Pase sin recepción - Fabiola Ayala - E-Book

Pase sin recepción E-Book

Fabiola Ayala

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Las mujeres juegan al fútbol con una pasión que va más allá de los beneficios económicos que representa hoy en día. Y esa pasión debe ser el motivo de admiración más grande que pueden recibir por parte de la sociedad. No cualquiera se dedica a algo por amor sabiendo que detrás de eso hay tantos sacrificios. Pero la mayoría de ellas lo hacen, demostrando la gran fortaleza que poseen a la hora de pelear por sus sueños. La falta de apoyo y reconocimiento para el fútbol femenino sigue siendo una constante. Pero en medio de esas adversidades, ellas se mantienen firmes en sus sueños. Porque ambicionan llegar a lo más alto de la élite deportiva, sin competir en materia de sexos.

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Veröffentlichungsjahr: 2022

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Fabiola Ayala

Pase sin recepción

Historia(s) del fútbol femenino en Sudamérica.

- 1a. ed. -. 296 pp. Quito: La Caída | Grado Cero Editores.

1. Ensayo. I. Título. II. Autora.

CDD 864EC

Edición: Germán Gacio Baquiola.

Diseño: Alejo Hernández.

© 2021, Fabiola Ayala.

© de la edición La Caída | Grado Cero Editores.

Diseño epub:Hipertexto – Netizen Digital Solutions

Índice

Agradecimientos

Nota sobre la autora

Prólogo | El fútbol femenino, ¿dónde está?

PIONERAS, HISTORIAS, PRIMERAS DIRECTORAS TÉCNICAS

Capítulo 1 | Historia del futbol femenino en Sudamérica

Capítulo 2 | Pioneras

Capítulo 3 | Primeras DT

Capítulo 4 | Aprender es crecer

EL ENTRENADOR

Testimonios de entrenadores

MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Testimonios de periodistas

CONCLUSIÓN GENERAL

Agradecimientos

En primer lugar, quiero dar gracias a Dios: por brindarme sabiduría para llevar a cabo esta magnífica idea, por darme la fortaleza necesaria para continuar a pesar de las dificultades y por darme lo más importante, que es la vida.

A mis padres, por apoyar incondicionalmente mis decisiones. Por permitirme estar dentro de este hermoso mundo que es el fútbol, aguantando y callando muchas veces ante lo que otras personas decían.

A mi hermano, quien estuvo desde el primer momento en que decidí entrar a una cancha, acompañándome siempre desde que éramos pequeños.

A mis hermanas y sobrinos por estar siempre para mí y por hacerme feliz cada día de la vida.

A Camila Armoa por no permitir que abandone mis sueños, por estar presente en cada paso y por hacerme fuerte cuando lo necesito.

A los pocos y verdaderos amigos que están y fueron parte de esto. Gracias por estar en los momentos difíciles y por demostrarme que existe la amistad verdadera.

A los que creyeron en mí, y a los que no. Muchísimas gracias porque de alguna u otra manera hicieron que esto valga la pena. Dios y la familia son la base de todo.

Nota sobre la autora

Alo largo de mi trayectoria en el fútbol hay muchas cosas que puedo decir y contar sin obviar detalles. Desde pequeña me gustó mucho el fútbol. Siempre andaba con una pelota al pie. Me tocó jugar sola, donde vivía no había otras niñas que quisieran jugar fútbol. Era una niña “rara”, en ese entonces no se conocía del fútbol femenino. Recuerdo que existía una academia de fútbol para niños, y evidentemente yo quería ir a jugar. Me llevaron, hablamos con el profesor y aceptó que entrenara y jugara. Los niños no estaban de acuerdo, se me hacía difícil jugar, sentía mucha tristeza y dejé de asistir. En la escuela es donde empecé a resaltar con mis compañeros, también iba a jugar a la canchita del barrio, por mi juego me gané el respeto de todos. Siempre jugaba con niños, poco a poco nos fuimos acoplando, empezaron a dejarme jugar.

