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Maternar maternándome es un acercamiento al proceso de gestación y parto desde una perspectiva psicoterapèutica y humanista. Es un resumen de la experiencia del embarazo y alumbramiento con todas sus fases y peculiaridades, es decir, con sus luces y sus sombras. Desde los lugares más comprometidos de la maternidad hasta los más amables, aquellos que nos brindan la oportunidad de conquistar una experiencia de crecimiento personal única. Ha sido escrito con la ilusión y el deseo de que pueda llegar personas que quieran vivir una maternidad consciente y para profesionales que acompañan esta realidad y además quieren llegar a lo más profundo de la aventura de dar luz.
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Seitenzahl: 264
Veröffentlichungsjahr: 2019
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MATERNARMATERNÁNDOME
Cómo acompañar la esencia de la maternidad
Maria Beltrán
TITULO: Maternar maternándome Cómo acompañar la esencide la maternidad
AUTORA:María Beltrán ©, 2019
COMPOSICIÓN: HakaBooks
DISEÑO Y FOTOGRAFÍA DE LA PORTADA:Hakabooks©
FOTOGRAFÍA PORTADA: Facilitada por la autora©
1a EDICIÓN: Abril 2019
ISBN: 978-84-18575-14-3
HAKABOOKS
08204 Sabadell - Barcelona
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Dedico este libro
A tu Laia
Dona d’aigua i lluna, petita espurna de sol.
A tu June
Dona de foc i terrra, llum càlida del matí.
A ti Mikel
Por tu grandeza de alma, por tu presencia incondicional.Gracias por hacer de nuestro amor un privilegio tan fácil.
Introducción
Este es un trocito de mí, una expresión sincera de los recovecos de mi alma y del sentir de muchas mujeres a las que he acompañado y debo las palabras que han inspirado este libro.
Es un canto al amor y al empoderamiento de la mujer, un intento de recuperar la esencia que nos fue robada, un reapropiarnos de nuestra fuerza, de nuestros partos y de nuestro sentir como mujeres y como tribu, como parte de la madre tierra que somos.
En este escrito he intentado plasmar un viaje de acompañamiento a la maternidad consciente. Desde los lugares más oscuros del proceso de gestación y parto hasta la luces y los recursos más poderosos que habitan en nosotras.
Me siento muy agradecida a todas aquellas mamás que han confiado en mí para acompañar el privilegio de la maternidad, ha sido un regalo vivir de cerca todas y cada una de vuestras experiencias y este libro también os pertenece, como parte de él que sois.
En el transcurso de mi vida, con sus luces y sus sombras, puedo decir que la experiencia más intensa y profunda que he experimentado ha sido la de la maternidad. En ella he hecho y sigo haciendo mi mayor trabajo de crecimiento personal y de humildad. Es una aventura para la que nunca se está preparada del todo y de la que nunca sales airosa, porque siempre te quedas al descubierto, en una oportunidad tras otra de encarar tus propias vulnerabilidades. Esa desnudez me hace más fuerte porque me obliga a conocer mis puntos flacos y también a explorarme en mis recursos, en un baile divertido entre el juego, la sorpresa y la admiración de ver crecer a dos seres maravillosos.
La decisión de escribir este libro sucedió hace trece años, después del traumático nacimiento de mi primera hija, para el que no estaba preparada y en el que me debatí un rato entre quedarme en la tierra o huir de ella. Pensar en sostener a mi hija, amamantarla y amarla fue como un ancla que me devolvió el sentido y posteriormente el deseo de acompañar a otras mujeres en el tránsito de dar a luz con consciencia y trabajo personal. A partir de ese momento y después de la vivencia de un segundo parto respetuoso y consciente, empecé a indagar y a investigar sobre lo que aquí presento.
No ha sido un camino fácil, porque la vorágine de la vida con todas sus demandas ha hecho que en numerosas ocasiones la escritura quedase en un segundo plano. Pero pese a las interferencias siempre se termina dando a luz y hay que confiar incondicionalmente en ello.
