Mi hijo adolescente es vegetariano - Katia Raffarin - E-Book

Mi hijo adolescente es vegetariano E-Book

Katia Raffarin

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La guía esencial para acompañar a tus hijos en el reto del vegetarianismo ¿Cómo reacciono si mi hijo adolescente quiere dejar de comer carne? ¿Su decisión nos influirá a todos? Está en fase de crecimiento, ¿será sano? ¿Y si quiere ser vegano? ¡Que no cunda el pánico! Escrita por una madre, esta guía, práctica y divertida, reúne la información necesaria para saberlo todo sobre el vegetarianismo. Con consejos prácticos para comprender y apoyar la decisión de tu hijo o hija, recomendaciones para llenar la despensa y más de 50 recetas fáciles y rápidas.

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Seitenzahl: 253

Veröffentlichungsjahr: 2020

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KATIA RAFFARIN

MI HIJO ADOLESCENTE ESvegetariano

Con la colaboración deCharlotte Debeugny, nutricionista

NOTA IMPORTANTE: en ocasiones las opiniones sostenidas en «Los libros de Integral» pueden diferir de las de la medicina oficialmente aceptada. La intención es facilitar información y presentar alternativas, hoy disponibles, que ayuden al lector a valorar y decidir responsablemente sobre su propia salud, y, en caso de enfermedad, a establecer un diálogo con su médico o especialista. Este libro no pretende, en ningún caso, ser un sustituto de la consulta médica personal.

Aunque se considera que los consejos e informaciones son exactos y ciertos en el momento de su publicación, ni los autores ni el editor pueden aceptar ninguna responsabilidad legal por cualquier error u omisión que se haya podido producir.

Título original francés: Au secours! Mon ado est végétarien.

Autora: Katia Raffarin.

© Éditions First, un sello de of Édi8, Paris, France, 2019.

© de la traducción: Miguel Alpuente Civera, 2020.

© de las ilustraciones: Joan Pejoan Duran, 2020.

© de esta edición: RBA Libros, S.A., 2020.

Avda. Diagonal, 189 - 08018 Barcelona

rbalibros.com

Primera edición: enero de 2020.

REF.: ODBO657

ISBN: 9788491182160

REALIZACIÓN EDITORIAL • GRAFIME, S.L.

Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escrito del editor cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra, que será sometida a las sanciones establecidas por la ley. Pueden dirigirse a Cedro (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesitan fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47). Todos los derechos reservados.

CONTENIDO

Introducción1. Consejos prácticos para comprender a tu hijo adolescente2. ¿Es bueno para la salud de tu hijo?3. Y en la vida cotidiana, ¿cómo nos arreglamos?4. La despensa ideal para alimentar bien a tu hijo vegetariano5. Recetas fáciles, rápidas y divertidas para el adolescente vegetarianoAnexo. Un ejemplo de semana vegetarianaCarta a mi generación (Théo)AgradecimientosNotasBibliografía

A THÉO

Vuestros hijos no son vuestros hijos. Son los hijos y las hijas del ansia de la vida por sí misma. Nacen a través de vosotros, no de vosotros. Y aun cuando estén con vosotros, no os pertenecen. Podéis darles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos, pues ellos piensan por sí mismos. […] Podéis esforzaros en ser como ellos, pero no busquéis que se parezcan a vosotros, porque la vida no retrocede ni se queda rezagada en el ayer.

JALIL GIBRÁN,El profeta (1923)

INTRODUCCIÓN

Soy una madre de familia, un ama de casa de menos de cincuenta años: una señora normal y corriente. Soy una mamá que quiere a su grandote hijo adolescente. Lo quiero, sí. De manera imperfecta, sin duda, pero lo mejor que puedo. Y doy ejemplo. O lo intento. Soy educada, no aparco en las plazas para personas con discapacidad, pago el billete de metro y las multas, evito coger el coche cuando no es necesario, reciclo la basura, voy al punto limpio de recogida de residuos… Como todo el mundo. Lo hago porque creo que es mi deber, pero también porque la imagen que quiero dar es la de una adulta que se toma el trabajo de hacer lo correcto, que se esfuerza por dar lo mejor de sí misma.

