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Tim Burton es uno de los cineastas más insólitos del cine actual. Los protagonistas de sus películas son desarraigados, introvertidos, melancólicos, outsiders, viven una dualidad existencial entre su mundo interior y la realidad exterior. Sus personajes reflejan las experiencias del director durante su infancia, adolescencia y también a lo largo de su vida adulta, especialmente en el ámbito profesional. De pequeño, Burton vivió aislado, encerrado en su habitación, donde veía películas de terror y dibujaba seres monstruosos. De mayor, él siempre se ha considerado un director ajeno a la industria de Hollywood: forma parte de ese entramado cinematográfico pero se siente extraño en él. El libro que ahora tienes en tus manos estudia el cine de Tim Burton desde la perspectiva de su outsider protagonista, atendiendo especialmente a sus películas más emblemáticas y personales.
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Seitenzahl: 407
Veröffentlichungsjahr: 2012
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Ensayos 467
Cine Serie dirigida por
JAVIER FIGUERO
Los inadaptados de Tim Burton
ISBN DIGITAL: 978-84-9920-787-2
© 2012 Javier Figuero y Ediciones Encuentro, S. A., Madrid
© de las ilustraciones: Mireia García Sanz
Diseño de la cubierta: o3, s.l. - www.o3com.com
Queda prohibida, salvo excepción prevista en la ley, cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación de esta obra sin contar con la autorización de los titulares de la propiedad intelectual. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (arts. 270 y ss. del Código Penal). El Centro Español de Derechos Reprográficos (www.cedro.org) vela por el respeto de los citados derechos.
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Agradecimientos
En primer lugar quiero dar las gracias a Tim Burton y a su equipo artístico y técnico por las películas realizadas. Sin ellas hubiera sido imposible este estudio. Gracias también a mis compañeros de universidad, por su ayuda, apoyo y comprensión, muy especialmente a Juan Orellana, por darme la oportunidad de publicar estas reflexiones en la colección de cine que dirige. Gracias a Antonio Sánchez-Escalonilla, por su generosidad, dedicación, sabiduría y estímulo. Gracias a las doctoras Rafaela Santos y Berenguela Monforte. A toda mi familia y amigos, por llevar mi ausencia con paciencia. Muy especialmente gracias a mis queridos padres y suegros, y a mi queridísima Mamen, sin cuyo cariño, apoyo y ayuda llegar al final de esta publicación habría sido sencillamente impensable.
ÍNDICE
Capítulo 1 EL
OUTSIDER
EN EL CINE DE TIM BURTON
Capítulo 2 LOS PRIMEROS
OUTSIDERS
Capítulo 3
OUTSIDERS
SOCIALES
Capítulo 4
OUTSIDERS
EN EL INFRAMUNDO
Capítulo 5
OUTSIDERS
INTRUSOS
Capítulo 6 CARACTERÍSTICAS DE LOS
OUTSIDERS
BURTONIANOS
Capítulo 7 UNA APROXIMACIÓN PSICOLÓGICA DE LOS
OUTSIDERS
BURTONIANOS
BIBLIOGRAFÍA
El outsider es un inadaptado social, es decir, una persona que vive en los límites del sistema social y/o familiar. Aceptado por la mayoría, en general tolerado, pero no completamente integrado en una comunidad. El outsider es un individuo raro, distinto y extraño, alguien más proclive a tener problemas con el entramado, especialmente si causa algún problema o trata de pertenecer al sistema como miembro de pleno derecho. El diccionario de Oxford define outsider como forastero o intruso, términos que expresan bien el profundo conflicto interno de los inadaptados burtonianos.
Al realizar su primer cortometraje, Vincent (1982), Tim Burton creó un personaje desarraigado, introvertido, melancólico, un outsider, que vive una dualidad existencial entre su mundo interior y la realidad exterior. El contexto, lleno de imposiciones, trata de encajar al niño en la normalidad establecida; disyuntiva que para Vincent resulta extraña, deprimente y penosa.
El outsider protagonista de las películas de Burton refleja las experiencias del director durante su infancia, adolescencia y también a lo largo de su vida adulta, especialmente en el ámbito profesional. De pequeño, Burton vivió aislado, encerrado en su habitación, donde veía películas de terror y dibujaba seres monstruosos. De mayor, él siempre se ha considerado un director ajeno a la industria de Hollywood: forma parte de ese entramado cinematográfico pero se siente extraño en él. Hablando de los directivos de los estudios asegura: «A veces me miran con cara como de preocupación, preocupación por qué es lo que quiero hacer»1.
Treinta años después de crear su primer outsider, Tim Burton continúa profundizando en el mismo inadaptado, personaje principal en la mayoría de sus películas, especialmente aquellas consideradas como más emblemáticas y personales: Vincent (1982), Eduardo Manostijeras (1990), Pesadilla antes de Navidad (1993), Ed Wood (1994) y Big Fish (2003). Todas son historias muy cercanas al director, como él mismo reconoce.
1. Vincent (1982). Al ser preguntado —durante la presentación de Sweeney Todd en España— por cuál de sus películas se sentía más orgulloso, Tim Burton contestó: «‘Vincent’, al ser la primera, tiene un lugar muy especial en mi corazón»2.
2. Eduardo Manostijeras (1990). Es considerada por el público y la crítica su película más personal. Encierra muchos recuerdos y sentimientos de su juventud. Tim Burton afirma de Eduardo Manostijeras: «Creé este personaje hace algún tiempo, lo medité mucho. Representa en parte aquellos años de adolescente en los que sentías con mucha intensidad, y nadie te comprendía, ese tipo de clichés clásicos. El hecho de crecer en Burbank acentuó esos sentimientos en mí. Así que esta película es muy representativa de muchas sensaciones e impresiones de esa época y ese lugar»3.
3. Pesadilla antes de Navidad (1993). Desde muy temprano el director comenzó a diseñar los personajes y la idea general de esta historia. Aunque él no la dirigió, sino Henry Selick, es un trabajo muy personal de Burton, quien afirma de ella: «Amo todo lo que he hecho, pero esta película es especial para mí. Siento los personajes muy de cerca. A veces te sientas y creas esos dibujos sin saber lo que estás haciendo: es algo que llega directamente de tu subconsciente»4.