El trabalenguas del título quiere poner de relieve dos conceptos que desde mi punto de vista no pueden ir separados. Porque cuidar sin cuidarnos, acompañar sin acompañarnos y querer sin querernos es una tarea del todo imposible e insostenible, especialmente en la maternidad, que como he expresado, nos deja desnudas en mitad de nuestra historia personal y expuestas a un montón de material que espera ser cuidado y reparado, para poder sostener a una persona que requiere de nuestra presencia para saciar sus necesidades.
Quiero agradecer profundamente el apoyo de grandes mujeres en mi vida, que de una forma u otra me han ayudado a maternar maternándome:
En primer lugar a ti mamá, porque tu mirada, tu respeto y tu amor han hecho de mis improntas un lugar cálido y apacible desde el que acompañar a otras personas en mi vocación como psicoterapeuta.
A ti Mima (mi abuela), porque aunque hace muchos años que te fuiste, todavía late con fuerza en mi corazón tu legado de gran madre sostenedora. Gracias por no partir hasta ver nacer a tu nieta y sostenerla en tu abrazo.
A Ana Gimeno-Bayón mi madre terapéutica, mujer llena de fuerza y creatividad, por el legado de la PIH (junto a Ramón Rosal) y por saber convertir tantos momentos difíciles en mi vida en un torbellino de recursos.
A María del Mar Cegarra Cervantes, por ser fuente de inspiración y dulzura y abrirme las puertas a nuevos horizontes dentro del mundo de la psicoterapia.
A María Inés Gómez y Montse Baró, hermanas de alma y compañeras de viaje. Gracias por dedicar vuestras horas, vuestro cariño y vuestra paciencia en la creación de este libro y en otros tantos momentos de maternaje.
Y a mi tribu de mujeres, amigas, hermanas y guerreras, que están en la noche oscura del alma y en el canto alegre de la mañana.
Por un sí a la vida, por un mundo lleno de luz y esperanza, por un feliz acompañamiento a la esencia de la maternidad.
Semilla de vida que habitas en mi cuerpo
Creciendo nueve lunas en la cueva interior del amor.
Mis aguas te acunan, te abraza mi ser,
te espero muy pronto al otro lado de la piel.
Fragmento de la canción “Al otro lado de la piel” de Tanit Navarro
1
La preparación a la maternidad. Dar la bienvenida, acoger.
Cuando surge el deseo de ser madre la mayoría de nosotras no se ha planteado qué significa este concepto exactamente. A qué nos estamos encarando y cómo nos preparamos para tal aventura. Tenemos el registro de lo que esto ha sido y ha significado en relación a nosotras mismas (cómo nuestra madre cumplió con esta misión de un modo más o menos exitoso) y los preceptos aprendidos socialmente, aquellos que observamos en la calle y orgullosamente nos atrevemos a juzgar: “mira como chilla al niño”, “fíjate que mayor es el crío y todavía está mamando”, “éstos se sientan en el banco y dejan a la niña tirada en el suelo del parque ensuciándose”, “yo nunca dejaría que mi hijo pegara a otro niño”…
La maternidad es una esfera amplia, llena de obstáculos y oportunidades, es crecimiento y desarrollo personal, es, tal y como acuña Gutman, L. (2013, La maternidad y el encuentro con la propia sombra), el encuentro con la propia sombra y desde ahí yo añadiría que también el encuentro profundo con la propia luz. El proceso de acompañar a un ser antes durante y después de su gestación es un acto de amor incondicional para el que raramente nos preparan y que influirá en las fortalezas y debilidades de una nueva persona que dependerá de nosotras un largo periodo de tiempo.
