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Desde una perspectiva que considera a los migrantes como una parte sustancial de las sociedades, Migración. Desafíos y oportunidades en América Latina ofrece un análisis profundo del impacto de este fenómeno en individuos y sociedades de la región. El libro destaca especialmente las dinámicas de inclusión y exclusión, poniendo de relieve las dificultades que enfrentan los migrantes debido a políticas o culturas excluyentes. Enfocándose en el asentamiento como un desafío cada vez más complejo para las sociedades contemporáneas, la obra propone ampliar la perspectiva de integración. Esta expansión busca comprender las migraciones en su diversidad, complejidad y conexiones transnacionales, abordando tanto los ajustes en asentamientos permanentes como las dinámicas de inclusión y exclusión asociadas con procesos migratorios más complejos. Escrito por destacados expertos de Colombia, Chile y México, el libro ofrece una mirada fresca y esencial para quienes buscan comprender las complejidades y oportunidades en el panorama migratorio de la región.
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Seitenzahl: 300
Veröffentlichungsjahr: 2024
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Migración
Para citar este libro: https://doi.org/10.51573/10.51573/Andes.9789587986280.9789587986297
Primera edición: junio del 2024
© Universidad de los Andes, Pontificia Universidad Católica de Chile, Tecnológico de Monterrey
© Luis Sánchez Ayala, Pedro Iacobelli Delpiano, Eduardo González Velázquez (edición académica)
Aliados estratégicos de La Tríada:
Ediciones Universidad Católica de ChileVicerrectoría de Comunicaciones y Extensión Cultural Av. Libertador Bernardo O’Higgins 390 Santiago, Chile [email protected]
Universidad de los Andes, Facultad de Ciencias Sociales, Ediciones Uniandes Carrera 1.ª n.º 18 A-12, Bloque TmBogotá, D. C., ColombiaTeléfono: 601 339 4949, ext. 2133http://[email protected]
Editorial Digital del Tecnológico de Monterrey Avenida Eugenio Garza Sada 2501 Sur Colonia Tecnológico, C. P. 64700 Monterrey, Nuevo León, México https://editorialdigital.tec.mx/es
isbn N°: 978-956-14-3281-9isbndigital N°: 978-956-14-3282-6doi: https://doi.org/10.51573/10.51573/Andes.9789587986280.9789587986297
Corrección de estilo: Ana María Moraga
Diagramación interior y de cubierta: María Victoria Mora
La reproducción total o parcial de esta obra está prohibida por ley. Gracias por comprar una edición autorizada de este libro y respetar el derecho de autor.
CIP-Pontificia Universidad Católica de Chile
Sánchez Ayala, Luis, autor.
Migración: desafíos y oportunidades en América Latina / Luis
Sánchez Ayala, Pedro Iacobelli Delpiano y Eduardo González Velázquez.
Incluye bibliografías.
1. Emigración e inmigración.
2. Emigración e inmigración - Política gubernamental.
3. América Latina - Emigración e inmigración.
2024 304.8098 + DDC23 RDA
Contenido
Presentación
Raquel Bernal, Ignacio Sánchez y David Garza
Introducción
Luis Sánchez Ayala, Pedro Iacobelli Delpiano y Eduardo González Velázquez
1 Huellas migrantes: letras judías y árabes en Chile y México
Rodrigo Cánovas
2 Arte y migración 1:1
María Clara Bernal
3 Migración y cultura: arquetipos de extranjeros en Chile: 1840-1940
Enrique V. Muñoz Pérez y Pedro Iacobelli Delpiano
4 El enfoque de derechos como una oportunidad para enfrentar el pensamiento deficitario en escuelas chilenas con alta participación de estudiantes migrantes
Patricia Guerrero, Olaya Grau, Romina Díaz, Ana Hormazábal y Diego Palacios
5 Atención a menores en tránsito durante la crisis de Covid-19: el caso de los centros en la frontera Sonora-Arizona
Eduardo Tapia Romero
6 Inmigración e inclusión en Colombia
Luis Sánchez Ayala
7 La opresión global: Un nuevo lente para entender la injusticia migratoria
Allison B. Wolf
8 Del extraño que sufre a la población internamente desplazada: la emergencia de un nuevo problema
Juan Ricardo Aparicio
Conclusiones
Luis Sánchez Ayala, Pedro Iacobelli Delpiano y Eduardo González Velázquez
Directorio de autores
Presentación
Raquel Bernal
Rectora, Universidad de los Andes, Colombia
Ignacio Sánchez
Rector, Pontificia Universidad Católica de Chile
David Garza
Rector, Tecnológico de Monterrey, México
Este libro es producto del trabajo interdisciplinario de profesores y profesoras de tres instituciones líderes en América Latina: Universidad de los Andes, Colombia; Pontificia Universidad Católica de Chile, y Tecnológico de Monterrey, México, que conforman La Tríada. Esta asociación es una alianza de colaboración establecida en el 2018 entre las tres universidades no gubernamentales mejor clasificadas en América Latina en materia de innovación educativa, investigación y movilidad estudiantil y profesoral, para actuar juntos ante las oportunidades y desafíos que presenta nuestra región. Estas tres universidades compartimos el propósito de contribuir a que en América Latina se encuentren caminos y consensos para combatir la pobreza, abatir la desigualdad y lograr un futuro próspero para todos. Teniendo como bases esos principios, en el 2021 La Tríada organizó un encuentro académico, en el que equipos de las tres universidades presentaron sus investigaciones relacionadas con una de las temáticas de mayor trascendencia en la región latinoamericana: la migración.
