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¿Estamos realmente en manos de unos pocos? Cómo las sociedades secretas han conspirado para decidir el curso de la historia Este libro desentraña todos los secretos sobre esta sociedad que opera en la sombra, analizando sus orígenes y sus prácticas secretas, sus integrantes más famosos y sus métodos. Desde el siglo XVIII los Illuminati han conspirado para que unos pocos elegidos dominen todos los aspectos de la vida humana en nuestro planeta. • ¿Está el multimillonario Elon Musk a punto de desarrollar un chip para implantar en humanos? • ¿Son las nuevas tecnologías la herramienta de los Illuminati para el control mundial? • ¿Ha empezado mediante las redes sociales la instauración progresiva de un nuevo orden mundial? • ¿La pandemia de la Covid-19 significa un paso adelante de los iluminados en el control selectivo de la población? ¿Están los miembros de esta orden detrás de las decisiones globales sobre las vacunas? • ¿Cómo se identifican entre ellos los Illuminati si no pueden decir que son miembros de la orden? • ¿Cuántos famosos son miembros selectos de los Illuminati y por qué promueven sus doctrinas? • Qué son y cómo actúan las sociedades secretas derivadas de los Illuminati: el Club Bilderberg, Skull & Bones, el Club Bohemio. «Los Illuminati pertenecen a todo tipo de esferas sociales, pero tienen algo en común: tienen poder, mucho dinero e influencia.» La Vanguardia «¿Fue la muerte de Lady Di un asesinato orquestado? ¿Hay una organización Illuminati que manipula a la población?» Las Provincias «Los Illuminati son prominentes intelectuales, dirigentes políticos o financie-ros que persiguen la gestación de un nuevo orden mundial.» Año Cero
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Seitenzahl: 354
Veröffentlichungsjahr: 2022
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© 2021, Claudio Soler
© 2021, Redbook ediciones
Diseño de cubierta e interior: Barbaink
Fotografías: Wikimedia Commons / Archivo APG
ISBN: 978-84-9917-675-8
Producción del ePub: booqlab
Todas las imágenes son © de sus respectivos propietarios y se han incluido a modo de complemento para ilustrar el contenido del texto y/o situarlo en su contexto histórico o artístico. Aunque se ha realizado un trabajo exhaustivo para obtener el permiso de cada autor antes de su publicación, el editor quiere pedir disculpas en el caso de que no se hubiera obtenido alguna fuente y se compromete a corregir cualquier omisión en futuras ediciones.
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CAPÍTULO 1LOS ILLUMINATI: LA SOCIEDAD SECRETA MÁS PELIGROSA DE LA HISTORIA
CAPÍTULO 2AUGE Y PERSECUCIÓN DE LOS ILLUMINATI DE BAVIERA
CAPÍTULO 3LA CONSPIRACIÓN PARA IMPONER EL NUEVO ORDEN MUNDIAL
CAPÍTULO 4ORGANIZACIÓN Y JERARQUÍA
CAPÍTULO 5LA SIMBOLOGÍA ILLUMINATI
CAPÍTULO 6EL PRIMER COMPLOT HACIA EL NUEVO ORDEN MUNDIAL
CAPÍTULO 7LA PRIMERA REVOLUCIÓN ILLUMINATI
CAPÍTULO 8ESTADOS UNIDOS: EL NACIMIENTO DE UNA NACIÓN ILLUMINATI
CAPÍTULO 9LA UNIFICACIÓN ITALIANA Y LA MAFIA
CAPÍTULO 10EL ARMA ILLUMINATI: LAS GUERRAS MUNDIALES
CAPÍTULO 11LA II GUERRA MUNDIAL NO ES LO QUE PARECE
CAPÍTULO 12CONSPIRACIÓN PARA PREPARAR LA III GUERRA MUNDIAL
CAPÍTULO 13COMPLOTS ILLUMINATI EN LA HISTORIA RECIENTE
CAPÍTULO 14UN ARMA DE DOBLE FILO: LA GLOBALIZACIÓN
CAPÍTULO 15CONTROLADOS POR LA TECNOLOGÍA. (PARTE I)
CAPÍTULO 16CONTROLADOS POR LA TECNOLOGÍA. (PARTE II)
CAPÍTULO 17LOS GUARDIANES DE LAS SIETE LLAVES
CAPÍTULO 18UNA ROSA Y UNA CRUZ PARA CONSPIRAR
CAPÍTULO 19SKULLS & BONES O LA ORDEN 322
CAPÍTULO 20EL GRUPO BILDERBERG
CAPÍTULO 21DOBLEGAR LAS MENTES PARA DOMINAR EL MUNDO
CAPÍTULO 22UNA CORTINA DE HUMO REPTILIANA
CAPÍTULO 23NEGOCIOS OPACOS, PLACERES OSCUROS
CAPÍTULO 24LA CONSPIRACIÓN EN LAS REDES
CAPÍTULO 25POP, DROGAS & ILLUMINATI
CAPÍTULO 26¿LA PANDEMIA DE LOS ILLUMINATI?
CAPÍTULO 27POSVERDAD EN LA ERA DE LA MENTIRA
Desde que la pandemia irrumpió en nuestras vidas, cualquier distopía es posible. Somos más proclives a creer que lo imposible puede convertirse en cotidiano. Lo hemos visto. Lo hemos vivido. Y nos han mostrado pruebas. A raíz de la aparición de la Covid-19, de nuevo se ha vuelto a hablar de los illuminati y de las sociedades secretas tanto en los medios de comunicación como en los foros que intentan buscar una explicación a lo que nadie creyó que ocurriría.
