Meditación primordial - Daniel Taroppio - E-Book

Meditación primordial E-Book

Daniel Taroppio

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Este libro te propone soltar toda concepción de la meditación asociada al trabajo y al estudio de prácticas complejas que requieran de una gran fuerza de voluntad y sacrificio. Si una supuesta meditación no desarrolla alegría y libertad, no es meditación. La estrategia de la Meditación Primordial es tan simple como poderosa: te habita una sabiduría orgánica que lleva miles de millones de años desarrollándose desde el origen del Universo, y esa sabiduría es la misma que existe en tus semejantes, en los animales y las plantas. Ese saber ancestral hace que tu corazón palpite, que tus pulmones absorban el oxígeno, que tu sistema digestivo sepa qué enzimas debe utilizar para convertir los alimentos en energía, emociones y pensamientos. Sólo entrando en la profundidad de tu propio interior y en todo lo que te rodea puedes reconocerlo. Es un método que te acompañará hasta lograr que una nueva concepción de tu propia identidad y del mundo florezcan espontáneamente, y podrás asumir los desafíos de tu vida cotidiana desde un lugar absolutamente nuevo. Es más beneficiosa una meditación profunda de 3 minutos, realizada varias veces al día, que una meditación de 1 hora, forzada, tediosa y que, por eso mismo, se practica raras veces. Experimentando serenidad, descanso, relajación y un encuentro cada vez más profundo contigo, lograrás un encuentro con tu naturaleza original, tu propio Ser y el del Cosmos. La Meditación Primordial se plasmará en todos los aspectos de tu vida: tu salud física y mental, tu autoestima, tus relaciones y tu trabajo. Entonces la compasión, la solidaridad, el cuidado de la vida en todas sus formas, el respeto por las otras personas y tu relación con el medio ambiente serán una consecuencia natural y espontánea. Sólo una humanidad consciente de su identidad con todo lo que existe en el Cosmos puede convertirse en una especie que cuide y preserve la vida en esta tierra.

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Seitenzahl: 543

Veröffentlichungsjahr: 2020

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Este libro te propone soltar toda concepción de la meditación asociada al trabajo y al estudio de prácticas complejas que requieran de una gran fuerza de voluntad y sacrificio. Si una supuesta meditación no desarrolla alegría y libertad, no es meditación.

La estrategia de la Meditación Primordial es tan simple como poderosa: te habita una sabiduría orgánica que lleva miles de millones de años desarrollándose desde el origen del Universo, y esa sabiduría es la misma que existe en tus semejantes, en los animales y las plantas. Ese saber ancestral hace que tu corazón palpite, que tus pulmones absorban el oxígeno, que tu sistema digestivo sepa qué enzimas debe utilizar para convertir los alimentos en energía, emociones y pensamientos. Sólo entrando en la profundidad de tu propio interior y en todo lo que te rodea puedes reconocerlo.

Es un método que te acompañará hasta lograr que una nueva concepción de tu propia identidad y del mundo florezcan espontáneamente, y podrás asumir los desafíos de tu vida cotidiana desde un lugar absolutamente nuevo.

Es más beneficiosa una meditación profunda de 3 minutos, realizada varias veces al día, que una meditación de 1 hora, forzada, tediosa y que, por eso mismo, se practica raras veces. Experimentando serenidad, descanso, relajación y un encuentro cada vez más profundo contigo, lograrás un encuentro con tu naturaleza original, tu propio Ser y el del Cosmos.

La Meditación Primordial se plasmará en todos los aspectos de tu vida: tu salud física y mental, tu autoestima, tus relaciones y tu trabajo. Entonces la compasión, la solidaridad, el cuidado de la vida en todas sus formas, el respeto por las otras personas y tu relación con el medio ambiente serán una consecuencia natural y espontánea.

Sólo una humanidad consciente de su identidad con todo lo que existe en el Cosmos puede convertirse en una especie que cuide y preserve la vida en esta tierra.

Daniel Taroppio es psicólogo clínico, egresado con Diploma de Honor y Medalla de Oro, magíster en Desarrollo Personal e Interpersonal, escritor y profesor universitario de grado y posgrado. Inició sus investigaciones en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo. En su búsqueda por integrar las visiones científicas y espirituales, se especializó en el Esalen Institute de Estados Unidos (cuna de la Psicología Humanística y Transpersonal), la Findhorn Foundation y el Clunny Hill College de Gran Bretaña, en el Grof Transpersonal Training del Dr. Stanislav Grof (USA) y en el Integral Institute de Ken Wilber (USA), entre otros. Conoció, estudió y/o trabajó con maestros tales como Stanislav Grof, Ken Wilber, Viktor Frankl, Stanley Kripner, Karl Pribram, Eileen Caddy, David Spangler, William Bloom, Steve Andreas y Norberto Levy, entre otros.

Es presidente de la Fundación Universitaria de Estudios Integrales, con sede central en Argentina, presidente Honorario de la Corporación Latinoamericana de Pensamiento Integral, con sede en Ecuador, cofundador de la Fundación Tierra del Encuentro en Chile, y miembro de la Association for Transpersonal Psychology (USA).

Es autor de numerosos artículos y libros, entre ellos, Vínculo Primordial y Danza Primal, publicados por Ediciones Continente, y Coaching Primordial, publicado por Ediciones Eleusis.

En la actualidad, dirige la Formación en Coaching, Terapia Primordial y Danza Primal en Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, México, Perú, Uruguay, España y Estados Unidos, y recorre el mundo brindando capacitación y trabajando por el pleno desarrollo humano y la expansión de la consciencia.

Su sitio web es www.transpersonals.com; en Twitter, Facebook e Instagram @DanielTaroppio.

