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Nadie te enseña: • Qué hacer con los berrinches • Claves de una buena alimentación • Cómo hacer que duerma solo/a • Rituales amorosos • Buen uso de pantallas • Cuándo sacarle el pañal • Comunicación y límites Carina Schwindt, psicóloga y neuropsicóloga, y Mariana Fernández, psicóloga y psicopedagoga, te ofrecen esta guía práctica de crianza positiva. Porque la mejor manera de comprender a un niño/a es adentrándote en su mundo.
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Seitenzahl: 203
Veröffentlichungsjahr: 2022
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@editorialelateneo
A nuestros hijos,
que nos enseñaron
el maravilloso mundo
de ser madres.
Hablar de crianza no es fácil. Hay tantas formas y métodos como familias. Así como los tiempos cambian, los modos también lo hacen, y todo lo que te contaron que “debías” hacer a la hora de estar frente a un niño/a se desvanece desde el preciso momento en el que la realidad te sorprende cargando en brazos a tu hijo/a por primera vez. Es ahí cuando te das cuenta de que ser madre o padre implica responsabilidades de todo tipo. Entender y aprender cómo manejarnos con nuestros hijos/as y despojarnos de cómo fuimos criados es, sin lugar a duda, el mayor desafío.
Criar lleva tiempo, reinvención, conocimiento y adaptación.
Criar es reconocer a los niños como individuos con derechos que deben ser respetados.
Criar es un arte y una ciencia, una oportunidad que no debemos desperdiciar.
Nadie te enseña quiere acompañarte en este proceso. Si eres madre, padre, educador/a o profesional y hay un niño/a en tu vida, eres responsable de su crecimiento y bienestar. Todos, sea cual sea el lugar que ocupemos, debemos colaborar para que así sea. Es nuestro mayor deseo que los niños y las niñas tengan en su vida a cuidadores preocupados y ocupados de su sano crecimiento y desarrollo.
Nuestra piedra fundamental es la crianza positiva, cuyo principal objetivo es fomentar la relación entre niños y adultos, desde el respeto mutuo y la autonomía para que los pequeños se desarrollen de forma adecuada, logren alcanzar metas y se sientan bien consigo mismos y con los demás.
La primera etapa de desarrollo de un niño sucede principalmente dentro del grupo familiar donde, a medida que crece, se suman otros miembros de la familia o del entorno que lo marcarán para toda la vida. Piensa en tu propia historia: todo lo que hoy eres como adulto/a tiene relación directa con lo que has vivido en tu primera infancia, cómo has sido mirado/a, cómo has sido tocado/a, cómo te han hablado, cómo has sido considerado/a, cómo has sido querido/a. Por eso, debes ser muy consciente de que tus acciones dejarán huellas para siempre en tu pequeño/a. Es tu responsabilidad impulsar su desarrollo al máximo potencial.
Pero, primero, debes conocer y aprender nuevas formas de crianza para acompañar mejor a tu hijo/a. El saber empodera.
Nadie te enseña estará ahí para ayudarte. Cuando pierdas la calma, cuando te sientas cansado/a y sin ánimos, cuando te abrume el estrés por no saber qué hacer, en esos momentos difíciles, tomarás este libro entre tus manos con todas tus fuerzas y dirás: ¡puedo hacerlo mejor!
Estamos convencidas de que este libro te será de gran utilidad para entender mejor no solo a tu hijo/a sino también a todos los niños que te rodeen. Los conocimientos, consejos y experiencias que compartimos a lo largo de estas páginas te servirán para unir la teoría con la práctica y descubrir que tu tarea como padre, madre, cuidador/a o profesional es aún más maravillosa de lo que creías. Ante todo, queremos transmitirte que puedes brindar una crianza positiva mientras disfrutas del proceso, de cada paso, de cada logro.
A diferencia de otras generaciones, hoy en día podemos aprovechar el acceso a mucha más información. Queremos acompañarte y orientarte. Para ello, te proponemos un recorrido que aborda distintos aspectos de la crianza.