Aunque hoy en día el concepto de preparación al parto ya está sobradamente explotado y podemos encontrar cientos de lugares donde nadar, flotar, hacer yoga para embarazadas, seguir paso a paso cada semana del embarazo y visionar algún parto bonito y rápido que nos deje emocionadas y confiadas, pocas veces entra en nuestros esquemas el hecho de que prepararse para tal aventura implica ser conscientes antes de la concepción. Acoger desde nuestras entrañas el deseo de maternidad y abrir la puerta de nuestra casa interna para gestar durante nueve lunas a un nuevo ser. Este es el primer acto de amor hacia nuestra hija.
Muchas veces observo con inquietud, mujeres que vienen a consulta y me cuentan que no supieron de su embarazo hasta dos o tres meses después de la concepción, por supuesto el feto siempre tiene sostén físico, pero cuando no hay consciencia no es posible el sostén emocional, aquel que le da existencia al feto simplemente por el hecho de saberlo dentro de ti. Como cuando durante la infancia, la niña te repite una y otra vez “mira mamá, mira mamá” y cuando tú la miras ella se siente emocionadamente viva y mágicamente encarna su cuerpo empoderándose y definiendo su “yo” diciendo “soy importante para la persona más importante”. Y cito aquí a Winnicott, D. (1998, Los bebés y sus madres). cuando dice “es un divertido juego esconderse y un desastre no ser encontrado”. La mirada nos da existencia y seguridad, la primera mirada que hacemos a nuestra hija no es con los ojos físicos, es con nuestros ojos internos, aquellos que dan calor y sostén, que le dicen que está bienvenida y que la imaginan flotando como una lenteja, un guisante o un garbanzo u otras múltiples formas de hortaliza o legumbre que nos inventamos para dar imagen y tamaño real al bebé en gestación dentro de nuestro útero. El viaje a la maternidad inicia ahí, en la capacidad para imaginar y confiar, para atender desde lo sutil, para hacer un puente entre el mundo interno y el mundo externo, para sentir el amor sin necesidad de sentir desde lo físico y en el deseo de un aterrizaje exitoso en la casa uterina, cuidadosamente preparada durante toda nuestra vida para ese momento.
Zink, L. (2016, comunicación oral), psicoterapeuta Brasileña, dice, en términos psicológicos, que “la formación del carácter se inicia en el momento en el que la madre tiene consciencia de estar embarazada, porque es el momento en el que el bebé recibe toda la carga del propio carácter de la madre y a la vez todas las expectativas de la misma: “será médico”, “me sacará de la depresión”, “será la solución de mi matrimonio”, ”le dará sentido a mi vida” “será, será… eso que yo tanto necesito y que tanto calmará mi necesidad”.
Y aquí nos topamos con otro obstáculo de la preparación a la maternidad, la renuncia a las expectativas, el segundo acto de amor.
Rosal, R. (2002. El poder psicoterapéutico de la actividad imaginaria y su fundamentación científica.), destacó en sus investigaciones la importancia del trabajo con imágenes y fantasía en el trabajo psicoterapéutico, explicando la relevancia del hemisferio derecho como generador de insights que favorecían el cambio significativo en el paciente. En sus investigaciones destacan las múltiples utilidades de dichas técnicas para el abordaje de diferentes problemas psicológicos e incluso para el tratamiento y sanación de problemas físicos. Acuño aquí también las aportaciones de la clínica Simonton Cancer Center (California), en la que se incluye la visualización como parte del tratamiento de los pacientes oncológicos.
Como va a ser descrito a lo largo de este libro, las visualizaciones forman parte de un gran recurso para la preparación consciente de la gestación, concepción y alumbramiento, por brindar la posibilidad de crear junto con la disposición física, un ambiente seguro y la sensación de la madre de ser coautora del proceso que se va a desarrollar en su cuerpo, tanto interno como externo.
Durante la búsqueda de la concepción, que puede alargarse muchos meses, las visualizaciones permiten hacer un acompañamiento consciente a la entrega hacia la vida y nos ayudan a sostener el tercer acto de amor, la paciencia, virtud que tendremos que atender y cuidar durante todo el proceso.
