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Toda historia tiene un comienzo, y la historia de cómo se gestó un libro no es la excepción. Esta historia tiene más de veinte años, y creo valioso saber cuáles fueron los orígenes de Los espíritus del aire, porque más que un libro es el resumen de un pensamiento que se plasmó por primera vez en la década de los noventa. Estas ideas, que por aquel entonces fueron aceptadas por sólo unos pocos, hoy cobran otra dimensión. Hoy ya no suena tan extraño el vincular el fenómeno ovni con los estados ampliados de conciencia, pero hace veinte años, cuando se escribió la primera versión de este documento, "mezclar" estos temas era casi una herejía.
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Seitenzahl: 447
Veröffentlichungsjahr: 2024
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Ovnis, visiones y antropología transpersonal
Diego Rodolfo Viegas
Los espíritus del aire
Ovnis, visiones y antropología transpersonal
D.R. © Diego Rodolfo Viegas
D.R. © Lunaria Ediciones
Primera edición
Nueva Tenochtitlan, 2022
ISBN: 978-607-99304-1-7
www.lunariaediciones.com
Prólogo
por Néstor Berlanda
Nota preliminar
Primera parteEspíritus celestes
1 El nuevo ovni psicodélico de McKenna
2 Ovninautas mayas e incas
3 Ovni en la selva, jaguar en la ciudad
4 Abducción y religión: un encuentro con lo otro
5 Abducción y folclor: los modernos raptos celestes
6 Abducción y chamanismo: la conexión iniciática
7 Juan Oscar Pérez, ¿extraterrestres o iniciacion guaraní?
8Wejlaj-las: los “hijos de la luna” entre los chorotes
9 Los kalkü del espacio
10 Espacio profundo nueve
11 El mundo azul: psilocibina, vimanas y éxtasis Sci-Fi
12 Duendes, gnomos y enanitos verdes: ¿habitantes del mismo “otro mundo”?
13 Los aliados de don Juan (y los de don Tansley)
14 Psicología transpersonal y ovnis: el “vuelo” de Grof
15 Aliens arquetípicos y psiconautas, encuentros cercanos
16 El ovni como experiencia enteogénica social en el Occidente desacralizado
Segunda parteEspíritus telúricos
17 El proyecto Hessdalen y la experiencia de Grosso
18 Paul Devereux y las luces de la tierra
19 Holger Kalweit, César de Vesme y Diego Escolar: bolas de fuego y las luces malas
20 De los signos de Motecuhzoma a los signos de Jung
21 De ovnis, apariciones marianas y videntes disminuidos
22 Un poco de filosofía ufológica
Tercera parteEspíritu absoluto
23 De Jenófanes a Platón ¿qué es la realidad?
24 El noúmeno: Kant, Schopenhauer y los extraterrestres
25 La teoria cuántica y la sintérgica
26 Hacia una filosofía de la trascendencia
Apéndices
I Una abducción típica (¡pero enteogénica!)
II Encuentros sexuales con extraterrestres y bodas chamánicas
III Los ovnis dentro de la clasificación narrativa folclórica
IV Jung y el mito de los platillos voladores
V John Mack y Terence McKenna, mano a mano
Notas
Bibliografía
A mis padres: Rodolfo y Lilia, con infinito amor.
A Efre Sergio Gallini, por todo.
Al grupo cifo y al equipo del boletín Ufología Racional, de la ciudad de Rosario, en Argentina, donde por primera vez nació este libro, mucho más pequeñito, en forma de artículo, en el número 6/7 del año 1999 (a todos, y en especial al Dr. Néstor Berlanda, Luis Alberto Pacheco, Fabián López y Juan Marcelo Encalada).
A la Fundación Mesa Verde, que cobijó, nutrió e hizo crecer a aquel artículo hasta verlo mayorcito, en su primera versión en formato de librillo casero (y fotocopias) para un reducidísimo número de lectores amigos, hacia el año 2000. Luego, Editorial Dunken (Argentina) cumplió el sueño de imprimir la segunda versión revisada y ampliada, exactamente veinte años después de escribirse, en una cuidada y merecida edición cuya tirada está a punto de agotarse.
A Ibrahim Gabriell y Oneiros Speculum, de los colectivos MindSurf y ViaSynapsis, y a Jacinto Martínez y el equipo de Lunaria Ediciones, que se interesaron en publicar esta tercera versión en mi querido México, nuevamente ampliada, con una reciente sección y un cuarto y quinto apéndices. Gracias a ello Los espíritus del aire sigue creciendo, tanto que ahora viaja por el hemisferio norte de la Patria Grande, continuando y ampliando sus cuestionamientos “transpersonales” iniciados hace dos décadas.
A mis amigas y amigos, y a los pueblos originarios de México.
Toda historia tiene un comienzo, y la historia de cómo se gestó un libro no es la excepción. Esta historia tiene más de veinte años, y creo valioso saber cuáles fueron los orígenes de Los espíritus del aire, porque más que un libro es el resumen de un pensamiento que se plasmó por primera vez en la década de los noventa. Estas ideas, que por aquel entonces fueron aceptadas por sólo unos pocos, hoy cobran otra dimensión. Hoy ya no suena tan extraño el vincular el fenómeno ovni con los estados ampliados de conciencia, pero hace veinte años, cuando se escribió la primera versión de este documento, “mezclar” estos temas era casi una herejía. Es este uno de los puntos fundamentales a considerar en el trabajo de su autor: se adelantó más de veinte años al pensamiento que circula hoy día (por ejemplo, en el mundo anglófono, en la voz de autores como Anthony Peake, quizás Andrew Gallimore o David Luke), y esto no es algo menor. Por ello resulta fundamental, para todos aquellos amantes del misterio de lo humano, la posibilidad de acceder a este material actualizado, revisado y ampliado.
La historia comienza en 1990, cuando el hoy abogado y antropólogo Diego Viegas, de manera conjunta con Juan Marcelo Encalada y Andrés Torres, nos propuso a mí y a otros sobrevivientes de los grupos de investigadores de ovnis en nuestra ciudad de Rosario nuclearnos en una única entidad que pudiera contenernos a todos. Nació así el grupo CIFO (Círculo de Investigadores del Fenómeno Ovni). La principal característica del grupo era que muchos veníamos del campo de la salud mental, la filosofía, la antropología sociocultural, la informática y la historia –ya sea como estudiantes o graduados–, y esa característica multidisciplinar nos llevó a replantearnos el tema y buscar otro enfoque que nos permitiera encontrar otras pistas en el laberinto que es el fenómeno ovni.
