismo estilo, y con esto inicié los comentarios acerca de la presencia en la plástica de Teotihuacan de unidades de sentido integradas por imágenes visuales y que parecen haber persistido en contextos religiosos de la plástica del posclásico tardío. Ahora mencionaré algunas líneas de investigación acerca de temas religioso-rituales que, a manera de hipótesis, se presentan en muestras teotihuacanas, pero también en dos secciones funciona l e s d e l Códice Borgia identificadas tempranamente por Seler (1963: 11-63) como un tonalamatl y los 20 señores de los días.

La referencia a los asuntos sagrados por medio de la imaginería se manifestaría en, al menos, tres campos de análisis:

Referencias a acciones sacras. Para el ritual cívico-religioso se presentarían actividades de culto identificables por su gestualidad y por actos realizados con auxilio de estructuras y equipo específicos. Otro sería el caso de referencias a acciones míticas, por ejemplo, de tipo fundacional, en las cuales participarían deidades o héroes culturales.

Referencias a lugares sacros. Estarían señalados por medio de símbolos específicos; referirían a lugares de realización de actividades de culto o lugares míticos relacionados, por ejemplo, con actos fundacionales.

Referencias a actantes sacros.

15

Serían imágenes de oficiantes de culto, parafernalia de culto o seres sagrados —sobrenaturales o deidades.

16

Los tres campos mencionados serían ejes rectores generales de variedad de asuntos particulares referidos en variedad de muestras, y son útiles para el estudio temático de la imaginería de distintas culturas. En la pintura mural y en la imaginería sobre cerámica, para el caso teotihuacano, pero también para el tonalamatl del Códice Borgia, en los “compartimientos” relacionados con ofrendas y actos sacros habría, por ejemplo, los siguientes campos comunes integrados por figuras y episodios específicos, mismos que serán desarrollados en un trabajo posterior:

Elementos locativos que forman parte de actos míticos y actividades rituales, muchas veces de ofrenda, y que establecen referencias a ambientes; desde el punto de vista teotihuacano habría, por ejemplo, franjas comúnmente llamadas “cenefas”, que indican los ámbitos acuático-celeste y acuático-terrestre, en el Pórtico 2 de Tepantitla; otros elementos locativos como los piolilobulados, identificados como referencias a “cerros”, indicarían escenarios apropiados para actividades mítico-rituales.

Actantes, como aquellos que participan en las acciones fundamentales de procesos rituales, principalmente de ofrenda, pero también de escenas míticas —tanto sujetos como objetos—; un ejemplo teotihuacano de actantes está en la escena de la parte superior del muro del mismo Pórtico 2 de Tepantitla, donde dos actantes ofrendan a un actante objeto de culto del que mana un actante en forma de gotas de líquido, que genera una corriente de agua.

Acciones de varios tipos, que pueden ser parte de mitos de distintos tipos y referencias a la liturgia del ritual cívico-religioso, como las ofrendas. En ocasiones las acciones pueden ser referidas por medio de recursos de la retórica visual; por ejemplo, por el principio de “la parte por el todo”, en cuyo caso se recurre a elementos como figuras de brazos en acción; referencias al desplazamiento, como serían el descenso y ascenso, por medio de figuras de pisadas y otros muchos elementos. Esos recursos son típicos de la imaginería teotihuacana y de la del mencionado

Códice Borgia

Algunos campos de análisis pueden presentarse integrados en escenas de acción, o como referencias al estado de lugares y figuras varias. A continuación se presenta un ejemplo visual de dicha integración.

En la figura 6 tenemos otra vez la confrontación de una escena del Códice Borgia de la sección identificada con los 20 señores de los días, con un mural teotihuacano procedente de un interior del conjunto arquitectónico de Tetitla. En ambos casos se trataría de actividades relacionadas con lo sagrado, pues las conchas de moluscos tienen amplia presencia en contextos rituales teotihuacanos. En las escenas se presentan actantes, así como acciones y referencias locativas.

