Ñ, manual de autoestima para españoles - Luis María Anson - E-Book

Ñ, manual de autoestima para españoles E-Book

Luis María Anson

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Luis María Anson, Manuel Vicent y Santiago Cañizares unidos por la fuerza Ñ. Este libro está dirigido, y más en la actualidad, a quienes nos negamos a contagiarnos del "masoquismo antropológico" que impera en la sociedad española. La obra que tienes en tus manos pretende hacerte consciente de la "fuerza Ñ" a través de información y datos como estos: España es uno de los países más seguros del mundo, con mucha menor delincuencia y menos suicidios que Alemania, Francia, Italia, Polonia o Reino Unido; en materia de igualdad, avanzamos lentamente, pero nuestro país ya está a la cabeza de Europa en cuanto a mujeres CEO y directivas; somos los ciudadanos del mundo que más opciones tenemos de recibir un trasplante cuando lo necesitamos, somos líderes indiscutibles; el primer traje espacial de la historia lo diseñó un español en 1935; nuestro ejército tuvo mucho que ver con la pacificación de Mostar, por eso tenemos una plaza dedicada en esta ciudad de Bosnia-Herzegovina; nuestra lengua siempre ha sido un referente, el cardenal Richelieu conspiraba en español porque lo consideraba el instrumento de la diplomacia y para él los idiomas no estaban en guerra; respecto a la violencia de género, nos queda mucho por hacer, pero estamos en camino: nuestra ley en esta materia es modelo de estudio en muchos países; España fue pionera y es toda una potencia en deporte paralímpico; y tenemos mucho que contar en multitud de campos más, como la gastronomía, música, literatura, economía, innovación... Descubre el "factor Ñ", nuestra increíble idiosincrasia, gracias a la experiencia y conocimiento de un grupo de grandes profesionales y excelentes personas, los valores de esta sociedad que construimos entre todas y todos… Y que la "fuerza Ñ" nos siga acompañando.Ñ

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Seitenzahl: 315

Veröffentlichungsjahr: 2020

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Ñ

Manual deautoestimapara españoles

Ñ, MANUAL DE AUTOESTIMA PARA ESPAÑOLES

© de los textos: sus autores

© de las ilustraciones: J. M. Nieto

© Corrección: Álvaro Martín Valcárcel

© de esta edición: Olé Libros, 2020

ISBN ePub: 978-84-18208-69-0

No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea este electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito del editor. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Arts. 270 y siguientes del Código Penal). Las solicitudes para la obtención de dicha autorización total o parcial deben dirigirse a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos).

KALOSINI, S. L.

Grupo editorial Olé Libros

[email protected]

www.olelibros.com

NOTA DEL EDITOR

El factor Ñ

Párate y observa; si tus orígenes están aquí o simplemente decidiste un día echar raíces en esta tierra, sin duda posees el «factor Ñ» o la «fuerza Ñ». Llámalo como quieras, esa «Ñ» está en nuestra conciencia colectiva y, a falta de una pruebacientífica que lo demuestre, seguro que también se halla en nuestro ADN. Esta característica propia del pueblo español nos hace solidarios, fuertes, alegres, visionarios y resistentes a la adversidad. Es la constante en nuestra historia: avanzar con tesón. La experiencia de lo vivido en numerosos ámbitos nos demuestra que, a mayor reto, más nos crecemos. Y en este momento, más que nunca, necesitamos esa «fuerza Ñ». La obra que tienes en tus manos es solo una muestra de la increíble sociedad de la que formamos parte.

¿Por qué es necesario este libro? Porque a pesar de que esa «fuerza Ñ» ha dejado impronta —como descubrirás en estas páginas— en ámbitos como los derechos, la solidaridad, las artes, la gastronomía, la sanidad, el deporte o la innovación, los españoles sufrimos de masoquismo antropológico, con una acusada tendencia a flagelarnos. Es triste porque, como defiende uno de los protagonistas de esta obra, «los españoles a veces no nos damos cuenta del país que tenemos. Tiene que ver con que viajamos muy poco y comparamos muy poco. […] No somos conscientes de lo que tenemos y cómo nos valoran fuera».

Así que aquí está, una obra humilde e imperfecta —demasiados autores y pocas autoras—, pero, sinceramente, bienintencionada. Incluye veinte capítulos en los que diferentes personalidades de nuestra sociedad, más y menos conocidas —pero igual de importantes—, nos hablan desde su experiencia y conocimientos. Las únicas premisas que se les ha impuesto han sido que nos descubran las increíbles virtudes de nuestra sociedad y que dejen de lado las tendencias políticas, tan encastilladas en estos atribulados tiempos de insalubridad y nubarrones económicos.

