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El objetivo del contenido de este ensayo es en primer lugar llamar la atención sobre estos aspectos fundamentales de nuestra actitud marcada por la cultura y sus principios fundamentales que, innecesaria e ilógicamente nos complican la vida más de lo que ya es. Depende al final de cada individuo como percibe la necesidad de tomar medidas para lograr mejoras. La descripción de la esencia así que el significado del tiempo y como lo manejamos nos tiene que ayudar a entender el motivo de la creación de tanto exceso. La comprensión de los principios dominantes en la economía de carácter occidental debería darnos suficientes conocimientos sobre aspectos importantes de la realidad en la que vivimos para abrirnos los ojos. Es importante realizar un auto chequeo tras haber pasado por la educación de los padres y escolar y tras las adaptaciones realizadas al entorno social en el que vivimos. La percepción de magnitudes o la detección de lo fundamental detrás de la fachada que percibimos ante nuestros ojos deberían salvaguardarnos exitosamente del exceso. En ese sentido: Lo que cuenta para un ser humano es la robustez de su conciencia más allá de la apariencia y más allá de su aspecto musculoso, la fuerza de su corazón. La gravitación se toma como motivo para exponer aspectos inquietantes de nuestro mundo científico. Los derechos que nos corresponden van detrás de las obligaciones que tenemos que cumplir. No hay derechos sin obligaciones. Existe una dimensión que despreciamos casi sin percibirlo. Se trata de nuestra concepción de la lógica. Los matemáticos, profesionales en este campo, demuestran irrefutablemente que nuestras posibilidades mentales no nos capacitan a formular conclusiones libres de contradicciones. ¿Nos puede ayudar la vivencia consciente de la espiritualidad a invertir nuestro tiempo limitado y nuestras energías en la consecución de fines mayores y más nobles, en lugar de la realización de expectativas que nos han más encasquetado?
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Seitenzahl: 272
Veröffentlichungsjahr: 2017
NADA EN EXCESO
Stefano Csaszar
Un ensayo sobre la manera occidental de actuar
Información bibliográfica de la Biblioteca Nacional Alemana: La Biblioteca Nacional Alemana tiene registrada esta publicación en la Bibliografía Nacional Alemana; los datos bibliográficos más detallados se pueden encontrar en internet bajo http://dnb.d-nb.de
© 2017 Stefano CsaszarFoto de Portada: Dolores CsaszarTraducción: Bettina BlandinEditorial: tredition GmbH, Halenreie 40-44, 22359 HamburgISBN: 978-3-7439-8053-2 (Paperback)ISBN: 978-3-7439-8054-9 (Hardcover)ISBN: 978-3-7439-8055-6 (e-Book)
La obra, incluidas sus partes, está protegida por los derechos de autor. Está prohibida cualquier distribución sin el consentimiento de la editorial o del autor, especialmente en el caso de reproducción electrónica o de cualquier otra índole, traducción, divulgación o acceso público.
Dedicado a mi mujer Dolores con amor infinito. Sin su decisivo apoyo no habría sido posible realizar este trabajo de esta forma.
También quiero agradecer a Ernst Oberholzer y Hebi Oberholzer su feedback constructivo.
En el transcurso de nuestra vida tenemos que enfrentarnos a una multitud de situaciones de excesos. Los acontecimientos provocan en nosotros sentimientos de alegría o de tristeza que también pueden sobrepasar el nivel de aguante individual. Sin casi darnos cuenta, entramos en una dinámica, tanto en la carrera profesional o simplemente en un insólito trayecto por autopista que puede exigir nuestras capacidades humanas al límite de lo soportable. El paso al exceso o la caída en la rutina resultan cuando entramos en situaciones que desde el principio no pudimos elegir. O al menos, así lo creamos, debido a nuestros conocimientos y conciencia actual. El grado de nuestra felicidad depende fundamentalmente de nuestra capacidad de enfrentarnos a los acontecimientos de la vida con la mayor conciencia y procesarlas según nuestras capacidades. Mientras ocurra esto podemos hablar de medida. El ‚exceso’ surge cuando la situación nos sobrepasa según el dominio, las circunstancias y el desarrollo personal. La fabricación de millones de automóviles no es en sí un exceso, mientras no lleva a una destrucción del medio ambiente. Todo lo contrario, miles de trabajadores pueden mantener su existencia gracias al empleo en fábricas.