Siempre soñé con jugar en un equipo, en mi selección. Me veía haciendo eso, jugando, sudando, siendo feliz dentro de un campo de juego. En ese tiempo no tenía idea de que existía el fútbol femenino. Dentro de mi círculo familiar, mi papá era el único que jugaba. Él me inculcó el amor por el fútbol, lo acompañaba a la cancha donde tenía que jugar. En uno de sus encuentros le ofrecieron trabajo en un Club Social muy conocido de Paraguay. Papá aceptó y se presentó a ese trabajo, el cual cambió nuestras vidas. En ese club se practicaba el fútbol femenino, participaban en torneos APF (Asociación Paraguaya de Fútbol). Todos en ese lugar sabían que mi papá tenía una hija que le encantaba el balompié, le dieron la idea de que me lleve a jugar.

Papá me dio la noticia de que iba ir a un club a probar suerte. No puedo explicar la felicidad que sentí en ese momento. Tenía niervos, temblaba, no pude dormir por esperar a que llegue el momento. Veía el reloj cada cinco minutos, la impaciencia me ganaba. Tenía 14 años (2008) y por primera vez iba a entrenar con otras chicas y en un equipo de fútbol de primera división. Llegó el momento de ir, me levanté temprano, pero surgió un problema, no tenía botines. De todos modos fui, lo único que me importaba era jugar, resaltar y quedarme en el equipo. Fui con lo que tenía, llegué a la práctica y todas me miraban raro. El profe no me hacía caso, por mi contextura física nadie daba un peso para que juegue fútbol. No me quedó de otra, demostré lo que sabía hacer, me metí al calentamiento aunque no tenía idea de cómo hacer los ejercicios. Tenía una coordinación que daba lástima, pero lo intentaba. Las demás chicas se burlaban, pero seguí esforzándome, no me iba a rendir o detener a escuchar murmullos. Cuando me tocó demostrar lo que sabía hacer en la cancha, con chicas mayores y más grandes físicamente, nadie más se volvió a burlar y el profesor quedó sorprendido. Después de la primera práctica habló con papá para poder fichar en el club. Él aceptó, a pesar de saber las condiciones y adversidades que debíamos atravesar para poder llegar a los entrenamientos.

Desde ese instante todos los días esperaba el momento de ir a entrenar. Mis días de entrenamientos coincidían con el horario del colegio. Como era buena alumna y los profesores sabían que me gustaba el fútbol, tenía permiso de salir una hora antes y ponerme al día luego. Salía una hora antes para llegar al entrenamiento. Corría del colegio a casa, me cambiaba de ropa para entrenar, no perdía ni un minuto de tiempo. Íbamos con papá, lo primero que debíamos hacer era cruzar un riacho remando en canoa. También debíamos caminar tres kilómetros, era una marcha muy rápida. Llegábamos hasta el río Paraguay, donde teníamos que subir en un barquito para poder llegar al Club. Yo vivía en el campo, el club quedaba en la ciudad y tenía que pasar por esto todos los días. El entrenamiento iniciaba a las seis de la tarde y terminaba a las ocho de la noche. Eran dos horas de esfuerzo y dedicación. No me cansaba nunca. Para regresar, como era campo, debía repetir todo el trayecto con una linterna. Así fue durante seis años.

Debuté en primera a los quince (2009). Un año después (2010) cumplí mi mayor sueño, jugar por mi selección. Tuve mi primer llamado a la sub 17. Representé a mi país en un sudamericano, viajamos a Brasil donde el compromiso seguía y estaba confiada de que haría las cosas bien. En mi debut con la Albirroja marqué un gol a Ecuador, sentía como el sueño se volvía realidad. Desde entonces no paré de jugar fútbol. En el 2012 ingresé a la selección sub20. Hubo otro sudamericano, tenía más ambición y quería hacer algo más en mi trayectoria. Todo esfuerzo valió la pena. Gracias a Dios pude jugar un mundial y cumplir otra de mis metas. En el 2014, fui al mundial de Canadá. Seguía cumpliendo mis sueños. Fui a jugar a otros clubes, todos los gastos corrían por cuenta de mis padres. Era muy difícil. Por eso, todo lo que ganaba gracias al fútbol se lo daba siempre a ellos. Porque se lo merecían.

