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¿Cansada de andar como «pollo sin cabeza»? Corriendo para llegar a todo pero con la sensación de no llegar a nada. Hijos, pareja, trabajo, amigos, estudios, proyectos personales… ¿Cómo equilibrarlo todo? En esta guía práctica hallarás las fórmulas que cualquier persona puede aplicar en el día a día, para organizarse mejor en las tres áreas: personal, familiar y laboral. Sin tener que irte a vivir a un monasterio tibetano ni que tu vida salte por los aires. Aprende estos recursos que te ayudarán a gestionar el tiempo, para disfrutar de todos tus roles, sintiéndote libre y feliz.
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Seitenzahl: 229
Veröffentlichungsjahr: 2022
© Miryam Soto Rey
© Mucho más que madres. Cómo ser madre, profesional, pareja, amiga… ¡y disfrutarlo!
ISBN papel: 978-84-685-6820-1
ISBN ePub: 978-84-685-6819-5
Editado por Bubok Publishing S.L.
Tel: 912904490
C/Vizcaya, 6
28045 Madrid
Reservados todos los derechos. Salvo excepción prevista por la ley, no se permite la reproducción total o parcial de esta obra, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio (electrónico, mecánico, fotocopia, grabación u otros) sin autorización previa y por escrito de los titulares del copyright. La infracción de dichos derechos conlleva sanciones legales y puede constituir un delito contra la propiedad intelectual.
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Dedico este libro a las madres organizadas. Sus historias son las mías. Y tal vez también las tuyas…
—(…) ¿Y no podrías hacer algo —preguntó Momo— para que los ladrones del tiempo no pudieran seguir robando a la gente?
—No, no puedo hacer nada —replicó el Maestro Hora— porque son las personas las que deben decidir por ellas mismas lo que quieren hacer con su tiempo. Son ellas mismas las que tienen que defenderlo. Yo solo se lo puedo repartir.
Michael Ende
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN
PARTE I. ORGANÍZATE POR DENTRO
CAPÍTULO 1.El derecho a tiempo para ti
CAPÍTULO 2.Tres vidas en una
CAPÍTULO 3.Descubre tu «yo» organizado
CAPÍTULO 4.Fugas mentales de eficiencia
PARTE II. ORGANÍZATE POR FUERA
SECCIÓN I: ORGANIZACIÓN PERSONAL
CAPÍTULO 5.Decir que no, ¿pero a qué?
CAPÍTULO 6.Alí Babá móvil y las 40 RRSS ladronas
CAPÍTULO 7.Surfear el impulso
CAPÍTULO 8.Pon en juego tu agenda
CAPÍTULO 9.Ahorra tiempo (y disgustos) con comunicación eficaz y asertiva
SECCIÓN II: ORGANIZACIÓN EN CASA Y EN FAMILIA
CAPÍTULO 10.Sacar antes de meter
CAPÍTULO 11.El poder de tu ropa interior
CAPÍTULO 12.¿Pero es que todo lo tengo que hacer yo?
CAPÍTULO 13.El tetris familiar
CAPÍTULO 14.Extraescolares km 0
CAPÍTULO 15.Los deberes del cole
CAPÍTULO 16.Hábitos en familia
CAPÍTULO 17.Cómo no repetir las cosas 100.000 veces
SECCIÓN III: ORGANIZACIÓN EN EL TRABAJO
CAPÍTULO 18.Reuniones soporíferas vs reuniones eficaces
CAPÍTULO 19.Pactos de tiempo con tu equipo
CAPÍTULO 20.Optimiza tus bloques de trabajo
CAPÍTULO 21.Gestión eficaz del correo y bandejas de entrada
CAPÍTULO 22.Orden digital en 3 pasos
CAPÍTULO 23.El secreto mejor guardado de los funcionarios
CAPÍTULO 24.Imposible procrastinar con esto
CAPÍTULO 25.El marido de la foca
EPÍLOGO
AGRADECIMIENTOS
INTRODUCCIÓN
(Un lunes cualquiera en la vida de… ¿la tuya, tal vez?)
—¿Podrías recogerme hoy a Claudia de baloncesto? Tengo que llevar a su hermano al dentista y no creo que llegue. En realidad, últimamente no llego a nada...
