Notas con Historia - Eduardo Figueroa Orrantia - E-Book

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Eduardo Figueroa Orrantia

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Beschreibung

Fruto de una investigación ardua y devota, el presente libro rescata la herencia de numerosos compositores y editores de partituras del pasado, brindando ―de manera sencilla y clara― información que ayuda a conocer y valorar el legado musical que dio cabida al espíritu de toda una época, y que estuvo presente en la formación de alumnos, profesores, directores e instrumentistas durante las primeras décadas del siglo XX en el noreste de México. 

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Veröffentlichungsjahr: 2020

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Primera edición, 2011. Gobierno del Estado de Coahuila, Instituto Coahuilense de Cultura, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes

© Eduardo Figueroa Orrantia

Primera edición digital, 2020. © D. R. Quintanlla Ediciones

ISBN:978-607-9417-86-4 Impreso y hecho en México

Conversión gestionada por: Sextil Online, S.A. de C.V./ Ink it ® 2020. +52 (55) 5254 [email protected]

PREÁMBULO

Las manifestaciones musicales de un pueblo son mutables, tan cambiantes como la vida misma. Con el suceder del tiempo las melodías terminan su ciclo, se olvidan y otras nuevas las remplazan. La música que acompaña la vida diaria, de un momento a otro desaparece del horizonte de la actualidad y es suplantada por nuevas melodías que buscan los oídos con la esperanza de la permanencia, mas con la aceptación de la vigencia temporal. Aquel vals tan de moda a finales del siglo XIX, el cual todos cantaban, es ahora tan sólo una partitura guardada en un cajón, salvada del olvido total, quizás, por algún escrúpulo de tipo artístico. Esos documentos son hoy testigos, no mudos, de una época en la que la música viajaba en papel y, sobre todo, de aquel tiempo en el que la música requería de su ejecución en vivo para existir y las obras eran reconocidas más por el nombre de su autor que por el del (o la) ejecutante que las popularizó.

Este libro pretende ser una breve exposición de aquel material resguardado en algunos archivos —tanto de las colecciones creadas con la intención de un resguardo metodológico como de las que no—, que al momento existen en la capital del estado y que, como si fuesen máquinas del tiempo, nos dan la oportunidad de encontrarnos con esas partituras que adornaron los atriles de los pianos del noreste del país. En las ilustraciones de este trabajo encontramos varias portadas de la música publicada en el período que va desde el Porfiriato hasta los años 30 del siglo XX. Anexo se encontrará una muestra del catálogo de las obras presentes en el mercado mexicano de esa época.

Iniciamos el paseo por este atractivo mundo con la presentación de algunos manuscritos dejados por nuestros antecesores para avanzar después hacia la música impresa, extranjera y mexicana, sin olvidar echar un vistazo rápido a los documentos que de nuestro Himno Nacional se resguardan en Saltillo. Termina este recorrido con el listado del material incluido y algo más de lo no expuesto en ilustración pero que, en lo documental, se debe tener presente.

Con relación a las ilustraciones es importante mencionar que las colecciones de obras mayores —óperas, zarzuelas, oratorios, etcétera— solamente son expuestas como muestras, no en su totalidad. Los trabajos que constan de varias partes, como las zarzuelas y las óperas, regularmente aparecen en documentos diferentes, uno por segmento, y comparten diseños de portadas; en estos casos se muestra en ilustración sólo una portada del conjunto.

Así mismo, en ocasiones, al editar la obra de algunos autores, a pesar de no tener las obras que lo componen un carácter consecutivo o global, fue presentada al mercado en grupos que comparten un mismo diseño de portada con un listado anexo de las obras incluidas en el ciclo y, de manera manual, fue marcada o subrayada la obra específica contenida. Con ellas he seguido el mismo criterio de selección utilizado en las zarzuelas y óperas.

En el apéndice III se encuentran referencias a páginas de internet relacionadas con los temas tratados en cada capítulo; en varias de ellas se pueden encontrar documentos digitalizados que nos ayudan a acercarnos a una realidad que parece lejana, pero que fundamenta en muchos aspectos la industria musical de nuestra vida actual.