Comenzaremos contándote qué es la crianza positiva y el porqué de su importancia. También te explicaremos el paso a paso del crecimiento de tu hijo/a y qué señales madurativas debes tener en cuenta.
Luego, abordaremos la alimentación, especialmente, cuándo es necesario iniciar la alimentación complementaria, qué alimentos son mejores para un desarrollo más saludable y qué puedes hacer cuando un niño/a es selectivo/a con las comidas.
Más adelante, encontrarás algunos consejos para ayudar a tu niño/a con el control de esfínteres. Entenderás sus miedos y sus emociones. Te brindaremos herramientas para gestionar los límites y castigos, además de estrategias para actuar ante los berrinches.
Algo que no puede faltar en este recorrido es explicarte por qué es importante que los niños tengan un buen descanso y menos exposición a las pantallas, aspectos imprescindibles para el desarrollo óptimo de sus potencialidades.
Luego, hacia el final, te hablaremos del cerebro infantil. Todo cobrará más sentido cuando descubras las maravillas del cerebro de tu niño/a. Entender cómo funciona te ayudará a lograr una mejor conexión y un acompañamiento más eficaz.
El crecimiento saludable de tu niño/a dependerá, en gran medida, de lo que puedas llevar a la práctica desde Nadie te enseña. Es crucial para su vida y para un desarrollo neuromadurativo exitoso. Luego de leer este libro podrás darles respuesta a todas esas preguntas que aún giran en tu cabeza.
La mejor manera de entender a un niño/a es adentrándote en su mundo. Solo así podrás influir positivamente en su desarrollo.¿Estás listo/a? ¡Te acompañaremos en este proceso!
“Déjalo llorar, no lo tengas en brazos todo el tiempo porque se acostumbrará”.
¿Cuántas veces nos han hecho dudar de lo que hacemos? ¿Cuántas veces discutimos, peleamos y nos sentimos sumamente culpables por cómo educamos y criamos a nuestros hijos?
En primer lugar, te decimos que, si elegiste el camino de la crianza respetuosa, lo estás haciendo bien. Hay días que van a ser buenos, otros malos, pero vas por el camino correcto.
Los miles de métodos y enfoques de crianza —los viejos, los nuevos, aquellos con los que creciste y aquellos de los que quieres aprender— vienen a tu mente en ese preciso momento en que quieres dar una respuesta —que esperas sea la adecuada— para tu hijo, tu alumno o tu paciente.
Aparece un nuevo paradigma, el de la crianza respetuosa, con ideas maravillosas e intervenciones que parecenacertadas. Y aquí estamos, aprendiendo nuevamente, tratando de apagar las viejas conexiones aprendidas y de cambiar el viejo chip de la disciplina autoritaria: rincón del castigo, “tiempo fuera” o dejar al pequeño llorando, decirle que se quede “pensando” en lo que hizo, etc. Es decir, dejar atrás muchos recursos que ya no deberían ponerse en práctica y la crianza del castigo de la que venimos:
“Un buen chancletazo a tiempo y esto no pasa”.
“Lo castigué y lo envié a su habitación porque arrojó su juguete”.
“¡Te dije que no gritaras!”.
“¡Vete a la oficina del director!”.
La extinción de la conducta (dejar que llore y distraerlo con otra cosa), las fichas (dar reconocimiento mediante premios por lo que hace bien y sacárselos cuando hace algo mal) y el complejo de Edipo (ese conjunto de emociones ambivalentes hacia los progenitores) siempre nos han dejado una certeza y cierta tranquilidad: la culpa está en el afuera. Y, para ello, la mejor forma de “corregir” es utilizar herramientas externas a los adultos para poner fin a una conducta.
Pero, si todo esto no funciona como pensábamos que lo haría, ¿qué hacemos ahora?
Nosotros como padres, educadores y profesionales que acompañamos el proceso de crianza somos quienes debemos gestionar las herramientas adecuadas para comprender, acompañar, escuchar, valorar y brindar posibles soluciones.
Ser un recipiente transformador para tu pequeño. Recibir esa conducta, transformarla, darle significado y devolverla de una manera que se logre cierto aprendizaje que le permita seguir creciendo. Redireccionarla en vez de corregirla.
