Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
María Zambrano es probablemente la pensadora de habla hispana más influyente del siglo pasado. Sin embargo, a pesar de sus aportaciones fundamentales a la filosofía, sus contribuciones políticas no han recibido la atención editorial que merecen. Su originalidad radica en haber extendido la noción de democracia desde una forma de gobierno hasta una dinámica de convivencia. Así, la democracia no sería una formalidad gubernamental, legal o institucional, sino un modo-de-convivir, un modo-de-estar con los demás ciudadanos. En este libro, a partir de un examen profundo de las obras de Zambrano, Pamela Soto García propone un recorrido a través de una serie «notas» de lectura —entendidas al modo de notas musicales, que no son teorizaciones menores, sino verdaderas punzadas— que, como una constelación, dibujan los aspectos más fundamentales de la filosofía de la autora. Se cruzan aquí aspectos teóricos y políticos que vinculan a Zambrano con las discusiones teóricas de diversas épocas, en un proceso que comprende tanto la organización de la Segunda República española como la experiencia del exilio
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 227
Veröffentlichungsjahr: 2023
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
María Zambrano
Los tiempos de la democracia
Edición digital: José Toribio Barba
© 2022, Pamela Soto García
© 2023, Herder Editorial, S.L., Barcelona
ISBN EPUB: 978-84-254-5006-8
1.ª EDICIÓN DIGITAL: 2023
Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro de Derechos Reprográficos) si necesita reproducir algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com)
Prólogo
Ricardo Espinoza Lolas
Introducción
Nota 1: temporalidad, cuerpo e imagen
La temporalidad
El cuerpo
La imagen
Nota 2: la multiplicidad de los tiempos desde la experiencia individual y colectiva
La experiencia de la multiplicidad de los tiempos
Los sueños o la imagen del tiempo individual
Las ruinas o el tiempo colectivo
Nota 3: armonización de los contrarios, conflicto y democracia
La armonización de los contrarios
Conflicto
Democracia
Conclusión. Acerca de los tiempos de la democracia
Bibliografía
Apéndice 1. Obras de María Zambrano
Apéndice 2. Nota biográfica sobre María Zambrano
Información adicional
La ciudad, primera forma de vida democrática, es el medio de visibilidad del hombre, donde aparece en su condición de ser humano.MARÍA ZAMBRANO, 1955La democracia es el régimen de la unidad de la multiplicidad, del reconocimiento, por tanto, de todas las diversidades, de todas las diferencias de situación.MARÍA ZAMBRANO, 1958
¿Por qué otro libro sobre María Zambrano? Para esta Colección de «Rostros de la Filosofía Iberoamericana y el Caribe» es muy importante nuevamente repensar la extensa obra de Zambrano, actualizarla a nuestros tiempos y darle una cierta clave interpretativa que articule dicha obra desde dentro de sí misma y que, a la vez, sea una clave de interpretación para nuestros lectores. Se necesita una llave de bóveda que muestre la riqueza del pensamiento de la malagueña para disputar una concepción de lo humano que se inscribe en lo democrático mismo de nuestras ciudades, en tiempos tan complejos como los que vivimos, en el que el «odio al Otro» se está volviendo parte de toda ideología que niega la dignidad, riqueza y diversidad de lo humano. Y esto es lo que la filósofa chilena Pamela Soto García ha logrado en el texto que usted leerá a continuación.
¿Cuál es esa llave de bóveda para leer hoy a María Zambrano? La clave de lectura que nos propone la filósofa, que tiene una doble cara interpretativa, es el tiempo, que se expresa a la vez en la experiencia radical de lo democrático de unos con Otros, en ese constante conflicto que nos constituye para llegar a ser cada día más plenos. De allí el nombre de este libro, María Zambrano. Los tiempos de la democracia.
