Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
Rober Sánchez nos propone liberarnos de la esclavitud, la monotonía y la supuesta necesidad de ejercicio físico pautado y nos invita a abrazar la riqueza del movimiento de nuestro cuerpo, olvidándonos de métricas, programas, objetivos y resultados. No hagas ejercicio. ¡Puedes moverte! nos permite observar nuestro cuerpo con una mirada apreciativa, coherente y respetuosa, y así alejarnos de la propuesta monótona y lineal a la que nos tienen acostumbrados los gimnasios y los entrenadores físicos tan de moda en las redes sociales.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 217
Veröffentlichungsjahr: 2025
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
No hagas ejercicio. ¡Puedes moverte!
Libérate de la monotonía y la obligación del ejercicio físico
Rober Sánchez
Prólogo de Xavi Cañellas
La información presentada en esta obra es material informativo y no pretende servir de diagnóstico, prescripción o tratamiento de cualquier tipo de enfermedad o dolencia. Esta información no sustituye la consulta con un médico, especialista o cualquier otro profesional competente del campo de la salud. El contenido de la obra debe considerarse simplemente educativo. El autor y el editor están exentos de toda responsabilidad sobre daños y perjuicios, pérdidas o riesgos, personales o de cualquier otra índole, que pudieran producirse por el mal uso de la información aquí proporcionada.
Primera edición en esta colección: enero de 2025
© Rober Sánchez, 2025
© del prólogo, Xavi Cañellas, 2025
© de la presente edición: Plataforma Editorial, 2025
Plataforma Editorial
c/ Muntaner, 269, entlo. 1ª – 08021 Barcelona
Tel.: (+34) 93 494 79 99
www.plataformaeditorial.com
ISBN: 979-13-87568-10-8
Diseño de cubierta: Pilar Eme
Fotocomposición y realización de cubierta: Grafime, S.L.
Reservados todos los derechos. Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos. Si necesita fotocopiar o reproducir algún fragmento de esta obra, diríjase al editor o a CEDRO (www.cedro.org).
Para Abril y Max. Me enseñáis tanto sobre movimiento todos los días.
Y para mis alumnas y alumnos del Laboratorio de Movimiento, cómplices en la sombra de esta propuesta.
Prólogo,
de Xavi Cañellas
Introducción
1. Sentido y aprendizaje
2. Tú
3. Por qué no
4. Test y requisitos
5. Generalismo y direcciones
6. Brújulas
Honoris causa
Cubierta
Portada
Créditos
Dedicatoria
Índice
Comenzar a leer
Colofón
Está en tus manos ahora mismo.
Como persona de a pie, sin necesidad de convertirte en un superatleta ni nada parecido, podrías disfrutar de ciertos privilegios corporales muy poco comunes… sin «hacer ejercicio».
De hecho, incluso cuando aparentas estar en forma, las pautas, las rutinas, los programas podrían estar alejándote de estas posibilidades.
Podrías resistir demandas físicas moderadamente intensas mantenidas a lo largo del tiempo sin pensar en cardio.
Podrías contar con un rango de movimiento amplio y flexible, y a la vez sólido y estable, sin restricciones, tensión, rigidez.
Podrías saber cómo imprimir esfuerzos vigorosos hábilmente, para una tarea determinada, con eficiencia y determinación.
Podrías adaptarte con soltura, frescura y elegancia ante distintas situaciones y escenarios de forma coordinada, ágil, fluida, equilibrada, armónica.
Podrías reaccionar de manera veloz, elástica y eficaz ante imprevistos súbitos e impredecibles.
Podrías atesorar conciencia, sensibilidad y sabiduría corporal, y comprender en profundidad y con finura lo que tienes entre manos en todo momento al moverte.
Podrías gozar al mismo tiempo de relajación, fuerza, delicadeza, resiliencia, robustez, ligereza, confianza, disponibilidad, libertad.