Criar a los niños hoy exige sacarnos ese viejo y obsoleto chip de crianza y vaciar nuestras mentes de esos patrones mentales que antes pudieron funcionar (a un costo muy alto), pero que ¡ya no!
Debemos cuestionar y poner en duda los puntos de vista impuestos por un modelo de crianza antiguo. Debemos poder mirar a los niños con otros ojos que nos hagan querer buscar nuevas herramientas para ser ese educador que te hubiese gustado que fuesen contigo y que hoy tus pequeños necesitan.
Hablamos entonces de tener la mirada puesta en una crianza positiva. Este modelo no está relacionado ni con la permisividad ni con educar sin límites. Es un estilo de crianza que persigue que los hijos sepan afrontar con éxito sus desafíos vitales sin violencia y desde el respeto. Tiene como objetivo que nuestros hijos sean personas responsables, autónomas, decididas, resilientes, respetuosas, tolerantes y empáticas.
Para ello, debemos ser modelo y mostrarnos de esta misma forma.
La crianza positiva y respetuosa es una forma de criar que se fundamenta en los principios del amor incondicional, la empatía, la igualdad y el respeto. Se basa en entender al niño y sus necesidades, en la validación de sus sentimientos, en comprender la etapa de desarrollo en la que se encuentre, en su capacidad de captar —o no— la situación. Darle esa voz que aún no sabe alzar.
Educar desde el amor y el respeto comienza con el nacimiento y perdura a lo largo de toda la vida. Por ello, nunca es tarde para empezar un tipo de crianza positiva basada no solo en consejos enfocados únicamente en las necesidades de los niños, sino también en las necesidades de los adultos.
Es el sentimiento de querer al niño por encima de todas las cosas, amar su esencia a pesar de sus equivocaciones. Tal y como es, sin pretender cambiarlo.
La empatía es la capacidad que tenemos de conectar con el otro, ponernos en su lugar y responder adecuadamente a sus demandas. Es una conexión a nivel emocional.
Entender que los niños tienen sus propias creencias y pensamientos. Dejarlos que se expresen libremente, sobre todo respecto a sus sentimientos.
El respeto hacia las necesidades básicas de los niños. Encontrar el equilibrio entre nuestras necesidades y las de ellos. Esto tiene que ser mutuo.
Así lograremos que nuestros hijos crezcan con valores y logren una autonomía que les permita desarrollarse con su entorno siendo responsables, resilientes, respetuosos, tolerantes y, sobre todo, más empáticos.
Convertirnos en un recipiente transformador para la conducta de nuestro hijo, para lograr un aprendizaje.
El objetivo es que los pequeños sepan afrontar con éxito sus desafíos vitales, sin violencia y desde el respeto.
Como adultos tenemos que entender al niño y sus necesidades, validar sus sentimientos, comprender la etapa de desarrollo y su capacidad de entender la situación.
Ser la herramienta que tu hijo necesita: comprender, acompañar, escuchar, valorar y brindar posibles soluciones para transformar esa conducta.
Los pilares de la crianza positiva son: amor incondicional, empatía, igualdad y respeto.
“Reconozco que muchas veces grito y después pido perdón. Entro en ese círculo del cual no me es fácil salir”.
¿Qué es el sentido común? Es aquello que nos ayuda a saber qué es más adecuado decir o hacer en determinadas situaciones. De allí que no sea un pensamiento individual que dependa de cada sujeto, sino que es una especie de pensamiento colectivo.
Cuando hablamos de crianza, nos cuesta, muchas veces o la mayoría de ellas, encontrar un equilibrio entre lo que nos dijeron que tenemos que hacer, lo que queremos hacer y lo que podemos aplicar. Lo que normalmente sucede es que tendemos a repetir lo que hemos visto en nuestros hogares y pensamos que, como nuestros padres nos educaron así, eso es lo correcto. A todo esto, se le suma la exigencia que tenemos como padres frente a la expectativa de cómo nos gusta que salgan esas cosas para criar “buenos chicos” ante nuestros ojos y los de los demás.