Largas horas de charlas, debates y discusiones permitieron darle un orden a las ideas que cada uno traía y conformar así una línea de pensamiento que contuviera todas estas preguntas y aportara alguna dirección en lo que pretendíamos investigar. Con el CIFO habíamos llegado a un nivel de abstracción en cuanto a lo que pensábamos del tema ovni, más allá de seguir mordiéndonos la cola en lo puramente intelectual, que sabíamos no nos llevaría a ninguna parte. Debíamos dar un salto y ser coherentes con nuestras ideas: si el fenómeno ovni se relaciona con los estados no ordinarios de conciencia, si había algo más, si las tradiciones de todos los pueblos en todos los tiempos hablaban de ello, si creíamos que se podía “tentar” al fenómeno, debíamos procurar ir más allá, y no quedarnos en meras hipótesis y especulaciones; debíamos traspasar la frontera y como buenos fanáticos de la serie Star Trek: “Llegar hasta donde jamás ha llegado el hombre”. Claro que en este caso no éramos ni los primeros, ni los únicos. Había quienes auténticamente conocían el mapa y lo venían utilizando desde hace 40 000 años.
Se trataba de sumergirse en un terreno desconocido, más cuando en esa época había muy poca información a la que pudiéramos acceder; la oferta comercial de acceso a internet en Argentina estuvo realmente disponible hacia 1995, no existían aún las redes sociales, y no sólo había poca literatura impresa en circulación acerca de los enteógenos, sino que el cruce entre ovnis y estados ampliados de conciencia (EAC) apenas se había esbozado en algunos autores que prácticamente no se conocían en nuestro idioma (los hermanos McKenna, Jim DeKorne, Luis E. Luna, Kenneth Ring o, tal vez, Robert Anton Wilson).
En un punto debíamos ser coherentes con nuestras ideas, y la etapa de las reuniones, lecturas y especulaciones había concluido. Si existía un modo, debíamos intentar poner en práctica si algo de lo que sosteníamos era factible de comprobación. Fue así que nos adentramos –no precisamente de a poco, como sería lo recomendable, sino absolutamente de lleno– en el mundo de los estados no ordinarios de conciencia y el chamanismo.
El mundo del chamán no es lo que generalmente aparece en las publicaciones new age de las redes sociales, ni en los edulcorados cursos de chamanismo de fines de semana. Es un mundo totalmente predatorio, misterioso, alarmante, muchas veces insensible o intimidante para el que golpea la puerta, y una vez que se abre uno no se anima a entrar.
Y allí fuimos, con la confianza del uno en el otro, con el amparo, la contención y la protección del propio grupo ya afianzado en los años previos. Nos adentramos profundamente en el mundo de la medicina tradicional ayahuasca y el chamanismo amazónico. No faltaron los estudios y las ceremonias con hongos psilocibios y el cactus wachuma (San Pedro). Fueron más de tres años de experimentación grupal frecuente, y ninguno de los que participamos en este proceso volvió a ser el mismo. Los siguientes años fueron de aprendizaje con médicos tradicionales de varias etnias, la sistematización académica de todo lo vivido, y la continuidad (con menos frecuencia) de “observaciones involucrantes” propias y ajenas, como las llama Viegas en el ámbito universitario.
Había que hacer una transición entre lo que veníamos investigando y el mundo al cual accedimos en aquellos años. Los espíritus del aire fue parte de esa transición. Primero fue un extenso artículo que apareció en el último número de la publicación que teníamos por entonces: Ufología Racional (adscrita en cierta forma a la transufología de Jacques Vallée o Bertrand Méheust, o la ciberbiología de Dennis Stillings). Con el tiempo se convirtió en un libro con un tiraje “para los amigos”, posteriormente editado en un volumen de amplia distribución en Argentina que, trayendo a colación en el subtítulo a la antropología transpersonal, se animaba a introducirse en temas que eran prácticamente desconocidos dentro del marco de la ufología. Finalmente, terminó plasmándose en la obra que el lector tiene hoy en sus manos, que transita los caminos de las experiencias visionarias de Terence McKenna o Michael Grosso, las ideas de Carl Jung, los trabajos pioneros de Paul Devereux, la psicología transpersonal de Stanislav Grof, los experimentos innovadores de Jacobo Grinberg, el mundo de la mitología y del folclor de hadas y gnomos, las apariciones marianas, las luces telúricas, ctónicas y tectónicas, el chamanismo sudamericano, la filosofía, las abducciones y, por supuesto, los ovnis.
No obstante, como dije antes, el mérito de este trabajo es haberse adelantado un par de décadas al desarrollo de ideas actuales, al haber colocado de un modo sistemático por vez primera dos esferas del “conocimiento marginal”: la era moderna de los ovnis, como fenómeno histórico, cultural, psicosocial y probablemente psicofísico (que nace en 1947), y la era moderna de la exploración de la conciencia (se propaga a partir de 1955). Los espíritus del aire no es solamente un libro sobre ovnis, o un documento que solamente presenta testimonios “visionarios”; es más bien una amplia reflexión que profundiza en el misterio de la conciencia y sus diversos niveles y estados, así como en la interconexión entre la sociedad, la cultura, la psiquis y la sustantividad. Esta edición mexicana, nuevamente ampliada y con más datos complementarios, resulta el más reciente impulso a una obra que parece siempre viva y en constante crecimiento, imprescindible para los buceadores de lo desconocido, los viajeros a las fronteras epistémicas y los amantes del misterio con dos caras: la conciencia/realidad o la realidad/conciencia.
Dr. Néstor Berlanda
Rosario, junio de 2021.
Hace ya muchos años, antes de convertirme primero en abogado y luego en antropólogo cultural, profesión esta última que me ha llevado en la actualidad a desempeñarme como profesor titular e invitado en varias universidades de Argentina, especializado en la etnografía del conocimiento, la medicina tradicional indoamericana y la antropología de la conciencia o transpersonal (de ésta última subdisciplina soy pionero en el país, fui un joven entusiasta en un área del conocimiento heterodoxa, y según muchos de una lisa y llana pseudociencia que se ha dado en llamar “ufología” u “ovnilogía”, nada más ni nada menos que el estudio de los ovnis, o UFOS por su sigla en inglés). Alejado hoy de aquellos ambientes, pero no tanto del tema –pues quizás siempre se vuelva al primer amor–, y con una vuelta de tuerca, hoy facilito a mis estudiantes de antropología sociocultural algunos textos sobre los aspectos mitológicos, folclóricos o religiosos de la subcultura ufológica del siglo XX y principios del XXI. Sin embargo, aunque casi todo el mundo en Occidente ha oído mencionar a los populares ovnis, no es tan simple definir con seriedad de qué hablamos cuando se menciona esa sigla. Desde el principio, no todo el mundo estuvo de acuerdo en definir a qué se le llamaba ovni; otros se han apresurado a cambiar el tópico objeto de esta pretendida “nueva disciplina” y algunos han evolucionado de tal modo en el pensamiento que se duda en su inclusión como parte de la comunidad ufológica. Algo que parece tan simple, con el tiempo fue tomando ribetes de complicaciones casi epistemológicas.