Para el caso de Chile, el flujo de migración extranjera ha aumentado exponencialmente en la última década. Según estadística del Departamento de Extranjería y Migración, el número de visas solicitadas creció de 70 000 en el 2008 a 440 000 en el 2018. Es una población joven (40 % tiene entre 18 y 29 años; 75 % entre 18 y 44 años), en promedio con escolaridad alta y capaces de movilizarse en trayectos de varios miles de kilómetros para entrar y establecerse en nuestro país. Actualmente, residen en Chile cerca de 1,5 millones de personas nacidas en el extranjero (aproximadamente el 8 % del total de la población, el porcentaje más alto en su historia), quienes provienen principalmente de países de la región como Perú, Bolivia, Argentina y Colombia, e incluyendo con mucha fuerza la migración reciente desde Venezuela y Haití. La llegada de migrantes en una escala inédita no es un fenómeno exclusivo de nuestro país y ha generado que la política migratoria sea revisada. En el caso chileno recientemente se aprobó una nueva ley migratoria y el debate se encuentra enfocado en la articulación de un reglamento para dicha ley. A pesar de esto, el flujo migratorio regular e irregular genera situaciones que afectan la dignidad de las personas, como se ha visto en las aglomeraciones y campamentos en las fronteras de Chile con Perú (Chacayuta) y Bolivia (Colchane) en los últimos años. Este seminario aborda estos y otros desafíos regionales.
En el caso de Colombia, los procesos migratorios han sido diversos. Por un lado, el conflicto armado ha provocado un desplazamiento interno de grandes proporciones, que ha configurado y reconfigurado la dinámica poblacional del país. Según el Internal Displacement Monitoring Centre (IDMC) y el Centro Noruego para los Refugiados (NRC), con corte el 30 de junio del 2021, el número de personas en condición de desplazadas internas en Colombia asciende a 5 235 064. En ese sentido, es de esperarse que las discusiones y debates sobre movilidad en Colombia hayan estado muy dominadas por las dinámicas de desplazamiento. Por otro lado, más allá del desplazamiento interno, históricamente el país ha sido considerado como uno de expulsión, donde la emigración ha dominado los flujos migratorios. Esta emigración ha tenido como resultado más de tres millones de colombianas y colombianos residiendo en el exterior, principalmente en Estados Unidos, Venezuela y España. Por último, los procesos migratorios en Colombia han visto un aumento importante en la inmigración hacia el país. Actualmente, según los últimos datos publicados por la ONU, en Colombia hay alrededor de 1 142 319 de inmigrantes, lo que supone un 2,31 % de la población del país. Un porcentaje que en comparación con otros países parece marginal, pero que para Colombia significa una importante variación en el número de extranjeros que históricamente han hecho presencia en el país (en el 2005 el total de la población inmigrante apenas superaba las cien mil personas, representando solo el 0,27 % de la población total). Actualmente, la inmigración en Colombia procede principalmente de Venezuela, el 91,81 %, Estados Unidos, el 1,76 % y Ecuador, el 1,33 %. Sin embargo, Colombia también se ha enfrentado a otras dinámicas migratorias que han requerido de la atención del Estado. En los últimos cinco años el país ha visto un incremento importante de migrantes en tránsito, los cuales ingresan al país con el propósito de continuar en tránsito terrestre hacia Panamá, con destino final México y los Estados Unidos. Este fenómeno ha causado que se hayan visto alrededor de diez mil migrantes represados entre los municipios de Acandí, Chocó y Necoclí, Antioquia, con la intención de continuar su trayecto hacia la selva del Darién, para cruzar el límite con Panamá. En su conjunto, estos distintos tipos de proceso y flujos migratorios hacen que Colombia sea un punto importante en las dinámicas migratorias de la región latinoamericana.