Daniel Taroppio

Meditación primordialEl arte de vivir en la presencia

Método contemplativo del Modelo Interacciones Primordiales

Índice

CubiertaContratapaBiografía del autorPortadaDedicatoriaAgradecimientosPrólogo IPrólogo IIIntroducción. Desmitificar la meditaciónPrimera parte. La meditación primordial y el modelo interacciones primordiales¿Qué significa que un encuentro sea trascendente?El desafío de las relaciones humanasEl ego y la búsqueda de valíaEl Modelo Interacciones Primordiales: sus métodos y disciplinasLa Práctica IntegralIntegralidad, Meditación, Coaching y Psicoterapia: al César lo que es del CésarLa integralidad mal entendidaSacralizando la vida cotidianaLos métodos del Modelo Interacciones PrimordialesLingüística PrimordialMovimiento PrimordialMeditación PrimordialLas disciplinas del Modelo Interacciones PrimordialesCoaching PrimordialPsicoterapia PrimordialDanza PrimalSegunda parte. Meditación primordial. Habitando el cuerpo vivo y conscienteHabitando el cuerpo vivo y consciente¿Por qué a la mayoría de las personas le cuesta meditar?La necesidad humana de una identidadEl espacio y el tiempoEl lenguaje y la imaginaciónLa relación con el propio egoLa meditación y la sombraEgo, sistema nervioso y estados ampliados de concienciaLa dimensión del Fundamento, lo CausalLa no-dualidadPsicoterapia, coaching, meditación y temporalidadMalos entendidos sobre la meditaciónMeditación Primordial y creatividadMeditación Primordial y su relación con otros tipos de meditaciónEl cómo de la meditación1. Métodos de meditación en función del nivel de actividad2. Métodos de meditación en función de los recursos que se utilicen3. Métodos de meditación en función del objetivo1. Meditación PsicofísicaEfectos fisiológicos de la meditaciónMeditación Primordial y salud psicofísica. Núcleo Primordial, energías sutiles y sanaciónEfectos psicosociales de la meditación2. Meditación Existencial3. Meditación TranspersonalLas 7 Capacidades Primordiales de la persona plenamente vivaMandala del Sí Mismo, Núcleo Primordial (Perfección Original), las 7 Capacidades Primordiales y las disociacionesMetodología de la Meditación PrimordialLa estrategia fundamental de la Meditación PrimordialEl proceso gradual de la Meditación Primordial¿Es realmente posible experimentar la no-dualidad?Experiencias en las que es más factible realizar la no-dualidadTercera parte. Práctica de la meditación primordialActitud básica de todo docente y practicante de Meditación PrimordialFormas de Meditación PrimordialMeditación Primordial Instantánea y Meditación Primordial CompletaCuatro elementos fundamentales de la meditación profundaConsciencia, sensibilidad y postura corporalRespiraciónNarrativa: la voz meditativa interior, afirmaciones y mantrasCómo desarrollar la voz meditativa interiorAfirmacionesMantrasVisualizacionesMeditación Primordial InstantáneaMeditación Primordial y Danza PrimalPasos de la Meditación Primordial InstantáneaLos 7 pasos de la Meditación Primordial Instantánea1. Integrar sensibilidad, respiración, narrativa (afirmaciones) y visualizaciones2. Reconexión con tu cuerpo y con el plano físico del Universo3. Conexión con tu energía y con el plano energético del Universo4. Percepción de la Presencia Primordial en ti (lo sutil)5. Percepción de la Presencia Primordial en todo (lo Causal)6. Realización de la no-dualidad7. Salir al mundo. ServirNarrativa de la Meditación Primordial InstantáneaGuía práctica para instructores e instructoras1. Integrar sensibilidad, respiración, narrativa (afirmaciones) y visualizaciones2. Reconexión con mi cuerpo físico y el plano físico del Universo3. Reconexión con mi energía y el plano energético del Universo4. Percepción de la Presencia Primordial (sutil) en mi5. Percepción de la Presencia Primordial (causal) en todo6. Realización de la no-dualidad7. Salgo al mundo. SirvoMeditación Primordial CompletaAcerca de la complejidad de la prácticaUna reflexión acerca de la integración de métodosSerie completa.A.1 Tai Chi ChuanA2. PranayamaKapalabhati pranayamaCómo y por dónde expulsar el aireBeneficios de kapalabhatiSamavritti pranayama. El pranayama cuádrupleBeneficios de samavrittiB. Continúa como la Meditación Primordial InstantáneaDescripción en detalle del paso 3. La órbita microcósmicaLos puntos críticos de la órbitaPráctica de la órbita microcósmica y ejercicios energéticos de visualizaciónLos bandhasConclusiónApéndiceCoaching, Psicoterapia y Danza PrimalLingüística, Movimiento y Meditación PrimordialLa relación entre Coaching y PsicoterapiaEstados internos y “realidad externa”El Modelo de las Interacciones Primordiales y la mirada integralCoaching, Danza Primal y Psicoterapia PrimordialLa comunicación, las relaciones humanas y las organizaciones desde una mirada trascendente¿En qué se diferencian de otras formas de coaching, psicoterapia y trabajo grupal?Lingüística Primordial. Una nueva dimensión del lenguaje y la comunicación humanaMovimiento PrimordialMetodología del Movimiento PrimordialNuestra corporalidad crea mundosLos objetivos del Movimiento PrimordialLingüística y Movimiento PrimordialMeditación PrimordialMeditación y saludLa meditación y la búsqueda del sentidoPráctica del Coaching, la Psicoterapia Primordial y la Danza PrimalDanza PrimalOrígenes de la Danza PrimalConsideraciones finalesInteracciones Primordiales y vida personalInteracciones Primordiales, organizaciones y liderazgoLa formación en Coaching, Psicoterapia Primordial y Danza PrimalCréditosOtros títulos de esta editorial

Al Gran Misterio

de la existencia,

fuente de toda búsqueda

científica y espiritual

Agradecimientos

A mi familia, que paciente y amorosamente ha sostenido el proceso de escribir este libro y aceptado las ausencias por mis viajes de trabajo y por mis retiros de escritor. Confío en que este trabajo los acompañe en su propio proceso de evolución.

A mis estudiantes y pacientes, que han sido una inagotable fuente de inspiración, gracias a su confianza y entrega. Con sus inquietudes, preguntas y cuestionamientos, me ayudan a revisar permanentemente todo lo que pienso, siento y digo.

A mis colaboradores en Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, México, Perú, Uruguay, Estados Unidos y España, por sus aportes, sus críticas, su apoyo incondicional y, sobre todo, por su amistad y su afecto.

Como en todos mis libros, agradezco a los grandes maestros y maestras del pensamiento contemporáneo con quienes tuve el privilegio y el honor de compartir momentos inolvidables, compartiéndome en algunos casos no sólo su saber, sino incluso sus hogares y sus familias: Viktor Frankl, Norberto Levy, Stanislav Grof, Ken Wilber, Rolando Toro y Eileen Caddy. Del mismo modo, muchos otros hombres y mujeres de ciencia, pensadore-as, investigadore-as, así como contemplativo-as de todas las épocas, me han aportado sus intuiciones a través de sus obras. Me resultaría imposible nombrarlos a todos y todas, por lo que voy a representarlos en los siguientes: Patanjali, Lao Tse, Heráclito, Hypatia de Alejandría, San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Ávila, Wilhelm Reich, Carl G. Jung, Teilhard de Chardin, Jiddu Krishnamurti, Thomas Merton, D.T. Suzuki, Alan Watts, Fritz Perls, R.D. Laing, Erich Fromm, Rollo May, Aldous Huxley, Rupert Sheldrake, David Bohm, Abraham Maslow y Michael Washburn. A todos ellos, mis honras y gratitud.

Ana María González Garza y Eduardo Grecco me siguen honrado con sus generosos prólogos, su profunda comprensión de mi trabajo y, sobre todo, con el tesoro de su amistad.

Quiero agradecer muy especialmente a mi amiga y colega Martha Ubieta por su invalorable cooperación en la revisión de los manuscritos.

Prólogo I

Desde hace bastante más de tres décadas Daniel Taroppio se ha distinguido como un líder en el campo tan joven como antiguo del proceso evolutivo de la consciencia corpóreo-psico-socio-espiritual. Ha dedicado su vida al desarrollo de métodos dirigidos a recuperar la memoria de nuestro origen, las raíces fundamentales de nuestra existencia, el Vínculo Primordial que nos permite no sólo recobrar sino experimentar el sentido de pertenencia a la Fuente Original de nuestra naturaleza humana. Con su profundo interés por desentrañar el Misterio del Origen y la natural tendencia de la naturaleza humana hacia la trascendencia, junto a ese estilo literario que le es propio, en el que lo complejo se torna sencillo, Daniel entreteje saberes, experiencias, metáforas, símbolos, imágenes, técnicas y prácticas a través de su Modelo de Interacciones Primordiales.

El modelo al que hacemos referencia incluye al Movimiento Primordial y la Danza Primal como un método a través del cual, al ritmo de la música, la respiración consciente y los movimientos primigenios -aquellos que nos fueron dados al nacer- va abriendo el horizonte de la conciencia hacia la recuperación de la memoria original, nuestra esencia cósmica. Un segundo método de este modelo es la Lingüística Primordial, dirigido a poner palabras a la experiencia, a favorecer la interacción con el mundo circundante, la relación interpersonal y el reencuentro consigo mismo, con el otro, con los otros, con la comunidad humana entera y con el Universo del cual formamos parte y participamos. Estas dos metodologías se complementan y enriquecen con la Meditación Primordial, tema central de este libro, que permite tanto la integración y la trascendencia de las dimensiones bio-psico-social-espiritual como el redescubrimiento de la sabiduría organísmica propia de nuestra naturaleza.