¿Por qué el tiempo es nuestro «hilo de Ariadna» dentro del complejo laberinto de Zambrano y no, por ejemplo, lo poético, que ha sido lo habitual para entender a la filósofa por décadas? La respuesta es muy simple: porque el tiempo nos permite, por una parte, entender y dar unidad a la vida y a la obra de la autora a lo largo de muchos años de trabajo, con un exilio que la constituye y le muestra ese carácter temporal fragmentario de estar siempre «en camino hacia» algún lugar. Por otra parte, el tiempo le otorga la gran posibilidad de tomar distancia de todo el pensamiento hegemónico de la objetividad de la realidad ante la conciencia por medio de la continuidad cronológica, tan caro a fines del siglo XIX e inicios del siglo XX. De este modo, Zambrano, al romper con ese tipo de horizonte de pensamiento, en especial con la fenomenología de Husserl (pero también con el psicoanálisis de Freud), le da una libertad para pensar y dar con lo humano, lo femenino, lo social, de un modo material en la vida, en la intuición, sin trascendencia alguna, en donde nos articulamos temporalmente de un modo siempre abierto, por hacer, en lo precario, en lo encarnado mismo de los cuerpos, dando la cara y mirándonos a los ojos y sin pretensión alguna de universalidad totalitaria, cerrada, patriarcal, ya de lo filosófico, de lo humano o de lo político mismo —y menos de la realidad (entendida desde la ontología)—. Pues esto nos ha llevado por múltiples caminos muy dolorosos para el humano, como el mal camino del fascismo europeo de la primera mitad del siglo XX y que hoy por hoy se vuelve a actualizar, lamentablemente, incluso más allá de Europa.
La filósofa española es muy clara en su análisis y nos indica de forma rotunda lo que sucede cuando no dejamos entrar la realidad, la vida, la intuición, con toda su multiplicidad, fragmentariedad y diversidad en la que consiste y que se expresa en el tiempo como una cierta unidad de diferenciación que nos articula a nosotros con ella. Y de allí que Zambrano sea muy cauta y precisa en su crítica a la filosofía (como lo hizo Lévinas con Husserl y su fenomenología y, en especial, con Heidegger y su ontología), porque un modo de pensar, de inteligir, que no esté anclado en la vida, en eso que se nos impone, a una inteligencia impotente, que no siente, que no está viva, se convierte en la semilla de la que luego nacerán los grandes problemas de aniquilación de todo lo Otro que se opone a esta inteligencia aparentemente neutra, objetiva y que no está encarnada:
La inteligencia está amarrada a residuos de creencias descompuestas del pasado, a limitaciones impuestas por la falta de valor para romper nudos sociales, y lo que es lo más decisivo: la falta de una intuición modelo, la falta de la presencia de una realidad que presione. Pero esta ausencia de intuición, esta falta de sentir la realidad, llega a transformarse en el fascismo, en un evadir la intuición y la realidad, en una huida sistemática y encubierta de la realidad. Pero como la realidad, sigue existiendo hay que aplastarla y aniquilarla.1
Estas palabras de Zambrano son de 1937, cuando en España se negaba totalmente al Otro por medio del exterminio en su cruenta Guerra Civil. Y eso es lo que ocurre hoy en día con la realidad, la vida, la naturaleza, lo Otro, los humanos, lo femenino, el movimiento LGBTQIA+, los migrantes, los pueblos originarios, los pobres, los precarizados, etc.: se los aplasta y se busca aniquilarlos porque son una objeción a esa naturalización de una objetividad y continuidad que sería lo propio de la realidad y de lo humano. Es como si la filósofa malagueña le diera la razón a Michael Heneke y su film La cinta blanca (2009). Porque si se vive en un mundo sin vida, sin precariedad, sin contingencia, sin diferencial, lo más probable es que de ahí nazcan los fascistas del futuro, que eliminarán todo lo que les cause temor por ir en contra de una realidad neutral, homogénea, continua.