Mi hijo adolescente tiene dieciséis años y se llama Théo. Pienso en su futuro, y por eso no cedo siempre a sus exigencias en lo que se refiere a comprar cosas o salir. Soy una madre y estoy educando a un hijo. No es ninguna broma: es importante.

Se trata, además, de un proceso que debe considerarse con toda seriedad, pero no demasiado a rajatabla. Yo soy la responsable de la persona que él será el día de mañana, la responsable de cómo se comportará con los demás cuando se convierta en adulto. Si se le guía bien, sabrá compartir, comunicarse y desarrollarse dentro de la sociedad. Sabrá tomar, pero también dar. Cuando pienso en su futuro, estoy pensando lisa y llanamente en el «futuro», es decir, en el mundo que voy a dejarle.

Por eso, cuando nuestro hijo pidió ser vegetariano, yo, honradamente, no pude decirle que no. Si tú también piensas que un padre no nace, sino que se hace, que no hay padres perfectos, sino solo progenitores con buena voluntad que lo hacen lo mejor que pueden, y que educar a un hijo no es solo darle órdenes, sino también ayudarle a convertirse en él mismo, este libro va dirigido a ti, porque un joven que no desea comer más carne no es en absoluto un inconsciente con los típicos rasgos del adolescente egoísta e inmaduro.

Por el contrario, es alguien que manifiesta su voluntad de hacer avanzar al mundo en la dirección correcta.

1CONSEJOS PRÁCTICOS PARA COMPRENDER A TU HIJO ADOLESCENTE

Érase una vez una madre de familia que pensaba que iba a pasar un sábado como los demás (¡y que no podía estar más equivocada!).

«MAMÁ, AHORA SÍ, YA ESTOY PREPARADO: QUIERO SER VEGETARIANO».

Todavía lo estoy viendo mientras viene hacia mí como si fuera a alertarme de un peligro inminente y me dice: «Ya no quiero comer más carne». Procesé aquel anuncio sin procesarlo realmente. En el fondo, no me lo creía. No entendía nada de nada. Me vinieron a la cabeza cientos de imágenes: mi hijo cuando era bebé, todos los menús Happy Meal devorados en el McDonald’s, las patatas fritas, las minisalchichas en los desayunos de los hoteles con las que tanto disfrutaban nuestros hijos…

Nunca me habría imaginado que nuestro hijo, un adicto absoluto a la charcutería, digno nieto de una familia normanda que educa en los placeres de la buena mesa y de un abuelo cazador de jabalíes, tendría un día suficiente voluntad para privarse de sus manjares tradicionales. No entendía cómo podía haberse producido un cambio tan radical sin que yo lo hubiese visto venir. Casi sospechaba que todo debía ser cosa de algún ligue que tenía por ahí… Decirme a mí misma que alguien le influía me resultaba más sencillo que admitir que fuera una decisión perfectamente meditada. Por fuerza debía tratarse de un capricho, de algo pasajero. Pero una vocecita interior me decía que era necesario indagar un poco más.

Nuestros hijos adolescentes suelen ser personas hipersensibles que construyen su propia visión del mundo, de nuestra sociedad. A menudo, experimentan un fuerte sentimiento de impotencia ante las injusticias que descubren, y eso les causa gran angustia. Se muestran atentos a todo y se interesan por las noticias sobre el futuro de nuestro mundo como nunca lo hizo nuestra generación, la de sus padres.

LOS NIÑOS CRECEN DEVORANDO IMÁGENES

Théo creció. Pasó de la preadolescencia a la adolescencia sin que nos diésemos cuenta. Su personalidad se iba asentando. Y así había de ser. Ahora sus gustos son similares a los de muchos otros adolescentes: le gustan las historias de ficción sobre sociedades imaginarias amenazadas por la guerra, el totalitarismo o las catástrofes ecológicas. Pertenece a la generación de Harry Potter, de las series de Narnia, Crepúsculo o X-Men (entre muchas otras), pero también conoce a George Orwell y sabe de los peligros de la manipulación. En muchos de los libros dirigidos a los jóvenes de hoy, todo el mundo sale bien parado gracias al amor y a la tolerancia. Con ello, se están forjando idealistas.

