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Deja de elegir a hombres que no te convienen ¿Tienes la sensación de que eres un imán para hombres que no te valoran, no se comprometen o no están preparados para una relación, pero no sabes cómo dejar de atraerlos? Este libro te brindará las herramientas para comprender qué errores has cometido. A través de veinticinco ejercicios diseñados especialmente para la toma de conciencia, de relatos verídicos y de valiosas enseñanzas, impartidas con mucho humor, darás con las claves para elegir a un hombre que te brinde respeto, cariño y amor, sin tener que jugar o manipular, siendo cien por cien auténtica. Silvia Llop ha sido nombrada como "La Psicóloga del Amor" y es experta en ayudar a personas que se sienten preparadas para dar un giro a su vida amorosa, tomar las riendas de su vida y encontrar el amor. Su estilo irreverente, directo y divertido, hará que conectes con la narración al instante. Porque te mereces encontrar a un hombre que te brinde su tiempo, su cariño, su amor y esté orgulloso de tenerte a su lado, Mándalo a la mierda te ayudará a acertar y a encontrar esa pareja digna de ti.
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Seitenzahl: 319
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Mándalo a la mierda
Mereces algo mejor
Silvia Llop
Primera edición en esta colección: marzo de 2021
© Silvia Llop, 2021
© de la presente edición: Plataforma Editorial, 2021
Plataforma Editorial
c/ Muntaner, 269, entlo. 1ª – 08021 Barcelona
Tel.: (+34) 93 494 79 99
www.plataformaeditorial.com
ISBN: 978-84-18582-14-1
Diseño de portada: Ariadna Oliver
Realización de cubierta y fotocomposición: Grafime
Reservados todos los derechos. Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos. Si necesita fotocopiar o reproducir algún fragmento de esta obra, diríjase al editor o a CEDRO (www.cedro.org).
Soy una romántica, siempre lo he sido, y creo que siempre lo seré.
Mi abuelo —un gran astrólogo— decía que los Piscis disparan sus flechas a todos los posibles, posibles. Digamos que a mí me sobran escamas y que he disparado más flechas de las que puedo contar, siempre con el anhelo de encontrar a mi gran amor, el verdadero, aquella persona con la que pueda compartir mi vida.
Adoro todo lo que tenga que ver con el amor y el romanticismo.
¿El diario de Noah? ¡Mejor película romántica de la historia!
¿Vídeos de novios en el altar rompiendo a llorar mientras su futura esposa camina hacia ellos, luciendo increíble con su vestido blanco? Sí, quiero.
Consumo tantos vídeos emotivos que, en el hipotético caso de que mi cuenta de YouTube estuviera conectada a un robot inteligente, tendría siempre preparado un pañuelo para secar mis lágrimas.
Si tú también formas parte de ese selecto club de mujeres románticas, ya sabrás a qué me refiero. Si ese no es tu caso, solo quiero decirte que las románticas solemos tener ese punto pasional y amoroso que imprime una pátina de inevitable intensidad a nuestras vivencias, especialmente a las que tienen que ver con el corazón.
Aún no atino a dilucidar si eso es bueno o es malo, pero lo que está claro es que es así. Y a veces te lleva a padecer, a lo mejor un poco más de la cuenta. Sientes que un torbellino emocional te arrastra y, una vez que se desata la fiera, es difícil frenarla antes de que haga algún estropicio.
En ocasiones, estás tan tranquila en el tranvía escuchando a Taylor Swift y, de repente, tus dedos teclean un «¿te apetece que nos veamos esta semana?» al idiota que despertó tus mariposas la semana pasada y que lleva cinco días sin mandarte un mísero mensaje. Y, de repente, te preguntas cómo has podido traicionarte de este modo. Pero en realidad no has sido tú, ha sido Taylor, que te estaba metiendo mensajes subliminales en la sesera y te ha empujado a ser una «mujer independiente que dice lo que quiere cuando quiere». Bueno, la verdad es que, cuando tú quieres algo, como conseguir otra cita con un chico que te gusta, te vas a agarrar a un clavo ardiendo para convencerte de que la tontería que vas a hacer es correcta e incluso sentirás que el universo te está enviando un claro mensaje para animarte a ello, en forma de canción o de hoja cayendo del árbol caduco.
Pero lo que realmente se acabará cayendo es tu cara, de vergüenza, porque ese tío te estaba mandando fuertes vibraciones que decían «me importas una mierda» y tú te lo pasaste por el forro. Eso lleva al momento presente, con el teléfono pegado a tu mano, comprobando cada cinco minutos la pantalla, huérfana de mensajes, preocupada por si se le olvidó al móvil vibrar. Al cabo de unas horas, por fin el ansiado texto aparecerá: «Hola guapa, me sabe mal, pero esta semana estoy muy ocupado con el trabajo». Demoledor. ¡Qué cagada!