Pero claramente hay un exceso cuando la industria del automóvil contribuye a la destrucción del medio ambiente y los empleados están infra pagados. Esta situación no cambiaría, aunque una industria de automoción destructora del medio ambiente creara una fundación para apoyar a niños huérfanos.
La extensión de la cultura que responde al nivel de conocimiento de cada persona determina el nivel de exceso. C.G. Jung define la cultura como la máxima concienciación posible. Básicamente, la percepción de exceso es algo individual. Por lo tanto, el juicio sobre la propia percepción, de si se percibe un exceso por propia parte u otra, depende libremente de cada individuo.
El objetivo del contenido de este ensayo es en primer lugar llamar la atención sobre estos aspectos fundamentales de nuestra actitud marcada por la cultura y sus principios fundamentales que, innecesaria e ilógicamente –o contradictoriamente- nos complican la vida más de lo que ya es. Depende al final de cada individuo en particular como percibe la necesidad de tomar medidas para lograr mejoras.
La descripción de la esencia así que el significado del tiempo y como lo manejamos nos tiene que ayudar a entender el motivo de la creación de tanto exceso.
La manipulación del fenómeno al que llamamos tiempo requiere la utilización de mucho cuidado y planificación intencionada. Es de gran importancia tener en cuenta el hecho de que el tiempo en realidad es un artefacto que existe solo por nuestra percepción y como consecuencia de reglas instituidas. Demasiado a menudo se oye la frase: no tengo tiempo. Cada uno de nosotros tiene que hacer un verdadero esfuerzo para hacerse con el ritmo de la vida moderna.
La comprensión de los principios dominantes en la economía de carácter occidental debería darnos suficientes conocimientos sobre aspectos importantes de la realidad en la que vivimos para abrirnos los ojos. El orden económico de la sociedad occidental ha llegado a un nivel máximo indiscutible. Nunca antes en la historia de la humanidad tanta gente ha estado bien o muy bien como en la época más reciente de nuestra era. Por lo que aún es más inaceptable el hecho de que grandes segmentos de la población siga sin disfrutar de bienestar relativo y demasiados trabajadores sean forzados a un estado de desempleo sin dignidad. Podemos hablar de una refeudalización de la sociedad. Con todas las normas de la legalidad y la aceptación general de los votantes –al menos aparentemente– se consuma a la vez una reducción permanente y continua de la clase media y un incremento de la población pobre y muy rica.
No es aceptable que por razones económicas nazcan finalmente tan pocos niños que la sociedad occidental se elimina a sí misma, aunque en general haya recursos más que suficientes. Esto es evidentemente el mayor exceso de la sociedad marcada por el estilo occidental.
Es importante realizar un auto chequeo tras haber pasado por la educación de los padres y escolar y tras las adaptaciones realizadas al entorno social en el que vivimos. La necesidad de correcciones solo puede resultar de una decisión propia.
La percepción de magnitudes o la detección de lo fundamental detrás de la fachada que percibimos ante nuestros ojos deberían salvaguardarnos exitosamente del exceso. En ese sentido: Lo que cuenta para un ser humano es la robustez de su conciencia más allá de la apariencia, la robustez de su conciencia y más allá de su aspecto musculoso, la fuerza de su corazón.
El origen de la fuerza que se presenta en grandes dimensiones delante de nuestros ojos –p.ej. músculos, rascacielos, mítines políticos, medallas de oro y grandes fortunas– en realidad no está en la superficie perceptible, contrariamente a lo que suele suponerse siendo la norma. Los campos en donde está la verdadera fuerza son las minúsculas válvulas del corazón, los músculos, los cálculos correctos de estática en los rascacielos y la competencia del político. Entonces la grandeza que realmente importe es pequeña, no necesariamente material y a menudo ni siquiera visible, de tal modo que hay que derivarla con la sensibilidad consecuente de lo perceptible.
El corazón humano poco conocido merece ser tan honrado que se haga pública de manera más comprensible una descripción de sus funciones. En lo que respecta a nuestro mundo biológico, el funcionamiento del corazón es para nosotros la dimensión absoluta.
