Mindfulness - Tina Bouciguez - E-Book

Mindfulness E-Book

Tina Bouciguez

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Beschreibung

Mindfulness es la puerta de entrada para celebrar la vida, para andar por el mundo con una sonrisa pintada en la cara y agradecer sin tener por qué. O sí. Mindfulness es un bálsamo que alivia los ánimos marchitos y fortalece, en la incertidumbre, ese gran signo de interrogación que es la vida. Mindfulness es atención plena hacia nuestros sentidos, nuestra mente y la realidad tal como es, podremos encarnar lo más sagrado de nuestra propia existencia. Mindfulness no es un camino largo, al contrario, es el camino que nos ayuda a renunciar a todo aquello que hemos cargado sobre nuestras espaldas. Mindfulness no es una práctica, no es dejarse llevar por el vaivén de las olas, flotar con la música, ni tratar de ser buenos. Mindfulness es desarrollar una atención cada vez más plena, para transitar esta vida como una experiencia auténtica. Mindfulness es un camino vital de libertad.

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Seitenzahl: 277

Veröffentlichungsjahr: 2022

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TINA BOUCIGUEZ

MINDFULNESS

UN CAMINO VITAL DE LIBERTAD

Del nuevo extremo

Índice
Portada
Portadilla
Legales
PRÓLOGO
INTRODUCCIÓN
CAPITULO I QUÉ ES MINDFULNESS
CAPITULO II MINDFULNESS Y ANSIEDAD
CAPÍTULO III MINDFULNESS Y MENTE
CAPÍTULO IV MINDFULNESS Y NEUROCIENCIAS
CAPÍTULO V MINDFULNESS Y ACEPTACIÓN
CAPÍTULO VI MINDFULNESS E INTELIGENCIA
CAPÍTULO VII MINDFULNESS Y EMOCIONES
CAPÍTULO VIII MINDFULNESS Y COMPASIÓN
CAPÍTULO IX MINDFULNESS Y CREATIVIDAD
CAPÍTULO X MINDFULNES Y HERRAMIENTAS PARA
CAPÍTULO XI MINFULNESS Y ESTRÉS
CAPÍTULO XII MINDFULNESS Y EL NO SABER
CAPÍTULO XIII MINDFULNESS Y SOLIDARIDAD
ACERCA DEL CONOCIMIENTO
SOBRE CRISTINA BOUCIGUEZ
BIBLIOGRAFÍA

Tina Bouciguez

Mindfulness : un camino vital de libertad / Tina Bouciguez. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Del Nuevo Extremo, 2021.

Libro digital, EPUB

ISBN 978-987-609-807-6

1. Meditación. 2. Superación Personal. I. Título.

CDD 158.128

© 2021, Tina Bouciguez

© 2021, Editorial del Nuevo Extremo S.A.

Charlone 1351 - CABA

Tel / Fax (54 11) 4552-4115 / 4551-9445

e-mail: [email protected]

www.delnuevoextremo.com

Correcciones: Mónica Piacentini

Diseño y compaginación interior: Dumas Bookmakers

Ilustración y diseño de tapa: Caru Grossi

Primera edición: septiembre de 2021

Primera edición en formato digital: diciembre de 2021

Versión: 1.0

Digitalización: Proyecto 451

ISBN 978-987-609-807-6

Reservados todos los derechos. Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida por ningún medio sin permiso del editor.

Hecho el depósito que marca la ley 11.723

A mi familia: Carlos, Dolores, Santiago, Emilia, Catalina, Manuel, Charo, Chili y Alejandro.

A mis amigos.

A mis pacientes y alumnos.

A mis profes y compañeros de taller.

Con todos ellos construyo mi vida.

AGRADECIMIENTOS

A todos mis maestros: los que pude tocar, los que conocí en los libros y a tantos desconocidos que me enseñaron, quizá sin saberlo, lo que jamás encontré en un papel o en una plegaria.

A la Editorial Del Nuevo Extremo, que continúa trabajando con ahínco en la realización de buenos libros. Un cariño especial a mi editora, Mónica Piacentini, por su amorosa paciencia.

Y por sobre todo, a mi amiga-hermana Virginia Gawel. Sin ella, yo no estaría acá y nadie estaría leyendo este libro. Ella cree que es una persona; en realidad, es el amor, la luz y la verdad.

PRÓLOGO

Este libro tiene escondida una brújula; en parte, la insinúan sus palabras, pero quienes realmente la encuentren serán quienes transiten las prácticas que su autora propone. ¿Para qué? Para vivir una vida Viva.