Esta trilogía de métodos que Daniel desarrolla se centra en el proceso evolutivo de la conciencia humana que, a lo largo de su existencia, integra los niveles o dimensiones fundamentales de su naturaleza: el físico, el energético y el sutil que una vez integrados van más allá de lo humano al despertar al ámbito de lo Causal, Fuente y Origen del Vacío Primordial que todo lo contiene.

Un hecho que no podemos negar es que existen innumerables posturas, métodos y teorías acerca de la meditación, que se encuentran inmersos en los dogmas y creencias de las diversas religiones y tradiciones espirituales, pero el objetivo y los alcances de la Meditación Primordial no se encuadran ni se asientan en ninguna de éstas, aunque pueden llegar a ser compatibles. Lo que distingue a la Meditación Primordial que Daniel plantea es que ésta no requiere de dogmas, creencias, posturas y prácticas en ocasiones complicadas, por tratarse de un método que nos conduce a despertar a nuestra memoria original. Por lo tanto, su objetivo no pretende alcanzar algún estado de conciencia extraordinario sino ampliar el horizonte de la conciencia hacia aquellos planos que trascienden la existencia y entrar en contacto con el estado natural de la mente, la memoria original de nuestra verdadera esencia. Así contemplada, la meditación se convierte en vida, en el camino de vuelta a casa, al desentrañar el misterio milagroso del encuentro con el Flujo Universal.

Daniel no se limita a explicar, describir y fundamentar ampliamente su propuesta sobre la Meditación Primordial y a explicar con detalle su práctica, sino que a través de las páginas de este libro va llevando al lector a un viaje a lo largo de la historia del Flujo Universal de la Existencia. Para ello, aborda una serie de temas que nos permite comprender a profundidad la complejidad de la naturaleza humana, con su sombra y su luz, así como a cobrar consciencia de la importancia vital de lograr la integración de los opuestos ego / persona, adentro / afuera, bueno / malo pensamiento / experiencia, inconsciente / consciente, verticalidad / horizontalidad, inmanencia / trascendencia, sujeto / objeto, salud / enfermedad, ciencia / misticismo, religión / espiritualidad, ser / tener que, entre otros, abrazando la totalidad en una única Conciencia Cósmica.

He tenido la fortuna de conocer a Daniel desde hace muchos años a lo largo de los cuales se ha ido forjando una amistad profunda, mutuamente enriquecedora, caracterizada siempre por el respeto, el afecto, y el apoyo recíprocos. Al sumergirme en la lectura de las páginas de este libro no sólo he llegado a reafirmar mis conocimientos, experiencias, creencias y valores, sino, como siempre que leo o escucho a Daniel, aprehendo nuevas formas de ser, estar y actuar en el mundo.

Por todo lo antes dicho, considero este libro como un excelente medio para el desarrollo humano integral, una obra legítima y notable por su originalidad, su precisión y valentía, por lo que no queda más que darle la bienvenida y aprovechar su existencia.

 

DRA. ANA MARÍA GONZÁLES GARZA, México, julio de 2017

Prólogo II

Prologar a un hombre de la talla de Daniel Taroppio resulta una aventura de aprendizaje profundo y amoroso. Es alguien que conjuga, al mismo tiempo, una escritura focalizada, escrita con el arte de una mente que traza sus líneas con la precisión de un experimentado cirujano, sin perder por ello belleza y, al mismo tiempo, una capacidad de conectar espacios de pensamiento que abren una ventana de luz dentro del corazón. Y esto sólo es posible plasmar, cuando se cuenta con un extenso y profundo recorrido clínico y una sólida formación teórica.

En esta oportunidad, nos encontramos con un texto desafiante y cuestionador de muchas creencias, que portamos como hábitos, sin darnos espacio a ver que la realidad funciona de un modo diferente, más noble y sencillo de lo que imaginamos. Por ejemplo, el recordarnos que meditar no supone esfuerzo, sacrificio, ni es una tarea dificultosa, sino algo bien distinto: “…es el arte de descansar en la profundidad de nuestro Ser” (Daniel Taroppio).

Si bien es cierto que su propuesta forma parte de otra más abarcativa, fundada en el Modelo de Interacciones Primordiales, el propio texto con el que hoy nos encontramos posee una unidad propia. Al leerlo me hizo recordar una conferencia sobre el budismo en el relato de Jorge Luis Borges, que escuché en el año 1977 en el Teatro Coliseo, en la ciudad de Buenos Aires y que años más tarde tuve el placer de saborear en un hermoso libro que lamentablemente he perdido.

Es curioso que un hombre como Borges, que siempre se autodesignó como agnóstico, haya tenido una atracción inmensa por el misticismo y las religiones. Y, más singular aun, es el hecho de la inmensa comprensión que poseía sobre el budismo sin ser, como tampoco lo es Taroppio, un profesante de esta visión del mundo. Decía en esa charla: “Creo que lo importante no es que vivamos el budismo como un juego de leyendas, sino como una disciplina; una disciplina que está a nuestro alcance y que no exige de nosotros el ascetismo. Tampoco nos permite abandonarnos a las licencias de la vida carnal. Lo que nos pide es la meditación, una meditación que no tiene que ser sobre nuestras culpas, males o nuestra vida pasada”.

En esa misma conferencia, Borges insistía en que una de las cosas que más admiraba del budismo era su esencia tolerante y, por lo tanto, el hecho de no juzgar. Que el budismo no empuja a hacer afiliación y que uno puede ser budista y cualquier otra cosa sin ningún problema. En ese momento y para ilustrar su punto, Borges narraba que cuando Asoka, emperador de la India, se convirtió al budismo, no pretendió imponer a ninguno su nueva convicción. Un budista tiene ante sí la posibilidad de ser creyente de lo que desee: luterano, puritano, bautista, metodista, presbiteriano, calvinista, sintoísta, taoísta, católico, musulmán o judío. Por lo contrario ningún católico, judío o musulmán tiene autorización para ser budista.

Estas dos ideas: “no es necesario el esfuerzo para meditar” y “practicar la tolerancia, comenzando por uno mismo”, me parece que son parte del horizonte esencial que contiene este libro.

Daniel Taroppio ha sabido conjugar un recurso, la meditación, con un proceso, conectarnos con nuestro Ser profundo, y plasmar su visión y su experiencia en un texto que, como esa conferencia de Borges en mi historia personal, cambia las vidas de quienes lo leen.

 

DR. EDUARDO H. GRECCO, México, verano de 2017

Los primeros rayos de sol comienzan a despuntar sobre las cumbres de los Himalaya, y lentamente van pintando con nuevos colores las laderas de las colinas. Las hojas de los árboles comienzan a brillar, los pájaros despiertan y cantan. El Ganges, llamado en India “La Gran Madre”, pues la baña y la nutre toda, comienza a regalarme ese color verde esmeralda que lo caracteriza aquí, en las altas montañas. Amanece, y mi corazón celebra con alegría la llegada de un nuevo día. En este instante, entre estas montañas y frente a este río sagrado, completo este libro, al que le he dedicado muchos años de exploración interna y externa.

Voy a entregarlo al mundo con la esperanza de que estimule a muchas almas a reconocer en la meditación la fuente de paz, salud, armonía y realización más poderosa que ha creado la humanidad.

Nada en este libro me pertenece. Todo aquí es el resultado de miles de años de búsqueda y experimentación por parte de incontables espíritus exploradores. Sólo he procurado en este libro brindar una mirada moderna, integradora de la espiritualidad, la ciencia, la vida cotidiana y el compromiso social y medioambiental. Y, por sobre todo, he puesto énfasis en desarrollar un método simple, libre de todo dogma, de sistemas de creencias y accesible a toda persona interesada en enriquecer su experiencia existencial.