Sin embargo, sentía que me faltaba algo: jugar una Copa Libertadores. Pensaba que era una fantasía imposible de cumplir, aunque creo que no existen los imposibles. En 2017 decidí no jugar, estaba frustrada y dejé de entrenar, la poca importancia que nos daban a las mujeres que jugábamos fútbol llegó a su límite. No nos valoraban, no nos prestaban atención, todo esto hizo que ya no quiera jugar. Vivía en la capital y el día a día era difícil, no podía dedicarme exclusivamente a jugar porque no me alcanzaba para vivir. Me frustré, para despejar la mente iba a casa de mis padres. No estaba jugando, pero seguía en la capital. En algunas de esas visitas, me crucé con niñas jugando fútbol con otros niños. Eso me sorprendió y llenó de esperanza mi corazón. Fue ahí cuando se me ocurrió la loca idea de abrir una escuela de fútbol para las niñas de la comunidad. Aunque no tenía idea de cómo proceder, me arriesgué. Quería darles a todas las niñas la oportunidad que yo no tuve de pequeña, quería ayudarlas.

Preparé todo sin contar con los materiales. Me prestaron algunos conos y dos pelotas. Hice la convocatoria para todas las niñas que quisieran entrenar. Los nervios eran como los del primer día que debuté. Debía llegar a las siete a la cancha donde se hizo la convocatoria. Desde Asunción al campo eran dos horas de viaje. Fui en auto con una amiga. Salimos a las cuatro con nuestro terere y buena música. Teníamos los ánimos arriba. A medida que nos acercábamos a la cancha me sentía más nerviosa. Le preguntaba a mi amiga: “¿Será que alguien va?” “¿Será que alguien vio la convocatoria?” “¿Cuántas niñas piensas que van a ir?”. Así fue todo el camino hasta llegar a la cancha. Cuando bajamos del auto y abrimos el portón para entrar a la cancha nos quedamos heladas. Habían más de setenta niñas esperando por nosotras. Más de setenta pequeñas con zapatos de fútbol, con pelotas y camisetas. Miré a mi amiga y le dije: “esto no me lo esperaba”. Saludé al profesor y entramos a la cancha. Él conocía más a los padres que estaban y a las niñas. Me dijo que empecemos. Sonó el silbato para que todas entraran a la cancha y el profesor me presentó. Tenía que hablar, era la primera vez que lo haría delante de un grupo de niñas. Fue fácil dirigirme a ellas porque sabía lo que querían, sabía lo que sentían porque yo también lo viví.

Empezamos con el entrenamiento, hicimos que se diviertan. Mamá y mi amiga tuvieron que ayudarme a inscribirlas a todas. Al terminar, las niñas se me acercaron y me pidieron fotos. Todas me contaban emocionadas a donde querían llegar con el fútbol. Me sentía admirada por ellas y al mismo tiempo yo también las admiraba por animarse a estar presentes en el entrenamiento. El día fue largo, pero terminó de la mejor manera. Quedamos en entrenar dos veces por semana, en el mismo horario y cancha. Todos los días haría el mismo viaje para llegar hasta ellas. De vuelta a casa, hablando con mi amiga le pregunté: “¿estoy loca, verdad?”. Ella me respondió que sí, que como iba a hacer si no tenía los materiales ni el apoyo de nadie. Pero yo tenía más que eso, tenía ganas, ganas de ayudar a cada una de ellas a cumplir sus sueños. Tenía ganas de demostrar que el fútbol era para mujeres y que tomaba el desafío y me arriesgaba. Esas caras de felicidad y admiración fueron el mejor regalo que pude recibir. Sabía que era una idea loca, pero podía funcionar. Tenía que hacer que funcione, que ellas confíen en mí y crean en sí mismas. Así empezó todo, conseguimos los materiales y la cancha. Los padres apoyaban a sus hijas, eran pocos, pero estaban presentes y cada vez eran más. Incluso mi amiga se metió a ayudarme, era otra profesora más. Fue impresionante todo lo que eso causó en la comunidad, como la gente reconoció lo que hacíamos por las niñas. Personas que no conocíamos nos saludaban, nos hablaban, era reconfortante vivir todo eso. Estábamos ayudando a que el fútbol femenino siga creciendo.