En el caso de México, hoy tenemos dinámicas diferentes a las vividas a finales del siglo XX. El cambio fundamental experimentado se presenta con dos procesos distintos, a saber: las personas migrantes provenientes del sur que buscan asentarse en México y no solamente cruzar su territorio con rumbo a Estados Unidos, lo que generó que durante el 2022 se recibieran 118 478 solicitudes de refugio, la cifra más alta de la historia, lo que implica un gran reto para el gobierno de México. Por otro lado, están las personas migrantes que son obligadas a permanecer en México en tanto el Gobierno estadounidense resuelve su solicitud de asilo, convirtiendo de facto a México en Tercer País Seguro, aunque legalmente no se tenga firmado ningún convenio con Estados Unidos. De hecho, la nueva política migratoria del presidente Joe Biden obligó al gobierno de México a recibir cada mes a treinta mil migrantes de Cuba, Venezuela, Nicaragua y Haití que soliciten asilo en la Unión Americana. A estas situaciones debemos agregarle la política de deportaciones que ha puesto en marcha México, con la cual de enero a noviembre del 2022 el Instituto Nacional de Migración realizó 98 299 eventos de repatriación, lo que muestra la otra cara de la política migratoria mexicana; por un lado, se establecen condiciones de asilo y refugio para migrantes y, por el otro, continúan las deportaciones.
Estos fenómenos que se han presentado en Chile, Colombia y México, así como en toda la región latinoamericana, son multifactoriales, multicausales, multidimensionales, multifacéticos y multidireccionales; por lo tanto, la manera de abordarlos y hacer lo necesario para lograr una mejor atención y respuesta debe atender la mayor parte de sus características. Tratar de entender la migración y proponer soluciones desde una sola trinchera solo genera la fragmentación del fenómeno y sus posibles soluciones. Por ello, se impone abordarlo de manera holística para aprehender todas sus aristas.
Sin duda, antes de pensar en el derecho a la migración, se impone hacer lo necesario para garantizarles a las personas el derecho a no migrar. El derecho de permanecer en sus comunidades de origen si así lo desean. De esa manera podemos cambiar la obligatoriedad migratoria por la decisión de migrar. De lo contrario, las personas seguirán sufriendo la imposición de abandonar lo que entienden como su lugar de origen.
En caso de que los gobiernos de los países “expulsores” de migrantes no puedan garantizar el derecho a no migrar, se impone que los países de tránsito y arribo hagan lo necesario para humanizar la migración. Esta tarea pasa necesariamente por un proceso que no criminalice, discrimine y victimice a las personas migrantes, con lo cual puedan acceder a condiciones de vida dignas en los países receptores. La responsabilidad de este proceso debe de recaer en la sociedad política y civil por medio de acciones que crucen las políticas públicas, los programas de gobierno y las actividades particulares de la sociedad.
Teniendo presente el complejo contexto de los procesos migratorios, las universidades que conforman La Tríada resaltan su compromiso con la innovación educativa para incentivar y favorecer los intercambios académicos que nos permiten ofrecer una acercamiento amplio y diverso a uno de los fenómenos más sobresalientes de nuestra región. Es así como las reflexiones presentadas en este libro buscan hacer un aporte, resaltando las experiencias de los países de La Tríada, los cuales son epicentros de importantes procesos migratorios.
Introducción
Luis Sánchez Ayala, Universidad de los Andes, Colombia
Pedro Iacobelli Delpiano, Pontificia Universidad Católica de Chile y Universidad de los Andes, Chile
Eduardo González Velázquez, Tecnológico de Monterrey, México
Alo largo del tiempo la migración ha marcado de forma importante el desarrollo de países y sociedades alrededor del mundo. Sin embargo, no siempre tenemos presente la gran complejidad de los procesos que la caracterizan y de las personas y grupos que la experimentan. En este contexto, el movimiento humano que es la migración es una de las características más sobresalientes de nuestro contexto social. Los individuos y grupos han migrado sobre el espacio terrestre por una gran diversidad de razones. Sin embargo, la migración es un proceso que transforma. Tales transformaciones están ancladas en los profundos efectos que la migración tiene sobre cada aspecto de las actividades sociales, culturales, políticas, económicas, y demás, de aquellos que directa o indirectamente se relacionan con cualquier tipo de movilidad humana. La migración, entonces, no solo afecta o influencia la vida de los movibles y sus descendientes, sino que también, en diferentes rangos y escalas, afecta a la sociedad en general.