Y luego está la información. Internet, Twitter, Instagram, YouTube… Todas las imágenes que circulan por las pantallas desde que son niños. Cuando hoy echo la vista atrás, me doy cuenta de que determinadas noticias le calaron muy hondo.

Nosotros, los padres, creemos que nuestros hijos adolescentes están curtidos por los horrores de los telediarios. Aunque nos gustaría protegerlos, en esta época en que la información se cuela en los teléfonos móviles resulta difícil hacerlo, cuando no imposible. ¿O es que tú sabes la contraseña de su teléfono móvil? Pues claro que no. Sin embargo, con el teléfono, en pocos minutos puede darse una vuelta por el mundo sin defensa ni protección de ningún tipo. Si trataras de confiscarle el móvil pondría el grito en el cielo por esa flagrante vulneración de su intimidad y su integridad intelectual.

Algunos psicólogos afirman incluso que el teléfono es como una prolongación del cuerpo del adolescente. Privarle de su móvil es amputarle un miembro (estoy bromeando…, pero solo un poco). En cualquier caso, los adolescentes todavía no son adultos. Sensibles y permeables como esponjas, les afectan las terribles imágenes que sin cesar se difunden por los teléfonos móviles. La violencia de tales imágenes tiene el mismo efecto que si les pegaran una paliza. Yo casi tengo medio siglo de vida y a veces se me saltan las lágrimas con determinados reportajes, así que ¿cómo va a ser de otro modo para quien acaba de cumplir quince años y hace cinco todavía acariciaba su peluche?

Esas nuevas tecnologías también han hecho que los animales vuelvan a ser un centro de atención para los niños, en este caso más para mal que para bien. Por desgracia, de los clásicos de Disney a los vídeos trash que circulan por YouTube no hay más que un paso.

Théo se había prohibido terminantemente ver los vídeos de ovejas arrojadas con violencia contra los cercados, de trabajadores riéndose con los chispazos de las pinzas eléctricas que electrocutan y queman a los cerdos o de animales despellejados vivos, pero sabía muy bien lo que había en esos vídeos, gracias a los más que numerosos comentarios sobre su contenido difundidos principalmente por la radio o por Twitter (sí, digo gracias y no por culpa de, porque son actos que deberían denunciarse).

Al igual que otros muchos adolescentes de hoy, educados en el amor a los animales, cualquier noticia que tocara de cerca o de lejos las condiciones de vida de los animales volvía sin cesar a su cabeza. Violenta y dolorosamente. Todas las generaciones han debido confrontarse con la violencia. La de nuestros jóvenes adultos no escapa a la regla. Es el aprendizaje de la vida. Pero esta es una violencia que surge de los teléfonos móviles sin previo aviso.

Estamos todos tan conectados que, aunque un asunto no nos interese, de todos modos nos va a llegar información sobre él. Así que ya podemos imaginar qué sucede cuando se trata de una cuestión que afecta a los sentimientos de un adolescente recién salido de la niñez. Eso es lo que ha vivido Théo, al igual que toda su generación.

Por la televisión, siguió horrorizado la mutilación con motosierra del joven Vince, un pequeño rinoceronte blanco de cuatro años al que unos furtivos abatieron salvajemente en el municipio de Thoiry (ubicado en la región parisina) para serrar y robar su cuerno principal, de veinte centímetros. Su muerte indignó al mundo entero. Un acto de barbarie nunca visto en Europa.

Cuando empezó a navegar al azar por Internet, no tardó en descubrir las torturas que se infligían a los animales en los mataderos. También se enteró del explosivo comunicado de la asociación animalista francesa L214 y de sus operaciones de choque.

Con el transcurso de los meses y los años, estos reportajes que escuchaba en la radio o veía por televisión le quitaban el apetito y alimentaban sus reflexiones sobre este «mundo podrido que no respeta nada», o le hacían repetir que «es algo que da miedo» o que estaba «harto de no hacer nada para que deje de suceder».