En definitiva…
Podrías dejar de obligarte, machacarte, limitarte y robotizarte (corporal y mentalmente) a base de ejercicios lineales, simplones, repetitivos, monótonos y sin sentido real de movimiento, dependientes de programas, métricas y motivaciones superficiales e insustanciales, esclavizado por el miedo a la incertidumbre y la necesidad de control.
Y explorar, jugar, investigar, divertirte desde el respeto; abrazar la curiosidad y la alegría de moverte, y disfrutar de un extenso y rico repertorio de posibilidades de movimiento y de un cuerpo capaz, hábil e inteligente que puede y sabe moverse en torno a ellas.
Podrías dejar de «hacer ejercicio».
Ser consciente y comprender que puedes moverte.
Y practicarlo.
Está en tus manos…
Dicen que la vida es movimiento, que el agua estancada se pudre y pierde la vida. Y es que, como bien dijo Pau Donés antes de despedirse: «Vivir es urgente». Moverse, también. Pero no te confundas, moverse no es lo mismo que ese «hacer ejercicio». No, aquí se va a hablar de algo mucho más liberador.
Conozco a Rober desde hace muchos años. Él tenía un blog llamado Escucha tu cuerpo, y ya en aquel entonces me llamaba mucho la atención su forma de entender la vida, no solo el movimiento. De hecho, más tarde comprendí que formaba parte de lo mismo.
Rober es una de esas personas que inspiran. ¿Algo en concreto? Más que concreto, te diría que inspira en todo. Hoy doy las gracias por sentirnos grandes amigos. Sí, soy un privilegiado de compartir con él charlas extensas sobre la vida. Debo decir que al principio me costó comprender su enfoque del movimiento y no del «ejercicio físico». Hoy, creo que estoy más cerca de la comprensión. Básicamente he llevado a la experiencia su propuesta, y como siempre, la experiencia conlleva el aprendizaje.
El pensamiento te puede llevar a la conclusión de un hecho, de un concepto; pero la emoción te va a llevar a la acción. Así funciona el cerebro, una parte es racional, la corteza cerebral que trabaja con una velocidad de procesamiento de 64 bits por segundo. Mientras que hay otra parte no racional o subcortical, con una velocidad de procesamiento de 11 millones de bits por segundo. Esta última es la parte que nos moviliza a accionarnos y, por tanto, el aprendizaje y la comprensión del mismo son mucho más profundos. Esta profundidad está vinculada a la información de cada individuo de su historia personal y familiar, y también a la historia en sí, como humano. Es aquí donde Rober nos invita a viajar, a darle un sentido al movimiento y no al constructo racional del ejercicio físico.
Decía Albert Espinosa: «Vivir es aprender a perder lo que has ganado». Sí, es una paradoja, igual que la anécdota que viví en un avión, el día del cáncer de mama. Si comprabas una botella de plástico, donabas un euro para la investigación contra el cáncer de mama. Qué irónico, ¿verdad? Que el mismo plástico, repleto de disruptores endocrinos, esté contribuyendo a aquello contra lo que supuestamente luchas. Y de eso va esto, de dar un paso más allá de las incongruencias en nuestra vida.
La propuesta de esta obra no es solo un cambio en tu forma de moverte, sino un giro en la forma en que te ves a ti mismo, a tu cuerpo y tu propia existencia. Este libro no es para todo el mundo, y eso está bien. Es para quienes, como tú, sienten que hay algo más allá del deber de «hacer ejercicio», una forma más auténtica y presente de estar en el mundo.
Rober no te promete resultados. Te promete un camino de exploración, una forma de moverte que no se trata de ser mejor, más fuerte o más rápido. Se trata de estar presente, de sentir el cuerpo como un aliado y no como un campo de batalla. Jung decía: «El privilegio de la vida es convertirse en quien realmente eres». Y parte de ese privilegio es redescubrir cómo quiere moverse tu cuerpo, sin importar lo que diga el resto.
Dijo un poeta una vez: «Cuando crees tener todas las respuestas, viene el Universo y te cambia las preguntas». Rober, gracias de corazón por regalarnos algunas preguntas nuevas.