El presente trabajo no pretende ser, de manera alguna, una compilación total del material musical editado en el período, y refleja solamente una muestra de las obras sobrevivientes en el noreste del país. Ahora bien, teniendo en cuenta que a través de las épocas la industria musical escrita ha evolucionado, adaptándose a los nuevos requerimientos de la sociedad, a las nuevas técnicas de impresión, al desarrollo de los medios de registro sonoro y de los medios masivos de comunicación (desde la radio hasta el internet) y que éstos han cambiado la manera en que el ser humano se relaciona con la música y su aproximación a ella, considero que es de suma importancia detenernos, voltear hacia el pasado musical y reconocer lo que de nosotros encontramos en él.

El impulso original que me ha motivado para la creación de este libro nace ciertamente en esa necesidad de encontrarnos en los orígenes, pero el deseo y el gusto de compartir la forma y la belleza de la manifestación escrita del arte musical ha sido el complemento que me ha estimulado para hacerlo una realidad.

Expreso aquí mi agradecimiento al licenciado Armando Javier Guerra Guerra, Director General del Instituto Coahuilense de Cultura, por la sensibilidad mostrada al tema y por la confianza depositada en mí. Espero que en estas páginas, tanto él como ustedes, los lectores, encuentren imágenes que les produzcan el mismo asombro y la enorme admiración que en mí despiertan los medios creados para la difusión de esta manifestación tan humana: el arte musical.

EDUARDO FIGUEROA ORRANTIASaltillo, Coahuila. 3/2011.

INTRODUCCIÓN

La partitura como registro histórico

El arte es la expresión de la humanidad misma, solamente el hombre lo realiza y lo puede comprender; manifestarnos a través de él es algo característico de nuestra naturaleza. Los diferentes lenguajes artísticos que se han desarrollado a lo largo de la historia para expresarnos nos conectan como especie y nos permiten reconocernos en el hacer de los demás. Es decir, por medio de ellos nos identificamos como integrantes de una totalidad, miembros de un universo: la humanidad.

Se comprende, por lo tanto, que las expresiones artísticas se encuentran ligadas a la época y las circunstancias específicas de la humanidad en que fueron gestadas, y que de esta manera, al analizar y estudiar los registros que de ellas han quedado, somos capaces, ahora, de conocer de cerca, de tomar el pulso, a la sociedad y sus costumbres del período representado en estas manifestaciones.

La radiografía social que el registro del arte y sus expresiones permiten nos aventura en un curioso viaje a través del cual se exponen, por medio de las memorias creadas, los elementos presentes en una sociedad en un momento determinado; así, logran la representación del estado vigente en sus variados aspectos: social, político, económico y anímico general, filtrado por varios individuos pertenecientes e influidos por una sociedad y un tiempo que, de esta forma, fijan una época.

Al adentrarnos en la investigación de las manifestaciones artísticas del pasado encontramos que los adelantos tecnológicos presentes en las artes en un momento particular de la historia (técnicas arquitectónicas, elaboración de tintes y pinturas, artefactos mecánicos, neumáticos, electrónicos, etcétera) son realmente la vía de acceso por la que transitaremos para ingresar y establecer contacto con esa determinada época. En el caso particular del arte musical, dado el desarrollo tan reciente de los mecanismos y medios de registro sonoro (no de reproducción mecánica, como la pianola y la caja musical, sino el resguardo del sonido en su existencia activa), la posibilidad de exploración con estas tecnologías es necesariamente limitada a un pasado no muy lejano. Por lo tanto, en el estudio de épocas anteriores, los registros musicales escritos se imponen como el camino que nos permite un mayor alcance en nuestros intereses.

Ahora bien, han existido culturas que no lograron alcanzar un desarrollo capaz de dejar un registro escrito directo y lo suficientemente detallado como para sobrevivir al paso de los años y los cambios culturales. De ellas encontramos un legado musical representativo que es, mayormente, una recreación derivada de las referencias cruzadas entre la literatura, las artes plásticas, la arquitectura y otros rastros de dichas sociedades. Por otra parte, han existido culturas que sí lograron este desarrollo y la permanencia de sus registros nos ha permitido adentrarnos de manera directa a ese contacto que, rompiendo la barrera del tiempo, buscamos.

La necesidad de trascendencia, tanto en lo temporal como lo espacial, que existe en el ser humano, lo ha incitado al desarrollo de un sistema universal para graficar la música (ver p. 28). Pero la creación y el establecimiento de tal sistema ha requerido de un período de tiempo considerable ya que se ha dado a través de un proceso “acierto-error” de aceptación social. El producto final buscado era algo que implicara las necesidades expresivas básicas de todos los usuarios.

