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Casi doce años después de la muerte de Naguib Mahfuz, fue hallado en el cajón de su escritorio un manuscrito con una nota que rezaba "para publicar en 1994", año en que fue atacado por unos terroristas islámicos, provocándole la parálisis del brazo derecho, lo que le impidió seguir escribiendo con normalidad. Estos dieciocho relatos inéditos transportan al lector al corazón de El Cairo, donde los días de mercado se cruzan sirvientas, mendigos y comadronas que guardan los secretos de los habitantes del barrio: Ayusha, que se enamora del mozo del horno de tanto verle ir y venir con masas y hogazas; Naqba, hijo del aguador, que nunca dice mentiras; Kámila, joven repudiada que se prende fuego al alba; el señor Saqr, un padre de familia que guarda guineas de oro escondidas en el cuarto de baño y Ali Zaidan, el jugador que busca esposa. Por no hablar de los demonios que viven ocultos en la vieja fortaleza... En 1988, Naguib Mahfuz (El Cairo, 1911-2006) fue el primer escritor de lengua árabe en recibir el Premio Nobel de Literatura. También fue galardonado con el Premio Nacional de las Letras egipcias. "Un maestro tanto del realismo detallado como de la narración más fabulosa." The Guardian "Una eminencia literaria, cronista dichoso de un siglo turbulento en Egipto." The Economist "Magistral." TLS "Los personajes revelan al lector no solo la brutalidad de la vida cotidiana, sino también su difícil belleza. Al mostrar las complejidades y la singularidad de su mundo, nos ofrecen una reflexión universal." Socialist Review "Excepcional ... Mahfuz sumerge a sus lectores en un mundo resplandeciente de cuentos populares, alegorías morales y sucesos extraños... Esta es una lectura recomendada para aquellos que quieran entender por qué el novelista más célebre del mundo árabe fue conocido como 'El maestro'." World Literature Today
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Seitenzahl: 102
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Naguib Mahfuz
Los susurros delas estrellas
Traducido del árabe por Ignacio Gutiérrez de Terán
Introducción de Roger Allen
Los susurros de las estrellas
Tawhida
Hostigamiento
El hijo del barrio
La flecha
La profecía de Namla
El fin del señor Saqr
El gafe
La vida es una apuesta
La plegaria del sheij Qaf
Nuestro padre Igwa
Los susurros de las estrellas
El secreto de las últimas horas de la noche
Shayjún
El horno
El grito
Las suertes de la vida
Nabqa en la fortaleza vieja
La tormenta
Discurso de Naguib Mahfuz con motivo de la entrega del Premio Nobel de Literatura, 1988
Créditos
El descubrimiento de un borrador con dieciocho relatos breves inéditos de un Premio Nobel de literatura constituye, por fuerza, un acontecimiento relevante. Con mayor motivo en el caso concreto del egipcio Naguib Mahfuz, galardonado en 1988, debido a su posición central en el desarrollo de la ficción moderna en lengua árabe y su protagonismo en la vida social y política del Egipto contemporáneo a través de sus artículos periodísticos y obras de narrativa.
Otro motivo para justificar el interés de esta colección radica en el cúmulo de peculiares circunstancias que jalonaron el hallazgo, casi doce años después de la muerte del autor. Parece que el periodista egipcio Mohamed Shoair (a quien tuve la oportunidad de conocer en El Cairo en 1990 y con quien he mantenido contacto reciente) estaba preparando un ensayo sobre el trabajo más polémico de Mahfuz, la novela Awlad haratna (Hijos de nuestro barrio), publicada en 1959 en forma de entregas por el diario cairota al-Ahram1. Shoair había contactado con la hija de Mahfuz, Umm Kulthum, con el objeto de recabar información para su investigación; y, según él mismo nos cuenta, halló el manuscrito en el cajón de un escritorio con una nota que rezaba «a publicar en 1994». Ese año en particular resultó ser trascendental para el escritor: el 13 de octubre, sexto aniversario del anuncio por parte de la Academia Sueca de que se le concedía el galardón, sufrió un atentado —una cuchillada en el cuello— cerca de su apartamento en al-Doqqi, un barrio residencial de El Cairo. El intento de asesinato venía precedido de una fetua (dictamen basado en la jurisprudencia islámica), emitida por el ulema islamista radical Omar Abdel Rahmán, apodado el «jeque ciego». Este, líder del grupo armado Yemaa Islamiya, había condenado a Mahfuz a muerte por negarse a censurar los Versos satánicos de Salman Rushdie como obra herética y, de paso, por el contenido de la referida Awlad haratna. Este suceso traumático afectó profundamente a Mahfuz, más allá de que la agresión le dejara inhábil el nervio del cuello que regía el movimiento de la mano con la que escribía. Por lo tanto, la mención de esta fecha en concreto, 1994, ha de suscitar una serie de cuestiones sobre el contexto de estas dieciocho historias y su proceso de redacción. No obstante, antes de examinar el contenido y la temática de estos relatos, me gustaría detenerme en las narraciones de Mahfuz que podrían considerarse antecedentes directos de aquellos, al objeto de insertarlas en el marco general de la amplia producción del escritor egipcio.
