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Mi hijo Francisco es un relato de la experiencia de una mamá con su hijo diagnosticado con TEA (Trastorno del Espectro Autista). Este recorrido de vida tiene distintas estaciones —el diagnóstico, la familia, la escuela—, construidas con memorias propias pero también desde reflexiones y planteos que nos interpelan como sociedad y nos ayudan a repensar la convivencia en comunidad. Siempre desde el punto de vista de la inclusión: una revolución necesaria para el futuro. Conocer a Francisco a través de la mirada amorosa y las palabras certeras de su mamá propone un desafío, y llama a formar parte de un cambio fundamental para que ninguna persona sufra exclusiones, miradas de soslayo o discriminación por ser quien es. Este relato en primera persona, a veces dulce, a veces duro, atrapa por la honestidad de sus ideas, sus miedos y recuerdos, y abre una puerta de esperanza para el aprendizaje conjunto, el crecimiento colectivo en el camino de la vida.
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Seitenzahl: 45
Veröffentlichungsjahr: 2024
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Abigail Sabrina Larracochea
Mi hijo Francisco
Autismo: otra forma de percibir la vida
EN PRIMERA PERSONA
Larracochea, Abigail Sabrina
Mi hijo Francisco / Abigail Sabrina Larracochea. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Metrópolis Libros, 2024.
(En primera persona)
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-631-6505-81-1
1. Autismo Infantil. 2. Maternidad. 3. Memorias. I. Título.
CDD 808.883
© 2024, Abigail Sabrina Larracochea
Primera edición, mayo 2024
Dirección comercial Sol Echegoyen
Dirección editorial Julieta Mortati
Asistencia editorial Eleonora Centelles
Coordinadora de edicionesJacqueline Golbert
Jefa de corrección María Nochteff Avendaño
Corrección Virginia Avendaño y Lucía Bohorquez
Diseño y diagramaciónLara Melamet
Conversión a formato digital Estudio eBook
Hecho el depósito que establece la ley 11.723. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra sin la autorización por escrito de los titulares del copyright.
Editorial PAM! Publicaciones SRL, Ciudad de Buenos Aires, Argentina
www.pampublicaciones.com.ar
A mis maestros de la vida: Ignacio, Uriel, Francisco, Valentín y Alejandro
Este libro ofrece una perspectiva personal basada en la experiencia que he vivido como madre comprometida con la condición de Trastorno del Espectro Autista (TEA) de mi hijo Francisco.
Exploro cómo esta experiencia ha enriquecido mi maternidad. A lo largo de este camino descubrí la capacidad transformadora que tiene, ya que genera efectos positivos en varios aspectos de la vida humana, como lo emocional, espiritual, psicológico, social, profesional y nutricional, entre otros.
Este recorrido refleja los desafíos que implica vivir en un equilibrio de fortalezas y capacidades personales en el aprendizaje de afrontar las vicisitudes de la vida en una sociedad moderna que abraza la globalización y la tecnología, pero que a menudo se aferra a posturas discriminatorias, por diversas razones, desde la falta de interés hasta la ignorancia. Una situación que revela la dificultad de los seres humanos para actuar en términos de verdadera inclusión, para una convivencia social enriquecedora y positiva.
Autismo: otra forma de percibir la vida.
Hablar de autismo desde la experiencia personal puede parecer poco serio. Sin embargo, la etapa empírica es un momento fundamental del método científico para confirmar o rechazar una hipótesis formulada.
Las madres y padres que tenemos hijos con discapacidad contamos con una combinación de experiencia personal y conocimientos científicos, que hemos adquirido a través de la medicina y el abordaje multidisciplinario, para comprender la realidad de nuestros hijos.
Toda esa riqueza cultivada es doblemente valiosa si es compartida. Puede servir como una guía para aquellos que comienzan su camino en la discapacidad, ayudándolos con orientación en momentos de confusión y emociones encontradas. También puede acompañar a aquellos de nosotros que llevamos tiempo recorriendo este camino, ya que de algún modo nuestra historia nos conecta y nos da fuerzas. Las experiencias, si son expuestas, arrojan luz a realidades crudas de parejas rotas, situaciones de abandono y soledad. En algunos casos, estas dificultades son tan extremas que hay quienes deciden poner fin a sus vidas, dejando huérfanos a sus hijos. Algunos de los relatos dejan entrever una parte mínima de un problema mucho más grande y doloroso.
Recuerdo como si fuera ayer el rostro apesadumbrado de una mujer de 70 años que contaba en medio de autorreproches que ella y su marido, que había fallecido hacía muy poco, no tenían hermanos, y que juntos tuvieron a su único hijo, con retraso madurativo, que en aquel momento tenía 30 años. Mientras ella contaba con lágrimas el dolor que le causaba la idea de tener que internar a su hijo en una institución para personas sin familia cuando ella ya no estuviera, era conmovedor ver la ternura que irradiaba aquel joven disfrazado de superhéroe, alardeando de su capa roja y su traje azul, jugando como un niño de 4 años en un cuerpo equivocado.
He visto el desconsuelo de padres que desconocen la voz de su hijo, porque no verbaliza, y la desolación profunda cuando, debido a autolesiones, los niños sufren daños irreversibles, como la pérdida de un sentido o una pieza dental.
También he visto la frustración de padres adultos mayores al intentar proteger físicamente a sus hijos jóvenes durante crisis o autolesiones, poniendo en riesgo su propia integridad.
Todo este dolor, que es compartido por quienes tenemos un ser amado con discapacidad, es consecuencia de esas pruebas, y se silencia frecuentemente frente a instituciones que contribuyen a invisibilizar los derechos adquiridos, así como cuando la sociedad permanece indiferente.
En discapacidad existen condiciones, grados, niveles o severidad. A esta diversidad se ajustará la personalidad. Y en el desarrollo de cada persona tendrán injerencia las variables socioeconómicas y culturales del entorno, como le sucede a todo ser humano. Si existen recursos materiales, económicos o intelectuales, pueden funcionar como facilitadores para la resolución de dificultades, pero solo nuestra capacidad de amar es indispensable para hacer posible la ayuda en todos los casos, aunque el resultado no dependa exclusivamente de nosotros.