La gravitación, muchas veces mal entendida, se toma como motivo para exponer aspectos inquietantes de nuestro mundo científico. Nuestras universidades se desarrollan siempre más como lugares de conocimiento exclusivo y de su monopolización. Se vuelven cada vez más opacos y misteriosas, lo cual puede llevar fácilmente a abusos – es decir excesos. Además, se hace mención a la otra dimensión absoluta de nuestro mundo biológico. El aumento de la gran energía nuclear –una de las cuatro fuerzas básicas de la física– de solo un 2% llevaría al colapso del universo entero. Una vez más, la fuerza no se distingue en lo ‚grande’, sino en lo ‚pequeño’.
Los derechos que nos corresponden van detrás de las obligaciones que tenemos que cumplir. Entonces no hay derechos sin obligaciones. Para poder tener el ‚derecho’ de reclamar algo, primero tenemos que haber realizado los así llamados ‚deberes’. Por consiguiente, no tiene sentido alguno formular exigencias sin preparación correspondiente. Esto es en contraposición a todos aquellos que afirman que la suerte se encuentra a la vuelta de la esquina y que puede conseguirse con facilidad y prácticamente gratis. Por esa razón, la publicidad y los populistas en la política son los grandes causantes del exceso.
Ser capaz de ponerse en la situación de obtener la capacidad de diferenciar el fin de los medios puede ser la clave para estimaciones realistas y para concretar nuestros proyectos. Dinero, poder, estado, tamaño de la superficie y población nacional, producción económica, diplomas universitarios y mucho más son solo medios para la obtención de un objetivo. El fin que lograr tiene que servir al bien absoluto de todos por encima de todo. Estas medidas representando derechos, medios y fines se confunden frecuentemente y aun regularmente.
Existe una dimensión que despreciamos casi sin percibirlo. Se trata de nuestra concepción de la lógica. Los matemáticos, profesionales en este campo, demuestran irrefutablemente que nuestras posibilidades mentales no nos capacitan a formular conclusiones libres de contradicciones. El resto de los eruditos –abogados, políticos, teólogos, economistas– se comporta como si eso nunca hubiera sido detectado y forma de esa manera una fuente muy extensa de exceso devastador. Parece que en Occidente aceptamos contradicciones flagrantes y evidentes demasiado frecuentemente sin resistencia. Siempre se requiere una intervención situacional y emotiva para mejorar desacuerdos eventuales o adelantarse a ellos. Este contexto contiene un gran potencial para el exceso.
Se exponen más adelante algunas observaciones acerca de la justicia, soportadas entre otras por cifras económicas.
¿Nos puede ayudar la vivencia consciente de la espiritualidad a invertir nuestro tiempo limitado –el mayor regalo de la naturaleza o de Dios– y nuestras energías en la consecución de fines mayores y más nobles, en lugar de la realización de expectativas que nos han más encasquetado?
Alguien que abandona su entorno cómodo y familiar, que va con un taxi al aeropuerto, sube en un avión, recorre el mundo de aeropuerto en aeropuerto sin descanso hasta regresar a su entorno cómodo y familiar, ha recorrido con vertiginosa velocidad miles de kilómetros. Aunque solo ha percibido desde la ventanilla aeropuertos, como muchos hoteles, paisajes, ha visto fugazmente acompañantes de avión y pasajeros y quizás se haya dirigido a ellos. Habrá recorrido el mundo y experimentado mucho. Pero a pesar del esfuerzo económico y temporal realizado, podrá asimilar solo parcialmente lo vivido de tal forma que le sirva de experiencia y aprendizaje. También en una excursión de solo una hora renunciamos al encuentro y a la observación de pueblos enteros y paisajes. Lo fundamental es llegar rápido al destino para luego ya en casa asimilar y mantener los recuerdos de las experiencias vividas.