La creación de un sistema de escritura musical dio comienzo con el uso de guías nemotécnicas (signos que indican movimientos melódicos generales) superpuestas a un texto y que, junto a la tradición oral, sirven para ayudar a recordar las líneas melódicas y a que éstas pasen de un músico a otro. Con el transcurso del tiempo fueron creados nuevos sistemas más eficaces y, apoyados en los usos y costumbres ligados al desarrollo de la Iglesia católica medieval, con sus leyes, su regularidad y su extensión, consiguieron la universalización suficiente para trascender a la sociedad y en el tiempo.

El camino recorrido por la notación musical la ha llevado a que, en su forma actual, consigne por medio de un código sencillo las bases de la reproducción sonora de las ideas resguardadas y, para lograrlo, utiliza una amplia gama de símbolos que representan las características objetivas del sonido: altura, duración, intensidad y timbre, desde un punto de vista subjetivo. Así mismo este sistema gráfico se usa para representar las particularidades netamente musicales: tempo, ritmo, armonía y melodía, utilizando una variedad de signos para indicar las inflexiones de cada una de ellas, además de los distintivos propios del estilo y la ornamentación.

A ésta ya extensa variedad en la notación podemos agregar que la utilización de los símbolos no es inmune al paso del tiempo y con el transcurso del mismo se han agregado, modificado e incluso caído en desuso varios de ellos, dando como resultado que, dependiendo del período histórico representado por la escritura musical, el significado de algunos de ellos se modifique

Un aspecto a considerar en el desarrollo de la escritura musical es que, limitada ésta a los procesos manuscritos artesanales, la prolijidad en el uso de signos musicales no representaba problema alguno, mas el avance en la transmisión masiva de las obras se dificultaba. El lento proceso de producción imponía un elevado costo al material escrito en general, razón por la cual la reproducción o tiraje se encontraba mayormente manejado por la Iglesia católica y sus órdenes monásticas. Para liberar este peso se requería de una solución tecnológica que llevara a la producción masiva y, por lo tanto, económica de estos bienes culturales.

El desarrollo en la impresión de libros, fundado en los adelantos creados por la prensa de tipos móviles de Gutenberg en el siglo XV, no aportó soluciones significativas inmediatas en el trabajo con la música escrita. A pesar de encontrarse aparentemente hermanadas la escritura de las palabras y de la música, el perfeccionamiento logrado en la impresión de textos no representó necesariamente un camino fácil para el arte musical. El impulso dado a la imprenta literaria se basó en el concepto de los caracteres móviles metálicos, es decir, en un sistema en el cual las letras del alfabeto, los números y los signos de puntuación se funden cada uno por separado para después producir con ellos una plantilla de impresión de una manera más expedita y económica de lo que era posible con el grabado de una placa (página) completa. En el caso de la música, la gran cantidad de signos y el enorme conjunto de ligeras variantes de muchos de ellos convirtió, inicialmente, en impráctico el uso de los caracteres móviles.

La impresión musical con placas de madera o metal (con toda la información en un grabado) ya era un proceso conocido, mas el desarrollo de estas planchas era el resultado de una obra artesanal compleja que requería de extensas horas de trabajo calificado. Separadamente a este sistema se intentaron otros para consignar la música en el papel, entre ellos uno parcial o mixto en el cual se imprimía solamente el pentagrama y la letra para después añadir, a mano, las notas y los signos adicionales requeridos. Tiempo después se intentó otro procedimiento en el que se consignaban gradualmente los diferentes elementos, por secciones, lo que implicaba pasar varias veces el papel por la prensa. Con el paso del tiempo, aunando nuevas tecnologías emergentes, la edición musical logró posicionarse como un elemento más dentro del evolucionado trabajo industrial del hombre del siglo XIX.

El siglo XIX

El siglo XIX fue un período con muchos encantos, casi mágico. Los grandes cambios generados desde el XVIII comenzaron a re-diseñar el mundo. La Revolución Industrial creó transformaciones con las cuales el hombre reinventó a la humanidad de una manera tal que, aún hoy, esos cambios se sienten presentes en muchos de los avances tecnológicos que determinan la conducta social del ser humano actual. Es impresionante imaginar lo que pudo haber sido vivir esa época de grandes transformaciones, recordemos que el primer viaje de pasajeros en tren se realizó en el año de 1825, la comunicación vía telégrafo se inició en 1837, y nacieron el teléfono, en 1876, el gramófono, en 1877, la bombilla incandescente, en 1879, y la cinematografía, en 1895. Verdaderamente estos adelantos tecnológicos, aunados a los descubrimientos científicos realizados en esa época, forjaron nuestra realidad actual.