(Un martes…)
— ¿¡Cómo!?, ¿que mañana tienes que llevar una cartulina al cole? Hijo ¿y me lo dices a las diez de la noche? Pues lo siento, pero te vas sin cartulina. ¡Otro día me lo dices antes! (Ains, pobre, si es que somos un desastre de familia…)
(Un miércoles…)
—¿Un café? ¡Uf, imposible! Lo siento, ya te llamaré cuando saque un ratito (si es que alguna vez lo consigo).
(Un jueves…)
—¡Si tengo la nevera vacía! Pues a ver qué hago hoy para cenar... ¡Si es que voy como pollo sin cabeza!
(Un viernes…)
—¡Ya sé que el informe no está perfecto!, ¡pero tengo otros catorce y no me da la vida!
(Un sábado…)
—Me da igual la peli, con tal de estar un rato juntos en el sillón sin discutir, yo ya me doy con un canto en los dientes.
(Un domingo…)
—Perdóname amiga, se me ha pasado totalmente tu cumpleaños. No sé ni en qué día vivo...
La falta de tiempo es una constante diaria en la vida de las madres trabajadoras. El agobio, las prisas y mil cosas por hacer nos ponen la cabeza como una jaula de grillos. Lo peor es que cuando por fin te sientas un ratito, en lugar de disfrutarlo, te queda una sensación de vacío, pensando en todo lo que se ha quedado sin hacer o en lo que te gustaría hacer si tuvieras más tiempo.
La vida va pasando y tus ilusiones se van quedando en el tintero, ahogadas en un mar de prisas y agobio.
No se puede vivir así… ¿Para eso hemos venido a este mundo? ¿¡En serio!?
Soy madre de 4 hijos, ingeniera de profesión, además de hija, amiga, pareja, emprendedora y viajera. Y para todo eso necesito tiempo.
Cuando mi hijo mayor tenía dos años, nacieron los mellizos. Entre los despertares y tomas nocturnas, apenas dormía, y durante el día, casi no me daba tiempo ni para ducharme.
Decidí volver al trabajo con jornada reducida (que para las que no lo hayáis probado, básicamente implica hacer lo mismo en menos tiempo). Si no hubiera sido por lo que aprendí de organización eficaz del tiempo a marchas forzadas, no sé qué habría sido de mí.
Fue la necesidad, y no la voluntad de ser perfecta, lo que detonó ese aprendizaje. Sin embargo, el auténtico motor para organizarme cada día mejor es dar cabida a todo aquello que amo, que son muchas cosas, además de a mis hijos: una buena conversación, la amistad, la naturaleza, viajar, el desarrollo personal, hacer yoga, leer, aprender, descubrir, evolucionar, vivir…
Por eso no he dejado de formarme y, sobre todo, de llevar a la práctica las teorías de productividad y de gestión eficaz del tiempo, para aterrizarlas a la realidad cotidiana.
El libro que tienes en tus manos es la respuesta a las preguntas que me han hecho tantas veces: ¿4 hijos? ¿tú no te aburres, no?, ¿cómo lo haces para llegar a todo, y además con esa paz…?
Aquí tienes ese conocimiento y esa experiencia adquiridos a lo largo de más de una década, de estudio y práctica aplicada en mi propia vida personal, familiar y laboral.
Ya está bien de técnicas para personas perfectas, (que a mí me parecen extraterrestres).
Este libro es para:
∆Madres trabajadoras con mil cosas que hacer.
∆Emprendedoras que necesitan conciliar su proyecto con su área personal y familiar.
∆Para todas aquellas personas, hombres y mujeres con varios roles e ilusiones, que sientan la esclavitud del tiempo como un lastre en sus vidas.
Un manual con poca teoría y mucha práctica, donde encontrarás:
∆Un recorrido para organizarte desde dentro hacia fuera, descubriendo, en primer lugar, cuáles son los factores emocionales y mentales que te impiden organizarte bien por dentro, para pasar a gestionarlos y superarlos, y así poder organizarte bien por fuera.
∆Un nutrido conjunto de técnicas y herramientas agrupadas en tres bloques, una para cada área de tu vida: la personal, la familiar y la profesional.