¿Cuáles son las cualidades cardinales cuya expresión nos avisa que estamos orientando nuestra brújula hacia nuestro real Destino? Son aquellas que las personas más esclarecidas expresan como algo natural, sin esfuerzo (aunque las hayan traído a la luz con enorme constancia en prácticas, como las que entre estas páginas se proponen). Podrían ser más, pero enumeraré las que, en mi interior, considero fundamentales:

conservar estabilidad emocional, sean cuales sean nuestras circunstancias; capacidad de generar silencio interno, tanto en la soledad como en la interacción con el mundo; claridad de visión, a medida que retiramos nuestras proyecciones y percibimos cada vez más objetivamente; disposición a colaborar con actitud altruista respecto de los sufrimientos ajenos que podamos mitigar; habilidad para disfrutar saludablemente, con un gozo intencionalmente trabajado, tomando todo lo bello que la vida nos ofrezca, con atenta gratitud.

Toda persona puede, con las herramientas adecuadas, desarrollar estas cualidades, ampliando su identidad de una manera positiva, esencial, hacia una congruencia ajustada a lo mejor de sí misma.

El modo en que Tina propone estas prácticas de Mindfulness es asertivo y bello a la vez: su manera de elegir las palabras se asemeja a cómo un diseñador de joyas escoge cada pieza para engarzarla con la siguiente, y gestar algo original y precioso. Su trayectoria como Psicóloga le otorga esos aprendizajes que no devienen de los libros, sino de leer a los demás, a la vez que uno se lee a sí mismo en la tarea de acompañar a otros. Y su perseverante Camino, andado paso a paso desde su espíritu inquieto, convierte en sabiduría lo que podría ser solamente información. Así, a través de estas páginas, Tina nos invita a asombrarnos ante quienes somos, y a ir incorporando aquello que nos permitirá tomar la propia vida como un monasterio, un ámbito de entrenamiento, apto para que se activen nuestros más valiosos talentos.

Estos recursos no solo transforman nuestro presente, trayéndonos una y otra vez al Ahora -poco a poco con menor distracción-; también modifican nuestro pasado, pues el modo en que comenzamos a mirarlo (aun en sus facetas dolorosas) va desguazándolo del sinsentido; se intuye que, de alguna manera, todo fue necesario, y, en vez de padecer que haya existido el dolor inevitable, lo tomamos como cimiento para una identidad resiliente, sin lástima de sí, templada y pulida, como una pieza de orfebrería en la que el orfebre somos nosotros mismos.

También este trabajo sobre sí modifica nuestro futuro, pues somos, más que nada, herederos de nosotros mismos. Quien eres mientras estás leyendo estas palabras le debe mucho a quien fuiste antes: hace unas horas, hace unos meses, hace unos años… Es más: quien fuiste es digno de agradecimiento por todo lo que haya hecho acerca de su futuro…¡que eres tú: la persona del hoy! No hay duda de que quien trabaja sobre sí se genera un porvenir muy distinto del que tendría sin ese esfuerzo consciente: heredará un cerebro cuyas conexiones se habrán rediseñado ante cada práctica ejercitada, y se legará a sí mismo otras emociones, otro modo de pensar, otra manera de actuar que los que hubiese tenido sin ese Intento persistentemente sostenido, cada vez con mayor lucidez, y con más espacio para que aquellas cualidades cardinales le orienten hacia el propio Norte.

Y quienes busquen entre estas prácticas recursos amables y efectivos para ayudar a otros (terapeutas, educadores, instructores de prácticas psicocorporales, etc.) hallarán que, a medida que cada ejercicio, cada concepto, se vuelve íntimo de tanto transitarlo, se puede transmitir en cualquier tarea que despleguemos, pues en cada una de ellas, para nuestra evolución y la de todos, se necesita conciencia de sí: ese es el núcleo al que lleva cada capítulo de este libro.

Tina es conocedora de la simbología de distintas tradiciones de lo Sagrado. Me permito, en honor a ello, tomar la metáfora del Génesis en la que Adán y Eva deben comenzar la historia de la Humanidad: el relato dice que les fue dado un Jardín (o, en otras traducciones, un Huerto). Eso era el Edén: un lugar para labrar. Y eso sigue siendo: el paraíso perdido, internamente es esa Esencia primordial que los condicionamientos fueron tapando, hasta que quedamos, alguna vez, desconectados de ella. Sea un Jardín o sea un Huerto, ambos son metáforas de una tierra que debe ser desmalezada, carpida, sembrada, ejerciendo, en totalidad, el discernimiento para reconocer cada hierba, cada fruta, cada plaga, cada pájaro, cada insecto, cada árbol de ese Huerto, de ese Jardín… Así es mirarse por dentro: la tarea inagotable y fascinante de discernir todo lo que somos, todo lo que hay en nosotros, y todo lo que está queriendo abrirse paso para Ser. Tina sabe, con sus palabras, despejar nuevamente el camino para volver a Casa.