4. Ed Wood (1994). El ambiente del cine de terror y la amistad de Ed Wood con Bela Lugosi son dos circunstancias que convierten este filme en un trabajo especialmente cercano a Tim Burton. Asegura el director que lo que más le gustaba de Ed Wood era su delirio por el cine, entusiasmo con el que se siente identificado: «Me ha pasado en todas mis películas, termino por dejarme atrapar; te crees que estás haciendo lo mejor de lo mejor»5. Respecto a la amistad de Ed Wood con Lugosi, afirma: «Me identifiqué con ello al nivel en que lo hice con Vincent Price, en cuanto a lo que sentía por él. Conocer a Vincent me impactó increíblemente, igual que le debió de pasar a Ed Wood al conocer y trabajar con su ídolo»6. Para algunos autores, «la impronta de Burton se advierte sobre todo en Eduardo Manostijeras y en Ed Wood»7.
5. Big Fish (2003). Esta película se convirtió en personal para Tim Burton, por los acontecimientos que vivió justo antes de su estreno. «Mi padre había muerto recientemente y aunque no estuviera muy unido a él fue un periodo triste que me hizo empezar a pensar y a recordar el pasado. Era algo que me resultaba muy difícil de expresar, pero entonces apareció este guión y trataba precisamente de estos temas, y por eso hacer esta película fue una tremenda catarsis para mí, porque tuve la oportunidad de trabajar sobre estos sentimientos sin necesidad de hablar con un terapeuta»8.
El outsider se ha convertido en el héroe arquetípico de la filmografía de Tim Burton. Como él mismo ha comentado, la inspiración para este inadaptado fueron los monstruos de las películas de terror que veía en el cine y en la televisión durante su infancia. Burton ha hecho del inadaptado social una premisa dramática propia.
Según Sánchez-Escalonilla, las fuentes de inspiración de Tim Burton engloban «mitos, leyendas, literatura romántica, cuentos de hadas y relatos de fantasmas de Poe y Maupassant, sin olvidar los clásicos cinematográficos de terror y fantasía: desde Lon Chaney y Murnau hasta las producciones de la Hammer, pasando por Bela Lugosi, Boris Karloff y en especial Vincent Price»9. El germen creativo del cineasta está lleno de personajes extraños, raros, rechazados, solitarios; inadaptados en definitiva. Entes monstruosos para la sociedad, en quienes, sin embargo, Tim Burton descubre una ternura y sensibilidad especiales.
El inadaptado social es un personaje paradigmático que ha producido infinidad de historias desde los orígenes de la humanidad. Podríamos remontarnos a Caín o al hijo pródigo, como ejemplos de inadaptados que protagonizan dramas bien conocidos. Se trata de un patrón dramático al que el Séptimo Arte acude con frecuencia para plantear innumerables historias. Un buen ejemplo de inadaptación es precisamente uno de los personajes más emblemáticos de la historia del cine: Charlot.
De modo que partimos del hecho reconocido de que todas las películas de Tim Burton tienen el mismo protagonista: un outsider social incomprendido por los demás. A menudo, este solitario se refugia en el mundo de la fantasía o el terror para escapar de los imperativos de una sociedad que no le valora, simplemente le tolera, y a distancia.
El inadaptado burtoniano refleja las vivencias personales del director, sobre todo durante su infancia y adolescencia. Podemos decir, con Panadero y Parra, que «al igual que Joe Dante10, Fred Dekker11 o John Carpenter12, Burton ha dedicado la totalidad de su obra a conjurar sus fantasmas de infancia»13.
Destaca Orellana en su estudio sobre el drama humano en la gran pantalla que el cine «es un lenguaje metafórico cargado de símbolos y de sugerencias alegóricas»14. Tim Burton es un director que recurre con frecuencia a una simbología propia. Su lenguaje está cargado de guiños visuales con un profundo sentido para él y para el espectador —las cosas significan algo, le gusta repetir a Burton—. Esa simbología aborda temáticas trascendentes desde su punto de vista.
Así, la inadaptación se ve representada visualmente en individuos inacabados o llenos de costurones, lo que les transforma en seres frágiles y quebradizos. Igualmente el aislamiento social se expresa en su cine a través de la máscara de muchos de sus personajes, tras las que se esconden sujetos que tratan de expresarse con mayor autenticidad. Es también la máscara una representación de la doble personalidad de muchos de estos outsiders.
Descubrimos en el cine de Tim Burton una recurrente búsqueda de la figura paterna y familiar. Es un hecho reconocido por muchos expertos en psiquiatría y psicología que la condición de outsider está estrechamente relacionada con la falta de vínculos familiares. El inadaptado social burtoniano acusa esa ausencia de la figura del padre. Es más, algunas de sus historias constituyen una abierta búsqueda del vínculo familiar, como Charlie y la fábrica de chocolate o Big Fish.
Junto al padre, a veces como sustituto de él, también aparece en el cine burtoniano la figura del mentor, un personaje (muchas veces de cariz paternal) que acompaña en su melancolía al outsider. Por ejemplo, Vincent Price en Vincent y en Eduardo Manostijeras, o Bela Lugosi en Ed Wood.
El cineasta, al hablar de sus propuestas temáticas, explica: «El proceso por el que paso es: Ah, esto debe de significar algo para mí interiormente. Creo que se aprende mucho de uno mismo si no se intelectualiza inmediatamente, si intentas ir de forma más intuitiva y luego miras hacia atrás y ves qué temas o imágenes se repiten. Entonces empiezo a interesarme por descubrir qué significan desde el punto de vista psicológico, en qué se basan. Y descubro que así aprendo más sobre mí»15. Siguiendo este proceder de Tim Burton nos hemos adentrado en el estudio de su protagonista principal: el outsider burtoniano.
En primer lugar nos centramos en la inadaptación social en el cine de Tim Burton. Para ello se define qué es un inadaptado social, así como sus características temperamentales. Más adelante se delimita este término en el ámbito cinematográfico burtoniano teniendo en cuenta las reflexiones de Tim Burton acerca del outsider, dentro y fuera de la pantalla.