Y esto es muy importante de destacar de la filosofía como posición de vida de Zambrano ante la realidad, los Otros y en especial ante los propios filósofos. Si en la actualidad ha sido Judith Butler, la filósofa estadounidense, quien ha luchado por una filosofía encarnada en los cuerpos y no en un decir universal y abstracto «de» ellos, por una filosofía de la contingencia y no que hable «de» la contingencia, de una filosofía que transforme la ciudad desde la no violencia y dé cabida a las diferencias (esto lo señala Butler en toda su crítica a Žižek; crítica que ha sido reiterada por décadas), es la filósofa española la que inicia esta lucha contra el mismo Husserl y sus Investigaciones lógicas (y por ende contra cierto Ortega, su maestro, y sin nombrar al propio Zubiri, su maestro-amigo). la de Zambrano es una filosofía de la objetividad de la realidad, de la mismidad, de la homogeneidad, de la continuidad, de la subjetividad, de la conciencia, del tiempo pasado-presente-futuro, en el fondo, de una unidad clausurada epistemológica y ontológica que retorna del siglo XIX con nuevos bríos al siglo XX y con otros autores. Y para Zambrano esto hay que denunciarlo y se tiene que filosofar de otra manera para que acontezca esa fragmentación que se expresa en y por sí misma en las expresiones múltiples del tiempo (y con esto la filósofa malagueña nos da herramientas para entrar en el debate actual del realismo especulativo). Y por eso, como muestra de forma magistral Pamela Soto García en este libro, el otro «enemigo» de Zambrano es Freud. Aunque el médico vienés se da cuenta del dolor de lo humano en medio de una sociedad que lo reprime brutalmente y en ello barrunta, como salida a esa enfermedad, el aparato psíquico como el lugar en donde puede acontecer la cura, especialmente en su libro La interpretación de los sueños (1899-1900). Sin embargo, queda atrapado en la continuidad del tiempo (y con ello en cierta objetividad de la realidad) y del análisis del yo como neurótico. Freud no puede entender que lo que se llama yo, el sujeto, siempre es ulterior, oblicuo y mediado, porque somos radicalmente desde fuera de nosotros mismos, desde los cuerpos discontinuos nos vamos constituyendo en lo que somos, de un modo también discontinuo. Luego el psicoanálisis trata de una cura del dolor humano por medio de un método de la razón universal y esto es el problema de que la cura no pueda curarnos de nuestro sufrimiento, ya que no se trataba del yo, sino de ese Otro diferencial abierto que somos y que nunca dejará de supurar, de ser conflictivo, opaco, poroso y en tránsito.
El tiempo, como clave interpretativa, nos permite entender la llamada «razón poética» de Zambrano (que ha sido tan estudiada por múltiples pensadores, en distintas generaciones y en tantas tesis doctorales), pero encarnarla a la materialidad misma de una vida, de una época y de un pensamiento que pretende ser una liberación real del humano en medio de la universalidad totalitaria que nos asfixia y nos determina a odiarnos los unos a los Otros y en la que lo político deviene de lo democrático al fascismo más brutal que nos intoxica a diario. Ese tiempo de Zambrano pasado por tres grandes pensadores «malditos», Spinoza, Nietzsche y Bergson, que nos propone Soto García, nos da la visión de tres momentos fundamentales de lo que ella nos quiere decir tajantemente, esto es, nos da la fuerza del conatus que todo lo echa a andar una y otra vez, lo terapéutico y liberador del eterno retorno en toda su fragmentariedad y contingencia material y la durée que estructura lo humano en medio de la realidad por medio del tiempo. Y esto es así para que nos entendamos como humanos más allá de la continuidad y la conciencia en una ciudad democrática de multiplicidades y que como tales estemos llamados a vivir en la tensión de estar unos con Otros juntos. Y aquí radica la importancia de los sueños y las ruinas: para entender este tiempo que es expresión a la vez de la realidad y del humano en su fragmentación. El tiempo en tanto sueño nos hace ver al humano en lo que somos en medio de esa materialidad vacía de sentido. El tiempo como ruina nos visibiliza a los unos con los Otros en el paso de la historia y de cómo vamos construyendo, aunque sea difícil y precario, comunidad. La democracia nunca ha sido fácil de realizar cabalmente, pero el fascismo no es la salida, sino todo lo contrario, pues agudiza el problema de lo humano. Por tanto, la filósofa española mediante los sueños nos indica que nos vemos tal como somos, a saber, fragmentos de lo abierto mismo, en el dolor, en el sangrar, en el exilio que nos constituimos desde nuestro aparato psíquico totalmente desgajado de todo centro. Y en las ruinas hasta las ciudades de hoy, la pensadora nos manifiesta esos vestigios vivos históricos que nos permiten vivir entre todos de alguna manera posible (siempre por hacer, porque no hay camino, sino que se hace al andar, como diría Machado), con todo el conflicto interno de esa convivencia, en la fragmentación que no se puede homogeneizar del todo y que, por lo mismo, nunca se va a resolver. Estamos, con esto, ante lo político en María Zambrano de manera radical.
