Marcel Duchamp y los restos del ready-made - Horacio Zabala - E-Book

Marcel Duchamp y los restos del ready-made E-Book

Horacio Zabala

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Beschreibung

De los maestros modernos, el más contemporáneo (o sea el menos moderno) es Marcel Duchamp. Una de sus creaciones más importantes es el ready-made, consecuencia extrema del collage. Si este significa la incorporación de un fragmento de la realidad en la obra de arte, el ready-made significa la incorporación de un objeto entero en un espacio destinado a la obra de arte.   El presente ensayo indaga esta problemática y sus consecuencias en el reino del "todo vale por igual" del arte contemporáneo. En él, las obras se expanden y reinventan, se apretujan y mezclan en un remolino que transforma nuestra mirada.   Y en este remolino flotan los restos irreducibles del ready-made: una cosa mental que sigue interpelándonos desde 1913 con tonalidades diferentes, una y otra vez.   Un nuevo libro de nuestra colección Saber y comunicar, para entender y gozar de este artista tan particular.

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Seitenzahl: 88

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Marcel Duchamp y los restos del ready-made

Horacio Zabala

Marcel Duchamp y los restos del ready-made

Zabala, Horacio

Marcel Duchamp y los restos del ready-made. - 1a ed. -

Buenos Aires : Infinito, 2013.

E-Book.

ISBN 978-987-9393-74-1

1. Arte. 2. Escultura.

CDD 730

Colección Saber y comunicar

Supervisión general: Cristina Lafiandra

Diseño gráfico: Karina Di Pace

©de todas las ediciones en español

Ediciones Infinito

e-mail: [email protected]

http://www.edicionesinfinito.com

Buenos Aires, Argentina.

ISBN978-987-9393-74-1

Hecho el depósito que marca la ley 11.723

Impreso en Buenos Aires, octubre de 2012

Todos los derechos reservados de acuerdo a la Convención Internacional de copyright. La reproducción total o parcial de este libro, en cualquier forma que sea, por cualquier medio, sea éste electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación o fotocopia no autorizada por los editores, viola derechos reservados. Cualquier utilización debe ser previamente solicitada al editor.

El presente ensayo es el desarrollo del texto titulado Marcel Duchamp, elready-madey el arte contemporáneo, leído en las III Jornadas de Arte y Universidad, organizadas por Hugo Masoero en la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario el 17 de septiembre de 2003. Las ponencias de los participantes se publicaron en Laborde Editor, Rosario, 2004.

Dos caminos se separaban en un bosque y yo…

Yo tomé por el menos transitado,

Y a eso se reduce toda la diferencia.

Robert Frost

Uno

El collage, fragmento sin valor

Luego, cuando ya nos íbamos de la galería,

se volvió hacia mí y dijo:

“Me gusta firmar estas cosas, así se devalúan”.

Duchamp debió darse cuenta de que había añadido cierto valor monetario al objeto, pero como a la vez aumentaba la cantidad de versiones firmadas, daba al traste con la singularidad y con ello hacía que valieran menos desde un punto de vista estético.

RICHARD HAMILTON

Proposiciones

El mundo modernode fines del siglo XIX es heredero del Iluminismo, movimiento de emancipación que da lugar a la génesis de disciplinas como la estética filosófica y la historia del arte, el sistema de las bellas artes y sus clasificaciones –pintura, escultura, arquitectura, grabado, etcétera– que las academias y la crítica de arte explican y legitiman. El contexto de este desarrollo está constituido por el avance del capitalismo industrial, la crisis de la artesanía, el progreso científico y tecnológico con su ideología optimista y el nihilismo con sus “crisis de sentido” y “desvalorización de los valores” tradicionales. Esta trama se refleja en las producciones figurativas cultas con síntomas obsesivos de rechazo ante los modelos del pasado, y a la vez, con “voluntad de anticipar el futuro”. Se pone en práctica y se enuncia la idea de que el desarrollo del arte es un incesante borrón y cuenta nueva.

