Nervio vago - Ludovic Leroux - E-Book

Nervio vago E-Book

Ludovic Leroux

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Beschreibung

El nervio vago es el componente del sistema nervioso autónomo que se activa ante los peligros y se relaja en situaciones de calma. En condiciones óptimas, este nervio craneal nos lleva de un estado a otro —del estrés a la calma— de manera fluida y eficaz. Sin embargo, en situaciones de trauma o de estrés crónico, el nervio vago se desregulariza y ello lleva a sufrir un amplio abanico de dolencias físicas y psicológicas, desde la ansiedad y la depresión hasta el dolor de espalda y las migrañas. Este libro demuestra que es posible reprogramar el sistema nervioso autónomo para poner fin a los bloqueos inconscientes y pasar de vivir en modo supervivencia, con inseguridad y ansiedad, a vivir una vida plena en la que nos sentimos tranquilos, seguros y flexibles. Esto facilita que conectemos con el entorno y que podamos establecer vínculos sanos con los demás. Gracias a la teoría polivagal, podremos reconocer nuestros patrones desadaptativos, regular el sistema nervioso y finalmente salir de los mecanismos de protección y supervivencia que nos condicionan, nos limitan y nos impiden vivir plenamente.  Aprende a estimular el nervio vago para regular la inseguridad y recobrar la confianza.

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Seitenzahl: 246

Veröffentlichungsjahr: 2025

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Índice

INTRODUCCIÓN

PARTE 1. EL SECRETO DE LA SEGURIDAD INTERIOR

1. MI VIAJE DE LA SUPERVIVENCIA A LA VIDA

2. LA TEORÍA POLIVAGAL EN DETALLE

3. LA NEUROCEPCIÓN: EL ARTE DE SENTIR LA VIDA

4. LAS JERARQUÍAS: TUS ESTADOS DE SUPERVIVENCIA

5. LA CORREGULACIÓN

PARTE 2 ÚNETE A LA AVENTURA

6. TU ESTADO DE SUPERVIVENCIA DETERMINA TU VIDA COTIDIANA Y TU DESTINO

7. UN NUEVO MUNDO SE ABRE ANTE TI

8. EMOCIONES, PENSAMIENTOS Y CREENCIAS: LA INFORMACIÓN AL SERVICIO DE LA SUPERVIVENCIA

PARTE 3. LA CONFIANZA PLENA EN TU VIDA COTIDIANA

9. EL MÉTODO 4R PARA APRENDER A REGULAR TU SISTEMA DE SUPERVIVENCIA

10. VIVIR EN CONFIANZA PLENA: CUANDO TODO SE UNE EN TI

11. EL MUNDO TE NECESITA. ¡SEGURO!

CONCLUSIÓN

BIBLIOGRAFÍA

Notas

Titulo original francés: Nerf vague: Adieu stress, anxiété, timidité...

Ludovic Leroux.

© Éditions Eyrolles, París, Francia, 2023.

© de la traducción: Beatriz Villena Sánchez, 2025.

© de esta edición: RBA Libros y Publicaciones, S. L. U., 2025.

Avda. Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.

www.rbalibros.com

Primera edición: junio de 2025.

REF.: OBDO391

ISBN: 978-84-1132-960-6

Composición digital: www.acatia.es

Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escrito del editor cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra, que será sometida a las sanciones establecidas por la ley. Pueden dirigirse a Cedro (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesitan fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47). Todos los derechos reservados.

INTRODUCCIÓN

«¡Todo está en ti! ¡No busques la felicidad en el exterior, sino en tu interior!».

Este es el típico ejemplo de cita que podemos encontrar en el mundo del desarrollo personal, pero esta en concreto fue la que hizo que me embarcara en una búsqueda interior. Al fin y al cabo, todos deseamos lo mismo: ¡ser felices!

Por aquel entonces yo no era especialmente infeliz, pero sentía que me faltaba algo en la vida. A veces tenía una sensación de vacío, de no saber qué estaba haciendo aquí, si estaba siguiendo el camino correcto... En definitiva, no sabía cuál era mi misión en la vida.