Una vez introducidos en el cine burtoniano, el estudio se adentra en el análisis de este inadaptado social en cada una de sus películas. De cada filme, se incluye una ficha técnica y artística, una pequeña introducción del contexto en el que fue producida, un resumen de la trama, una descripción de los principales personajes y, finalmente, se establece quién o quiénes son los outsiders protagonistas y se estudian sus principales características.
Se han diferenciado cuatro tipos de outsiders. En primer lugar, sus primeros outsiders, los de sus dos cortometrajes: aquí crea unos inadaptados en quienes irá profundizando en su filmografía posterior. En segundo lugar, los outsiders sociales, que son mayoría en su cine. Se trata de inadaptados que no logran pertenecer a ningún lugar, que viven al margen de la mayoría, y que no terminarán de ser aceptados. En tercer lugar, los outsiders del inframundo, es decir, seres que viajan al Más Allá o ya están allí y tratan de volver al mundo de los vivos para cumplir algún tipo de misión: Bitelchús, el Jinete sin Cabeza o Emily. Se incluye aquí al protagonista de Big Fish, debido a que la película es su preparación para viajar al Más Allá, donde el héroe queda inmortalizado a través de sus historias. También se incluye a Alicia en su viaje al inframundo de la imaginación y los sueños. Finalmente encontramos un cuarto grupo de outsiders intrusos: los marcianos de Mars Attacks!, el humano de El Planeta de los Simios y el monstruoso Sweeney Todd, cuyo afán de venganza le convierte en un ser extraño y bestial en medio de un mundo supuestamente humano.
Finalmente, se concluye con una recopilación de las características más destacables en los outsiders creados por este cineasta único y singular que es Tim Burton.
El presente estudio únicamente aborda los trabajos cinematográficos de Burton, dejando de lado los escasos encargos televisivos y publicitarios dirigidos por él. Tampoco se incluyen sus cortometrajes de infancia, La isla del Doctor Agor (1971), Doctor of Doom (1979) y Luau (1982).
Hay abundantes monografías sobre Tim Burton que examinan sus películas, fijándose especialmente en su estética visual, pues constituye un sello original y muy característico del director. Entre ellas, destaca Burton on Burton, de Mark Salisbury, un repaso de toda su obra realizada a través de una serie de entrevistas personales al director.
También hay algunos estudios menores sobre ciertas películas, que se centran en la originalidad y particularidades de los personajes creados por el director, y recogen aspectos sobre el look visual del artista.
En las páginas web creadas por estudiosos y seguidores del cineasta se pueden encontrar sinopsis de sus películas, descripciones de los personajes, fotos del director y de su trabajo, y anécdotas sobre los distintos rodajes. Existen interesantes foros en los que muchos fans opinan sobre su ídolo cinematográfico, comentando sus películas y lo que les atrae de ellas. Muchos encuentran en sus historias una reivindicación liberadora contra las reglas sociales y el etiquetado al que la lógica e inevitable ordenación social somete a las personas.
Tras treinta años creando imágenes, parece interesante acometer un análisis de outsider de Tim Burton, principal protagonista de todas sus películas.
Sabemos que «de niño Burton era, según él admite, moderadamente destructivo. Arrancaba la cabeza a sus soldados de juguete y aterrorizaba al niño de al lado convenciéndole de que los extraterrestres habían aterrizado»16. Asimismo, a veces deseaba encarnarse en Godzilla para hacer añicos este mundo: «Creo que estos impulsos de destruir la sociedad se formaron muy temprano»17. Igualmente precoz fue su impulso de trasladar a imágenes esos instintos destructivos. En Vincent, un niño encantador se dedica a cometer todo tipo de crímenes —en su pequeño mundo imaginativo— acompañado de su monstruoso perro.
A los doce años Tim Burton abandonó el hogar familiar para irse a vivir con su abuela, con la que permaneció hasta los quince, edad a la que se independizó definitivamente. La sensación de desencanto en su casa era grande: «Yo crecí en una urbanización, y aún sigo sin comprender algunas cosas. Hay una especie de ambigüedad, un vacío, y eso es algo que recibí con mucha fuerza de mi familia. Los cuadros que mi familia tenía en las paredes, nunca entendí que les gustaran, que los compraran, que alguien se los regalara. Era casi como si hubieran estado allí siempre y, a pesar de eso, nadie los hubiera mirado jamás. Recuerdo que a veces me sentaba a mirarlos y pensaba: ¿Qué coño es eso? ¿Qué son esas uvas de resina? ¿De dónde las han sacado? ¿Qué quieren decir?»18.
Las salidas, excursiones y viajes eran escasos, así como las actividades deportivas o extraescolares. «Sus rarezas adolescentes acompañadas por una acentuada timidez, no ayudaban al joven Tim a integrarse en las actividades sociales de su barriada de clase media baja»19. Rememorando aquellos años, el director afirma: «Nunca me peleaba con nadie, pero realmente no conservaba los amigos. Tengo la sensación de que la gente sentía la necesidad de dejarme en paz por alguna razón, no sé exactamente por qué. Era como si yo emitiera una especie de aura que dijera: ‘Dejadme en paz, joder’»20.
Con ese hálito aislante el pequeño Tim caminaría por las calles de Burbank, dirigiéndose solo a alguna de las salas de proyección de la ciudad. «No tenía muchos amigos pero hay suficientes películas raras por ahí, gracias a las cuales puedes pasar un montón de tiempo sin amigos viendo cada día algo nuevo que te dice algo. [...] Podían verse unas tremendas sesiones triples como Scream Blackula Scream, Doctor Jekyll y su hermana Hyde (Dr. Jekyll and Sister Hyde) y Destroy All Monsters. Ésos fueron los buenos momentos del cine. Aquellos maravillosos programas triples. Y yo iba al cine solo o con un par de chavales del vecindario, daba igual»21. La observación final sobre la indiferencia de ir solo o acompañado deja también entrever el aislamiento del niño Burton.
En aquellas sesiones de cine empezó a llamarle la atención un actor que interpretaba a seres atormentados y poseídos por un insoportable sufrimiento: «Iba a ver casi todas las películas de monstruos, pero eran las de Vincent Price las que, por alguna razón, me llegaban de forma más directa. Al crecer en una urbanización, en un ambiente que se entendía como agradable y normal (pero del que yo tenía otra percepción), aquellas películas abrían el camino a otros sentimientos, y yo las relacionaba con el lugar en el que estaba creciendo»22.