Mi principal compromiso en todo este trabajo ha sido compartir únicamente lo que he experimentado por mí mismo, y aquello de lo que puedo dar fe en mi propia vida.

 

Rishikesh, India, 20 de diciembre de 2018

Introducción Desmitificar la meditación

Desde el inicio mismo de este libro, voy a permitirme sugerirte que sueltes toda concepción de la meditación asociada al esfuerzo, la ascética y al estudio de prácticas complejas que requieran de una gran fuerza de voluntad y sacrificio; y, más aún, de aquellas que requieran de la entrega de tu autonomía a cualquier forma de autoridad externa. No hay manera más rápida de perder el propio camino que seguir a otros. De hecho, te invito a regular la práctica de los ejercicios que aquí compartiré en función de tu propio ritmo, tiempo y disponibilidad. Y a analizar todo lo que aquí encontrarás desde tu más agudo sentido crítico. Es muy importante que tengas en cuenta que brinda muchos más beneficios una meditación de tres minutos, realizada varias veces al día y todos los días, que una meditación de 40 minutos, forzada, tediosa y que, por estos mismos motivos, se practique sólo de vez en cuando. De la misma manera, fluye con mucha mayor facilidad todo conocimiento que sea compatible con tu razón y tu intuición, que aquél que debe ser aceptado como creencia, por provenir de alguna autoridad externa. Si una supuesta meditación no desarrolla tu alegría y tu libertad, no es meditación. A lo largo de estas páginas, te prometo que irás descubriendo que meditar consiste en un regalo que podrás hacerte, cada vez que puedas brindarte al menos un breve espacio para respirar conscientemente y experimentar serenidad, descanso, relajación y un encuentro cada vez más profundo contigo, hasta llegar, paulatina (o quizás súbitamente) al encuentro con tu más profunda identidad, tu naturaleza original, tu propio Ser.

También compartiré contigo métodos más extensos y sofisticados, los que podrás ir incorporando fluidamente, en la medida en que vayas ahondando en tu práctica y tu propio interior te vaya pidiendo más, pero te aseguro que, en todo caso, será el bienestar que vayas experimentando el que te irá llevando suavemente a un trabajo más y más sutil y transformador. Recuerda: sólo tres minutos, todas las veces al día en que necesites quietud y descanso en medio del trajín cotidiano, y lo demás vendrá solo.

El objetivo más importante de este libro, la buena noticia que quiero compartirte, es que la meditación, con todos sus enormes y profundos beneficios, es una práctica sencilla, natural y accesible, que puede convertirse en uno de los momentos más gratificantes y placenteros de tu vida cotidiana. Partiendo de una práctica de sólo 3 minutos al día, te aseguro que, poco a poco, querrás repetir esos instantes cada vez más veces a lo largo de tu jornada. En un momento te encontrarás meditando 20 minutos, que es un tiempo mínimo, y luego querrás más y más. Pero permite que esto ocurra poco a poco, sin sobreexigirte, sin presionarte y, sobre todo, sin enojarte con tus propias limitaciones.

Con mucha frecuencia, las personas me plantean que no meditan porque no tienen tiempo libre para ello. Según me cuentan, su vida transcurre entre trabajar, comer y descansar. Suelo preguntarles entonces cuál es su serie de televisión favorita, si asisten a un gimnasio, cuál es el bar donde más les gusta encontrarse con sus amigos, cuál es el centro de compras del cual más disfrutan, cuánto tiempo dedican en sus computadoras o teléfonos para leer las noticias y visitar sus redes sociales y, por lo general, de inmediato mencionan todas estas actividades. Es decir, que siempre encontramos un tiempo cuando estamos decididos a hacer algo. Por supuesto, no estoy proponiendo que para meditar tengamos que dejar de encontrarnos con nuestros amigos, abandonar el gimnasio o privarnos de salir de compras de vez en cuando. De ninguna manera; todas estas actividades son parte de una vida normal, y no encontrarás en este libro ninguna invitación al sacrificio, todo lo contrario. Se trata simplemente de administrar nuestro tiempo con inteligencia y creatividad. Esos momentos que solías brindarte para pensar en problemas, fumar un cigarrillo o revisar compulsivamente tu teléfono móvil (costumbres no muy saludables) se convertirán poco a poco en oportunidades inmejorables para cambiar tus patrones respiratorios, tu postura corporal y llevar tu mente a espacios de quietud y profundo descanso. Paulatinamente, los beneficios en tu salud física y tu quietud mental irán llevando tu experiencia a dimensiones más y más profundas de la realidad, y te encontrarás un día con tu más auténtica identidad, ese prístino nivel de tu propio interior en el que vives en unidad con todo lo que existe.

La meditación constituye la práctica central de todo proceso de desarrollo y sanación transpersonal, es decir, de todo camino que procure ir más allá del ego y la personalidad básica. Por ello es tan importante esclarecer qué significa meditar, del modo más sencillo en que nos sea posible hacerlo.

La esencia de la meditación no consiste meramente en adoptar posturas, hacer visualizaciones de símbolos desconocidos ni producir sonidos extraños, rodeándonos de objetos exóticos y atándonos a sistemas de creencias. Todos estos pueden ser elementos que formen parte de ejercicios que nos permitan acercarnos a la meditación, pero la meditación en sí no requiere de ningún tipo de prácticas complicadas ni mucho menos de dogmas.

La meditación es la más sencilla de las actividades humanas. El problema es que hemos olvidado regresar a ella por nuestra tendencia a pensar compulsivamente. El defecto más importante de nuestro cerebro, en su actual estado evolutivo, es que no sabemos cómo dejar de pensar. Esto se complica aún más por el hecho de que nuestro pensamiento opera casi permanentemente en función de planificar el futuro a partir del pasado, buscando sobre todo evitar el dolor (seguridad) y conseguir satisfacciones (placer). Debido a que la mayor parte del tiempo que dedicamos a pensar es absorbida por los problemas no resueltos del pasado, por el temor a que se repita lo temido, o a fantasear placeres futuros, toda esta actividad nos aleja de nuestro cuerpo, de nuestros sentidos y de la realidad presente. Ésta es la trampa de esta maravillosa función evolutiva que es la capacidad de pensar. Nuestra evolución como especie nos ha convertido en seres pensantes, lo cual constituye un salto evolutivo extraordinario. Pero cuando no podemos dejar de pensar y el pensamiento se convierte en una actividad compulsiva, este logro evolutivo se vuelve en nuestra contra, y nos convertimos en personas incapaces de vivir y disfrutar el momento presente. La meditación procura precisamente evitar que caigamos en esta trampa, sin dejar de recurrir al pensamiento, la razón y la lógica, cuando son realmente necesarios.

Pensar implica jugar con imágenes y hablar con nosotros mismos, mediante lo cual construimos realidades “mentales” que tienen efectos fisiológicos y psicológicos tan importantes y “reales” como los estímulos del mundo externo, como los “hechos objetivos”. Por esta razón, cuando el pensar se torna compulsivo (diálogo interno y flujo permanente de imágenes, muchas veces inconducentes) se convierte en un factor de alienación y pérdida del contacto con la realidad sentida, tanto interna como externa. El pensar compulsivo nos aleja de los sentidos, de nuestro cuerpo, de la realidad viva, es decir, de la presencia, y nos arroja a una existencia mental, abstracta, desvitalizada, vacía, ajena a lo único real: el instante actual. La palabra “actual” proviene del latín actualis, que significa “estar en el acto”. No es casualidad que, en inglés, actually significa “en realidad”, “realmente”, “en efecto”, “en concreto”. Todo nos indica que el instante presente es lo único real que podemos experimentar. Aun cuando estemos recordando el pasado o planeando el futuro, ese “acto” está ocurriendo en el instante presente.