¿Qué son los illuminati? Lo que se sabe a ciencia cierta es que se trata de una sociedad secreta. Estas dos últimas palabras sugieren complots en la sombra, titiriteros sin rostro de la política o individuos carentes de escrúpulos que desencadenan crisis para enriquecerse... ¿Existen? ¿Qué es lo que pretenden? ¿Cuánto tiempo llevan cambiando el rumbo de la historia a su favor?
Las sociedades secretas no son patrimonio de los illuminati ni son un fenómeno nuevo. Nuestros antepasados también tuvieron que convivir con esas agrupaciones que conspiraban sigilosamente. Masones, rosacruces o sufís llevan siglos maquinando al margen de lo establecido. Sus conciudadanos temieron también lo oculto, lo que discurre entre bambalinas, lo que cuestiona las certezas que ordenaban su realidad.
Sin embargo, los illuminati marcaron un antes y un después en este tipo de organizaciones y ahora mismo son la sociedad secreta más temida. ¿Qué es lo que la ha convertido en la más peligrosa de la historia? A esta pregunta se dará respuesta en este capítulo.
Los illuminati presentan unas características específicas que los separan del resto de sociedades secretas. Esta organización nace en el siglo XVIII, sin tradición ni leyendas, como tenían las que habían operado hasta aquel momento. Se adaptan a los tiempos modernos con eficacia y sin el peso de una tradición obsoleta. Eso les permite ser mucho más efectivos. Y también mucho más letales.
Para entender su funcionamiento es necesario hacer un breve paréntesis y comprender qué es una sociedad secreta y en qué se diferencia la de los illuminati. Sus predecesoras habitualmente fundamentan sus orígenes en leyendas y en hechos históricos ocurridos en la antigüedad. Se desconocía la fecha en la que se constituyeron y quién era su fundador y esa imprecisión les confería una cualidad inevitable, inmortal e insoslayable. Vendían la leyenda de que siempre estuvieron con nosotros y eso hacía temer que seguirían ahí pasara lo que pasara.
Pero ese es un poder mítico, de leyenda, que tal vez funcionó siglos atrás. Cuando los tiempos cambiaron, los illuminati tomaron el mando y crearon una organización moderna que le abriría las puertas al capitalismo y utilizaría las novedades tecnológicas para controlar el mundo. Es por eso que desde sus inicios se distinguen por haber hecho las cosas a su modo.
Los illuminati no recurren a míticos orígenes porque tienen una fecha concreta de creación: 1 de mayo de 1776; y un fundador: Adam Weishaupt. La historia oficial de esta organización está documentada hasta su disolución y la persecución de sus miembros en 1785.
A partir de ahí, la sociedad se reconstruye en la clandestinidad, por lo que ya no existen evidencias de su actividad. Se abre la veda a las especulaciones y encontramos indicios consistentes de que esta orden movió los hilos de la Revolución Francesa y que podría también estar vinculada a sucesos tan recientes y demoledores como la expansión del coronavirus.
Más adelante se tratará en profundidad su fundación, pero antes es necesario entender qué consideramos una sociedad secreta y en qué contexto social, político y religioso surgen los iluminados de Baviera.
Imagen de una ceremonia de iniciación de los illuminati del siglo XVIII.
¿Cuál fue la primera sociedad secreta de la humanidad? No hay una respuesta clara, pero sí bastantes evidencias de que desde que se constituyen las primeras civilizaciones surgen entramados de poder ocultos con siniestras intenciones.
Algunos analistas consideran que el mito de Prometeo es una metáfora sobre la constitución de la primera sociedad secreta. Prometeo, el dios benefactor de los humanos, burló a Zeus que para castigarle le quitó el fuego a los hombres. La subsistencia de la humanidad peligraba sin lumbre y el dios rebelde lo robó del Olimpo para devolvérselo a sus protegidos. Muchos historiadores consideran que la mitología no deja de ser una fábula sobre hechos que ocurrieron.
Por tanto se apunta que la primera sociedad secreta pudo ser la de los primeros hombres que descubrieron el fuego y guardaron el secreto únicamente para los de su clan. Una jerarquía (una primigenia elite) custodiaba la llama y decidía cuándo se empleaba. De este modo garantizaban la supervivencia de los suyos y condenaban al frío y a la muerte a otros cazadores rivales que podían privarles de los recursos naturales de la zona.
Prometeo, en el texto del poeta griego Esquilo, roba el fuego a los dioses en el monte Olimpo para dárselo a la humanidad.
Esta supuesta “sociedad” no era del todo secreta, pues se sabía que un grupo de personas gestionaban este recurso. De todas formas, parece que además del fuego compartían otros secretos esotéricos, lo que después será una constante en este tipo de agrupaciones. Y otra de las características que se repetirá es la de acabar con los grupos enemigos para hacerse con el mayor número de recursos.
Tampoco resulta casual que el secreto a esconder fuera el fuego, que siglos después se entendió como la luz, como la iluminación: lo que permitía salir de las tinieblas a un grupo concreto de personas para que fueran “iluminados”.
Más allá de la mitología, la primera sociedad secreta de la que se tiene constancia y que se puede entender como tal, aunque presenta ciertas peculiaridades que la separan de las contemporáneas, es la escuela pitagórica en la Grecia Clásica (VI a.C.). En ella se imparten conocimientos que no pueden revelarse a nadie que no pertenezca a la misma.
La escuela pitagórica, fundada por Pitágoras de Samos (569 a.C - 475 a.C.), tenía un lema que bien podría aplicarse a este tipo de organizaciones en la actualidad: “no todo puede revelarse a todos”. Sus miembros, entre los que se admitían mujeres, algo inusitado en la época, mantenían riguroso secreto sobre sus conocimientos y obedecían a una estructura jerarquizada. Los recién llegados debían donar sus riquezas y llevar una vida de ascetismo en la propia escuela, mientras que los que ocupaban peldaños superiores podían tener posesiones y vivir en sus propias casas.