Para el siglo XIX el estado socioeconómico global preponderante, los adelantos en la fabricación masiva de instrumentos musicales y los progresos alcanzados en la impresión de partituras, dieron como resultado un aporte especial al consumo popular de la música escrita. Los inicios de este movimiento los encontramos en el año de 1719 con la apertura de la casa Breitkopf en Leipzig, Alemania, la cual se dedica —aún hoy— a la impresión de partituras musicales. Para el año de 1755 esta misma casa dio un importante impulso al movimiento editorial musical con el desarrollo de un nuevo tipo de caracteres móviles más práctico que el utilizado hasta entonces.

Con la llegada del nuevo siglo y la apertura de nuevas casas de música a nivel mundial, se generó un considerable incremento en los catálogos de partituras. En México, en el año de 1851, se instaló la casa A. Wagner y Levien Sucesores, que junto con las casas Otto y Arzoz Editores y H. Nagel Sucesores, fueron las que más marcada impronta dejaron en este período. Ellas se encargaron de editar y distribuir las obras creadas por los músicos mexicanos de la época, además de ofertar al público las producciones de las casas editoras del extranjero que, a través de un vasto catálogo, competían de verdad por mantener vigente su presencia en los atriles mexicanos.

La abundante producción musical en aquella época se ve reflejada en el libro: The Universal Handbook of Musical Literature, Practical and Complete Guide to All Musical Publications (El manual universal de literatura musical, guía práctica y completa de todas las publicaciones musicales), en 18 tomos, editado entre los años 1904 y 1910. En él, Franz Pazdírek, su autor, presenta los datos referentes a más de 100 mil obras publicadas por más de mil casas editoras de música en todo el mundo. En la presentación del volumen I se lee:

The first part of the Handbook comprises the whole of the available music of all nations, that is to say, all published compositions which at the present time are included in the various catalogues as being still obtainable at the original prices.1

Este nuevo camino de la industria musical representó novedosas oportunidades y el formato a seguir hasta el arribo del nuevo paso tecnológico, la grabación del sonido. En el siglo XIX aún se vivía la época en la cual para escuchar música se requería de la presencia de por lo menos un músico. De allí la importancia de la existencia de instrumentos musicales en las casas particulares, ya que ellos representaban, desde la perspectiva de este trabajo, más que el estatus social, la labor docente y creativa de los músicos locales y, con ellos, la presencia de partituras.

Manual universal de literatura musical.

Las colecciones

Las portadas y fragmentos de partituras mostradas en este libro forman parte de las colecciones creadas por cuatro recopiladores diferentes, tres de ellos pertenecientes a la época representada.

La primera de los recopiladores es Rosa de la Peña, pianista residente de Santa Catarina, Nuevo León, y con raíces en Saltillo, Coahuila. Su colección se conforma con partituras que datan, aproximadamente, de 1880 a 1915. La característica principal de esta colección es que abundan en ella las partituras pianísticas, encontrándose escasa recopilación de obras para piano y voz, y más raramente aún para piano y algún instrumento solista. En esta recopilación hay una gran cantidad de obras didácticas y metodológicas así como colecciones de ediciones periódicas de música, tanto de compositores mexicanos como extranjeros. En la colección “Rosa de la Peña” encontramos la mayor representación de la música característica del Porfiriato. Son escasos los manuscritos recopilados, pero muy significativos. Muchas de las dedicatorias y anotaciones marginales encontradas en las partituras hacen referencia a las ciudades de Saltillo y Torreón, así mismo muchas de las partituras llevan el sello de “Mariano S. y Sánchez agente en Saltillo de la Wagner y Levien Sucs.”

Una segunda colección es la recopilada por Jesús S. y Sánchez (¿hermano de Mariano S. y Sánchez?), de Monterrey, Nuevo León. Esta colección está inclinada hacia el canto en general y la ópera en particular. Contiene varios ejemplos de canto sacro, canto napolitano y zarzuela, e incluso copias manuscritas de mano de su recopilador. El origen de las partituras es variado, la mayor parte de ellas fue comprada a la agencia Wagner y Levien Sucesores de Monterrey, y sus editores son muy variados, especialmente las casas editoras europeas: Casa Dotesio, Ricordi & Co., Bote & G. Bock, Enoch & Cie. y Libraire Hachette & Cie.

Portada de la obra “Ojos de juventud”.