Mendigos del mundo - Diego Benenezon - E-Book

Mendigos del mundo E-Book

Diego Benenezon

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Beschreibung

"Que Diego esté en esta nueva etapa de su vida, compartiendo sus conocimientos, pensamientos y sentimientos a través de este primer libro es un regalo para todos aquellos que tengan la oportunidad de acceder a Mendigos del mundo. Estoy seguro de que todos los que lean este trabajo, tendrán una oportunidad de reflexionar y, con las experiencias de Diego como excusa, pensar si el viaje que eligieron y del que hoy son parte, es realmente el que elegirían pensando en ellos mismos y en ser todo lo felices y plenos que pueden ser" (Marcelo Rabach – CEO Arcos Dorados. McDonald's Latinoamérica).

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Seitenzahl: 118

Veröffentlichungsjahr: 2024

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DIEGO BENENZON

MENDIGOS DEL MUNDO

Benenzon, Diego

Mendigos del mundo / Diego Benenzon. - 1a ed. revisada. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Temas Grupo Editorial, 2024.

Libro digital, Amazon Kindle

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-8387-78-9

1. Desarrollo Personal. 2. Autoconocimiento. I. Título.

CDD 332.024

© Diego Benenzon, 2024

© TEMAS Grupo Editorial SRL, 2024.

Cerrito 136 Piso 3°A. Ciudad Autónoma de Buenos Aires C1010AAD. República Argentina Teléfonos: (5411) 4381.1182 o 4383.6336www.editorialtemas.com

ISBN 978-987-8387-78-9

1ra. edición, septiembre de 2024

Corrección general: María Vidiri

Diseño de cubierta: Cali Hernández y Vero Lara

 

Comité TEMAS Grupo Editorial

Dirección: Jorge Scarfi

Supervisión general: Betiana Cabutti

Diagramación editorial: Editorial Autores de Argentina

Conversión a formato digital: Numerikes

Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723 Prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos de este libro en cualquier forma y medio sin previo permiso por escrito de los autores y/o titulares de Copyright.

Índice

Cubierta

Portada

Créditos

Dedicatoria

Prólogo

Introducción

Capítulo 1. Un mundo de mendigos

Hello, it’s me

Desde chiquitos

De tradicionales y nuevos mendigos

Hombre camaleón

Entonces

Capítulo 2. El camino del mendigo

La moneda número cien y el nacimiento del deseo

Superboss

Qué feliz era cuando no buscaba ser feliz

Should I stay or should I go

La lección del viejo pez

Entonces

Capítulo 3. El camino del ser y la toma de conciencia

Punto de salida

Mister Ego

El hombre verdad y el hombre nuevo

Entonces

Capítulo 4. Mi propio camino

Del acuerdo de separación y la transición de Di-ego a Diego

Confieso que he evolucionado

No fue de la noche a la mañana

Un lugar en mi agenda

El puesto que alimentó el ego de Diego

Diego en el espejo

¿Adónde vas, Truman?

I can see clearly now

No te dije que fuera fácil, Neo, te dije que sería la verdad

Capítulo 5. Ser, dejar ser y ayudar a ser

Epílogo

Bibliografía

Sobre este libro

Sobre Diego Benenzon

Hitos

Tabla de contenidos

Portada

 

 

 

A Deb, Matu y Santuni por su amor incondicional y por ser fuente de inspiración permanente.

Y a cada uno de ustedes, maestros de la vida, que me ayudan y permiten seguir transformándome día a día.

 

Abrazo del alma y gracias

PRÓLOGO

Viajar y leer son dos de mis grandes pasiones. Escribir, como podrán comprobar rápidamente, no lo es tanto…

Cuando Diego me contó que estaba escribiendo un libro, y además me adelantó que el libro propondría hacer un viaje, pensé que ese trabajo en ciernes ya contaba con mi beneplácito, porque además de unir mis pasiones de leer y viajar, saldría de «la pluma» de alguien a quien aprecio y admiro mucho, tanto a nivel profesional, como —más importante aún— a nivel personal.