Me hacía muchas preguntas, pero lo que más me inquietaba era por qué muchos de mis coetáneos no se hacían ninguna. ¿Era yo quien tenía el problema al querer algo que puede que no exista, o los demás, que viven sin preocuparse por su felicidad? Entonces decidí embarcarme en un viaje de exploración personal y del mundo que me rodeaba sin tan siquiera saber qué buscaba en realidad. Emprendí ese nuevo camino preguntándome:

—Pero ¿qué quiero exactamente?

Mi respuesta fue sencilla, aunque bastante conceptual:

—¡Quiero ser feliz!

—Vale, pero ¿acaso no eres feliz ya?

—Sí, de vez en cuando, en determinados momentos...

Pero, claro, cómo saberlo sin definir lo que se puede entender por «la felicidad», la de verdad.

—¿Cómo puedes saber si has alcanzado ya tu objetivo? ¿Tu felicidad?

—No lo sé.

Me he cruzado con muchas personas que, al igual que yo, buscaban la famosa felicidad, en ocasiones desde hacía mucho tiempo. Y, al igual que yo, la mayoría no tenía la más mínima idea de cómo encontrarla.

El mundo del desarrollo personal está lleno de lo que yo llamo «dreamers».

Sueñan con un mundo mejor para ellos y para los demás, un mundo en el que todos nos sintamos seguros.

Un mundo donde la felicidad esté al alcance de todos, donde el mundo sea justo.

Un mundo donde el amor sea más fuerte que el miedo.

Un mundo donde todos ocupemos un lugar y los sueños se hagan realidad.

Un mundo donde todos nos despertemos cada mañana sabiendo por qué estamos aquí.

Un mundo donde todos nos acostemos por la noche, felices por cómo nos ha ido el día.

¡Por desgracia ese mundo no existe! Es bastante probable que ahora mismo yo te caiga mal, y lo entiendo, pero tengo buenas noticias. Si bien ese mundo no existe, existe otro que está al alcance de todos. Un mundo en el que todo ya está dentro de ti. Y no hablo de felicidad, sino de otra cosa, algo más sutil que todos llevamos en nuestro interior, que ya tenemos. Algo que no tienes que buscar lejos ni durante demasiado tiempo.

Es un mundo que no siempre es justo, pero ¿acaso no es así la vida?

Es un mundo donde, a veces, el miedo es más fuerte que el amor, pero que no dura.

Es un mundo donde puedes llegar a sentirte perdido, fuera de lugar, pero en el que sabes que es necesario perderse para poder encontrarse.

Es un mundo donde todos los sueños no se hacen realidad, pero donde nos esperan muchas sorpresas, puede que incluso más increíbles.

Es un mundo donde todos nos despertamos por la mañana sin saber qué hacemos aquí, pero donde es posible acostarse por la noche felices de estar vivos.

Yo no puedo prometerte el secreto de la felicidad, porque lo desconozco, pero sí hay algo que puedo compartir contigo en este libro: el secreto de tu seguridad interior.

Durante los últimos cuatro años, he explorado el universo de la neurobiología, es decir, la ciencia que relaciona el cuerpo con el cerebro y todas sus interacciones, y he descubierto un mundo invisible en apariencia que, sin embargo, ofrece esa seguridad que tanto necesitamos para hacer realidad nuestros mayores sueños... sin caer en la trampa del dreamer.

Porque el objetivo del ser humano, al igual que el del resto de los seres vivos, no es la felicidad, sino la supervivencia. Todos venimos a este mundo con un instinto de supervivencia incorporado, que nos impele a preguntarnos sin cesar: «¿Estoy a salvo?».

Si la respuesta es «no», se pone en marcha un mecanismo cuya misión es protegernos a costa de nuestros sueños, de nuestros objetivos... y eso le sucede a la mayoría de los habitantes de este planeta. Sin darnos cuenta, entramos en modo «supervivencia», mientras intentamos comprender por qué no conseguimos ser más felices.

Si la respuesta es «sí», se abren las puertas a esa famosa felicidad y aprovechamos al máximo cada momento de esta vida para lograr lo que deseamos. Basta con aprender a salir de este mecanismo de supervivencia. Y todo el mundo puede hacerlo.