¿Por qué tengo que precipitarme siempre?
¿Por qué nada me sale bien?
¿Por qué no puedo conocer a alguien a quien le guste de verdad?
Estas preguntas me las hice yo dos veces por semana durante años. Hasta que empecé a entender cómo funcionan los hombres y, sobre todo, hasta que me di cuenta de que solía dejarle el control remoto de mis ilusiones y emociones a cualquier pringado, medio guapo, que me prestara atención durante más de una semana.
¿Sientes que tu vida amorosa te supera? ¿Sueñas constantemente con esa historia de amor que parece que nunca llega? No estás sola. En mi trayectoria en el mundo de la psicología, he topado, demasiado a menudo, con patrones muy arraigados, sobre todo en las mujeres, con relación a la pareja. Pero eso es algo que iré desgranando a lo largo del libro.
Por ahora, te voy a formular una serie de sentencias mortales para ver si alguna de ellas te resuena de forma directa, si te atañe o te define:
Soy fea.Soy gorda.Soy demasiado alta.Soy muy bajita.Soy una sosa.Hablo demasiado.Soy demasiado tradicional.Soy antisocial.Soy tímida.No soy especial.Tengo mala suerte con los hombres.Siempre me tocan los hombres malos.Soy demasiado inteligente.Tengo una visión demasiado idealista del amor.Soy un poco tonta.Intimido a los hombres.Soy difícil de complacer.¿Quieres saber algo? Todas estas mierdas que tienes en la cabeza son una gran mentira y solo habitan ahí dentro porque tú les has concedido una patente de vida. La única persona que se la puede revocar eres tú misma.
Si te identificas con cualquiera de las frases anteriores, te resultará mucho más difícil encontrar pareja estable porque no irradiarás seguridad en ti misma, que es el rasgo más atractivo que puede poseer cualquier ser humano. Es como iniciar un juego en el modo difícil.
Puede que pienses que, por mucho que tú te sientas bien contigo misma, no por eso tus defectos vayan a dejar de existir. En eso te doy la razón, pero a medias.
Piensa en esa vez en que te enamoraste hasta las trancas. Cuando te empezó a gustar esa persona, ¿qué es lo que veías en ella, todas sus virtudes o una montaña de defectos? Te aseguro que esa persona tenía defectos y tú lo sabías, pero simplemente no te llamaban la atención porque estabas demasiado ocupada amando sus virtudes.
Tus defectos existen, pero eso no significa que vengan anunciados en un cartel de neón. «Aquí viene Laura, mujer de 34 años con una nariz de tucán, un toque de grasa abdominal y la lengua muy afilada».
Tampoco significa que los demás los vean o los consideren defectos. Puede que algunas personas de tu entorno vean como virtud lo que tú crees que es un defecto. Si no me crees, pregunta sobre ello a tu familia o amigos y verás como cada uno tiene su propia percepción sobre cómo eres.
Cuando alguien te atrae y te enamoras, la visión que tienes de esa persona cambia por completo. Recuerdo que mi amiga Carmen se enamoró de un belga que a mí me parecía feo —para qué nos vamos a engañar—, en cambio, ella me repetía siempre lo guapo que era. Tanto me dio la chapa que al final casi me lo creí.
Pepe es un tipo muy gracioso y, cuando hablamos de mujeres, él siempre me dice que las prefiere entraditas en carnes porque hay más donde agarrarse, y así han sido casi todas sus parejas.
Lucía se definía como antisocial porque desde que murió su marido apenas había salido a la calle. Una amiga la «obligó» a ir a su fiesta de cumpleaños y cuando estaba en el balcón —para alejarse de la gente—, salió a tomar el aire otro antisocial que también ansiaba escapar de la gente. Se conocieron, se comprendieron, se gustaron. Llevan quince años viviendo juntos.
Es importante que entiendas que el universo está estructurado de forma perfecta, aunque a veces no lo parezca. Para asegurarte de ello, solo tienes que mirar a la naturaleza, que cumple sus ciclos a la perfección y mantiene el equilibrio entre las especies, siempre que el ser humano no eche mano.