Cumplimos dos años de arduo trabajo. Seguíamos cada vez mejor y volvieron las ganas de jugar, pero no fútbol de campo. Esta vez iría por fútbol playa, un torneo corto. Finalmente, me convocaron en octubre del 2019 para jugar en el mundial en Catar. Tenía todo listo, pasaporte en mano, documentos en regla, todo iba bien hasta que recibí una llamada. Era el técnico del Club Cerro Porteño, me dijo que le habían recomendado traerme como refuerzo para la Copa Libertadores de ese año. Hablamos un rato, le pedí unos días para pensarlo. Dijo que esperaba mi respuesta hasta el miércoles para firmar el contrato. Cuando dejamos de hablar pensé en que era lo único que me faltaba por jugar en fútbol de campo, pero coincidía con el mundial. Lo pensé dos días, al final tomé la decisión de renunciar al fútbol playa. Fui a firmar con Cerro Porteño para jugar en el equipo. Al cumplir ese sueño que me faltaba también estaba cumpliendo el de mi papá: verme jugar por su querido Club Cerro Porteño.

Viajé a la Copa Libertadores de 2019 que se jugó en Ecuador. Cumplí el sueño que me quedaba. Antes de tomar la decisión recordé que era mi última oportunidad. Si con eso no conseguía nada en el fútbol de campo no volvería a jugar más. En tan solo tres meses mi vida dio un giro de noventa grados. Jugué la Copa, pude vivir de lo que ganaba y podía dedicarme solo a entrenar y jugar. Hoy en día, en el año 2020, tengo representante y estoy jugando en el Club Palestino de Chile. Durante la pandemia surgió la idea de hacer este libro sobre fútbol femenino. Para dejar un testimonio de lo que significa este deporte en la vida de muchísimas mujeres. En el 2021 me tocó viajar a Ecuador gracias a una oferta que recibí del Deportivo Cuenca, club donde juego actualmente. Muchos dicen que es solo fútbol, pero para mí y sé que para muchas otras mujeres es más que un simple deporte. Jugar fútbol para nosotras es una forma de generar oportunidades y amistades, es un estilo de vida único que no todos tienen el privilegio de disfrutar.

Para que el fútbol femenino siga creciendo debemos ayudarnos entre nosotras y practicar la sororidad. Debemos luchar y levantar esto juntas. No se trata de demostrar quién es mejor, cada una debe realizar su trabajo de la mejor manera posible y siempre admirando el trabajo de las demás. Si tenemos la oportunidad de ayudar a progresar a las chicas que recién inician o que no tienen el apoyo que algunas tuvimos, hagámoslo sin dudar. De eso se trata este deporte, de eso se trata la vida, de eso se trata ser buenas personas. Lo demás vendrá solo, el éxito no se construye pisando a los demás. Se construye haciendo las cosas bien.

Quisiera traer algunas anécdotas. Tengo muchas para contar, pero prefiero contar las experiencias que viví con mi hermano. Él me acompañó desde el primer instante. Tenía doce años y yo catorce cuando empecé a jugar, siempre me acompañaba a todos mis entrenamientos y partidos. A veces no quería hacerlo e iba obligado, pero iba. Compartió muchos de mis momentos felices. Incluso lo conocen mis ex compañeras, que ahora se quedan sorprendidas por lo grande que está cuando lo ven. Nunca me voy a olvidar cuando fuimos a un entrenamiento con la selección. Teníamos que viajar de madrugada y él no quería levantarse de la cama, pero lo tuvo que hacer. En todo el camino iba con sueño. Cuando llegamos al entrenamiento me metí a la cancha y al salir para hablarle lo encontré durmiendo en las gradas.