Aun cuando vayamos a pie o en coche, la limitación de tiempo individualmente percibida nos deja renunciar consciente o inconscientemente al placer de la percepción de olores, la contemplación de paisajes y a encuentros interesantes con seres humanos con los que podríamos intercambiar pensamientos, información o emociones. Se podría alargarse aún más la enumeración de vivencias a las que tenemos que prescindir a lo largo de nuestra vida cotidiana por diferentes motivos. El enorme abanico de posibilidades y alternativas que encontramos en nuestra vida nos obliga a tomar diariamente más de una decisión. Tenemos que focalizar nuestros sentidos en cosas que seamos capaces de enfrentar. Se basa en el hecho fácilmente comprensible por cada hombre y mujer que ni podemos tener ni hacer todo y en particular no queremos todo. Entonces en la mayoría de los casos, cuando tratamos de lograr a realizar nuestros pequeños y grandes propósitos, renunciamos a algo. Por tanto, no queda otra cosa que llevar a cabo nuestros propósitos en base a escasos compromisos viables. Se pueden emparejar los mejores deseos con la máxima cantidad de energía, pero aun así existen innumerables factores externos como situaciones adversas, envidia, maldad, planificación equivocada, desgracias, propia impaciencia y sobreestimación de las propias facultades que ralentizan o posponen el logro de nuestras metas y la realización de nuestros deseos. ¿Realmente hemos formulado deseos y metas? ¿Llenan estas deseos y metas un propósito claro y definido? ¿Tenemos una estrategia de aplicación de los medios para llegar a ello? ¿Impide está estrategia que en la búsqueda de los distintos medios (un diploma académico y dinero son medios) por pereza no perdamos de vista el objetivo real?
De hecho, la repercusión de nuestro trabajo y nuestra actitud ante las compras, los viajes y la comunicación han alcanzado ya unas dimensiones imposibles de percibir en su totalidad. Desde la verdura que comemos hasta los diamantes que compramos somos bombardeados con productos cuyas procedencias y repercusión por su fabricación y difusión no alcanzamos a entender.
La producción de las hortalizas que elegimos en los centros comerciales para nuestro consumo procede de explotaciones agrícolas especializadas cuya simiente se compra a consorcios o multinacionales como Sangrenta, Monsanto y Dupont. A este hecho se debe a que la guindilla comprada en Frankfurt sea practicamente igual que una guindilla de Boloña. Debido a la maximización de beneficio, la posibilidad de respetar las especialidades regionales se reduce al mínimo o al cero. Así que deciden algunos gremios en Basilea o en los Estados Unidos lo que podemos cocinar y cuanto gusto debemos percibir.
El origen de los diamantes intencionadamente es un misterio opaco y permanecerá siéndolo.
Lo mismo ocurre con nuestro campo social que nos fuerza a mirar más allá de las fronteras de nuestros pueblos y entablar adecuadas interconexiones. Nuestro campo de trabajo está a menudo enfocado a nivel internacional y sujeto a un cambio social continuo. Un ejemplo extremo es el descubrimiento de los transistores que ha hecho innecesarias todas unas generaciones de ingenieros de tubos electrónicos, al igual que la implantación de la electrónica ha generado que unas generaciones de tipógrafos sean prescindibles. La utilización de nuevos procesos de producción provoca que continuamente unos oficios sean prescindibles, pero a la vez se crean nuevos. Nuevas posibilidades se abren continuamente a una velocidad cada vez mayor. A primera vista, el más rápido de entrada es el ganador.
Una decisión tomada en un lugar alejado, en el cuartel central de la empresa en la que trabajamos, puede poner en juego nuestra existencia de hoy para mañana. Benjamín Franklin: „El tiempo es dinero (Remember that time is money).” De esto se puede deducir: Si el tiempo es dinero, para los negocios, la velocidad se vuelve en el imperativo absoluto. Esta ideología nos lleva a un círculo vicioso empezando con la renovación técnica, llevando a la transformación de las relaciones sociales para moldearnos después a cada uno como combatiente contra todos, con la ineludible consecuencia de que nuestras actividades alcancen cada vez más una aceleración casi irresistible. Básicamente no existen límites. El día tiene veinticuatro horas. Karl Marx dijo: „Apropiarse del trabajo las veinticuatro horas del día es el impulso inmanente de la producción capitalista“. ¡Y sigue siendo así hoy en día!
Miremos más detenidamente lo que definimos como tiempo. Según la definición humana, ha pasado un segundo de tiempo cuando la luz de un isotopo o nucleído cesión de un peso atómico 133 – puede variar de 112 hasta 151– haya realizado 9 192 631 770 oscilaciones. Sobre esta base se fabrican y se mantienen relojes atómicos súper exactos. La medición del tiempo solo sirve a nosotros como humanos en un plano emocional. Es un artefacto que también a nivel científico sólo es definido como algo relativamente existente. Un tiempo eterno del cosmos no existe, no lo podemos medir ni percibir. Debemos a Einstein el conocimiento de que no existe un tiempo central para todos, sino que el tiempo depende de la velocidad con la que le observador se acerca del objeto observado.