En esta atmósfera que tiende a la utopía y a la disolución de los dogmatismos nace, en los dos primeros decenios del siglo XX, el arte de las vanguardias artísticas y poéticas. El cubismo, el futurismo, el constructivismo, el dadaísmo, el ultraísmo y tantos otros movimientos comparten, con diferencias a veces irreconciliables, una doctrina que entraña métodos y criterios precisos: la crítica, la transgresión y la superación de los códigos estilísticos heredados. Surgen así, la búsqueda, la experimentación y la innovación de formas, materiales, lenguajes y técnicas.[1] Estas peculiares maneras de hacer y señalar, sentir y pensar, se inscriben en el postulado esencial de la modernidad: se otorga valor a lo nuevo, o bien, se reconoce que lo nuevo tiene valor. Esto significa también una selección radical: se alaba o glorifica a los precursores y se olvida o descarta a los seguidores y a los eclécticos.

Los vanguardistas en el arte y la arquitectura, la poesía y la música, la fotografía y el cinematógrafo, entienden que la modernidad es un valor que se debe defender y extender. Proclaman que los fundamentos modernos son portadores de una experiencia histórica “potente”, que mantiene una relación esencial con las contradicciones de la época. Los vanguardistas son humanistas que quieren transformar la realidad, sus presupuestos y prejuicios: en este sentido son los herederos directos de los nihilistas anárquicos de los últimos decenios del siglo XIX. Consideran, por lo tanto, que sus obras poseen nuevos principios y revelan un valor de verdad, lo que implica aspectos no solo dogmáticos y sectarios, sino también totalitarios.

Si vinculamos el fenómeno de las vanguardias a la historia del arte comprobamos que es algo inédito, intenso y aun épico, pero de ínfima duración, si tenemos en cuenta que su disolución comienza entre 1940 y 1950. Para Jean-Pierre Keller:

[…] estas formas creadas hace menos de un siglo ya forman parte de nuestros orígenes: sea cual sea nuestra cultura y nuestra relación con el arte, todos hemos sido confrontados con el lenguaje del arte moderno, aunque solo sea por medio de los afiches que se inspiran en él. Así, las vanguardias históricas adquirieron una dimensión mítica. Esto explica, sin duda, que en el actual período sin brillo de ‘post-vanguardia’, el arte de los primeros decenios del siglo XX […] nos pueda hacer sentir con crueldad la ausencia de una renovación real de la escena cultural contemporánea.[2]

En 1907, Georges Braque y Pablo Picasso crean el cubismo, un lenguaje pictórico que, con el aporte de la cultura material africana, no solo aborda la forma y el espacio de una manera totalmente nueva, sino que entraña una visión del mundo con su correspondiente conceptualización teórica. William Rubin considera que el cubismo:

“[…] concretizó en el contexto del siglo XX la definición de la pintura como cosa mentale propuesta por Leonardo da Vinci. Esto es lo más importante que legó a las generaciones posteriores, y la obra de Duchamp le debe tanto como la de Mondrian”.[3]

En 1912, o sea cinco años después del nacimiento del cubismo, Picasso realiza un cuadro al óleo de 27 × 35 cm tituladoNature morte á la chaise cannée[Naturaleza muerta con silla de esterilla], en el que encola un fragmento de tela, cuyo diseño impreso imita un asiento de esterilla; también sustituye el marco del cuadro oval por una soga ordinaria. Es el primercollage(encoladura) de la historia. A partir de aquí, algunas cosas sin valor, tales como un fragmento de periódico o de espejo, un pentagrama, un alfiler, arena y materiales varios (en definitiva, residuos), se incorporan al cuadro de caballete o al papel de dibujo. La primera interpretación crítica delcollage[4]sugiere que su aparición se debió a que los cubistas rechazaban el ilusionismo fotográfico de la pintura tradicional. Por lo tanto, preferían sustituir, por ejemplo, la copia pictórica exacta de la etiqueta de una botella por la etiqueta real. Y esta sustitución significó una mutación completa.