Las obras completas de Naguib Mahfuz se publicaron de forma periódica a lo largo de los últimos sesenta años de su carrera, casi siempre a cargo de la editorial Maktabat Misr,gestionada por un viejo amigo y socio suyo, Abd al-Hamid Jawdat al-Sahhar, novelista él mismo. Recientemente, La Universidad Americana de El Cairo las ha traducido al inglés2. Sin embargo, en tiempos asimismo recientes, algunos investigadores han seguido el rastro de colecciones publicadas en su momento de manera subrepticia o semiclandestina, al tiempo que han logrado recuperar manuscritos que permanecían inéditos. El propio Mahfuz admitió en alguna ocasión que nunca había sentido una excesiva preocupación por el destino (y preservación) de los textos originales de sus obras de ficción. La anécdota siguiente resulta elocuente: según cuenta él mismo, un día de 1952 llevó el legajo de mil quinientas hojas de su famosa novela sobre El Cairo, que luego se convertiría en trilogía3, al despacho del referido al-Sahhar. Había estado trabajando cinco años en ella. Aquello fue en abril, meses antes de la Revolución de los Oficiales Libres que llevó, en julio, a Gamal Abdel Naser al poder. El editor objetó, no sin razón, que se trataba de un tamaño excesivo. Mahfuz abandonó la editorial sin llevarse el texto, del que no tenía copia. Afortunadamente para la literatura mundial, al-Sahhar lo guardó en su escritorio y, pasados los años, se decidió a publicarlo en tres volúmenes, entre 1956 y 1957.
Puede que el hallazgo de estos dieciocho relatos inéditos no constituya un hecho sin precedentes, pues sabemos de otros manuscritos de los que nadie tenía constancia que han acabado viendo la luz tras la muerte de Mahfuz; ahora bien, como hemos señalado antes, nos puede ayudar, entre otras cosas, a reconstruir el proceso de selección de las historias que habrían de componer su primera colección de relatos, Hams al-Yunun («Los susurros de la locura»), en 19384.
¿En qué contexto histórico y temático pueden situarse estos relatos? Tras leerlos, y traducirlos al inglés, me resulta evidente que el protagonismo absoluto recae, en todos ellos, sobre la figura de al-hara, el barrio. Las primeras publicaciones de Mahfuz, que se remontan a la tercera década del siglo pasado, fueron ensayos filosóficos, en los cuales reflejó sus intereses académicos de aquel tiempo, y relatos breves. Sus tres primeras novelas, publicadas entre 1939 y 1942, ilustran su inveterado interés en el Egipto antiguo, estimulado por las visitas semanales al Museo Egipcio en compañía de su madre, de la cual fue el hijo menor durante más de diez años5. Sin embargo, los cambios políticos que se sucedieron en el país a lo largo de los años treinta y cuarenta terminaron llevándolo por una senda bien distinta, influido, además, por sus lecturas de las obras de ficción europeas. Entre ellas, sabemos que tuvieron gran importancia las que se desglosan en el apéndice de The Outline of Literature, 1923-1924, de John Drinkwater. En los cuarenta, precisamente, inauguró la serie de novelas que más nos interesan aquí, centradas en el acontecer diario en los barrios populares de El Cairo. Dos en concreto, Jan al-Jalili (1945) y Zuqaq al-Midaqq (1947), se desarrollan, como el nombre indica, en lugares emblemáticos de la parte vieja de la ciudad6. Tras el Nobel de 1988, Mahfuz participó en un documental, junto con su buen amigo el novelista Gamal al-Ghitani, en el cual regresaba a las calles que tantas veces recorriera de niño. Su palpable querencia por aquellos lugares, con sus coloridas historias, atmósfera única y personajes peculiares, como los futuwwat o matones callejeros, aparece de forma insistente en tales escritos. Ahora bien, el interés mostrado, hasta la Trilogía de El Cairo, en mostrar en detalle la realidad cotidiana de aquellos barrios populares, violenta y áspera la mayor parte de las veces, sufre una notable transformación en el periodo consecuente a la Revolución de 1952. Tras unos años de inactividad narrativa, silencio que resulta de por sí significativo, la publicación de Hijos de nuestro barrio7 en 1959 consagra un nuevo modo de narrar y describir el cosmos de al-hara.
