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Un joven estudiante de Periodismo y Comunicación Social parece vivir sin rumbo entre los vicios y la inmadurez. Lleva una vida desordenada, con poca posibilidad de mejoría y progreso personal. Pero lo espera un fuerte cambio realizando su labor: se encontrará con la lucha de personas que deben huir de sus hogares por conflictos bélicos. Los llamados "refugiados". Mientras él se involucra en esta causa, un niño huérfano, víctima de todos estos males, llegará a su entorno personal. Esto cambiará su vida y su sensibilidad para ver el mundo. Al mismo tiempo, el protagonista debe enfrentarse a sus viejas adicciones, incluso sin suficiente contención para luchar. Esta historia busca visibilizar la fuerte problemática actual sobre la situación de quienes deben huir para sobrevivir. El respeto, la integración, la aceptación y la familia resultan ser las claves para poder contarlo. De esta manera pueden verse los sentimientos humanos, reflejados en un nuevo contexto social.
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Seitenzahl: 131
Veröffentlichungsjahr: 2021
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Ilustración de tapa: José Carlos Alarcón (Mariano Alarcón). “El abrazo en la playa”. Pintura acrílico sobre tabla. Octubre de 2020.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Alarcón, José Carlos (Mariano Alarcón)
Nazareno : una historia para sobrevivir / José Carlos Alarcón. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2020.
134 p. ; 22 x 15 cm.
ISBN 978-987-708-748-2
1. Narrativa Argentina. 2. Literatura Juvenil. 3. Superación Personal. I. Título.
CDD A863.9283
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Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2021. Alarcón, José Carlos
© 2021. Tinta Libre Ediciones
A mi padre
Nazareno Una historia para sobrevivir
Mariano Alarcón
Introducción. Un camino de esperanza
En los últimos años, especialmente a partir de la segunda década del siglo XXI, en la región del medio oriente asiático, se han desatado una serie de conflictos armados que, por diversos motivos —étnicos, religiosos, políticos y hasta económicos—, llevaron a la división de la organización social y se sumaron a la enorme pelea por el manejo de los recursos naturales de esos lugares.
Todo eso trajo problemas a la población civil. Por mencionar algunos: empobrecimiento, divisiones, hambrunas. Entre ellos está el desplazamiento forzado de damnificados en lucha por su supervivencia. A este grupo humano se lo denomina “refugiados”.
Actualmente, la ayuda humanitaria hacia esas personas es favorable, en un intento por sanear las múltiples carencias que se presentan. Además, diversos Estados se sumaron a esta política, para colaborar con la causa y en la pretensión de ayudar a los damnificados.
Esto que se relata, es parte de un conflicto social que incluso llega a ser mundial y genera empatía. Por eso lo tomamos como testimonio para este relato y nos servirá de marco, a partir del cual narrar una historia de vida.
Panorama uno
Las noticias muy tristes que llegan acerca de lo que sucede en la región asiática de oriente medio (donde hubo disputas de diversas índoles) tienen por horrible perjudicada a la población, la que no tiene más remedio que trasladarse y migrar forzadamente, en busca de nuevos destinos para su supervivencia.
Ante la desesperación y carencia muchos huyen. Utilizan cualquier medio para escapar, sea a pie por el gran desierto o en precarios botes, cuyos destinos el Mediterráneo marcará, para aquellos desgraciados.
Es así, la realidad triste de los Bel Haisad Amih, una familia que se vio afectada por esta situación. Entonces, huyeron de su destruido pueblo y después junto a otras personas utilizaron las pequeñas canoas, para fugarse de la persecución que su país atravesaba ante el conflicto bélico.
Fue triste y dura la vida de estos que con otras familias tuvieron que soportar al amargo naufragio. Las aguas los llevaron a costas lejanas, donde algunos no pudieron ver el nuevo día.
Transportarse tuvo un mal resultado para estos pobres infelices. Las tormentas se cobraron la vida del hombre que se ahogó en la profundidad del mar, como consecuencia de haber navegado en un momento inoportuno.
Una vez que llegaron a la otra orilla, estuvo la pobre madre con sus dos hijos pequeños de menos de diez años. Ella llegó enferma de hipotermia y con un cuadro de deshidratación severa.
