Mirar hacia adentro - Sebastian Norbedo - E-Book

Mirar hacia adentro E-Book

Sebastian Norbedo

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Beschreibung

Mirar hacia adentro es un libro que aborda temáticas que se encuentran en ebullición en los tiempos actuales: qué es la meditación y cómo aprender a meditar, qué es el camino del autoconocimiento y cómo profundizar en él. Con un mensaje sencillo pero contundente, el psicólogo Sebastián Norbedo aborda el territorio de las cuestiones existenciales humanas, de la mente, los pensamientos y las emociones.

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Seitenzahl: 204

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Norbedo, Sebastián

Mirar hacia adentro / Sebastián Norbedo. - 1a ed - Córdoba: Tinta Libre, 2023.

236 p.; 21 x 15 cm.

ISBN 978-987-817-948-3

1. Autoayuda. 2. Meditación. 3. Espiritualidad. I. Título.

CDD 158.1

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2023. Norbedo, Sebastián

© 2023. Tinta Libre Ediciones

Dedicado a mi madre, Viviana:

Por darme la vida,

Por Cuidarme,

Amarme,

Sin esperar nada a cambio.

Con amor,

Tu hijo, Seba

¿Acaso la visión de una nueva tierra no es más que otra visión utópica? De ninguna manera. Todas las utopías tienen en común una proyección mental de un futuro en el que todo será perfecto, todos nos salvaremos, habrá paz y armonía y desaparecerán todos nuestros problemas.

Eckhart Tolle

Agradecimientos

A todas las personas espejo que me han permitido evolucionar, crecer, y trabajar para desarrollar las ideas y la voluntad para escribir este libro, tan importante para mí en este momento de mi vida.

A Francisco Garitonandia y el espacio municipal del CEDEC y a AMADEUS por facilitarme las instalaciones para grabar los audios que conforman la experiencia Mirar Hacia Adentro.

A Francisco Grand, con el que trabajamos para darle forma y pulir detalles en aquellos momentos de inicio de recorrido.

A Pau, amor mío, por su compañía silenciosa y su amor incondicional durante todo el proceso de escritura del libro y la generación de ideas. Y a su familia, por hacerme sentir uno más, siempre.

A mi familia, toda: mi padre y mi madre, mi hermano, mi hermana y mi sobrina Guadalupe, mi cuñada y mi cuñado, mis abuelas Marta, a los abuelos que me cuidan desde el más allá, mis tíos y tías, mis primos hermosos y parte fundamental de mi existencia, y a mi padrino Ricardo y toda la familia Kicker, que todos juntos formamos una gran familia.

A mis amigos, que son muchos, y que junto a la familia conforman la manada que me protege y de la que soy parte.