Imaginen entonces en este contexto de entusiasmo, lo sorprendido y halagado que me sentí cuando Diego me invitó, sin ningún compromiso, a sumarme a este proyecto escribiendo el prólogo de su libro Mendigos del mundo. Luego de agradecerle emocionado el haber pensado en mí para esto, le dije que haría mi mejor esfuerzo para cubrir las expectativas. Si están leyendo estas líneas, es porque al menos para Diego las expectativas mínimas para el prólogo habrán sido cubiertas.

Hablando de viajes, venimos viajando junto con Diego desde hace más de 10 años. Nuestras vidas profesionales nos unieron hace más de una década y, si bien al principio viajábamos en «vagones» diferentes, cada uno en equipos distintos, el paso del tiempo y el progreso profesional de ambos nos fue acercando, hasta que en los últimos 5 años, viajamos prácticamente en asientos contiguos, siendo ambos parte del equipo de liderazgo de la organización a la que Diego dedicó buena parte de su carrera y yo toda mi carrera profesional.

En estos años de cercanía y mucho tiempo compartido, pasamos por diferentes situaciones y contextos, uno en particular que nos permitió conocernos en profundidad cuando enfrentamos juntos la pandemia de COVID-19. Esos momentos fueron críticos para nuestra compañía, que actúa en una industria que fue impactada fuertemente por las restricciones a la circulación impuestas por varios de los gobiernos de los países donde actuamos, y que nos obligaron a poner a prueba toda nuestra creatividad y capacidad de ejecución, con el objetivo de encontrar la manera de sobrevivir a esa situación, manteniendo a toda nuestra gente dentro de la organización, sin prescindir de nadie. Esos tiempos nos unieron tremendamente, ya que compartimos la visión y el foco en hacer lo que tuviéramos que hacer, para «cruzar el río» de la pandemia y llegar a la otra orilla, la de la recuperación, con todo el equipo arriba del «barco».

Diego es una persona que, a sus muchas cualidades profesionales, suma una calidad humana que destaca, por lo que para mí fue un privilegio haber compartido todos estos años de nuestras carreras profesionales. Siempre provocador, generando ideas y llamando a repensar iniciativas y decisiones, poniendo siempre a la gente en el centro de todo, no tengo dudas de que me ayudó enormemente a ser cada día un poco mejor profesional y, por qué no, mejor persona. Incluso diría que muchos de los principales aprendizajes se dieron cuando no estuvimos de acuerdo, cuando teníamos visiones diferentes sobre una situación. Era en esos casos, cuando escuchando sus argumentos y entendiendo la lógica por detrás de los mismos —aunque yo no cambiase de opinión— que lograba terminar con una visión mejor y más amplia de los desafíos que enfrentábamos y de las potenciales consecuencias del camino que estaba decidiendo seguir.

Que Diego esté en esta nueva etapa de su vida, compartiendo sus conocimientos, pensamientos y sentimientos a través de este primer libro es un regalo para todos aquellos que tengan la oportunidad de acceder a Mendigos del mundo. Estoy seguro que todos los que lean este trabajo, tendrán una oportunidad de reflexionar y, con las experiencias de Diego como excusa, pensar si el viaje que eligieron y del que hoy son parte, es realmente el que elegirían pensando en ellos mismos y en ser todo lo felices y plenos que pueden ser.

Espero que todos disfruten de este viaje, y que sea solo el primero de varios a los que «la pluma» de Diego nos invite a sumarnos.