Como editor quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas e instituciones que, de manera altruista, han hecho posible esta obra. Y un sincero deseo: descubramos el factor Ñ… y que la fuerza Ñ nos acompañe, siempre.

Toni Alcolea

A MODO DE INTRODUCCIÓN

Por la excelencia

«Líderes»

Por organismos internacionales de toda solvencia, España ha sido declarado el mejor país del mundo para nacer, el más sociable para vivir y el más seguro para viajar solos sin peligro por todo su territorio. Según The Economist, nuestro nivel democrático está muy por encima de Bélgica, Francia e Italia. Pese al masoquismo antropológico de los españoles, este país es líder mundial en donación y trasplante de órganos, en fecundación asistida, en sistemas de detección precoz del cáncer, en protección sanitaria universal gratuita, en esperanza de vida solo detrás de Japón, en robótica social, en energía eólica, en producción editorial, en conservación marítima, en tratamiento de aguas, en energías limpias, en playas con bandera azul, en construcción de grandes infraestructuras ferroviarias de alta velocidad y en una empresa textil que se estudia en todas las escuelas de negocios del extranjero. Y encima para celebrarlo tenemos la segunda mejor cocina del mundo. Frente a la agresividad que rezuman los telediarios, España es el país de menor violencia de género de Europa, muy por detrás de las socialmente envidiadas Finlandia, Francia, Dinamarca o Suecia; el tercero con menos asesinatos por 100.000 habitantes, y junto con Italia, el de menor tasa de suicidios. Dejando aparte la historia, el clima y el paisaje, las fiestas, el folclore y el arte, cuya riqueza es evidente. España posee una de las lenguas más poderosas, más habladas y estudiadas del planeta, y es el tercer país, según la Unesco, por patrimonio universal, detrás de Italia y China. Todo esto demuestra que en realidad existen dos Españas, no la de derechas y de izquierdas, sino la de los políticos nefastos y líderes de opinión bocazas que gritan, crispan, se insultan y chapotean en el estercolero y la de los ciudadanos con talento que cumplen con su deber, trabajan y callan.

Este artículo que escribí en El País tuvo una gran repercusión en las redes porque tocaba una tecla muy sensible de la opinión pública. Aunque se trataba de un alegato contra el pesimismo antropológico del pueblo español, que no tiene par en el mundo en el arte masoquista de flagelarse, el artículo ofrecía una doble lectura. La derecha lo tomó como un reconocimiento de sus propios valores y la izquierda como la forma de recuperar la autoestima. La derecha vio en este ligero escrito una voz patriótica contra los malos políticos y, de hecho, lo lanzó envuelto con la bandera nacional con un vídeo en YouTube. Por su parte, el presidente socialista lo leyó como parte de su programa político. En realidad, se trataba de demostrar simplemente que este es un país muy bueno para vivir, donde hay españoles, de derechas y de izquierdas, que cumplen con su deber solo porque es su deber, que alcanzan cotas muy elevadas de prestigio internacional cada uno en su oficio, que trabajan, que inventan, que dirigen grandes empresas tecnológicas, que son líderes naturales, pero todo lo hacen en silencio, como los héroes que se limitan a ganarse honestamente el sueldo.

Manuel Vicent

Periodista y escritor

Luis MaríaAnson

De la Real Academia Española

Los tres grandes idiomas del siglo XXI

Cerca de cuatro millones de personas viven del español en España. El idioma se ha convertido en uno de los principales generadores de empleo. En Brasil, el español es lengua de enseñanza obligatoria. En Estados Unidos, el 82 por ciento de los estudiantes de idiomas eligen la lengua de Cervantes y Borges. En Alemania, el idioma escogido, tras el inglés, es el español. Lo mismo sucede en Japón o en Suecia.

El idioma diplomático de los siglos XVI y XVII fue el español. Antecedió en la supremacía internacional al francés y al inglés. Carlos I hablaba de forma fluida cuatro idiomas y afirmó que «el español es la lengua de los dioses». A los obispos franceses les dijo: «Mi lengua española es tan bella que debería ser conocida por toda la Cristiandad». Rey de España, al coronarse en Bolonia como Emperador de romanos, saludó al Papa Clemente VII y al Colegio de Cardenales en español. No empleó ni el latín ni el italiano ni el francés. Y dirigiéndose al obispo de Macon, en un acto solemne, le dijo: «Señor obispo, entiéndame si quiere, y no espere de mí otras palabras que las de mi lengua española... que merece ser sabida y entendida de toda la gente cristiana».

Luis XIII, Rey de Francia, era bilingüe y encargó a César Dudin la traducción del Quijote. Domínguez Ortiz afirma que «el castellano estaba de moda en la buena sociedad francesa». Y Bennasar explica que El diálogo de la lengua de Valdés, El diálogo de las lenguas de Frías y De los nombres de Cristo de Fray Luis de León certifican la supremacía de la lengua española en aquella época.