Este libro será un gran compañero de Camino, tanto para peregrinos que ya lo estén andando desde hace mucho tiempo, como para quienes estén dando sus primeros pasos en la Gran Travesía. Se trata, sí, de Psicología, pero también de una ciencia de lo Sagrado, más allá de toda creencia. Como dijo el luminoso maestro vietnamita Thich Nhat Hanh: No es una cuestión de fe: es una cuestión de práctica. Resacralizar nuestra vida a través de la experiencia no solo es necesario para cada uno de nosotros como individuos: es, en este punto en el que se encuentra nuestra Familia Humana, un imperioso requerimiento para que el Sentido nos enhebre a todos, hacia un futuro lúcido y sensible. ¡Que así sea! Gracias, Tina, por brindarnos tus bien ganados saberes, y tu diamantino corazón.

Virginia Gawel

Mayo de 2021

INTRODUCCIÓN

Hoy me resulta grato decir que Mindfulness es la puerta de entrada para celebrar la vida, para andar el mundo con una sonrisa pintada en la cara y agradecer sin tener por qué. O sí. Mindfulness es un bálsamo que alivia los ánimos marchitos y fortalece, en la incertidumbre, ese gran signo de interrogación que es la vida.

Desarrollando atención plena hacia nuestros sentidos, nuestra mente y la realidad tal como es podremos encarnar lo más sagrado de nuestra propia existencia. Y no es largo el camino, al contrario, el camino lo hacemos largo al resistirnos a renunciar a todo aquello que fuimos juntando: hábitos, creencias, prejuicios, miedos y cuantas cosas cargamos sobre nuestras espaldas. La atención plena está allí, en nosotros, no hay ningún lugar adonde buscarla. Soltemos los lastres y acontecerá.

Pero mi vida no siempre fue así. Hace años, cuando empezaba a andar, era una huérfana buscando a tientas un nido. Allá lejos, sospechaba la meta, el espacio virtual donde confluían peregrinos de tantas búsquedas; pero era un espejismo, un punto de llegada evanescente.

Mi derrotero fue largo, cambiante, con largos romances con la luz y tramos oscuros, tan incomprensibles como inevitables. El desencuentro me generaba tristeza, frustración y la certeza de estar haciendo algo mal, de no ser lo suficientemente buena.

El primer paso hacia la libertad fue desprenderme del catolicismo heredado para correr, seducida, tras los primeros gurúes llegados de la India a Norteamérica. Esalen era la Ciudad Santa, el botafumeiro de Santiago de Compostela; por fin el Sango Grial había dejado su recorrido subterráneo. Los Templarios de los ‘70 blandían sahumerios y recitaban la Bhagavad Guita. El misticismo estaba en la superficie y al alcance de quienes podían aunar disciplinas desconocidas. El ascetismo y la seriedad de nuestros monasterios se cambiaron por el sonriente silencio de los ashram, donde el amor se expresaba en la acción, en el servicio hacia los otros. Este prójimo “pobre de espíritu” occidental, cambió de categoría al ser saludado con un Namasté (“me reverencio ante ti”). Esta palabra implica la idea de que todas las personas comparten la esencia divina, la energía universal. El Dios aprendido distante pasó a ser una divinidad inmanente, el mundo perdió la connotación de valle de lágrimas, un lugar negativo a trascender. Así llegaron los mantras, palabras cuyo significado no conocía, repetidas hasta que su esencia encriptada impregnara nuestros corazones. Ese mantra, elegido por nuestro maestro y susurrada como secreto, sería una llave de acceso a otro nivel de conciencia.

Las ciencias de vanguardia acompañaron la movida. Así aprendí un poco de física cuántica y los principios que darían sustento a cuestiones que la física newtoniana dejaba afuera. En lenguaje comprensible para mi humilde formación en ciencias duras, las cosas podían estar acá y allá, al mismo tiempo: el principio de incertidumbre.

La materia era algo que se iba conformando a medida que el campo se hacía más espeso y podía “desespesarse” y volver a hacerse campo. Materia y energía dejaban de ser antagónicas. Verán que mi traducción de esos principios a palabras propias está atravesada por una subjetividad tan vergonzosa que solo me las permito tratando de explicar el camino de un buscador.