En efecto, jamás se tuvo un platillo o una nave extraterrestre en una mesa de laboratorio, ni siquiera una tuerca, un tornillo o un elemento que definiera su irrefutable carácter de fuera de la Tierra. Esto no fue óbice para que muchos “padres o pioneros de la ufología” afirmaran resueltamente que el objeto de estudio de esta disciplina en construcción eran los VED (Vehículos Extraterrestres Dirigidos), ya no ovnis o MOC (Misteriosos Objetos Celestes, como se les conoció en Francia inicialmente). Así las cosas, ser ovnílogo era ser vedólogo (de VED), lo cual dejaba fuera de esta área de estudios a quienes deseaban convertir la investigación en algo más científico y menos dogmático. La ufología científica o crítica se distanció de la tradicional o romántica en su empeño por tomar la hipótesis extraterrestre como una más de las tantas que podían ser formuladas, incluso aquellas hipótesis que rechazaban todo atisbo de extrañeza, misterio o maravilla sobrenatural, explicaciones derivadas de confusiones con fenómenos naturales o mecanismos psicosociológicos y perceptuales. Tal empeño cientificista –loable, por cierto– se traducía en la terminología con siglas más ascépticas (recuerdo aquella tan graciosa de “agnoptenología”: lo mismo que ufología pero todo en griego, propuesta por el estudioso español Félix Ares de Blas), clasificaciones de mayor rigor técnico (discos diurnos, luces nocturnas, encuentros cercanos del primer, segundo y tercer tipo, y otras), desarrollo de supuestas leyes o patrones repetitivos (ley horaria, geográfica, de acercamiento de Marte, de oleadas, etcétera), de acuerdo con las estadísticas obtenidas de entre el cúmulo de datos, pero que también solían diluirse entre las manos de los especialistas.
También tuve simpatía por esta escuela crítica, al apoyarme en nuevas evidencias y lecturas. Destacan las aportaciones del astrónomo y pionero de la informática Jacques Vallée sobre la similitud de los modernos relatos sobre platillos, encuentros cercanos y abducciones con antiguas leyendas del folclor sobre luces, apariciones en los cruces de caminos y raptos sobrenaturales; así como el increíble estudio de Bertrand Méheust sobre la aparición de todos los elementos ufológicos (luces compactas y coherentes, raptos, naves con formas platívolas y de las otras, etcétera) en la ciencia ficción de las décadas de los años veinte y treinta del siglo XX, es decir, mucho antes de Kenneth Arnold, preparando el terreno para todo lo que vendría. Estos elementos, sumados a las opiniones del célebre psicólogo suizo Carl Jung, y otros estudios que trastocan la metodología y los dogmas de la ufología tradicional, parecieron conducir a la neodisciplina por caminos más allegados a las ciencias humanísticas. En última instancia, los relatos de nuestra juventud y muchas de aquellas lecturas que tanto disfrutamos parecían tener más que ver con un folclorista moderno, con el trabajo de campo de los sociólogos de la religión o de un antropólogo cultural especializado en leyendas urbanas (relatos fantásticos de la sociedad contemporánea con visos de tecnología pero marcado misticismo). Sin embargo, si bien lo anterior era cierto, tampoco podíamos dejar de lado las huellas sobre el terreno, las marcas y efectos fisiológicos en los testigos, alteraciones en los animales cercanos, los cambios de personalidad y otros datos de cierta verosimilitud en las experiencias rotuladas como “ovni”.
Así, con el grupo CIFO propusimos durante casi diez años (de 1990 al 2000) una síntesis de las dos escuelas de pensamiento: la ovnilogía ingenua, tradicional o romántica, con su preconcepto de explicar todo con los extraterrestres y la aproximación científica, que pretendía explicar la mayor parte de casos en términos prosaicos para quedarse con un porcentaje mínimo de no identificados, como parte de un fenómeno por el cual no se definía, y así pasar a la ovnilogía racional (no confundir con racionalista), que tomaba el estudio del fenómeno como algo global, no haciendo ninguna distinción entre identificados y no identificados, reemplazando la sigla OVNI por EVI (Estímulos Visuales Indeterminados). El objeto descrito por un testigo está siempre condenado a la indeterminación, pero de la masa de EVI (tanto los casos “explicados” como los “no explicados”, ambos entre férreas comillas) se advierte un orden, un entramado, como si tanto la confusión, como el fraude, como el auténtico no identificado, se agruparan en un específico espacio-tiempo que responde a “algo” mayor que la suma de las partes.
Es el momento cuando aparecieron el psicólogo Juan Acevedo, el Dr. Néstor Berlanda y otros compañeros de la época elaborando y reelaborando la hipótesis THAT (el Aquello) para aplicar en esta área del conocimiento, la cual refiere que el fenómeno ovni se realiza aparentemente en lo “externo”, en un determinado momento, aprovechando la imaginería colectiva (que hace las veces de una preparación) y un subjetivo estado no ordinario de conciencia del testigo. THAT es ese “algo”, el Aquello de lo que poco y nada sabemos. Se ubica en el mapa de la conciencia humana, en lo más profundo, más allá del inconsciente freudiano, del inconsciente colectivo jungiano y del espacio transpersonal de Stanislav Grof. Es un metasistema transhistórico, mimético y en simbiosis con el ser humano, quizás la inteligencia de Gaia (la conciencia del planeta Tierra amenazada en su biosfera y su biodiversidad); quizás la súpermente universal esbozada por el etnobotánico y gurú psicodélico Terence McKenna, que los chamanes, místicos e iluminados de todos los tiempos alcanzan a percibir en sus estados de unidad cósmica, o satori; tal vez el anima mundi o psykhé tu kosmos de los antiguos latinos y griegos neoplatónicos; acaso el concepto de imaginatio de los escritores románticos del siglo XIX, o el espacio imaginal de Henry Corbin. Probablemente, también en relación con el Tao, Mana u Orenda de orientales, melanesios, iroqueses y nociones similares de casi todas las sociedades preindustriales. Es el espacio que determina al Hombre, desde que éste parece ser sujeto de la trascendencia y lo transpersonal en múltiples formas y disfraces que abarcan toda su historia individual y colectiva.