En 1976, recién cumplidos los dieciocho años, ganó una beca para asistir al Instituto de Artes de California (Cal Arts), una escuela en Valencia (California), fundada por Walt Disney. Se inscribió en un programa que Disney había creado el año anterior para preparar a futuros animadores del estudio. «Para ir a Cal Arts tuve que buscarme trabajo. Mis padres no me pagaron la universidad, pero la verdad es que nunca me enfadé con ellos por eso. De hecho tuve la sensación de que era bueno, porque tuve que hacerlo y lo hice. De una manera algo perversa, te enseña a ser independiente y yo siempre me sentí independiente. Y en última instancia sentía que, de alguna manera, tenía suerte de que se me diera esa independencia»23.
Su formación duró tres años. De aquel tiempo, Tim Burton recuerda que hacían películas en Super 8 para entretenerse, que descubrió en la animación todo un mundo maravilloso y sugerente con el que ganarse la vida, y que el instituto le pareció un lugar muy similar al ejército: «Era un ambiente extraño, pero por primera vez me encontraba con un grupo de gente que tenía intereses similares a los míos. Eran tipos igualmente inadaptados, gente de la que los otros se reían por gustarles Star Treck o cosas por el estilo»24.
Tras su periodo de formación fue seleccionado junto a otros compañeros para trabajar en la factoría Disney, pero el hecho de obtener un trabajo en la más grande fábrica de los sueños animados, lejos de resolver sus problemas, los agravó. «La Disney y yo formábamos mala combinación. Durante un año estuve más deprimido de lo que he estado en toda mi vida. [...] Uno de los síntomas de mi penoso estado de ánimo era que dormía diez horas en casa y cuatro horas más durante la jornada laboral, pues me había acostumbrado a dormir sentado, sujetando un lápiz»25.
La depresión tenía que ver con la obligación de dibujar encantadores animalitos doblados con la dulce voz de Sandy Dumcan. El director admite que hacía cosas extrañas, que algo no andaba bien dentro de él: «Yo era raro en aquella época. Tenía problemas psicológicos. No sabía quién era»26. Ha relatado alguna de las manifestaciones de la profunda depresión en la que estaba inmerso. «Me podía encerrar largos ratos en un armario sin salir, o sentarme sobre la mesa o bajo la mesa, o hacer cosas raras como sacarme las muelas del juicio e ir por ahí llenándolo todo de sangre»27.
Afortunadamente para el director, aquella época pasó. En gran medida, gracias a la compañía de las películas de terror y sus extraños protagonistas. Tim Burton encontró en las criaturas monstruosas, mal comprendidas e injustamente agredidas por la sociedad, un bálsamo a su propio desasosiego interior.
Todos los protagonistas de Tim Burton son personajes percibidos como raros y distintos. Viven al margen de las normas establecidas. La inadaptación que experimentan se produce por su extravagancia personal, así como por las peculiaridades del entorno al que tratan de adaptarse. Se puede decir que los personajes de Tim Burton «son seres desplazados, no sólo por su propia rareza, sino también por la normalidad anormal del lugar en el que viven. Y mientras que en Vincent o Frankenweenie esto sólo es un factor más de la historia, en Stainboy es la razón de ser de la misma»28.
Stainboy es uno de los extraños personajes creados por Burton en su libro La melancólica muerte del Chico Ostra. Con este personaje realizó una serie de seis cortometrajes de tres a cinco minutos. Son historias para su difusión en internet29. Se trata de un superhéroe «con capa y una S en el pecho, cuyo único poder es el de dejar una mancha sobre lo que toca»30. Stainboy es una serie especialmente interesante para el director porque está ubicada en Burbank, su ciudad natal.
Con Vincent (y Frankenweenie) Tim Burton hizo una declaración de intenciones. «Cuando Burton rueda Vincent, establece ya su mundo personal, pero dicho mundo va a tener, a lo largo de toda su obra, una constante que es plenamente coherente con el cine de Walt Disney: la historia del inadaptado luchando por ser reconocido en la sociedad. En definitiva, la historia de Dumbo, Bambi, Pinocho..., pero también la de Vincent, Edward o Pee-Wee Herman. Pero si parece indiscutible que ambos cines parten de una misma premisa, no lo es menos el que los dos llegan a una conclusión radicalmente distinta: Disney redime e integra a sus héroes en la sociedad, mientras que Burton, o bien los condena a un ostracismo definitivo (Edward), u obliga a la sociedad a adaptarse a ellos, y no al revés (Sparky)»31.
En el destierro también acaba Bitelchús, y otro personaje de Tim Burton se autodestruirá: Sweeney Todd. Con todo, en el cine burtoniano encontramos finales felices, si bien con matices. Willy Wonka se reconcilia con su padre, pero el progenitor no estará en la feliz cena final; Edward y su hijo se reconcilian en Big Fish, pero ese reencuentro es un adiós definitivo; Victor y Victoria acaban juntos en La novia cadáver, pero Emily desaparecerá (en un final bello y poético) sin ver cumplido su deseo. En esta forma de proceder, Tim Burton muestra su inadaptación dentro de la industria de Hollywood, tan partidaria de los happy ends. Es como si el director californiano dijera: «De acuerdo, os daré finales felices, pero..., no completamente». Como hemos visto, Burton no se adaptó bien ni a su familia ni al vecindario del extrarradio donde creció en Burbank. Tampoco se acomodó a Cal Arts, el college en el que Disney prepara a sus futuros profesionales, y donde aprendió los rudimentos de la animación. Igualmente, nunca ha terminado de encajar en el entramado de la industria de Hollywood: allí es considerado como un director sugerente gracias a sus éxitos, pero del que se recela debido a su peculiar visión de autor.
Ese aislamiento existencial contribuyó a enfocar su filmografía hacia personajes desplazados pero llenos de ternura: «En casi toda la filmografía de Tim Burton encontraremos que ese otro diferente, alejado de los estándares sociales, tiene más sensibilidad que las hordas que deciden destruirlo sólo por ser distinto; por ejemplo, en El joven manos de tijera»32.