A veces, le oía sin prestar demasiada atención, no porque no me interesara lo que él sentía, sino para protegerme. Tampoco yo era insensible al sufrimiento animal, pero, como muchos otros adultos, prefería cerrar los ojos, esconder la cabeza como un avestruz y esperar a que pasara.

Milo, 15 años

Vi un vídeo del L214 en el que mostraban los mataderos. Creo que si los mataderos tuvieran paredes de cristal, todos seríamos vegetarianos.

¿TE ACUERDAS DE TUS AÑOS DE ADOLESCENCIA?

Tengo grabada en la memoria una frase que, cuando yo era adolescente, solía repetirse en las discusiones de algunos adultos: «Si a los veinte años no eres comunista, es que no tienes corazón. Si lo sigues siendo a los cuarenta, es que no tienes cerebro». La frase resonaba con fuerza en mi interior cuando advertía no solo el ansia de Théo por hacer algo, sino también mi propia culpabilidad. En aquel momento, diría que me tomé la voluntad de mi hijo de no comer carne como una especie de deseo utópico, como una reivindicación que se debía solo a su juventud.

NO LO OLVIDES: TODOS Y TODAS SOMOS ANTIGUOS ADOLESCENTES

Al envejecer, el ser humano renuncia a sus ideales, «es algo inevitable». Es lo que todos y todas acabamos diciéndonos a nosotros mismos. Como si fuera una máxima fatalista que nos repetimos a modo de mantra tranquilizador. Renunciamos a querer cambiar las cosas, a cierta idea del mundo que nos hacía soñar, para en su lugar acomodarnos a la realidad. En el caso del adolescente, convertirse en adulto implica renunciar a un ideal de vida. Nosotros, en cambio, no hacemos más que repetirles: «Ya verás como llega un momento en que lo comprendes», «Ya hablaremos más adelante, señor/señora sabelotodo», o «Uno no hace siempre lo que quiere, sino lo que puede». Pero ¿qué es lo que quieren los adolescentes? Tener una vida buena.

Así pues, ante un adolescente que pide construir activamente su futuro, que contrapone a nuestra sociedad un ideal de vida menos violento y más responsable, ¿cómo vamos a pasar de largo sin detenernos a considerar sus argumentos?

Cuando en la vida se nos plantea un problema como el de la situación de los animales, podemos elegir entre dos actitudes: la estrategia del avestruz, es decir, hacer como si el problema no existiera, o bien tratar de comprenderlo para manejarlo mejor. En mi caso, una vez pasado el efecto sorpresa, enseguida me dije que un hijo adolescente que desea convertirse en vegetariano no es lo peor que puede pasarte en la vida, pero desde luego tampoco es un asunto del que despreocuparse. De inmediato, me di cuenta de que, para actuar de la mejor manera, primero necesitaba comprender la cuestión.

RECUERDA

No olvides que un adolescente necesita, a un tiempo, control y libertad, consejos y espacio para experimentar por sí mismo. Por tanto, antes de decidir si le apoyarás en su proyecto, hazle todas las preguntas que se te pasen por la cabeza.

Y tranquilízate: tu hijo adolescente no es el único que quiere prescindir de la carne. En Francia, por ejemplo, más de uno de cada diez jóvenes es vegetariano.1

LA CURIOSIDAD NO MATÓ AL GATO

¡Acribilla a preguntas a tu hijo!

¿Por qué quieres ser vegetariano?

Aunque tengas cierta idea de las razones (en mi caso, el apego de mi hijo a los animales desde la infancia, las películas de Disney, Narnia o Spiderman y luego Internet, los animalistas del L214 y los pequeños rinocerontes), no adelantes las respuestas: quien debe aclararte sus motivos es tu hijo; tú no estás en su lugar. Si de verdad deseas comprenderlo, antes tiene que explicarte sus motivos.

Bien, ya no quieres comer carne… ¿Significa eso que ya nunca querrás comer carne, nada, NADA de carne, ni siquiera un poco? ¿Y pescado? ¿Comerás pescado?

¿Y te parecería bien si en principio solo reduces el consumo de carne?

¿Hace mucho que le dabas vueltas a la cuestión? ¿Cómo te vino la idea?

¿Te das cuenta de que tendrás que cambiar tu alimentación?