Xavi Cañellas
Autor de Lo único importante (que no lo más) y amigo de Rober
A pesar de que a mi editor esto no le ha gustado ni un pelo porque va totalmente en contra de las tácticas literarias para enganchar al lector desde el inicio, voy a arrancar de la peor manera posible, en plan cenizo, durante unas pocas líneas. Más tarde me lo agradecerás.
Rápidamente, ojo, daremos un golpe de timón para transformarlo en intriga, emoción, curiosidad, alegría, que es lo chulo de dejar de hacer, por fin, aburridos y drenantes ejercicios sin sentido real de movimiento, como los fucking burpees del fitness y las planchas «abominables» de pilates. Es fantástico olvidarte de levantar hierro al tuntún, y pasar a explorar y jugar y aprender y retarnos y movernos de verdad. Pero, de momento, como en los anuncios de medicamentos, debo ponerme en modo «antes de tomar este fármaco, lea detenidamente las indicaciones del prospecto».
Si te paras un momento a pensar, esa especie de superpoder tan peculiar que tenemos los humanos, pero que, en realidad, usamos tan mal —y, prueba de ello, el simplismo del ejercicio físico—, a raíz del título de este libro y las perlas que he soltado en las dos primeras páginas, puedes intuir que lo que voy a exponer y proponerte se opone diametralmente al resobado y hueco consejo convencional sobre el tema:
Tienes que hacer ejercicio.
En su momento verás que, en gran parte, la propuesta de este libro se apoya en la habilidad de observar para ver con claridad, especialmente el cuerpo. Observar y ver el cuerpo como lo que es realmente, quiero decir. Al verlo, lo reconocerás. Y al reconocerlo, se abrirá ante ti un universo de posibilidades tan amplio, tan vasto, que podrás permitirte pasar olímpicamente de la supuesta necesidad y del deber de «hacer ejercicio». Pronto entenderás por qué lo escribo siempre entre comillas. De hecho, es algo que el ser humano no ha necesitado en toda su historia, hasta que el intelecto se lo ha sacado de la manga recientemente y algunos intelectuales lo han convertido en un negocio tan rentable.
Hablando de ver con claridad, entonces, con el fin de ahorrarte tiempo y confusiones, no tengo más remedio que empezar con algunas advertencias. Te servirán, además, como breve introducción, una especie de spoiler para vislumbrar por dónde irán los tiros.
«No hagas ejercicio. ¡Puedes moverte!». Jo, qué guay. Suena bien, ¿verdad? Sobre todo si a ti particularmente lo del ejercicio te suele costar un poco, se te hace bola o te chirría. Mmmm… Ten presente lo siguiente:
Es muy probable que tu cuerpo, al leer estas palabras, seas quien seas tú como individuo que lo habita —sin misticismos chungos—, esté deseando dejar de «hacer ejercicio» y volver a divertirse y a descubrir su realidad experimental diaria como lo hacen todos los seres vivos y lo hacías tú mismo de niño. Fijo que tu body ansía moverse en libertad, sin programas ni normas académicas ni series de quince repeticiones, y sin, ni mucho menos, tener que ser disciplinado, aislar el pectoral mayor, o seguir y obedecer las órdenes de una aplicación de móvil que dictamine qué ejercicios tocan hoy, como cuando cualquier peque, resignado, se ve obligado a asumir que «hoy para cenar hay merluza y brócoli».
Como el cuerpo entusiasmado y expectante lee a través de la mente pensante, la voz incesante de la azotea, ahí arriba todo esto hace mucha ilusión y se cristaliza fácil y rápido. «¡Ostras! Ahora lo entiendo todo. ¡¡Por fin voy a dejar de “hacer ejercicio”!!». Pero… Siempre hay un pero… Todo este reconocimiento y el potencial de movimiento no se materializarán en una realidad tangible, física, motriz, para dejar de ser solamente cuatro alegres pensamientos revoloteando por tu cabeza, si no das un último pero ineludible paso: la acción, moverte.