El pensamiento es una función biopsíquica autoprotectora, que destina la mayor parte de su actividad a buscar suministros, seguridad y placer mediante la planificación del futuro en función de la experiencia del pasado. Es decir, que el pensamiento está siempre atado al tiempo lineal, recordando lo que ocurrió y anticipando lo que podría ocurrir (generando resentimiento, culpa, temor, angustia, expectativas, deseo, ansiedad). En su accionar anticipatorio y compulsivo, procurando siempre evitar el dolor y asegurar el placer, termina, paradójicamente, generando tensión, frustración y sufrimiento. Es decir, genera una contracción de la consciencia1, lo que produce dolor, o sea, todo lo contrario a lo que busca.

El pensar compulsivo nos estresa, nos angustia, nos saca del presente. Buscando tener todo planeado y controlado para autoprotegernos, nos vamos cerrando, contracturando, perdiendo fluidez, frescura y espontaneidad. Así nos vamos convirtiendo en una cápsula separada del eterno Flujo Universal y terminamos siendo remolinos que se olvidaron que son el río, olas que han olvidado que son el mar, células que han perdido su consciencia de formar parte de un organismo mayor que las contiene, y por ello se sienten solas. Somos el agua del mar que se introdujo en una botella y olvidó lo que es fluir sin un envase, llegando incluso a temer lo que hay fuera de él, cuando lo que hay fuera del envase es también agua de mar, es decir, ella misma. Este simple olvido es lo que llamamos nuestra “herida básica” (concepto que aclararemos más adelante), el origen del egotismo, el estilo de vida basado en la autodefensa -vivir acorazados para no ser lastimados- y la compensación -pretender que todo está bien y que somos más y mejores de lo que en realidad nos sentimos ser. Y constituye el origen fundamental de todos los males que nos provocamos a nosotros mismos y a los otros.

Los métodos del Modelo Interacciones Primordiales (Lingüística, Movimiento y Meditación Primordiales)2 que describiremos a continuación, nos permiten sanar esta herida básica recuperando nuestra memoria original, nuestra propia naturaleza. Integrando el trabajo corporal-energético, lingüístico-cognitivo y meditativo, estas disciplinas nos permiten corregir nuestros errores existenciales y pasar de la existencia separada, angustiada y neurótica, al gozo extático de la experiencia unitiva, del fluir en la libertad y la confianza. Estamos hablando entonces del más profundo nivel de sanación, liberación y desarrollo personal al que podemos aspirar. No se trata aquí de poner parches psicológicos o químicos y de pasarse la vida tapando un hueco para que aparezca otro, sino de ir a la raíz del sufrimiento humano, personal y social. Al perder el contacto con la Fuente de la Vida, nos convertimos en frutos que han perdido la conexión con el árbol del que han surgido y nos sentimos huérfanos, sin raíces, despojados de lo que en otros trabajos he denominado “El Vínculo Primordial”3, es decir, la unión con el Todo, el Ser Universal, el Cosmos, el Gran Espíritu, Jehová, la Divina Madre, la Energía Universal, Dios, la Conciencia de Buda, Alá, Brahma, el Tao, Sunya, o como cada quien prefiera llamarlo. Ante esta dimensión, las palabras deben abandonar su pretensión (legítima en otros dominios) de establecer distinciones y de alcanzar significados excluyentes. De hecho, muchos lo llaman lo Inefable, es decir, lo Innombrable.

Nuestra herida básica no es el resultado de un trauma psicológico, sino una condición existencial inherente a nuestra naturaleza colectiva. Desde el momento en que nuestra especie desarrolló su neocórtex, dejamos de vivir inmersos en nuestros paisajes y en el presente, como lo hacen los animales. Pudimos ir más allá del momento, imaginar, planear, anticipar. Poco a poco esta maravillosa herramienta evolutiva nos permitió trascender las urgencias de nuestro cuerpo: pudimos tomar distancia de nuestras necesidades físicas, del dolor, del deseo, y experimentamos esta capacidad mental como una gran liberación. Gracias a ésta pudimos posponer la satisfacción inmediata de nuestros impulsos sexuales y agresivos. La moral y la posibilidad de regular nuestro comportamiento para vivir en comunidad, son resultados del desarrollo de esta capacidad evolutiva, son el lado psicosocial de este desarrollo neurológico. Sin embargo, con el correr de los milenios, esta toma de distancia de nuestro cuerpo (que fue muy saludable) comenzó a devenir en una disociación (lo cual no fue favorable), y al perder la experiencia viva de nuestra corporalidad, comenzamos a experimentarnos a nosotros mismos como algo ajeno a la naturaleza. Separarnos de nuestro cuerpo, que es una manifestación de la naturaleza, implicó separarnos también de la naturaleza toda. Este paso evolutivo de ninguna manera puede ser considerado como totalmente negativo. Como iremos viendo a lo largo de este libro, el desarrollo del lenguaje y el pensamiento nos ha constituido como seres humanos. Somos lo que somos como individuos y como especie porque hemos desarrollado el lenguaje y el pensamiento abstracto. Sin embargo, este enorme progreso ha traído aparejada la profunda sensación de alienación, de orfandad, de separación de la naturaleza y del Universo que experimenta la absoluta mayoría de los seres humanos. Los distintos traumas psicológicos que podemos ir experimentando a lo largo de nuestra vida (y que requieren de atención psicológica), tales como pérdidas, separaciones, abusos o abandonos, por citar sólo algunos, se montan sobre esta herida básica y pueden empeorarla. Así como todas las experiencias de amor, cuidado y aceptación ayudan a sanarla. Pero es fundamental comprender que la herida básica no es una cuestión meramente psicológica, no es algo que nos ocurrió y que podemos encontrar en nuestra biografía para reparar. La herida básica es una condición de nuestra especie, y ha determinado la forma en que habitamos este planeta y nos relacionamos entre nosotros y con el medio ambiente. Es la expulsión del Paraíso, el pecado original (que nada tiene que ver con haber hecho algo malo como individuos o como especie), es la caída, la separación básica, la pérdida primordial.

En la mayoría de las conferencias y cursos que brindo suele aparecer la siguiente pregunta: en términos de la evolución del Universo y de nuestra especie, ¿qué sentido tiene que debamos experimentar esta separación? Si el desarrollo del pensamiento abstracto y el lenguaje ha determinado la existencia de esta herida, de esta alienación, ¿entonces por qué se han desarrollado? ¿Constituyen un error en la evolución de la especie humana? ¿Por qué perdemos el sentido de unidad; por qué ha ocurrido la separación dando lugar al individualismo, al egotismo, que es el origen de todo sufrimiento personal y colectivo?

La humanidad ha creado muchos mitos para dar explicación a este fenómeno que trasciende por completo nuestra capacidad actual para comprenderlo, y algunos de ellos poseen una asombrosa belleza poética: la expulsión del Paraíso en la Biblia (que analizaremos más adelante); el Leela4 en la tradición hinduista; la separación del Tao o el mito de Pan-Gu en China; Muspel y Niflhiem en Escandinavia; Temeu y Gucumatz en la cultura Maya; y tantos más alrededor del mundo y los milenios.

Como lo expreso en muchos pasajes de este libro, procuro no recurrir a explicaciones metafísicas que exijan creer ciegamente en cualquier forma de explicación de los grandes misterios de la existencia. Y al mismo tiempo soy consciente de que pretender ir más allá de una metáfora o un mito en el afán de conocer o interpretar las intenciones del proceso evolutivo del Universo, es sin duda una osadía y una arrogancia. El solo hecho de atribuirle intencionalidad, ya lo es. Que cada parte constituya una síntesis del todo no significa que pueda comprender a la totalidad. Sin embargo, es legítimo el intento de profundizar cada vez más en nuestras preguntas, en la búsqueda de hacer nuestro propio aporte a este majestuoso proceso evolutivo que llamamos Cosmos.