Ser fundamentalistas del modo de crianza que deseamos aplicar implica defender a muerte ese modelo y llevar encima una gran cantidad de carga de decepción cuando esto no sale como esperamos, además del rechazo hacia otras formas que nos llevan a querer aplicar solo nuestra mirada en todos los ámbitos. Esto nos hace encontrarnos con ciertas dificultades cuando no tenemos en cuenta el entorno, el contexto y la modalidad, ya sea parental, educacional o teórica si eres profesional.
Los extremos no son mejores que el término medio. Que el pequeño aprenda a esperar cuando no podemos atenderlo en ese momento es tan importante como atenderlo de forma calmada y no dejarlo llorar más de la cuenta.
Lo importante es que, en cada situación, devenga un aprendizaje mutuo donde podamos confiar en nuestro instinto, preguntarnos sobre los modos y los porqués para luego actuar de la misma o de diferente manera frente a una situación que se presenta, reforzar normas sociales y favorecer el desarrollo de comportamientos positivos en los niños.
Los adultos generalmente tenemos una mirada desde un lado muy exigente para con los pequeños: queremos que sean los mejores en todo porque creemos que eso está bien y esperamos esa retribución en base a cómo se desarrollan e interactúan con su entorno.
Desde esta perspectiva, la respuesta está dirigida a tener resultados orientados a complacer a otras personas, sin tener en cuenta las necesidades básicas de los niños y las nuestras como educadores. Suele acarrear frustración e insatisfacción no poder cumplir con lo que deseamos, ya que cuando podemos lograr algo, esto no es lo suficientemente bueno y sentimos que podemos pedir más o una mejor manera. ¡Es agotador! Nuestra mirada, pensamientos y sentimientos siempre van a estar puestos en lo que falta y esto nos lleva a estresarnos y no permitirnos actuar de manera adecuada.
Si ponemos la mirada en lo mejor que puedo ser hoy, vamos a empezar a centrarnos en el cómo y no en el fin. Aparece la posibilidad de aprender, construir y potenciar las herramientas con las que cuento para hacerlo más llevadero y disfrutar no solo del objetivo final, sino del proceso; aceptar otros puntos de vista y la posibilidad de que haya errores en cómo lo hacemos, que luego servirán de aprendizaje.
Lo mejor que puedo ser hoyes tener en cuenta cómo me siento y cómo se siente ese niño, abordando la totalidad de la situación de la mejor manera posible y aprendiendo del error que pueda cometer.
No es lo mismo dar respuesta a un pequeño que tiró su vaso y nos pide ayuda cuando estamos con la atención plena en esa situación, que hacerlo en un momento donde estamos en una llamada del trabajo o con el salón desbordado.
En cualquiera de los dos casos, lo importante es saber qué tipo de respuesta le quiero brindar para luego promover un aprendizaje recíproco, en base a esta situación.
Ser fundamentalista del modo de crianza que quieres aplicar implica también una gran cantidad de carga de decepción cuando esto no sale como esperas.
Que el pequeño pueda esperar cuando en ese momento no podemos atenderlo es tan importante como atenderlo de forma adecuada y calmada.
Es importante que cada situación genere un aprendizaje. Cuando podemos analizar qué pasó, cómo respondimos y qué conducta tuvo el pequeño, podremos saber cómo reaccionar en otro momento.
Centrarnos en lo mejor que puedo ser hoy, en estas circunstancias, con este estado de ánimo tanto del niño como el nuestro.
Que el aprendizaje sea recíproco.
“No sé cómo sacarlo de ese enojo, me grita y se golpea, y yo le digo que no, pero lo hace peor”.
Lo primero a tener en cuenta es que debemos ser capaces de conectar emocionalmente con nuestros pequeños para poder lograr una correcta intervención ante una conducta que no es adecuada. La relación que tengamos con ellos es clave para cualquier tipo de acción.
Conectar significa prestar atención, transmitirles que entendemos cómo se sienten, independientemente de que su comportamiento nos guste o no. Cuando peor se portan es cuando más nos necesitan.