El conocimiento estaba estratificado y los recién llegados, que recibían el nombre de acusmáticos, accedían a las matemáticas, la astronomía o la música, pero debían esperar a ser ascendidos para recibir revelaciones más místicas.
La doctrina pitagórica considera que la esencia de todo se halla en los números. Nos han llegado las teorías matemáticas (el famoso teorema de Pitágoras) y las aportaciones a otras disciplinas, pero sigue siendo un misterio cuáles eran los conocimientos aptos solo para iniciados. Algunos aseguran que buscaban la inmortalidad o la explicación a través de los números a la transmigración de las almas (la reencarnación). Fuera lo que fuese, los miembros debían guardarlo en absoluto silencio y por ello debían de llevar a cabo un juramento ritual.
Este tipo de ceremonias se continúa llevando a cabo en la mayoría de las sociedades secretas actuales y sirve de advertencia para que los adeptos comprendan las graves consecuencias que les acarrearía una indiscreción. En este sentido, alrededor de cualquier sociedad secreta circulan rumores de terribles muertes rituales o de escándalos que hundieron a los que hablaron de más.
Los teoremas de Pitágoras se siguen usando hoy en día. En su escuela se aceptaban mujeres, algo novedoso en la época.
Los seguidores de Pitágoras fueron los primeros en escarmentar a un traidor y disuadir a cualquiera que pretendiera seguir sus pasos. La víctima fue uno de sus miembros, Hípaso de Mataponto, matemático, filósofo y teórico de la música que vivió a finales del siglo VI a.C. y falleció a principios del siglo V a.C. Descubrió los números irracionales y compartió sus hipótesis con estudiosos que no pertenecían a la organización. Los pitagóricos castigaron su falta: lo expulsaron y en la escuela se erigió una tumba con su nombre para simbolizar que para ellos estaba muerto. Pronto la alegoría se convirtió en certeza. Dejó este mundo en extrañas circunstancias que apuntan a que sus antiguos compañeros le ejecutaron por su indiscreción.
La siguiente referencia histórica a la que recurren los especialistas en el estudio de las sociedades secretas se sitúa durante la construcción del templo de Salomón (988 a.C.). El monarca hebreo le encargó la edificación del lugar de culto que albergaría el arca de la alianza y las tablas de Moisés al arquitecto Hiram Abí. Los trabajadores que estaban a sus órdenes se dividían en tres grupos: aprendiz, compañero y maestro, y solo podían ser ascendidos (y disfrutar de una mejora salarial) cuando estaban preparados para recibir nuevos conocimientos. Según la leyenda, tres “compañeros” ávidos por medrar intentaron que Hiram les revelara los secretos que les eran vetados. Al negarse, le asestaron tres golpes que acabaron con su vida.
Este es el mito fundacional de la masonería, que se recuerda en sus lugares de reunión las medidas del mítico templo e incorpora a sus rituales escenas que rinden tributo al arquitecto. También ordena a sus adeptos en las tres categorías de aprendiz, compañero y maestro. Pero la documentación sobre la masonería demuestra que se trata de una recreación que se pergeñó entre 1720 y 1723, cuando la logia ya estaba constituida. El objetivo era unificar sus rituales y conferir un origen mítico.
Estas leyendas sirven para legitimar las sociedades secretas, para establecer una línea temporal ininterrumpida desde tiempos remotos hasta nuestros días. Resulta prácticamente imposible separar mito de historia, pero lo que sí parece comprobable es que las organizaciones secretas de una u otra índole existieron desde el inicio de la humanidad. Sin embargo, fue a partir del siglo XVIII cuando se estableció el modelo que ha perdurado hasta nuestros días. Justo en ese momento nacieron los iluminados de Baviera que reúnen todos los requisitos que definen una sociedad secreta tal y como la entendemos. Antes de adentrarnos en los orígenes de los illuminati es necesario comprender qué es y qué no es una sociedad secreta.
Estos dos términos tienden a confundirse e incluso emplearse como sinónimos cuando no lo son. Las sectas pueden ser sociedades secretas, pero no todas las sociedades secretas son sectas. Ahora aclararemos esta cuestión, que es básica para el tema que nos concierne.
Una de las acepciones del Diccionario de la Real Academia (RAE) define secta como: “Doctrina religiosa o ideológica que se aparta de lo que se considera ortodoxo”. Etimológicamente, hay dos explicaciones a los orígenes de la palabra: podría provenir de sequi (seguir) o de secare (sector). Ambos conceptos confluyen en la actual definición: se trata de un grupo de seguidores de una doctrina que se ha escindido de un grupo mayor.
En este sentido, la religión cristiana empezó siendo una secta que se había escindido del judaísmo y que tenía carácter secreto debido a la persecución que sufrían. Pero esos dos aspectos (escisión y secretismo) no definían el cristianismo, eran variantes motivadas por el contexto histórico. La religión cristiana abandonó en cuanto pudo esas dos características: se erigió como un credo independiente y empleó el proselitismo, llámese evangelización, para difundir la palabra del Señor y aumentar sus seguidores.
Las sectas han adquirido un carácter secretista debido a que muchas de ellas en la actualidad infringen la ley. Según otra de las acepciones de la RAE, una secta es también una “comunidad cerrada, que promueve o aparenta promover fines de carácter espiritual, en la que los maestros ejercen poder absoluto sobre los adeptos”. En estos casos, el secretismo encubre prácticas peligrosas y en algunos casos criminales.
Las sectas, se escondan o no, tienden al proselitismo: a captar nuevos seguidores. Pueden exigirles que no revelen su pertenencia al grupo, pero la dinámica de cualquiera de ellas es engrosar su base de adeptos. Y esto es lo que las diferencia de las sociedades secretas, que no permiten la entrada a quien lo desee y que no buscan engrosar su lista de adeptos.