El objetivo de este libro es ofrecerte las claves que te permitirán pasar del modo «supervivencia» al modo «vida». Y para conseguirlo, vamos a ir más allá de tu cerebro, a donde todo empieza, es decir, a tu sistema nervioso autónomo (SNA). El SNA es el conjunto de nervios que regulan tu organismo (ciertas funciones corporales automáticas como la respiración, los músculos del corazón o la digestión) a fin de que este mantenga un equilibrio sano y seguro.

Gracias al trabajo del doctor Stephen Porges y a la teoría polivagal (la ciencia que explica la base neurofisiológica de la regulación de las emociones y nuestra relación con los demás, el mundo y nosotros mismos), ahora sabemos que este sistema nervioso se pasa todo el tiempo intentando decidir si estamos seguros o no; es nuestro instinto de supervivencia. Por desgracia, como ya hemos dicho antes, la inmensa mayoría vive como si su sistema de seguridad no funcionara, algo así como si la alarma de incendios no dejara de sonar a pesar de no haber fuego.

Esto se traduce en estrés, ansiedad, falta de confianza en uno mismo, desconfianza en los demás, baja autoestima, una sensación reiterada de no «ser suficiente» ni de «hacer lo suficiente» que nos lleva a compararnos con otros para intentar tranquilizarnos. A esta lista no exhaustiva hay que añadir posibles problemas de salud como trastornos digestivos, inflamación, tensión en el cuerpo e incluso alteraciones del sueño.

Si desconoces cómo funciona tu SNA y lo que genera en ti, puedes pasarte toda la vida intentando resolver tus problemas luchando contra ti mismo, contra tu mecanismo de supervivencia. Sin embargo, resulta mucho más sencillo reeducarlo, regularlo a fin de que vuelva a funcionar con normalidad, y de que dispongas de la tranquilidad que necesitas para pasar a la acción.

En este libro te hablaré de tu nervio vago, el nervio que conecta tu cerebro con todos tus órganos para que puedas cuidarte. Esta es una de las claves que te permitirán recuperar tu paz interior y tu capacidad de sentirte conectado con el mundo, con los demás y contigo mismo.

Vamos a liberar la mente y el cerebro para viajar a un universo más profundo, donde residen tus instintos de vida y supervivencia. Vamos a abandonar la superficie y a sumergirnos en tu interior, para que puedas redescubrir la seguridad que hay en ti, pero que has desatendido para protegerte de un mundo que, si lo piensas bien, tampoco es tan peligroso.

Te espera una nueva inteligencia, la de tu conexión con lo esencial, y que, gracias al SNA, compartes con los animales, que utilizaremos con frecuencia como ejemplo, ya que hacen un uso maravilloso de esta capacidad innata que hemos olvidado.

De dicha capacidad surgirá tu seguridad interior, es decir, la capacidad de distinguir entre lo que es realmente peligroso y lo que no. También debería advertirte de que a tu ego no le va a gustar este viaje, porque es, en parte, responsable de esos miedos. Pero ten la seguridad de que cuidaremos bien de él durante esta exploración, para que pueda tomar las riendas de tu destino.

Lo que me gusta de este enfoque de la neurobiología y la teoría polivagal es que no te divide en partes diferentes, sino más bien lo contrario, te unifica en una sola. No tendrás que escoger entre tu cerebro o tu cuerpo, oponer la pasión a la razón, ni definir quién manda a bordo.

Aprenderás que tu SNA, que incluye el nervio vago, se comunica con todo tu cuerpo para trabajar al unísono.

La etimología de la palabra «felicidad» procede de dos palabras de origen latino, felicitas, felicitatis, que se deriva a su vez de felix, felicis, cuyo significado es «fértil», «productivo» o «feliz».

Pero la única forma de ser fértil y productivo es sentirse lo bastante seguro como para serlo. ¿Y si ese fuera el único secreto de la felicidad?

Descubrámoslo juntos...