Cervantes, en el Persiles, deja constancia de que en la Francia del XVI «no había francés culto, mujer u hombre, que no aprendiera castellano». [...] Para el cardenal Richelieu, el español era la lengua diplomática y en ella conspiraba con catalanes y portugueses porque «los idiomas no estamos en guerra».

Cervantes, en el Persiles, deja constancia de que en la Francia del XVI «no había francés culto, mujer u hombre, que no aprendiera castellano». Margarita de Angulema leía a Francisco I el Amadís en el idioma de Santa Teresa. Para el cardenal Richelieu, el español era la lengua diplomática y en ella conspiraba con catalanes y portugueses porque «los idiomas no estamos en guerra». Luis XIV, el Rey Sol, dominaba el castellano. Hijo de la Infanta española Ana de Austria y esposo de otra Infanta española, María Teresa, el idioma de Cervantes y San Juan de la Cruz lo envolvió a lo largo de su dilatada vida.

Entrado el siglo XVII, el dominico francés padre Labat dejó constancia de la superioridad de la lengua española como «grave, respetuosa, rica y expresiva». En el syllabus del Gray’s Inn Hold The Greenwich, colegio de la alta sociedad inglesa de la época, predominaba el español. En la lengua de Alfonso el Sabio habló el exiliado Antonio Pérez a la Reina Isabel I de Inglaterra, que dominaba nuestro idioma.

Todos estos datos están recogidos en el libro de José Varela Ortega España, un relato de grandeza y odio, que, junto a España: un enigma histórico de Claudio Sánchez-Albornoz y España en su historia de Américo Castro, forman la trilogía de los tres mejores libros que, en los últimos cien años, se han escrito sobre el ser de España y cuya lectura me parece imprescindible.

En español como lengua materna se expresan 580 millones de personas. España no alcanza ya ni el 10 por ciento del número de hispanohablantes.

En español como lengua materna se expresan 580 millones de personas. España no alcanza ya ni el 10 por ciento del número de hispanohablantes. Por eso, la Real Academia Española, sin renunciar al «limpia, fija y da esplendor», lleva muchos años esforzándose en mantener la unidad del idioma. Esa ingente tarea fue comenzada por Dámaso Alonso y continuada por Fernando Lázaro Carreter y Víctor García de la Concha, y ha tenido la gran virtud de unir en un haz a las Academias de los países hermanos. En todos ellos, también en Estados Unidos, hay conciencia de la significación profunda de nuestro tesoro idiomático.

España es solo el tercer país de habla española. Nos superan México y Estados Unidos y se nos acercan Argentina y Colombia. En buena hora. Hemos desbordado al francés y, como idioma internacional, ocupamos el segundo lugar, si bien a larga distancia del inglés, convertido en el latín del siglo XXI, y basta para confirmarlo con echar una ojeada a internet. Como idioma materno, por cierto, el español ha adelantado a la lengua de Shakespeare y Tennessee Williams.

En Brasil, el español es lengua de enseñanza obligatoria. En Estados Unidos, el 82 por ciento de los estudiantes de idiomas eligen la lengua de Cervantes y Borges.

El gran esfuerzo de la Real Academia Española y de las Academias hermanas ha evitado la fractura del español en varias lenguas romances: el argentino, el mexicano, el chileno, el peruano... Así ocurrió con el latín, que se diversificó en el francés, el provenzal, el italiano, el rumano, el castellano, el catalán, el gallego, el portugués... Idiomas que no se entienden entre ellos.

La Telefónica española tuvo el acierto de coordinar, a través de José Luis García Delgado, un estudio científico incontrovertible sobre la significación económica del idioma español. Cerca de cuatro millones de personas viven del español en España. El idioma se ha convertido en uno de los principales generadores de empleo. En Brasil, el español es lengua de enseñanza obligatoria. En Estados Unidos, el 82 por ciento de los estudiantes de idiomas eligen la lengua de Cervantes y Borges. En Alemania, el idioma escogido, tras el inglés, es el español. Lo mismo sucede en Japón o en Suecia. El francés ha sido ampliamente derrotado por nuestra lengua. Somos ya el segundo idioma internacional en la red. Nadie discute la supremacía del inglés. Las minorías dirigentes de todo el mundo se entienden en el idioma de Milton y Hemingway. Tras el inglés, el español figura como segundo idioma internacional. Ha desmontado ampliamente al francés. El chino no se puede considerar una lengua internacional y, por otra parte, el enjambre dialectal de aquella admirable nación es de tal calibre que resulta difícil disponer de cifras contrastadas.