En octubre de 1971 el físico Josef Cháfele dio la vuelta al mundo con un billete de pasajero normal y en la mayoría de los casos por compañías aéreas mayoritariamente comerciales. Siempre llevaba en los aviones a los que subía un reloj atómico para lo que también sacó un billete normal de pasajero. Cuando aterrizó finalmente en Washington, comparó la hora de su reloj atómico con un reloj de cesión que había sincronizado con la misma hora al iniciar el viaje y que había dejado en Washington. Se pudo comprobar una diferencia de la 59 000 000 000 parte de un segundo. ¡Por lo tanto, los relojes en movimiento van más lentos! Y cuanto más pesada sea una masa (sol, luna, nosotros mismos, un coche), más se ralentiza el paso del tiempo debido a la gravitación.
En nuestra memoria de trabajo podemos procesar percepciones de tres segundos. Si queremos memorizar un nuevo número de teléfono, tenemos que repetirlo continuamente. El momento más corto que somos capaces de procesar conscientemente transcurre entre dos tonos con un intervalo de un centésimo de segundo. El sentido visual es diez veces más lento. Cuando nuestro cerebro no percibe ninguna modificación en espacios1 durante tres segundos –que de persona a persona pudiera ser percibido de manera diferente–, parece que el tiempo se detiene. Nuestro cerebro percibe el tiempo sobre todo como movimiento. Si tenemos en cuenta nuestra base biológica que sea la genética recibida en el nacimiento de cada uno y el entorno que nos condiciona y moldea continuamente, hay que saber que análogamente al mundo animal, hay personas diurnas y personas nocturnas. El nucleus suprachiasmaticus que se encuentra en el hipotálamo central sobre el nervio óptico en el cerebro de los mamíferos se ha identificado como reloj central interno. Sin embargo, existen más centros responsables de la regulación de nuestro ritmo de sueñovigila.
Casi todos los adolescentes son marcadamente aves nocturnas, porque la melatonina –una hormona nocturna– se libera en personas de dieciocho años a partir de las once de la noche. Por otra parte, personas mayores son considerados madrugadores porque se libera menos melatonina en la vejez. Muchos de nosotros hemos tenido que realizar amargamente actividades, ya sea por motivos profesionales o por compromisos sociales, en un horario que aun teniendo una conducta de vida sana una salud perfecta, se hubieran trasladado de muy buena gana a otro momento del día. También tenemos que lidiar con algunas circunstancias que resultan agravantes.
La demanda biológica incondicional para la que ha sido creada nuestro organismo: vivir con gran contraste el día y la noche o la claridad y la oscuridad, va minándose regularmente de veces por la estancia en espacios cerrados donde la intensidad de la luz que entra por la ventana es cincuenta veces más reducida. Obreros con turnos de trabajos –en Alemania ascienden a 5,7 millones de personas– sufren especialmente de jornadas laborales diurnas y nocturnas irregulares.
Si es necesario para mantener los costes bajos, se implanta un sistema de trabajo por turnos. En la industria del automóvil, por ejemplo, se instalan grandes salas de montaje. En estas salas he ha eliminado la luz del día. Así el puesto de trabajo parece siempre lo mismo, cual sea la hora de principio del turno. La entrada a estas salas de trabajo nos recuerda la descripción que Dante Alighieri hacía en la Divina Comedia de su entrada en el infierno. Solo que no se queman almas humanas en el fuego, sino que son trabajadores y trabajadoras que realizan literalmente con cuerpo y alma el movimiento necesario e imperativo en la cadena de montaje, que no se ha o ya no se ha podido programar aun en un ordenador. Si alguno de estos movimientos no se pudiera haber realizado, toda la producción de este segmento se hubiera parado.
La urgencia de un trabajador de ir al baño podría salir muy cara. Las planificaciones de estos turnos se han realizado según el principio de la mayor eficiencia donde el calendario y el horario se imponen. El objetivo más importante es ser mejor y más rápido que la competencia, aunque esté a miles de kilómetros. Las personas desarrollan su trabajo y al finalizar su turno se van a casa, de hecho, visiblemente contentos. Mañana será otro día. Esperemos que haya suficientes compradores para todos los productos elaborados, ya que sino peligraría la suerte de ser la prolongación del brazo de una máquina para ganarse el sustento. En la explotación agrícola se echa mano a menudo a la implantación de invernaderos, si esto ayuda a paliar la limitación de la temporada y adelantarse a la competencia.