Florian Rodari escribe a propósito de su aceptación y generalización:

Que elcollageno pueda ser reducido a un simple procedimiento mecánico, a una posibilidad suplementaria de la manualidad puesta a disposición del pintor, es lo que nos indica el éxito inmediato de esta invención en todos los artistas comprometidos en la renovación de las formas e ideas, en el curso de los primeros decenios del siglo. Aun más que una práctica, en efecto, se trata de un principio que sirve de soporte a todas las técnicas y favorece todas las expresiones, sean visuales, literarias o musicales. En todos lados, elcollageaparece como un arma privilegiada contra el orden antiguo, el cuestionamiento de los valores perennes del arte; en todas las circunstancias, es juzgado el medio máseficaz para recusar la ilusoria coherencia de la obra tradicionaly sustituir sus intenciones idealistas por el juego abierto de los signos autónomos […].[5]

Podemos afirmar que elcollagees una práctica poético-técnica que se origina a partir de una actitud materialista: el artista elije e incorpora algo real a su obra. Esto es, decide que uno o más restos concretos de la “realidad real”, ajenos a la re-presentación pictórica, se integren a su creación. Si bien la concepción delcollagees una consecuencia de la estructura autónoma del cubismo, de la idea del cuadro como un “objeto fabricado” (que borra la distinción entre pintura y escultura), tiene dos antecedentes no pictóricos. El primero surge en 1850 con el fotomontaje: técnica para componer una imagen nueva a partir de combinaciones de fotografías o negativos existentes. El segundo es el montaje, consustancial con la invención del cinematógrafo por Louis Lumière en 1896, que consiste en la selección y unión de escenas filmadas. En principio, el fotomontaje fue utilizado en composiciones alegóricas y escenas eróticas, pero recién los artistas del movimiento Dadá de Berlín le otorgan dignidad y autonomía expresiva. En efecto, a partir de 1916 (pocos años después de la aparición delcollage) los alemanes John Heartfield, Hannah Höch, Raoul Hausmann y Kurt Schwitters comienzan a emplear el fotomontaje como medio de expresión en sus obras de carácter político e informativo (aspecto que también desarrollarán los constructivistas rusos El Lissitzky, Alexander Rodchenko y otros, a partir de la revolución de 1917).

Dos fundadores del movimiento Dadá señalan de diferente modo los aspectos conceptuales delcollage. Para Tristan Tzara, revela lo efímero y lo intrascendente: “la más grande intimidad con las verdades cotidianas, la afirmación invencible de lo provisorio, los materiales temporales y perecederos, la soberanía del pensamiento”.[6] Max Ernst es más irónico: “Si bien son las plumas que hacen el plumaje, no es la cola la que hace el collage”.[7]

Las posteriores y múltiples variantes del collage y el assemblage (ensamblaje bi o tridimensional de objetos y materiales) se extienden y desarrollan como un virus a todas las artes: la música, la arquitectura, la coreografía, la poesía y la literatura. En la actualidad, la aplicación de su principio se extiende al dominio de la información y comunicación visual, la publicidad, el diseño, la moda y los fenómenos de la esteticidad difusa.

En la historia del arte occidental, la inclusión de esta creación que trasciende las fronteras de las especificidades y categorías artísticas da lugar a una apertura ilimitada. Sus consecuencias solo son comparables con las que tuvo la invención de la perspectiva y la fotografía. Ni éstas ni el collage son meros instrumentos para representar el mundo, sino concepciones, intuiciones e imágenes del mundo. Al Renacimiento del siglo XV pertenece la perspectiva; a la modernidad de mediados del siglo XIX pertenece la fotografía (que anuncia al cinematógrafo); y al comienzo del siglo XX pertenece el collage (que anuncia al ready-made ).

Dos

El ready-made, objeto intencional

Otro aspecto del ready-made