Explica Vallejo-Nágera que «lo realmente importante para la persona inadaptada es la integración en su psiquismo que consciente o subconscientemente hace del problema. La inadaptación puede acarrear desde una simple preocupación a la más grave depresión, pasando por todos los posibles grados de angustia y ansiedad. Si se llega al extremo de reacción psicótica puede producirse una desintegración de la capacidad de pensar con lógica»33. El inadaptado de Tim Burton se mueve entre la depresión y esa reacción psicótica disgregadora.
Burton encontró en el cine un medio eficaz y satisfactorio de relacionarse con el mundo. Su incapacidad para expresarse verbalmente halló en el celuloide un lenguaje idóneo para la comunicación. En muchas ocasiones se ha comparado la pantalla con una ventana abierta a un mundo. Al hablar de Vincent, Eduardo Manostijeras, Big Fish y otras películas, Burton comenta que están llenas de sentimientos muy íntimos que quería compartir sin necesidad de expresar en palabras.
La inadaptación social es una situación más enraizada en los sentimientos que en la razón, «mientras que el aprendizaje del mundo implica el desarrollo de destrezas cognoscitivas, el aprendizaje de cómo debemos comportarnos en ese ámbito es una experiencia afectiva»34. Aspecto este que conecta con el modus operandi de Tim Burton, quien en ocasiones ha manifestado su pretensión de transmitir con su cine sentimientos personales, más que ideas. Es más habitual escucharle disertar sobre las emociones que despiertan en él las experiencias de la vida, que sobre el conocimiento de la realidad o la razón de ser de las cosas.
Como otros autores, el director californiano encuentra en la transmisión de sus sentimientos una fuente de conocimiento y liberación que le ha ayudado a superar su propio retraimiento social. En este sentido, Johnny Depp, uno de los actores con quienes mantiene una relación profesional más larga y fructuosa, afirma de Burton que es un inadaptado que ha sabido adaptarse muy bien. El director se divierte como un niño con lo que hace. Muchos se refieren a él como un individuo risueño y bromista en el rodaje, que disfruta enredando con su juguete preferido: el cine. Una de las actrices más jóvenes con las que ha trabajado, Mia Wasikowska, define al director como «un hombre muy divertido y profundo»35.
En su esfuerzo por defender la libertad de los inadaptados —y por tanto su propia identidad—, el cine burtoniano busca de manera radical desenmascarar las desafortunadas etiquetas con que nos calificamos unos a otros y que, en muchos casos, son erróneas. ¿Quién puede decir quién es normal y quién no? «El estudio del comportamiento desviado es una de las áreas más fascinantes de la sociología, aunque también una de las más complejas, ya que nos enseña que ninguno de nosotros es tan normal como podríamos pensar»36. Las películas de Burton se acercan a personajes aparentemente normales para descubrir un mundo de seres colmados de paranoias, trastornos ocultos y demencias disimuladas. Por el contrario, los personajes extraños y monstruosos, como Eduardo Manostijeras o el Jinete sin Cabeza de Sleepy Hollow, son, en el fondo, seres indefensos, manipulados cruelmente por la gente «normal».
Al hablar de la conducta desviada es interesante conocer el término anomia. «El primero que utilizó este concepto fue Durkheim, uno de los fundadores de la sociología, quien indicó que en las sociedades modernas, las normas y los valores tradicionales se ven socavados sin ser reemplazados por otros. Existe anomia cuando no hay unas normas claras que guíen el comportamiento en una determinada área de la vida social. Durkheim creía que en esas circunstancias la gente se encuentra desorientada y padece ansiedad»37. La filmografía de Tim Burton ahonda en la confusión de las normas aceptadas por la mayoría, y con acierto, a juzgar por el interés que despiertan sus películas.
La norma confusa es protagonista en algunas secuencias creadas por Tim Burton, como la de la cena de Eduardo Manostijeras en la que el padre trata de explicar a Eduardo cómo debe ser su conducta según las reglas aceptadas por la mayoría. Sin embargo, Kim, la hija, coincide con el punto de vista de Eduardo y no entiende por qué hay que regirse por los criterios impuestos por otros. La única observación —irónica— que hace Tim Burton a esta escena al comentarla en los contenidos extras de la película es: «lógica residencial».
El padre, la madre y los hijos —Kim y Kevin—, están cenando con Eduardo. La situación es tensa debido a que Eduardo ha sido detenido por la policía y acusado de intento de robo. En realidad, fue engañado por el novio de Kim para entrar en su propia casa (la de Kim) y robar a sus padres. Cuando entran, la alarma se dispara y Eduardo queda atrapado en el interior de la vivienda, mientras Kim y su novio huyen cobardemente, dejando a Eduardo solo. La policía detiene a Eduardo y es declarado culpable y amonestado. El diálogo de la cena es el siguiente.
PADRE: (a Eduardo) Ok, un poco de ética. Vas andando por la calle y te encuentras una maleta llena de dinero. No hay nadie a tu alrededor, ni una sola persona a la vista. ¿Qué haces? a) Te quedas con el dinero. b) Te lo gastas en regalos para tus amigos y personas queridas. c) Se lo das a los pobres, d) Lo entregas a la policía.
KIM: Esto es estúpido.
MADRE: (amonestándola) Kim.
KEVIN: Yo me quedo con el dinero.
MADRE: (A Kevin) Cálmate.
PADRE: ¿Eduardo?
KIM: Ey, ¿y si nos vamos a jugar a los bolos después de la cena? Sería divertido.
MADRE: ¿No has quedado con Jim esta noche?
KIM: No.
KEVIN: Hoy tuvimos una clase guay. Un niño trajo crías de zarigüeyas. Diez o quizá doce. Totalmente pelonas. No tenían ni un pelo.
MADRE: Cielo, tu padre no ha terminado.
PADRE: Gracias, cariño. Eduardo, estamos esperando.
EDUARDO: ¿Dárselo a las personas queridas?
MADRE: Oh, Eduardo, puede parecer que eso es lo que deberías hacer, pero no es así.
KEVIN: Idiota, todo el mundo sabe que se supone que se lo tienes que llevar a la policía.
PADRE: Bien dicho, Kevin.
KIM: Bueno, pero pensadlo un momento. Es lo más bonito que puedes hacer. Es lo que yo haría.