Te cuento esto para que te metas en la mollera que hay alguien que está buscándote y que va a encajar contigo y te querrá por lo que eres. Alguien a quien no le importarán tus defectos y que suspirará por tus virtudes. Así que créetelo de una vez: estás hecha para ser amada. La cuestión no es si eso ocurrirá algún día, sino cuándo. Y sobre eso tienes más poder del que piensas.
En este libro voy a lanzarte un buen puñado de sugerencias para ayudarte a que te centres en la búsqueda de pareja. Descubrirás que entender a los hombres no es nada complicado y que, cuando lo consigues, es mucho más fácil tomar decisiones y librarte de todo aquel que no te trate como mereces. También vas a conectar con tu propio poder y te vas a querer tal y como eres para así poder elegir a una pareja que se complemente contigo y que no te empuje a tener que cambiar tu personalidad para que la relación funcione.
Tú eres la pieza clave de tu vida amorosa
Esta es la idea de partida de este libro y también su hilo conductor. A partir de ahora, en lugar de preocuparte por lo que el otro piensa y de tratar de analizarlo, te centrarás en lo que tú sientes y en lo que tú quieres hacer.
Estás aquí para vivir la vida y disfrutarla. Nada —ni nadie— debe llevarte a aceptar menos de lo que mereces. Y, créeme, te lo mereces todo.
¿Empezamos?
Bruce Lee decía: «Be water, my friend». Y yo te digo: «Sé una hoja en blanco, amiga». Porque no se puede iniciar una nueva relación cuando tu libro ya está medio escrito, lleno de palabras de odio hacia los hombres en general o hacia uno en particular, plagado de miedos, dudas, dolor o inseguridades. Empecemos tu nueva historia escribiendo lo maravillosa que eres y lo mucho que te mereces al hombre que tendrá un papel principal en la mejor novela, la de tu vida.
A los 23 años, decidí acompañar a mi pareja a la otra punta del mundo, Corea del Sur, para ser exacta. Él y dos amigos suyos habían conseguido plaza en la Universidad de Incheon, cuyo campus yacía en una zona bañada en asfalto, edificios sobrios, casi penitenciarios, y una densa niebla que le daba un halo de tenebrosidad.
El campus se alzaba en una zona remota, apartada de la ciudad, y se respiraba seriedad.
Era febrero y la brisa te helaba los huesos. La primera vez que me adentré en el campus estaba desierto. El semestre aún no había empezado. Me alegré de no ser yo la que tuviera que pasar los próximos meses recorriendo esas calles a diario.
Yo trabajaba en remoto, como escritora creativa. Las únicas herramientas que necesitaba eran un ordenador, una conexión a internet y la cabeza despejada.
A pesar de no tener ningún interés en Asia, en cuanto mi novio me habló del máster que allí se cursaba, enseguida lo animé a postular para esa plaza. Me pareció importante para su carrera profesional y, a la vez, una oportunidad para salir de mi burbuja, en la que no me encontraba del todo a gusto.
Pronto nos animamos con la posibilidad de ir y el corazón nos dio un vuelco cuando vimos que su nombre estaba en la lista de los afortunados.
Lo teníamos todo planificado. Cogeríamos un piso allí y cuando terminara nuestra estancia de siete meses, viajaríamos un poco por Asia y luego volveríamos a Barcelona, él encontraría trabajo, nos mudaríamos juntos y no tardaríamos mucho en casarnos y empezar la vida que tanto deseábamos tener.
Todo iba acorde a nuestro plan. Había momentos de duda y de miedo, pero sabíamos que juntos podríamos superar cualquier obstáculo. Éramos como pájaros que aún no habían salido del nido y creíamos que el mundo estaba a nuestros pies.
Cuando tomé la decisión de poner mi vida, tal y como la conocía hasta ese momento, en pausa y volar hacia el continente asiático, nunca imaginé que allí dejaría una parte de mí y también a la persona que había sido mi pareja durante cuatro años.
La vida a veces es así de gráfica y te lleva a cruzar medio mundo para enseñarte que todo aquello que pensabas que conformaba tu realidad, tu hogar, tu futuro y te definía como ser humano, no era más que la caverna de Platón, una mera proyección de una realidad, de aquello que habías vivido y aprendido hasta el momento.
Con la valentía de quien nunca se ha enfrentado al miedo, aterricé en ese nuevo país y la ilusión inicial pronto se convirtió en una sensación de vacío, que escapaba a mi comprensión.
Mi cuerpo no paraba de mandarme una señal que se traducía en algo así como: «¡Chica, acabas de cometer el gran error de tu vida!». ¿Era eso el tipo de señal que se suele tener cuando das el primer paso hacia tierra desconocida? No tenía ni idea, pero la respuesta a esa pregunta me daba pavor.