Lo sorprendente es como se jactan los proveedores con sus estanterías desbordando de productos que aparentan superar toda limitación de temporada. Una vez más se le concede a cada uno tomar la decisión ‚correcta’. Si se deja deslumbrar de la presentación perfecta y brillante del producto, tendrá por ejemplo un tomate precioso, pero casi sin sabor. A veces a uno no le queda otra opción. Simplemente no se puede encontrar en nuestra vida frenética tiempo y energía para buscar alternativas.
Partiendo de la condición de las frutas y verduras podemos en realidad trasladar esta observación a otros aspectos de la actuación occidental. La amplitud de las ofertas en todos los sectores imaginables que tenemos a nuestra disposición –electrónica, entretenimiento, trabajo, formación, viajes, vivienda, comunicación– no es infinita, pero sin duda demasiada. De momento es un motivo de alegría. Pero la multitud de ofertas también incluye un peligro latente de tomar la elección equivocada. A veces ni siquiera se puede llegar a una elección porque de entrada hace falta el dinero y el tiempo. A menudo reside la mayor dificultad en la aplicación de criterios, principios y métodos que nos debieran llevar a la elección correcta. En realidad, nos estamos otorgando hacer algo que posteriormente no sea tan compatible con nuestra naturaleza.
Numerosos estudios e investigaciones sociales dicen que el mundo de mentalidad occidental nunca ha tenido tanto tiempo libre en comparación con el tiempo laboral. Muchos sin embargo tienen la sensación de no tener tiempo nunca y viven en un estrés continuo. El ocio se programa, se normaliza y se uniformiza a menudo con meses de anticipación. Con frecuencia tenemos la sensación de estar dando palos en la rueda, por ejemplo, al realizar con un conocido una actividad programada con mucha antelación. La lectura de algo que implique una colaboración mental lleva a muchos a un estado de pánico, inquietud y rechazo.
La separación entre ocio y tiempo de trabajo se convierte en algo meramente decorativo cuando el volumen del trabajo de cada uno se determina indirectamente por el comportamiento de nuestros competidores en Tokio o en cualquier otro lugar. Sería diferente si, como ocurría en otros tiempos, los interesados serían al alcance de la cadena de producción del producto final que consumimos. ‚Ojos que no ven, corazón que no siente’, este es el principio utilizado para mantener a la masa de consumidores en la ignorancia, con el propósito de evitar impulsos reaccionarios e indignados sobre las formas de trabajo inhumanas y bárbaras.
Formalmente todo parece estar regulado conforme a las leyes vigentes. En realidad, hay que tener el trabajo listo en tiempo, sin incumplimiento aparente de las leyes y manteniendo los costes económicos –es decir dinero– lo más bajos posible. Se lleva trabajo a casa él que puede o vuelve muy tarde a casa sin considerar el ocio.
Las personas siempre encuentran de algún modo la manera de alcanzar sus alegrías. Al final de un día de esfuerzo el cansancio físico o psicológico se acumula excesivamente.
Hartmut Rosa decía: „La disciplina del tiempo que hay que inculcarle al cuerpo consiste fundamentalmente en la facultad de orientar la propia actuación en un esquema de tiempo abstracto, que sea ser puntual y aplazar necesidades – sueño, hambre o urgencia de ir al baño – en beneficio del cumplimiento del esquema de trabajo predeterminado, por consiguiente aplazar la satisfacción de las necesidades, reprimir impulsos así como condicionar los rendimientos máximos y fases de recuperación a momentos abstractos.” No solo la máquina de vapor, pero el reloj es la máquina clave que ha introducido la era de la industrialización. Permite de dirigir a cualquier criatura humana gracias a un brazo extendido (longa manus) y situar el tiempo mundial por encima del tiempo vital, independientemente de dónde se encuentre en la tierra.