La idea fundante era la conciencia concebida como un sistema abierto. Un aporte de energía la volvía inestable, generando un sistema (la misma conciencia) cada vez más amplio y complejo. Esta es mi paupérrima traducción de la “Teoría disipativa de energía” por la cual Ilya Prigogine obtuvo el Premio Nobel de Física. Así nos sumergimos en horas de meditación, esperando la energía y el cambio. Los más arriesgados fueron tras Stan Groff y sus pruebas con LSD para generar estados alterados de conciencia. En esa época, Castaneda aportaba lo suyo con las enseñanzas de su brujo maqui Don Juan y los humos del peyote. Mi búsqueda terminaba en ese límite: ni tomar ni fumar, ni siquiera la enaltecida marihuana. No me convencía la idea de acceder a un estado de bienestar por medios artificiales. Para confusión me alcanzaba con la propia. Intuía que no podía ser por ahí. Yoga, bioenergía y adyacentes aportaban granitos de arena, pero el “qué” de la cuestión seguía estando en el universo de lo ajeno.

El problema de todos estos caminos era que abrazaban solo una parte de la realidad: la luz, la bondad, la calidez, la alegría, la empatía, la tolerancia y todas las virtudes teologales de cuanta religión pueda existir en nuestro vasto y variopinto mundo. Y así pasé años tratando de ser luminosa, buena, alegre, empática… ¿Pero dónde podía ubicar la oscuridad, el enojo, el miedo, la envidia, la tristeza y todo lo que me angustiaba, con solo advertir que estaban ahí?

John Lennon y Yoko Ono desnudos, fumando hierba y leyendo, fueron el moño del paquete foráneo. Quizá, volviendo al seno de nuestra cultura, pudiese encontrar la paz duradera.

La hija pródiga volvió al redil. Me acerqué a una comunidad monástica, estudié teología, formé parte de una escuela de oración y el reencuentro con mis raíces me dio serenidad y, sobre todo, pertenencia. Pude volver a poner los pies adentro de mis zapatos. Pese a haber sido lo más rigurosa que pude en el ejercicio de la virtud, el hábito no hizo en mí al monje; solo me envolvió en un ropaje artificial y asfixiante, una especie de corsé que sujetaba lo que no debía escapar. ¿Qué podía hacer con mis pecados capitales?

Tuvieron que pasar varios años para que me animara a empezar otra vez de cero, “tanto andar y estoy siempre en el principio”, escribí en un poema, casualmente llamado Camino. Di vuelta la página de la obediencia ciega a los dogmas y, más desnuda que nunca, empecé a vaciar la mochila. Me decidí a renunciar a modelos paternalistas, conservé los pedazos que resonaban en mí como ciertos y dejé libres los casilleros para los cuales no tenía piezas.

La incertidumbre dejó de ser una teoría y pasó a ser una parte constitutiva de mi esquema de pensamiento. Me animé a no saber y a poder vivir con eso. Yo no había hecho el Universo, por lo tanto, podía mirarlo sin sentirme responsable. Ese pensamiento, que parece tan simple, fue el gran salto hacia la libertad. El mundo no es como nosotros queremos que sea, ni como necesitamos. Aunque nos enoje, nos frustre y saque a la luz la más cruda impotencia, nuestro mundo es un modelo de opuestos: bueno-malo, luz-tinieblas, egoísmo-generosidad son indisolubles parejas ensambladas. Solo podemos ver la luz en contraste con la oscuridad. Si todo fuera resplandor, seríamos ciegos; nada tendría forma, porque no habría contrastes.

En un infinito abanico de grises está inscripto nuestro devenir. Todo eso que negamos, rechazamos o queremos barrer debajo de la alfombra sigue estando ahí. Lo sabemos. Damos mil rodeos para no pisar el montículo, pero al menor descuido nuestros pasos nos llevan inexorablemente hacia la zona de peligro y, al pisarlo, las plantas de nuestros pies denuncian a los intrusos. Lo negado es un imán. Hay un ejemplo simple para explicar eso: supongamos que tenemos una pequeña llaga en una encía y duele, la lógica indicaría evitar rozarla, sin embargo, la lengua se empeña en repasarla continuamente, hasta duplicar el tamaño y la molestia. No es ni bueno ni malo, así somos.

Mi encuentro con Mindfulness fue lo que en Psicología Gestáltica se llama una experiencia. ¡Ajá! Creo que la expresión se pinta sola.

Mindfulness no es una práctica, no es dejarse llevar por el vaivén de las olas, flotar con la música, ni tratar de ser buenos. Mindfulness es desarrollar una atención cada vez más plena, para transitar esta vida como una experiencia auténtica. Por fin lo había encontrado, no había nada para hacer: Mindfulness es una manera de estar en el mundo.