Nada más meterme en el tren en dirección a la capital, donde pasaríamos nuestros primeros días, me invadió una sensación de no saber nada, de no conocerme, de no conocer a mi pareja, de estar totalmente perdida y sola ante un mundo nuevo en el que no entendía nada y cuya gente era completamente distinta a mí.
La primera semana la pasé con mi novio y dos amigos suyos en una habitación raquítica de un hostal en el corazón de Seúl. La habitación era gris y tenía dos literas de acero.
Durante el día, visitábamos la ciudad, que estaba teñida de invierno, prisas y tráfico. Por la noche, el jet lag y los irreverentes ronquidos de quien no tiene preocupaciones me tenían con los ojos como platos, dándole frenéticas vueltas a mi nueva situación, intentando encontrar el modo de recuperar la ilusión, que se había dejado barrer por el desconcierto.
La idea de que esa fuera mi nueva casa durante los siguientes meses de mi vida me parecía surrealista. Las calles eran largas, anchas como la Gran Vía, desnudas. Me aterrorizaba no integrarme, no encontrar amigos, pero, sobre todo, tener que enfrentarme a ese vacío que se apoderaba de mi cuerpo y cada día crecía un poco más.
El día que mi novio y yo firmamos el contrato del piso que íbamos a compartir por los próximos siete meses, lloré. Todo eso era un error. Quería volver a mi casa, bajo el manto protector de mi familia. ¿Se puede cambiar el vuelo de vuelta? No tenía ni idea.
Ese fue el principio del final de un ciclo y lo mejor que pudo pasarme en la vida
Te cuento esto porque allí comprendí que, a veces, necesitamos una buena sacudida para darnos cuenta de que aquello que creemos ser no es lo que en realidad somos.
Algunas de mis creencias más arraigadas empezaron a tambalearse y dieron paso a una nueva libertad, que bebía del amor propio.
De alguna forma descubrí que:
Yo no dependo de una pareja para ser feliz.
No necesito callarme y guardar lo que pienso por miedo a perder una amistad o un amor.
Puedo irme a una ciudad desconocida sola, o donde me dé la gana.
No necesito de la aprobación de los demás para hacer lo que quiero.
¿Verdad que, así escrito, parece algo muy lógico y normal? Pues no era así como yo me veía antes de ese viaje.
Yo iba de puntillas por la vida. Intentaba hacer lo que se suponía que debía hacer, cambiando aquellas partes de mí que molestaban a mis amistades para ser más aceptada y tener la relación de pareja que se suponía que debía tener.
Esa vida que me había montado no era realmente la que yo quería vivir. Esas personas de las que me había rodeado no eran las que sacaban lo mejor de mí o las que me hacían sentir a gusto con mi personalidad.
En realidad, nadie me marcó el camino, sino que yo sola me apunté a esas directrices, quizás para conseguir la aceptación de los demás o tal vez para conseguir la mía.
Corea fue mi sacudida y yo espero ser la tuya.
Allí me rompí en mil pedazos para luego volver a armarme. Decidí ser yo misma y dejar de doblegar mi personalidad para no perder a mis amistades y así es como conocí a personas maravillosas de distintos rincones del mundo, a las que adoro y que, a día de hoy, me quieren tal y como soy.
Decidí dejar una relación con una persona estupenda, pero que no me hacía feliz. Eso me abrió las puertas a conocer, experimentar y dejarle espacio al hombre que sí me haría sentir la mujer más afortunada del mundo.
Yo quiero hacer lo mismo por ti y darte el empujón que necesitas para vivir la vida que te mereces.
Ya es hora de que dejes de centrarte en el ruido y empieces a escuchar lo que realmente importa: tu propia voz.
Ya es hora de que te niegues a que tus miedos o tus inseguridades dicten el camino que debes seguir y las relaciones que has de tener.
Ya es hora de que te libres de toda esa gente que te está haciendo perder el tiempo, que no te ofrece lo que necesitas o que no te valora como mereces.
Pero, para que eso suceda, primero debes valorarte tú.
Este libro no existiría si no hubiera decidido escuchar esa voz que gritaba en mi interior y me decía: «Silvia, espabila, ¡no estás tomando la dirección adecuada!».
Este libro no existiría si no hubiera creído que merezco darme la oportunidad de experimentar, de equivocarme y de tener nuevos sueños. Que puedo hacer lo que me dé la gana porque es mi vida y no tengo que vivirla siguiendo unos patrones que yo no me he marcado.