En definitiva, estas ilusiones, como toda fantasía, en la cabeza ocurren en un pispás. Ahora bien, lo corporal sucede en otros tiempos y a cambio de algunas tasas.
Calma, pues, que casi la mitad del libro consiste en ir realizando ciertos cambios para que la transición suceda de manera progresiva y, cómo no, te lo aviso desde el principio, requiere elaboración, exposición, dedicación. Las posibilidades de movimiento están ahí, disponibles para ti, pero que sean realmente tuyas no se dará solo leyendo, no viene gratis y no ocurrirá de un día para otro.
Como resultado de esta trampa mental, y más con las posibilidades que he lanzado en las dos primeras páginas, debo avisarte de que tanto ahora mismo como en ciertos pasajes del libro tu cabeza puede llegar a pensar que lo que te estoy proponiendo es, en parte, que te conviertas en un supergimnasta, en tu «mejor versión física», en un aspirante a ser una estrella del Circo del Sol o algo así. En este sentido, solo puedo adelantarte que ni mucho menos. Más bien lo contrario.
Que disfrutes de un cuerpo versátil, capaz, hábil e inteligente tiene muy poco que ver con convertirte en un atleta de alto nivel. De hecho, por si se te pasara por la cabeza, es algo que no te recomendaría jamás si no vas a vivir de ello.
Por eso, hay un principio práctico que respetar que compartiré contigo en su debido momento y que te ayudará con esta maquinación.
Y tú, como individuo libre y persona normal, de la calle, podrás decidir siempre hasta dónde llevar todas estas propuestas personalmente.
La segunda advertencia emerge de la primera. Es una mala noticia, un filtro, una segmentación, un embudo que dicen los publicistas:
Este libro no es para todo el mundo.
Al contrario, este libro es para personas que cumplan dos condiciones.
Como primer requisito, aunque lo matizaremos en un capítulo dedicado a ubicarte individualmente en esta propuesta, necesitas verte reflejado en alguno de los siguientes perfiles:
No conectas ni lo más mínimo con la idea de «hacer ejercicio», incluso quizá sientes rechazo al planteártelo. Y más al concebirlo como la única opción, porque así nos lo han vendido. Como consecuencia, tienes un estilo de vida sedentario, a pesar de ser consciente —no eres un iluso ni vago— de los perjuicios que esto implica.
Eres moderadamente activo, te mueves en tu día a día y haces algo de ejercicio por tu cuenta o en el gimnasio, generalmente de forma inconsistente, a rachas, cuando la vida te lo permite o tu voluble motivación se ilumina. Aun así, lo concibes como una obligación, un peaje que pagar a cambio de salud y bienestar que requiere fuerza de voluntad, sacrificio, disciplina. Lógicamente, aunque sea algo que incluso llegas a disfrutar y te sienta bien, no hay forma de que tu práctica se mantenga constante a largo plazo.
Eres muy activo, incluso «deportista», perseverante, entrenas con regularidad y estás en forma según los estándares convencionales, aunque, al mismo tiempo, percibes tus limitaciones (flexibilidad, coordinación, agilidad), sueles arrastrar molestias y dolorcillos aquí y allá debido a un cuerpo que tiende a la tensión y la oxidación, y la cosa no termina de fluir, incluyendo, por qué no, cierta adicción a visitar al fisio.
Además de sentirte más o menos identificado con una de esas tres categorías —o con una combinación de ellas—, hay una segunda condición, otro requisitofundamental. ¿Cuál?
Tienes un no sé qué ahí dentro, entre el corazón y la barriga, un runrún, una sospecha, una idea que no acabas de definir pero que reside en tu interior. Intuyes —y en el fondo sabes— que algo no termina de encajar en esta historia del ejercicio, que el movimiento puede ir más allá del mero entrenamiento físico. Y sientes interés y curiosidad por el desarrollo de la fisicalidad humana, y de tu propio movimiento. Es decir…
Tu movimiento —no solo tu ejercicio— te importa.
Este libro es para ti siempre y cuando reúnas las dos condiciones. Antes de continuar, si lo consideras oportuno, vuelve a leerlas.