En todo caso, las únicas convicciones firmes que alcancé durante aquella década, y que aún mantengo más o menos iguales, luego del recorrido comenzado en la pubertad son:
1) La indiscutible vinculación que este fenómeno tiene con la cultura humana. Los ovnis surgen moldeados por la cultura y a su vez la impregnan en casi todas sus manifestaciones (arte, ciencia, política, fuerzas armadas, religión, cultos, etcétera), todo lo cual fue tratado en mi primer ensayo “El impacto ovni. Sociedad y cultura frente a la saga del siglo”, de 1997.
2) La fuerte vinculación entre estos fenómenos (ovnis, abducciones, apariciones, viajes astrales o experiencias extracorpóreas, encuentros cercanos a la muerte, iniciaciones chamánicas, vivencias místicas, etcétera) y los estados no ordinarios de conciencia, vínculo que me propongo desarrollar en esta obra.
La primera versión de este texto fue un artículo breve aparecido en el número 6 del boletín Ufología Racional, editado por el CIFO en 1999. Aquel número se convirtió en legendario por varias razones. En primer lugar, porque fue el último número de la publicación, que nació con muchas complicaciones de organización y de impresión, y casi nula distribución, en medio de una lenta desaparición de las actividades del CIFO en favor de nuevos proyectos que captaron la atención de la mayoría de los asociados enmarcados en una nueva institución, la Fundación Mesa Verde (que acaba de cumplir veintiún años de existencia), y como consecuencia de todo ello tuvo muy escasa difusión, aunque su contenido era altamente recomendable y creativo. En segundo lugar, porque justamente ese número fue la bisagra perfecta, el punto de inflexión entre nuestro antiguo interés por los ovnis, representado por el viejo grupo CIFO que acabó por disolverse, y el interés por los estados alternativos de la mente, la evolución de la conciencia, el chamanismo amazónico, la experimentación y objetivación científica de los efectos de los enteógenos (como los hongos psilocibios y la ayahuasca), las medicinas tradicionales y las luchas indígenas por evitar más epistemicidios en contra de sus lógicas y sabidurías, tan diferentes al conocimiento científico y las ideologías hegemónicas.
La segunda versión de este texto se editó para muy pocos amigos por la Fundación Mesa Verde en el año 2000, en el marco de su programa Aleph, y pretendió abarcar conjuntamente los denominados ovnis, las apariciones marianas, las luces místicas y milagrosas de todos los tiempos, las visiones de duendes, gnomos y seres de la naturaleza, raptos legendarios y modernas abducciones, los encuentros cercanos con la muerte, los estados alternativos de conciencia logrados por chamanes y santos, las presuntas comunicaciones con otros espíritus y reinos transpersonales, los míticos mundos paralelos y sus huellas sobre el entorno de nuestra realidad consensuada.
La tercera versión, corregida y ampliada, se imprimió en 2018 por Editorial Dunken, y la presente edición mexicana se completa aún más con una sección inédita y un cuarto apéndice. De este modo celebramos, de sur a norte de nuestra América Latina, los veinticinco años de nuestra Fundación, con una amplia difusión virtual a través de internet, y para aquellos seguidores que apoyaron nuestras investigaciones durante todos estos años, también con esta tirada impresa, de gran calidad, que esperamos se convierta en un auténtico fetiche para el futuro.
En un sentido histórico, primero vio la luz Ayahuasca, medicina del alma (Biblos, 2012), en coautoría con el Dr. Néstor Berlanda, primer libro argentino sobre los efectos, historia, bioquímica y etnografía del célebre enteógeno pan-amazónico. Se trata de una obra que profundiza en el tema, los contenidos y testimonios de aquellos que “viajaron” mental, ideacional, emocional y visualmente a su mundo interior y a otras realidades. Luego se publicó Antropología transpersonal: sociedad, cultura, realidad y conciencia (Biblos, 2016), compilación de textos etnográficos olvidados o difíciles de integrar en el paradigma científico de la modernidad occidental aún vigente. Esta implicó una segunda obra que visibiliza las observaciones participantes de prestigiosos exploradores y antropólogos en ritos de expansión de la conciencia, y sus consecuencias “psicoides”. Con esa base, ahora llegó el momento de retomar, actualizar y dar a conocer ampliamente Los espíritus del aire, quizás con menos pretensiones académicas y con muchas reflexiones en torno a los estados ampliados de la conciencia, la capacidad mitopoiética del ser humano y el fenómeno ovni de todos los tiempos, relatos y culturas. Reflexiones muy personales, escritas desde las propias vivencias emocionales e intelectuales de los últimos treinta años, en una marcada “primera persona” que espero no pase por egocéntrica, pues todas ellas fueron comunitarias, con las personas a quienes se menciona a lo largo de estas páginas.
El 24 de junio de 2017 se cumplieron setenta años del comienzo de la “era moderna” del fenómeno ovni. Fue aquel 24 de junio de 1947 cuando los objetos observados en vuelo por el piloto Kenneth Arnold dieron lugar a un increíble fenómeno histórico, cultural, psicosocial y probablemente psicofísico entorno a los nacientes “platillos voladores”. Sin embargo, antes y después de esa fecha, otros dos sucesos extraordinarios dieron origen al moderno interés por los enteógenos y la exploración de la conciencia transpersonal:
El 19 de abril de 1943, el químico suizo Albert Hofmann realizó su célebre autoexperimento psicotrópico con LSD –recordado hoy como el “Día de la bicicleta”–; y el 30 de junio de 1955, en México, por primera vez un hombre “blanco”, el etnomicólogo Robert Gordon Wasson, fue admitido en una velada ceremonial de raíces prehispánicas con hongos psilocibios. 1947 por un lado y 1943/1955 por otro, son fechas que inauguraron dos extensos fenómenos paralelos de estudio, investigación, experimentación y vivencias apasionadas (ignorantes uno del otro), que sólo fueron relacionados adecuadamente con la aparición de Los espíritus del aire.