PARTE 1

EL SECRETO DE LA SEGURIDAD INTERIOR

En esta primera parte, descubrirás esa vida que llevas dentro y que oculta multitud de secretos. El cuerpo suele ser el gran olvidado de nuestra felicidad y bienestar. Hemos centrado toda nuestra atención en el cerebro,asignándole una serie de responsabilidades que no puede cumplir por sí solo.

¡Sin la preciada ayuda del cuerpo, no puede hacer nada! Nuestro objetivo aquí es devolver el poder al cuerpo para calmar el agitado cerebro, oprimido por tantas responsabilidades. El cuerpo, a modo de valioso copiloto, te guiará hacia los caminos del bienestar, el alivio y la curación.

Aquí empieza nuestro viaje hacia el descubrimiento de esos preciados secretos tan bien guardados.

1. MI VIAJE DE LA SUPERVIVENCIA

A LA VIDA

¡Todo empieza con una toma de conciencia! La mía fue descubrir la vida que hay en mí, pero que había olvidado, que había dejado a un lado para dedicar mi tiempo a protegerme, siempre en modo supervivencia. Redescubrir esta vida ha sido el mayor regalo que me he hecho a mí mismo, y que me gustaría compartir contigo.

MI TOMA DE CONCIENCIA

Esta nueva vida empezó para mí el 18 de febrero de 2018. Por aquel entonces, era coach en neurociencia y llevaba varios años interesándome por el ser humano. Estaba muy disperso y quería hacer muchas cosas al mismo tiempo. Era, a la vez, preparador mental de deportistas de élite, formador en una escuela de coaching, coach-formador para empresas, coach de vida, un conferenciante tímido para el que cada conferencia suponía todo un reto... En resumen, mi dispersión exterior reflejaba mi inestabilidad interior.

Me interesaba todo, pero al mismo tiempo tenía la sensación de que no avanzaba, como si acumulara conocimientos sin profundizar en nada. Permanecer en la superficie resultó ser, sin que yo lo supiera en ese momento, la forma perfecta de protegerme de mis inseguridades.

Pero esa dispersión no fue del todo mala, ya que también me permitió enterarme de la llegada a París de una tal Deborah Dana,1 que acabaría cambiándome la vida.

Un pequeño viaje al pasado. Noviembre de 2017.

Tras un curso de coaching, uno de los asistentes, responsable de un centro de formación de osteópatas, se percató de mi interés por el sistema nervioso, del que había hablado en mi explicación de la coherencia cardiaca, una técnica respiratoria ideal para regular el estrés. El hombre en cuestión me habló entonces de una terapeuta estadounidense que ofrecía un curso de formación sobre la teoría polivagal en febrero de 2018. Dado que en ese momento no era osteópata, no me pareció especialmente interesante asistir. Esta persona me pasó una presentación del curso y un resumen de la investigación realizada por el doctor Stephen Porges.2 ¿Te has embarcado alguna vez en algo sin tener la más mínima idea de adónde podría llevarte? ¡Pues fue justo lo que yo hice!

Aunque tenía pocas razones para participar en ese curso (me había prometido a mí mismo que iba a dejar de dispersarme tanto y de encadenar cursos), había una voz muy dentro de mí que me decía: «¡Ve! ¡Ese curso está hecho para ti! ¡Ahora es cuando va a empezar todo de verdad!».

Me debatía con mi vocecita interior: «¿Qué es lo que va a empezar? ¿De qué me hablas? ¿Por qué dices eso de que “ahora es cuando va a empezar todo de verdad”?».

Pero mientras las palabras resonaban en mi cabeza, todo mi cuerpo vibraba.

Era la primera vez en mi vida que tenía la impresión de que aquella invitación le hablaba a mi ser y no solo a mi cabeza. La certeza era tan irrefutable que daba miedo, porque eso significaba que ya sabía que iba a cambiarme la vida. Pero no tenía ni idea de hasta qué punto...

ANTES DE QUE TODO EMPEZARA

Si alguna vez hubo un bebé que se resistiera a venir al mundo, ¡ese era yo! Nací el 28 de abril de 1975, diez días más tarde de lo previsto. No quería salir, así que me sacaron del vientre de mi madre con unos fórceps.