Esa decisión dio inicio a los seis años más locos de mi vida, en los que me perdí y encontré más veces de las que puedo contar y entendí que sobrevivir en la jungla es mucho más fácil siendo una leona, que no una gacela.
Y como no quiero que vivas huyendo de todo, con miedo a que te coman, voy a compartir contigo todos mis conocimientos y mis experiencias para que te conviertas en una poderosa leona, empieces a tomar tus propias decisiones y disfrutes con ello, hasta que encuentres a alguien con quien realmente te apetezca iniciar un proyecto común.
Esa persona no será elegida por necesidad o por desesperación, sino porque realmente conseguirá que tu vida sea mejor, porque te va a cuidar, a respetar, a querer como mereces y te hará sentir la mujer más dichosa.
¡Empezamos la aventura!
Sé lo que es ir de primera cita en primera cita, con la ilusión de una niña estrenando su nuevo vestido. Perdiendo las ganas, la ilusión e incluso la fe, a medida que ves que nada está cuajando como te gustaría.
Sé lo que es pensar que alguien está por ti e imaginarte lo bonito que sería pintar un futuro juntos, cuando en realidad solamente eres un nombre más en su libro de conquistas.
Sé lo que es tratar de alargar relaciones que no van a ningún sitio por comodidad, pereza, inseguridad, miedo a no encontrar a nadie mejor o, lo que es peor, miedo a no merecer a nadie mejor.
Sé lo frustrante que es invertir tu tiempo y energía en una persona que no está segura de lo que quiere y que te da siempre lo mínimo para mantenerte enganchada. Te va tirando migas de pan para que sigas el camino a ninguna parte.
Sé lo que es tener miedo a sufrir, a tener que pasar por otra ruptura, por otra desilusión, por otro fracaso. Miedo a que tu corazón se vuelva a romper en mil pedazos y esta vez no puedas volver a juntar todas las piezas.
Por ello, sea cual sea tu situación actual, te entiendo.
Pero también sé lo que es conocer a alguien especial, tener ese cosquilleo en el estómago que trenza nuevas ilusiones y dejarme llevar por el momento.
Sé lo que es vivir las relaciones al máximo, exprimir cada segundo y sacar lo mejor de cada experiencia.
Sé lo que es darle la patada a alguien que nunca va a darme lo que quiero o necesito y sentirme poderosa por ser capaz de mirar por mí misma, de hacerme justicia y de demostrarme que me quiero. ¡Y qué bien sienta eso!
Sé lo que es aprender de mis errores y dejar de tropezar con la misma piedra.
Sé lo que es relajarme y disfrutar del recorrido que representa la búsqueda del amor.
Sé lo que es encontrar a una persona que me admira, respeta y ama. Que quiere ser un personaje protagonista en mi vida y a quien le importa mi felicidad, casi tanto como a mí.
Eso es lo que quiero para ti y esa es mi intención al escribir este libro: que aprendas de mis equivocaciones —y de las tuyas— y que recuperes tu ilusión, sabiendo que hay un modo mucho más sencillo y efectivo para encontrar el amor.
Quiero que sepas que es posible disfrutar de las experiencias vividas con las personas que te vas encontrando. Que es posible evitar ciertos errores y que, cuando encuentras a la persona adecuada, tu luz se come a tus sombras.
Es posible encontrar el amor sin que ello vaya acompañado de un gran sufrimiento.
Es posible estar soltera, tener el control de tu vida amorosa y tomar las decisiones adecuadas que te llevarán a conocer a la persona con la que pasarás el resto de tus días.
Mi intención al escribir este libro es que no tengas que pasar más tiempo en la jungla que el estrictamente necesario. Que no te estampes en las mismas curvas que yo y que disfrutes del viaje que es conocer a alguien especial y llegar a tener una relación con esa persona.
Este libro no es un manual al uso. Está basado en un análisis de mi propia vida amorosa, la de mis amistades y clientes. Es una muestra, apoyada en la experimentación, de lo que funciona y lo que no funciona cuando tu objetivo es el de conocer a tu futura pareja y construir una relación fuerte, sana y feliz.
Las reglas y las generalizaciones no son lo mío y siempre me han gustado las excepciones, pero después de estudiar, observar y experimentar, me he dado cuenta de que creer que eres la excepción a la regla es jugar con desventaja, como si participaras en una carrera de obstáculos con los ojos vendados.
Esta es la razón por la que he querido crear la guía que me hubiera gustado tener a mí cuando me quedé soltera en la era moderna. La era de las aplicaciones para ligar, de las relaciones de usar y tirar, de la idea de que todas las personas somos desechables y sustituibles.