La asistencia médica la recibe al llegar a un hospital de campaña, donde pretenden subsanar lo primordial que necesitan en ese momento. La ayuda humanitaria realiza lo posible para socorrerlos. Pero ella no puede resistir y el triste final se aproxima. Siente dejar este mundo, hace esfuerzos para no decaer, teme lo que sucederá… quedarán desprotegidos sus hijos.
Su organismo enfermo no resiste, la atención médica no puede hacer nada y su vida se acaba. ¿Cuál será el destino de estos pobres niños? ¿Cómo vivirán desprotegidos, sin la ayuda de nadie? Ahora el sistema, se hará cargo de estos huérfanos y entonces se realizan los actos que los protocolos imponen ante situación tan particular.
A veces, es despiadado lo que un montón de reglas pretenden imponer en lo que se presenta. El más grande es destinado a América del Norte, donde una familia lo espera para su adopción. Un país de Sudamérica es el destino del menor. Quién sabrá del futuro que al indefenso le espera. El panorama es el de un débil, un pequeño, que estará a merced de la compasión de alguien que lo protegerá. Cómo saber qué sucederá después.
Panorama dos
Lejos de esta triste realidad, al otro lado del mundo, habita un joven de más de veinte y menos de treinta. Hijo de un médico, el Dr. Alonso Farelli, propietario y director de una clínica que fundó con tanto afán, en función de dar bienestar a su familia y también para prestar su servicio. La madre de este joven es una docente, la Prof. Felisa Farelli, miembro del Ministerio de Educación, una mujer muy abocada a su labor académica.
En este momento, nuestro personaje comienza a vivir solo, como aquellos que en esa etapa empiezan a querer independizarse. Inmaduro todavía, pretende más bien alejarse del hogar paterno antes que querer tener responsabilidad de sí.
Asiduo de juntarse con gente de su edad, su situación es lejana de los problemas. La alegría inocua es el eje central de todos los que se reúnen con nuestro protagonista. Con una carrera sin terminar y ante la falta de un trabajo estable, muchos de los bienes y servicios que consume van a cuenta de sus progenitores.
Sin hacer tanta carga moral, era un “mantenido”, reclamo que siempre le hacían los suyos al momento de exigirle que orientara su vida y reflexionara sobre sus actos para ordenar su futuro. En definitiva, pareciera que nada le afecta. Su vida es un vacío de la realidad existente que lo rodeaba.
Hacía caso omiso a las advertencias realizadas: a él solo le importaba divertirse y la diversión pasajera. Sin embargo, el porvenir de su vida tomará otro rumbo prontamente.
Para añadir, era el menor de los tres hijos. La atención recibida por parte de sus padres fue siempre de las mejores. Solo que sus actitudes estaban muy fuera de lugar, propias de una persona que desea ser diferente. Su forma de ser lo volvía un poco especial.
En cuanto a sus hermanos, Saína, la mayor, era una madre de hogar ya establecido, con dos muchachos de cinco y tres años. El segundo de los hermanos, Silvano, era un inteligente recién recibido ingeniero, apasionado por su profesión y poseedor de tesis doctorales en su campo de estudio. Enviudó al momento de nacer su hijo, de cuya crianza también se ocupaba: Leoncio un pequeño de siete años.
Finalmente, estaba Nazareno —de quien hemos hablado y contado parte de su historia hasta aquí—, cuyas vivencias serán para sacar provecho al visibilizar las situaciones por las que atravesará durante los siguientes capítulos.
Una decisión casual
Dos parámetros de vida tan distintos, un día, se entrecruzarán. Pero antes habrá otros sucesos que marcarán la vida del protagonista.
Resulta que, entre reclamo y reclamo de los honrados padres al hijo rebelde, se hacía cada vez más grande el malestar, por lo que decidieron ponerle un castigo para traer un poco de sosiego ante la mala conducta del joven. Primeramente, amenazaron con no pagarle la renta del departamento y reducir los gastos de su mantención. Cosa que hicieron porque el inmaduro no hacía caso.