Conclusión

El tipo de aproximación al estudio y a la clasificación temática de la imaginería que propongo se basa en varios asuntos que atañen a las concepciones de lo sagrado y del mito; dichos asuntos hacen factible una comparación transcultural y diacrónica entre la imaginería teotihuacana y la del Códice Borgia la cual para ser explicada cabalmente requiere un seguimiento diacrónico de las transformaciones conceptuales y narrativas. Para desarrollar una comparación transcultural y diacrónica del discurso visual de la imaginería teotihuacana con la de la Mixteca-Puebla, los estudios formales no bastan: es necesario integrar las interpretaciones temáticas, tanto las recientes como las que no lo son, acerca de las unidades de significación de la imaginería teotihuacana.

Figura 6 Ejemplos de escenas de actividades relacionadas con la recolección de fauna acuática en contextos relacionados con la religiosidad. Tetitla, Pórtico 26, detalle de pintura mural con el tema de la pesca y recolección con red, y detalle del Códice Borgia, lámina 13, sección “Los 20 señores de los días” (reproducido por la autora).

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Notas

1 Siguiendo al Grupo µ (1993: 11-21) en el contexto de la investigación y la formulación de una retórica visual, por imagen visual se entenderá un sistema de significación planteando la hipótesis de que ese sistema posee una organización interna autónoma. El estudio de la imagen consistirá en elaborar un modelo que ilustre ese sistema de la forma más explícita y más general posible. En el estudio de la imagen visual se subraya el contraste entre signos no miméticos y el iconismo, entendido este último como lo figurativo. Para el Grupo µ “[e]l mensaje icónico es una selección con relación a lo percibido”, precisando que “hay una continuidad práctica entre lo plástico [forma, color y textura] y lo icónico” (Grupo µ, 1993: 21).

2 En el caso que nos ocupa la “sustancia de la expresión” (cfr. Hjelmslev, 1974: 73-89) puede ser gráfica y presentarse como imágenes visuales o como escritura. La “forma de la expresión” (cfr Hjelmslev, 1974: 73-89) o el modo en que se lleva a cabo la sustancia de la expresión, en nuestro caso, correspondería a cómo se construyó una figura para que pueda ser identificada como imagen visual en una cultura dada, o cómo se escribió. La sustancia de la expresión de índole fónica se correlaciona con cómo se pronunciaría una forma escrita, pero no se preserva en el registro arqueológico.

3 La “sustancia del contenido” (Hjelmslev, 1974: 73-89) refiere a cualidades intrínsecas o esenciales; por ejemplo, en determinado ámbito de la cultura occidental podemos describir los colores que culturalmente se reconocen como determinadas gamas de frecuencias lumínicas visibles, reconocidas como discretas; por otra parte, la “forma del contenido” (Hjelmslev, 1974: 73-89) se puede ejemplificar en español con la palabra “verde” o “green” en inglés, que indican la sustancia del contenido. Dichas relaciones difieren según la época y la cultura en que se presentan y, desde luego, son reinterpretadas a su vez por aquellos que se ocupan de estudiar las culturas arqueológicas.

4 Entiendo por imaginería la plástica figurativa que refiere en un primer término a episodios sagrados (míticos o rituales).

5 Valdez Bubnova, en prensa.

6 Valdez Bubnova, en prensa.

7 Los arqueólogos Smith y Heath-Smith consideran dos modelos para definir el cambio de la época teotihuacana y la situación en Mesoamérica tras la caída de esa urbe: a uno lo llaman paradigma de área cultural y se caracterizaría por una influencia excéntrica y nuclear, implicaría una difusión de rasgos culturales del centro a la periferia; el caso teotihuacano sería un ejemplo. Al otro modelo lo nombran esfera de interacción y carecería de un foco cultural dominante; los autores se basan en el trabajo de Friedl (1979) y describen este paradigma como “no nuclear”, con un desarrollo regional de instituciones de élite. Ejemplos de esto serían, para el posclásico temprano y el posclásico medio, los asentamientos en rutas costeras y las rutas “periféricas” (Smith y Heath-Smith, 1980: 29).