Un vegetariano come verduras, legumbres, fruta, frutos secos y semillas oleaginosas, y a ti, hijo mío / hija mía no te gusta ninguna de esas cosas. ¿Cómo te las vas a arreglar?

Sabes que ya no podrás comer un kebab con tus amigos. ¿Seguro que no te importará?

Y hay muchos sitios donde no les gustan demasiado los vegetarianos. ¿Estás preparado para soportar que te miren con curiosidad cada vez que comas por ahí?

En Internet, la gente se burla mucho de los vegetarianos. ¿Crees que lo llevarás bien?

Vas a tener amigos y a salir con chicas que comerán carne. ¿Qué harás para tolerarlos?

¿Qué esperas de mí? ¿Qué esperas de nosotros?

UNA LISTA PARA UBICAR MEJOR LAS PREFERENCIAS ALIMENTARIAS DE TU HIJO

Los vegetarianos excluyen el consumo de toda clase de carnes y pescados, pero toman leche, huevos y queso.

Los vegetarianos estrictos no consumen carnes (rojas, blancas, pescados o mariscos) ni ningún producto de origen animal, como los huevos, el queso, la leche o la miel (producida por las abejas). A diferencia de los vegetarianos, deben tomar vitamina B12 si no quieren sufrir graves carencias.

Los pescetarianos no consumen carne, pero sí pescado, crustáceos y moluscos acuáticos, como el calamar, el pulpo o la sepia.

Los flexivegetarianos o flexitarianos, cada vez más numerosos, comen casi siempre como vegetarianos, pero de vez en cuando se permiten alguna licencia y toman carne o pescado.

En mi caso, yo impuse esta última dieta a mi hijo durante unos meses. Constituía una fase de transición, y a nosotros nos ayudó a prepararnos para una alimentación vegetariana. Fue útil sobre todo para mi marido, que pudo hacerse a la idea sin que chocara con sus costumbres.

Si tu hijo excluye la carne y el pescado, pero sigue consumiendo productos lácteos, huevos y miel, pertenecerá al grupo de los ovolactovegetarianos, que son los vegetarianos en su sentido más amplio.

Si lo que desea es reducir la carne y prepararse poco a poco para el vegetarianismo, lo que significa que seguirá tomando carne y pescado de vez en cuando, entonces será flexivegetariano. Es decir, que se considerará como un vegetariano «flexible».

Si de su alimentación van a quedar excluidos la carne, el pescado, los productos lácteos, los huevos y la miel, entonces lo que quiere ser es un vegetariano estricto.

Por último, si desea adoptar el vegetarianismo estricto como filosofía de vida, su intención es convertirse en vegano: no solo se alimentará únicamente de productos de origen vegetal, sino que irá más allá y se negará a usar todo aquello que proceda del mundo animal (seda, lana, cuero…).

LOS (FUTUROS) ADOLESCENTES VEGANOS Y NOSOTROS, SUS PADRES

Si a un adolescente vegano le pides que te explique por qué se ha convertido en vegano, es muy probable que te responda simplemente: «Los animales son amigos, y yo no me como a mis amigos».

En el caso de que en casa tengas un gato, un perro o un conejo, y los consideres parte de la familia, tal como ocurre en uno de cada dos hogares franceses,2 tendrás que darle la razón. Pero si un adolescente se muestra reacio a comer huevos o productos lácteos, a llevar zapatos de cuero o un jersey de lana, o incluso a ponerse una crema corporal, seguro que querrás saber un poco más.

Así pues, ¿qué es el veganismo?

En 1944, Donald Watson cofunda la Vegan Society e inventa el término vegano a partir de la palabra vegetariano (VEG[etari]ANO) para diferenciarse del ovolactovegetarianismo.

Dice la Vegan Society: «El veganismo es un modo de vida que pretende excluir, en la medida en que sea posible y factible, cualquier forma de explotación y de crueldad hacia los animales, ya sea para obtener comida o ropa o con cualquier otro fin».