En otra ocasión, como éramos los primeros en subir al bus el chofer no tenía sencillo para darnos. Me había dicho que cuando suba más gente me devolvía. Siempre andábamos con sueño cuando teníamos que viajar en las madrugadas. Nos quedamos dormidos y desperté justo donde teníamos que bajar para tomar el otro bus. Bajamos apurados y se me olvidó pedirle al chofer mi vuelto. Cuando me dí cuenta el bus ya se había ido. No sabíamos que hacer porque no teníamos más dinero, me empecé a desesperar porque ese día anunciaban quienes viajaban al sudamericano y no podía llegar tarde. Estábamos muy lejos, nos quedamos en el mismo sitio intentando detener a cada bus que se parecía. Era fácil identificar al conductor porque no tenía cabello. Después de dos paradas coincidimos con él y me pudo dar el dinero. Pudimos llegar a tiempo y me dijeron que había quedado en la lista final. Siempre lo recordaré. También, después de cada entrenamiento nos entregaban colaciones que yo siempre guardaba para darle a mi hermano, ya que muchas veces nos tocaba ir con lo justo. Por eso y mucho más valoro que haya estado ahí. Desde que empecé a jugar en distintas selecciones y clubes, el siempre ha sido el primero en recibir una camiseta, la que yo utilicé para jugar. Estoy muy agradecida por el hermano y la familia que me tocó tener.

PRÓLOGO

El fútbol femenino, ¿dónde está?

Las mujeres juegan al fútbol con una pasión que va más allá de los beneficios económicos que representa hoy en día. Y esa pasión debe ser el motivo de admiración más grande que pueden recibir por parte de la sociedad. No cualquiera se dedica a algo por amor sabiendo que detrás de eso hay tantos sacrificios. Pero la mayoría de ellas lo hacen, demostrando la gran fortaleza que poseen a la hora de pelear por sus sueños. La falta de apoyo y reconocimiento para el fútbol femenino sigue siendo una constante. Pero en medio de esas adversidades, ellas se mantienen firmes en sus sueños. Porque ambicionan llegar a lo más alto de la élite deportiva, sin competir en materia de sexos.

Una de las principales barreras, definitivamente, ha sido la conducta machista. A pesar de que las jugadoras afirman que nada de eso ha importado mientras tuvieran la convicción de acero que las impulsó a llegar a la meta trazada. Esta obra recoge testimonios de un sinfín de futbolistas que deben sortear innumerables obstáculos para posicionarse en dirección a las metas trazadas. El fútbol es un deporte que trasciende fronteras y sobre todo condición sexual. Es una expresión sublime de emociones que no se puede describir sólo con palabras. Con el correr del tiempo, este deporte ha seducido a mujeres para que dejen de sentirlo sólo en las gradas o al costado de un receptor y pasen al gramado a ser protagonistas. Para vivirlo en carne propia, así como los hombres allá por el siglo XIX en Inglaterra.

Pero ello representa todavía un desafío inmenso y no muy fácil de afrontar. Como el agua que horada la roca con el tiempo, así es la trayectoria de una jugadora. La cual desea destacarse por su talento y despertar gritos de gol en un estadio, tanto como ser tendencia en redes o en las programaciones radiales después de una jornada vibrante. Sin embargo, esto es poco frecuente. Existe una falta de crédito hacia el talento de las jugadoras. Lo cual acarrea también desinterés, indiferencia y nula inversión por parte de dirigentes, periodistas y empresarios. Convirtiendo al fútbol femenino en un simple apostolado en lugar de en una profesión lucrativa. Tal como sucede en el fútbol masculino, donde se rompen esquemas con multimillonarias sumas de dinero. Y todo lo dicho es precisamente, lo que queremos mostrar en este libro. Aquí, hemos recopilado testimonios, hechos reales, historias de vida detrás de un balón. Y sobre todo, situaciones que disparan una pregunta esencial: ¿Qué falta para profesionalizar al fútbol femenino y darle el lugar que se merece?