Te cuento rápidamente algo que forma parte de mi historia, pero no para restregarte mis éxitos ni para que te lo tomes como un curriculum vitae, sino para que lo tengas en cuenta durante el transcurso de la historia importante, la tuya con este libro y lo que hagas con todo lo que voy a proponerte, la que estamos elaborando en este preciso instante.
En enero de 2020 salió a la luz Camina, salta, baila: Muévete más y vive mejor, mi primer libro en torno al movimiento —no solo el ejercicio—, publicado también por Plataforma Editorial. Y con aquel libro pasan muchas cosas, aunque hay dos que sobresalen, que debes saber y te conciernen.
La primera es que ahora mismo puedes encontrarte en dos situaciones, y te lo diré al estilo Mariano Rajoy. Verás… Puede ser que hayas leído Camina, salta, baila. Y puede ser que no lo hayas leído. Venga.
¿Por qué te suelto tal perogrullada? Porque, de alguna manera, este libro es una especie de secuela de aquel. Y, de nuevo, dependiendo de tu caso, esto te puede afectar de dos maneras.
Por un lado, si no lo has leído, podrías pensar que necesitas leerlo antes que este. Mucha calma, que no cunda el pánico. No es necesario, ni mucho menos. Este libro es una secuela, pero no es una secuela. Todo lo que expongo en esta obra se puede comprender y aplicar independientemente de lo que escribí por aquel entonces. Otra cosa es que, cuando termines este, te animes a leer su predecesor, lo cual te ayudará a indagar en la parte más conceptual, racional, evolutiva, histórica y filosófica de esta propuesta. Pero, de momento, no hace falta. Céntrate en llevar a la práctica las dos propuestas de este libro: soltar lo de «hacer ejercicio» y empezar a moverte como te mostraré, sin más.
En caso contrario, si lo has leído, verás que en la parte central de este libro aparecerán conceptos que te sonarán mucho. Es más, hay un par de ellos que los revisaremos con cierta profundidad y tal vez te parezcan repetitivos. Si lo hago, es porque lo considero necesario no solo para el nuevo lector, sino también para ti —lo comprenderás dentro de nada—. Está claro que no lo haré para darle mil vueltas a lo mismo. Al contrario, esta reiteración tiene mucho que ver con el error que estoy a punto de desvelar… y subsanar.
Al fin y al cabo, el nivel de detalle teórico de Camina, salta, baila es tan brutal, tan heavy, y está tan bien hilado, estructurado de forma metódica y rigurosa que, aunque esto que voy a decir te pueda sonar como una fantasmada o falta de humildad —es una sensación que vamos a matar enseguida—, sigo pensando lo que afirmé en su momento: a nivel conceptual, hasta el momento es el libro que mejor integra todos los aspectos implícitos en la naturaleza del movimiento desde un punto de vista humanista.
Y aun así, fíjate tú, me bajo los humos a mí mismo y reconozco que con Camina, salta, baila cometí tres errores:
Para empezar, para soltar el ejercicio e iniciarse en la práctica de movimiento, precisamente fue demasiado humanista. Esto lo sé gracias al
feedback
de cantidad de lectores y alumnos con los que he comentado la jugada.
Camina, salta, baila
es un librazo que te vuela la cabeza, te cambia y amplía tanto la manera de ver el movimiento que puede resultar incluso abrumador, y, como efecto negativo, despertar incontables dudas mentales al abrirse tantos frentes, tantísimos que puedes caer en cierta parálisis, justo lo contrario de lo que perseguimos, ¿no? De ahí que, a pesar de contener todo lo que necesitas saber sobre movimiento humano «con la cabeza» —«con el cuerpo» es otra cosa, y no se puede hacer únicamente leyendo—, entre sus lectores despertara la necesidad de que explique con más detalles cómo liberarse de lo de «hacer ejercicio» —hay quien tiene mucho miedo a hacerlo, o está muy enganchado— e ir implementando el cambio de paradigma del movimiento de manera práctica e intencionada, paso a paso. Esto último es el propósito principal de esta obra.