Siguiendo esta propuesta se puede sugerir, a grandes rasgos, que tras una influencia cultural teotihuacana sobre áreas específicas de Mesoamérica, en las cuales se adoptarían en distintos sitios modelos plásticos de la urbe, se desarrollaron varios sitios en los cuales las élites, mediante una expresión plástica ecléctica, se identifican con rasgos derivados de diversas culturas dominantes, significativos en el contexto de la imaginería del poder político y religioso.

Por otra parte, Smith y Heath-Smith (1980: 19) proponen dividir los estudios que identifican un estilo Mixteca-Puebla: aquellos que por esa denominación entienden un estilo religioso del posclásico mayormente temprano, representado principalmente por los motivos de la serpiente emplumada y el xicalcoliuhqui —también señalan una tendencia panmesoamericana hacia una unificación religiosa, más marcada y documentada en el posclásico tardío—; otro tipo de estudios serían los que por Mixteca-Puebla entenderían el estilo códice mixteco, más narrativo, y que típicamente involucra relaciones entre varios motivos o figuras humanas, divinas y otras en actividades seculares y ceremoniales (Smith y Heath-Smith, 1980: 31-32); por otra parte, estarían los estudios de aquellos autores que refieren a la esfera regional de la cerámica MixtecaPuebla. Para el presente trabajo es particularmente relevante el estilo religioso del posclásico

8 Para definir estilo Mixteca-Puebla Yanagisawa recurre al trabajo de George C. Vaillant (1941) quien acuñó el término, y también al de Michael D. Lind (1994), que considera la cerámica polícroma cholulteca que aparece aproximadamente entre 950 y 1550 d.C. como el ejemplo más antiguo. También menciona a Henri B. Nicholson (1977) —quien en los años cincuenta definió el concepto Mixteca-Puebla como un estilo-horizonte y después como una tradición estilística e iconográfica— y a D. Robertson (1959); ambos definirían la tradición “que se expandió durante el horizonte posclásico por casi toda Mesoamérica”. Robertson definiría un estilo mixteco, al referirse, según Yanagisawa, sólo a “los rasgos considerados desde el punto de vista formal y no incluye las cualidades iconográficas, lingüísticas ni las geográficas” (Yanagisawa, 2005: 12-14).

9 Yanagisawa (2005: 4) define “estilo” como “una manera más o menos regular de expresar una obra de arte mediante formas”.

10 Zona cultural, económica y política compartida por los estados de Puebla, Guerrero y Oaxaca. Su cohesión está fundada en la ocupación histórica del pueblo mixteco, y porque en esa zona convergen el Eje Neovolcánico y la Sierra Madre del Sur.

11 En los murales del Corredor 1 del Patio Blanco de Atetelco se puede apreciar una variante teotihuacana de la llamada “oreja hongo”.

12 Según Bolle (2005: 6359-6360) el mito se basa en uno de tres tipos de expresión religiosa: habla sagrada, actividades sagradas y lugares sagrados. Tal como ocurre en la mayoría de las tradiciones junto con los lugares sacros u objetos (símbolos) y actos sacros (esto es culto, rituales, sacrificios y actos ceremoniales).

13Cfr Carsten Colpe (1987: 7964-7978).

14 Valdez-Bubnova (en prensa).

15 Greimas y Courtés (1982: 23-25), siguiendo a Tèsnière (1959) definen “actante como el que realiza o sufre el acto, independientemente de cualquier otra determinación”, refiriendo a seres o cosas que participan en el proceso, en el contexto de una actividad, en una narración. “En esta perspectiva, el actante designará a un tipo de unidad sintáctica, de carácter propiamente formal, previo a todo vertimiento semántico y/o ideológico”.

16 Según Renfrew (1985) la evidencia arqueológica de prácticas de culto debe ser entendida como indicador de actividades que se realizan por medio de estructura y equipo específicos en lugares sacros, estos últimos señalados mediante símbolos. Las prácticas de culto involucrarían oficiantes de culto y gestos especiales, también sacrificio y ofrenda; se dirigen a seres sagrados, sobrenaturales o deidades.

El sistema de escritura de los aztecas y sus herederos: características prominentes en los códices1

Gordon WhittakerUniversidad de Göttingen

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