Me resistí a nacer como si ya supiera que el mundo exterior era el mundo de la supervivencia, como si hu-biera adivinado la trampa de una vida que me obligaría a existir, a probar, a hacer, a aprender, a caer, a levantarme de nuevo, a sufrir, mientras que en ese momento, yo estaba tranquilo, calentito, bien alimentado y alojado, disfrutando de mi piscina amniótica.

Pero el personal que rodeaba a mi madre fue más fuerte que yo. Al final capitulé, y aparecí en una habitación, sin saber muy bien qué le esperaba al pequeño ser que era por aquel entonces. Más tarde, durante mi infancia, se apoderó de mí un sentimiento de soledad, a pesar de estar rodeado de una familia cariñosa.

Cuando somos bebés, nuestro cerebro aún se está desarrollando y el cuerpo es la herramienta para interactuar con el mundo. Nos permite sentir la vida y reaccionar a lo que percibimos, algo que comienza en el vientre de nuestra madre y continúa durante toda nuestra vida. Tenemos esa gran capacidad de sentir antes de pensar, y durante aquellos primeros días no pensaba, pero sí sentía en mi cuerpo esa cosa profunda e inexplicable llamada soledad.

Esa sensación no me abandonó hasta que supe, treinta y cinco años después, que quien yo creía que era mi padre, en realidad no era mi padre biológico. Me adoptó, siendo yo bebé, al casarse con mi madre.

Resulta increíble hasta qué punto el cuerpo puede ser inteligente y percibir cosas que la razón ignora. Había sentido el abandono que vivió mi madre. Mientras aún estaba en su vientre, desarrollé ese sentimiento de soledad, que en realidad no era más que un comportamiento adaptativo, una forma de protección. ¡Aprendí muy pronto mi primera lección de supervivencia! No la supervivencia asociada a la vida, sino la supervivencia asociada al sufrimiento.

Para prepararme, elegí instintivamente la opción de pasar desapercibido, por lo que me convertí en alguien muy tímido, excelente forma de huida para evitar la interacción con los demás, y de esa forma eludir el abandono o el rechazo. Por supuesto, lo hice de manera inconsciente, a expensas de mi razón. No entendía por qué era tímido, reservado, desconfiado con los demás. Sin embargo, sentía el impulso de conectar, de conocer a posibles amigos, de hacerles reír, de compartir cosas, pero la soledad me impedía expresarme, como si quisiera recordarme que era en el calor del vientre de mi madre donde había estado más seguro.

Tenemos esa gran capacidad de sentir antes de pensar.

Y mis experiencias vitales posteriores no hicieron más que reforzar ese sentimiento.

Tanto mis padres como mis abuelos eran cristianos, así que cada domingo íbamos a misa. Un día, el sacerdote dijo que el Señor estaba siempre presente en nuestras vidas y que bastaba con invocarlo para que respondiera.

Aquella frase fue toda una revelación para mí y, por primera vez, pensé: «¡Resulta que no estoy solo!». Esa misma tarde, cuando volví a casa, quise comprobar si eso era verdad. Tenía en la cabeza esa fórmula que parecía mágica y prometedora, como sacada de una aventura de Harry Potter, para hacer realidad todos mis deseos.

Aquella noche, a escondidas, en mi cama, decidí utilizarla para poner fin a ese sentimiento de soledad que llevaba pegado a la piel. Con los ojos cerrados y la firme creencia de que recibiría una respuesta, empecé a repetir mi abracadabra cristiano: «¡Háblame, Señor, tu siervo te escucha!». Para mi mente infantil, aquello equivalía a: «¿Hola? ¿Hay alguien ahí?».

Sin respuesta tras docenas de intentos en los días posteriores, no me quedó más remedio que rendirme a la evidencia: incluso Él me había abandonado, un nuevo abandono que se repetía, y que no iba a ser el último.