La migración, por tanto, no es un acto que ocurre sin más. Tal movimiento (entendido de mejor forma como un proceso) tiene causas, efectos y diferentes manifestaciones. Las personas se mueven, pero junto con ellas también se mueven objetos y cosas tangibles y simbólicas, como también aspectos y sentimientos, ideas, culturas, memorias, percepciones, prejuicios, e identidades. Por tanto, debemos entender la migración también por su profundo potencial para la [trans]formación de todos los aspectos que conforman nuestro contexto social.
Entender la migración desde sus implicaciones en diferentes materias sociales nos permite reconocer a los migrantes como una parte sustancial de muchas sociedades. Sin embargo, ese reconocimiento no disipa las dificultades a las que los migrantes a menudo se enfrentan en materia de inclusión. En este sentido, estas personas a menudo se enfrentan con políticas o culturas que les excluyen o marginan (Castles, de Haas y Miller, 2013; Sánchez Ayala, 2013; Samers, 2010; Castles y Miller, 2009). Es justamente en esta dimensión (inclusión y exclusión) donde este libro hace sus aportes. Nuestro trabajo aborda los desafíos asociados con la complejidad social que emerge de los procesos migratorios. Lo anterior hace referencia al surgimiento de nuevos desafíos locales (tanto en los lugares de salida como en los de destino), particularmente en materia de integración y de cómo pueden surgir formas de desigualdad y discriminación.
En este contexto para muchas sociedades el asentamiento de migrantes puede representar un desafío complejo y cada vez más importante de abordar. Desde esta perspectiva, la idea más destacada utilizada en las discusiones sobre el ajuste y asentamiento de los inmigrantes ha sido el concepto de integración (Castles et al., 2003; Favell, 2001) que se centra en la participación de los inmigrantes en la vida de una sociedad receptora. Sin embargo, es necesario ampliar la perspectiva de integración para lograr una mejor comprensión en contexto de migraciones cada vez más diversas, complejas, cambiantes, fragmentadas y vinculadas transnacionalmente. Así entonces, entendemos integración no solo como el ajuste en casos de migrantes asentándose de forma permanente en un lugar, sino también como las dinámicas de inclusión y exclusión que pueden estar vinculadas a procesos migratorios más complejos (tránsito, circulares, trasnacionales, trasfronterizas, irregulares).
Sin embargo, el desafío no solo radica en la inclusión de los migrantes, sino en la comprensión y el reconocimiento de lo que significa para los migrantes y para la sociedad en general enfrentarse a las transformaciones que sugieren los procesos de movilidad (Sánchez Ayala y Arango López, 2016). Por tanto, ampliar nuestra comprensión sobre la migración, así como las formas en las que abordamos y examinamos tales dinámicas es indispensable para enfrentar los nuevos retos que exigen sociedades más diversas y complejas. De este modo, más allá de hablar solamente de integración como “el proceso por el cual los inmigrantes son aceptados en la sociedad” (Penninx, 2005), es preciso enfatizar en la inclusión y exclusión en contextos de movilidad entre y a través de diversos contextos espaciales y territoriales. Así entonces, entendiendo la migración en términos de las competencias culturales básicas de los inmigrantes y su capacidad de interactuar en sus lugares de salida, tránsito y de llegada, donde el proceso de movilidad mismo se reconoce como multidimensional (Ager y Strang, 2008) y multidireccional (Cheung y Phillimore, 2013).
Integración y exclusión son dinámicas que involucran diversos actores, tanto en la sociedad civil como en los Estados de acogida o remitentes. Ya sea por razones o motivaciones individuales o de su grupo familiar (Lee, 1996; Todaro, 1992; Stark y Taylor, 1991), como por razones estructurales (Wallerstein, 1974; Portes y Walton, 1981), los migrantes se ven enfrentados a instituciones que son claves en su (no)incorporación en la sociedad de acogida (Délano, 2011; De Haas, 2011). En esta línea, esta propuesta se beneficia al incluir lo que Vertovec (2007) denomina “superdiversidad”, es decir, una mirada amplia a los factores que contribuyen a la formación de cada flujo migratorio (véase también De Bock, 2015).