Índice

Prólogo Pág. 15

Hola… Pág. 17

Instructivo optativo Pág. 27

Glosario metafísico personal Pág. 29

PRIMERA PARTE

La Iniciación

La Atención Pág. 39

Primeros pasos Pág. 43

Primer señalamiento Pág. 47

Cuerpo, mente y consciencia Pág. 52

La metáfora del electroventilador Pág. 57

Cómo se lo conoce a Dios Pág. 60

Meditación Pág. 64

Anapana Pág. 67

La idiosincrasia: una construcción personal Pág. 69

Vivir en el Ahora Pág. 71

Señalamiento segundo Pág. 73

SEGUNDA PARTE

El Anclaje

Anclas al modo de ser Pág. 81

Casa, comida y trabajo Pág. 83

Cultura y programaciones inconscientes Pág. 85

YO SOY (con audio) Pág. 88

Para reflexionar Pág. 90

Puertas a la Consciencia Pág. 93

Los cuatro centros Pág. 95

La metáfora de la flor Pág. 98

Vivir en el momento presente Pág. 101

Vipassana Pág. 103

El siglo en el que ciencia y religión por fin se unen Pág. 106

Mundo virtual versus mundo real Pág. 108

TERCERA PARTE

El Perfeccionamiento

Pensamientos Pág. 115

Propuesta matutina Pág. 119

Conexiones neuronales que crecen Pág. 120

Lo que comemos no es tan importante Pág. 123

Piloto automático versus piloto en consciencia Pág. 124

Inconsciencia ordinaria/inconsciencia profunda Pág. 127

Los «males» del siglo XXI Pág. 130

El paso de la experiencia individual a la experiencia de unidad Pág. 134

¿Quién soy, entonces? Pág. 136

Algo más de los pensamientos Pág. 138

Observación de los pensamientos Pág. 140

Observación de pensamientos espontáneos Pág. 142

Observación de pensamientos provocados Pág. 144

Observación de memorias Pág. 145

Observación simultánea de pensamientos Pág. 147

Observación de imágenes Pág. 149

La mente y la dualidad versus la conciencia de unidad Pág. 152

Aprendizaje vital y situación vital Pág. 154

Ejercicio: el lugar atemporal dentro de mí - Mooji Pág. 156

La sensación de Yo Pág. 160

La Consciencia Pág. 163

La Identidad Pág. 166

Ejercicio: diferencia entre pensamiento y consciencia Pág. 168

Meditaciones informales Pág. 170

CUARTA PARTE

La Integración

El olvido fundamental Pág. 175

Los siete cuerpos Pág. 177

Los siete chakras Pág. 181

Muladhara Pág. 186

Svadhistana Pág. 189

Manipura Pág. 191

Anahata Pág. 195

Vishuddha Pág. 199

Ajna Pág. 203

Sahasrara Pág. 207

Meditación de los chakras (con audio) Pág. 211

PARTE FINAL

El Poder de las Palabras

Las palabras y su poder creador Pág. 217

Creación Pág. 220

Autoindagación Pág. 223

Yo no soy el cuerpo. Yo tengo un cuerpo Pág. 226

Conciencia de unidad Pág. 229

Cómo me relaciono con la experiencia Pág. 231

El final es en donde partí Pág. 233

Prólogo

de Agustín Norbedo

Mi hermano Sebastián siempre tuvo eso de no conformarse, su manera de ser buscadora y preguntona. Para mí, eso siempre lo hizo actuar como no lo hacían los demás. Sus maneras distintas de ver la vida, su estilo especial de tratar de comprender el mundo. Él me enseñó, que a pesar de que compartimos el mismo planeta, todas las personas tenemos un mundo interior. Yo entiendo que esa idea significa que cada persona percibe su realidad, que es propia, y que se ensambla a La Realidad, a la vida que pulsa, más allá de mí, de cada uno y de todos.

Conocerse a uno mismo es un trabajo duro. Un camino que empieza y que no tiene retorno, sin final: nunca termina. Mirar Hacia Adentro propone un recorrido más dentro de ese viaje. Al leer las páginas de este libro, siento que algo despertó en Sebas. Y eso mismo, por efecto rebote, despertó en mí.

Siento que el Ser despertó en Sebas hace unos años. Y gracias a la vida, en mí también. Él se despertó y sintió que era el momento de compartir. De ayudar. No es lo mismo vivir la vida desde la parte mental, desde los pensamientos y lo que tenemos que hacer, a vivirla desde un estado de presencia casi continuo. Porque en definitiva, lo que nos trae hasta acá es eso, el Ser, la vida que nos transcurre más allá de cómo estemos o lo que nos pase. Hoy, quizás, nos puede parecer algo lejano e inalcanzable pensar en un mundo nuevo, un mundo mejor, más sano, más pacífico, con tantos egos desmedidos y deseos de otros. Con tanta demencia en el mundo. Pero el ser humano es ayuda, es guía, es protector. Y si Sebas pudo encontrar la manera de vivir mejor, de aportar un granito de arena, si yo pude, pienso que toda persona que se proponga lograrlo va a poder.

Preparen el asiento porque el viaje es intenso, pero la luz de una nueva realidad, tu propia realidad, está a la vuelta de la esquina.

Les deseo un buen viaje. Buena lectura.

A. N.

Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 03-03-2022

Hola…

Te voy a contar una historia, primero. Mi historia. Luego, el libro tendrá la intención de introducirte en el mundo de la meditación, de la transmisión de conocimiento y de ejercicios prácticos para que a tu tiempo y a través de tu propio proceso de búsqueda y de práctica logres aprender y entender de qué se trata meditar.

Empiezo, entonces, por decirte mi nombre. Me llamo Sebastián. Tengo 34 años en este momento —13 de octubre del año 2022—. Nací el 27 de septiembre de 1988. Un año que nunca tuvo algo histórico o importante que lo caracterice. No fue el setenta y ocho, por ejemplo. O el ochenta y tres.

Estudié piscología. Sin saber muy bien qué quería hacer. Porque siempre anduve con eso de las dudas. Y no saber muy bien qué hacer. Un buscador, que no se conforma con facilidad.

