Nanorrelatos furtivos - Nosequé - E-Book

Nanorrelatos furtivos E-Book

Nosequé

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Beschreibung

Tienes en tus manos un librito de relatos breves que no necesita mucha tinta para sumergirte en un universo onírico lleno de curiosos recovecos y no exento de pesadillas. Un universo inexorable donde encuentran su destino habitantes tan diversos como el adivino y el adivinado, el tuberculoso, el Narciso 2.0, una colonia de robots, Saturno vegetariano, el escritor fracasado, el suicida fracasado… Un universo cáustico, con olas de humor negro y tiempo que atacan castillos de arena condenados a desaparecer. Un universo de lo cotidiano, en el que estamos a un vaso de horchata de hacernos viejos; un universo que podemos encender con una simple caja de cerillas del zoco de Marrakech. Un universo tierno, a pesar de todo, protegido por una sólida bóveda celeste. De Guastavino, por supuesto.

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Seitenzahl: 45

Veröffentlichungsjahr: 2022

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NANORRELATOS FURTIVOS

Un libro de

Nosequé

Diseño de cubierta

Cristian Arenós Rebolledo

Fotografías de cubierta

Elena Ortega Bravo

Ilustración del autor

Thierry Torres Rubio

Sinopsis de contraportada

Carlota Villate Moreno

Redacción Biografía

Cristina Carralón Mejía

Pio Casado Miguel

Carlota Villate Moreno

Cristian Arenós Rebolledo

Susana Herrero Blay

Producción`

Cristina Carralón Mejía

Pio Casado Miguel

Carlota Villate Moreno

Thierry Torres Rubio

Cristian Arenós Rebolledo

Iván López Hernández

Albert Tenesa Pruñonosa

Susana Herrero Blay

Elena Ortega Bravo

ISBN 978-84-125315-1-0

© Nosequé 2022

© de la presente edición

Publicaciones Nostromo 2022

Primera edición 9 de mayo de 2022

Publicaciones Nostromo

Servicios literarios de

Útero libros

Plaza Estación, 9 Bajo - 12560

Benicasim - Castellón

España

PRÓLOGO

Tienes en tus manos un libro de relatos breves que no necesita mucha tinta para sumergirte en un universo onírico lleno de curiosos recovecos y no exento de pesadillas.

Un universo inexorable donde encuentran su destino habitantes tan diversos como el adivino y el adivinado, el tuberculoso, el Narciso 2.0, Saturno vegetariano, el escritor fracasado, el suicida fracasado…

Un universo cáustico, con olas de humor negro llenas de tiempo que atacan castillos de arena condenados a desaparecer.

Un universo de lo cotidiano, en el que estamos a un vaso de horchata de hacernos viejos; un universo que podemos encender con una simple caja de cerillas del zoco de Marrakech. Un universo tierno, a pesar de todo, protegido por una sólida bóveda celeste. De Guastavino, por su puesto.

INSERT COIN

Aquel era su último euro. Jugueteaba con la moneda dentro del bolsillo, y la sacaba de vez en cuando retando a la suerte, pensando “cara o cruz”. Ni una, no acertaba ni una. Por eso era su último euro.

Finalmente se decidió e introdujo la moneda en la ranura. Colocó el cuello en la madera mientras observaba el cesto donde acabarían sus malos pensamientos, y presionó el botón. La cuchilla obedeció a la ley de la gravedad, y cayó inmisericorde hasta que se detuvo en seco a escasos milímetros de su cogote.

El encargado del establecimiento se deshizo en disculpas, ofreciendo la devolución del dinero, y otro euro por las molestias. Era la primera ganancia que tenía en cinco años.

Mientras se alejaba del lugar fue consciente de que su suerte había cambiado.

EL CONEJO DE LA SUERTE

Historias que me han contado

Si el despertador había sonado, desde luego, él no lo había oído. Afortunadamente una vocecilla dentro del sueño acudió a su rescate y tiró de su consciencia como un carrete iza el pez desde las profundidades —¡Las ٩!, ¡aún llego, aún llego!

Ese era un día importante para Tomás. Una entrevista de trabajo no se tiene todos los días, pero solo tenía media hora para llegar donde le habían citado. Rápidamente se puso la ropa del día anterior, que había dejado esparcida en todos los rincones de la habitación. El pantalón debajo de la cama, formando un ocho plegado listo para meter los pies y tirar hacia arriba. La camisa encima de una silla. Solo se puso ropa interior limpia, no fuera que, como le decía su madre, tuviera que ir al hospital y quedara como un cochino.

Se tomó el café mientras se lavaba los dientes, formándose un café espumoso a modo de capuchino con sabor a menta. Se peinó rápidamente mojándose con la ducha la cabeza y, de esta guisa goteando, y con la cara llena de surcos grabados por la almohada se dirigió presto a la entrevista.

Ya nada puede salir mal, pensó. Tomás era optimista, siempre pensaba que detrás de algo malo venía algo bueno, algo así como una justicia pendular, un toma y daca, una de cal y una de arena vaya —Todo va a ir estupendamente —se decía—, tengo aún quince minutos para llegar, está hecho —Y, efectivamente, según sus expectativas el autobús no tardó ni un minuto en llegar. Y, para variar, no se detuvo en la parada del bar para que el conductor tomara su café, de manera que cuando aún faltaba un minuto llegó a las oficinas donde le iban a entrevistar.

Era un edificio imponente, todo acristalado con ventanales ahumados. Tomás entró por la puerta giratoria, el pelo aún le chorreaba, así que mientras daba un par de vueltas en la puerta se pasó un pañuelo de papel por la cabeza apretando fuerte —Mejor que la gomina—, pensó. Aunque, a decir verdad, el pañuelo le había dejado pelusillas blancas que parecían propias de la acumulación de varios meses de caspa. No obstante, imaginarse repeinado le daba seguridad, como a quien se la da llevar los zapatos resplandecientes.

Tras subir en el ascensor a la planta quince, acudió a las oficinas de la empresa. Había que entrar sin llamar, algo propio de los lugares de mucho ajetreo. Tras un mostrador había una azafata con un aparato de auricular y micrófono, que preguntó —¿qué desea? —. Tomás no contestó, creía que estaba hablando por teléfono, evidentemente aún no se había despertado del todo, iba aún un poco encapsulado. Le volvió a preguntar, ahora mirándole a los ojos. La primera voz no le salió, más bien parecía una puerta abriéndose crepitando. Carraspeó unas cuantas veces, bombeando las mucosidades acumuladas, mientras la secretaria le observaba con cierta inquietud.

Finalmente pudo decir que había ido para una entrevista de trabajo, y le hicieron pasar a una salita de espera, con revistas del mes corriente, todo un lujo. Pidió un bolígrafo para rellenar los crucigramas y esperó, aunque solo unos minutos, porque enseguida le llamaron.