Por lo tanto, aclarado el punto de que las sectas pueden ser secretas pero que las sociedades secretas no son sectas, se impone entender por qué estas últimas se mantienen ocultas.
¿Cuál es la razón por la que tienen que esconderse y preservar de la mirada del resto de la sociedad sus objetivos? Las razones son dos: que sus prácticas estén al margen de la ley o que sus conocimientos requieran una iniciación.
La primera requiere una aclaración. Mantenerse al margen de la ley no significa obligatoriamente que la actividad de la agrupación sea peligrosa o dañina para los demás. Muchas leyes de la antigüedad eran injustas e infringirlas no suponía un prejuicio para nadie, ni una actividad lucrativa para quienes lo hacían. Sirve como ejemplo el mencionado origen del cristianismo: la persecución por parte del Imperio Romano que consideraba que atentaban contra su propia religión y por eso se escondían.
Existen otras razones que no estarían relacionadas con una creencia religiosa. Copérnico y Galileo Galilei defendían que la Tierra orbitaba alrededor del sol y no al revés como mantenía la Biblia y tuvieron que renunciar a sus investigaciones para no acabar en la hoguera. Isaac Newton también estuvo a punto de ser sentenciado como hereje por plantear un análisis científico sobre Dios. Continuar con cualquier de aquellas investigaciones en ese preciso momento histórico suponía compartir ese conocimiento secreto con un grupo de personas que se comprometieran a no revelarlo. La finalidad del secretismo era la supervivencia, el conocimiento no tendría nada de místico si no de científico y la finalidad no supondría ningún daño para el resto de la sociedad.
Muchas son las leyes o las prohibiciones que han cambiado a lo largo de los siglos y que en la actualidad nos parecen injustas pero en su momento condenaron a la clandestinidad a grupos de personas que ahora no serían consideradas peligrosas. Por el contrario, hay sociedades secretas cuya vocación es abiertamente criminal desde que fueron constituidas hasta hoy en día, como puede ser la Mafia, las Tríadas o el Ku Klux Klan. De todas formas, como se verá a lo largo de este libro, algunas de estas son el brazo criminal de las sociedades secretas. La Mafia, por ejemplo, está estrechamente ligada a los illuminati.
El Ku Klux Klan fue fundado a finales de 1865 por veteranos de la Guerra de Secesión americana y promueve principalmente la supremacía de la raza blanca y, por tanto, el racismo, la xenofobia y el antisemitismo, así como la homofobia, el anticatolicismo y el anticomunismo. Desde entonces, docenas de asociaciones han adoptado el nombre y sus creencias.
La otra razón por la que las sociedades optan por el secretismo es porque esconden un conocimiento superior que solo puede ser revelado a los iniciados que han estudiado lo suficiente para comprender su significado. Es lo que se llama conocimiento esotérico. Este se diferencia del habitual, el exotérico, que está al alcance de cualquiera. En cambio, el esoterismo solo es comprensible para los que adquieren un grado de instrucción que les permite comprenderlo y se relaciona con prácticas al margen de la ciencia: alquimia, quiromancia, magia, misticismo, geomancia, astrología… Todas ellas requieren un proceso de aprendizaje y según sus seguidores otorgan unos poderes.
¿Qué es lo que se pretende lograr con ello? Aquí hay hipótesis para todo tipo: desde la búsqueda de la inmortalidad o el bienestar de la humanidad hasta el control mental pasando por contactos con extraterrestres. Cada sociedad secreta espera formar a unos miembros que con esa sabiduría esotérica puedan alcanzar la meta que se han fijado.
EL ORIGEN DE LA PALABRAESOTERISMO
Este término proviene del griego esoterikós que significa “más adentro”. Los pitagóricos fueron los primeros en utilizar esta palabra para dividir a sus alumnos: los exotéricos eran los que estudiaban las materias a las que cualquiera podía acceder y los esotéricos eran los que habían sido iniciados.
Lo que ahora se considera que queda al margen de la ciencia y que tiene que ver con la superchería fue en el pasado un conocimiento muy empleado. Por ejemplo, durante siglos la astronomía no se separó de la astrología y se estudiaban a la vez. Una rama de la alquimia fue la que acabo convertida en la química.
Generalizando se puede decir que creen en la existencia de un poder supremo espiritual y energético que orienta el destino de la civilización y al que se accede por una serie de rituales y disciplinas místicas. Antes de la irrupción de los illuminati estas prácticas esotéricas tenían finalidades místicas. Los masones, por ejemplo, buscaban la perfección de sus miembros a través de esas revelaciones. Su ejemplo trascendería a la humanidad que así disfrutaría de una era de paz. Esta orden tiene prohibido discutir en sus logias sobre política o economía, por considerarlos asuntos mundanos en los que no tienen que intervenir.
Muchas de las sociedades preillumnati movían sus influencias en un ámbito muy reducido: sus miembros se favorecían entre sí y se fijaban utópicos objetivos a largo plazo. Pero se volcaban en una serie de conductas más que en acciones concretas para lograrlos. Los secretos que escondían eran técnicas ocultistas que les conferían poder y por ello no debían ser reveladas para evita que el adepto pudiera hacer un mal uso. Y es cierto que algunas eran peligrosas, pero nunca llegaron a serlo tanto como los illuminati. El secreto que ellos guardaban y no podían revelar a los recién llegados a sus filas era mucho más aterrador.
Albert Pike.