El veganismo es un compromiso en favor de la abolición de toda forma de explotación animal. Se trata de una idea radical muy en consonancia con el modo de pensar de los adolescentes, porque ellos no hacen nunca nada a medias: o les encanta algo o lo odian, o lloran o ríen. ¡Viven intensamente! En el seno de una sociedad con la que no comulgan y que está plagada de injusticias, esa exigencia de bondad con los animales les resulta, en cierto modo, tranquilizadora, porque les permite posicionarse como actores de su propia vida.

RECUERDA

Para los padres es imprescindible comprender, apoyar y comunicar, no solo para compartir, sino también para cuidar de que el adolescente mantenga los pies en el suelo y no se refugie en el extremismo, un peligro siempre al acecho para todo aquel que busca dar sentido a las cosas.

Una y otra vez, mi hijo hace comentarios sobre nuestro modo de consumir, o incluso lo critica abiertamente, sobre todo en lo que respecta a comprar artículos de piel. Yo me limito a escuchar, sin juzgar. Si lo hiciera, sería la mejor manera de precipitar su decisión. Lo más probable es que se haga vegano. Será entonces el momento de pensar en ese tipo de cosas y guiarlo para que actúe en consonancia con sus convicciones. Y existen muchas probabilidades de que eso también me anime a mí a acompañarlo en su modo de vida.

Considera a partir de ya la posibilidad de que tu hijo opte por el veganismo y aborda con él la cuestión sin ningún tipo de tabú. Eso os permitirá saber el cómo y el porqué de su decisión.

TESTIMONIOS DE ADOLESCENTES VEGETARIANOS FELICES CON SU OPCIÓN

Théo, 16 años

Me hice vegetariano justo antes de cumplir quince años. Lo que acabó de decidirme fue la masacre de la cría de rinoceronte en el zoológico de Thoiry. Dicho así, parece un poco infantil, pero que alguien pudiera matar a un animal tan magnífico e inocente me sublevó. Ya llevaba un tiempo pensando en dejar de comer carne, pero había oído que no era conveniente hasta haber finalizado el crecimiento. Hoy sé que eso no es verdad, pero entonces me daba miedo. Por si no crecía. No entiendo por qué se matan vacas, cerdos y pollos, y no gatos, perros… Sabemos que sufren y que no son máquinas, lo sabemos y los matamos igual, a pesar de que el hombre es omnívoro y puede prescindir sin problemas de la carne. Es absurdo.

En el instituto, hubo muchas burlas. Un chico que no come carne resulta sospechoso para la gente, se le considera una chica. Se pone en duda su virilidad y su fuerza. Es duro vivir algo así. Al principio me ponía furioso, pero luego dejé de hacerlo porque eso perjudica la causa de los animales. Algunos de mis amigos intentan hacerse vegetarianos, pero sus padres no lo ven con buenos ojos, así que solo lo son cuando pueden. Soy consciente de que tengo mucha suerte por poder hacer lo que me dicta mi conciencia y ser coherente conmigo mismo. Mis padres me han dado su confianza, y eso, para mí, es muy importante.

Zoé, 16 años

Que una sea adolescente no significa que sea idiota. A mí siempre me han gustado los animales y tenía ganas de ser una vegetariana comprometida. Hace un año, descubrí el antiespecismo, una corriente filosófica que anima a luchar contra las discriminaciones basadas en la pertenencia a una especie y en la presunta superioridad de los humanos. Vi como algo evidente que comer carne de animales no era justo.

Los animales son mis amigos, y yo no me como a mis amigos. Mi madre entendió por qué me negaba a comer carne, pues ella quiere mucho a su perro. Resultó más duro para mi padre, que al principio no creía que fuera en serio.

Max, 13 años

Vi Earthlings [película documental estadounidense del año 2005, dirigida por Shaun Monson] y fue una conmoción. Entonces decidí que sería vegetariano. Mis padres lo entendieron y no me pusieron pegas.

Helena, 25 años

Recuerdo el día en que decidí hacerme vegetariana. Era un mes antes de cumplir los quince años. Me acuerdo porque mis padres no hacían más que decir que ya no era una niña y que ya estaba hecha una auténtica mujercita. Sin embargo, les costó mucho aceptar que quisiera pensar por mí misma. Mi padre tenía una crepería en la región de París. Su especialidad era la crepe de carne picada con setas y queso. Su mayor placer era hacerme una, especialmente para mí. Decirle que ahora tendría que cocinarla sin jamón era igual que salir del armario. A menudo, los padres ponen mucho cariño al preparar los platos. Si rechazas su cocina, lo viven como si rechazaras su amor.