Mas de un millón de extranjeros viajan a España todos los años para estudiar nuestro idioma. En Facebook y en Twitter nuestra lengua es ampliamente utilizada. El uso del español creció más de un 80 por ciento en la última década. Las naciones hispanohablantes se alzan ya hasta el 9,2 por ciento del PIB mundial. El sector editorial de España se mueve entre el tercer y cuarto lugar del mundo con más de 70.000 títulos al año.

Por desgracia, una parte relevante de los políticos españoles desdeñan nuestro idioma y su repercusión en el mundo de la cultura. Derrochan el dinero público en las más absurdas camelancias y lo regatean a las instituciones que potencian la lengua española. Pero ya que los políticos ignorantes marginan el español como tesoro cultural, tal vez empiecen a darse cuenta de lo que significa económicamente, si es que algún día se deciden a abandonar las corruptelas, las comisiones y el nepotismo.

Solo una política tórpida puede negar a la expansión del español los presupuestos que precisa. Los partidos políticos, que anteponen tantas veces su interés particular al general del pueblo español, deben comprender que cometerían un error de alcance histórico si no atendieran con generosidad la realidad del idioma en que se expresan cerca de 600 millones de personas. Y que no solo es el gran tesoro cultural de España, sino también un importante renglón de la economía nacional y de la generación de empleo.

Asombra, en fin, la calidad literaria de las naciones hispanoamericanas que compiten abiertamente con el genio español. Perderíamos la objetividad si no lo reconociéramos así. El idioma español es hoy el de Cervantes, pero también el de Jorge Luis Borges; el de Ortega y Gasset y Octavio Paz; el de San Juan de la Cruz y Pablo Neruda; el de Pío Baroja y Gabriel García Márquez; el de Juan Marsé y Juan Rulfo; el de Benito Pérez Galdós y Mario Vargas Llosa; el de Santa Teresa de Jesús y Gabriela Mistral; el de Federico García Lorca y Julio Cortázar; el de Vicente Aleixandre y Rubén Darío; el de Valle-Inclán y Miguel Ángel Asturias.

Me parece claro que para ser alfabeto en el siglo XXI es preciso conocer tres idiomas: el inglés, el español y la informática.

Carmende Rosa Torner

Presidenta delAteneo Mercantilde Valencia

España, país líder en igualdad

En los últimos tiempos estamos consiguiendo en España datos envidiables respecto a la mujer en los puestos directivos; es más, algunos indicadores como Women in Business, de la consultora Grant Thornton, señalan que nuestro país está a la cabeza de Europa en cuanto a mujeres CEO y directivas.

Hasta 1910 las mujeres que querían ir a la universidad necesitaban de un permiso especial del Consejo de Ministros para matricularse, hasta 1933 las españolas no pudieron votar por primera vez y hasta 1975 no tenían permitido abrir una cuenta bancaria sin permiso de su marido. Las jóvenes que lean ahora estas líneas se sorprenderán de algo que es totalmente normal para ellas, pero que no hace tanto era casi imposible en España. En nuestro país hemos dado pasos de gigante en igualdad y seguimos trabajando día a día para que todo este esfuerzo y todos los avances no caigan en saco roto.

Por eso, formarte, ser lo que quieras, llegar hasta donde te propongas, alcanzar tus metas, ser feliz en la vida cobra un sentido especial. Todas estas frases se las diría a quien me preguntara qué le recomiendo a una mujer que quiere triunfar en su ámbito profesional y personal, pero también se lo podría decir a cualquier hombre. Considero que en España hemos roto muchas barreras y seguimos rompiendo techos de cristal. Hemos visto mujeres rectoras, mujeres que dirigen bancos, mujeres directivas de grandes multinacionales tecnológicas, mujeres emprendedoras, mujeres hechas a sí mismas, alcaldesas, presidentas de diputaciones, de comunidades autónomas, vicepre­sidentas, ministras hasta de Defensa..., y creo que en no muchos años también veremos a una mujer como presidenta del Gobierno, porque no existen barreras para nuestras metas.

Considero que en España hemos roto muchas barreras y seguimos rompiendo techos de cristal. Hemos visto mujeres rectoras, mujeres que dirigen bancos, mujeres directivas de grandes multinacionales tecnológicas, mujeres emprendedoras, mujeres hechas a sí mismas, alcaldesas, presidentas de diputaciones, de comunidades autónomas, vicepresidentas, ministras hasta de Defensa...

Me siento orgullosa cuando en mi biografía dicen la palabra «primera». Para quienes no me conocen, les diré que en el ámbito profesional soy licenciada en Derecho y máster en Gestión Ambiental y Desarrollo Sostenible, y como funcionaria de la Generalitat Valenciana he desempeñado cargos de responsabilidad como directora territorial de Bienestar Social en Valencia y subdirectora general en la Conselleria de Agricultura y Medio Ambiente.