∆Ejercicios de entrenamiento, para aplicar en la vida cotidiana. No hay mejor taller que el del día a día.
Con este libro podrás organizar tu vida personal, profesional y familiar, para conciliar todas las áreas y tener tiempo para ti, sin que tu vida salte por los aires.
Porque tienes derecho a liberarte del agobio y de las prisas diarias.
Porque tienes derecho a tener tiempo para ti, y disfrutarlo sola y/o con las personas que amas.
Y sobre todo, porque tienes el mayor deber de los derechos: el de ser feliz.
Si algo de esto resuena contigo, te doy la bienvenida. Has llegado al sitio correcto, en el momento oportuno.
PARTE I. ORGANÍZATE POR DENTRO
Por el rabillo del ojo veo llegar a Marta a su mesa. Trae cara de angustia. La misma que tiene ya desde hace unos meses. Hoy además viene más agobiada porque llega tarde a la reunión. A media mañana, cuando salimos a tomar un café, me cuenta que ha dormido poco, porque ayer su cabeza no paraba de darle vueltas a todo. Y que, cuando por fin se durmió, al poco rato se despertó su hijo con pesadillas. Así que, se acostó a su lado y se quedó con él para que se tranquilizara y volviera a dormirse.
Está claro que hoy no ha sido el mejor día para su intervención en la reunión. Pero ¿cuándo lo es? Últimamente no le da la vida para nada, ni siquiera cuando le propongo salir a andar. El otro día me confesó que hace tiempo que su pareja y ella ya no tienen sexo. Que al final del día ella acaba agotada y él está embebido en su tablet.
—A esta generación nos han engañado— me dice—. ¡Con todo lo que me ha costado llegar hasta aquí!; la carrera, las entrevistas de trabajo, la hipoteca, la boda, los niños... ¿y todo para vivir así? ¿Esto es lo que la vida tenía reservado para mí? ¿En serio?
Siento que necesito algo más, me falta algo, ¿o quizás me sobra?, ¡qué sé yo!
Tal vez conozcas a alguna Marta, o incluso tú misma te hayas encontrado en una situación parecida y te hayas preguntado, ¿qué es eso que nos lleva a vivir con tanto agobio?, ¿se puede organizar la vida de otra manera?, ¿hay escapatoria?
La respuesta corta es que sí.
La interesante es el cómo.
Para responder a ese cómo, vamos a hacer un viaje por tu organización personal como si fuera el recorrido por un iceberg desde la base hasta la punta. Ese iceberg representa tu persona.
Como todo el mundo sabe, la parte más voluminosa y de más peso de un iceberg es la que no se ve: la sumergida bajo la superficie del agua. Esta parte representa tu interior.
En lo más profundo de ese iceberg interior residen, entre otros aspectos, tus creencias, legados y proyecciones y tu identidad. A ello dedicaremos los tres primeros capítulos.
Subiendo hacia la superficie nos encontramos con el cerebro, y su parloteo constante, mensajes, distracciones y todo lo que he denominado «fugas mentales de eficiencia». Un potente capítulo 4 que seguramente no te dejará impasible.
Y finalmente, una vez que hayamos completado la organización interior, llegaremos a la superficie y veremos la parte visible del iceberg, que es la más pequeña, pero también es la más evidente.
En esta parte superficial, aprenderás a utilizar las herramientas y recursos para tu organización eficaz del tiempo «exterior».
¿Por qué empezamos por el fondo?
Porque si primero no aprendes a organizarte interiormente, descubriendo lo que está influyendo y actuando en tu organización desde lo más profundo de ti, y lo haces consciente, ya te aviso que las técnicas externas no te van a servir para nada.
Puede que las leas y te parezcan interesantes o ingeniosas, incluso que hayas intentado aplicarlas alguna vez, tras haberlas leído en algún libro, post, blog o curso de gestión eficaz del tiempo.
Pero créeme cuando te digo que si antes no te organizas interiormente, lo más probable es que después de un tiempo, se te olviden las técnicas o las abandones y vuelvas a las andadas.
Así que, recuerda el esquema con el que vamos a abordar TU ORGANIZACIÓN PERSONAL:
∆Nivel I: Organízate por dentro:
•La base: derechos, creencias, legados, proyecciones e identidad.