Al dar una mirada a la región latinoamericana, la dinámica migratoria ha estado marcada por profundas transformaciones. No solo la dirección de los flujos ha fluctuado, sino que también han ocurrido cambios en las causas de los movimientos, el tipo de migrantes, los puntos de partida y los de destinos, así como las percepciones y actitudes de las sociedades latinoamericanas frente a la migración. No obstante, es posible señalar cuatro hitos en el desarrollo migratorio latinoamericano (tomando como punto de partida los fines de siglo XIX, hasta la actualidad), los cuales han marcado parte de esas transformaciones experimentadas en la región.
El primero de esos hitos está marcado principalmente por las migraciones transatlánticas que movilizó un número importante de personas a ambos lados del Atlántico. Para nuestra región, esa movilidad significó en parte la llegada de un número importante de individuos. En ese sentido, este primer momento estuvo marcado por una “inmigración”, principalmente de diferentes puntos de Europa y África. Esta movilidad se materializó con marcadas diferencias en lo que hoy conocemos como América Latina. En términos generales, el flujo migratorio se vio con mayor ímpetu en países del cono sur, en México, Brasil, Perú y Venezuela. Es así como esos países fueron considerados como los principales nodos receptores de migrantes en la región. El segundo hito fue marcado por movimientos intrarregionales. En este caso, se observan flujos entre países de la región, donde se destacan ciertos corredores en particular por el número de migrantes interactuando en tales movimientos. Algunos de los flujos más sobresalientes en ente segundo momento de las migraciones en América Latina son:
– Argentina → chilenos, bolivianos y paraguayos
– Venezuela → colombianos, ecuatorianos y dominicanos
– Panamá → colombianos y salvadoreños
– Costa Rica → nicaragüenses
– Puerto Rico → dominicanos y cubanos
Estos flujos interregionales se relacionan a las crisis económicas en las décadas de 1930 y 1940 (Aruj, 2008; Acuña y Khoudour, 2020), así como a diferentes coyunturas políticas y sociales, las cuales generaron algunos movimientos migratorios desde la década de 1960. El tercer hito en el desarrollo migratorio latinoamericano comprende los flujos migratorios significativos que han ocurrido desde América Latina hacia otros países por fuera de la región, producidos en las últimas dos décadas del siglo XX hasta la actualidad. En términos generales, estas emigraciones han dominado el panorama de México, los países de El Caribe, Centroamérica (particularmente el triángulo norte —Guatemala, El Salvador y Honduras—), Colombia y, recientemente, Venezuela. Los Estados Unidos de América se convirtió en el principal destino, así concentrando la gran mayoría de las diásporas latinoamericanas.
Este escenario diverso es desde donde partimos para presentar las contribuciones que ofrece este libro. Varias miradas, desde varias perspectivas, espacios y temporalidades. Un escenario donde se han visto cambios sustanciales en materia migratoria, donde la experiencia de cada país ha variado, teniendo, a su vez, efectos diferenciados dentro y fuera de la región. Es así como este libro, permite una reflexión académica sobre un tema de gran trascendencia actual, con la capacidad de tener profundos efectos sobre cada aspecto de las actividades sociales, culturales, políticas, económicas, y demás, diarias de aquellos y aquello que directa o indirectamente se relacionan con cualquier tipo de movimiento por el espacio terrestre. Por tanto, la publicación de este volumen ofrece la oportunidad de recopilar análisis académicos sobre las implicaciones de las dinámicas migratorias desde diferentes áreas del conocimiento. Así como también ofrece una oportunidad de ampliar los debates en materia migratoria, para incluir las dimensiones de inclusión y exclusión; expandiendo el concepto de integración al incluir en el análisis las transformaciones sociales, políticas, económicas y culturales que sugieren los procesos de movilidad entre y a través de diversos contextos espaciales y territoriales. Nuestra propuesta, por tanto, promueve un diálogo interdisciplinar, pero, sobre todo, parte de una valoración de la migración como un factor central de desarrollo para nuestros países en América Latina.
Atendiendo a que el concepto de migración es, desde una perspectiva epistemológica, polisémico y se puede aplicar a distintos casos de movilidad humana, desde el más común desplazamiento desde zonas rurales a urbanas (campo-ciudad), a fenómenos crueles como las diásporas o desplazamiento transfronterizos de civiles producto de guerras o de desastres naturales; en este libro hemos buscado incluir distintas manifestaciones de lo migratorio, pero respetando un marco de movilidad internacional y en el que el destino u origen estén en América Latina. Los autores, por lo tanto, desde sus propios trabajos de campo y estudios bibliográficos plantean una paleta de formas de concebir lo migratorio y los problemas que emergen de él, que en su conjunto enriquecen lea mirada sobre este fenómeno en el continente. Es así como la migración, entendida desde diferentes lentes disciplinares, y abordada desde diversas perspectivas dentro de la gran gama de posibilidades que giran alrededor de los procesos migratorios, es la unidad de perspectiva que aglutina los capítulos que presentamos en este libro.