En el ámbito personal, les apuntaré que he sido la primera mujer presidenta de la Falla del Mercado Central, la más antigua de Valencia, y además desde 2013 presido el Ateneo Mercantil, la entidad civil privada más importante de Valencia, que cuenta con cerca de 4.000 socios. Por primera vez una mujer preside esta institución desde su creación en 1879.

El IBEX-35 ya tiene un 30 % de mujeres consejeras y 21 empresas ya alcanzan o superan el listón recomendado en el Código de Buen Gobierno de la Comisión Nacional del Mercado de Valores. [...] Nuestro país está a la cabeza de Europa en cuanto a mujeres CEO y directivas.

Por tanto, me siento orgullosa de haber emprendido el camino para muchas mujeres y de demostrar que es posible combinar la vida laboral con la social y la familiar, puesto que soy madre de dos hijos. Alcanzar estas metas no ha sido fácil, ha supuesto mucho trabajo, esfuerzo y sacrificio, pero he de destacar la satisfacción que me supone ahora ver en perspectiva toda esta trayectoria.

De hecho, animo a las jóvenes que ahora preparan sus estudios a que se dejen guiar por sus preferencias y sus inquietudes; no hay profesión que no puedan ejercer. Mientras redacto estas líneas leo con orgullo que por primera vez el Colegio de Arquitectos de Valencia va a estar presidido por una mujer. Un paso más en nuestros logros que demuestra que no hay parcelas de hombres y de mujeres, sino que todas tenemos capacidad para acceder a los puestos más importantes.

Somos muchas las que hemos alcanzado metas que nuestras madres nunca hubieran soñado y debemos darnos visibilidad, compartir nuestras experiencias, contar al mundo lo que está sucediendo en España, cómo sigue aumentando nuestra presencia en los puestos directivos...; tenemos que fomentar el liderazgo femenino porque nuestro progreso repercute en toda la sociedad.

Debemos dar a conocer que el IBEX-35 ya tiene un 30 % de mujeres consejeras y que 21 empresas ya alcanzan o superan el listón recomendado en el Código de Buen Gobierno de la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Los críticos dirán que aún son pocas, pero siempre he preferido ver el vaso medio lleno, me gusta destacar el esfuerzo que hemos hecho como sociedad porque seguro que hace veinte años estas mismas cifras eran completamente masculinas.

En los últimos tiempos estamos consiguiendo en España datos envidiables respecto a la mujer en los puestos directivos; es más, algunos indicadores como Women in Business, de la consultora Grant Thornton, señalan que nuestro país está a la cabeza de Europa en cuanto a mujeres CEO y directivas. Por tanto, estamos en el buen camino y debemos continuar trabajando para que estos datos sigan creciendo y que la incorporación de más mujeres al mundo directivo sea habitual.

Porque estamos ante un mundo cambiante —sirva como ejemplo la COVID-19, con la que una crisis sanitaria ha dado paso a una crisis económica—, debemos afrontar los nuevos retos que se nos avecinan. Las mujeres por naturaleza sabemos adaptarnos a los cambios de forma rápida y eficiente, y eso es lo que tenemos que hacer. Hemos de aumentar la formación en nuevas tecnologías y en nuevas herramientas de comunicación, ya que aquella que no esté al día de ellas no podrá ser competitiva.

En muchos casos hemos atravesado una etapa de teletrabajo que nos ha conectado al mundo a través de las videoconferencias y las retransmisiones en streaming, y este aprendizaje obligado debemos convertirlo en una oportunidad para las mujeres. Hemos demostrado que no se es más eficaz estando sentada en la mesa del despacho de la multinacional, sino que hemos dado un paso clave para concienciar sobre la posibilidad real de conciliar vida laboral y familiar a través del teletrabajo. Pero este paso será positivo si las nuevas tecnologías son nuestras aliadas para mejorar la calidad de nuestro trabajo y de nuestro descanso, porque, de no ser así, el teletrabajo se convierte en un factor negativo que nos eterniza las jornadas.

Este nuevo panorama enlaza con un factor que es clave en el liderazgo de una mujer: la capacidad de formar un buen equipo, de comprometerse con un proyecto y hacerlo evolucionar. Las mujeres en puestos directivos primamos valores como el compromiso, la igualdad, la diversidad o el consenso, y debemos fomentarlos y extenderlos en el mayor número posible de sectores en los que estamos presentes.

Hay mujeres brillantes y que rompieron estereotipos, como Asunción Chirivella, la primera mujer licenciada en Derecho; Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nel­ken, las primeras diputadas españolas...

Y para que el liderazgo femenino siga creciendo, no debemos dejar de lado la formación, que debe complementarse con programas de mentorización en los que puedan conocerse de primera mano los casos de éxito de las directivas españolas. Tenemos una obligación moral de compartir parte de nuestro tiempo con quienes están comenzando, debemos trasladarles nuestras vivencias para que ellas puedan afrontar los retos con más herramientas y mejores recursos que con los que contamos las que hoy estamos en puestos de responsabilidad. En resumen, acompañarlas en su progresión para que no se sientan solas en su ascensión.