•La mente: fugas mentales de eficiencia.
∆Nivel II: Organízate por fuera:
•Recursos y herramientas de organización personal.
Finalmente, quiero avisarte de que al final de algunos capítulos verás el epígrafe PONLO EN PRÁCTICA. Con ello he tratado de acercarte algunas de las experiencias que vivimos en los talleres presenciales. Aunque es imposible trasladar toda esa energía del grupo a un libro, al menos he tratado de que te lleves lo máximo que permite este formato.
Con todo ello, si un día me cae una teja en la cabeza, o si en vez de hacer talleres y mentorías, me da por organizar viajes a Bali para madres ya organizadas, siempre tendrás este libro con todos los recursos a punto, para que puedas organizarte por ti misma y ayudar a otras personas a hacerlo,siguiendo el esquema del iceberg.
Y ahora sí… ¿Estás lista para bucear en tu organización interior?
Pues ponte el neopreno y ¡vamos a por ello!
CAPÍTULO 1. El derecho a tiempo para ti
El plan A se había cumplido a la perfección. Carrera, oposición, hipoteca y boda. Todo preparado y dispuesto para formar una familia y así completar el sueño que cualquier padre y madre desearía para sus hijos.
A pesar de ello, pasaban los meses y yo no me quedaba embarazada.
Las que habéis pasado por esta situación o la habéis vivido con alguien cercano, seguramente sabéis lo que implica. Decepciones acumuladas mes a mes, la rutina del sexo programado, las pruebas médicas... Yo sobre todo sufría al sentir que tenía mi vida paralizada, condicionada a un posible embarazo que no llegaba.
Además, estaba desconcertada porque los recursos que me habían servido hasta ahora para conseguir mis metas: esfuerzo, constancia y responsabilidad, en este caso me resultaban completamente inútiles. Por primera vez, me topaba con algo que no podía controlar: la biología humana.
Un fin de semana vino una amiga a verme. Una de esas amigas extraordinarias que te regala la vida, y que te conoce y quiere a partes iguales. Ella me hizo una pregunta aparentemente simple, pero muy poderosa, que marcaría un antes y un después en cómo viviría a partir de entonces aquella etapa de mi vida.
La pregunta fue:
—¿No tienes un plan B?
Aquello me hizo saltar como un resorte y levanté las orejas de burro. Efectivamente, como te puedes imaginar, no tenía un plan B. La obsesión por quedarme embarazada me había hecho enfocarme tanto en ello, que mi visión de la vida se había ido reduciendo a un túnel cada vez más estrecho, en el que no veía otro camino posible.
Tras levantar la cabeza y las orejas de burro, y ampliar la perspectiva, mi planteamiento cambió.
Asimismo, el ejemplo de mi hermano con discapacidad auditiva me hizo recordar cómo las personas con alguna deficiencia son capaces de llegar a grandes logros, desarrollando especialmente el resto de sentidos.
Y pensé en cómo podía desarrollar los otros «sentidos» de mi vida y alimentarla por otras fuentes.
Si somos una unión indivisible de cuerpo, mente y alma, nutre una de ellas y las nutrirás todas.
Así recordé todo lo que me había gustado hacer hasta aquel punto de mi vida. Reconocí que había cosas que ya no conectaban conmigo y otras que sí. Y también sentí interés por otras nuevas. Entonces elegí una actividad para mi mente, otra para mi cuerpo y otra para mi alma.
Pero esta vez de una forma muy diferente a como había elegido hasta entonces: sin objetivos, ni proyecciones, ni metas.
Para la mente, elegí matricularme en Historia Contemporánea en la UNED. Para el cuerpo comencé a hacer yoga. Y para retomar el desarrollo personal, que siempre me había gustado, me apunté a un curso de comunicación asertiva.
Seguramente ya imaginas lo que pasó después. Viví uno de los mejores años de mi vida. Y durante ese tiempo, conocí a algunas personas que impulsarían un salto cualitativo en mi desarrollo como persona.
Una de estas personas fue Begoña González, mi profesora de asertividad y actual codirectora de Coaching Camp, en La Rioja.