Soy hijo de Viviana (a quien le dedico este libro), que es hermana de Andrea, hija de Marta Clemencia y de Órfel Nelson —Cacho—. Andrea está casada con Gabriel, y tienen dos hijas: Virginia y Luciana.

Soy hijo de Viviana y de Ricardo. Ricardo tiene tres hermanos: una hermana mayor que se llama Cristina, otro hermano mayor que se llama Jorge, y un hermano menor que se llama Gustavo. Cristina está casada con Carlos y tienen tres hijos: Leticia, Andrés y Tomás. Jorge está casado con Corinne (viven en Francia hace más de cuarenta años) y tienen dos hijos: Delfina y Manuel. Delfina, a su vez, está casada con Gregory y tienen dos hijos: Taho y Emy. Gustavo está casado con Alejandra y tienen dos hijos: Gerónimo y Alejo.

Ricardo —Chato— es hijo de Antonio y de Marta (otra Marta).

Soy hermano menor de Romina y hermano mayor de Agustín.

Esa es la familia que me crió, me protegió y me permitió salir al mundo.

Luego viene la familia Kicker. Mi padrino, Ricardo, el gran padre. Su esposa Mariana. Priscila, la hija mayor, que está con Marcelo y tienen dos hijos: Rafa y Bella. Luego viene Nicolás y su hijo Bastian. Victoria y Lucia completan la familia.

No puedo dejar de mencionar al tío Víctor y la tía Norma, y sus hijos Juan y Mariano. Tíos del corazón. Que estuvieron siempre presentes en cada una de las etapas recorridas. Incluso, en momentos muy importantes.

Y mis amigos, hermanos de la vida. Que son muchos, y a quienes tampoco quiero dejar de mencionar porque son y han sido partes importantes en mi vida. Nico Vilaro, Rufi, Nico Mizza, el Pe, W, Sebita, Nacho, el Tino, Nico Guarnieri, el Maguito, Ser, Rau, Andi, el Fiel, el tío Fefo, el Hijito, Manu, el Ton, el H, el Bep, Piru, Tobi, mi hermano de la vida Guille, el Chicho.

Escribo. Por eso el libro.

Amo el deporte, jugar. Por eso vivo con dolores y mi cuerpo está repleto de marcas, lastimaduras, rengueras y deformaciones.

Y la música… palabra mayor. Tengo la suerte de poder componer canciones. Tengo un proyecto musical a medio camino.

Estudié psicología en la Universidad de Morón. Una vez recibido, allá por el año 2013, pasé por muchas de las ramas posibles que existen dentro del universo psi: me formé para ser psicólogo clínico y atender pacientes en consultorio; trabajé dentro del mundo de las pericias psicológicas, realizando test e informes para el poder judicial; trabajé en el área de recursos humanos del ámbito empresarial; tuve mis temporadas dentro de instituciones educativas; aprendí de psicología deportiva y trabajé con atletas y equipos. Fui buscando dónde me sentía más cómodo, más útil y más apasionado.

Tuve mis dramas, lógico. Como cualquier ser humano. Mis sufrimientos. Mis errores. Lidiar con la culpa, con la ansiedad, con los miedos, con los complejos. Crecer. ¿Ser adulto? ¿Qué es eso?

Pero mi gran tema fue la depresión. El suicidio. La muerte. Conocerla de cerca, de joven. Entenderla. ¿Perderle el miedo? No creo poder afirmarlo: perderle el miedo. No. Quizás, aceptarla como posible. Entre otras cosas.

Conocí la muerte de cerca, la entendí, el día que falleció mi abuelo Cacho, el papá de mi mamá. Un ser eterno. Comprenderán. Cacho falleció a mis trece años. Edad… que tiene sus peculiaridades. Como todas. Esta parte de la historia es importante.

Mi abuelo Cacho estuvo vivo el día que su hermano se pegó un tiro en la cabeza. Su hermano menor. Se suicidó, en la casa en la que me crié.

Lo que pasa es que esa historia quedó oculta. No se sanó. Y pasaron los años. Cinco, diez, quince, veinte, veinticinco. Y las historias de nuestros antepasados no mueren con ellos, siguen vivas en las células de los que quedaron y en las células de los que seguimos apareciendo, naciendo.