Nunca me han gustado los juegos, ni las manipulaciones. No creo en las tácticas que te empujan a creer que debes convertirte en otra persona para gustarle al que tienes delante.
Quiero que trates de absorber lo que te voy a contar y lo apliques a tu propia vida, porque te prometo que eso te hará ver las cosas desde otra perspectiva. Te darás cuenta de que tienes mucho más poder del que pensabas en tu vida amorosa. Que realmente te lo puedes pasar bien y encontrar a alguien que te quiera y te haga feliz.
Si te interesa aprovechar este libro para conocerte mejor y para detectar las trabas que tú misma te estás poniendo, coge una libreta o crea un nuevo documento en cualquiera de tus dispositivos porque voy a facilitarte pequeños ejercicios que te servirán para poder avanzar más deprisa, poner en práctica los conocimientos adquiridos y conectar con tu poder interior.
He escrito este libro como si me estuviera dirigiendo a mi mejor amiga.
Eso significa que mi personalidad quedará impresa en él y que voy a ser muy directa y a hablarte sin tapujos.
Puede que disfrutes de mi sentido del humor, un tanto sarcástico, y que te sorprenda un poco toparte con lenguaje fuerte, en ocasiones rozando lo grosero.
Igual te contagias de mi positividad, de mi forma de ver más allá de los acontecimientos y así vislumbrar el cuadro completo y no solo un trozo de lienzo.
Espero que te enamores de mi visión del amor y que te des cuenta de que pasártelo bien mientras buscas a tu compañero de vida es una realidad muy factible.
Para mí, es muy importante que te encuentres con la persona real e imperfecta que soy y que te eches las manos a la cabeza cada vez que topes con una de mis cagadas porque, si algo hice en mis años de soltería, es empotrarme contra muros, sin casco ni nada.
Mi pretensión no es la de hablarte desde la perspectiva de psicóloga, aunque sí aprovecharé mis conocimientos en la materia y mis experiencias con clientes. Prefiero mostrarte la perspectiva de una mujer que se quedó soltera después de una relación de cuatro años, que se había iniciado antes de la revolución tecnológica, el demoníaco doble tic azul de WhatsApp, el «visto» de Facebook y las aplicaciones para ligar.
Te hablaré desde la perspectiva de alguien que aterrizó en medio de la jungla sin ningún conocimiento, sin nadie que me avisara de la hostia que me iba a pegar, sin brújula y sin mapa.
Tuve que perderme muchas veces, cagarla y sentir que nunca encontraría lo que buscaba y hasta llegué a pensar que estaba destinada a estar soltera de por vida, a ir de cita en cita, sin nunca encontrar a alguien que me llenara y me correspondiera.
Puedo decirte que estaba equivocada y, si tú piensas eso, siento decirte que también lo estás —en realidad no lo siento—.
Ahora puedo enseñarte lo que aprendí por experiencia propia y gracias a mi trabajo como «psicóloga del amor», que nació justamente por querer aportar mi granito de arena a las personas que, como tú, quieren encontrar el amor, pero preferirían no tener que pasar por un calvario para conseguirlo; ayudar a las personas que se sienten perdidas en medio de un mar de peces escurridizos y necesitan una buena red pesquera.
La verdad es que en el fondo casi todos vivimos historias parecidas:
La del novio que era tan bueno y previsible, siempre dispuesto a cualquier cosa que le pidieras, tanto que lo tuviste que dejar porque te aburría soberanamente, te faltaba emoción.La del chico del que te enamoraste perdidamente, pero que no estaba por la labor y la relación se acabó marchitando antes de florecer.La del que te comió la oreja y te vendió la moto para desaparecer después de acostaros.La del chico que podría haber sido perfecto para ti, pero al que quizá conociste cuando eras demasiado joven y aún no tenías claro lo que querías o lo que necesitabas para ser feliz.La del que parecía que sí, pero no.La del que te dio un gran tormento, aunque te hacía sentir viva.La del que te dejó y aún no sabes el porqué.La del que desapareció sin decir nada, como si costara mucho escribir un maldito mensaje que te ahorrara días de comerte el coco inútilmente.¿Te va sonando alguno de estos? Ya, a mí también. Todos ellos, de hecho.
Al final sucede que estamos cortados por ciertos patrones que se van repitiendo.
Algunos tienen miedo al compromiso, otros se comprometen con el primero que pasa.
Algunos dejan las relaciones por miedo a sufrir, otros se quedan en relaciones muertas.