TAMBIÉN NOSOTROS, LOS PADRES, DEBEMOS ACEPTAR EL CAMBIO

Los padres nos esmeramos al máximo cuando preparamos los platos para nuestros hijos. No se trata solo de comida, sino también de confianza y emociones. Comer bien es comer hasta saciarse, es apreciar un alimento por su sabor y sus propiedades beneficiosas. También es una especie de código, un medio de expresar una identidad y un vínculo.

Cuando en nuestra familia aceptamos el cambio a una dieta vegetariana, estábamos aceptando pasar página y dar por concluidos los muchos años jalonados con el capón de la comida navideña, las barbacoas de verano, el cordero pascual de Pascua, la bandeja de marisco en los fines de semana de Normandía… Aceptamos EL CAMBIO. ¡Ah, el cambio! Es nuestro mejor enemigo. El que nos hace encontrar lo mejor de nosotros mismos al tiempo que nos aterroriza, por la posibilidad de que amenace nuestra armonía cotidiana.

UNAS PALABRAS DE LOS PADRES QUE HAN ACEPTADO EL CAMBIO

Valérie, 45 años

Mi hija quiso hacerse vegetariana a los catorce años. A mí me costó aceptar esa opción porque no era la misma que tenía yo. Hoy la comprendo y me alegro de haberla ayudado a llevar sus convicciones hasta el final. Pero también hay que decir que, para un adolescente, no siempre resulta fácil ser vegetariano. Cuando sale por la noche, mi hija siempre se encuentra con que no tiene nada que comer. A menudo, los jóvenes piden pizzas, pero con jamón. Luego vuelve a casa muerta de hambre y se abalanza sobre la nevera. Ella dice que no le importa. Y yo intento creerla, pero no estoy demasiado convencida.

¿Y por qué no creer lo que dice? A los adolescentes les gusta reunirse por la noche y estar juntos, lejos de los adultos. Está claro que les gustan las pizzas y los kebabs, pero lo más importante es ese «estar juntos» y lejos del juicio de los padres.

En cualquier caso, seguro que un día te toca lidiar con el fiestero de tu hijo, esa noche que vuelve a casa famélico. Es un clásico, una situación que no solo exige cierta resignación para evitar preocupaciones inútiles, sino también un mínimo de anticipación.

Con el tiempo, el adolescente aprenderá a manejar (bien) la situación:

Comerá antes de salir.Comerá por el camino (comida rápida, un sándwich, tacos…).No comerá antes de salir, pero habrá pedido a los comprensivos organizadores que pidan pizzas de queso.Llevará él mismo su comida: pizza, patatas fritas, pan, queso…Seguirá llegando con hambre bastantes veces; pero es así, lidiando con determinadas situaciones, como uno aprende a anticiparse.

Un consejo: no bajes nunca la guardia y compruébalo absolutamente todo, porque los adolescentes se olvidan de todo, incluida la comida.

Pero tampoco vayas a creer que los adolescentes vegetarianos son los únicos que pasan hambre los viernes y sábados por la noche. Por si todavía no lo sabes, entérate de que comida (de cualquier clase) suele haber muy poca en una reunión nocturna de adolescentes (y, por desgracia, hay bastante más bebida).

LA OPINIÓN DE LA NUTRICIONISTA

Consejo de nutrición para adolescentes vegetarianos hambrientos: puedes comprar hamburguesas, nuggets y salchichones veganos y conservarlos en la nevera o el congelador.

Hazte también con un buen cargamento de pizzas Margarita. Una pizza siempre es una pizza, ¡incluso sin jamón!

Laetitia, 54 años

Mi hija no come carne desde los quince años. En nuestra casa, el problema surge sobre todo cuando vienen a visitarnos mis padres. Con frecuencia, mis padres se han reído de ella, con el argumento de que en este mundo hay niños que se mueren de hambre. Así que no comprenden la decisión de su nieta. Consideran que es una pose intelectual, creen que nadie tiene derecho a negarse a comer carne, que tenemos la gran suerte de poder comer hasta saciarnos.