Por eso estudié psicología. Para entender a Hugo, el hermano de mi abuelo. Para entender a mi abuelo. Para comprender cómo se hace para seguir adelante después de tanto dolor, de tanta tragedia. Para aprender a sanar heridas emocionales y psicológicas. Como ninguno en el clan había podido. Esto, por supuesto, lo entendí después de años de búsqueda interna, de trabajo sobre mí mismo. Esto mismo fue lo que me llevó a comprender qué es ser un humano. Sin sufrimiento, no hay humanidad. El sufrimiento es la marca sagrada, la insignia. Aquellos que viven enfrascados en cajitas de cristal, en vidas vacías, se quedan pululando en dimensiones poco comprometidas con la humanidad, muy mentales, artificiales. El sufrimiento te baja a tierra de un plumazo. El desafío es aprender a transitar el dolor. Un gran desafío para el que no todos están preparados.

Y me sucedió, después de una ruptura amorosa, de esas que duelen y que son difíciles, que el duelo que no había podido hacer en su momento tras el fallecimiento de mi abuelo Cacho se reactivó, por decirlo de alguna manera. Esa tristeza que había quedado ahí trabada a mis trece años —sin darme cuenta, claro— se había convertido en una depresión. Había estado profundamente enojado con la vida, lastimándome de manera infantil y profunda durante mucho tiempo.

Ya con la carrera terminada, y con algunas experiencias con la psicoterapia: psicoanálisis y terapia sistémica, me mandé a explorar nuevos horizontes. Un poco de curioso, y otro poco porque la sombra, que se ocultaba por momentos, no me abandonaba.

En ese nuevo camino, lo primero que hice fue una formación en Mindfulness, en la Universidad Favaloro. Año 2015. Allí conocí gente maravillosa: Martín, Mechi, Gastón. Fue la primera vez que medité. Sabía lo que era, de nombre, pero nunca lo había practicado. Esa formación, y sobre todo las prácticas, me cambiaron la vida. Comencé a sentirme internamente como nunca me había sentido. No me había dado cuenta del nivel de estrés con el que vivía, más allá de la tristeza que me acompañaba. No sabía, tampoco, que mi vida transcurría en un nivel de inconsciencia, que por momentos era más leve, por otros, más profundo. De hecho, no hace mucho que aprendí, leyendo a Eckhart Tolle, que hay distintos niveles de inconsciencia, y que del otro lado está la Consciencia Individual, el Ser, el Alma, que al mismo tiempo está conectada o vinculada a Todo lo que Es, a la Consciencia, al Todo, al Universo, a Dios. En la carrera de psicología solamente naufragamos por territorio mental. Como si esa fuera la única dimensión humana. Claro, la mente se ancla en la biología del cuerpo. La transmisión de conocimientos llega hasta ahí. Pero… aprendí que hay más.

Entonces, sucedió que de esos primeros cambios en mis estados internos pasé a un cambio integral en la percepción. Primero de mí, luego de la realidad. Leer y practicar las enseñanzas de Jacobo Grinberg-Zylberbaum, de Mooji, de Deepak Chopra, hicieron posible oler el alma por primera vez. Luego, cuando llegaron a mí los misteriosos libros de esoterismo, de magia, de ocultismo (los rosacruces, los masones), sentí que un velo terminó de levantarse. Una nueva realidad apareció ante mis ojos. El mundo de lo invisible.

Pero… si algo le faltaba al banquete era una pandemia. Y llegó. A partir de marzo del 2020, comenzó otra historia. El mundo mutó, y yo, personalmente, me embarqué en la comprensión de la psicogenealogía: el estudio del árbol genealógico familiar y sus influencias en la vida de las personas. Leí a Alejandro Jodorowsky, a Pablo Almazán, a Bert Hellinger, y ya no pude ver la realidad de la misma manera. Una nueva capa de la cebolla, un nuevo velo se quitaba del medio. Las historias de nuestros antepasados, al menos hasta cuatro generaciones más arriba, nos marcan gran parte del camino. En esta parte de la historia terminé de comprender a mi abuelo, a su hermano, y a sus padres, mis bisabuelos Juan —Giovanni Mignani— y Disolina Monteverde (a quien llegué a conocer). Entendí sus historias y cómo se anclaban en mi realidad. Por supuesto, que la manera de ver y de abordar las problemáticas de mis síntomas y enfermedades, y la de los pacientes, se transformó luego de todo este nuevo descubrimiento desvelado. Tenemos una identidad consciente, ideas, deseos, y una inconsciente, que nos moldea, que nos empuja a tener experiencias y vínculos. Esta identidad inconsciente, en gran medida, está entrelaza con las historias de nuestros ancestros.