El sentido de este libro es ayudar al buscador a asomarse a esa atención plena, y permanecer allí. Si bien no hay ejercicios específicos, voy a brindar un escalón tras otro de las diferentes prácticas que me han resultado útiles a mí y a quienes han participado de mis cursos y talleres durante años.

Algunas líneas de autoconocimiento parten de presuponer como punto de partida una mente serena, el control de la respiración. Pero en realidad, esa calma es un punto de llegada. Cerrar los ojos, respirar profundo y repetirse “me siento bien”, nos sumerge generalmente en la primera frustración. El deseo no es suficiente. Mientras estemos agitados por pensamientos que irrumpen sin golpear la puerta, cuando el cuerpo tironea de manera casi irracional tras deseos absurdos y el universo emocional sea un conjunto de emociones desafinadas, mal podremos acceder a una conciencia plena.

A través de estas páginas encontrarás el hilo conductor teórico que fundamente cada práctica, pero el acento está puesto en brindar herramientas concretas. La atención plena es una tendencia… La vida no “es”, ¡la vida es “siendo”!

Mindfulness, un camino vital de libertad

El tiempo gira a un ritmo vertiginoso, las cosas se suceden en tramas multidimensionales, miríadas de espirales se envuelven sobre sí mismas tragando una idea tras otra, un acontecimiento tras otro.

Un vínculo desdibuja al anterior; el hilo del ovillo se adelgaza, se corta, se enreda. Un proyecto deseado pierde categoría y queda en el estante del olvido y el sentido se recuerda, si hay suerte, alguna noche de nostalgia.

La demanda social, el clamor del cuerpo, las vanidades, los miedos, la complacencia nos divorciaron de nosotros mismos. Y aunque nos cueste reconocerlo, ese enjambre confuso y dislocado en el cual se desenvuelve nuestra existencia cotidiana es justamente nuestra vida.

Quizá haya algo llamado Destino al cual tengamos que reencontrar; o quizá nuestro destino sea una melodía a componer, un futuro a construir por un ser humano que quiera definirse como dueño de su existencia.

La vida no es eso que haremos luego, cuando tengamos mejor salud, cuando nuestras obligaciones cesen o cuando la diosa fortuna nos señale con el dedo y diga “ahora”.

La vida es esto que hacemos en el “mientras tanto”, en el “durante”, en este corte del tiempo en que nuestra vida se manifiesta.

Una vida feliz, en un sentido amplio y crecido, es una vida elegida en medio de los avatares cotidianos, de las aguas tumultuosas de amores y desamores, éxitos y frustraciones, y todo aquello que nos hace decir que “la vida es injusta”.

No se puede esperar un tiempo mejor para vivir porque no hay nada que sea mejor: solo hay una sucesión de acontecimientos cambiantes, azarosos y, a nuestro entendimiento, sin sentido.

Esa inquietud, ese desencuentro con nosotros mismos, es la manifestación de un dolor generalmente desestimado: el dolor psíquico. La desatención sistemática genera ansiedad y un tipo de vida tóxico. En cambio, la observación atenta y no crítica, sin evitación ni escape, va produciendo una desensibilización a dicha ansiedad. ¿Por qué? Porque el cerebro puede cambiar a través de la práctica de Mindfulness. La paz no se produce de afuera hacia adentro, repitiéndonos de mil maneras “me siento bien”. El proceso va aconteciendo desde adentro; a medida que el ruido se va acallando, la paz acontece. La paz no es una existencia gris, sin sobresaltos. La paz es un estado vibrante de una vida plena en acción.

Reestablecer un vínculo amable consigo mismo y con la realidad es el camino para una vida libre y conscientemente elegida.