De modo que con ellos ya no existe la misma complicidad, y creo que es una pena, porque es normal que nuestros hijos crezcan e intenten encontrar soluciones para mejorar el mundo que nos rodea.

Lucia, 48 años

Cuando mi hija me dijo que no quería comer carne nunca más, me puse hecha una furia. Me pareció otro problema más que me iba a amargar la vida y a hacerme perder tiempo. No era nada contra mi hija, sino simplemente que tenía otras cosas que hacer que pasarme el tiempo cocinando para la señorita. Cuando yo tenía su edad, me comía lo que me ponían en la mesa. Punto. Nunca me habría atrevido a decirle a mi madre que quería comer esto o lo otro. Además, ella nunca habría consentido en cocinar algo especial para mí.

TAMBIÉN TÚ REACCIONASTE MAL CUANDO TU HIJO TE DIJO: «¿CARNE? ¡NUNCA MÁS! PAPÁ, MAMÁ: SUPRIMIDA, ¿VALE?»

¡Sobre todo no te culpabilices! Los padres no somos máquinas, no somos seres perfectos. Puedes optar por mantenerte en tu postura porque el cambio te supone demasiado esfuerzo. Es mejor eso que dar tu visto bueno y, luego, echarte atrás. A todos los que se crean con derecho a criticarte, déjales claro que asumes tu decisión, porque esa causa no es la tuya y, como padre o madre, no estás obligado a decir siempre que sí a todas las peticiones de tus hijos, sobre todo cuando su salud está en juego.

Pero si estás leyendo este libro es porque tal vez te planteas otra solución. Tienes como mínimo dos opciones: proponerle a tu hijo que se haga flexivegetariano (es decir, que reduzca en gran medida el consumo de carne sin dejarla por completo) o que se vuelva pescetariano (la carne, prohibida; pero no el pescado ni los crustáceos). De ese modo, no te obsesionarás con las posibles carencias nutricionales y tendrás tiempo para saber cómo preparar algunas recetas sencillas.

Una vez pasada la sorpresa, quizá quieras volver a abordar el asunto con tu hijo. Por suerte, nunca es demasiado tarde para hablar las cosas. El diálogo te ayudará a tener una opinión más fundada, ya sea para afirmarte en tu decisión o para cambiarla y permitir que se haga vegetariano.

Pierre, 52 años

Invertir tu tiempo tratando de inculcar ciertos principios a tu hijo y descubrir que asume sus propias responsabilidades y desea ser coherente con sus convicciones es algo que, para un padre o una madre, no tiene precio. El día en que mi hija me dijo que ya no comería más carne, y sobre todo cuando me explicó por qué, para aportar su granito de arena en la tarea de mejorar el mundo, me sentí muy orgulloso de ella.

Siempre nos quejamos de que los adolescentes están pegados al teléfono móvil, haciéndose selfies o enfrascados en cualquier otra actividad estéril, como jugar a algún juego tonto o postear vídeos en Snapchat. Así pues, cuando vemos que han tomado una decisión meditada, deberíamos alegrarnos, ¿no?

¿Y SI LOS ADOLESCENTES FUERAN LOS SALVADORES DEL MUNDO?

«Cuando vi a los participantes en la conferencia de la ONU, me dije: “Un momento. ¿Y estos son los que tienen que salvar el planeta?”». Son las palabras de Greta Thunberg, una joven sueca que se ha convertido en el nuevo rostro de la militancia ecológica. Su discurso en la COP24, la cumbre de la ONU sobre el cambio climático, sacudió a todo el mundo.

Greta, 16 años

Afirman ustedes que aman a sus hijos más que a nada en el mundo, pero están destruyendo su futuro ante sus propios ojos […]. En 2078, yo celebraré mi septuagésimo quinto cumpleaños. Si tengo hijos, tal vez pasen el día conmigo. Y tal vez me pregunten por qué ustedes no hicieron nada cuando todavía había tiempo para actuar.3