PADRE: No queremos confundirlo. Queremos hacerle la vida más fácil, así que deja los chistes.
KIM: Lo digo en serio, papá. Es mucho más bonito.
PADRE: No estamos hablando de eso, sino de lo correcto y lo incorrecto.
KEVIN: (por Kim) Ja, ja.
KIM: (manotazo de Kim a su hermano Kevin). Cállate.
MADRE: (enfadada) No me extraña que Eduardo no distinga el bien y el mal viviendo en esta familia.
Confusión. Ni Eduardo, ni Kim, ni el espectador quedan convencidos de que la norma que trata de enseñarse sea la mejor. Tampoco la madre, que simplemente apunta que no es la verdadera respuesta, aunque lo parezca.
Tim Burton ha comentado en algunas ocasiones que le gustan las escenas en torno a una comida familiar, porque le parecen muy reales. En esta situación concreta Eduardo es prejuzgado, insultado, incomprendido y aleccionado. Y, a pesar de ello, resulta una comida muy «normal» para todo el mundo, excepto para Mrs. Boggs, precisamente el único personaje que no tiene una base real en la película. El padre curiosamente felicita a su hijo Kevin después de que éste haya insultado abiertamente a Eduardo: «Idiota, todo el mundo sabe que...». La hija trata de evitar hablar de una situación injusta que ella misma ha contribuido a crear, por lo que propone ir a jugar a los bolos. Cualquiera que se imagine a Eduardo jugando a los bolos entenderá lo cruel de la proposición. Todos están convirtiendo a Eduardo en un marginado social; él simplemente quería ayudar a Kim, por quien siente un gran cariño.
El etiquetado es pernicioso en cuanto que conforma al individuo tal como se le califica, de modo que alguien puede convertirse en un delincuente porque los demás afirman que lo es. Así ocurre con Eduardo Manostijeras, que se vuelve peligroso al ser considerado como tal por el vecindario del barrio. O con Sweeney Todd, un ciudadano honrado y feliz a quien un juez convierte en un asesino en serie al acusarle injustamente de criminal, con el único fin de arrebatarle a su esposa.
FICHA TÉCNICA
Año: 1982. Duración: 5 minutos. País: USA. MPAA Rating: PG. Género: Fantasía. Estreno: 30 de julio de 1982 se lanzó Tex. Vincent se exhibió dos semanas junto a Tex en un cine de Los Ángeles (USA). Volvió a estrenarse en DVD en 1994 con los extras de Pesadilla antes de Navidad. Premios: Premio de la crítica en los festivales de Londres, Chicago, Seattle y Annecy. Presupuesto: 60.000 dólares. Reparto: Vincent Price (narrador). Producción: Walt Disney. Director: Tim Burton. Guión: Tim Burton. Productor: Rick Heinrichs. Música: Ken Hilton. Dirección Fotográfica: Victor Abdalov. Diseño de producción: Tim Burton. Director de animación: Stephen Chiodo.
Vincent es una historia rodada con muñecos reales con la técnica de animación stop motion, que registra los movimientos de los personajes tridimensionales fotografiándolos fotograma a fotograma. Tim Burton tenía entonces veinticuatro años y llevaba más de dos trabajando en la Disney, haciendo animaciones y diseños para algunas de las producciones de la factoría. En Tod y Toby (1981) trabajó junto al animador Glenn Kean. También realizó diseños para El caldero mágico (1985).
«La idea de Vincent surgió, según la mayoría de referencias, después de que Burton viera una maratoniana sesión de films de Vincent Price y decidiera ejecutar un particular tributo al actor»38. Tom Wilhite, director de desarrollo de la compañía, concedió entonces un presupuesto de 60.000 dólares para la realización de un cortometraje con el que experimentar las posibilidades de la animación stop motion.
1982 fue el año en que E.T., el extraterrestre, de Steven Spielberg, se convirtió en la película más taquillera de la historia. La Disney estrenó Tron, de Steven Lisberger, una apuesta por los efectos especiales de última generación. También vieron la luz Blade Runner, tercera película de Ridley Scott, y cinta de culto dentro del género de ciencia ficción. José Luis Garci ganó el Oscar a la Mejor Película Extranjera con Volver a empezar. Y se estrenaron títulos como Tootsie, Oficial y Caballero, o Ghandi, que fue la gran ganadora en la gala de los Oscar.
Vincent es una historia con algunos cambios importantes en el desarrollo de la acción. Dentro de los acontecimientos que sustentan la estructura de Vincent, y que suponen giros en la trama, podemos destacar los siguientes.
Al comienzo se nos cuenta quién es Vincent Malloy: un encantador niño de siete años, cortés y obediente, que toca con su flauta la música que escucha el espectador. Se trata de la presentación. Éste es el primer acontecimiento del cortometraje.
El primer cambio o giro se produce en el segundo 50, cuando Vincent Malloy se transforma en Vincent Price. Es una transformación física del personaje, una metamorfosis, que indudablemente capta la atención del espectador.
A partir de aquí el narrador relata los deseos e ilusiones del niño, que se van haciendo realidad conforme son mencionadas. Estas ambiciones de Vincent son: convertir a su perro en una horrible criatura, transformar a una de sus tías en una estatua de cera y pasear por las calles de Londres con su monstruoso perro en busca de víctimas. Son las imaginaciones del niño.
Hay un nuevo giro en el minuto 2:40, cuando Vincent lee a Edgar Allan Poe y se imagina que han enterrado viva a su amada. Hasta ahora todo eran imaginaciones, pero aquí Vincent pasa a la acción: precisamente por este motivo hay un cambio relevante. El niño va al jardín y allí trata de desenterrar a su esposa, supuestamente sepultada viva. Es el desentierro de la amada.
Esta acción tendrá sus consecuencias. Aparecerá la madre y, al ver que el niño está destrozando un parterre de flores, le castigará en su cuarto, lo que constituye un nuevo rumbo en la acción, un castigo. Estamos en el minuto 2:55.
La madre entra en su cuarto para levantar la sanción impuesta al crío. Es un nuevo cambio, minuto 3:20. Pero Vincent, en lugar de jugar fuera, afirma que le es imposible salir de aquella habitación, pues le tiene poseído. Hay, pues, un perdón materno.