Ese lugar que no lo conquista aún porque el machismo se erige como duro oponente a vencer. Talento hay de sobra. Pero hasta ahora no han servido la capacidad, las habilidades y la disciplina que muestran en cada entrenamiento para seducir a representantes o aparecer en tapas de diarios. Conquistar espacios y alcanzar visibilidad es algo que se puede lograr con un poco de valor por parte de quienes tienen los recursos para decidirse a invertir en el fútbol femenino. Para empezar a construir un camino que en poco tiempo nos lleve a disfrutar de emocionantes jornadas de fútbol femenino. Y quien sabe, incluso quizá llenar estadios. Ha pasado más de un siglo de haberse disputado el primer encuentro futbolístico entre mujeres. Sin embargo, el fútbol femenino sigue siendo irrelevante para muchos.

Hay historias de vida que nos marcan, que nos dejan una gran enseñanza, y dentro del fútbol femenino existen historias realmente alentadoras. Muchas mujeres se dedican al fútbol de manera amateur, pero lo hacen porque aman este deporte y continúan practicándolo a pesar de las adversidades. Demostrando que el fútbol no entiende de sexos y que muchas veces hasta sirve de terapia.

PIONERAS, HISTORIAS, PRIMERAS DIRECTORAS TÉCNICAS

CAPÍTULO 1

Historia de cada país sudamericano

Es importante conocer acerca de los orígenes del fútbol femenino en cada país Sudamericano. ¿Cuánto tiempo llevan las mujeres dedicándose a esto? ¿Y cuánto tiempo deben esperar para recibir la atención que les corresponde? En cada país de la región hay similitudes en cuanto a cómo enfrentan sus carencias. Sin embargo, eso no les ha impedido seguir buscando el posicionamiento que merecen.

El fútbol femenino no copa los programas de radio, televisión ni acapara las páginas de diario. Es un producto poco apetecible y ello conlleva a que muy pocos sean los tienen información sobre esto. Sólo hay interés en ocasiones excepcionales, cuando logran cierto destaque, como Sportivo Limpeño en Paraguay. El conjunto blanquirrojo fue finalista y campeón de América en la Libertadores del 2016. Ese paso gigantesco hizo despertar el interés que en el día a día no existe por parte de nadie. Cuando pasa la vorágine, acaba la atención.

La cruda realidad es que muchos no tienen idea de cómo se mantienen en vigencia ya qué obstáculos se tienen que enfrentar constantemente. Solo dan importancia cuando es posible obtener algún rédito, que ni siquiera irá en beneficio de ellas. En cada país existe una historia diferente, pero con el denominador común del desdén, el desinterés y una cultura machista y de discriminación

FÚTBOL FEMENINO PARAGUAYO

Un 16 de agosto, pero de 1997, en cancha de Silvio Pettirossi del barrio Republicano se ponía en marcha el primer torneo oficial de fútbol femenino de la entonces Liga Paraguaya de Fútbol. Atlético Colegiales y Deportivo Encarnación jugaron en referida fecha el primer encuentro oficial, bajo el arbitraje de Félix Ramón Benegas y sus asistentes: Luis Mereles y William Weiler. Irma Benítez, de Atlético Colegiales, fue la autora del primer gol oficial. Fue de cabeza, a los 12 minutos del primer tiempo.

En 1997, Irma Cuevas jugaba en Nacional y Berta Cabrera militaba en la UAA. Cabrera es la única jugadora que disputó todas las ediciones de los campeonatos femeninos (324 partidos oficiales). Es también la más ganadora (nueve títulos) y la que más finales celebró (11). Por su lado, Irma Cuevas es la artillera histórica con 578 goles y es la futbolista que en más ocasiones ostentó el cartel de goleadora (11 ediciones).

Hasta la fecha, la Universidad Autónoma de Asunción (UAA) es el equipo más laureado: ganó nueve ediciones y es el único representativo con dos tetracampeonatos: de 2003 al 2006 y de 2008 al 2011. El primer equipo en participar en la primera edición de la Copa Libertadores femenina (2009) fue UAA, obteniendo el segundo lugar de este torneo.