Porque para seguir avanzando hay que tener referentes. Igual que en su día me fijé en mujeres brillantes y que rompieron estereotipos, como Asunción Chirivella, la primera mujer licenciada en Derecho; Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken, las primeras diputadas españolas; Federica Montseny, primera ministra en España durante la Segunda República; M.a Luz Morales, primera directora de un periódico; Margarita Salas, como científica, o Carmen Llorca, presidenta del Ateneo de Madrid en 1974, nuestras jóvenes han de tener también referentes actuales en todos los ámbitos para así darse cuenta de que cada día es más fácil romper las barreras y alcanzar las metas que se han propuesto.

Podríamos estar horas hablando de cómo la mujer comenzó su despegue en el mundo laboral en la segunda mitad del siglo XX y de que su incorporación la ha llevado progresivamente a alcanzar puestos directivos. Pero creo que es el momento de seguir coeducando a la sociedad para fomentar el liderazgo femenino, y lo debemos hacer en las aulas, en los medios de comunicación y en las familias en todo momento y en cualquier lugar. Debemos trabajar en eliminar los prejuicios y fomentar la igualdad de hombres y mujeres para alcanzar sus objetivos. Por eso concluyo haciendo un llamamiento para que quienes ya hemos alcanzado nuestras metas nos impliquemos en ayudar a otras mujeres a progresar y a ser más visibles, y, sobre todo, que nos ayudemos unas a otras para que el esfuerzo de las últimas décadas haya merecido la pena y veamos que el liderazgo femenino es la nueva normalidad de nuestra sociedad.

HISPANIDAD

AurelioSoto Suárez

Capitán de Corbetay jefe de Comunicación Pública de la UME

Nuestras Fuerzas Armadas: compromiso con la paz

Tal vez no parezca tan ingenuo afirmar que las Fuerzas Armadas españolas están entre las mejores del mundo, no porque estén compuestas por militares, sino porque están compuestas por españoles.

No es cierto que las Fuerzas Armadas españolas sean tan desconocidas para la sociedad a la que sirven como se afirma. En realidad, los militares no son más que españoles, como tú y como yo; hijos, hermanos y amigos de españoles, como tú y como yo; en definitiva, solo son una parte más de esa sociedad. Lo realmente desconocido es lo que los españoles han conseguido en el mundo a través de ellas; no me refiero a los hechos encomiables de antiguas épocas, sino a la huella que han dejado recientemente nuestras Fuerzas Armadas en numerosos países, algunas de ellas de especial trascendencia.

Nadie duda de que España, los españoles y sus Fuerzas Armadas están comprometidos con la paz. Esto no nos hace más débiles, sino lo contrario, ya que hay que estar mejor preparado para ganar la paz que para ganar la guerra, y en eso somos un referente internacional.

El actual contexto internacional es especialmente complejo y, en algunas regiones, inestable. No es de extrañar que fuerzas armadas de muchos países centren actualmente sus esfuerzos en garantizar la paz, o al menos la seguridad, en estas regiones. De hecho, desde que ingresas en las distintas academias militares te inculcan que la principal misión de las Fuerzas Armadas es evitar las guerras que se puedan evitar; es decir, salvar vidas aunque esto suponga poner la tuya en riesgo.

Nadie duda de que España, los españoles y sus Fuerzas Armadas están comprometidos con la paz. Esto no nos hace más débiles, sino lo contrario, ya que hay que estar mejor preparado para ganar la paz que para ganar la guerra, y en eso somos un referente internacional.

La situación en estos países en guerra suele ser muy compleja. Allí no se puede imponer la paz exclusivamente a través de la superioridad militar ni pretender resolver los problemas de otros países, con otras culturas y creencias, a tu manera o a la de un tercer país. Los españoles tenemos esto muy claro y somos especialmente conscientes de que lo más eficaz es ayudar al propio país a buscar la mejor y más duradera solución al conflicto; con la neutralidad más tolerable, pero, al mismo tiempo, con la mayor implicación posible.

Cualquiera de los que hemos estado en estas misiones, trabajando junto con militares de otros países, somos conscientes de que nuestras Fuerzas Armadas, compuestas por españoles como tú y como yo, son de las mejores preparadas para hacer frente a estos desafíos, no solo por su preparación técnica, sino por su idiosincrasia. Esto puede sonar a ingenuo si creemos que la capacidad militar de un país se mide solo en función de sus medios de combate; sin embargo, como bien dijo Antonio Machado, «solo los necios confunden el valor con el precio».