La práctica de Minfulness reduce el estrés, la ansiedad y equilibra las emociones. Las modificaciones que suceden en el cerebro, demostradas hoy por las Neurociencias, favorecen el pensamiento positivo, la empatía y el optimismo. Hablaremos de ello más adelante. El mundo está cambiando, las fronteras se perforan. ¿Imaginarías años atrás que un grupo de monjes budistas se hubiesen sometido a experimentos de laboratorio, en universidades occidentales, para demostrar fehacientemente el efecto de la meditación en el cerebro? Ya lo verás. ¿Escuchaste hablar de Matthieu Ricard, conocido como el hombre más feliz del mundo? Es un monje budista. ¿Suponés con esto un lama tibetano, hierático, ajeno a nuestra cultura y con un pensamiento impenetrable para el pensamiento occidental? Error. Es Doctor en Biología, criado en la élite parisina, que dedica parte de su vida a dar conferencias por el mundo, donde llena pizarrones con fórmulas que explican claramente el motivo del cambio climático. Tuve el honor de conocerlo cuando estuvo en Buenos Aires, impulsando un movimiento que llama la Revolución Altruista. Pocas veces estuve en contacto con una persona con tanta alegría y vitalidad desbordante. Obviamente, cultor de Mindfulness, como monje zen que es. Las buenas compañías me regalaron una platea en primera fila. Tengo increíbles fotos cercanas suyas, con su mediana panza que levantaba el sari naranja. ¿Por qué menciono esto? No es un faquir piel y huesos sentado sobre una cama de clavos. Es una persona que claramente come, viaja en avión, estudia y convida una risa magnética y contagiosa. ¡Es una persona! Ya llegaremos también a él.

CAPITULO I

QUÉ ES MINDFULNESS

Mindfulness es una palabra que no tiene traducción exacta al castellano, pero se define como atención plena o conciencia plena.

El encuentro de la Medicina y la Psicología occidentales con conocimientos orientales milenarios es una aspiración que han tenido muchos pensadores de diferentes disciplinas. Jon Kabat-Zinn, su creador, ensambló la sabiduría que subyace en diferentes filosofías y espiritualidades con la claridad de las Neurociencias, que hoy explican los procesos que acontecen en la mente.

La vida actual, con su interminable sucesión de demandas nos hace perder el eje, atiborrando nuestro cerebro con estímulos visuales, auditivos, kinestésicos, etc. El cansancio y empobrecimiento de la calidad de vida suelen ir aparejadas con la pérdida de sentido, acorde a existencias que se desarrollan en un mar de obligaciones y falta de tiempo.

El martillar veloz de nuestra mente, es una respuesta adaptativa al bombardeo, solo que, cuando los estímulos cesan, nuestra mente sigue trabajando a marcha forzada. Así es como llegamos a la noche deseando descansar, para encontrarnos atrapados en una mente que no puede parar y nos mantiene en vela. Y esa mañana, que debiera encontrarnos llenos de entusiasmo, enfrenta a una persona a la que le cuesta inaugurar el día.

En algún punto del camino nos perdimos de nosotros mismos para quedar como espectadores de sucesos automáticos (pensamientos y acciones asociadas), que se manifiestan como un caballo desbocado que no nos pertenece, pero nos encadena a ser su testigo.

Papas o margaritas

Muchos años antes de que se acuñara el término Mindfulness hice un retiro de inspiración budista, donde la búsqueda era, y sigue siendo, el desarrollo de la conciencia presente, el mismo concepto bajo otro nombre. Esta es la raíz oriental de Mindfulness: el budismo zen.

Llegué buscando el estereotipo, ambiente silencioso, solemne, la impecabilidad en todo sentido y el bagaje intelectual complejo. Todo se rompió en pedazos con la primera consigna. La indicación consistió en centrar la atención durante tres minutos en un acto, lavar una papa.

¿Lavar una papa? ¿Tanta ilusión en este retiro para inaugurarlo lavando una papa? Tenía referencias de experiencias semejantes, donde habían tenido que deshojar una margarita. Pero a mí ¿me había tocado una papa? Ya me fastidió agarrarla, porque pese a haberla puesto en un bol, me ensucié los dedos con tierra. El agua me los lavaría, pero también arrasaría el perfume a jazmín que había elegido para ese día, suponiendo que mis sentidos estarían embelesados con él y eso elevaría mi espíritu. En mi imaginario, un aspirante a aprendiz no lava una papa.

El agua resbalaba lentamente sobre la papa mientras mi mente era una catarata de protestas. Me sentía contrariada, un impulso infantil me alentaba a irme; esto había empezado mal, seguramente terminaría peor. Y se avecinaba la primera exposición: relatar la experiencia. ¿Diría que había sido “interesante”, esa palabra desteñida y desafectivizada? ¿O trataría de despertar simpatía solidaria explicando mi frustración, esperando consuelo?

Nada de eso pasó. No hubo ninguna pregunta. Tuve que quedarme con mi papa lavada puesta en mi cabeza durante horas, hasta que llegamos al nudo crucial de una mente desatenta e inquieta: el diálogo interno. Me alegré de no haber quedado expuesta como una colegiala quejándome de la papa. La papa no era el problema, los tres minutos habían bastado para mostrarme que ni siquiera había comprendido el problema. Podría haber deshojado margaritas o pulido brillantes. Mi mente encasillaba, adjudicaba valor y en base a eso calificaba la experiencia. La conciencia presente, hoy diríamos atención plena o conciencia plena, no estaba ni sospechada. Mis tres minutos iniciales se habían perpetuado por horas en una batalla campal dentro de mi cabeza.