Ella me enseñó que, para comunicarse bien por fuera, primero hay que comunicarse bien con una misma por dentro. Y que por mucho que aprendas la teoría, para construir la frase asertiva perfecta, esa frase no te va a salir si tú misma no crees que tienes el derecho a expresar lo que piensas y lo que sientes.
Es decir, si no transformas tus creencias, las fórmulas externas no funcionan.
Esta enseñanza aplica exactamente igual en la organización del tiempo.
Los recursos para hacer un cambio en tu vida, organizarte mejor y vivir con más paz no te van a funcionar si no conoces las creencias que te limitan en relación con el tiempo.
Por ejemplo, si quieres tener tiempo para ti, primero debes creer que tienes derecho a ello.
«La clave de sacar tiempo para ti es creer que tienes derecho a ello».
Algunas personas puede que se cuestionen eso de «tener tiempo para ti». Incluso tú misma te hayas visto interpelada con mensajes del tipo:
—¿Tiempo para ti?, pero si has tenido hijos, ¡ahora te toca apechugar con ellos!
En este punto quiero dejar claro que el enfoque de este libro no trata de que elijas entre tus hijos o tú. Aprender a organizarte mejor repercute favorablemente en la relación con tus hijos y la calidad del tiempo que pasas con ellos, así como con el resto de personas de tu vida. Tener tiempo para ti es un derecho importante a trabajar, cuando te sientes frustrada por ponerte siempre en el último lugar. No se trata de ser más o ser menos que los miembros de tu familia. Se trata de construir una convivencia armónica basada en relaciones justas y dignas para todos.
PONLO EN PRÁCTICA
¿Qué es lo que te impide creer que tienes derecho a tiempo para ti? ¿Te gustaría descubrir cuáles son tus derechos asertivos del tiempo?
Te propongo descubrirlos a través de este ejercicio.
Coge papel y boli.
Sí, sí, va en serio; cógelos. Es un autorregalo que te vas a hacer a ti misma. Y dado que voy a ofrecer más ejercicios de este tipo a lo largo del libro, puedes elegir un cuaderno para tenerlos todos juntos.
O si lo prefieres, puedes descargar la plantilla del ejercicio en el siguiente enlace:
Te espero
(…)
¿Ya lo tienes?
Perfecto, ¡vamos a por ello!
Paso 1
Lee detalladamente el siguiente listado de derechos que tienes y elige los 5 más importantes para ti. No te centres en si ya los tienes o te gustaría tenerlos. La clave es que al leerlos, te provoquen una emoción especial.
Listado de derechos asertivos del tiempo
∆Ser la primera algunas veces.
∆Tener tiempo para mí.
∆Cometer errores.
∆Tener y expresar mi propia opinión.
∆Tener, aceptar y expresar mis sentimientos.
∆Reconocer mis propias necesidades, establecer mis objetivos personales y tomar decisiones en base a ellos.
∆Cambiar de opinión.
∆Cambiar (sin más).
∆Decir «no» sin sentirme culpable.
∆Pedir ayuda.
∆Estar sola, aun cuando los demás deseen mi compañía.
∆No justificarme.
∆No responsabilizarme de los problemas de otros.
∆No tener que anticiparme a los deseos de los demás.
∆Gozar y disfrutar.
Paso 2
Al lado de cada derecho que hayas elegido, escribe por qué es importante para ti. Tómate tu tiempo, es un momento de honestidad y de conectar contigo.
Paso 3
Cuéntale a alguien de tu entorno cercano los derechos que has elegido. Si quieres puedes explicarle que has realizado un ejercicio y que necesitas su ayuda. Ten en cuenta que el efecto de contárselos a alguien es que, en el fondo, refuerzas tu compromiso contigo.
Paso 4
Ponlos en algún lugar que puedas leerlos cada día. Por ejemplo, en una hoja pegada en tu armario, en la mesilla de noche, en el frigorífico o en cualquier sitio visible.
Paso 5
Felicítate por haber hecho este ejercicio. Con esta sencilla acción has puesto los cimientos para construir sobre una base sólida todo lo que vas a aprender en este libro.