Cuando no podemos reconocer nuestras propias emociones, no es fácil conectar con las del otro. Poder identificar, nombrar, reconocer y transmitir lo que nos pasa suele ser una tarea difícil.
Conectar con los niños desde lo emocional va a ser el primer paso para dar lugar a todo un aprendizaje en cada conducta que aparezca. Tenemos que poner el foco en que lo que queremos corregir tiene que ver con la situación que se desencadenó, no con la relación que tenemos con el pequeño.
Conectar es darle ese lugar donde puedan sentirse seguros de transmitir sus sentimientos, sentirse apoyados, respetados y comprendidos, aunque no nos agrade su forma de comportarse.
Cuando hablamos de conexión hablamos de empatía. Ya dijimos que la empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro, sentir lo que siente y acompañarlo. A la hora de dar una respuesta empática, es importante estar en la misma frecuencia, conocer la emoción propia para poder empatizar con la ajena y lograr entender esa intensidad para poder conectar.
Si el niño está llorando porque se le rompió su juguete, no podrás empatizar con él gritándole o retándolo por haberlo roto. Decirle que estás enojado no es estar en su misma sintonía ya que, seguramente, el sentimiento que él tenga sea de tristeza. Lo mejor que podemos hacer es reconocer ese sentimiento que él tiene y decirle: “estás muy triste porque se te rompió el juguete” y acompañar con el cuerpo esa situación (un abrazo podría servir).
Tenemos que tomar a la empatía como la herramienta más poderosa que tenemos a disposición y usarla para darles a los niños seguridad y reforzar su autoestima. Si como adultos entendemos que todas las emociones son positivas y somos capaces de reconocerlas y darles el lugar en el mundo del niño, vamos a poder ayudarlo a identificar sus sentimientos y los nuestros. Cuando usamos esta herramienta y evitamos la corrección mediante castigos o gritos, podemos ayudarlo a hacer frente a toda situación que se le presente y calmarlo o lograr la reacción adecuada ante situaciones que lo desborden.
Conectar con el niño para calmar las emociones que él no puede regular por sí solo.
La conexión profunda y empática tiene que ir acompañada de límites claros y firmes. Entender que el momento de peor comportamiento es cuando más nos necesitan. Si, al contrario, solo estamos atentos a la corrección de la conducta y no a lo que realmente les pasa, no lograremos nada.
En su libro El cerebro del niño, Daniel Siegel menciona tres beneficios de conectar con tu hijo antes de corregir o, mejor dicho, redirigir la conducta inapropiada:
Hace que los hijos pasen de un estado reactivo a uno receptivo para aprenderPara que ocurra un aprendizaje, los niños tienen que estar receptivos. La receptividad es el resultado de la conexión. La sensación de conexión surge cuando nos sentimos importantes y tenidos en cuenta. Por lo tanto, si un niño se siente importante y escuchado, se sentirá aceptado y conectado de tal manera que estará más receptivo a escuchar, pensar, aprender y tomar mejores decisiones.
Muchas veces queremos redirigir o buscar una solución a una conducta inadecuada de manera inmediata e inminente. Y entonces nos saltamos el primer paso, que es también el más importante y el que predispondrá el aprendizaje.
Cuando conectamos, recién ahí pueden empezar a calmarse y, en consecuencia, ser más receptivos para lo que queremos transmitir. Desde este lugar es donde podremos modificar esa conducta inapropiada hacia una apropiada. Cuando conectamos con el pequeño y podemos conseguir la calma, logramos que realmente escuche lo que le estamos diciendo.
Ayuda a construir el cerebro de una manera más positiva y eficazConectar antes de redirigir la conducta hace que se refuercen las conexiones neuronales entre el cerebro reptiliano (que se encarga de las reacciones instintivas de supervivencia) y el cerebro frontal (encargado de funciones como la autorregulación, la atención, el equilibrio emocional, la empatía, etc.) que modifican, literalmente, el cerebro. (Para más información, ver Anexo: ABC del cerebro infantil).