En el 4:15 la madre sale de la habitación y los fantasmas de la imaginación de Vincent le acosan sin piedad. En el 4:50 trata de alcanzar la puerta, pero cae al suelo como consecuencia de su debilidad y allí queda postrado en el suelo. Es la postración final, con la que acaba la historia.
Los personajes más destacados son Vincent Malloy, Vincent Price, el perro y la madre.
El propio Burton le describe en el guión del cortometraje: «Vincent Malloy tiene siete años, es amable, obediente y muy educado, y quiere ser como Vincent Price». Este deseo le lleva a poseer una radical doble personalidad: niño educado por una parte y terrorífico científico loco —mad doctor— por otra. El mundo de la imaginación será el cauce para escapar de una realidad asfixiante.
Personaje que nace como consecuencia de la transformación del niño en mad doctor: su álter ego. Es producto de la imaginación de Vincent Malloy, pero con entidad independiente respecto al niño. Es el científico loco que el propio Vincent Price —el actor—, encarnó en varias de sus películas. Alguien atormentado, a quien el niño protagonista admira hasta la obsesión. Gusta de hacer crueles experimentos y crear engendros con los que cometer crímenes. Personaje altivo, desesperado, introvertido, solitario, abrumado y elegante.
De nombre Abercrombie. El perro es un animal habitualmente presente en la filmografía de Burton. Es un fiel compañero del protagonista. En el cortometraje, el niño hace experimentos con él, y le transforma en una horrible bestia que mantiene a su lado. El perro —al igual que el pequeño protagonista— tiene doble personalidad: dócil mascota por un lado y monstruo aterrador por otro. La transformación de uno a otro es posible gracias a los experimentos de Vincent.
Como ya se ha mencionado, aparece como la antagonista de la historia, pues se opone al objetivo del protagonista. Ella le anima a que juegue en el parque, salga a la calle y sea un niño normal. Esta clase de calificativos, como «normal», siempre han incomodado a Tim Burton. Es la madre quien castiga a Vincent por haber destrozado las flores del jardín. Nunca vemos la cara de la mujer, la cámara sólo nos enseña sus pies o su autoritario índice indicando lo que el niño debe o no debe hacer39. Esta planificación ayuda a reforzar visualmente el punto de vista del protagonista.
Esta historia echa mano de una vieja premisa dramática a la que se ha recurrido con frecuencia en la narrativa universal: la vida es sueño, que, en este caso, da origen a un ser desdoblado. Se cuentan las peripecias de un personaje que desea ser alguien distinto a quien en realidad es. El protagonista vive en un sueño que el espectador percibe como irreal.
Vincent Malloy sufre un grave desgarrón interno entre lo que es y lo que desear ser, situación que le lleva a desdoblarse. Como afirma Marcos Arza, el niño vive «inmerso en un mundo de tinieblas y sombras fantasmales donde todo, por absurdo que parezca, es perfectamente posible»40.
La doble personalidad o desdoblamiento es una de las temáticas que más apasionan a Tim Burton. Esa distinta manera de mostrarnos ante los otros, lo equívoco de nuestras reacciones, la fingida cara que a menudo desplegamos según qué circunstancias, son percepciones que el director americano gusta transformar en imágenes.
La doble personalidad es un desdoblamiento del yo. Donde debía haber una unidad, se dan dos o más temperamentos. Como explican Jordi Balló y Xavier Pérez, «el motivo de la doble personalidad advierte contra la certeza de la identidad»41. Lo que nos conduce a una reflexión sobre la desubicación existencial, el hecho de no saber quiénes somos, o qué sentido tiene pertenecer a un determinado grupo, aspectos que expresan la perplejidad existencial a la que Tim Burton se vio abocado durante su infancia y adolescencia.
El cambio de personalidad tiene lugar a través de la luz. En casi todos los casos Vincent enciende o apaga la luz, y surge la personalidad opuesta. Como comenta Marcos Arza, hay en esta circunstancia una analogía con el cine. Como espectadores nos introducimos en la sala oscura que nos conduce a un universo completamente distinto con el que tratamos de identificarnos.
Vincent, el primer outsider de Tim Burton, centra una de las temáticas más inspiradoras para el director: la doble personalidad, que, además, aparece vinculada a la inadaptación social. El director tendrá la oportunidad de ahondar más en ella a través de ulteriores personajes, como Batman, Ed Wood o Sweeney Todd, entre otros.
FICHA TÉCNICA
Año: 1984. Duración: 29 minutos. País: USA. MPAA Rating: PG. Género: Fantástico. Estreno: 14 de diciembre de 1984 (USA), 1 diciembre 1994 (España). Presupuesto: un millón de dólares (aprox.). Equipo artístico: Shelley Duvall (Mrs. Frankenstein), Daniel Stern (Mr. Frankenstein), Barret Oliver (Victor Frankenstein) y Sofia Coppola42 (Ann Chambers). Equipo técnico: Producción: Walt Disney Pictures. Director: Tim Burton. Guión: Lenny Ripps. Productora: Julie Hickson. Música: Michael Convertino y David Newman. Casting: Bill Shepard y Joe Scully. Supervisor de Producción: Tom Leetch. Dirección Fotográfica: Thomas Ackerman. Montaje: Ernest Milano. Dirección de Arte: John B. Mansbridge. Diseño de vestuario: Jack Sandeen. Efectos especiales: Roland Tantin y Hans Metz.
En 1984 Tim Burton trabajaba en la Disney como responsable del desarrollo de ideas. Acababa de dirigir un proyecto para el incipiente canal de televisión Disney Channel. Una versión en imagen real del cuento de los hermanos Grimm, Hansel y Gretel, con un presupuesto de 116.000 dólares. Burton introdujo algunas particularidades, como el hecho de que todos los actores fueran japoneses o que la historia acabara con «una pelea de kung-fu entre Hansel, Gretel y la malvada bruja, interpretada por un hombre»43. Además, incluyó todos los efectos visuales que pudo. «Era una forma estupenda de probar cosas. Siempre me ha interesado la combinación de animación y acción real, desde las películas de Harryhausen que vi de pequeño»44.