Entonces, entendí eso que tanto nos cuesta a nosotros los que vivimos sumergidos en la cultura occidental: el afuera es un reflejo del adentro. Esta frase, simple pero compleja, es una de las raíces del libro. No se nos enseña, ni en los colegios, ni en las familias, ni en ninguna institución, que todos somos parte del todo: una Unidad. Vivimos en una sociedad y una cultura materialista. Todo está afuera: verdad, saber, felicidad, metas, alegría, sanación. Vivimos inconscientemente con la creencia arraigada de que algo externo a mí, cuando lo tenga, cuando lo alcance, cuando lo consiga, me traerá tal estado o tal cosa. Con la práctica, con el conocimiento, se comprende que es justo al revés: de adentro hacia afuera.

Tal es así, que mis últimos meses estuvieron repletos de meditaciones y silencios, y de Pau. Pasé de comprender intelectualmente a sentir, a vivir esa gran Verdad, de la que todos los maestros espirituales hablan: Jesús, el Buda, Krishna, y los contemporáneos. Todo fue diferente a partir del paso de la mente a la experiencia. Porque ahí radica la clave: aprender a conectarse vivencialmente con la dimensión interna de Ser, de existencia. Eso se logra con práctica, con meditación, con los ojos cerrados, mayormente. Es un gran esfuerzo el que hay que hacer. Al principio, de hecho, puede ser desesperante. Pero el que persevera…

Ahora bien, todo muy lindo, todo muy hermoso, pero la sombra interna no se iba. Mermaba en intensidad, parecía que había dado en la tecla con aquel ritual en el que sané la historia de mi tío abuelo, pero no. Aparecían momentos de paz, sí, pero al tiempo volvía a despertarse la sombra, la oscuridad. Que cada vez era más y más oscura. Como jamás en mi vida me había imaginado, quise dejar de existir, pensé en matarme. Toqué fondo.

Así fue que dejé todo: casa, novia, trabajo, y me fui a Perú. Siguiendo un llamado del alma, del corazón, empecé a subir el continente, cruzando Argentina, Bolivia, y Perú hasta llegar al Machu Pichu. Hasta allá me llevó la vida. Sin planes, sin organización, con muy poco pesos argentinos, llegué. En poco tiempo encontré a Juan de Dios, un chamán nativo, que me ofreció hospedaje y comida a cambio de trabajo, para luego ir al rio sagrado del valle de los Incas a tomar Wachuma, medicina ancestral que proviene de un cactus llamado San Pedro. Literalmente, vomité la depresión. La vomité y la comprendí: ese duelo que había quedado bloqueado tras la muerte de mi abuelo materno cuando tenía trece años se destrabó, se liberó. Toda una parte de nuestro clan se había detenido en ese momento, en esa época: veinte años atrás. No nos habíamos dado cuenta.

Las heridas emocionales y psíquicas trabajan silenciosamente. A veces, no es fácil descubrirlas, sacarlas de raíz. Pero hay que insistir e insistir, que la vida es larga. Por eso, en el libro, se intenta transmitir la idea, el conocimiento, de que más allá de lo importante que es nuestra percepción del mundo desde la conciencia, a diferencia de vernos solamente como un bicho mental que piensa y que se siente separado de todo lo demás. Más allá de enseñar a meditar, a entrar en estados de presencia, desde la práctica y desde la comprensión, para llegar a tener un estado de sano equilibrio, hay que emprender terapias, descubrir y sanar heridas. Psicoterapia, humano puente, constelaciones, apertura de registros, yoga, entre otras tantas herramientas.

Por todo esto, espero poder aportar mi granito de arena al cambio de vida que se está gestando en todo el planeta. Pasar de vivir de adentro hacia afuera. Conectándonos con otra dimensión de Ser. Ampliando la mirada. El mundo que vemos afuera es el reflejo de la sumatoria de todos los estados internos: anímicos, emocionales y mentales, de todas las personas que formamos parte del colectivo humano. La política, la educación, los sistemas económicos, la conciencia medioambiental, toda la organización social se irá transformando a medida que cada componente del colectivo humano se modifique.

Estoy convencido de que es imperioso aprender, como sociedad, lenta y paulatinamente, a dejar a un lado la mente egotista y todo su mundo de demencia y desconexión. Aprender a vivir en paz, sin tanta planificación, sin tanta anticipación. Dejando que la vida haga lo suyo, siga su curso. Estas son cosas que se irán explicando a lo largo del libro. La búsqueda de la paz será una de las propuestas. Dentro del material ofrecido, muchos de los apartados son pura y exclusivamente producto de mis escrituras, otras son ideas tomadas prestadas de libros y conferencias que fui viendo a lo largo de los años. Espero que les sirva, que los ayude y que les transmita la paz y el amor con las que fueron escritas todas y cada una de las palabras.