Lo democrático es expresión de lo humano como ese tiempo fragmentado en su doble momento: sueño y ruina. El sueño nos indica, como he señalado, esa cierta singularidad de cada uno de nosotros, y la ruina, ese nosotros que somos de unos con Otros a lo largo de la historia. Y esa doble articulación se realiza en la experiencia compleja de una democracia viva que acontece en todos. Somos esas multiplicidades que no dejan de hacerse, de transitar, de moverse; somos esas diversidades de humanos que no nos dejamos atrapar en categorizaciones filosóficas u otras que quieran determinarnos y con ello cerrarnos en una interpretación fija y a-histórica. Estamos más allá del bien y del mal (como diría el querido Nietzsche de Zambrano), de ciertas valoraciones polares, duales, dicotómicas que quieren establecernos por fuera de nuestra experiencia de la multiplicidad. Estamos siendo políticos en medio de la ciudad; y aquí vemos el tremendo trabajo político de Zambrano para leer el presente y transformarlo en uno abierto —y diría, usando la terminología actual, feminista—; que es lo que nos quiere señalar Pamela Soto en su libro.
Estamos ante un libro en que Zambrano ya no nos habla en una jerga poética, ni tampoco mística, pues la pensadora española se nos vuelve radicalmente nietzscheana, materialista, feminista y así, en su caminar de exilio permanente, va luchando contra toda determinación que nos clausura, en especial contra la fascista. María Zambrano se nos vuelve una gran filósofa política (como una Hannah Arendt, pero sin Kant ni Husserl); una pensadora que lucha en este plano de inmanencia para ir construyendo en el fragmento que somos, en esa abertura que nos duele, ciertos momentos democráticos en los que el Otro nos constituye y nos alimenta, con todo lo complejo que eso puede ser ya para uno, ya para un pueblo por nacer.
La filosofía para Zambrano ya no está dictando nada desde la cabeza de nadie, ni de un dios, ni de un intelectual determinado, ni menos desde la complicidad ideológica reproductiva de una institución capitalista. La filosofía, sin ser ya patriarcal, y por tanto sin querer pontificar el mejor de los mundos posibles, desde el cielo de la ideas y con una jerga para iniciados, ahora hunde sus pensamientos en la vida misma, en esa realidad contingente, precaria —de los perdedores, como diría Pasolini— y es así como la filosofía de Zambrano, siempre en movimiento, lucha contra el fascismo y nos indica que lo humano en su fugacidad está llamado a ser pleno y que, por tanto, no nos queda otra cosa que vivir unos con Otros aunque nos duela ese encuentro; un encuentro que siempre se actualiza a la altura de los tiempos:
No se puede crear historia sintiéndose por encima de ella, desde el mirador de la razón; solo quien está por debajo de la historia puede ser un día su agente creador, y en ello creo yo que nos diferenciamos los de esta generación de la de Ud. si es que vamos a ser algo, que a veces lo dudo, en que nuestra alegría está en sentirnos instrumento y solo aspiramos a tener una misión dentro de algo que nos envuelve: el momento histórico.2