Hoy día, desde una etnografía del conocimiento, parada en el nuevo paradigma emergente de las ciencias, y desde una provocativa antropología transpersonal que ya hemos definido en el ámbito universitario, continuamos tratando de descubrir el mensaje profundo que –tal vez– nosotros mismos, en interacción con el Aquello indefinible, y a través de estos fenómenos, nos estamos brindando sin conciencia, en preparación de posibles grandes cambios. Quizás sean transformaciones de una gran significación, que nos lleven al control del espacio y el tiempo, a la comprensión de la realidad bajo un marco de mayor amplitud, e impliquen tal vez la llegada de un nuevo humanismo del tercer milenio, uno que piense al ser humano, incluyendo a todos los seres, de todas las culturas y épocas, en una real universalidad. Tal vez se trate de pequeñas reformas que desde los márgenes de la actual globalización alumbren algún día la transmodernidad, de la que ha hablado el filósofo argentino-mexicano Enrique Dussel.
Quizás... y seguimos especulando libres, por ese camino iniciado lentamente en el siglo XX, y que fue ayudado y empujado por Los espíritus del aire... Vayamos entonces a su encuentro.
PRIMERA PARTE
El contacto ya se hizo hace miles de años.
―Alien del sistema Vega a la Dra. Arroway, en la película Contacto (1997), basada en el libro homónimode Carl Sagan (1985).
Las plantas fueron las primeras formas de vida en la Tierra hace millones de años... ¿Cómo podrían explicarse (los seres humanos) lossorprendentes efectos de estas pocas plantas que los ponían en contacto con el mundo espiritual?
―Del prefacio de Plantas de los dioses (1979), de Richard E. Schultes y Albert Hofmann.
1
Cuando discutíamos (hace veinte años) en el grupo CIFO, en aquellas tardes de vuelo intelectual, entre mate y mate, los alcances de esa teoría que algunos de sus miembros denominaban “THAT” (del inglés, el Aquello) para aplicar al fenómeno ovni, y cuando articulábamos lo que más tarde daríamos a conocer como Ufología Racional, lejos estaba de imaginar que un personaje famoso, a quien desconocía por completo en esa época (pero que luego se convirtió en un referente), había escrito ideas muy similares en un libro que circulaba, recientemente traducido al castellano. Claro, me era desconocido porque no era este personaje un ufólogo, y porque su libro no era un tradicional libro del tema. No, este señor, de nombre Terence McKenna, era un reputado miembro de la generación de la contracultura psicodélica de la década de los años sesenta, y dicho libro se titula The Archaic Revival (1991), aunque la editorial lo retituló en castellano como La nueva conciencia psicodélica.
¿Y qué tenía que ver la psicodelia con los ovnis y con nuestra postura frente a la investigación de este fenómeno? Mucho, según sabría después. De hecho este libro, que había caído en nuestras manos por intermedio (como siempre) del Dr. Néstor Berlanda, contenía un capítulo que prometía ser muy interesante: “Una conversación sobre los platillos voladores”. Pues bien, allí se nos presenta este erudito, visionario y teórico, proveniente de un área de estudio tan disímil con la ufología tradicional como lo era McKenna, hablándonos de nuestros conocidos platillos:
Me parece que con los alucinógenos triptamínicos en general, y especialmente con la psilocibina, realmente experimentamos un estado de la mente muy parecido al que se describe en los contactos con dichos objetos. Los estados de la mente chamánicos y los contactos con ovnis tienen perfiles que pueden registrarse uno como la silueta del otro. A niveles activos, la psilocibina induce imaginación visionaria de naves espaciales, criaturas extrañas e información del exterior. Hay una cualidad futurista de ciencia ficción en la experiencia con psilocibina en general, que parece originarse del mismo lugar que el moderno mito del ovni [...] No es, estrictamente hablando, un contacto de la carrera espacial que viene de las estrellas, ni es histeria de masas o ilusión. En realidad es algo raro, algo que desafía las nociones epistemológicas modernas [...] El ovni parecería actuar como un catalizador ideológico para algún propósito. Hoy la ciencia ha pasado a ser el mito dominante de control y pensamiento. Ofrece limpias y cuidadas explicaciones del mundo. Pero la gente insiste en contar raras historias de luces en el cielo, seres extraños y fantásticos encuentros que no pueden dejarse de lado. Mi propio encuentro con un ovni me llevó a verlos como reales, cualquiera que sea el significado de ‘real’ [...] El ovni es una idea destinada a confundir a la ciencia, porque la ciencia ha empezado a amenazar tanto la existencia de la especie humana como la del ecosistema planetario. Este es un momento en que se hace necesario un shock para la cultura, equivalente a lo que representó la resurrección para el Imperio Romano. Los mitos que se desarrollan actualmente son similares a aquellos mesiánicos que precedieron la aparición de Cristo. Son mitos de la intervención de una entidad súper inteligente proveniente de las estrellas para revelar la manera correcta de vivir. El ovni podría ser un disruptor de la ciencia mediante una serie de demostraciones dirigidas a convencer a la mayor parte de la humanidad de que su propósito es nada menos que la total inmersión en sus enseñanzas. Una vez que el mensaje fuera arrojado a todo el mundo, mediante su transmisión por televisión, el ovni podría simplemente desaparecer.
Aunque para muchos resulta difícil de entender cabalmente, la posición de McKenna se basa en la cosmovisión chamánica, experimentada por él mismo, que percibe la existencia de una supermente o superalma (THAT, el Aquello de lo que poco y nada sabemos, según el concepto del psicólogo Juan Acevedo y el grupo CIFO). Ese súper organismo suprahistórico, hecho de pura información, está en relación simbiótica con el ser humano y sería el responsable de los ovnis, aprovechando nuestras imaginerías tecnológicas para decirnos algo, ya que ordinariamente no hay una comunicación directa.
Img. 1 - Terence McKenna (1946-2000)
El ovni representa una instancia de crisis entre el individuo y la súpermente, donde ésta rompe la cortina opresiva que se ha levantado a su alrededor y viene a reunirse con el individuo. Es como una entrevista con un ángel –o un demonio–. Está cargado de intensas resonancias psicológicas para esa persona que lo experimenta. Es una experiencia intensamente sobrenatural.
Ya está suficientemente claro que para McKenna los ovnis no provienen de las estrellas, sino como él afirma:
parecen venir de la eternidad, de otra dimensión, de más allá de la muerte. De una dimensión totalmente diferente de la nuestra, pero ligada a la psique humana de una manera confusa, alarmante y chamánica, que restaura la confianza.