Con respeto…

Sebastián Norbedo

Instructivo optativo

El siguiente es un libro para leer con suavidad. Ir masticando las palabras y las ideas. Para ser releído.

Abrir los ojos a la mañana, cada día, significa renacer.

¿De qué se compone mi actividad mental diaria?

Se aconseja llevar un cuaderno de anotaciones donde ir registrando el trabajo realizado.

¿Qué pienso día a día, hora a hora, minuto a minuto? ¿Cómo me relaciono con la actividad mental? ¿Me identifico con cada cosa que pienso o creo? ¿Quién creo que soy: el ser mental o el Ser?

El ejercicio diario de conectar atención con existencia —pura, pacífica, gozosa— es un hábito que se instala. Para sentir las transformaciones, al menos son necesarios tres meses de práctica diaria, de veinte minutos como mínimo, sentados en un lugar cómodo, libre de insectos e interrupciones. Con seis meses de práctica sostenida y a consciencia, los cambios serán muy notorios. De ahí en adelante, se instalará una nueva forma de percibir la realidad.

La mente funciona por patrones de actividad inconsciente y automática. Para detener la identificación, hace falta observar su funcionamiento, sin identificarse, sin creer que el que piensa soy yo. Darle vida al Testigo, al Observador, a la Consciencia Individual —siempre presente, siempre atenta—. Aquí y ahora, segundo a segundo.

La clave está en el ejercicio diario de conectarme con la dimensión de Ser, dejando poco a poco de identificarme con los vaivenes del mundo mental.

La clave, también, está en la práctica. Los ejercicios, así como las meditaciones, transforman las conexiones neuronales de nuestro cerebro. Es importante comprender, tener nuevos conocimientos, saber de qué se habla. Pero, mucho más importante es la práctica. Ir hacia adentro. Cerrar los ojos. «Entrenar», de alguna manera, nuestra atención.

Realizar anotaciones de aquello que observo diariamente, puede ser una herramienta muy útil para hacer consciente lo inconsciente. Así, se evita que el pensamiento se haga carne y tenga impactos sobre la biología del cuerpo y el sistema emocional.

Buen viaje, buena lectura.

Glosario metafísico personal

A lo largo del libro se utilizan palabras y conceptos que vienen del mundo no material. Son cosas que al día de hoy no se enseñan en casa o en los colegios. O por lo menos, las enseñanzas muchas veces quedan a mitad de camino. Por eso, las siguientes definiciones deben ser tenidas en cuenta comprendiendo la intención con la cual fueron pensadas e incluidas a lo largo del libro. No es una tarea para nada sencilla tratar de transmitir con palabras, sobre todo escritas, qué se quiso decir cuando se habló de Dios, por ejemplo. El mundo invisible, que es el que sostiene el mundo visible en el que todos vivimos, es complejo, inmenso, e imposible de abarcar y comprender en su totalidad por la pequeña pero maravillosa mente humana. De todas maneras, aquí va un intento…

Por ejemplo, cuando se hable de Buscador, se estará haciendo referencia a toda persona que haya comenzado a interesarse por los cuestionamientos existenciales básicos (tal y como se explica en la sección: Antes de Emprender el Viaje), que esté en medio de lecturas, rituales, prácticas, o que simplemente lo haga de forma interna con los pensamientos y las reflexiones. El Buscador es aquel que cree que todo es factible de ser modificado. Y que comienza a intentar, lenta pero perseverantemente, transformarse, y con ello, transformar la realidad. No todo buscador llega al final de la meta. Entendiendo que el final, o la finalidad, es la paz, la dicha, la calma. Algo, que paradójicamente, se descubre que siempre estuvo ahí. Solo que velada por el mundo mental, los pensamientos y el ego.

De hecho, el Ego, es nuestra parte mental de ser, nuestra personalidad. Que es una parte, pero que actualmente en nuestra cultura solo se vive desde ahí. Las ideas, los pensamientos, las creencias, forman parte de nuestra dimensión mental de existir. Este tema será profundizado en el libro, pero, recomiendo el libro Una Nueva Tierra de Eckhart Tolle, o el Libro del Ego de Osho. Allí, encontré explicaciones maravillosas, didácticas y muy claras.

Entonces, cuando se hable de Observador, de Testigo o de Consciencia Individual