Polignano a Mare, 5 de julio de 2022
1 M. Zambrano [1937], Los intelectuales en el drama de España, Madrid, Trotta, 1998, p. 103.
2 M. Zambrano [1930-1932], «Tres cartas a Ortega», en Escritos sobre Ortega. Madrid, Trotta, 2011, p. 212.
María Zambrano muere el 6 de febrero de 1991 en la ciudad de Madrid. Al día siguiente es conducida a su ciudad natal, Vélez-Málaga. En su lápida mortuoria se encuentra inscrita la frase Surge amica mea et veni1 del Cantar de los Cantares. Con este recuerdo, que remite al enigma de un cantar inclasificable y de un amor material, se inicia la presentación del libro María Zambrano. Los tiempos de la democracia, como una propuesta de reunión y celebración de la vida de una filósofa que, a través de su pensamiento y biografía, cuestiona desde la construcción monogenérica que ha primado en la organización y difusión del campo filosófico hasta las marcas geopolíticas que los Estados-nación imprimen en los cuerpos de sus ciudadanos.
Es conocida su propuesta de reforma al entendimiento mediante la «razón poética», concepto que a través de investigaciones acerca de su obra fija su primera enunciación durante su estancia en Chile, cuando incorpora el término en el epílogo del libro Madre España (1936), publicación que realiza en conjunto con reconocidos poetas chilenos2 en defensa del pueblo español enfrentado al horror del franquismo. En este texto la razón poética se presenta como un grito de afirmación de vida «porque es preciso, y más que nunca, el ejercicio de la razón y de la razón poética»3 surgida desde «la carne que sufre y la inteligencia que descubre»,4 que caracteriza su ejercicio como un «instantáneo descubrimiento [de] lo que la inteligencia desgrana paso a paso en sus elementos».5 En este epílogo, al igual que en otros escritos de la época, Zambrano posiciona la poesía como un campo de disputa epistemológico y político, que desde su ejercicio tensiona los límites del canon que la Modernidad ha establecido para el pensamiento.
En este libro, siguiendo la condición crítica e incitadora de la filosofía de María Zambrano, queremos hacer un aporte, desde algunas notas, a la presentación de su filosofía política, basada en la reflexión sobre la democracia como una experiencia de la multiplicidad de los tiempos. Utilizamos el término «nota» a partir del significado que la filósofa le da en el libro Notas de un método (1989), en el que señala que estas
[son] notas en un sentido musical, lo cual impone más que justifica, la discontinuidad. Habiendo sido la continuidad perseguida por Occidente el más grave de sus obstáculos. […] El ritmo es conceptual, está dado; una vez encontrado no hay más, como sucede con las marchas militares. No hay sorpresa ni asomo de revelación.6
En cambio, la melodía o las reflexiones que surgen de las notas son creadoras y sus movimientos son impredecibles.
Las notas de esta propuesta de lectura cruzan aspectos teóricos y políticos, que vinculan a María Zambrano a discusiones con filósofos de diversas épocas y al proceso político que va desde la organización de la Segunda República hasta la experiencia de exilio. A través de estos vectores se va articulando la particularidad de su filosofía. Además, se ha recurrido a la revisión y al estudio de investigaciones acerca del pensamiento de Zambrano, entre las que se encuentran los aportes de Jesús Moreno Sanz, Mercedes Gómez Blesa, Antolín Sánchez Cuervo en la periodización, acopio y marco crítico de la obra de Zambrano, por nombrar a algunos especialistas que han contribuido a la constitución del campo y con ello a proponer algunas de las afirmaciones que son parte de esta propuesta. Considerando, además, que esta interpretación no cierra la discusión, sino que busca otro camino de lectura para la obra de la filósofa, que, como señala Moreno Sanz, posee una producción diversa y extensa, que se presenta en muchos casos a través de textos espejos que abordan una misma discusión desde diversas perspectivas teóricas, que aparentan ser contradictorias entre sí, pero que a su vez presentan una forma de hacer y de entender el ejercicio filosófico.