CAPÍTULO 2. Tres vidas en una
Después de aquel año de Plan B que os he contado, en el que dejé de obsesionarme por la maternidad como único plan de vida posible, y cuidé otras formas de alimentar mi cuerpo, mi mente y mi alma, ¡zas!, me quedé embarazada.
Y entonces comenzó ese torbellino de emociones que se experimenta con el primer hijo.
Fíjate cómo sería en mi caso, que la primera vez que salí de casa sin él fue cuando tenía 5 meses. Y algo que nos pasa a los frikis del desarrollo personal es que no podemos estar mucho tiempo sin pegarnos un chute, así que, como había un taller que me interesaba mucho cerca de casa, me apunté, a pesar de que sentía cierta angustia por separarme cuatro horas seguidas de mi bebé.
Se trataba de un taller para trabajar la conexión con nuestras creencias limitantes y con nuestros verdaderos anhelos. El reto era dejar a un lado la mente, y para ello cerrábamos los ojos y expresábamos con mímica todo aquello que nos viniera de dentro, sin juzgarlo ni censurarlo.
Así que, cerré los ojos y poco a poco comencé a visualizar que despegaba de la tierra, abriendo los brazos como si fuera un pájaro. Entonces vi que ahí abajo, en la tierra, dejaba a mi bebé, mientras volaba cada vez más alto. Me sentía libre y ligera, viajando como tanto me gusta. Pero a la vez, sentía un pellizco de culpabilidad en el estómago, al ver a mi hijo ahí abajo. Sentía el tirón de una ligadura invisible y voluntaria que me vinculaba a mi hijo, y que me mantenía en un «quiero volar y no puedo» o un «puedo volar y no quiero» (a veces, es difícil encontrar la diferencia, pero es notable, además de muy importante averiguarla).
Imaginaros el impacto. Rompí a llorar desconsoladamente (y he de decir que soy de esas personas a las que les cuesta soltar una lágrima), pero en ese momento me rompí. Después de desear tanto a ese hijo…¡como para no llorar!
Me aterrorizó la duda de si todo eso implicaba que no quería lo suficiente a mi bebé. Por un lado, mi alma necesitaba libertad, y por otro, sentía una gran dependencia física y emocional de mi hijo.
La cadena representaba la dependencia con la que estaba viviendo mi primera maternidad. Ese cordón umbilical que me ataba a las necesidades vitales básicas de mi bebé, sus llantos, los subidones de fiebre, las revisiones médicas, las vacunas y el dolor de los dientes. Por no entrar en las noches sin dormir y el agotamiento casi permanente en el que me había sumido. Sin embargo, vivía con angustia la mínima posibilidad de separarme de él.
Pensar que un ser tan amado e indefenso dependía totalmente de mí y de una forma tan animal, me generaba desasosiego, pues hasta el momento, siempre había presumido de ser una persona más bien racional e independiente.
En realidad, ya no reconocía a la persona en la que me había convertido. Es como si unos alienígenas me hubieran abducido y me hubieran trasladado al planeta CAOS. Caos de horarios y caos de sensaciones, en el que cualquier recuerdo de racionalidad parecía haber sido desplazado por un ejército de emociones. Para más inri, todo el mundo tenía una opinión sobre lo que había que hacer. Todo el mundo menos yo.
Y ahí no pude continuar con el taller. Me quedé bloqueada sin entender nada más en aquel momento. Apenas pude articular palabra, salvo algún balbuceo de despedida al final.
Con el tiempo y más calma fui dirigiendo aquella experiencia tan impactante. Poco a poco comprendí que la dualidad madre-mujer más allá de madre, que había experimentado, no tenía nada que ver con querer o no querer a mi hijo.
Había descubierto algo importante dentro de mí: una mujer «mucho más que madre», que necesitaba tiempo para ella.
Y aquello no había hecho más que empezar, pues ahora que había descubierto esa voz, comenzaron a asaltarme las dudas y los remordimientos.
Como buena madre ¿debía estar todo el tiempo con mi hijo? ¿Cómo conseguir tiempo para mí y que mi familia no se sintiera desatendida?
Desde entonces hasta hoy, he tratado de dar respuesta a esta pregunta. Y si ahora estás leyendo estas líneas es porque quiero mostrarte cómo llegar a un lugar sin culpa, que es al lugar donde he llegado yo a base de aciertos y errores, y del mismo trabajo interior que te propongo en cada capítulo.