Sabemos que la evolución del pensamiento y el lenguaje constituyó la expulsión del Paraíso. Una vez que estos desarrollos psiconeurológicos estuvieron plenamente desplegados, perdimos la fusión que experimentan los animales, y todo ser humano extraña esa experiencia de profunda integración con lo que lo rodea. Sin embargo, esta unidad de la que goza el animal, es una unidad inconsciente. Los vegetales y los animales son uno con su paisaje, pero no son conscientes de ello. Quizás, el sentido evolutivo de nuestra alienación es que perdemos esa profunda unidad inconsciente, pero tenemos la posibilidad de alcanzar una unidad superior, siendo conscientes de nosotros mismos e incluso tal vez, devolviéndole al Universo consciencia de sí. Pareciera que, evolutivamente, tenemos que experimentar esta agonía existencial a fin de pasar de la fusión inconsciente del animal a la unión consciente y trascendente de la mente realmente despierta.

Probablemente, nuestra actual alienación, sea sólo un instante evolutivo en el eterno flujo del Tao, una ilusión de la consciencia, como afirmaba Einstein, de la cual todos podemos despertar haciendo el trabajo necesario, y de la cual quizás, la humanidad entera despertará cuando una masa crítica haya alcanzado esta evolución de la consciencia.

Por tratarse de un tema existencial, universal, inherente a todo ser humano, trabajar en la sanación de la herida básica, constituye una condición previa para la posterior sanación de las innumerables heridas psicológicas que experimentamos los seres humanos y que se acumulan en nuestro inconsciente colectivo, generando el sufrimiento global que presenciamos día a día. Ésta es precisamente la función de la meditación en general y, muy especialmente, del método que aquí compartiremos.

La Meditación Primordial es un método orgánico, sencillo, enraizado en la profundidad de nuestro cuerpo vital en el presente infinito, que es lo mismo que decir el sin-tiempo. Nos brinda la posibilidad de meditar en todo momento y lugar, como una práctica permanente de presencia y apertura a la vida, centrado en la recuperación de la experiencia vital-energética del aquí y ahora.

La esencia de la Meditación Primordial consiste en profundizar, agudizar y sensibilizar la percepción de nuestro propio interior, hasta que podamos descubrir en lo más profundo de nosotros mismos nuestra corporalidad orgánica, nuestra cualidad energética y finalmente la inteligencia cósmica que nos habita brindándonos vida y consciencia a cada instante.

Consiste en sencillos ejercicios respiratorios, de consciencia corporal y apertura a nuestra realidad energética-vibratoria, como medios para alcanzar la percepción de las dimensiones sutiles de nuestro organismo; luego, de nuestros semejantes; y, finalmente, del Universo como un todo.

Nuestro ego es el resultado de nuestra historia, de nuestras interacciones con el ambiente, nuestra familia y la sociedad. En cambio, nuestro Ser original, la información que nos constituye desde el momento en que fuimos concebidos, pertenece al eterno fluir del Universo; por ello ha sido denominado lo “no nacido”, aquello que no pertenece al devenir, a las circunstancias.

Retomando el ejemplo del remolino y el río, o las olas y el mar, podemos afirmar a modo de metáfora, que tal remolino puede tener consciencia de remolino, consciencia de río, consciencia de mar o conciencia de agua, y todas son reales. En tanto permanezca en la consciencia de remolino, es decir creyendo que es sólo eso, un evento circunstancial en la corriente, en algún momento de su evolución sabrá que, así como en un instante comenzó, tarde o temprano desaparecerá, siendo absorbido nuevamente por el río al cual pertenece y del cual es sólo una configuración, una forma pasajera. Comenzará entonces a experimentar la angustia de la impermanencia, de la disolución, es decir, la consciencia de la muerte. Esto es precisamente lo que ocurrió con nosotros como especie, en el momento en que se desarrolló nuestro neocórtex y pudimos recordar el pasado y anticipar el futuro. Fuimos la primera especie en este planeta que tomó consciencia del morir. Si, por el contrario, el remolino accediera a la conciencia de río, comenzaría a experimentar la posibilidad de que la corriente lo absorba como una simple transición a otro estado de ser, mucho más vasto y fluido, y comenzaría a disfrutar de jugar con la corriente sin apegarse a las formas momentáneas. Esto es lo que ocurre con los seres humanos que comienzan a entender que forman parte de una totalidad más abarcativa, dentro de la cual se mueven aparentemente separados, trascendiendo así la ilusión de la separación. Y si el río expandiera su consciencia, dejaría de temer al llegar a su desembocadura, pues comprendería que él no muere en el mar, sino que se convierte en mar. Y si el mar pudiera realizar un trabajo sistemático para expandir aún más su percepción y accediera a la conciencia de agua, comprendería entonces que su identidad más profunda no es la de esta forma particular que adopta el río cuando se arremolina, ni tampoco la del río entero en todo su transcurrir desde la montaña hasta el mar, ni aun la del océano entero, sino la de este misterioso elemento que no sólo puede ser río, lago o mar, sino que puede manifestarse como algo sólido al congelarse, como líquido al derretirse o como gas al evaporarse. Y podríamos ir aún más allá en esta metáfora, trascender incluso la consciencia de hidrógeno y oxígeno, alcanzar la dimensión de las partículas subatómicas y la del vacío que contienen, llegando así a la dimensión vibracional que crea y sostiene a todo el Universo. Nuestro remolino comprendería que él, al igual que todo lo que existe, es energía vibratoria condensada en una forma material pasajera. Y yendo aún más allá, podría comprender que no es sólo energía vibratoria, sino que, en lo más profundo, él es esa inteligencia que integra las partículas vibratorias para constituir el oxígeno y el hidrógeno, y luego los sintetiza para crear agua. Entonces nos encontramos en la Conciencia Cósmica, la experiencia de unidad, la epifanía, la revelación del carácter unitivo y sagrado de todo lo que existe, lo que implica a su vez la auténtica sanación de lo que hemos denominado nuestra herida básica, es decir, la sensación de estar aislados, separados de la naturaleza, sin raíces profundas en el Universo.

Y lo más importante, para alcanzar esta profunda comprensión, no necesitamos de ningún sistema de creencias, pues se trata de una experiencia inmediata para quien hace el trabajo de buscarla. Todo lo que acabamos de describir, acerca de la forma en que se constituye la materia a partir de fenómenos vibracionales, ha sido demostrado por la ciencia. Quien posea una fe para orientarse en su vida, podrá interpretar esta vivencia de acuerdo con la misma, y le dará a esta presencia, un nombre, una identidad, con forma y atributos; quien no, lo hará desde una mirada empírica o científica, y lo considerará como el misterio del Universo. En ningún caso habrá contradicciones ni incompatibilidades. Esta profunda mirada yace en el corazón de todas las religiones más allá de sus diferencias culturales, y se encuentra también en la búsqueda empírica de la verdad que caracteriza a la ciencia.

A lo largo de la vida, desde el preciso instante de nuestra concepción, vamos pasando por estadios y experiencias similares a las que hemos descrito con la metáfora del remolino. Varias de estas etapas, como la que nos lleva desde ser un embrión a ser púber, se dan de forma casi automática; sin embargo, llega un momento en el cual es preciso asumir el compromiso del desarrollo personal y transpersonal para alcanzar niveles de consciencia en los cuales experimentar la unidad, la naturaleza original, la profunda consciencia del propio Ser.