Los illuminati también buscaban acceder a un “ser superior” o “poder espiritual” que les revelara el camino a seguir. Pero la diferencia es que este no era lo que muchos de los iniciados esperan cuando ingresan en la sociedad. Para ellos, el ente superior es Satán. Lucifer, etimológicamente, se traduce como “el que lleva la luz” y de ahí podrían haber tomado su nombre los iluminados.
Los escritos de Albert Pike, el responsable de los illuminati en Estados Unidos a finales del siglo XVIII, no dejan lugar a dudas. Tal y como recoge Robert Goodman en su libro Claves secretas de la historia el jefe illuminati escribió en Las enseñanzas de la masonería: “¡Lucifer, portador de la luz! ¡Un hombre extraño y misterioso para dar espíritu de la oscuridad! ¡Lucifer, hijo del mañana! ¿El que porta la luz? ¡No hay duda!”.
Albert Pike ordena a los illuminati que este “secreto” no sea revelado hasta que los adeptos alcancen el máximo grado de conocimiento. “A vosotros, Instructores Soberanos del Grado 33, os decimos: Tenéis que repetir a los hermanos de grados inferiores que veneramos a un solo Dios, al que oramos sin superstición. Solo nosotros, los iniciados del Grado Supremo, debemos preservar pura la doctrina de Lucifer”.
El concepto de gobierno en la sombra no es algo nuevo. Ya en la Grecia Clásica, antes de que Pericles instaurara la democracia, se creó la sinarquía. Esto es un grupo de sabios reconocidos que gobiernan al pueblo, avalados por sus conocimientos y sin haber sido elegidos. También en el mundo antiguo encontramos el término plutocracia. En Grecia se distinguían los plutos, que eran los que tenían riqueza, del resto de ciudadanos. La plutocracia ha sido una forma de gobierno recurrente a lo largo de la historia. Su coartada moral es que si el poder se centra en la prosperidad económica, todo el pueblo se beneficia.
El gobierno de la elite económica ha encontrado diferentes formas de imponerse sin necesidad de ocultarse. El político y filósofo británico del siglo XIX John Stuart Mill aconsejaba el voto cualitativo: que solo pasaran por las urnas los que tenían una formación universitaria; por tanto, acabarían haciéndolo únicamente los ricos. En muchos países, por ejemplo en el Reino Unido hasta 1828, solo podían votar los que tenían una renta concreta, es decir, las clases pudientes. En la actualidad, la táctica más habitual de la plutocracia para imponerse es la financiación de las campañas políticas que les permiten contar con gobernantes que favorecerán sus intereses económicos.
Los illuminati son una plutocracia que emplea estas tácticas, pero son mucho más. Lo que les hace aún más peligrosos es que tienen un plan a largo plazo. No se trata únicamente de enriquecerse y acumular poder, pues aspiran a la consecución de un objetivo final. Este objetivo aparece en El nuevo testamento de Satanás, un documento escrito por miembros de la logia tras una reunión que tuvo lugar en 1773. El texto, que propone una serie de medidas para manipular a la población, fomentar las guerras y provocar crisis, concluye así: “Todas estas medidas obligarán a los pueblos a entregar el control mundial a la sociedad de los illuminati. El nuevo gobierno mundial aparecerá como patrón y benefactor de las naciones que se someterán voluntariamente. Si un estado se opusiese, entonces sus vecinos le declararán la guerra. Si los estados vecinos quisieran aliarse, habrá que desencadenar una guerra mundial”.
En su discurso de despedida de la presidencia de Estados Unidos, Dwight “Ike” Eisenhower, en 1961, pronunció esta inquietante frase que se ha interpretado como el reconocimiento de la existencia de un poder al margen de la democracia: “Debemos cuidarnos de la adquisición de influencia injustificada, tanto solicitada como no solicitada, del complejo militar industrial”.
Lucifer, el ángel caído, dador de luz, posible inspiración para el nombre de los illuminati (iluminados).
Ese discurso activó las señales de alarma de un sector de la población estadounidense, que entendió mejor las palabras del presidente con los hechos que vendrían: la guerra de Vietnam, el magnicidio de JFK, el asesinato de Martin Luther King y Robert Kennedy…
Esta teoría de que un gobierno en la sombra mueve los hilos de la política fue recuperada en 2016 por alguien que podía aportar pruebas al respecto. Mike Lofgren trabajó durante 28 años para el Congreso de Estados Unidos como especialista en seguridad nacional y en el libro Deep State. The fall of the Constitution and the Rise of a Shadow Goverment asegura que se trata de: “una asociación híbrida de elementos de gobierno, de las finanzas de alto nivel y de la industria que es capaz de gobernar de forma efectiva los Estados Unidos sin necesitar el consentimiento de los gobernados expresado a través de la política formal”.
Como se verá en los siguientes capítulos, que recogen una extensa investigación, los illuminati cumplieron su amenaza y no desencadenaron una, sino dos guerras mundiales. Y están tramando la tercera. En más de tres siglos han orquestado los acontecimientos más conocidos y también más fatídicos de la historia. Han desbancado o han convertido en sus franquicias al resto de sociedades secretas. Ha llegado el momento de conocer de dónde vienen y adónde nos llevan.
Como se comentaba en el capítulo anterior, la mayoría de sociedades secretas no tienen un origen claro y suelen atribuirse un principio legendario que se remonta siglos atrás. Sin embargo, los illuminati se desmarcan de esta tendencia. Ellos sí saben cuándo se creó su sociedad secreta e incluso cómo. Y esos hechos han trascendido incluso para los que no están adscritos al grupo.
La historia oficial de los illuminati, desde su fundación hasta que fueron proscritos es pública y documentada, así como buena parte de las teorías que su fundador, Adam Weishaupt, recopiló en diferentes escritos. De todas formas, se ha demostrado que no todas sus ideas se hicieron públicas y que siempre hubo un “plan B” que no se reveló al gran público.