DONDE TODO COMENZÓ

En febrero de 2018, cuando entré en el aula, no tenía ni idea de lo que me iba a encontrar. Cuarenta osteópatas, una terapeuta estadounidense y una traductora, reunidos allí para compartir aquel tiempo de formación, y luego estaba yo, sin saber muy bien por qué. Sin embargo, en cuanto oí la primera frase de Deborah Dana supe que estaba en el lugar adecuado:

«La teoría polivagal es la ciencia de sentirte seguro para enamorarte de tu vida y arriesgarte a vivirla al cien por cien».

La tónica de esos tres días y el programa me enardecieron: amar por fin mi vida, con total seguridad, y dis-frutarla al cien por cien. ¡Al fin una promesa que no podía dejarme indiferente! Pero ocurrió algo inesperado... Las repercusiones en mi día a día iban a ir mucho más allá de lo que hubiera podido imaginar.

El primer día comprendí que, en realidad, no era una persona tímida. Simplemente pasaba demasiado tiempointentando protegerme, en un estado de inhibición de mi SNA conocido como «estado vagal dorsal». Este estado interno de supervivencia permite no mostrarse, ser lo más discreto posible para no enfrentarte al peligro.

Era el mecanismo de supervivencia que desde niño había elegido de manera inconsciente para evitar el sufrimiento. Hay otros que describiré más adelante para que tú también conozcas cuáles son tus mecanismos de supervivencia.

Una vez que fui consciente de este estado de protección tan interiorizado en todos nosotros, comprendí queno era más que eso, un estado, no mi identidad. Me recordaba al tercer tiempo del rugby, después del partido, cuando todos los jugadores se reúnen para celebrarlo. Me di cuenta de que, después de unas cervezas, mi comportamiento con los demás cambiaba... estaba mucho más relajado. Era como si hubiera dos Ludovic: el tímido, que no hacía nada de ruido, y el borracho, al que no le costaba relacionarse.

Me gustaba mucho ese Ludovic que conectaba con la gente. Era divertido, incluso sarcástico, y siempre en-contraba la broma perfecta en el momento adecuado. Pero había un problema. Solo el alcohol me permitía ser esa persona. Así que únicamente tenía dos opciones: o trabajar en mí mismo para hacerlo salir sin alcohol o me volvía alcohólico. Por el bien de mi salud, era preferible optar por la primera solución.

El segundo día tuve una nueva revelación: ¡no soy un cerebro con patas! Yo, que lo había apostado todopor mi cerebro con mi formación de entrenador mental de deportistas de élite y en neurociencia, me di cuenta entonces de lo que estaba pasando debajo de mi cabeza, en mi cuerpo.

Cuando Deborah nos dijo que el 80 por ciento de nuestra comunicación corporal va, a través del nerviovago, del cuerpo al cerebro, y solo el 20 por ciento del cerebro al cuerpo, me di cuenta de que mi cabeza estaba muy influenciada por mi cuerpo y que tenía que interesarme más por él.

Al igual que una gran parte de la población, estaba «disociado». Me costaba saber qué sentía mi cuerpo,aparte de dolor cuando me hacía daño. Tenía tendencia a llenar mi cerebro de ruido para no escuchar lo que mi cuerpo tenía que decirme.

No escuchaba la información que me proporcionaba mi vehículo, y eso, sin saberlo, estaba afectando a mimente, mis emociones y mi estado de ánimo. Cuanto más intentaba fortalecer mi cabeza, mi mente, más me alejaba de lo esencial. De hecho, durante mucho tiempo llegué a pensar que todo ocurría entre mis dos orejas, que si conseguía ser más fuerte mentalmente, sabría enfrentarme a cualquier situación. Pero no era más que otra reacción de supervivencia.

Armado con estos nuevos conocimientos, no solo quería cambiar mi mecanismo de supervivencia, sino también ser más libre. Libre para dejar de pelearme conmigo mismo. Porque si crees que eres tu peor enemigo, que tienes que desconfiar de una parte de ti mismo o que no soportas algunas de tus propias reacciones, es que no te conoces lo suficiente.

El tercer día del curso fue igual de intenso en cuanto a emociones gracias al descubrimiento del poder de mi nervio vago.Y ahí va una buena noticia: ¡todo el mundo tiene un nervio vago! Sale del tronco encefálico y se conecta con todos nuestros órganos. Es tu principal aliado para aprender a remodelar tu sistema nervioso, calmar tu inseguridad interior y activar el modo «Confianza Plena».