La Señora Arlie Russel Hochschild, socióloga de la Universidad de California en Berkeley, describe2 entre otras la tendencia de los colaboradores en una empresa de tamaño medio en Estados Unidos con quinientos empleados de ignorar la posibilidad de flexibilizar las jornadas laborales y la preferencia de hacer jornadas de fin de semana y horas extras por encima de la media del país. Esto se explicaría por la grata atmósfera de trabajo reinante. De las reseñas de publicaciones de Doris Lucke: „Las políticas personales y laborales que parecen favorables a las familias han sido desenmascarados por los estudios de Hochschild como una estrategia empresarial especialmente astuta y estafadora, supuestamente a favor de las empleadas. Estas empresas tienden sus trampas de tiempo en forma de dinero, diversión en el trabajo, organización de eventos sociales y bienestar artificialmente logrado que conducen a una autoexplotación y pérdida de calidad de vida. Los afortunados, en realidad los afectados, pagan el precio renunciando a organizar su tiempo de vida y/o vivirlo con familiares.” The Time Bind’ (título original del libro en inglés) es por tanto la continuidad consecuente de un estudio evaluando la sobrecarga de padres trabajadores, presentada ya por la directora del centro para familias trabajadoras en la Universidad de California, Berkeley/Estados Unidos en 1989 como ‚The second shift’ (‚segundo turno’). La tragedia de tal comportamiento no se ve hasta que la vida en su inagotable fantasía provoca cambios en situaciones que por mucho tiempo han permanecido estables y exige reacciones de adaptación más o menos cruciales de los afectados – traslado de la sede de la empresa por motivos económicos. Resulta aún más difícil para cada cual gestionar los cambios y reaccionar adecuadamente cuanto más su desarrollo personal y su horizonte intelectual se hayan cimentado en rutas fijas y casi hormigonados. Nuestra naturaleza está basada espontáneamente sobre el camino de la mínima resistencia. Nadie renuncia con gusto o sin dolor a hábitos fuertemente arraigados.
Básicamente puede ocurrir en un sentido figurado a cada uno de nosotros vivir el final del pollo de Bertrand Russel – durante toda su vida se le alimenta, se le cuida, se le abriga y nada le hace pensar que finalmente terminará en la sartén. Estos acontecimientos demuestran claramente por un lado lo falso e incorrecto que es el dicho ‚no tengo tiempo’ y por otro lado lo importante que es –se podría incluso decir que de vida o muerte– definir prioridades y planes claros para invertir adecuadamente su propio tiempo.
Por lo menos podemos agudizar nuestro empeño de forma proactiva mediante la acumulación de experiencias, lo que no ocurrirá nunca de manera indolora. De este modo sensibilizamos la consciencia de nuestra identidad y al menos tenemos grandes oportunidades de reconocer errores e incluso de corregirlos. Hartmund Rosa expone en su libro considerable ‚Beschleunigung’ la forma en que tratamos de manera sensible o insensible la percepción de nuestras facultades mentales en relación con la forma en que invertimos el tiempo de nuestra vida en acumular experiencias.
Disponemos de una voluntad residual individual y consciente, aunque sea en la insignificancia relativa de la influencia voluntaria que nos sobra después de nuestra preprogramación genética y su adaptación al entorno dado en que vivimos. Esta voluntad residual es el elemento definitivo que determina la medida de nuestra sensación de felicidad.
Expresado de forma extrema, las personas por naturaleza pueden disponer de genes relativamente ‚buenos’ o ‚malos’. Aun así, la naturaleza nos ofrece durante toda la vida un amplio abanico de oportunidades y posibilidades. Según esto, un fracaso puede ser el comienzo de un éxito o al revés. Un hombre bello puede ser feo y odioso en su interior. Un hombre discapacitado al contrario puede haber alcanzado intelectualmente cualidades sublimes, incluso la minusvalía misma puede ser el motivo principal de su belleza y armonía interior. Al mirar más de cerca las sensaciones de desgracia de la mayoría de los humanos, parece ser un factor el comprobar que, culpable o no, cada persona a lo largo de su vida ha tomado decisiones equivocadas en momentos determinantes.
El arte consiste en tomar el mejor consejo con la persona adecuada y, si es necesario, seguirlo sobre la base de nuestros principios morales, aunque no se esté de acuerdo con él por el momento. Al final cada cual es responsable de sus actuaciones, omisiones o actuaciones tardías. Epicuro, el fundador del epicureísmo, manifestaba su admiración por la actuación según las leyes de la lógica señalándolo como característica del sabio preferir fracasar siguiendo un plan que triunfar como fruto de la casualidad: „Porque es más bonito que, cuando se hace algo, la decisión correcta no te lleve al éxito que la decisión equivocada llevándote al éxito por casualidad.”
