No hay burlas con el amor - Pedro Calderon de la Barca - E-Book

No hay burlas con el amor E-Book

Pedro Calderón de la Barca

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El galán Don Juan de Mendoza se reúne con su amigo Don Alonso de Luna - célebre por sus conquistas femeninas - para pedirle consejo sobre la mejor forma de atraer la atención de la joven Doña Leonor, hija del despótico Don Pedro Enríquez. Don Alonso se apresta a ayudar, seduciendo a Doña Beatriz, persona de rígida moral, hermana mayor y guardiana de la moral de Leonor.

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Pedro Calderón de la Barca

Pedro Calderón de la Barca

NO HAY BURLAS CON EL AMOR

Traducido por Carola Tognetti

ISBN 978-88-3295-765-5

Greenbooks editore

Edición digital

Abril 2020

www.greenbooks-editore.com

ISBN: 978-88-3295-765-5
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Indice

PERSONAS QUE HABLAN EN ELLA

ACTO PRIMERO

ACTO SEGUNDO

ACTO TERCERO

PERSONAS QUE HABLAN EN ELLA

Don ALONSO de Luna, galán

Don JUAN de Mendoza, galán

MOSCATEL, gracioso

Don LUIS, galán

Don DIEGO, galán

Don PEDRO Enríquez, viejo y padre de las dos damas

Doña BEATRIZ, dama

Doña LEONOR, dama

INÉS, criada

ACTO PRIMERO

Salen Don ALONSO de Luna y MOSCATEL muy triste

ALONSO: ¡Válgate el diablo! ¿Qué tienes, que andas todos estos días con mil necias fantasías?

Ni a tiempo a servirme vienes, ni a propósito respondes; y, por errarlo dos veces, si no te llamo, pareces, y si te llamo, te escondes. ¿Qué es esto? Dilo.

MOSCATEL: ¡Ay de mí!

Suspiros que el alma debe.

ALONSO: Pues ¿un pícaro se atreve a suspirar hoy así?

MOSCATEL: Los pícaros ¿no tenemos alma?

ALONSO: Sí, para sentir, y con rudeza decir de su pena los extremos; mas no para suspirar; que suspirar es acción digna de noble pasión.

MOSCATEL: Y ¿quién me puede quitar la noble pasión a mí?

ALONSO: ¡Qué locuras!

MOSCATEL: ¿Hay, señor, más noble pasión que amor?

ALONSO: Pudiera decir que sí; mas, para ahorrar la cuestión que "no" digo.

MOSCATEL: ¿Que no? Luego, si yo a tener amor llego, noble será mi pasión.

ALONSO: ¿Tú, amor?

MOSCATEL: Yo amor.

ALONSO: Bien podía, si aquí tu locura empieza, reírme hoy de tu tristeza más que ayer de tu alegría.

MOSCATEL: Como tú nunca has sabido qué es estar enamorado; como siempre has estimado la libertad que has tenido, tanto, que en los dulces nombres de amor fueron tus placeres burlarte de las mujeres y reírte de los hombres; como jamás a ninguna quisiste, y más te acomodas a engañar, señor, a todas que hacer elección de una; como eres (en el abismo de amor jugando a dos manos, potente rey de romanos) mal vencedor de ti mismo, de mí te ríes, que estoy de veras enamorado.

ALONSO: Pues yo no quiero criado tan afectuoso. Hoy de casa te has de ir.

MOSCATEL: Advierte...

ALONSO: No hay para qué advertir.

MOSCATEL: Mira...

ALONSO: ¿Qué querrás decir?

MOSCATEL: Que se ha trocado la suerte al paso, pues siempre dio el teatro enamorado el amo, libre el criado.

No tengo la culpa yo de esta mudanza, y así deja que hoy el mundo vea esta novedad, y sea yo el galán, tú el libre.

ALONSO: Aquí hoy no has de quedar.

MOSCATEL: ¿Tan presto, que aun de buscar no me das otro amo tiempo?

ALONSO: No hay más de irte al instante.

Sale don JUAN

JUAN: ¿Que es esto?

MOSCATEL: Es pagarme mi señor el tiempo que le he servido con haberme despedido.

JUAN: ¿Con Moscatel tal rigor?

ALONSO: Es un pícaro, y ha hecho la mayor bellaquería, bajeza y alevosía que cupo en humano pecho, la más enorme traición que haber pudo imaginado.

JUAN: ¿Qué ha sido?

ALONSO: ¡Hase enamorado!

Mirad si tengo razón de darle tan bajo nombre, pues no hace alevosía, traición ni bellaquería, como enamorarse un hombre.

JUAN: Antes pienso que por eso le debierais estimar, que diz que es dicha alcanzar, y yo por tal lo confieso. ¿Criados enamorados?

Un hombre que se servía de dos mozos, y los veía necios y desaliñados, nada en su enmienda buscaba como es decirlos a ratos:

"¡Enamoraos, mentecatos!" que estándolo, imaginaba que cuerdos fuesen después, y aliñados; y, en efecto, ¿qué acción, qué pasión, qué afecto, decid, si no es amor, es el que al hombre da valor, el que le hace liberal, cuerdo y galán?

ALONSO: ¡Pesia tal!

De los milagros de amor la comedia me habéis hecho, que fue un engaño culpable, pues nadie hizo miserable, de avaro y cobarde pecho al hombre, si no es amor.

JUAN: ¿Qué es lo que decís?

ALONSO: Oíd, y este discurso advertid; veréis cuál prueba mejor.

El hombre que enamorado está, todo cuanto adquiere para su dama lo quiere, sin que a amigo ni a criado acuda, por acudir a su gusto; luego es miserable amando, pues no es, ni se puede decir virtud, lo que no es igual, y miserable no ha habido mayor, que el que sólo ha sido con su gusto liberal.