Por fin tuve la sensación de disponer de un manual de instrucciones, una especie de marco de referencia para pasar del modo supervivencia al modo vida y recuperar el control de mi existencia.

Ahora te toca a ti.

El nervio vago es tu principal aliado para aprender a remodelar tu sistema nervioso, calmar tu inseguridad interior y activar el modo «Confianza Plena».

He oído muchas veces eso de que todo está dentro de nosotros. Os tengo que confesar que, en la mayoría de las ocasiones, me ponía de los nervios. Lo que más me apetecía hacer era responder a ese requerimiento con un «Genial. ¿Dónde exactamente?». Por un lado, estaban los adeptos al cerebro, que se centraban en la cavidad craneal y se olvidaban del resto. Luego estaban los adeptos al corazón, que me proponían escuchar a «ese corazón soberano» (pero como estaba disociado, apenas podía oír sus latidos). Y, por último, estaban los adeptos a las vibraciones energéticas, que me decían: «¿Lo sientes? ¿Sientes esa energía dentro de ti?». Solía responder que sí para no parecer un ignorante, pero una persistente sensación de estar perdiendo el tiempo me exasperaba sobremanera.

Descubrirásun mundo decompasión,conexión yseguridad para ti y para los demás que no tiene precio.

Me faltaba un paso para entender lo que me decían: aportar suficiente seguridad a mi interior gracias al poder de mi nervio vago. Eso es justo lo que necesitaba en mi vida: bajar el volumen de mi interior para encontrar esa serenidad que me permitiría buscar mi camino. Es como cuando vas en coche y quieres concentrarte en la carretera, e instintivamente bajas la radio.

Antes de abandonar el curso, quería asegurarme detener las respuestas a dos preguntas importantes que me inquietaban. Me acerqué a Deborah Dana y, tras contarle todas mis repentinas revelaciones, le pregunté:

—Deborah, ¿soy el único que ha observado estos efectos?

Su respuesta, por supuesto, fue «no».

La segunda pregunta supuso un nuevo punto de inflexión para mí:

—Deborah, ¿conoce a alguien que transmita esta información sobre el nervio vago en Francia o en francés?

Su respuesta fue:

—Tú.

Mi objetivo al escribir este libro es transmitirte todos los conocimientos que he adquirido desde que me formé con Deborah Dana y leí la obra del doctor Stephen Porges. Además de la ciencia en la que se basa, descubrirás un mundo de compasión, conexión y seguridad para ti y para los demás que no tiene precio. Estamos programados para estar conectados y sentirnos seguros, y todos podemos aprender a regular estos mecanismos de supervivencia para que no resulten demasiado invasivos.

¡QUE EMPIECE LA AVENTURA«CONFIANZA PLENA»!

Después de mi encuentro con Deborah tenía que ir más allá, pero seguía teniendo dudas y me surgieron dos nuevas preguntas que no paraban de repetirse en bucle en mi mente: ¿Lo que he aprendido en estos tres días puede tener el mismo efecto en todo el mundo? ¿Estaré a la altura de la misión que Deborah me ha transmitido de manera indirecta: desarrollar y compartir las enseñanzas de la teoría polivagal?

Llegados a ese punto, debía llevar a cabo dos acciones fundamentales:

1. Crear una formación para transmitir la teoría polivagal y observar los efectos en los participantes.

2. Llevar a la práctica personalmente lo que había aprendido con el objetivo de ser un referente en la materia gracias a mi propia experiencia.

Hoy en día es fácil acceder a toda la información que se necesita sobre cualquier tema. Internet nos ofrece todo lo que queremos saber, y cada vez hay más libros que tratan la teoría polivagal, algo que no ocurría en 2018. Sin embargo, la mayor riqueza no reside en la acumulación de conocimientos, sino en la experiencia de encarnar lo que proponemos. Por ese motivo, en respuesta al desafío que me lanzó mi formadora, me embarqué en una gran exploración interior que ahora comparto contigo en este libro. Descubramos ese mundo invisible que llevas dentro y que determina todos tus comportamientos.