A pesar de que
Camina, salta, baila
es un libro fácil de leer, didáctico, llano, el nivel de los matices conceptuales y la manera de exponerlos fueron tan concienzudos y minuciosos que, sin pretenderlo, a mí me situaron como una autoridad experta, demasiado para mi gusto, un lugar que no merezco y en el que no quiero estar. Y es que, como explico en el mismo libro, es algo que juega en contra de lo que voy a proponerte, de que te muevas con absoluta libertad, sobre todo si eres de las personas que creen necesitar el permiso y la supervisión de un experto para hacerlo.
Esto es de lo que más me avergüenzo. Y lo hice por cobarde, por miedo a las presiones, al qué dirán, a que no se comprendieran del todo algunas de mis conclusiones y, como consecuencia, sugerencias e invitaciones. Me contuve para no ser demasiado violento, contundente, agresivo. Me frené para no molestar a los académicos que me vigilan y de vez en cuando lanzan su
hate
, que dicen los jóvenes. Lo confieso ya: en cierto modo, al poner sobre la mesa lo ridículo y simplón de la propuesta convencional del ejercicio físico, me rajé y lo suavicé todo para no llamar demasiado la atención y que nadie se enfadara conmigo. Tremendo desacierto el mío.
Como ves, por muy intelectual y elocuente y blablablá que fuera Camina, salta, baila, y por muchos vídeos míos que quizás hayas visto en Internet demostrando todas mis habilidades y trucos chupiguays rozando los cuarenta y cinco tacos, no tengo el más mínimo interés en que me concibas como una autoridad, y mucho menos como un ser luminoso, perfecto, que lo sabe todo sobre movimiento. Es más, es algo que echo infinitamente de menos en blogs, redes, revistas, medios… Que los expertos se muestren un pelín más imperfectos, dubitativos, incluso confusos. Humanos, mortales, vaya. Por mi parte, no tengo ningún problema en admitir que sigo en modo aprendiz, investigando y aprendiendo, y tengo la sensación de que será así durante el resto de mi vida. Es más, en su debido momento y mediante las explicaciones pertinentes, te invitaré a recurrir a esta actitud. Es una garantía para moverte mucho mejor.
Así pues, para cerrar esta sección de libros, más allá de enmendar el error, en un mundo ideal leer esta obra debería ser lo primero en orden cronológico. Y de despertarte interés, inquietud, curiosidad intelectual, Camina, salta, baila sería su mejor complemento, para leerlo en segundo lugar.
Precisamente, desde un punto de vista conceptual, una de las clasificaciones que describo en Camina, salta, baila distingue dos tipologías de movimiento: el integrado y el intencionado.
Las diferencias entre ambos radican en diversos matices, así como en su implementación, y no entraremos en detalles porque sería demasiado redundante.
Para lo que trataremos en este libro, en este sentido lo único que necesitas saber es que el movimiento integrado se refiere a toda aquella actividad física que sucede de forma incrustada y más o menos espontánea en la cotidianidad del día a día, como caminar más, cargar con la compra, agacharte a menudo para realizar distintas tareas en casa, etc., en contraposición a esos bloques de tiempo que acostumbramos a reservar en la agenda para «hacer ejercicio», realizar deporte, entrenar o, en el caso de esta propuesta, practicar movimiento intencionada y deliberadamente.
La advertencia, entonces, es justo esta: la guía que tienes en tus manos no trata en absoluto sobre el movimiento integrado, sino que es una obra exclusivamente dedicada a la propuesta de la práctica intencionada, consciente, llevada a cabo a propósito y con propósito, y requiere invertir tiempo, energía, foco, que te involucres personalmente, como sucede con cualquier otra práctica y con todo lo que vale la pena en la vida.