Al principio, Nazareno tomó con mucha gracia la falta material que le generaban. Y así lo manifestó ante un ultimátum:
—No me importa lo que hagan. ¡Yo puedo solo! —gritó cuando lo llamaron a su teléfono móvil.
Después de esa discusión, solo se le ocurre hacer lo que venga para olvidar todo. Es a esto, que se junta con malos aliados, con quienes comparte determinadas actividades, para provecharse de esa actitud bravía, y a fin de dar un crecimiento al mal entorno. El objetivo está sumergido en la perdición de lo que no se puede mencionar, solo imaginable por alguien que a veces pierde el control de sus actos y se deja invadir por lo que sea.
Pero todo su accionar tendrá un final que marcará un quiebre: algo determinante en su historia de vida. Pronto las cosas tendrán que cambiar, para que este muchacho se corrija. Mientras tanto hace lo que se le da la gana, sin tomar conciencia de sus actos que son la diversión oscura de un rebelde. Así se descontrola; a veces sin rumbo anda por las calles y tiene peleas callejeras, como si fuera una persona de mal vivir.
Nazareno tiene una visión que apunta a un ser individual, aislado, como que si nada de su alrededor le importara. Tal vez, el sinsentido por el que atraviesa hace que no tome conciencia de lo que está ocurriendo por fuera. No tener un horizonte definido lo vuelve a un estado de soledad y tal vez esta falta sea, en realidad, alguien que pueda comprenderlo.
Cuando Nazareno regresa a su departamento, los vecinos de los pisos cercanos no hacen más que quejarse. También amenazan a los directivos del consorcio por las malas actitudes de este inquilino. Por lo general llega a altas horas, hace berrinches con los gritos propios de una persona que no está bien. Sus cantos y frases de sinsentido dejan a la vista que es alguien que pasa por parrandas y luego cae en profundas resacas.
En repetidas ocasiones, las familias aledañas, muy molestas, dan aviso al respetable matrimonio Farelli, para que ponga un freno, si es que ese hijo seguirá ocupando el lugar.
Un breve cambio y encaminamiento
¿Qué causó que este joven adulto desee —un poco— encaminar su vida?
Fue una simple salida donde no tenía conciencia de sí. Salió medio alcoholizado y, aun así, decidió conducir su motocicleta sin importarle nada, a toda velocidad. Por las calles de la ciudad y en plena madrugada marchaba sin parar. Mientras, el efecto de lo consumido se notaba en la nublada visión y la pérdida del equilibrio. Impactó de frente con un camión que estaba estacionado. La gente de alrededor tuvo la atención de llamar a emergencias médica, para socorrer su estado de salud.
Cuando ingresó en la Guardia, con mucha dificultad atendieron al enfermo, ya que se resistía a la atención. Su serenidad estaba afectada por el uso de sustancias que alteran el buen juicio de una persona.
Como era de esperarse, llegaron los progenitores del desdichado paciente que ocupaba una cama del hospital. Allí los médicos tratarían de explicarle al padre cómo estaba y cuál sería el tratamiento después de la convalecencia de ese hijo descarriado.
Cuando Nazareno despertó, mientras abría los ojos, su decir tenía tono de perdido, todo parte de las reacciones de un organismo debilitado.
—¡Terminó la fiesta! —dice su papá que lo mira con rabia por lo que hizo.
—¡Hasta cuando, Nazareno! Me mataste del susto —la madre lo reta preocupada—. ¡Será posible que no madures! A tu edad muchos de tus amigos ya están casados, recibidos y con una vida realizada. Vos todavía estás en la juerga, vives sin rumbo y no logras hacer nada bien. Eres el más problemático y encima no puedes con tu propia vida. ¡Te falta mucho para crecer! ¡Lo que acabas de hacer es lo último; no sabes cómo arreglar tus desastres!
Continúa el padre diciéndole y advirtiéndole más cuestiones sobre su accionar. Nazareno no escucha nada, sus ojos entreabiertos y el efecto de los fármacos no lo dejan entender. Solo es un enfermo acostado, con moretones y vendas, convaleciente en una fría habitación de nosocomio. Le importa sobre todo recuperarse y mantenerse con vida, antes de escuchar lo que le demandan.