La llegada de nuestra hija a su primera casa es incierta e inquietante, no depende de nuestra voluntad y escapa de nuestro control. Es un ejercicio de confianza y rendición hacia la vida, una oportunidad de dejar atrás aquellos patrones que nos atan a la lógica y a lo predecible, a lo rígido, a lo masculino y nos permite desnudarnos ante el no tiempo, lo femenino, lo lento, lo sagrado del misterio de la vida.
Considero que la paciencia es un acto de amor hacia nuestras hijas porque las libera de presiones y permite respetar su ritmo, ese ritmo que tantas veces vemos perturbado en nuestras vidas: porque a tal hora tenemos que estar trabajando, porque ahora no hay tiempo de…, porque tengo que dar una respuesta rápida a tal requerimiento, porque tengo una semana de vacaciones y no más, porque el reloj gobierna nuestras vidas y no nos deja espacio para indagar cual es mi propio ritmo interno y mi pulsación genuina.
Llegados a este punto, nos damos cuenta de que, como madres conscientes, antes de estar embarazadas, ya hemos hecho tres regalos incondicionales a nuestras hijas: acoger desde nuestro espacio interno y sagrado la posibilidad y el deseo de embarazo, renunciar a las expectativas e incorporar la paciencia como aliada en el respeto hacia las peculiaridades del ritmo de nuestro bebé.
Ahora hablemos de nuestro útero, órgano reproductor y exclusivamente femenino, muscular y hueco que se ubica en la pelvis, entre la vejiga y el recto. En él se produce la gestación y su forma es redondeada y triangular. El cuerpo del útero, que es la parte más amplia, de unos cinco centímetros, desde la cual se extienden las trompas de Falopio a ambos lados, es la cavidad donde se desarrolla la gestación.
El útero se sostiene por el diafragma pélvico, que lo mantiene en su ubicación y ayuda a su buen funcionamiento. Cuando oímos la palabra diafragma, recordamos el diafragma respiratorio, el músculo extenso que se sitúa entre las cavidades pectoral y abdominal y que ayuda, a través de la contracción y la expansión a la pulsación respiratoria. Sabemos también y tal y como Boadella, D. (1993, Corrientes de vida.) describió extensamente, que la función respiratoria está íntimamente ligada a la regulación emocional. De este modo nuestro diafragma ayudará a la relajación de nuestras vísceras, a generar respiraciones más o menos profundas y a regular el flujo de nuestras emociones, que podrán procesarse de un modo más consciente y acompasar la realidad somática con nuestro mundo interno.
Los acontecimientos que nos impactan emocionalmente bloquean nuestro diafragma, pudiendo llegar a perpetuar dicho bloqueo cuando las interrupciones se repiten y se cronifican y comprometiendo nuestra respiración, que podrá verse reducida disminuyendo nuestra capacidad pulmonar (este es el caso de un tipo de respiración llamada nacida y no nacida, propia de las estructuras de carácter esquizoides, (Reich, W. 1997, Análisis del carácter) o hacerse con los músculos tensos o tornarse desacompasada, como es el caso de la respiración paradójica. Todos nuestros diafragmas (el cuerpo humano tiene tres: cervical, torácico y pélvico) cumplen una funciona reguladora que se basa en la pulsación (contracción-expansión). Las interrupciones de dicho flujo general bloqueos en estos sistemas musculares que afectan a las fascias y vísceras colindantes y que están íntimamente ligadas a nuestra realidad emocional.
El diafragma pélvico incide en nuestro útero y viceversa también. Es decir, podemos ayudar a la relajación a través de una buena regulación del diafragma pélvico ayudándonos de la respiración y el movimiento con consciencia de este lugar de nuestro cuerpo. Del mismo modo, todas las experiencias traumáticas acaecidas en éste órgano: cesáreas, intervenciones, abortos… van a afectar a la salud (física y emocional) del mismo y a la capacidad del diafragma pélvico de regular la pulsación respiratoria sin bloquearse.