Nuestra propuesta de lectura se basa en la comprensión de la democracia desde la multiplicidad de los tiempos como una experiencia material que cruza la vida individual y colectiva de los seres humanos, a partir de las relaciones e interacciones de las que son parte en su vida cotidiana. La discusión se organizará, principalmente, a partir de los textos escritos entre 1950 y 1960, entre los que se encuentran Delirio y destino (1952), El hombre y lo divino (1955), Persona y democracia (1958). Se incluye también Los sueños y el tiempo (1955-1960), redactado durante este período pero publicado póstumamente. La discusión sobre el tiempo gira el problema de la democracia, desde un carácter procedimental a uno relacional, sustentado en la experiencia de la temporalidad desde la corporalidad. Giorgio Agamben, a fines del siglo XX, presenta una tesis similar a la propuesta por Zambrano, cuando señala que
cada cultura es ante todo una determinada experiencia del tiempo y no es posible una nueva cultura sin una modificación de esa experiencia. La tarea original de una auténtica revolución ya no es simplemente «cambiar el mundo», sino también y sobre todo «cambiar el tiempo».7
Descentrar la discusión desde el tiempo lineal al tiempo de la convivencia social posibilita la experiencia de la temporalidad desde una dimensión política que no se reduce a una suma de individualidades ni a un cuerpo homogéneo, en el que no distinguen singularidades, debido a que desborda ambas aproximaciones. En Persona y democracia, Zambrano, además, establece que la convivencia democrática a la que se refiere permite dejar atrás la tragedia que ha marcado a Occidente, que a partir de la exclusión de la diferencia ha jerarquizado a individuos, prácticas y saberes. En cambio, una política pensada desde la diversidad de las relaciones que se establecen entre los individuos, a través de la interacción de una multiplicidad de cuerpos colectivos, conduce a pensar en la posibilidad de una experiencia de convivencia democrática basada en la afectación recíproca entre sus integrantes, considerando en cada caso sus singularidades: «La democracia es el régimen de la unidad de la multiplicidad, del reconocimiento, por tanto, de todas las diversidades, de todas las diferencias de situación».8 En este punto se encuentra la principal riqueza de la obra de Zambrano. La potencia política de transformación del mundo no se basa exclusivamente en el derribo de ideologías ni tampoco en la construcción de utopías, sino directamente en las dinámicas de relación que establecemos en el interior de cada una de las comunidades en las que interactuamos.
Una imagen que ilustra la propuesta de Zambrano es la ciudad. En ella se generan múltiples relaciones que establecen la connotación material de la democracia cotidiana; porque solo es posible asegurar la persistencia de cada individuo en la ciudad a partir del vínculo permanente que mantiene con los otros. La ciudad articula su funcionamiento y subsistencia desde la interdependencia entre sus habitantes. Para Zambrano «la ciudad, primera forma de vida democrática, es el medio de visibilidad del hombre, donde aparece en su condición de ser humano».9 Si experimentamos la ciudad como un espacio desde el que es posible transformar la democracia, estaremos actuando con responsabilidad ante nuestra historia, lo que permite entender por qué Zambrano al final de su vida afirma que ama su exilio.