La ceremonia de fundación de esta sociedad tuvo lugar en un bosque a las afueras de Ingolstadt, en Baviera, al sur de Alemania, la noche del 30 de abril al 1 de mayo de 1796. La elección de la fecha es significativa pues se conmemora el día de santa Walburga, una misionera inglesa que convirtió al catolicismo a muchos alemanes en el siglo VIII. La beata fue la excusa para integrar en el cristianismo la noche de walpurgis, que era una festividad pagana en que las brujas volaban sobre sus escobas o a lomos de cualquier animal hacia las altas montañas donde se reunirían con su amo y señor, el mismísimo Satán, para celebrar un aquelarre orgiástico. Los celtas conmemoraban ese día la fiesta de Beltane encendiendo hogueras en honor al dios Belenos, el dios de la luz y el fuego (como Lucifer, que es el dios que porta la luz) para que despertara la fertilidad tanto en la tierra como en las mujeres. Ese día marcaba en sus calendarios el inicio de la primavera y el final de la “estación oscura”.
El profesor universitario de derecho Adam Weishaupt (1748-1830) dominaba aquellas tradiciones y muchas más. Contaba con conocimientos esotéricos y había militado en una logia masónica que acabó por decepcionarle porque le pareció “una reunión social”. Y su concepto de lo que debería ser una logia era mucho más ambicioso.
En la mágica noche de walpurgis, brujas y seres demoníacos se reúnen con su amo y señor: Lucifer, el Maligno.
Weishaupt quería cambiar el orden social porque había quedado obsoleto. En el pasado, la religión y la creencia en Dios habían sido suficientes para guiar a la civilización. Lo mismo había ocurrido con la monarquía absolutista: los reyes conducían al pueblo que les obedecía ciegamente. Esta estructura funcionó, según el profesor de derecho, hasta que el materialismo y el anhelo por mejorar la situación económica caló en la sociedad. Ni Dios ni los monarcas contaban ya con el empuje necesario para hacer evolucionar a la raza humana a una nueva fase y por tanto se tenía que encontrar un orden nuevo que sustituyera al anterior. Este es el resumen de una de las ideas más importantes que compartía Weishaupt con cinco alumnos suyos que aquella noche se convirtieron en los primeros illuminati.
El anticlericalismo que apuntaban algunos filósofos franceses que Weishaupt había leído en su juventud era un concepto peligroso en aquella época. El monopolio de la Iglesia era incuestionable e intentar discutir cualquiera de sus decisiones tenía consecuencias muy desagradables. Y la monarquía absolutista era un engranaje de poder dispuesto a aplastar a los disidentes o los que pudieran hacerle la competencia.
Weishaupt pese a tener una formación jesuita (se cree que estuvo a punto de ingresar en esta orden) era anticlerical y antimonárquico, pues eran las dos estructuras de poder que impedían imponer un Nuevo Orden Mundial. Simpatizaba con el anticlericalismo de los filósofos franceses que había leído en su juventud y quería llevarlo más lejos. Pero eso era algo que no podía decir en público. El monopolio de la Iglesia era incuestionable e intentar discutir cualquiera de sus decisiones tenía consecuencias muy desagradables. Y la monarquía absolutista era un engranaje de poder dispuesto a aplastar a los disidentes o los que pretendieran acumular suficiente poder para hacerles la competencia.
Tres años antes de aquella noche en el bosque de Ingolstadt, Weishaupt había vivido muy de cerca un ejemplo de lo que ocurría cuando se atacaba al poder papal o al monárquico. Por entonces, la Compañía de Jesús era muy poderosa y varios reyes europeos le pidieron al Papa la disolución de la misma. El papa Clemente XIV decretó el desmantelamiento de los jesuitas y la conversión de sus miembros al clero secular, el que no está regido por ninguna orden. Los jesuitas ni siquiera habían desafiado ni a monarcas ni al mandato papal, pero su gran influencia había suscitado recelos en estas dos autoridades que se habían sentido amenazadas. Weishaupt tomó nota de la lección: si se atacaba a estos dos poderes, debía hacerse en secreto.
Aquella noche Weishaupt y sus cinco discípulos, siguiendo los rituales germanos y celtas, se adentraron en la espesura del bosque, rompiendo la oscuridad con sus antorchas, que después unieron para crear una hoguera, como hacían sus antepasados paganos. Ceremonialmente procedieron a llevar a cabo el primer juramento en el que se comprometían a cumplir con el objetivo de la recién inaugurada orden. En ese momento la bautizaron como Bund der Perfektibilisten (Unión de Perfectibilidad). El término Perfectibilidad provenía de los masones, pues el camino hacia la perfección es el objetivo de sus miembros. El búho de Minerva, la diosa de la sabiduría, fue el símbolo escogido para la nueva asociación.
Posteriormente, los alumnos reclutaron una treintena de miembros entre sus compañeros de estudio y se reunían con Weishaupt para hablar de filosofía y para acceder a lecturas prohibidas que el profesor les proporcionaba. Instauraron la costumbre de reunirse en secreto y de utilizar pseudónimos de etimología clásica para relacionarse. Casualmente, Weishaupt se convirtió en Espartaco: el esclavo tracio que se rebeló contra Roma.
La cúpula académica de la universidad no veía con buenos ojos a aquella asociación que fascinaba a los alumnos y en la que se comentaban textos anticlericales que el resto del profesorado había censurado. Ello, unido a la gran expansión de la asociación, provocó que en 1778 se plantearan convertirse en una orden secreta. Varios fueron los nombres que se barajaron y estuvo a punto de imponerse el de la Orden de la Abeja, como una metáfora de lo que hacían: seguir las órdenes de la abeja reina para recopilar el néctar de la sabiduría. Pero finalmente se decantaron por Orden de los Iluminados de Baviera.