La ciudad bosnia de Mostar cuenta desde 1995 con una plaza en honor a los españoles, la Trg España. No hay muchas ciudades de países del Este que tengan una plaza con este nombre.

Lo cierto es que estas misiones tan complicadas exigen una especial preparación y actitud para resolver cada una de las circunstancias que provocan o alientan el conflicto, marcadas por un particular contexto social, cultural, religioso, etc., diferente en cada una de estas regiones. Para ser resolutivo en este contexto hay que ser flexible para adaptarse a cualquier entorno y circunstancia particular, comprensivo y empático para encontrar la mejor solución a cada problema, tolerante y afable cuando proceda, estar preparado técnicamente para hacer frente a cualquier imprevisto, de seguridad o humanitario, pero sobre todo hay que ser muy humano.

Aunque, afortunadamente, no nos creamos mejor que nadie, somos muchos los que estamos convencidos de que los españoles, por nuestra manera de ser, encajamos perfectamente con estas características. Visto así, tal vez no parezca tan ingenuo afirmar que las Fuerzas Armadas españolas están entre las mejores del mundo, no por su naturaleza militar, sino porque están integradas por españoles.

Ya hace más de treinta años que nuestras actuales Fuerzas Armadas participan en misiones internacionales como una herramienta de la acción exterior del Estado. Desde entonces han realizado más de 80 misiones en casi tantos países de todo el mundo. Actualmente, estamos presentes en 19 misiones en el exterior con más de 3.000 militares y guardias civiles desplegados en cuatro continentes. En todas ellas, los españoles se implican de una manera especial.

Así, tal vez no parezca tan ingenuo afirmar que las Fuerzas Armadas españolas están entre las mejores del mundo, no por su naturaleza militar, sino porque están integradas por españoles.

Una de estas primeras misiones fue la del embargo marítimo de armas tras la invasión de Kuwait por parte de Iraq en agosto de 1990. Al terminar la misión, los buques de la Armada española habían realizado más de 5.500 intervenciones para evitar el acceso de armamento a la zona, lo que favoreció el fin del conflicto y por ello sus corbetas recibieron el apodo de las «Hormigas Atómicas» entre la agrupación internacional. Pero España no se quedó ahí, sino que continuó la misión junto con otros cinco países europeos para proteger al pueblo kurdo tras la represión que sufrió durante el conflicto por parte del régimen de Sadam Husein.

Aquí comenzarían las misiones recientes en las que las Fuerzas Armadas han tenido que asumir un rol multidimensional, más allá de las misiones operativas, en las que el carácter humano de los españoles ha tenido una especial importancia. Tal vez por ello una representación de las Fuerzas Armadas españolas abriera el desfile del Día Nacional de Francia en París, el 14 de julio de 2019, o tal vez sea también por ello por lo que España es el único país que tiene una plaza dedicada con su nombre en Mostar (Bosnia-Herzegovina).

La huella de España en los Balcanes

Ciertamente, la ciudad bosnia de Mostar cuenta desde 1995 con una plaza en honor a los españoles, la Trg España. No hay muchas ciudades de países del Este que tengan una plaza con este nombre, así que esto no es casualidad. Esto fue fruto del trabajo y compromiso de muchos españoles para favorecer la paz en la zona durante un conflicto que comenzó en 1991, tras la disolución de la antigua Yugoslavia.

Esa disolución provocó una serie de enfrentamientos armados en Eslovenia, Croacia y, en especial, en Bosnia-Herzegovina; allí, serbios y croatas lucharon por el control de este último país. A consecuencia de esto, en 1992 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) puso en marcha una misión con el objetivo de vigilar el cumplimiento de los acuerdos de paz alcanzados hasta ese momento y de proteger los convoyes de ayuda humanitaria. España participó en esta misión con un contingente que se desplegó en el valle del río Neretva, donde se encuentra la ciudad de Mostar, como parte de la Fuerza de Protección de Naciones Unidas (UNPROFOR por sus siglas en inglés).

A principios de 1993 los combates se volvieron más violentos, especialmente en la zona donde estaban desplegados los españoles. Allí, croatas y musulmanes bosnios, que hasta entonces habían combatido juntos contra los serbios, comenzaron a enfrentarse entre ellos con especial crueldad.

Ante esa situación, no fue fácil la misión de los militares españoles de contribuir a rebajar el conflicto para favorecer los que finalmente serían los Acuerdos de Dayton que a finales de 1995 pusieron fin a la guerra.

Para llegar a ese punto hizo falta no solo concentrarse en los enfrentamientos armados, sino implicarse para mitigar el sufrimiento de todo un pueblo. Allí había auténticos dramas personales y eran muchas las familias que tenían alguna necesidad especial. Pero si hubo algún contingente que, más allá de las misiones encomendadas, quiso estar al lado de todas esas personas necesitadas de uno y otro bando fue el español; esto es algo que la gente percibe.