Hemos apuntado con anterioridad que la novela apareció en forma de entregas semanales en el periódico cairota al-Ahram, a partir deseptiembre de aquel año. Si tomamos en consideración el éxito fulgurante que los tres volúmenes de la Trilogía de El Cairo habían cosechado solo dos años antes, no debería sorprender que nadie se tomase la molestia de anunciar el acontecimiento a bombo y platillo. Bastó con que se pusiera en primera plana el título del libro y el nombre del autor: Naguib Mahfuz. Los lectores no tardaron en percatarse, leyendo entre líneas, entrega tras entrega, de que los sucesos y personajes de este hara en particular encerraban una notable carga simbólica. La figura del protagonista, Adán, por ejemplo, pasa por una serie de vicisitudes que recuerdan a las del Adán bíblico, incluida la expulsión del barrio/paraíso. El hara al que se alude en el título, descrito por el narrador a partir de los relatos de bardos y cronistas tradicionales, se convierte en el hábitat natural de generaciones de moradores que, según la época, se ven dirigidos por líderes religiosos que remiten, a su vez, a grandes profetas (Moisés, Jesús y Mahoma). Las revelaciones proféticas y el paso de una religión a otra se entreveran de esta guisa con los actos violentos de los matones del barrio y la omnipresencia de la «casa de Gabalawi», un lugar misterioso situado en los contornos del vecindario desde el cual su dueño, Gabalawi, había decretado la expulsión de Adán.
Las resonancias simbólicas de este serial novelado tampoco pasaron desapercibidas para al-Azhar, la principal institución religiosa y docente del islam sunní, situada en el barrio fatimí de El Cairo. Sus ulemas reclamaron con denuedo su confiscación; sin embargo, el director de al-Ahram, Muhammad Hasanayn Haykal, se negó a dejar de publicarlas. En todo caso, cuando las entregas se completaron —todavía pueden consultarse los ejemplares originales en el archivo del periódico—, Mahfuz llegó a un acuerdo con las autoridades de al-Azhar, el cual estipulaba que no se imprimirían en forma de libro en vida del autor. No obstante, en 1967, Awlad haratna apareció editado en Beirut, sin conocimiento ni mucho menos permiso previo del escritor.
Traigo a colación tales detalles con el propósito de ilustrar que la institución de al-hara, en su vertiente más simbólica, se habría de convertir en un recurso frecuente en los escritos que Mahfuz publicaría a partir de Hijos de nuestro barrio. Estos dieciocho cuentos, me permitiría añadir, así lo certifican. Ya en los setenta, después de una década en la cual había generado una cantidad asombrosa de novelas y colecciones de relatos breves, caracterizados por un estilo más parco y alusivo, Mahfuz regresó a al-hara como habitáculo natural de sus historias. Mientras que Hikayat haratna (Historias de nuestro barrio, 1975)8, por ejemplo, con sus setenta y ocho historias insertas en El Cairo de los años veinte y su preocupación por las vidas de sus habitantes en un periodo de cambios profundos, constituye un claro precedente del contexto espacial de los relatos que aquí nos ocupan, es su autobiografía novelada, Asda al-sira al-dhatiyya (1994)9, el antecedente más inmediato, por una serie de motivos, de nuestra colección. Este recuento de memorias, lo mismo que Awlad haratna, vio la luz por entregas en al-Ahram. 211 historias cortas incluidas en la edición del viernes del periódico, entre febrero y abril de 1994. La fecha de aparición de estas entregas, de gran extensión, en un momento que se reveló crucial para Mahfuz, pocos meses antes de sufrir el vil acuchillamiento, junto con el hecho de que nuestras dieciocho historias aparecieran con una instrucción que señalaba «a publicar en 1994», conceden una significación especial a la aparente yuxtaposición temporal de ambas colecciones. Lo mismo cabría decir sobre las cuestiones que he suscitado con antelación respecto a la cronología y el objeto genérico de la presente colección.
Señalemos, de manera concisa, que Ecos de Egipto. Pasajes de una vida se compone de una abundante panoplia de relatos breves, los cuales, a su vez, podrían dividirse en dos bloques. En el primero, un narrador rememora sucesos destacados de su vida y cómo eran sus relaciones con vecinos y allegados. En el segundo, a partir del texto número 112, se presenta al lector la figura del jequeAbd Rabbih al-Ta’ih («El errabundo siervo de Dios»), un personaje que dispensa con profusión homilías repletas de sentencias y aforismos diversos. Por ejemplo: «La única cosa más estúpida que un creyente estúpido es un infiel estúpido» o «La gente más poderosa es la que perdona».
En estos dieciocho textos traducidos del original árabe nos encontramos, de nuevo, con relatos, muy breves en algún caso, cada uno con su título y siempre con al-hara como entorno natural de todos ellos. Pero, además, al igual que en obras precedentes que acabamos de reseñar, este lugar marco adquiere una función de mayor amplitud y simbolismo como muestra de la naturaleza y la tipología de un cosmos humano, con sus fobias, conflictos, relaciones, triunfos y derrotas. Dos personajes clave desempeñan cometidos variables en todas o la mayor parte de las historias. El primero, que aparece e interviene en todas ellas salvo en una, «Tawhida», es sheij al-hara, que hemos traducido como «jefe o responsable del barrio»; el segundo, que actúa como confidente y consejero de este, es el imán de la zawiyya, una combinación de mezquita, escuela coránica y fuente para las abluciones —q