El libro es también resultado de la alianza de colaboración entre la Pontificia Universidad Católica de Chile, el Tecnológico de Monterrey de México y la Universidad de los Andes de Colombia. Esta alianza, conocida como La Tríada, formalizada el 15 de agosto del 2018, parte de la realidad latinoamericana, donde a lo largo y ancho de nuestra región se observan problemas similares, por lo que es posible aunar esfuerzos para abordarlos y buscar formas de superarlos con el apoyo de las tres universidades. En ese sentido, La Tríada está comprometida de manera destacada con la innovación educativa, la inclusión y la cultura del mérito, para incentivar y favorecer los intercambios de profesores y estudiantes, la innovación curricular, la identificación de buenas prácticas, la enseñanza conjunta y el desarrollo de investigaciones colaborativas, entre otros. Es siguiendo este objetivo, que las reflexiones presentadas en este libro buscan aportar desde una temática tan importante en toda la región latinoamericana, resaltando las experiencias de los países de La Tríada, los cuales son epicentros de importantes procesos migratorios. Por tanto, este libro es una propuesta interdisciplinar y desde distintos contextos geográficos, integrando una mirada de casos actuales como pasados. Los capítulos que aquí se ofrecen permiten un diálogo entre países, así como entre temporalidades y entre lentes disciplinares.
En el primer capítulo, el profesor Rodrigo Cánovas entrelaza las experiencias e imaginarios de la migración judía y árabe en Chile y México con la literatura producida por los propios inmigrantes y su descendencia en tierras mexicanas y chilenas. En un texto que cruza diferentes ortografías migratorias, incluyendo el Medio Oriente, la Península Ibérica, las distintas Europas y América. Para el caso chileno, el autor indica que la serie árabe puede leerse como una gran saga familiar comunitaria; mientras que la serie judaica se articula desde la figura más divergente de las genealogías diaspóricas. Y como ejemplos elabora sendos análisis de las obras de Walter Garib, El viajero de la alfombra mágica (1991), y de Alejandro Jodorowsky, Donde mejor canta un pájaro (1994), entre otros. Los relatos autobiográficos de migrantes ocupan un lugar relevante en el estudio, como son los textos de Benedicto Chuaqui, Memorias de un emigrante (1995), y de Roberto Brodsky, Bosque quemado. Para el caso mexicano, la comunidad judaica fue más diversa que la chilena (y más plurilingüe). Pero pronto, los hijos y nietos de estos inmigrantes, nacidos en suelo mexicano, recrearon la memoria mosaica, con una gran variedad de temas y perspectivas, cuyas máximas exponentes son mujeres. Margo Glantz, Angelina Muñiz-Huberman, Bárbara Jacobs, entre otras, dan cuenta de una importante diversidad existente en esta pequeña comunidad. Con este estudio comparado sobre las voces inmigrantes judías y árabes en Chile y México, Cánovas concluye que sus tópicos y perspectivas de análisis generen nuevas aperturas en la discusión cultural en torno al exilio, el bilingüismo, los pueblos originarios, las minorías, la familia y la nación, y en el ámbito existencial, la situación del sujeto contemporáneo.
En el capítulo dos, la profesora María Clara Bernal explora los impactos culturales de los movimientos poblacionales. En su texto señala esta carencia y propone el contexto de la migración contemporánea como un fenómeno que constituye un reto no solo para la producción artística, sino también para las disciplinas que estudian el arte como son la historia, la teoría y la crítica de arte. Argumenta que las obras de arte se entienden como gestos simbólicos que pueden convertirse en poderosos recursos de cambio, no solo resaltar aspectos de la realidad social que usualmente son ignorados, sino también, darle voz y agencia a sectores de la sociedad que usualmente no son escuchados. Entre los casos de estudio se encuentran los análisis que hace la autora de las obras de los colectivos ScanLAB Projects y Art for Impact, y de los artistas Tania Bruguera, Miguel Ángel Rojas, Johanna Calle, y Carolina Caycedo entre otros. Se concluye que el arte en tanto práctica social cuenta con la capacidad de instaurar espacios de coexistencia de posturas distintas en diálogo, pero sin asimilación o normalización, es decir, espacios fluidos animados por la simultaneidad y el intercambio permanentes. En otros escenarios, cuando esta situación no es posible, el arte ha problematizado, hecho evidentes y hasta enfrentado los obstáculos que lo impiden.