Esto era sólo el principio. Por vez primera veíamos reflejadas nuestras teorías sobre el origen de los ovnis con un autor proveniente de un ámbito ajeno a la ufología. Para nosotros, ya desde 1991, los ovnis comenzaban a vislumbrarse como un producto de THAT,* o como prefiere denominarlo McKenna, de la supermente que está detrás del fenómeno, luego de su interacción con la conciencia humana en un probable estado no ordinario. No era de extrañar, después de todo, que el autor que mejor reflejaba nuestras propias palabras, proviniera de un ámbito vinculado a los estados alterados de conciencia, en este caso mediante el uso de plantas visionarias.
Es más, McKenna tiene otro libro, Alucinaciones reales (1993), en el que relata un encuentro cara a cara con el misterio que nos ocupa. Encontrándose en la selva con su hermano Dennis, siempre envuelto en sus andanzas con las plantas de poder, observó que unas nubes de apariencia enigmática empezaron a juntarse hasta formar una masa que parecía girar sobre sí misma. Acompañado por un zumbido ululante, aquello pasó por sobre su cabeza a unos sesenta metros de altitud, mientras los detalles comenzaban a solidificarse:
En el último momento antes de aquello desaparecer, abrí completamente los sentidos y vi con claridad. Era una máquina con forma de plato que giraba lentamente, con luces suaves y discretas, azules y naranjas. Cuando pasaba por encima de mí le vi unas salientes simétricas en la parte de abajo. El sonido que hacía era el uí, uí, uí de los discos voladores de ciencia ficción. Muchas emociones estaban confusas. Al principio quedé aterrorizado, pero cuando supe que aquello que estaba en el cielo, fuese lo que fuese, no me llevaría, me calmé. Estaba espantado e intentando recordar lo más claramente posible lo que había visto. ¿Sería real? Por lo que sé, ninguno vio esa cosa. Sospecho que si hubiese habido otros observadores ellos habrían informado exactamente lo que informé, pero en cuanto a ser “real”, ¿qué se puede decir? [...] ¿Aquella cosa era más verdadera en forma de nube o de aeronave? ¿Sería una alucinación?
Img. 2 - Clásico platillo volador adamskiano.
Contra mi testimonio puede ser colocada mi admitida falta de sueño y el hecho de estar involucrado con las plantas psicodélicas. No obstante que, curiosamente, este último punto puede ser interpretado a mi favor. Estoy familiarizado, a través de experiencia directa, con todas las clases conocidas de alucinógenos. Lo que vi aquella mañana no encaja en ninguna de las categorías de imágenes alucinatorias que conozco. Y también es contrario a mi testimonio el inevitable detalle inconexo que parece tornar absurdo todo el incidente. Es que, cuando el disco pasó encima de mi cabeza, lo vi con claridad suficiente para jurar que era idéntico al ovni, con tres semiesferas en la parte inferior, que aparece en una foto famosa de George Adamsky, y que es tenida ampliamente como un fraude [...] ¿Sería una imagen sacada de mi infancia de entusiasta por los ovnis? ¿Algo tan fácilmente sacado de mi mente como pareció ocurrir con otros recuerdos? Mi noción estereotipada de un ovni, a pesar de ser desfachatada, apareció en el cielo. Al surgir en una forma que arroja dudas sobre lo que parece ser, aquello alcanza una disonancia cognitiva más completa que si su aparente extrañeza fuese totalmente convincente.
Recientemente su hermano, el etnobotánico Dennis McKenna, volvió a recordar el episodio completo de aquel famoso experimento psicodélico en La Chorrera, Colombia, y la anécdota del “imposible ovni adamskiano” en el libro sobre su vida junto a Terence: Brotherhood of the Screaming Abyss: My Life with Terence McKenna (2012). Felizmente, tuve la oportunidad de conocer personalmente a Dennis y conversar al respecto durante un congreso sobre la medicina tradicional amazónica ayahuasca en la Universidad Federal de Río Branco, capital del estado de Acre, en Brasil.
Por sus conocidas actividades con el uso de plantas y hongos psicodélicos, Terence McKenna podría ser considerado por la ufología tradicional o romántica como un testigo “no calificado”, pero con cada vez más evidencia de que cerca de un 60% de los encuentros cercanos suceden en situaciones propensas a un estado que podría considerarse “no ordinario de conciencia”, caminando, viajando en ruta o en descanso;1 además, si se toman en cuenta las implicaciones que derivan del correlato de abducciones con los recuerdos de trauma prenatal, las experiencias cercanas a la muerte, éxtasis religiosos y metafísicos, los trances de brujos y hechiceros, y las alucinaciones provocadas por drogas, resulta obvio que conectando estos hechos podemos avanzar hacia un mayor entendimiento del fenómeno ovni.
Img. 3 - Diego Viegas con Dennis McKenna, en Río Branco, Brasil, en 2016.
* Sobre THAT y la corriente conocida como ufología racional véase: López, Fabián, “CIFO, el legado” (Centauro Ediciones, 2019), disponible a través del Facebook homónimo o en sus fuentes originales: “CIFO: La ufología racional“ en revista Ufología Racional, núm. 1, octubre de 1995; Acevedo, Juan, “Capilla del Monte. Génesis de un mito y su relación con la hipótesis THAT”; y Pacheco, Luis, “La investigación del fenómeno ovni a través de sus escuelas de pensamiento”, ambas en Ufología Racional, núm. 2, febrero-mayo de 1996; Acevedo, Juan, “Hipótesis THAT en el marco de la teoría general de los sistemas” en Ufología Racional, núms. 3-4, octubre de 1996; Agostinelli, Alejandro, “Los ufólogos del siglo XXI” en Contacto OVNI, núm. 14, junio de 1996; Viegas, Diego, “De los platos voladores remachados a los ovnis cuánticos” en Contacto OVNI, núm. 16, julio de 1996; Berlanda, Néstor, “La nueva ufología” en Contacto OVNI, núm. 18, agosto de 1996; Alemanno, Oscar, “La equivalencia ovni-sueños” en Ufología Racional, núm. 5, mayo de 1998; Sánchez Rodríguez, Sergio, “Pasaporte a ovnilandia" en La ufología racional, un avatar de paraufología revisitada (Santiago Emege Ediciones, 1999); Sánchez Rodríguez, Sergio, entrevista a Diego R. Viegas “Hay una clave en los estados no ordinarios de conciencia” en La nave de los locos, núm. 19, noviembre de 2002.