La organización aseguraba que su finalidad era conducir a la humanidad hacia una sociedad utópica por métodos que muchas veces se contradicen: en ocasiones exhorta a sus adeptos a la acción y en otros momentos a la quietud de la contemplación. Lo que queda claro desde sus orígenes es que defiende el anticlericalismo y el fin de la monarquía. Esas dos ideas eran las más peligrosas y perseguidas que se podían exponer en el momento. El movimiento era terriblemente revolucionario para la época y, de hecho, muchas de sus premisas fueron inoculadas en el socialismo. En los siguientes capítulos podremos ver la relación de este movimiento con los illuminati.
Los alumnos de Weishaupt eran los encargados de captar nuevos socios, pero el maestro les impuso una regla: tenían que ser personas que ostentaran una posición influyente, ya fuera social o económicamente. Nadie podía acceder a la sociedad simplemente porque lo desease y había de ser admitido por un tribunal de la misma. El sueño de Weishaupt no era dirigir una entidad multitudinaria, si no una que fuera poderosa, con adeptos con capacidad para tomar decisiones que cambiaran el mundo. La máxima que le repetía a los alumnos era: “pocos, pero bien situados”.
El autor alemán de la obra inmortal Fausto, Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), fue uno de los primeros y más célebres integrantes de la orden de los illuminati.
Bajo esta premisa y en apenas un par de años, los illuminati reclutaron a la flor y nata de la sociedad de aquel momento. El fichaje del banquero Meyer Amschel Rothschild, considerado el hombre más rico del planeta, garantizó la financiación del grupo. Otro miembro relevante, que además colaborará con Weishaupt codo con codo en la planificación de los objetivos, es el barón de Hannover Adolph Franz Friedrich Ludwig von Knigge, que era masón e introdujo al profesor universitario en influyentes logias masónicas. El barón atrajo a poderosos como el príncipe Ferdinand de Brunswick; el duque de Sajonia-Weimar, Carlos Augusto de Sajonia-Weimar-Eisenach; el de Sajonia-Gotha, Ernesto II de Sajonia-Gotha-Altemburgo; el conde de Stolberg, Enrique de Stolberg-Wernigerode; el barón de Dalberg, Adolf Franz Friedich y el príncipe Karl de Hesse. También se les unió el político Franz Xavier von Zwack, que se convirtió en la mano derecha del fundador y que tal y como se verá más adelante acabó siendo el responsable, por una serie de casualidades, de que se desvelaran los auténticos planes de los illuminati.
Además de la nobleza, también engrosaron sus filas banqueros, médicos, abogados, políticos e intelectuales. El filósofo y teólogo Johann Gottfried Herder y el poeta, novelista, dramaturgo y ensayista Johann Wolfgang von Goethe se sumaron a la Orden. Casualmente, la obra más famosa de este último, Fausto, presenta una escena que sucede durante la noche de walpurgis, que es cuando se fundaron los illuminati. Otros adeptos insignes estaban especializados en conocimientos esotéricos, como el Conde Alessandro di Cagliostro, médico, alquimista, rosacruz y masón, o el misterioso Conde de Saint Germain, reputado alquimista, aventurero, músico e inventor.
En 1782 contaban con 600 miembros. A finales de 1784 se cifran entre 2.000 y 3.000 repartidos en Baviera y el resto de Alemania. Gracias a los contactos de Knigge, se extendieron rápidamente por Austria, Hungría, Suiza, Francia e Italia.
Adam Weishaupt tenía una clara estrategia para conseguir sus objetivos: aumentar el número de adeptos y que estos estuvieran situados en puestos de poder. Pero no solo eso: también debían ser personas dispuestas a mantener en secreto su pertenencia a los illuminati y a no cuestionar las órdenes de una organización altamente jerarquizada. Para lograrlo, optó por contactar con otras logias, principalmente la masónica, que era el lugar perfecto para encontrar nuevos miembros acostumbrados a la discreción, a los rituales y a seguir los objetivos de una agrupación. En un principio los contactos fueron fructíferos: algunos miembros, tanto illuminati como masones se adscribieron a las dos sociedades.
Pese a los puntos en común, los rituales de los illuminati diferían de los de las logias masónicas, así como la forma de alcanzar los objetivos finales. Los masones promovían la evolución de la humanidad para que los hombres alcanzaran tal perfección que haría innecesaria la presencia de los gobiernos. Describían este movimiento como un avance lento, fruto de muchos factores que llegaría en un futuro lejano, pasados algunos siglos. En cambio, Weishaupt pisaba el acelerador y decía que se podía alcanzar aquella sociedad utópica tal vez en el curso de una generación.
Lo que callaba es que él, a diferencia de los masones, no renunciaba a emplear métodos revolucionarios y algunas disciplinas esotéricas. Esa información se la ocultaba a los recién llegados, pero la compartía con los illuminati que tenían contactos con la masonería. Porque el plan de Weishaupt era infiltrar al mayor número de los suyos en las logias masónicas para poderlas controlar. Y ese plan sigue ejecutándose a día de hoy.
Los masones y los illuminati compartieron una breve pero intensa luna de miel en la que colaboraron estrechamente y compartieron discípulos. Los masones adoptaron algunas reglas illuminati. Estos últimos empleaban un pseudónimo de raíz clásica tanto para ellos como para la logia a la que pertenecían. Los masones adoptaron también esta costumbre. Weishaupt estaba por entonces muy bien considerado por la masonería y quiso aprovechar aquella posición de fuerza.