Así entendido, sin necesidad de recurrir a fantasías metafísicas, el Ser se nos revela como una apertura más allá (antes, después y fuera) del espacio y el tiempo, más allá del nacimiento y la muerte, no siendo nunca desvirtuado por las circunstancias de la vida, pues pertenece al Flujo Universal del que todo emerge y al que todo retorna. El agua puede ir hacia y volver del cielo interminablemente, adoptando en este viaje eterno las más innumerables formas y ocupando incontables espacios, como vapor, nube, gota de rocío, arroyo, río o mar, pero el hidrógeno y el oxígeno, así como la energía vibratoria que los crea y los integra, seguirán siendo siempre lo mismo. Sólo la experiencia viva y directa (es decir sentida, no sólo pensada) de esta dimensión, permite que el ego descanse de su temor permanente y de su compulsiva y agotadora búsqueda de seguridad, placer y evitación del dolor. Si en lugar de aferrarnos a ser agua de una fuente, de un río, de un lago o del mar, nos percibimos a nosotros mismos como una maravillosa síntesis de hidrógeno y oxígeno, y aún más allá, como un vacío vibratorio (subatómico, cuántico) que adopta la forma de moléculas, podremos estar abiertos y disfrutar de todas las formas en que podamos experimentarnos a nosotros mismos y a los otros, cuya naturaleza más profunda es idéntica a la nuestra. Ésta es la esencia de la libertad, de la sanación superior, de la trascendencia, y es la fuente de la más auténtica y profunda moral, es decir, la que no proviene de mandatos, sanciones ni castigos, sino de la percepción inmediata de nuestra unidad con todo lo que existe, y especialmente con nuestros semejantes, es decir, del amor.

Cuando me refiero al Ser no estoy recurriendo a ningún concepto metafísico. Según la física, los mismos átomos que aparecieron a partir del Big Bang siguen existiendo ahora, formando distintos cuerpos celestes y todo lo que éstos incluyen. Cada vez que un sol estalla, libera al espacio los materiales esenciales con los que se construirá un nuevo sol, así como planetas y asteroides. Los átomos que formaban parte del sol desaparecido constituirán ahora un nuevo sol. Como los mismos físicos suelen decir, los átomos “reencarnan” eternamente, y en cada nueva “reencarnación” mantienen la información, la memoria que traen desde el pasado. Es probable que muchos de los átomos que constituyen tu cuerpo hayan existido desde el mismo Big Bang; y con seguridad, todos ellos han sido parte de soles que estallaron y liberaron los materiales esenciales con que se construyeron otros soles, y así hasta formar parte de la tierra de la que tú has emergido, o de los asteroides que, según otras teorías, trajeron las bacterias de las que surgió la vida en nuestro planeta. En cualquier caso, somos portadores de una información cósmica ancestral y extraordinaria.

La mayoría de las concepciones científicas afirma que sólo los seres vivos son capaces de conservar y transmitir información a través de su descendencia. La gran pregunta entonces es: ¿cómo surgió la vida de la materia inanimada? Según la teoría más aceptada, la vida en nuestro planeta surgió de elementos inorgánicos que, en lo profundo de los mares, sufrieron la influencia de reacciones químicas generadas por explosiones volcánicas submarinas, las que generaron las primeras formas de existencia biológica: las bacterias. Otra teoría, como hemos visto, sugiere que las primeras bacterias llegaron a la tierra transportadas por asteroides, los que trajeron gran parte del agua que conformó los océanos y que hoy forma el 70% de tu cuerpo. Sea cual fuere la teoría correcta, la pregunta sigue vigente: ¿de dónde provino la información que organizó los elementos inorgánicos constitutivos de los seres vivos y, mucho más aún, la que diseñó sus funciones orgánicas a lo largo de millones de años de evolución? Sencillamente no lo sabemos. Éste constituye uno de los más profundos misterios del Universo. Pero hay algo de lo que tenemos certeza: esa información, esa memoria, nos habita; habita en ti, y te regala la experiencia de vivir segundo a segundo. Esa información que ha recorrido el Universo durante millones de años, y que es la misma que crea y organiza todo en el Cosmos, está presente en lo más profundo de ti, y lo hace de una forma única e irrepetible. En cada uno palpita una síntesis original e irrepetible que nos brinda nuestra identidad más profunda, de allí el valor sagrado de toda forma de vida. Esto es lo que somos antes de convertirnos en personas con un ego más o menos adaptado o inadaptado a las modas sociales y culturales de cada época. Esta información cósmica es nuestro Ser original, una fuente de energía y sabiduría extraordinaria que está ahí, en lo profundo de ti, esperando ser descubierta y liberada. Esta sabiduría cósmica, omnipresente y eterna, es la que buscamos experimentar con la Meditación Primordial, pues constituye un método diseñado para acceder a la vivencia directa de esta dimensión en nuestro interior. Estamos hablando entonces de una auténtica experiencia, es decir, de un hecho empírico, verificable y comprobable, ante el cual carece de sentido la antigua antinomia entre religión fundamentalista y ciencia materialista5.

El encuentro con nuestro Ser cósmico, con nuestra memoria primordial, produce una profunda transformación, no sólo en la forma en que nos percibimos, sino también en la forma en que percibimos a los demás y en cómo concebimos la realidad. Es un regalo que la meditación nos brinda y que se plasma en todos los aspectos de nuestra vida cotidiana. En los próximos capítulos veremos con detalle los efectos de la meditación en nuestra salud física y mental, en nuestra autoestima, nuestras relaciones interpersonales y nuestro trabajo. Pero las consecuencias de esta expansión de la consciencia van mucho más allá de la salud y el bienestar psicofísico personal. Sus consecuencias morales y éticas en la convivencia humana y en nuestra relación con el medio ambiente, con todos los seres sensibles que lo habitan, son extraordinarias. Cuando desde la vivencia, no sólo desde el intelecto, nos percibimos como manifestación de un principio que posee la maravillosa capacidad de adoptar todas las formas, colores, aromas, sonidos y vibraciones que podamos imaginar, el sentido sagrado de todo lo que existe se nos revela de manera instantánea e irrefutable. De este modo, la compasión, la solidaridad, el cuidado de la vida en todas sus formas y el respeto por la integridad de las otras personas se convierten en una consecuencia natural, espontánea e inmediata.

Afirmo entonces, que la práctica de la meditación se ha convertido en una condición fundamental para nuestra supervivencia como especie y para la preservación de nuestro planeta. Sólo una humanidad consciente de su identidad con todo lo que existe en el Cosmos puede convertirse en una especie que cuide y preserve la vida en esta tierra, en lugar de ser su principal amenaza, como lo es en la actualidad.

Es preciso repetir que esta experiencia no es el resultado de fantasías ni creencias ingenuas. Se trata de un hecho fundamental e incontrastable, para acceder al cual sólo es preciso desarrollar las habilidades necesarias, como en toda práctica. De ninguna manera hablaré aquí de esas promesas de eternidad que nuestro pequeño y temeroso ego ansía. No estoy interesado en ningún método que garantice la existencia eterna de nada que sea individual y separado, como cada ser humano; pues todo lo que es individual termina diluyéndose nuevamente en el Todo. Plantas, animales, personas, montañas, mares, planetas, estrellas, galaxias, no importa su tamaño, no importa cuánto duren, todo está destinado a esfumarse, tarde o temprano, para volver a La Fuente. No me referiré a ningún sistema que nos prometa un resultado mágico en el futuro. Estoy hablando de una práctica que permite, a toda persona que se comprometa a llevarla a cabo sistemáticamente, liberarse de todo mecanismo de conducta, patrón, actitud o dogma que, de una manera más o menos sutil, la mantenga encerrada en la ilusión de la existencia separada de la totalidad, a fin de que pueda experimentar, no mañana ni después de la muerte, sino aquí y ahora, la experiencia de absoluta unidad con lo único que es eterno, La Gran Madre y Gran Padre de todo lo que existe, el Universo, la Existencia, la Vida o cualquiera de los otros nombres que ya hemos mencionado.