Podríamos decir que el útero es un órgano con gran memoria emocional, también es el órgano más grande del cuerpo humano (a excepción de la piel y en el momento del embarazo), recuerda e impronta lo que en él ocurre. Está sujeto a cambios cíclicos, regados y acariciados por un baile de hormonas que le dan un aspecto distinto en cada semana del mes. Acompaña a los cambios emocionales que transitamos cíclicamente junto a la luna, y también alberga vida, y cada nueva vida trae consigo una realidad emocional diferente, una vivencia de embarazo distinta y un aprendizaje peculiar, único e irrepetible.
He acompañado a mujeres que tenían un recuerdo tan traumático de su anterior embarazo: porque pasaron mucho miedo, porque el parto no fue bien, porque no querían al bebé, porque fue una época muy difícil y pasaron el duelo de un ser querido mientras gestaban… que la idea de quedarse embarazadas de nuevo les genera angustia y rechazo.
Hay mujeres que, cuando visualizan su útero sienten un gran desasosiego, porque lo ven como un lugar inquietante, poco seguro o unido a recuerdos que prefieren no tener presentes, por ejemplo una agresión o diferentes tipos de invasión o abuso.
Y por supuesto también hay mujeres que tienen asociados a dicho órgano recuerdos preciosos y gratificantes y cuentan con una memoria uterina positiva y preparada para gestar nuevamente.
Por lo tanto en el útero albergan muchas memorias, más de las que aquí hemos comentado: mi menarquia, mi primera relación sexual, aquel amante fantástico que conocí…y no todas fueron agradables. Pero incluso albergan en él memorias que son más inconscientes. Pongamos un ejemplo. Si imaginamos un embarazo, la criatura que crece dentro de nosotras se gesta a partir de un óvulo que ya estuvo en el vientre de su abuela, viviendo y empapándose de todo lo que en ese ambiente ocurría y como una buena manera de transmitir desde lo más sutil ese lazo familiar del clan y de la pertenencia, como un legado epigenético que se transmite en silencio de generación en generación.
Desde mi punto de vista, la preparación a la maternidad también pasa por el repaso, consciencia y reparación de todas estas memorias, como un recurso de crecimiento, una oportunidad de sanación y, como ya fue mencionado, un acto de amor hacia nuestra hija.
Visualización de preparación uterina. Generar espacio, sanar y transformar.
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Colócate en una postura cómoda, preferiblemente sentada y con las piernas cruzadas reproduciendo la postura de loto o del sastre. Deja tu espalda recta pero sin tensión, puedes apoyarte si lo deseas y si eso te ayuda a relajar la postura.
Respira profundamente e imagina que en cada exhalación sueltas más y más tensión acumulada, como si pudieras ir liberando tu espacio interno de todo aquello que te ocupa y te preocupa.
Deja que tu respiración te lleve hacia lo más profundo de ti misma, tomando consciencia de tu corazón, de su latido y de la vibración rítmica que produce en todo tu cuerpo. Imagina que esa vibración reverbera más allá de ti, más allá de las fronteras de la piel, generando una especie de aura que te envuelve y te protege.
Lleva tu atención ahora a tu útero, viaja hasta el interior de este órgano y déjate pasear en él reconociendo y acariciando sus contornos, descubriendo su forma redondeada y el ambiente cálido y acogedor que hay en él.
Utiliza tu respiración para imaginar que limpias esta casa interna de memorias pasadas, como liberando este espacio de todas las cargas y experiencias que ocupan espacio en él y que no le permiten estar totalmente disponible. Puedes imaginar también que simbólicamente sueltas todas esas cargas mediante un drenaje a través de la vagina, tal como ocurre con la menstruación, aunque en este caso el flujo es simbólico y no físico. Puedes imaginar el color rojo para este drenaje (que es el color de nuestro primer centro energético) y es un color que ya tenemos asociado al drenaje.
Imagina que sueltas todas esas cargas que vuelven a la tierra, donde serán transformadas y te permites liberar tu cuerpo y sentirte más ligera, con más espacio interno.