Lo que pasa en el cerebro de nuestros pequeños cuando conectamos con ellos es que sus numerosas partes se integran. Estas actúan como equipo para desactivar esa parte más impulsiva, ayudan a crear más y mejores redes neuronales, y benefician la región prefrontal. A medida que esta última se va desarrollando, los niños son más capaces de llevar a la práctica destrezas sociales y emocionales que queremos que adquieran, entre ellas, ¡la autorregulación!
Mejora e intensifica la relación con tu hijoUna de las formas más fáciles de demostrar nuestro amor hacia los hijos y conectar con ellos es cuando todo está tranquilo, cuando todo está en calma, cuando todo está bien. ¡Qué fácil se nos hace en esas circunstancias! Pero cuando se portan mal, contestan de forma grosera, están descontrolados o estallan en un berrinche, es muy difícil que los padres nos sintamos dispuestos a conectar. En momentos tensos es probablemente lo último que nos pase por la cabeza. ¡Queremos que se termine el conflicto lo más rápido posible! Sin embargo, es allí cuando la conexión es más necesaria.
Conectar es una habilidad que requiere de muchísimo esfuerzo, constancia, práctica y paciencia. No saldrá al principio, pero vale la pena intentarlo una y otra vez.
Cuanto más respaldo, empatía y atención les demostremos en los peores momentos, más se favorecerá nuestra relación y sentirán así la sensación de que son importantes, de que los tenemos en cuenta y de que pueden contar siempre con nosotros.
Conectar desde el punto de vista emocional será el primer paso para dar lugar al aprendizaje en toda conducta que aparezca.
Cuando peor se portan es cuando más nos necesitan.
La empatía es la principal herramienta para poder conectar con nuestros pequeños.
Primero, debes conocer la emoción propia para poder empatizar con la ajena y lograr entender esa intensidad para poder conectar.
Conectar como habilidad requiere práctica y constancia, pero mejora la relación con tu pequeño desde el primer momento.
“Cuanto más nerviosa me ve, peor se comporta. Pareciera que lo hace a propósito, cuanto más necesito que esté tranquilo por todas las cosas que tengo que hacer, más demandante es”.
Para poder conectar con nuestros pequeños y dar paso a redirigir la conducta inapropiada, primero necesitamos estar en calma. Nunca se va a dar una verdadera conexión si nos sentimos desbordados por la situación. Tomar como referencia la frase “tu calma, calma” será de gran ayuda en estas circunstancias. Si estamos calmados en momentos de crisis y de mayor dificultad, lograremos —por efecto de las neuronas espejo— que nuestros pequeños también se calmen.
Las neuronas espejo son un tipo de células nerviosas responsables de que imitemos algunas conductas querealizan otras personas delante de nosotros. Se les atribuye la particularidad de activar esas mismas áreas de nuestro cerebro que se activarían si estuviésemos realizando la conducta de verdad, solo por el mero hecho de observarla en una tercera persona.
Estas neuronas se inhiben o se excitan, es decir, se encienden o se apagan, ante la presencia de emociones, y se pueden activar al oír, ver, hacer o pensar una acción. Cada una de ellas tiene un impacto distinto, por eso, a veces, al ver algo podemos reconocer mejor la situación que al oírla.
Las neuronas espejo les proporcionan a los niños la posibilidad de interpretar las emociones de los padres y a estos últimos de acceder al mundo mental de sus hijos.
Los niños aprenden básicamente por dos mecanismos: por observación (imitación) y por ensayo y error. Sin embargo, el primer mecanismo es más efectivo que el segundo, ya que no es necesario poner a prueba nada, solo observarlo. Las neuronas espejo ya se encargan de captar lo que siente el otro al hacerlo sin necesidad de experimentarlo.
Dicho esto, suponemos que ya sabes por qué es importante que estés en calma: porque gracias a las neuronas espejo, tu pequeño buscará sentirse del mismo modo.
¿Qué puedes hacer para calmarte ante una situación que desborda? Tres pasos infalibles:
RespirarBeber un vaso de agua fríaCantarTe preguntarás ¿por qué esos tres y no otros? La respuesta es sencilla: al realizar esos ejercicios activamos el nervio vago. (Para más información, ver Anexo: ABC del cerebro infantil).