Algunos no dejan las relaciones por miedo a equivocarse. Y se equivocan.
Algunos tienen miedo a quedarse solos.
Algunos tienen miedo a pasarlo mal.
Algunos tienen miedo a que se les pase el arroz.
Algunos tienen miedo a perder la libertad, a estar atrapados, a tomar la decisión errónea.
Cuando conoces tus miedos y tus mecanismos de defensa, es cuando puedes empezar a trabajar en ellos.
Aquí se inaugura tu viaje al amor. En este primer ejercicio, quiero que seas muy sincera contigo misma y que identifiques tus miedos y tus mecanismos de defensa.
Ejercicio 1: Quítate la venda
¿Qué miedos tienes con respecto al terreno amoroso?¿Cuáles son tus mecanismos de defensa?Dar respuesta a estas dos preguntas te ayudará a ser consciente de algunos de los obstáculos que estás poniendo a la hora de encontrar el amor.
Conocer aquello que te está frenando es el primer paso para luchar contra ello y para conseguir superar esos miedos que tienes y que te están impidiendo conectar con la persona adecuada para ti.
A través de la lectura del libro y de sus ejercicios, vamos a realizar un trabajo de toma de consciencia que te ayudará a darte cuenta de aquello que te está haciendo tropezar una y otra vez.
Este libro te dará la seguridad que necesitas para tomar las riendas de tu vida y evitar que tus miedos te guíen y te hagan tomar decisiones que van en contra de tus objetivos
Es el momento de encontrar tu propia voz y usarla para crear la vida que deseas.
Voy a presentarte una de las generalizaciones que más se ha repetido a lo largo de la historia. La has oído en películas, leído en novelas y seguramente alguna vez se le escapó a alguna mujer cercana a ti, justo después de caer en la cuenta de que volvió a darle la llave de su felicidad a quien no la merecía.
Entiendo perfectamente que en algún momento de tu vida puedas haber pensado, repetido o creído a pies juntillas esta frase: «todos los hombres son malos». O quizás te has decantado por alguna de sus hermanas: «todos los hombres mienten», «los hombres son infieles por naturaleza», «los hombres solo quieren sexo», etc.
Puede que hayas tenido experiencias en las que los hombres te han tratado mal una vez tras otra.
Te han dejado, cuando más enamorada estabas, sin previo aviso y con poco tacto.
Te han ninguneado, como si tu opinión no fuera tan importante como la suya, como si ellos tuvieran el libro de la vida y tú fueras una simple aprendiz con la mollera muy dura.
Te han hecho sentir como que no valías nada, como si tus sentimientos no existieran, como si no te doliera entregar tu corazón a cambio de nada.
Te han usado para que les calentaras la fría cama, para que fueras su fiel acompañante hasta encontrar a alguien mejor, para ahuyentar la soledad y sobrevivir al invierno.
Te han engañado, prometiéndote mil atardeceres que se acabaron en cuanto las hojas otoñales cayeron del árbol.
Te han herido, ganándose tu cariño y tu confianza para luego confesarte que sus sentimientos hacia ti no eran suficientemente intensos o que no estaban preparados para una relación.
No hace falta que te diga que las mujeres no estamos exentas de nada de eso. Pregúntale a cualquier hombre sobre sus desengaños amorosos y te darás cuenta de que ha pasado por las mismas penurias que nosotras. Lo han tratado mal, lo han dejado, lo han ninguneado, lo han hecho sentir como si no valiera nada, lo han usado, lo han engañado y lo han herido.
Pero tú eres una mujer y a ti solo te importa lo que hagan los hombres porque, al fin y al cabo, es con los que sales.
Echa la vista atrás y recuerda las veces que un hombre se te ha declarado y no lo has correspondido. Rememora todos esos chicos con los que saliste en varias ocasiones, para luego darte cuenta de que no te gustaban y dejarlos con la miel en los labios.
¿Alguna vez has ridiculizado a un hombre por el simple hecho de que no te gustaba, cuando se estaba acercando a ti o confesándote sus sentimientos?
¿Alguna vez has tenido un novio que era muy bueno y estaba muy enamorado de ti y tú te aprovechabas de esa situación para pasarle por encima y convertirlo prácticamente en tu perrito faldero?
¿Alguna vez has dejado a alguien que te quería y le has hecho daño?
¿Alguna de tus exparejas te dijo que le hiciste sentir muy mal en ciertos momentos?
¿Alguna vez has engañado o has sido infiel?
Si tu respuesta a todas estas preguntas es «no», entonces ¡enhorabuena! Te ganaste tu rinconcito en el cielo y es posible que se te considere para otorgarte el título de santa. O quizás es que no has tenido muchas relaciones...