Hoy amo a mis hijos desde la madre que soy, pero también desde la mujer y persona que soy, más allá de madre.
Ya no hay dualidad entre madre y persona. Ya no hay sufrimiento. Porque a cada una de las mujeres que hay dentro de mí les ofrezco su tiempo.
Fijate que normalmente hacemos todo lo contrario. No solo ignoramos las necesidades de cada una de las mujeres que somos por dentro, sino que nos dedicamos a vivir la vida de otros.
Me explico.
¿A quién no nos han influido las expectativas que nuestros propios padres pusieron en nosotros? Uno de los conflictos personales más comunes es querer cumplir el legado materno o paterno. Así vivimos según sus designios, la vida de otras personas, que por mucho que les quieras, no eres tú.
¿Y quién no trata de proteger a sus hijos de todo lo malo, supliendo su papel para salvarles de las malas notas, de una pelea, de una caída…? Vivimos la vida de nuestros hijos para salvarles de todo o suplir nuestras propias carencias.
Y claro, si pretendemos vivir tres vidas en una, la nuestra, la de nuestros padres y la de nuestros hijos, es imposible que nos dé tiempo a vivirlas todas y es normal que la vida no nos dé. Porque tres vidas no caben en una.
VIVIENDO TU VIDA
La primera vida que quieres vivir, naturalmente, es tu vida actual. Hoy en día, la vida está llena de prisas, y también de exigencias y de culpas.
Mira a ver si te suenan algunas de las siguientes:
∆Culpa de no ser buena madre. Como cuando se te acaba la paciencia y explotas con tus hijos de una manera que luego te causa remordimientos.
∆Culpa de no cuidarte. ¡Ay, el cuerpo…!, y la salud, la figura, la piel, el pelo… Antepones las necesidades del resto de la familia por encima de las tuyas, y te vas dejando. Este deterioro físico es un reflejo del abandono interior, de falta de merecimiento, de no saber decir que no y priorizarte de vez en cuando.
∆Culpa de las ausencias. Cuando nos separamos de nuestros hijos o de nuestras parejas por alguna circunstancia. Esta culpa está basada en asociar el amor con la proximidad. Es una creencia muy arraigada. Es decir, creemos que querer a alguien implica estar pegado a esa persona.
Sin embargo, todos conocemos casos de parejas, o padres e hijos, o amigos, donde la calidad de una relación no es mayor por el hecho de estar pegados.
Ojo, tampoco digo que no tengamos que cuidar nuestras relaciones, de hecho es muy importante reservarnos un tiempo de calidad con las personas que queremos. La reflexión es que, si enseñamos a nuestros hijos o a nuestros seres queridos a que quererles significa estar pegados a ellos, estaremos modelando relaciones de dependencia. Dependencia de una presencia física constante, que además de ser imposible, a mi modo de ver dificulta el desarrollo de una relación sana.
Puede que en los primeros años de la vida de tus hijos esto no parezca tener importancia, pero ¿qué pasará cuando tus hijos crezcan y sus necesidades de espacio propio, de ideas propias y de experiencias propias vayan aumentando?
Entonces, la pregunta clave que surge es:
¿Cuál es la clave para equilibrar el grado de proximidad/libertad con nuestras personas queridas, y por tanto, el tiempo que pasamos con ellas?
En mi opinión, los momentos de proximidad en cualquier tipo de relación deberían ser elegidos voluntariamente por ambas partes y no por obligación, resignación o culpa por lo que vayan a pensar los demás.
¿También con los hijos? A ver, está claro que a un niño de un año no le vas a dar a elegir en todo momento si quiere estar o no contigo. Pero cuanto antes empieces a practicar el tratarles con respeto y no como sujetos de tu propiedad, antes empezarás a sentar las bases de una relación sana.
∆Culpa de necesitar tiempo para ti. Si hay una persona dentro de ti que te grita que necesita tiempo para ella, escúchala. De lo contrario, corres el riesgo de vaciarte poco a poco, desconectarte de tu alma y terminar convirtiéndote en una persona «carcasa».
¿Qué es una persona «carcasa»?