Vuelta a casa
Acompañado por su mejor amigo, Tobías (quien le da su solidaridad ahora, dado que los padres no están de acuerdo con la vida que lleva), medio adolorido y con dificultad al caminar, Nazareno se dirige al departamento.
—Gracias, hermano, por acompañarme —le dice con dificultad a la compañía.
—Sabes que eres un gran amigo y te ayudaría en todas —le responde con seguridad y sonriente Tobías.
—En este momento, me llevo mal con mis viejos. Todavía me considero un espíritu libre, aunque por ahora haré lo que ellos me ordenan —indicó con un aire de frivolidad.
—¡Reposo absoluto! —le recuerda el buen aliado en voz alta.
—Esta noche quiero juntarme con los chicos y ver a Leila. Nuestra relación va mejorando —informa el enfermo, alegremente.
—¿Seguirás noviando? —Tobías lo dice con ironía.
—Ya veremos, solo espero encontrar a la chica ideal —añade el joven.
—Pero Leila te está haciendo bien —lo interrumpe el aliado.
—Por ahora, es mi novia. Veremos, si hay algo más —dice ante la afirmación.
—La carrera, ¿cuándo la terminarás? —pregunta ante lo dicho.
—No lo sé, buscaré otro trabajo y seguiré adelante solo, esta vez. Tengo que encaminar mi vida; un poco de razón les daré a los viejos. El departamento donde vivo ahora me lo pagan ellos, también la carrera en la universidad. ¡Ya bastante es! —reflexiona mientras toma asiento.
—Bueno, me voy, Naza, espero verte después, que se me hace tarde —lo saluda el acompañante.
—Dale, Tobi, a la noche nos encontramos con los demás —se despide con mucha confianza.
Se besan en la mejilla. Despide a su mejor aliado y Nazareno decide acostarse en su cama, agotado.
Cierra los ojos. El joven tiene un sueño… si se es de hacer caso en lo que el subconsciente humano genera mientras está en la etapa de descanso… Se ve regresando a la playa, después de haber estado nadando en el mar y caminando sobre la arena. Una playa que parece más extensa de lo habitual, tan inhóspita, muy distinta a la que él está acostumbrado. Porque conoce bien lo que es estar en ese lugar tan paradisiaco. Le asombra escuchar el llanto de un pequeño niño al que ve a lo lejos, sentado y llorando, de espaldas, sin poder verle la cara, hasta que se acerca, apresurado, adonde está el indefenso.
Se despierta de esa extraña visión construida en su descanso, regresa a la realidad de la casa descuidada y a los apuntes sobre la mesa. Del sueño nada le importa. Solo revisa lo que le toca hacer, mientras prepara un café. La descuidada heladera está tan vacía como su vida.
Lee los anuncios laborales para obtener un empleo, algo para sustentarse. Esta vez sus padres no van a ayudarlo, sus fechorías ya fueron lejos.
Como ha quedado anteriormente, se va a reunir con la gente de su círculo, donde espera encontrar a la muchacha que quiere ver.
Llega al lugar de juntada, pero sus amigos llegarán más tarde. Le han enviado un mensaje a su teléfono móvil, pero no le ha prestado atención. Esa es cosa que siempre hace. Después dicen que no se van a reunir . Se pone molesto por ello, peor si fue por descuido propio.
Ubicado en la mesa de aquel restaurante, revisa el estado de perfil de su chica y ve la foto de la joven muy bien acompañada por otro. Y la leyenda que dice: “mi nuevo amor”. Para sorpresa de Nazareno, el nuevo amor es Tobías, su mejor amigo, el mismo que esa mañana lo había ayudado. La falsedad estaba a la vista y muy enojado se dirige a su departamento.
Al llegar al edificio, el ascensor está ocupado. Sube por las escaleras. Lo hace rápidamente, sin pensar en nada. Solo se siente decepcionado y molesto. De inmediato, se contacta con aquel sujeto al que con tono enojado le deja en un mensaje de grabado:
—Así que me consideras amigo, yo te quería y me traicionas de esta manera… ¡Eres un maldito! —eso le enviaba en audios y, obviamente, de la otra parte no recibía respuesta.