Con otras palabras: una de las acciones más importantes de nuestra vida, sino la que más importante, es acumular experiencias. Al principio siempre hay un impulso en forma de vivencia, de una fotografía, un libro, una noche viendo televisión, una salida de compras, una exposición artística –cine o teatro–, una conversación, un viaje de vacaciones o de negocio, un acontecimiento dentro o fuera de la familia o círculo de conocidos o amigos, una formación, un accidente, un fenómeno natural o social, una enfermedad o un periodo laboral. Archivamos todo aquello lo que individualmente consideramos importante como una imagen fija con su propio sentimiento. Después formamos procesos relacionados que se activarán en nuestro cerebro siguiente los impulsos externos acústicos y visuales.
Este proceso de relacionar de forma lógica experiencias individuales entre sí se denomina acumular conocimientos o experiencias. Lo aprendido transforma nuestra personalidad. William James decía: „En general, un periodo de tiempo lleno de experiencias interesantes y variadas se nos parece ‚corto’ mientras lo estamos viviendo, pero ‚largo’ al recordar este periodo. Por otro lado, un periodo de tiempo sin experiencias nos parece ‚largo’ en tiempo y ‚corto’ cuando lo recordamos.” Así, la espera en una sala de espera nos parece larga como experiencia temporal –o aburrida– y se queda en nuestra memoria como un espacio de tiempo ‚corto’.
El tiempo de vacaciones pasa muy rápido, pero por las experiencias bonitas se conserva mucho tiempo en nuestro cerebro. Las alegrías se pueden rememorar gracias a las fotos y las películas que captan los momentos bonitos. Mirar la televisión o navegar en internet, algo que cada vez más se convierte en una experiencia sociológica importante de nuestro tiempo, confina a gran parte de la población durante horas a la silla de la habitación y monopoliza la atención de jóvenes y mayores. Si cada tres segundos hay un movimiento de imagen en la pantalla frente al espectador y la sucesión de las fotos ofrecidas no exige demasiado esfuerzo mental, el espectador puede estar como petrificado en una misma posición durante horas, algunos acostumbran regularmente a dormirse. Las noticias espantosas –especialmente solicitadas por la prensa amarilla– o películas de suspense que de entrada suponen una especie de tortura virtual para el espectador son llamativas.
Se percibe una especie de dolor, pero desde el amparo de la habitación, muy alejado del lugar de los acontecimientos. Solo se abordan los sentidos de la visión y la audición. Faltan los sentidos del olfato y del gusto. Percibimos nuestra información acústica y visual desde una ‚ventana’ artificial en la pared que en ningún caso tiene relación con el entorno de nuestra sala de televisión. Esto es suficiente para que nuestro sistema opiáceo endógeno nos recompensa con una liberación conforme al susto (pseudosusto) vivido.
Más nos enfrentamos desprotegidos y vulnerables a este deslumbramiento a través de promesas, moda impuesta, llamadas de conciencia y estrategias de venta estudiadas científicamente, menos seamos capaces de saber exacta, consecuente y emocionalmente lo que queremos, lo que nos hace bien, ¿qué objetivo buscamos exactamente con ello? Intentamos hacer tanto que sea posible en las veinticuatro horas que tenemos al día y para ello no rechazamos a quitar todo sentido al crecimiento cuantitativo – lo contrario de cualitativo. La cantidad desestructurada de experiencia impide que abandonemos el campo de la experiencia para alcanzar el verdadero enriquecimiento mental, físico y económico de la experiencia.
Lamentablemente andar por la vida satisfechos y llenos de la autoconciencia de nuestras fortalezas y debilidades no es la norma, sino que tendemos a ‚no tener tiempo’ y ‚no tener ganas’ para simplemente luego acostarnos enervados y agotados delante del televisor o en una playa. Lo importante es poder dormirse o cada tres segundos notar algún movimiento en la televisión. Los días, los meses y los años de nuestra única vida pasan y si queremos sacar una especie de balance, nos damos cuenta de que en el mejor de los casos hemos tenido muchas vivencias, pero acumulado muy pocas experiencias verdaderas.