Por otra parte, pueden encontrarse similitudes entre la hipótesis THAT, dentro del marco de la corriente ufología racional, la mente interdimensional de Dennis Stillings, o en el marco de la ciberbiología, que impulsaba su fundación Archaeus Project. También existen paralelismos con el Sistema de Control Abierto de Jacques Vallée, con los supersueños de Bertrand Méheust, con la inteligencia rectora del portugués Fernando Fernándes, y con la difusa energía universal dotada de psiquismo de Pierre Vieroudy. Obviamente, la supermente chamánica de McKenna es un concepto casi idéntico al THAT de Juan Acevedo y el grupo CIFO. Asimismo, encontramos similitudes entre ese modelo y la realidad daimónica de Patrick Harpur, con el anima mundi de los neoplatónicos, con la imaginatio de los alquimistas y poetas románticos ingleses, así como el pleroma o unus mundus de Jung, y el inconsciente colectivo reformulado como alma por el psicólogo post-jungiano James Hillman. También con el concepto de lo imaginal propuesto por el filósofo islamista Henry Corbin, y con la noción de Wu-Chi del taoísmo. Ver también Viegas, Diego, Antropología transpersonal. sociedad, cultura, realidad y conciencia (Biblos, 2016).
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Sin embargo, las sorpresas no acabaron allí. Cuando entré en contacto con la obra conjunta del antropólogo colombiano Luis Eduardo Luna y el chamán amazónico Pablo Amaringo, titulada Ayahuasca Visions (1991),* me vi sorprendido por la cantidad de referencias a los platillos voladores. Pablo César Amaringo fue un curandero o sanador de Pucallpa (capital de la provincia amazónica peruana de Ucayali), que comenzó a ingerir la tradicional bebida visionaria ayahuasca** a la edad de diez años. En 1977 Amaringo abandonó sus prácticas chamánicas y se convirtió en pintor de sus propias experiencias visionarias, dirigiendo años más tarde la escuela de pintura amazónica Uzco-Ayar. Por su parte Luis Luna, un estudioso de los enteógenos,*** conoció la historia de Pablo y divulgó su trabajo en los Estados Unidos. “El motivo de las naves ha tenido un importante lugar en las visiones de Pablo” –comenta Luna–, y es que el motivo aparece en 25 de las 48 pinturas publicadas en dicho libro.
Img. 4 - Detalle de la pintura de Pablo Amaringo “Origen de la ayahuasca”, tomada de Luna y Amaringo (1991).
Como supe más tarde, cuando la curandera que sanó a su hermana le dio ayahuasca, Pablo vio un inmenso plato volador haciendo un tremendo ruido que le hizo entrar en pánico (visión 7). Don Manuel Amaringo, el hermano mayor de Pablo, vivió una historia similar. Él me contó –con lágrimas en sus ojos– que el mismo icaro* que usó para curar a mucha gente lo aprendió de un hada llamada Altos Cielos Nieves Tenebrosas, que llegó en una nave espacial azul. Ella me preguntó: “¿Quieres escuchar mi canción?” Cantó y esa tonada “siempre la he mantenido en mi corazón”.
A pesar de la frecuencia con la cual Pablo representa naves espaciales, él es franco en sus comentarios sobre este tema. Pablo dice que esos vehículos pueden tener muchas formas, son capaces de alcanzar velocidades infinitas y pueden viajar bajo el agua y bajo la tierra. Los seres que trasladan son como espíritus, tienen cuerpos más sutiles que los nuestros, pueden aparecer y desaparecer a voluntad. Ellos vienen de avanzadas civilizaciones extraterrestres que viven en perfecta armonía. Grandes civilizaciones americanas como los mayas, los tiahuanacos e incas han tenido contacto con esos seres. Pablo dice que vio en una sesión con ayahuasca que los mayas conocían este preparado, y que en algún momento de su historia ellos partieron hacia otros mundos, pero que están a punto de retornar a este planeta. De hecho, dice que algunas de las naves de hoy día están pilotadas por sabios mayas.
También, se dice que los extraterrestres están en contacto con nina-runas, gente de fuego que vive en el interior de los volcanes, y con quienes se comunican de forma telepática. Bajo los efectos de la ayahuasca uno puede ver esos seres y sus vehículos, pero ciertos vegetalistas (chamanes que trabajan con plantas) han contactado con ellos, unos cuantos elegidos, a los cuales los extraterrestres enseñan canciones de poder y ofrecen información útil para ayudar a curar sus pacientes.
Una idea similar ha sido aportada por la antropóloga alemana Angelika Gebhart-Sayer. En 1981, cuando ella estaba en trabajo de campo en Caimito, un pueblo junto al río Ucayali, en Perú, sus amigos indios se hallaban inquietos por un extraño fenómeno luminoso que habían observado por meses, el cual interpretaban como una nueva táctica del hombre blanco para penetrar en sus territorios. Cuando se acercaban a las luces, estas desaparecían misteriosamente. En varias ocasiones, Gebhart-Sayer misma vio silenciosas luces amarillentas moviéndose a unos 400 metros en el cielo, o cerca de un metro sobre el suelo, pero no pudo encontrar ninguna explicación lógica para lo visto. José Santos, el chamán local, calmó a la gente y explicó que en una visión de ayahuasca entendió que eran unos aeroplanos dorados, con grandes lámparas y asientos hermosamente decorados:
El piloto, un distinguido inca, descendió. A veces vestía modernas ropas del hombre blanco, a veces una preciosa cushma (tradicional prenda masculina). Nos hicimos una reverencia mutuamente, pero no hablamos, porque sabíamos el pensamiento de cada cual. Así se retiró. No ha llegado el tiempo para que él hable. Los incas quieren aliarse con nosotros a fin de derrotar a los blancos y mestizos, y establecer un gran imperio en el cual vivamos nuestra vida tradicional y poseamos las comodidades de los incas y de los blancos. Llegará pronto el tiempo en que él traerá obsequios y prestará su guía.1*
El historiador finés Martti Pärssinen tuvo la amabilidad de indicarme –continúa Luna– un texto del padre Francisco de San José sobre un fenómeno que se observó en la confluencia de los ríos Pozuzo y Ucayali en agosto de 1767, donde una noche ciertos misioneros habían sido rodeados por un grupo de conibos hostiles, que les habían disparado flechas, a las cuales ellos respondieron con armas de fuego. Él escribió:
Al tiempo que nos encontrábamos en esa batalla, sucedió una cosa bien digna de memoria, y fue que vimos todos, así los cristianos como gentiles, un globo de luz más resplandeciente que la luna, que corriendo por encima de las filas de los conibos alumbró toda la campaña; no sé si ellos hicieron misterio del caso, pero sí sé que luego dejaron las flechas.