Date unos instantes para respirarte en ese espacio interno, ahora más disponible y más amplio.
Ahora visualízate a ti misma dentro de tu útero, sentada en la misma posición en la que estás externamente y respirando profundamente del mismo modo.
Desde ahí haz consciente el primer acto de amor hacia tu hijo. Verbaliza internamente que estás preparada para acoger, que tu casa interna está disponible y con las puertas abiertas a tal fin y, que deseas su llegada.
Puedes añadir todo aquello que te parezca que puede encajar con tu individualidad y con tu manera de procesar este primer acto de amor.
2
Embarazo, proceso de gestación, realidad emocional y conciencia personal
El embarazo es un proceso y un conjunto de cambios que se dan, tanto en el bebé en gestación como en el cuerpo de la madre gestante. No en vano Lowen, A. (1985) nos brindó, en uno de sus postulados básicos, que cuerpo y psique son esencialmente idénticos y, consecuentemente, lo que ocurre en una de estas realidades ocurre simultáneamente en la otra. Por lo tanto nuestro cuerpo es como un espejo que nos devuelve la imagen, la fotografía de lo que está sucediendo en nuestro mundo interno.
El cuerpo de la embarazada, cambiante y amoldable al crecimiento del útero, que contornea sus formas, que da más presencia a las mamas, que va perdiendo, a medida que avanza el proceso, la capacidad de movimiento ágil, también es un reflejo de grandes cambios emocionales que van acaeciendo a lo largo de todo el proceso.
Me gusta pensar que nuestro cuerpo es como un libro susceptible de ser interpretado, es el resumen de toda nuestra historia, la viva imagen de cómo hemos aprendido a defendernos en el mundo, de cómo hemos sido cuidados y sustentados o abandonados y heridos, es un mapa de nuestras vivencias tempranas y un reflejo de la interpretación de las mismas.
Cuando llegamos, en nuestra vida adulta, al embarazo, en sintonía con todos los cambios y transformaciones que se dan en nuestro soma (nuestro cuerpo físico), tenemos la oportunidad de resanar nuestra historia, de transitar de nuevo por nuestras heridas, de pasear, a lo largo de las nueve lunas, por el cuento de nuestra infancia y adolescencia, sanando lo que allí fue difícil, resignificando aquello que en su momento se quedó enquistado porque no tuvimos la madurez suficiente para sostenerlo y entenderlo y acompañarnos, a la vez que acompañamos a la vida a un nuevo ser, en un proceso de crecimiento personal privilegiado.
Este es uno de los aspectos que más remarco en el trabajo psicoterapéutico con una mamá, porque no es un proceso en el que sólo damos, es un proceso en el que damos mientras nos damos, en el que maternamos maternándonos.
En muchas ocasiones me encuentro con mujeres que, estando muy entregadas y volcadas hacia su hija, con mucha ilusión en el embarazo y una conexión considerable con el mismo, pasan largas horas trabajando, casi sin conectar con su cuerpo y llegan exhaustas a su casa. En numerosas ocasiones también, aparecen síntomas como el dolor ciático, que les obligan a parar, porque el cuerpo no encontró otra manera de mandar un mensaje de auxilio a tal necesidad. En este intento de llegar a todo, en muchas ocasiones la mujer se olvida de sí misma y quizás ya es tiempo de tener que dejar de demostrar que somos todopoderosas y que llegamos a todo (y añado una reflexión en este punto, porque mientras tengamos que seguir demostrándolo quizás significa que hay una parte de nosotras que no se lo cree del todo). Quizás es hora de poder honrar el privilegio que nos ha dado la vida en el momento de nuestra edad fértil y concretamente del embarazo, y aceptar que hay periodos en el embarazo para los que nuestra energía es menor y dura menos tiempo, que nuestro foco está más hacia dentro que hacia fuera y que todo lo que atente contra estas dos realidades puede llegar a ser una amenaza en tanto que afecta a nuestro estado anímico en general y por ende al ambiente interno en el que flota nuestro bebé.