Marcelo Rabach

CEO Arcos Dorados LATAM McDonald’s

INTRODUCCIÓN

Es curioso, comenzaste a leer y eso señala que te has detenido. Admitámoslo, si hay algo que la lectura supone es pausa, paréntesis en el trajín de la vida diaria. Será por eso que resulta una práctica cultural tan difícil de sostener en nuestro mundo actual. Pero te has detenido, estás leyendo y quiero advertirte que no te acomodes tanto porque estás a punto de emprender un viaje. Un viaje estático, si se me permite el oxímoron. Un viaje donde lo que tal vez se muevan (ojalá) sean las creencias, las representaciones, las definiciones y las certezas.

Recientemente regresé de un viaje, uno de placer. Al iniciarlo seguí la clásica y hermosa rutina del viajante: andar por las ciudades como el mayor imperativo en el día a día. En la vida cotidiana uno anda para dirigirse al trabajo, al gimnasio, a la escuela, a la universidad. Uno se desplaza por exigencias, compromisos, tareas, reuniones, lo que fuere. En cambio, en vacaciones o en viajes por placer, el andar no tiene necesariamente un destino. De hecho, llevamos buenas zapatillas porque la idea es caminar sin rumbo, por el hecho en sí, si podemos, durante todo el día. Y hay algo muy rebelde en esto, pues declaramos la guerra al propósito, a la funcionalidad, a la eficacia del tiempo que impera en la vida diaria («Voy a la oficina», «Paso por la escuela de los chicos y por el banco para terminar el trámite»). Ese caminar ocioso, porque sí, caprichoso a los deseos espontáneos son tan valorados, pero solo reservados a esas pausas de la vida moderna. Y al caminar sin necesidad de llegar a ningún lado, sin incluso con la premisa de la publicación de la foto en las redes sociales, sin todo ese ruido, uno empieza a escuchar, a escucharse, a sentirse y a conectarse. Y en esto estaba cuando entro a un local motivado por la curiosidad de los objetos que allí vendían y leo un cartel que dice: «Aquí eres libre de ser más tú y menos los demás». Qué maravillosa premisa, más bien, qué maravilloso recordatorio. Me pregunté, entonces, ¿los contextos deben recordarnos algo tan básico? Bueno, no hay duda de que los entornos influyen y condicionan —por lo menos en un primer nivel de conciencia— nuestras sensaciones y emociones. Y ahí nomás pensé que muchas veces las grandes organizaciones, sean de la índole que sean, actúan orientando a hacer todo lo contrario: la idea es que cuando los individuos ingresan a una escuela, a una compañía o incluso a una familia borren casi todo rasgo que no responda a la mímesis con el entorno. Pareciera que los espacios en los que habitamos o interactuamos, lejos de habilitar el despliegue espontáneo de nuestra identidad o de nuestra esencia, promueven la homogeneización, la anulación de la distinción y hasta la autocensura.

Yo te propongo entonces que me acompañes a un viaje. Quiero narrarte el viaje que hice para ampliar mi nivel de conciencia, despojarme de identidades asumidas desde afuera y abrazar mi ser y mi presente. El itinerario que me llevó (o mejor dicho, me está llevando) de ser como y para los demás, a ser libre desde y para mí mismo. Ahora lo veo con mayor claridad: miles de personas asumiendo personajes, objetos, estilos, para camuflarse con el resto. Mayorías con los mismos exactos padecimientos y hasta pensamientos, ¡cuánto potencial desperdiciado! Ya sé, ya sé. Sé que cuando uno entra a un lugar —una organización, una institución— comienza a asumir tareas y a escuchar expectativas y demandas. El objetivo es cumplir y responder, en última instancia, siendo y actuando como los demás, incluso como los líderes. Por lo que la desconexión con nuestro ser se despliega casi sin darnos cuenta, paulatina y silenciosamente.