La antropóloga francesa Françoise Barbira-Freedman, quien realizó un extenso trabajo entre los lamistas de la provincia de San Martín, me contó que, entre sus informantes chamanes, las visiones en ayahuasca de naves espaciales son comunes. Cuando visité a don Manuel Shuña, el tío de Pablo, un vegetalista de más de 90 años, le mostré unas cuantas fotos de las pinturas de su sobrino, puntualmente de un plato volador. Él me contó con excitación, casi con estrés, que en los últimos dos años había tenido encuentros con personas que salen de máquinas como aquella. Don Manuel dijo que
esas personas vuelan manteniéndose levemente sobre la superficie del agua, y describe las máquinas como de unos 50 metros de largo, con luces que hacen parecer la noche tan iluminada como el día. Ellos nunca tocan el suelo ni el agua, pero permanecen suspendidos en el aire. A veces los seres a bordo de esas máquinas bajan y se llevan árboles enteros.
Img. 5 - Izq. Pintura de una de las visiones de ayahuasca de Amaringo con un platillo volador en la parte superior. Der. La planta Banisteriopsis caapi, con la que se prepara la ayahuasca.
Saben cuando estoy tomando ayahuasca. Vienen y entonan toda clase de canciones, y los icaros que yo canto. También saben cómo orar. Quieren ser amigos míos, porque hay cosas que estas personas no saben. Quieren llevarme con ellos, pero yo no quiero ir porque estas personas se comen unos a otros. Ellos trataron de asustarme moviendo la tierra o derribando árboles. Casi me vuelven loco. Pero ahora no se acercan porque les soplé tabaco.
Ciertamente, es muy difícil saber qué hacer con esta clase de reportes. Pareciera que los chamanes están constantemente apropiándose de manera simbólica de cualquiera de las innovaciones que ven o acerca de las cuales escuchan, usándolas en sus visiones como vívidas metáforas para explorar más ampliamente el reino espiritual, para incrementar su conocimiento, o para defenderse de un ataque sobrenatural. Los chamanes shipibos reciben libros en los cuales pueden leer la condición de los pacientes, tener farmacias espirituales o viajar al fondo de los lagos, en aeroplanos cubiertos de diseños geométricos llenos de significado, para recuperar la caya (alma) de sus pacientes.2
Por ejemplo, los canelos-quichua reciben de los espíritus máquinas de rayos X, aparatos para medir la presión de la sangre, estetoscopios y largas y brillantes luces quirúrgicas;3 un aculturado chamán campa (asháninka) usa en sus canciones de sanación frecuencias de radio para comunicarse con los espíritus del agua;4 los chamanes shuar, que obtienen de varias plantas, animales, piedras u otros objetos flechas mágicas (tsentsak) para curarse o defenderse, también obtienen de ellos un witrúr (del vocablo español vitrola);5 don Alejandro Vázquez, un vegetalista de Iquitos, narra que además de ángeles con espadas y soldados con armas, él tenía un jet caza que usaba cuando era atacado por fuertes hechiceros;6 don Fidel Mosombite, un ayahuasquero de Pucallpa, contó que en sus visiones le fueron dadas llaves mágicas a fin de que fuera capaz de conducir hermosos autos y aeroplanos de muchas clases. El vuelo es uno de los grandes temas del chamanismo en todas partes; el chamán puede transformarse en un pájaro, un insecto o un personaje alado, o ser tomado por un animal y llevado a otros reinos. Los chamanes contemporáneos a veces utilizan metáforas basadas en modernas innovaciones para expresar la idea del vuelo. Por ello no es extraño que el motivo ovni –que es parte de la imaginería moderna, y como propuso Jung, también una arquetípica expresión de nuestro tiempo– esté siendo usado por los chamanes como un ingenio de transformación espiritual dentro de otros mundos.
Img. 6 - El antropólogo Luis Eduardo Luna junto a Diego Viegas en Argentina, en 1997.
Img. 7 - Izq. Pablo Amaringo con su pincel. Der. Posando junto a Diego Viegas en su taller Uzco-Ayar de Yarinacocha, en la amazonia peruana, en 2003.
Img. 8 - Arriba - “Operación espiritual del corazón”. Llaman la atención los platos voladores tripulados por “espíritus que traen fuerza y poder a la ayahuasca y a otras plantas medicinales”. El propio Amaringo, en el centro, es enseñado por un médico occidental y sus asistentes a operar su propio corazón, rodeados de cháikunis (espíritus sabios de la etnia shipibo) y otros seres mágicos propios de la selva peruana, mezclados con genios de otras culturas.
Abajo - “Campana Ayahuasca”, en la que se representa un objeto volador que viene a aprender la medicina vegetalista, enmarcado entre otros espíritus y objetos de la mitología shipibo-conibo.
En ese sentido, el plato volador, los seres extraterrestres y las civilizaciones intergalácticas que aparecen en la pintura de Pablo no necesariamente serán consideradas inusuales o extrañas al chamanismo amazónico, y en todo caso pueden ser manifestaciones de viejos motivos. Descripciones de viajes chamánicos bajo los efectos de la ayahuasca y otras plantas psicotrópicas, aun entre tribus culturalmente incomunicadas, frecuentemente incluyen la idea del chamán ascendiendo al cielo para mezclarse con gente celestial, o por el contrario seres celestiales que descienden al lugar de la ceremonia.7 Gómez dice que en la mitología de los cuna y en sus narraciones sobre héroes culturales hay numerosas referencias a los platos voladores. Esta noción ha sobrepasado el folclor y las descripciones del fenómeno ocurren en la vida diaria. Tanto Vallée8 como Méheust9 han informado de los paralelismos que pueden encontrarse entre motivos folclóricos, viajes chamánicos y las abducciones por platos voladores. Como en otras partes del mundo, hoy la Amazonia es constantemente bombardeada por nuevas imágenes exóticas y símbolos que rápidamente se incorporan y entremezclan con las creencias tradicionales.
Por otro lado, la conexión entre los ovnis y alucinógenos triptamínicos ha sido puesta de relieve por Terence McKenna, quien comprobó mediante cuestionarios que es el motivo más frecuente que menciona la gente que toma psilocibina recreacionalmente (usando 15 miligramos, dosis suficiente para provocar el espectro total de efectos psicodélicos).10 Yo he escuchado muchas historias similares por parte de occidentales que han tomado ayahuasca, psilocibina (cubensis) o DMT puro. Como Vallée ha planteado, los ovnis son manifestaciones físicas que no pueden ser entendidas apartando su realidad psíquica y simbólica. Así, el estereotipo ovni es un tema que no puede ser ignorado por antropólogos cognitivos, psicólogos de la profundidad y toda la gente interesada en la moderna mitología del hombre.