A la vez que somos conscientes de este proceso de trasformación y maternaje doble, también tenemos la posibilidad de ir de la mano de nuestras ancestras y acoger el legado que ellas nos dejaron. Aquel legado que, libre de culpas y condenas, nos ayuda en el tránsito y en la confianza, añadiendo fuerza y empoderándonos para pasar de ser hijas a ser madres. Porque el proceso de nacimiento va a dar luz no solo a un nuevo ser, sino también a una nueva realidad personal de la mujer que pare y que, en conexión con la madre tierra, pasa a formar parte del conjunto de mujeres, que desde hace miles de años, se entregan con su cuerpo a la perpetuación de nuestra especie de un modo amoroso, instintivo y desinteresado.
Me gustaría ahora, hacer hincapié en los tres trimestres del embarazo, deteniéndome en el trabajo de conciencia y crecimiento personal que propongo para cada uno de ellos y atendiendo a la realidad física y psíquica de cada una de las fases.
Las tres capas embrionarias en conjunción con el proceso de embarazo.
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La gestación es un proceso que se desarrolla a lo largo de 40 semanas, con sus hitos y sus términos. Hay mucha documentación que habla del desarrollo del bebé semana a semana y no me voy a entretener aquí en este tema, pero si en el desarrollo de lo que no se ve, el desarrollo a nivel de hitos emocionales y de cómo afecta el momento del bebé en gestación con la realidad psico-afectiva de la madre. Porque si decimos que mamá y bebé son una simbiosis perfecta de dos cuerpos en uno, es absurdo pensar que no se afectan el uno al otro.
El cuerpo fetal está compuesto por tres capas de células germinales diferenciadas. El endodermo, que supone la capa más interna, compuesta por todas las vísceras, el mesodermo, que configura la capa media y que la componen todo el sistema muscular y óseo y la capa más externa, el ectodermo, que dará lugar a todos los sentidos, incluyendo aquí la piel.
Los flujos energéticos que gobiernan estas capas, también son diferenciados.
El endodermo está asociado a los flujos energéticos que nos hablan de la emoción, de este modo la regulación emocional y el equilibrio entre nuestro sistema nervioso simpático y parasimpático nacen en la vida intrauterina y se asocian a la creación biológica de nuestras vísceras. En nuestra vida adulta regulamos dicha corriente energética a través de la respiración. Esta puede ayudarnos a la toma de consciencia, a ir hacia dentro y focalizarnos en lo que estamos sintiendo y a activar nuestro sistema parasimpático, aquel que promueve la parada y la relajación o bien puede activar nuestro sistema nervioso simpático, si es caótica y desconectada, promoviendo la expresión sin control de emociones.
El mesodermo está asociado a los flujos energéticos que nos hablan de la acción, se encarga de regular la buena coordinación entre los sistemas que reinan nuestros movimientos voluntarios, semivoluntarios e involuntarios y determinará, en nuestra vida adulta, nuestra capacidad para “sostenernos” ante determinadas situaciones, es decir, nuestra capacidad para tener un tono muscular adecuado y, consecuentemente una manera de estar óptima, en las diferentes situaciones de nuestra vida, lo que se ha venido a llamar el buen arraigo o Grounding (término inglés usado por Boadella, D. y anteriormente por Lowen, A. para definir la energía de sostén en relación a la gravedad y a nuestro movimiento ante la vida). Esto es, si una persona tiene que ir a dar una ponencia ante un auditorio, un Grounding saludable le permitiría mostrarse con energía, mirar al público, desarrollar su discurso con una determinada gesticulación que promueve el contacto con los oyentes. En cambio, un Grounding insuficiente sería el de la persona que, en la misma situación, habla muy bajo, se queda medio escondida en la silla, no contacta visualmente con el público y no tiene la energía suficiente como para alentar la atención del auditorio para que sigan su discurso.