A la distancia, podría hacer una interminable lista de lastres con los que había llegado ese día: reverenciar la solemnidad del silencio, la soberbia disfrazada de alegría por haber sido aceptada, el perfume espiritualizador, los prejuicios (“si empezó mal, terminará mal”), el desprecio por la papa (algo enterrado y sucio), la nostalgia por la margarita, mis personajes internos enfrentados, las ganas de hacer un berrinche, la falta de humildad, de entrega y de estar abierta a la experiencia, pensar como opción decir la verdad o disfrazarla, anticipar un juicio, la necesidad de agradar y buscar un lugar en los otros. Y podría extenderme más.

Con ejercicios como ese, suelo empezar el primer encuentro de Mindfulness. La humildad es una buena herramienta que disuelve las armaduras más sólidas. Sonreír ante los propios errores, minimizar los ajenos. Nadie es tan importante como para no poder lavar una papa y sorprenderse con lo que pasa en uno cuando esas manos tocan “esa” papa y “ese” agua.

Nuestra vida no transcurre en un retiro de silencio y, en la vida, tendremos cien papas por cada margarita.

Te invito en este momento a dejar la lectura, buscar cualquier objeto cercano que puedas lavar y ponerlo bajo el agua. Durante tres minutos abrí y cerrá los ojos, mové tu objeto, sentí el agua, la temperatura, dejate llevar y ampliá tu atención para abarcar esta experiencia y los pensamientos o emociones que aparezcan. Te sorprenderá la cantidad de intrusos que van a participar de esta escena. Una excelente idea es anotarlos luego. La memoria disuelve lo que no encaja en su patrón. En un rato habrás perdido la mitad de los hallazgos.

Quizá pienses que este no es un buen momento para hacerlo, que preferirías seguir leyendo y hacerlo más adelante. “Más adelante” es el estandarte del ejército que va por la vida adormecido. La vida está en el corte del tiempo en que las cosas se presentan. “Más adelante” aparecerá lo que deba acontecer en ese tiempo. Pero esta propuesta corresponde a este momento, en cualquier situación que estés. Empecemos a pensar que la vida es desprolija, irrumpe fuera de tiempo o de lo que nosotros consideremos de manera preconcebida que lo es. “Después” es una fantasía, una palabra, no es un hecho que tenga existencia real. La eternidad no es un futuro que no termina nunca, es la conciencia plena en el momento presente. Y hasta que eso no sea experiencia, no será más que una frase. Así que nuestra mejor opción es empezar ya con la papa o algo similar que esté al alcance de la mano.

Ver esa papa por primera vez, darme cuenta qué perciben mi olfato, mi oído, mi vista, qué emoción pura acorde a la situación aparece y que pensamiento ordenado forma parte del concierto, hacen de mi experiencia de lavar la papa un hecho único, sagrado, de la vida que se manifiesta en todo su esplendor es este instante. La papa está en mí y yo vivo en ella, estamos juntas en esto. Un atardecer, un colibrí o una papa son diferentes máscaras de lo mismo. Es la vida eterna que se expresa, y mientras no pueda reverenciar la papa, todo lo que busque seguirá irremediablemente lejos.

Ver un mundo en un grano de arena y un cielo en una flor silvestre, tener el infinito en la palma de una mano y la Eternidad en una hora. William Blake

MINDFULNESS. PILARES

La experiencia que acabo de relatar es mucho más compleja de lo que puede parecer a simple vista. La lista de elementos descritos corresponde a diferentes categorías. Para dar un orden, empecemos por los pilares de Mindfulness.

La atención plena se basa en cinco pilares:

Aquietamiento de la menteAutoconocimientoAceptaciónExploración sensorialExploración emocional

PRIMER PILAR: Aquietamiento de la mente

Nos abocaremos en principio al silencio interior. Para aquietar la mente, tendremos que reaprender una actitud que hemos perdido: estar atentos a la experiencia.

Pensemos que el proceso de evolución de la vida duró millones de años, y por lo menos, acorde a lo que conocemos del cerebro, está sin completar, amén de haber zonas mudas de las cuales todavía no se conoce la función.

Cada modificación en la especie implicó muchísimo esfuerzo, ya que es infinita la cantidad de elementos concatenados en cada movimiento. Los resultados fueron saltos gigantes en la vida subsiguiente. Imaginemos el cambio en nuestra escala zoológica cuando logramos oponer el pulgar y formar la pinza. O la bipedestación. Nuestros reiterados dolores de espalda nos recuerdan que no siempre nuestra columna estuvo erecta.