Las oportunidades para Tim Burton iban surgiendo de una forma extraña, casi surrealista. Él no tenía intención de dirigir actores, ni sus pasos obedecían a una estrategia diseñada para la consecución de un sueño. Sin embargo, la falta de salida al mercado de estos trabajos supuso un inconveniente para él. Vincent apenas estuvo una semana en una sala, Hansel y Gretel «se puso una noche de Halloween a las 22:30, que para el canal Disney es como las 4:30 de la mañana para otras»45. Casi todos los diseños de Burton eran archivados sin usarse, especialmente los que realizó para El caldero mágico. Con todo, seguían surgiendo oportunidades para Burton. Una de ellas fue que la Disney aprobara el rodaje de Frankenweenie, un mediometraje con un presupuesto de un millón de dólares. «Cuando me dijeron que sí, me quedé alucinado»46, asegura Burton.
Mientras rodaba Frankenweenie, se estrenaron Amadeus, la gran ganadora en la gala de los Oscar, Los gritos del silencio, En un lugar del corazón, Canzafantasmas o Pasaje a la India.
Frankenweenie se hizo con actores reales. Es la historia de un niño que ha perdido a su perro en un atropello y decide revivirlo. Pero el vecindario, receloso del monstruo traído a la vida, tratará de deshacerse de él. Como se ve, la línea argumental sigue la historia, en versión canina, de Frankenstein.
Hay algunas reiteraciones en este segundo trabajo cinematográfico respecto a Vincent: dos niños como protagonistas, un compañero canino para ambos, la premisa del desdoblamiento de la personalidad que convierte a los dos en mad doctors, y la sociedad como antagonista, que transforma a los personajes principales en outsiders sociales. Eso sí, si Vincent era un outsider centrado en su doble personalidad, Victor es un outsider prometeico, que trata de devolver la vida a su perro. Como en la novela de Mary Shelley, Victor retará las leyes naturales para infundir vida al cadáver de su fiel mascota. Un Prometeo en versión infantil, y, por tanto, con un tratamiento más amable y familiar.
El cortometraje comienza con un pequeño prólogo en el que se ve una película realizada por el niño Victor Frankenstein y su perro. El audiovisual tiene un gran éxito en la fiesta familiar. Al terminar el visionado, Victor sale a jugar al jardín con su perro Sparky. Le tira una pelota, y el perro, al ir a cogerla, es atropellado por un coche y muere.
Asistimos al gótico entierro de Sparky, después vemos a Victor abatido en medio de su rutina cotidiana. En el colegio, un profesor explica que aplicando electricidad al cuerpo de una rana muerta ésta es capaz de mover las ancas. El feliz hallazgo empuja a Victor a montar un laboratorio en su casa para recuperar a su querido Sparky. Durante una tormentosa noche consigue atraer la energía de un rayo, gracias al cual revive a su perro. La alegría del crío es indescriptible.
Entonces el niño finge una enfermedad para quedarse en casa con Sparky, pero no consigue hacer creíble su catarro. Así que tiene que simular que se marcha al cole, para volver más tarde cuando sus padres abandonan el hogar rumbo al trabajo.
Un vecindario curioso y cotilla no deja de espiar con disimulo los movimientos del niño. En casa, Victor se duerme, y Sparky aprovecha para ir a dar un paseo por la calle. Fuera, el perro asustará al vecindario debido a sus costurones, lo que resulta un poco artificioso, pues el canino no tiene una apariencia muy monstruosa.
Los vecinos advierten a los padres que tienen un monstruo canino en casa. Ellos no entienden nada, hasta que descubren a Victor con Sparky. Tras la sorpresa y el desconcierto iniciales —y las pertinentes explicaciones por parte de Victor—, los padres aceptan a Sparky y le dejan permanecer en casa. Pero el vecindario sigue acechando el domicilio en busca de pruebas fehacientes sobre la existencia del monstruo. No cesan las habladurías y las miradas suspicaces. Así que el padre decide normalizar la situación celebrando una fiesta de bienvenida con el vecindario. A Victor no le agrada mucho la idea, pero no le queda más remedio que aceptar.
La recepción de Sparky tiene lugar al día siguiente. La madre prepara una estupenda merienda para todos. Los padres se muestran amables; los vecinos, en cambio, recelosos. Cuando Sparky hace su aparición en el salón de la casa, una vez más, el perro aterroriza a todo el vecindario. Todos gritan histéricos y el pobre animal huye sobresaltado por los chillidos.
Finalmente, el perro consigue escapar. Victor va tras él. Los padres corren en busca de su hijo. Al grito de «atrapemos y acabemos con ese monstruo» los vecinos acosan a Sparky. El animal se refugia en un viejo molino de un campo de golf. Padres y vecinos acceden al recinto y un vecino —al tratar de encender una antorcha— prende accidentalmente el molino donde estaban refugiados el niño y el perro.
El crío resbala y pierde el conocimiento, de modo que queda atrapado en el interior. El padre trata de rescatar a su hijo, pero le es imposible acceder al molino por el furor de las llamas. Será Sparky quien le salve arrastrando el cuerpo de Victor hasta el exterior. Tras conseguirlo, el molino envuelto en llamas se derrumba sobre el animal y le mata.
Los vecinos, arrepentidos por el trágico final, tratan de revivir a Sparky. Colocan todos los coches en círculo y al perro en el centro. Conectan sus baterías a los dos bornes que sobresalen del cuello del can para transmitir la electricidad y traerle de nuevo a la vida. El plan funciona. Sparky se mueve. Padres y vecinos celebran con gritos de júbilo el regreso a la vida del animal. Una perrita con un look muy parecido a la novia de Frankenstein aparece en un último plano como un guiño a los dos clásicos de la Universal dirigidos por James Whale en 1931 y 1935: Frankenstein y La novia de Frankenstein.
El happy end aparece por primera vez en la filmografía de Tim Burton, muy probablemente como consecuencia de las imposiciones de la propia factoría Disney, nada acostumbrada a finales oscuros o abrumadores, y casi con toda seguridad con mayor interés en controlar el proyecto debido al abultado presupuesto del mediometraje.
Niño introvertido, que tiene que enfrentarse a un vecindario que él mismo califica de raro, tal vez por eso prefiere la compañía de su perro a la de los demás, incluyendo a sus padres y compañeros de colegio. Victor se transforma en un bonachón e infantil mad doctor