Por último llegamos al ectodermo, encargado de la receptividad de nuestras percepciones, de captar todos los mensajes de nuestros sentidos y de procesarlos. Los flujos energéticos que gobiernan esta tercera realidad nos hablan de la generación del pensamiento y de las imágenes, de la creación de ideas y razonamientos. El ectodermo es la última capa en madurar y necesita salir del útero para seguirlo haciendo de un modo más rico, puesto que los estímulos que el bebé recibe en el vientre materno quedan muy sesgados por la frontera de la piel. Cito aquí a Trevathan, W (1987, Human birth) cuando dice que “La estimulación sensorial que reciben los bebés fuera del útero puede ser mayor que la intrauterina y permitir un mayor desarrollo neurológico”. Por lo tanto, y a pesar de que nuestra especie nace con mucha más vulnerabilidad que cualquier otro mamífero, la salida al mundo nos proporciona una estimulación más sofisticada y rica en relación a la que teníamos en el vientre materno, que a los nueve meses de gestación, ya se queda escasa para nuestro desarrollo.
Igual que hablamos de tres capas embrionarias cuya disposición va de más profunda a más externa y cuya cualidad energética es totalmente diferente, del mismo modo hablaremos de los tres trimestres del embarazo como tres momentos diferenciados y relacionados con las tres capas citadas, por lo tanto el trabajo de conciencia y de acogida de cada uno de estos momentos del proceso es cualitativamente diferente. Aunque cabe recordar que tanto las tres corrientes como los tres trimestres o periodos de gestación se van entrelazando y mezclando en un baile energético y físico que los integra y los pone en comunicación y equilibrio.
El primer trimestre está muy unido a la capa endodérmica, la más profunda. Físicamente se asocia a la formación del organismo, de sus vísceras y cualitativamente a los flujos energéticos que nos hablan de la emoción. Al mismo tiempo que biológicamente acompañamos, sin darnos cuenta, la formación de “todo aquello que no se va a ver” del cuerpo del bebé: hígado, páncreas, riñones, estómago…. también estamos acompañando la formación de sus primeros contactos con los flujos emocionales, en simbiosis perfecta con la realidad emocional de la madre y en contacto también con su regulación emocional.
Por lo tanto y en este sentido, durante el primer trimestre de embarazo, la respiración, la regulación emocional, el acoger todo lo que inquieta a la madre: sus miedos, sus expectativas, los cambios físicos, psíquicos y logísticos, van a ser la guía del trabajo esencial a través de la cual, el bebé va a poder “probar” a través del líquido amniótico un montón de emociones distintas y la capacidad de su madre de procesarlas.
En el segundo trimestre del embarazo, unido a la capa mesodérmica, la capa media del feto y asociada a los flujos energéticos de movimiento, nos encontramos con que durante estos tres meses la mamá va a empezar a sentir el movimiento del bebé y va a poder acompañar sus “pataditas” a través del diálogo amoroso que generan, espontáneamente, las manos en contacto con el vientre. También es el trimestre en el que la madre tiene más energía y “más movimiento”, es un momento expansivo en el que la preparación se asocia también al movimiento, a los ejercicios más dinámicos y al aprendizaje en el dialogo con el bebé como un método de conocimiento mutuo y de alimentar el vínculo de manera amorosa. Es un momento de disfrutar del propio cuerpo y de observar sus cambios y su plasticidad a la vez que sostenemos nuestra propia historia y nos permitimos “darle un movimiento saludable a lo que necesita ser ventilado”.
El tercer trimestre del embarazo, relacionado con la capa ectodérmica, la capa más externa del feto y los flujos de pensamientos e imágenes en conjunción con la receptividad de nuestros sentidos, nos encontramos con un vientre cada vez más pronunciado y con un movimiento cada vez más reducido, se agudizan los sentidos, pero no hacia fuera sino hacia dentro y es un momento de introspección que culmina en el último mes de gestación, en el que la madre hace casi una retirada del mundo para prepararse para el parto.