Es evidente que tus antiguos mecanismos no van a desaparecer de la noche a la mañana. Lo que aprendas aquí te llevará algún tiempo asimilarlo y hacerlo tuyo.

Pero partamos de esta premisa: todos tus comportamientos tienen una función positiva para ti, incluso los que odias, los que sabotean tu felicidad o tu progreso, los que te limitan, los que te hacen sentir inferior, incapaz de hacer algo, etcétera.

Todas esas creencias, esos pensamientos y esas emociones que consideras «negativos» tienen, en última instancia, una única función: ¡protegerte! Te ofrecen información sobre tu estado interno. Puedes luchar contra esta información que no te gusta y agotarte intentando encontrar una salida que nunca llega, o puedes convertirla en un aliado sólido y duradero que te permita liberarte de su función protectora.

Durante mucho tiempo sufrí esos pensamientos negativos. De hecho, los tuve mien-tras estaba escribiendo un libro. Una serie de frases tales como «¿y si a la gente no le gusta?» o «¿y si nadie compra tu libro?» no dejaban de resonar en mi mente.

Todos estos pensamientos solo tenían una función en ese momento: protegerme. ¿Protegerme de qué?, tepreguntarás. Protegerme del sufrimiento, porque esas frases estaban bloqueando mi proceso de escritura y, sin libro, no habría riesgo. Aquello me salvaba de lo que más temía: ser ignorado, no sentirme importante, volver a sentirme solo, todas ellas consecuencias del abandono que había vivido de niño.

Cada uno tiene su mecanismo de defensa predominante. El mío era la inhibición. En cambio, para algunospuede ser la lucha, y para otros, la huida. Todos esos modos de supervivencia generan un comportamiento, una forma de pensar, una relación con el mundo, con los demás y con uno mismo.

Todos estosmodos desupervivenciageneran uncomportamiento, una forma depensar, unarelación conel mundo, conlos demás ycon uno mismo.

Y el objetivo no es oponerse a esos pensamientos, esas creencias y esas emociones, porque eso equivaldría a nadar contra corriente... Más bien tenemos que salir a su encuentro para comprender el modo de supervivencia implicado en la situación y hacerlo en un estado muy particular, nuestro estado interno de seguridad.

Esta es la clave para poder enfrentarte a tus miedos, a tu sufrimiento y a ti mismo. Es un estado en el que todo es posible, un estado en el que tu confianza no tiene límites.

¡Y todos tenemos estos recursos! Así, solo cuarenta y cinco días después de mi formación sobre la teoría polivagal, tuve la satisfacción de autopublicar mi libro, que había estado posponiendo durante más de seiscientos días.

Al crear ese vínculo de confianza conmigo mismo, me di permiso para finalizar el proyecto. Porque solo si eres capaz de concederte ese permiso, creando así un apoyo lo bastante presente en ti como para enfrentarte a tus miedos y sufrimientos, podrás llevar a cabo tus misiones con éxito.

La mayoría de las personas desconocen su modo de protección. Tienden a desconfiar de sí mismos, a ser su peor enemigo, a estar resentidos consigo mismos y, a veces, incluso a no quererse. Y todo eso debido a un mecanismo que ni siquiera comprenden.

Se centran en las consecuencias: me estoy saboteando, me estoy limitando, estoy enfadado conmigo mismo por no tener éxito... Y así, para dar sentido a lo que están viviendo, llegan a la conclusión de que una parte de ellos no les gusta.

Imagina que uno de tus amigos se pasa todo el tiempo diciéndote que no sirves para nada, que nunca triunfarás, que no eres importante, que no te quieren. Puede que te cueste creer que sea un amigo con buenas intenciones y, sin embargo, ese mecanismo de protección está diseñado para evitarte sufrimientos profundamente arraigados en tu cuerpo, resultado de tus experiencias pasadas, de condicionamientos asociados a tu entorno, e incluso de tu herencia transgeneracional.

LA CONFIRMACIÓN DE LA PLENA CONFIANZA