Abandonar las ilusiones de eternidad no le quita sentido a la vida, todo lo contrario. No estamos hablando aquí de nihilismo ni de negación de la trascendencia, sino simplemente de soltar la necesidad del ego de proyectarse en fantasías de eternidad de las cuales no tiene ninguna evidencia, para, en cambio, experimentar el fluir eterno de la existencia en el aquí y ahora, fuera del tiempo lineal, libre de las angustias y aprehensiones generadas por la consciencia del pasado y el futuro. Abandonar las ilusiones de eternidad no sólo no le quita sentido a la vida, sino que colma de brillo, intensidad y profundo significado a cada instante que nos toca experimentar. Su carácter efímero no le quita belleza a la rosa, ni gracia a la sonrisa de un niño, ni trascendencia a ese beso que cambió nuestra vida para siempre. Una mente meditativa encuentra la eternidad en cada segundo.

Insisto, porque es fundamental: como esta práctica no se basa en ningún sistema de creencias, puede ser llevada a cabo por personas que pertenezcan a cualquier religión e incluso por agnósticos y ateos. No es preciso creer ni estar en contra de ninguna creencia para recuperar la experiencia de unidad y vivir en la presencia.

Sin embargo, es perfectamente válida la siguiente pregunta: si en nuestra realidad cotidiana estamos más identificados con el remolino que con el río, con la botella que con el mar; si nos sentimos una parte aislada y sola en lugar de experimentar el éxtasis del Flujo Universal; si la aprehensión y el miedo que siente toda parte separada nos va volviendo personas atemorizadas e inseguras, o bien agresivas y prepotentes (lo cual no es más que una compensación del temor) ¿cómo podemos hacer para alcanzar esta experiencia de apertura, de confianza, de libertad? ¿Cómo podemos volver a sentirnos mar en lugar de olas separadas, ríos en lugar de remolinos? ¿Cómo recuperamos la existencia desde el Ser y su infinita amplitud en lugar de seguir viviendo desde el ego y su permanente contracción?

Y si a esta pregunta la enmarcamos dentro de una cultura y una época en la cual se concibe al ser humano como una pura personalidad y un ego formado por las condiciones del medio ambiente; si las modas filosóficas niegan de raíz la existencia del Ser y nos describen como una mera neuro-computadora programada por sustancias químicas y lenguaje; si la mayor parte de los estímulos y la información que recibimos en las sociedades contemporáneas nos incentivan a encerrarnos más y más en nuestro interior, ¿en qué podremos basarnos para alcanzar una experiencia de auténtica libertad?

Y si a toda esta situación la completamos con mensajes pseudoreligiosos, que nos hablan de una sola verdad, un solo dios, un solo pueblo elegido, una sola tradición válida, todo lo cual, en lugar de unir, divide, y nos encierra aún más en nuestros pensamientos defensivos y neuróticos, ¿a qué clase de conexión podremos recurrir para rescatarnos de todo lo que separa, y volver a la unidad?

Es preciso reconocer que existen muchos malos entendidos acerca de la meditación. Iniciar una práctica sin haber realizado una reflexión profunda acerca de ellos, puede terminar causando confusión y ser contraproducente.

A todas estas preguntas y confusiones procuraré, con la mayor dedicación y honestidad que me sean posibles, brindar respuestas y aclaraciones a lo largo de esta exploración, para luego pasar a la práctica sobre una base consistente. Evitaremos entonces caer en el error de sólo aplicar técnicas cuya naturaleza profunda no es comprendida, y podremos avanzar en el camino de la autoexploración, con conciencia y confianza.

1 Uso del vocablo consciencia: dado que en castellano, a diferencia de lenguas como el inglés o el alemán, no existen dos términos para distinguir el simple darse cuenta de la realidad en el estado de vigilia, de la capacidad moral y ética, que sería más asimilable a la concepción de conciencia espiritual, me tomaré la licencia de usar el vocablo “consciencia” (con s) para la primera acepción; y ”conciencia” (sin s), para la segunda. A lo largo de este trabajo se encontrará este término en ambas acepciones, aunque en algunos casos no es simple determinar cuál es la más apropiada.

2 Estos tres métodos son llevados a la práctica mediante tres disciplinas que permiten la aplicación del Modelo Interacciones Primordiales en la vida cotidiana: el Coaching Primordial, la Psicoterapia Primordial y la Danza Primal, que serán desarrollados más adelante.

3 Daniel Taroppio, El Vínculo Primordial, Ed. Continente, 2010.

4 La concepción hinduista del Universo como un juego creado por Dios, en el cual él juega a las escondidas con nosotros.

5 Para una discusión más profunda sobre este tema ver El Vínculo Primordial, Op. Cit., “Introducción” y el capítulo sobre “El camino científico y el camino religioso”.

PRIMERA PARTE LA MEDITACIÓN PRIMORDIAL Y EL MODELO INTERACCIONES PRIMORDIALES

Gran parte del poder transformador y liberador de la Meditación Primordial se asienta en el hecho de que pertenece a un marco más amplio, el Modelo Interacciones Primordiales, un profundo abordaje del ser humano que permite el desarrollo de sus potencialidades evolutivas, fundamentalmente a través del poder del trabajo con las relaciones interpersonales. En esta búsqueda, explora las dimensiones más profundas de las interacciones humanas y el sentido trascendente de las dinámicas que se desarrollan entre las personas, los grupos, las organizaciones e incluso las naciones y las culturas.

Su tesis fundamental consiste en considerar al encuentro trascendente entre las personas como el sentido más profundo de la existencia y de todo proyecto humano.

He desarrollado este Modelo en una extensa bibliografía6. Para quien sienta interés en una comprensión más profunda y global de la Meditación Primordial y no tenga acceso a estas obras, he incluido un apéndice al final de este libro, donde lo desarrollo con cierto detalle. Aun así, brindaré en las próximas hojas una breve síntesis de ese apéndice, pues considero indispensable tener una noción básica de este modelo, para alcanzar una comprensión más cabal de la Meditación Primordial, que es sólo una parte del mismo.

¿QUÉ SIGNIFICA QUE UN ENCUENTRO SEA TRASCENDENTE?

Afirmaba más arriba que la tesis fundamental de este modelo consiste en considerar al encuentro trascendente entre las personas como el sentido más profundo de la existencia y de todo proyecto humano.

La trascendencia se hace presente en las relaciones humanas cuando las personas que las experimentan pueden percibir su naturaleza más profunda, en sí mismas y en sus semejantes, y comprenden que cuando dos almas se encuentran, el Universo se está encontrando consigo mismo. Hasta nuestro conocimiento actual, somos la única especie que ha podido llevar su exploración hasta los orígenes del Universo y, por lo tanto, estamos haciendo que el Universo sea consciente de sí mismo. Y esto no sólo se logra mediante la exploración científica del Cosmos, sino también al profundizar en nuestro propio interior y en las profundidades de las relaciones humanas, en las cuales dos personas, dos expresiones del Universo, pueden encontrarse, siendo conscientes de esta dimensión.

Interacciones Primordiales afirma que cualquiera sea la naturaleza de las relaciones, vínculos o interacciones que mantengamos con otras personas, hay una cualidad mucho más profunda que está siempre presente. Más allá de que estemos aceptando o rechazando, encontrándonos o separándonos, dando o recibiendo, comprando o vendiendo, siempre que dos personas interactúan, por el solo hecho de que ambas forman parte de una totalidad mayor que es el Flujo Universal (el mar, no las olas) existe la posibilidad potencial de que este hecho sea reconocido, y la cualidad de la relación cambie completamente. Pero para que una persona pueda percibir la naturaleza universal de otra, antes debe haber podido realizar esto en sí misma.