La propuesta de lectura se organiza en tres apartados al estilo de notas de una composición musical, y no desde un horizonte lineal de comprensión. En la primera nota se exponen los tópicos de cuerpo e imagen a partir del problema de la temporalidad. Esta propuesta epistemológica se sustenta en la ruptura con la trascendentalidad del pensamiento y del tiempo como medida externa del mundo. En una segunda nota nos detendremos en la experiencia de la multiplicidad de los tiempos. Para ello se recurrirá a la imagen de los sueños, para aproximarse a la discontinuidad de la temporalidad individual, y también a la imagen de las ruinas, para acceder a la pluralidad de la temporalidad histórica y social. A través de estas dos imágenes se expone el giro metodológico que implica abordar el tiempo como experiencia de una temporalidad fragmentada y múltiple. En la tercera nota, y a modo de propuesta, se expone por qué la democracia relacional es la expresión política de la experiencia de la multiplicidad de los tiempos para la vida humana, considerando la condición de liberación y creación que ella comporta. Este tercer momento analiza, a partir de la discusión sobre el conflicto, dos vertientes presentes en la historia de filosofía política para posicionar a Zambrano como parte de la tradición conflictivista del pensamiento político. Además, la aproximación al conflicto enfatiza el carácter afirmativo de su filosofía, ya que en ninguna de sus aproximaciones contempla su disolución. Al contrario, considera que el conflicto es motor del campo político, en tanto se explicita el permanente ejercicio de armonización de contrarios que implica vivir con otros. Esta armonización representa la conjunción de posiciones muchas veces antagónicas entre los ciudadanos que conforman una comunidad pero que reconocen que deben permanecer viviendo juntos, asumiendo y respetando sus diferencias.
En la redacción de cada nota hemos privilegiado las referencias directas a la obra de María Zambrano, con el propósito de que los lectores puedan conocer desde las propias palabras de la filósofa los énfasis de la propuesta material presente en su pensamiento.
Antes de finalizar quiero agradecer a la editorial Herder y a su colección «Rostros de la Filosofía Iberoamericana y el Caribe», y a Ricardo Espinoza, que dirige esta colección. Algunas de las reflexiones sobre el pensamiento de María Zambrano tienen una primera versión en mi tesis de doctorado «El problema del tiempo en el pensamiento de María Zambrano» (2010) y en más de una decena de artículos que, desde el año 2004, he venido escribiendo acerca del pensamiento de la filósofa, y que me permito presentar en esta colección como un corpus que propone un itinerario propio para abordar la filosofía de Zambrano desde una perspectiva política.
1 «Levántate, amiga mía, y ven».
2 Los poetas que participan en el libro Madre España fueron: Vicente Huidobro, Carlos Préndez Saldías, Pablo de Rokha, Gerardo Seguel, Pablo Neruda, Winett de Rokha, Julio Barrenechea, Blanca Luz Brum, Volodia Teitelboim, Rosamel del Valle, Braulio Arenas, Hernán Cañas, Robinson Gaete, Julio Molina, Eduardo Anguita, Enrique Gómez, Juvencio Valle, Eduardo Molina, Helio Rodríguez, Carlos de Rokha.
3 M. Zambrano [1936], Madre España, en Obras Completas I, Libros (1930-1939), Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2015,p. 378.
4Ibid.,p. 377.
5Ibid.,p. 378.
6 M. Zambrano, Notas de un método, Madrid, Mondadori, 1989, p. 12.
7 G. Agamben, Infancia e historia, Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2007, p. 129.
8 M. Zambrano [1958], Persona y democracia, Madrid, Siruela, 1996, p. 204.
9Ibid., p. 142.
La presencia de filósofas se comienza a hacer recurrente a partir del primer tercio del siglo XX. Entre estos nombres se distinguen Simone de Beauvoir, Hannah Arendt, Edith Stein, María Zambrano, Simone Weil, entre otros. Estas pensadoras son parte del primer grupo de mujeres que estudian filosofía formalmente, en universidades reconocidas, y cada una de ellas puede ser asociada a otros pensadores y distintas corrientes de pensamiento, lo que enmarca sus filosofías dentro de las discusiones del mundo contemporáneo.