Cada adquisición se atesoró en el haber. Para seguir avanzando, cada logro se guardó como hábito; ya no hace falta destinar más recursos que los invertidos en ese lugar. La naturaleza avanza en piloto automático en lo ya incorporado, para poder invertir en búsquedas innovadoras y los movimientos necesarios para lograrlos. Tampoco avanza a ciegas. Todo paso tiene un porqué.

Nuestro cerebro, como mecanismo ancestral, tiende a la economía, a gastar lo menos posible. ¿Cómo hace para ahorrar energía? Repasemos un poco: un organismo se encuentra en estado de equilibrio, de homeostasis y aparece un estímulo que rompe ese equilibrio. La situación demanda encontrar la manera de reestablecerlo. El cerebro, a velocidad inusitada, despliega un abanico de ideas preconcebidas para evitar la inquietud que provoca lo desconocido. Revisa entre los viejos archivos, buscando un dato del pasado que lo torne familiar, con lo cual lo nuevo queda irremediablemente perdido en los laberintos subjetivos. La posibilidad de aprender se perdió y nos encontramos navegando las cómodas y repetidas aguas personales. O sea, nuestra ilusión de hacer historia con un guion innovador se escribe, sin saberlo, en hojas color sepia. Esta forma de desplazamiento es de revolución: se describe un movimiento de giro, pero para volver a pasar por el mismo lugar. Esa es la opción, navegar aguas seguras, vivir películas remixadas, la ceguera nos protege y las compramos como estrenos.

Para estar atentos a la experiencia, necesitamos acallar esas voces del pasado. Ante un hecho que resuena como similar, se activa toda una cadena de asociaciones que tapan el hecho en sí, con frases como “ya sé, me acuerdo, es igual a tal, se parece a cual…”. Una mente quieta contempla de manera curiosa, vivaz; no enmascara la evidencia con telarañas apolilladas. Enfrenta esa experiencia tal como aparece, aquí y ahora.

Para graficar algunos conceptos, como el aquietamiento de la mente, se pueden utilizar diversas imágenes. El vaivén de las olas, la arena que se escurre entre los dedos, la gota de rocío en la hoja que inclina la caña de bambú… imágenes exquisitas, pero alejadas de lo cotidiano. Si al hablar de Mindfulness nos referimos a la vida tal cual es, sería más acertado buscar un ejemplo cercano. Supongamos que estamos sentados en el jardín una espléndida tarde de sol, la mezcla de aromas nos envuelve, el canto de los pájaros nos impregna y nuestro vecino decidió cortar el pasto. Nuestra postal se destartala con ese fastidioso ruido que se acerca y se aleja. Por momentos logramos soslayarlo, pero insiste en volver a mancillar nuestro paraíso. De pronto, el motor se apaga, sobreviene el alivio, reaparecen los trinos y aromas en todo su esplendor. Agradecemos el silencio. Pero una mente calma mantiene la serenidad aún con la cortadora andando. ¿Por qué? Porque no lucha, no discute, acepta la realidad tal como es. La cortadora de pasto tiene su lugar en el Universo. Y las papas…

Desandar camino requiere esfuerzo. Desactivar el pensamiento automático es ir contra la ley natural de encasillar a velocidad un estímulo y ponerlo a presión en el estante que creemos que corresponde. Es un mecanismo atávico para reestablecer el estado de equilibrio en el que estaban, quietas, dormidas, desmayadas. Atreverse a permanecer en el estado de incomodidad que la vida conlleva y, así y todo sentirse en paz, eso es Mindfulness. Atención plena. Paz duradera.

Pema Chödrön, monja budista, en su maravilloso libro, Vivir bellamente… en la incertidumbre y el cambio, describe desde esa perspectiva el sufrimiento que nos causa no aceptar la realidad tal como es, la vida es cambio e incertidumbre; la incomodidad que esto nos genera hace que busquemos todo el tiempo cosas que llenen la atemorizante posibilidad de enfrentarnos al vacío: revisar compulsivamente la casilla de mails, mirar tv, no poder separarnos de nuestro teléfono celular, trabajar como esclavos, hablar sin parar con los otros o tener un debate interminable entre nuestros distintos personajes, etc.

Sería este un buen momento para preguntar:

¿Cuál es tu forma habitual de escapar de ese cosquilleo?¿Cuál es la situación o el pensamiento que más te inquieta? ¿Cuál es tu idea al respecto? ¿Qué pasaría si lo enfrentaras?