Si has respondido que sí a alguna de estas preguntas (o a la mayoría), quiero que pienses en si lo hiciste de mala fe, si tu intención era fastidiar a la otra persona o, simplemente, no lo supiste hacer mejor, te dominaron tus sentimientos, te pudo la desazón, dejaste que tu personalidad arrollara al otro o incluso te asustaste por lo rápido que avanzaban las cosas.
Doy por hecho que, como yo, no eres una mala persona. Eres humana y a veces te dejas llevar por esa parte de ti que no es del todo racional. Sobre todo cuando eras adolescente y estabas construyendo tu propia personalidad, pero también ahora.
Tengo que serte sincera y decirte que yo me considero alguien que se preocupa por el bienestar de los demás, especialmente de las personas a las que quiero, pero tengo que levantar la mano en cada una de las preguntas que he formulado antes porque he cumplido lo mencionado en ellas.
No estoy para nada orgullosa de ello, más bien al contrario, odio tener que admitirlo, pero también sé que nunca actué movida por malas intenciones y aprendí de todo ello.
Nadie disfruta causando dolor a los demás —salvo un ínfimo porcentaje de personalidades psicopáticas que no vienen al caso—.
Eso significa que, si un hombre te ha herido, no fue aposta, sino porque no supo encontrar un modo mejor en ese momento o un camino más correcto sin hacer añicos tus esperanzas e ilusiones en el proceso.
Todos tendemos a poner nuestros intereses por delante —y así debe ser—, pero intentando infligir el menor daño posible a las personas afectadas por las decisiones que tomamos. No es tarea fácil, pero es una responsabilidad que deberíamos tener en cuenta.
En el terreno del amor, todo se mueve a través de las emociones. Por eso es muy complicado no dañar o no salir herido. Simplemente, forma parte del proceso
No te equivoques dando por sentado que cualquier hombre con el que vayas a estar terminará dañándote, incluso si ya te ha ocurrido en el pasado. No permitas que tus relaciones pasadas determinen las futuras. Es decir, si tienes la idea de que todos los hombres son malos porque la mayoría de los que has encontrado hasta ahora lo han sido, es posible que tu actitud negativa sea la que termine por ahuyentar a los que vengan y no cumplan con ese requisito, al que te has abonado, de tener un villano al que puedas culpar de todos tus males.
Imagina que tienes una cita con alguien que te parece atractivo e interesante y se pasa dos horas repitiendo que todas las mujeres son unas celosas empedernidas y dándote ejemplos de mujeres con las que ha salido que se han comportado así. ¿Qué impresión tendrías? ¿Pensarías que, si todas eran celosas, puede que él tenga algo que ver en el asunto? Tal vez sea un donjuán, que flirtea con todo el mundo o que engaña a sus novias. Sea como fuere, su discurso no causará un efecto positivo en ti y tal vez hasta te quite las ganas de volver a escuchar sus penurias.
Volviendo a ti, la cuestión es que, si tu actitud a la hora de ligar o de empezar a conocer a alguien ya es negativa, es muy probable que la otra persona lo acabe percibiendo. Aunque no lo digas, tu forma de actuar te acabará delatando y conseguirás que la otra persona no se sienta del todo cómoda contigo porque se levantará una barrera generada por tus prejuicios.
Ahora quiero que me contestes a lo siguiente: ¿Cuántas veces has boicoteado relaciones por miedo a que te ocurriera lo que ya te ocurrió en el pasado?
Ejercicio 2: Desacreditando al enemigo
¿Crees que has boicoteado alguna relación por miedo a volver a pasar por algo que ya habías pasado? Si la respuesta es sí, describe algunas situaciones en las que haya sucedido.
Entonces, ¿cuál es la alternativa? Básicamente hacer borrón y cuenta nueva cada vez que conozcas a alguien, en lugar de acumular los malos sentimientos del pasado y volcarlos en otra persona que no tiene nada que ver.
No te estoy sugiriendo que des la llave de la caja fuerte que protege tu corazón a cada hombre que aparezca en tu vida, sino que tú misma lo abras y dejes la puerta solo un poquito entreabierta. De este modo, cada vez que la otra persona te demuestre su valía y te trate bien, se irá abriendo un milímetro más.
Más adelante, descubrirás cómo realizar este proceso de una forma fácil e indolora porque te presentaré mi método infalible para saber si la persona a la que estás conociendo se interesa por ti o solo está utilizándote y te ve como un ligue pasajero.