Una de esas misiones fue la de proteger los convoyes de ayuda humanitaria del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) desde Metkovic hasta Sarajevo por la carretera M 17, que transcurría paralela al río Neretva. Allá por donde pasaba, el contingente español se preocupaba por atender tantas necesidades personales como les fuera posible, algunas perentorias, dando a las familias más necesitadas incluso su propia comida, otras simplemente muy importantes, como ofrecer un café o conseguir un tinte de pelo para alguna señora tras tanto tiempo sin poder encontrarlo. Tal vez por ello, esa calzada pasó a ser conocida como la «carretera de los españoles».

El contingente español se preocupaba por atender tantas necesidades personales como les fuera posible, algunas perentorias, dando a las familias más necesitadas incluso su propia comida, otras simplemente muy importantes, como ofrecer un café o conseguir un tinte de pelo.

El contingente español siempre ha tenido una actitud de diálogo con todas las partes, pero una actitud activa. De eso se trata, no solo de apoyar estos diálogos entre las partes, sino de implicarse con neutralidad para favorecer las negociaciones: hablar individualmente con cada uno de los bandos, ofrecer las instalaciones para las reuniones entre ellos, organizar los traslados de unos y de otros o garantizar su seguridad; en definitiva, salvar cualquier obstáculo que dificultara las negociaciones en las que los españoles, a petición de las partes, estuvieron también presentes.

A cambio, los españoles proponían y organizaban visitas conjuntas a campos de refugiados, hospitales, zonas deprimidas, etc. Se trataba de preparar el terreno y crear un entorno propicio, con un amplio apoyo institucional y social, a diferentes niveles. Esto exige un importante trabajo de campo que incluye establecer lazos con muchos civiles y militares, serbios, bosnios o croatas, que en aquel momento solo tenían una cosa en común: la confianza en los españoles.

El intercambio de prisioneros y cadáveres

Si hay algo que marque un punto de inflexión en un conflicto armado es el intercambio de prisioneros y cadáveres; de hecho, es muy difícil llegar a esos acuerdos durante los momentos más cruentos de una guerra. Contingentes de varios países desplegados en los Balcanes se ofrecieron para arbitrar estos acuerdos, pero fueron las partes implicadas las que confiaron en los españoles para ello.

Los españoles proponían y organizaban visitas conjuntas a campos de refugiados, hospitales, zonas deprimidas, etc.

Así, uno de los principales esfuerzos de los españoles durante aquella misión fue favorecer estos intercambios entre serbios, croatas y bosnios. La actitud de los españoles durante las negociaciones fue fundamental no solo para alcanzar los acuerdos entre los bandos, sino para resolver las numerosas incidencias que ponían en riesgo los frágiles pactos en un ambiente tan belicoso, como ocurrió aquel día, a principios de septiembre de 1993, al este de Jablanica.

Tras el intercambio de los cadáveres, y con los más de cien prisioneros por bando cada uno a un lado de la carretera, una divergencia entre las listas y los prisioneros presentes puso en peligro el acuerdo, ante la desesperación de sus familiares. Era una decisión fatal, perjudicial para ambos bandos y muy dolorosa para muchas familias.

Muy probablemente, la neutralidad —en ocasiones demasiado rígida— de los contingentes internacionales hubiera hecho imposible tomar cartas en el asunto a los intermediarios, pero los españoles sabían que esta decisión no era ni acertada ni aceptable al descartar el aspecto humano en su razonamiento.

Así, el oficial de enlace español reunió a los responsables de uno y otro bando en una tienda de campaña. Allí, serbios, bosnios y españoles charlaron de uno y otro tema hasta crear un clima de confianza entre personas, eso era lo importante: que allí hablaran las personas, no los bandos. Finalmente, el intercambio se produjo con el compromiso de los bosnios de entregar los prisioneros que faltaban a posteriori y la confianza de los serbios en esa promesa. Días después, y a pesar del ensañamiento entre las partes, los bosnios cumplieron con su deuda y entregaron a los seis prisioneros perdidos a cambio de nada, o tal vez para cumplir con el compromiso que habían adquirido con los españoles.

La empatía e implicación de los españoles ante la desesperación salvó la vida de muchos prisioneros de ambos bandos, que basaron su confianza mutua en la mediación de los españoles.

La Trg España (Plaza de España)

La actual Plaza de España de Mostar, antes Trg Hit, está en el centro de la ciudad y cerca de su ayuntamiento. Mostar era el ejemplo de la situación del país, antes unido y en aquellos momentos con sus habitantes enfrentados entre sí. El río Neretva y el bulevar de Mostar, donde se encuentra la Plaza de España, marcaban la frontera entre uno y otro bando.

Una de las muchas iniciativas del contingente españ