Cerro porteño es asimismo la única institución que fue campeón absoluto automáticamente al ganar el Apertura y Clausura. Fue en el año 2013 (desde el 2011 se juega con el formato de Apertura y Clausura). Sportivo Limpeño marcó un hito cuando en 2016 ganó la Copa Libertadores femenina, celebrada en Uruguay y en el que cumplió una estupenda actuación.

Desde 1997 hasta el 2010 el formato de competencia era todos contra todos. Se cambió el mismo desde el 2011 hasta el 2019 y se aplicó la modalidad Apertura -Clausura, pasando consecuentemente a haber dos campeones por temporada.

Libertad-Limpeño y Sol de América clasificaron y se anotaron como representantes paraguayos en la Copa Libertadores Femenina 2020 programada para desarrollase en Chile. Para este año 2020 se inscribieron 13 equipos. El inicio de la competencia estaba marcado para el 9 de mayo, pero debido a la pandemia de covid-19 está temporalmente suspendida. De este formato 2020 (todos contra todos) clasificarán 2 equipos a la Copa Libertadores Femenina 2021.

A nivel de selecciones

En 1998, el seleccionado de Paraguay iba a ser representado por primera vez en un campeonato Sudamericano de fútbol femenino, que se jugó en Mar del Plata, Argentina. En su primera participación debió enfrentar a selecciones que ya venían compitiendo y que por ende ya tenían un equipo bien formado y con suficiente rodaje. Pero, aunque Paraguay no haya podido quedarse con la clasificación al mundial, su actuación fue muy destacada puesto que quedo en tercer lugar entre todas las selecciones.

La albirroja femenina está a cargo de la Asociación Paraguaya de Fútbol, la cual es miembro de la Conmebol. Hasta el momento nunca pudo clasificar a una copa mundial. Participó de la Copa América en seis ediciones, siendo su mejor resultado un cuarto puesto en la edición de 2006 realizada en Argentina. Mientras que a nivel Sub-20 ha logrado un hecho histórico al acceder al Mundial de Fútbol Sub-20 de Canadá 2014, eliminando a Argentina, Colombia, Chile entre otras, clasificando así por primera vez en dicha categoría. También tuvo otra participación en el Mundial Sub-20 en Francia en la versión 2018. Mientras que en la categoría Sub-17 se ha clasificado a la Copa Mundial de Nueva Zelanda en 2008 esta fue la primera selección en clasificar a un mundial. Con anterioridad para el de Costa Rica en 2014. Registra otras participaciones como en el Mundial sub-17 hecho en Jordania en el 2016.

Paraguay lleva 23 años desarrollando el fútbol en la rama femenina. En la actualidad es considerado una potencia a nivel regional, a pesar del escaso apoyo que reciben las futbolistas. Lastimosamente, a pesar de las excelentes condiciones que muestran los clubes y la materia prima con que se cuenta, no ostenta el grado de profesional y sigue estancado en el amateurismo. No obstante, la Conmebol y la FIFA han establecido que los clubes profesionales deben incluir en sus listas a equipos femeninos, de manera tal a profesionalizar esta rama, paso importante que de cierta manera implica un alto grado de valoración. El club con más campeonatos es: UUA, nueve veces campeón.

FÚTBOL FEMENINO BOLIVIANO

En Bolivia se practicaba fútbol femenino sin organización mucho antes de 1993. El 30 de septiembre de 1993 se fundó la Liga Femenina de Fútbol, gracias a un conjunto de dirigentes para promover el fútbol damas en Santa Cruz. Santa Cruz durante 6 años consecutivos se ha posicionado dentro del fútbol femenino, con el título nacional. En aquella ocasión participaron del primer torneo organizado por la Liteful, nueve equipos. El club Atlantes salió campeón y Asunción subcampeón.

La goleadora en dicho torneo fue la jugadora de Facetas Deportivas, Marisol Justiniano. Luego se vinieron realizando varios torneos hasta hoy. De esta Liga Femenina salieron destacadas jugadoras como Pura Aguilera, quien ahora juega en Suecia y a la vez trabaja; también Mary Durán, Yanet Pereira, Carina Soliz, Maitté Zamorano, Nataly Rivero, Elizabeth Pérez, Daniela Maler, por citar a algunas futbolistas.