Por su parte, en el capítulo tercero, los profesores Enrique Muñoz y Pedro Iacobelli abordan aspectos teóricos e históricos en la construcción del arquetipo del buen migrante que las autoridades chilenas del siglo XIX y principios del XX utilizaron en la confección de políticas públicas. A juicio de los autores, muchas de las tensiones que se viven en el presente entre algunos chilenos y los migrantes tienen una explicación previa, que se remontan al pasado. En otras palabras, el capítulo tiene como finalidad mostrar algunos supuestos teóricos que se encuentran tras las legislaciones chilenas que se extendieron entre los años 1840 y 1940; dichas legislaciones nacionales, sustentaron o determinaron algunos arquetipos de extranjeros buscados, como los europeos, y supusieron también el rechazo o el prejuicio contra otras nacionalidades, en este caso, algunos asiáticos. Esta discriminación se explica a partir de algunos efectos no deseados de la Modernidad, tales como la esclavitud y el racismo. Dividido en tres partes, el capítulo profundiza los supuestos teóricos, la legislación migratoria y ejemplifica con el caso de violenta discriminación contra los migrantes de China y Japón.
En el capítulo cuatro, las profesoras Patricia Guerrero, Olaya Grau, Romina Díaz y Ana Hormazábal, junto con el profesor Diego Palacios examinan los procesos de inmigración en Chile. Su análisis parte del hecho de que desde el 2012 el fenómeno migratorio no solo ha aumentado sostenida y significativamente, sino que al mismo tiempo que se ha diversificado. Para los autores, la presencia de personas migrantes en Chile ha traído consigo cambios y ha expuesto a la sociedad chilena a procesos de diversidad cultural y social, como también ha significado desafíos. El capítulo se enfoca en explorar el desafío que ha representado este aumento y diversificación de la inmigración en el sistema escolar. A juicio de los autores, existe una experiencia generalizada de discriminación con los migrantes que no es solo un problema de convivencia escolar, sino que influye en el aprendizaje. Por tanto, este capítulo muestra cómo, desde el enfoque de derechos, es necesario asegurar la convivencia cotidiana de las escuelas, para lograr un enfoque inclusivo e intercultural.
En el siguiente capítulo se examina la atención brindada en la frontera norte de México a menores en tránsito durante la crisis de COVID-19. En este quinto capítulo, el profesor Eduardo Tapia Romero aborda el caso de los niños, niñas y adolescentes (NNA) migrantes. El autor expone cómo esta población migrante se encuentra en cuatro diferentes situaciones de vulnerabilidad: (1) ser niño, niña o adolescente, (2) ser migrante, (3) viajar sin la documentación necesaria para ingresar o permanecer en el país extranjero y (4) ser repatriados involuntariamente hacia una situación de incertidumbre. Así, el capítulo se centra en el fenómeno conocido como los “adolescentes circuito”. Una situación donde los menores de edad reinciden en sus intentos por cruzar hacia Estados Unidos. El argumento central que expone el autor es que el caso de estos NNA evidencia la existencia de una política pública incompleta que no resuelve el fenómeno de los “adolescentes circuito”.
Los capítulos seis, siete y ocho ofrecen tres escenarios localizados en Colombia. En el caso del capítulo seis, se presenta un análisis contemporáneo, donde el profesor Luis Sánchez Ayala aborda el imaginario en materia de movilidad que ha predominado en Colombia. Parte de la premisa que ese país históricamente ha sido catalogado como expulsor e internamente errante, para entonces exponer por qué no se deben desestimar los flujos inmigratorios que ha experimentado Colombia. En ese sentido, su capítulo analiza la inmigración para exponer cómo tales flujos han representado, y representan, importantes influencias para las dinámicas socioespaciales del país. El capítulo se centra en explorar los retos asociados con la complejidad social que emergen de los procesos de inmigración, en relación al surgimiento de nuevos desafíos locales, particularmente en materia de integración e inclusión social. Para el autor, el examinar la inmigración en Colombia, y en general la movilidad humana, es también un llamado a entender lo que tales flujos y dinámicas implican y pudieran implicar social y espacialmente.