Sé que puede sonar a obviedad, pero, debido a la primera advertencia que lanzaba, las trampas de la cabeza, no sabes la de mentes descontentas y frustradas —y con razón— con el concepto de «hacer ejercicio» que, ansiosas, están esperando escuchar eso tan atractivo de «No hagas ejercicio. ¡Puedes moverte!», y se agarran a ello y lo interpretan como si no hubiera una elaboración, una dedicación implícita, y todo consistiera en «hala, pues venga, vamos a movernos, y a jugar y ya está», y ja, ja, ja; ji, ji, ji; ju, ju, ju… Cosa que en según qué momentos puede estar muy bien, por supuesto, pero que no tiene nada que ver con una práctica como la que te voy a proponer.
Esto, y para terminar, puede jugar en tu contra especialmente si perteneces a esa categoría que he descrito como «totalmente sedentaria». ¿Por qué? ¿Eres débil, incompetente, menos capaz? Nada de eso. Simplemente, no estás habituado a realizar actividad física de forma dedicada y deliberada, como los otros dos grupos, aunque solo inviertan su tiempo y energía en «hacer ejercicio», por lo que el cambio puede resultarte más tedioso. Tenlo presente y hazte cargo. Si quieres moverte mejor y con sentido, y disfrutar del cuerpo que describía en las primeras páginas, tendrás que involucrarte intencionada y activamente en el proceso. No hay otra.
Por último, permíteme aclarar la primera parte del título, para no caer en interpretaciones erróneas.
No hagas ejercicio no es un mandato, un imperativo.
Lo peor que podría pasarnos, a mí como autor y a ti como lector, es que te sintieras obligado a dejar de «hacer ejercicio».
Si parte de esta historia consiste en liberarse, ¿qué sentido tendría esclavizarte con otro deber?
Al contrario, como he comentado en más de una ocasión, lo que tienes entre manos es una propuesta, una sugerencia, una invitación a mirar, concebir y PRACTICAR el movimiento desde otro ángulo, con un enfoque muy distinto al que te proponen convencionalmente.
Y mira, ya que estamos con un ligero spoiler, puedo adelantarte que el uso del entrenamiento físico puede (¡puede!) estar incluido en la práctica de movimiento, como una posibilidad más, siempre bajo la mirada consciente de lo que supone «hacer ejercicio» y comprendiendo profundamente cuándo, cómo, por qué y para qué puedes optar por ello.
En cualquier caso, pues, no caigas en la trampa de creerme al cien por cien y acatar mis propuestas prácticas como si fueran órdenes, una pauta, una fórmula, un programa. No quiero que me hagas caso a ciegas.
Como irás comprobando conforme avances, sobre todo a raíz de ciertas preguntas abiertas, pretendo que pienses por ti mismo y desarrolles tu propia práctica, no la mía.
En resumen: siéntete libre de moverte como te dé la gana.
Nos dicen insistentemente que necesitamos y debemos «hacer ejercicio».
Yo te digo que no.
Hay una alternativa mejor para personas como tú y como yo, como nosotros.
Mejor para el cuerpo y mejor para la mente.
Solo hace falta comprender con claridad algunos asuntos, afrontar la realidad actual con coraje, estar dispuesto a moverse a contracorriente de lo que hemos aceptado como normal, y abrazar la posibilidad de actuar desde el respeto corporal, la coherencia y la curiosidad.
El castillo de naipes del ejercicio físico se aguanta con pinzas a punto del derrumbe, se tambalea, hace aguas.
Los hechos están cayendo por su propio peso y los académicos ya no saben cómo abordar la falta de adherencia.
El cambio de paradigma de la práctica de movimiento, consciente y deliberada, avanza sin tregua.
Puedes ser un simple espectador estático, pasivo, que ve la vida pasar ante sus ojos…
O el protagonista dinámico, activo, que se mueve en pro de esta re-evolución personal y social.
Y todo sin tener que alcanzar tu mejor versión, sin tirar de épica estoica, sin despertarte cada día a las 5:00 con la banda sonora de Gladiator, aferrarte a esoterismos japiflagüers y otras cosas raras.
No necesitas «hacer ejercicio».
No tienes que «hacer ejercicio».
No debes «hacer ejercicio».
Es todo una gran mentira.