En 1782 las logias de masones y de illuminati europeas se reunieron en el convento de Wilhelmsbad, en Alemania. El representante de estos últimos era Adolph Freiherr Knigge, el escritor y político que había atraído a buena parte de los influyentes nobles que militaban en los illuminati. Este había ayudado al fundador a crear una estructura y preparó concienzudamente el encuentro con las órdenes masónicas.
Knigge sabía que el pensamiento anticlerical y antimonárquico acérrimo de Weishaupt supondría un escollo para lograr el apoyo de algunas logias cristianas y de otras auspiciadas por nobles. Ambos mantuvieron algunas discusiones al respecto que no sirvieron para cambiar la posición del fundador.
Pero la divergencia entre ambos era mayor de lo que se decía. Knigge quería que los illuminati fueran reconocidos como una logia masónica. Pero Weishaupt pretendía que su sociedad secreta acabara dominando las logias masónicas y se erigiera como su máxima autoridad. La masonería en aquel momento estaba dividida en posiciones enfrentadas y querían aprovechar esta ventaja táctica para hacerse con el control. Pero Weishaupt no logró sus objetivos. Tampoco se puede decir que fracasara estrepitosamente. Topó con la oposición de la Gran Logia de Inglaterra, de filosofía religiosa y conservadora, que acabó convirtiéndose en enemiga declarada de los de Baviera.
Sin llegar a un enfrentamiento tan encarnizado, tampoco lograron el apoyo de la logia de Gran Oriente de Francia ni el de los teósofos suecos. Sin embargo, el resto de logias apoyaron a los illuminati y recibieron con entusiasmo sus propuestas, que suponían una bocanada de aire fresco para la masonería.
El enfrentamiento con la Gran Logia de Inglaterra se enconó y Weishaupt les dedicó airadas diatribas en las que dudaba de la autenticidad de aquella logia fundada por pastores protestantes. “Ellos consiguen seguidores no por su autenticidad, sino porque les conducen hacia el fin que ellos proponen y por la importancia de tal fin. Ellos son rechazados por los buenos masones, ya que son incompatibles con la felicidad social”, llegó a escribir.
Weishaupt, tras no lograr la hegemonía de todas sociedades masónicas, siguió infiltrando a sus miembros en las logias con la intención de que acabaran siendo sus títeres. Esta estrategia sigue vigente, pues tras las acciones que se les atribuyen a los masones suele haber una mano illuminati.
El plan de manipular a la masonería no acababa de convencer al barón Von Knigge, que seguía siendo un convencido masón. Y cuando descubrió el objetivo final de la sociedad que él mismo había ayudado a consolidar, se escandalizó y acabó dimitiendo en 1784. Dejó una advertencia en un escrito en el que justificaba su marcha: “Una orden que abusa y tiraniza a las personas de esta manera (…) llevaría a los pobres a un yugo más duro que los jesuitas”.
Los nobles que se habían apuntado al movimiento por su relación con el barón siguieron sus pasos. Pero hubo uno que fue más lejos. Joseph Utzschneider, tras abandonar la Orden, envió una carta denunciando a sus antiguos compañeros a la gran duquesa de Baviera. Además de revelar su filosofía antimonárquica y anticlerical, añadió algunos hechos que no han sido probados, como que habían asesinado a funcionarios para ocupar sus puestos y que estaban apoyando a Austria, que en aquellos momentos pretendía anexionarse Baviera.
ADAM WEISHAUPT,REVOLUCIONARIO Y PROFESOR
Nadie esperaba que un profesor universitario bávaro de buena familia acabaría convirtiéndose en un revolucionario. Adam Weishaupt (1748-1830) nació en el seno de una familia de judíos convertidos al catolicismo. Su padre era profesor, pero falleció cuando el pequeño Adam tenía cinco años, por lo que fue criado por su abuelo, director de un colegio jesuita en el que ingresó a los siete años. Destacó en los estudios y en esa época devoró la biblioteca de su abuelo plagada de filósofos ilustrados franceses. En 1768 se doctoró en derecho y en 1772 empezó a trabajar como profesor en la universidad y empezó a impartir clases de derecho canónico. Habitualmente, los docentes eran jesuitas, pero el papa Clemente XIV había disuelto esa orden. En 1973 se casó con Afra Sausenhofer (1750-1846), con la que tuvo dos hijas y cuatro hijos.
Entre 1773 y 1775 viajó a Francia y ahí conoció a La Fayette y a Maximillien de Robespierre, dos figuras claves en la futura Revolución Francesa (1789-1799). También contactó con un místico danés llamado Kolmer, que había vivido en Egipto y que le inició en los misterios de los sabios de Menfis. Weishaupt fue elaborando su filosofía política que abogaba por acabar con la influencia de las monarquías y de la religión y crear un gobierno universal dominado por el materialismo. Para ello fundó los illuminati de Baviera en 1776. Tras la persecución de la organización ocho años después, el maestro de los illuminati fue despedido de su cátedra y desterrado, pero encontró refugio en la corte de uno de sus adeptos, el Duque de Sajonia-Coburgo-Gotha. Nunca se le permitió regresar a Baviera y murió en 1830, con 82 años, y en el lecho de muerte renegó de la religión católica.
Como curiosidad cabe destacar su nombre: Adam (Adán) es el primer hombre. “Weis” proviene del alemán y significa “saber”, y “haupt” se podría traducir como “líder” o “capitán”.
Advertido por su esposa, el duque electo de Baviera, Karl Teodoro Dalberg, promulgó un edicto en 1784 en el que identificaba a los illuminati como una rama de la masonería y ordenaba el cierre de todas las logias de una y otra orden. En ese momento los iluminados pensaron que se trataba de una prohibición temporal destinada a acallar a la opinión pública y que pronto podrían reanudar su actividad. Pero no podían estar más equivocados: no solo no se levantó la prohibición sino que se recrudeció.