Luego, la profesora Allison Wolf, en el capítulo siete, examina el Estatuto Temporal de Protección para Migrantes Venezolanos (ETPMV) otorgado a esa población migrante en Colombia. Para la autora, si bien el estatuto permite que alrededor de un millón de migrantes venzolanos puedan regularizarse en el país y, con ello, acceder servicios de salud y educación, es necesario cuestionarse si el ETPMV aliviará, creará nuevas, o magnificará las injusticias migratorias que los migrantes enfrentan en su vida cotidiana. La autora aborda esta interrogante desde una perspectiva feminista, desde donde se evalúan las políticas migratorias en relación con la opresión global. Por tanto, el capítulo evalúa las políticas migratorias en virtud de sus alcances para aliviar, promover, generar, o profundizar la opresión para los migrantes.
En el capítulo ocho, el profesor Juan Ricardo Aparicio presenta una discusión sobre el surgimiento de la categoría “persona internamente desplazada” en Colombia. El autor expone posibles efectos que tal categoría ha traído para el proceso de protección, alivio y gobierno de la población “internamente desplazada” en el país. También analiza cómo las personas “entran” y “salen” de esta categoría, así como quién puede y quién no puede acceder a categorías de las emergencias humanitarias. Para su análisis, el autor parte de la premisa de que, aunque las personas consideradas internamente desplazadas no cruzan límites internacionales, sí atraviesan otros tipos de límites raciales, económicos y sociales.
Referencias
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Huellas migrantes: letras judías y árabes en Chile y México*
Rodrigo Cánovas
Pontificia Universidad Católica de Chile
Este trabajo consiste en una presentación sintética sobre la literatura producida por los inmigrantes judíos y árabes y su descendencia en tierras mexicanas y chilenas. No siendo de la raza semítica, hijos de Sem, es decir, no siendo yo judío ni paisano árabe, quisiera brevemente explicar cómo llegué a este tópico, dedicándole toda mi energía y cariño por un lapso breve pero muy intenso1.
¿Cómo llegué a dialogar con esas voces inmigrantes? El fin de la dictadura chilena significó una apertura cultural y sicosocial trascendente. Queríamos un país más tolerante, más plural, más diverso. Ello me llevó a inquirir por voces que, siendo chilenas, marcaran diferencias de orden étnico, religioso y en formas cotidianas de vida; a pensar en grupos marginados, en literaturas menores que abrieran un boquete en nuestros prejuicios. De esa pregunta surgieron dos series de relatos inmigrantes, judíos y árabes, los más numerosos y significativos de nuestra literatura. El caso judío merece especial mención, en cuanto la casi totalidad de su producción, donde concurren todas las generaciones, ocurre justamente en estos tiempos de postdictadura, como si fuera el tiempo propicio para unir origen y destino. En el caso árabe, la serie de relatos se extiende a lo largo del siglo XX, irrumpiendo recientemente la versión de las mujeres, una memoria alterna que recompone la experiencia familiar.
¿Y por qué instaurar un análisis comparado con México, tan distante de nuestro país, que está en el confín del mundo? No hay aquí una respuesta clara. La seducción de México como un país que otorgó asilo a muchos chilenos durante la dictadura, su situación geográfica que lo hace vecino de EE. UU., la tensión Norte/Sur, de carácter geopolítico y, por último, la idea de salirse del gueto de las comparaciones familiares con los países fronterizos —en este caso, Argentina— nos hizo preguntarnos cómo llegaron desde la zona del Levante, de Macedonia y de Europa del Este estos primeros inmigrantes a lugares tan remotos como México y Chile, y más aún, cómo formaron familia allí y al cabo de dos generaciones ya formaban parte de las élites de esos países, para sorpresa y desconcierto de los nativos.
En esta oportunidad, abordaremos esta amplia temática del siguiente modo: primero, en el ámbito sociohistórico, daremos información básica sobre los flujos migratorios y los rasgos culturales que definen a estos grupos; para luego otorgar visiones panorámicas acotadas sobre esta literatura. Establecido este marco, presentaremos textos que nos harán ir y venir por las cartografías de la migrancia, que abarcan el Medio Oriente, la Península Ibérica, las distintas Europas y América.
América, América, América, América
Cuatrocientos millones de personas emigran hacia tierras de ultramar entre 1815 y 1914, siendo su destino primordial el continente americano, de baja densidad poblacional, con necesidad de mano de obra barata y bajo el aura de una tierra de promisión. Desde la zona del Levante, desde fines del siglo XIX, llegan los turcos, así llamados por tener el pasaporte del imperio otomano turco, huyendo de la pobreza y las persecuciones religiosas. Los sirios y palestinos son cristianos ortodoxos, los libaneses son maronitas católicos; y hay un pequeño grupo judío. Y, ¡oh sorpresa!, la inmigración árabe musulmana es mínima y en el caso de los judíos del Levante, estos son sefarditas que perdieron el ladino y hablan árabe.