Voy a dar un ejemplo preciso de la mayoría de las corporaciones. Desde un tiempo a esta parte se extiende, defiende e imprime el lema work & life balance. Ya mismo lo desgloso, pero antes solo advierto que me gusta pensarlo como un homólogo de «no te olvides de respirar», aunque tal vez peor. Básicamente y siguiendo una traducción literal diremos que se trata del equilibrio entre el tiempo y los recursos dedicados al trabajo remunerado, por un lado, y el tiempo y los recursos dedicados a todo lo demás, por el otro. Esto es el significado de la idea, ¿pero en qué se materializa concretamente? Pues en programas, capacitaciones o acciones —y aquí viene lo mejor— que las empresas despliegan a sus empleados como recordatorio de la compañía para que en el marco del trabajo «no se olviden de vivir». Se trata de un concepto que sin más desintegra a las personas entre el ser y el hacer y, aunque bajo intenciones positivas, se ofrece como una alternancia que implica que al trabajar no se vive o al vivir no se debería trabajar. Incluso es casi una caricatura cuando uno ve las comunicaciones sobre el tema: del lado del work, las personas se configuran en atavíos formales, deslucidos, impersonales, sentados en un despojado espacio de trabajo (computadora, escritorio, etcétera). El lado life, por su parte, se colma de colores radiantes, vestimentas yoguis, escenas de deporte, con niños y mascotas y sonrisas. Ningún balance es posible entre dos perfiles tan distintos que hacen pensar más en un binomio del estilo Jekyll y Hyde.

Pero volvamos, ¿por qué esto existe como una filosofía en las compañías? Parece que la gente no estaría conectándose con el atuendo deportivo y los helados, y viven constantemente trabajando. ¿Y por qué las organizaciones osarían quejarse de esta entrega voluntaria? Bueno, porque lo cierto es que este empleado just work, not balance termina siendo un problema. Vivimos en una sociedad del cansancio, como sentencia firme Byung-Chul Han (2012). Pero es un cansancio inédito, un cansancio que ya no es resultado de un individuo exigido a dar más de lo posible. Es un cansancio que nace del deseo autoimpuesto, siguiendo al filósofo surcoreano: «El burnout es la consecuencia patológica de una autoexplotación voluntaria». La presión construida, claro, con parámetros externos, aunque absorbidos con voluntad e incluso con entusiasmo, nos lleva a la desconexión cada vez más profunda de nuestros verdaderos horizontes, de nuestros verdaderos deseos, de nuestra life. «Estoy cansando», «estoy muerto», «estoy quemado», metáforas que deberían ponernos en alerta. La partición work & life es tan nociva que una parte termina comiéndose a la otra (como en Jekyll y Hyde).

Mi viaje fue entonces comenzar a darme cuenta de que la clave no es el balance sino el cuestionamiento en profundidad del binarismo. La distancia entre trabajar y vivir supone la distancia entre hacer y ser. ¿Cómo es posible? Vivimos en una lógica que nos dice que cuando hacemos no somos, cuando hacemos o trabajamos nos desconectamos de nuestra identidad y comenzamos a mendigar retribuciones que den sentido al existir.

Si lo que sos no alcanza, nada de lo que tengas u obtengas alcanzará.

Entonces comprendí lo que ya sabía: la vida contemporánea nos lleva a convertirnos en autómatas del hacer para el pertenecer, en seres igualitos al resto que solo buscan más y más retribuciones, mendigos de aprobación, compensación y promesas a futuro. Dejamos de ser seres humanos para convertirnos en haceres humanos. ¿Y el yo? ¿Y el ahora? Esas preguntas comenzaron a ampliar mi conciencia y, sobre todo, la conexión con las experiencias concretas. Empecé a registrar el presente. Me propuse dejar de proyectar para trazar mapas de dónde estaba y cómo estaba. Dejé de pensar en los fines de semana, las vacaciones o el retiro, para indagar con honestidad el hoy, el aquí, lo que ya tengo, lo que me rodea en concreto y lo que soy sin perfecciones o mejorías de futuro. Qué alivio cuando uno cae a cuenta sin imposiciones y por propia convicción de que no hay nada en el futuro que pueda traerte una paz que hoy no está.