Santa Cruz a nivel de selecciones en el fútbol femenino, durante seis años consecutivos ha logrado el título nacional. Las cruceñas siguen imparables, adonde van son campeonas. La selección nacional en su mayoría fue integrada por jugadoras orientales.

Una frase que aún sobrevive en la memoria de quienes tienen más de 30 años se convirtió en los últimos años en un arcaísmo también en Bolivia: “El fútbol no es un deporte para señoritas”. Hoy la práctica femenina del llamado rey de los deportes no sólo cobra un carácter masivo, sino que se halla encaminada hacia su profesionalización. Sigue ese proceso a contrarreloj y a marcha forzada.

Bolivia resulta prácticamente el único país en Sudamérica donde todavía no hay jugadoras que ganen y, menos, que vivan gracias al fútbol. Hasta el presente, en Bolivia sólo existen torneos departamentales debidamente estructurados en Santa Cruz, Tarija, Cochabamba y, en menor grado, La Paz. Fruto de los primeros torneos nacionales también surgieron las primeras participaciones de equipos bolivianos en copas como la Libertadores y Conmebol. También, a semejanza de sus pares masculinos, los equipos de esta rama se reforzaron con futbolistas extranjeras, en especial de Brasil y Venezuela, para esas competencias.

Los obstáculos

Pero en general, quienes destacan en esta disciplina deben enfrentar obstáculos laborales, sociales, logísticos, económicos y de diversa índole cada vez que precisan asistir a competencias, especialmente internacionales. Según cifras de la Comisión de Fútbol Femenino de la FBF, aproximadamente 4.500 futbolistas mujeres juegan en los torneos oficiales del país.

Basta citar que sólo en Santa Cruz, cuya liga tiene ya 26 años de antigüedad, hay 24 clubes en dos divisiones. Y no sólo se advierte un masivo arraigo que entre niñas, señoritas y señoras tiene este deporte en Bolivia, sino además una a veces sorpresiva dosis de talento. Aunque la Liga Femenina no tiene escenario propio donde puedan jugar sus partidos, igual las más de 200 jugadoras inscritas patean cuero por el amor que le tienen a este deporte.

En 1995, la Verde femenina ingresó al ruedo en un torneo en Brasil, donde los números fueron negativos: un gol a favor y 44 en contra. Todos los partidos fueron derrotas hasta 1998, cuando se sumó el primer empate ante Uruguay (1-1). La primera victoria se dio en Perú en 2003, tras golear 7-1 a Chile. Bolivia empezó a crecer en ese tiempo, pero el análisis de Cardozo da cuenta de que el balompié femenino en el país se quedó un poco relegado.

Selección mayor

En resumen, la Absoluta femenina jugó 26 encuentros, con tres victorias, 21 derrotas y dos empates. Convirtió 26 goles, pero recibió 133 (-107 de gol diferencia). “Pese a la diferencia de condiciones, nuestros equipos, en varias oportunidades han realizado destacadas representaciones en el exterior”, recuerda Cardozo. En 2013, en los Juegos Bolivarianos, logramos medalla de bronce y eliminamos a las anfitrionas jugando con la categoría sub-21.

Poco después, en Uruguay, en el Sudamericano sub-20, pasamos a cuartos de final y eliminamos a Argentina, Ecuador y Perú. Era una gran base, pero se cambió de técnico y se truncó. Si ese proceso hubiese continuado, probablemente, en otros torneos hubiésemos ido más lejos. El fútbol femenino en Bolivia va en crecimiento, pero espera más apoyo.

Selección sub-20

En la Sub-20, Bolivia entró a formar la base de este deporte. En resumen desde 2004, la selección nacional jugó 29 partidos, con cinco triunfos, cuatro empates y 20 derrotas, 36 goles a favor y 75 en contra (-39) que hacen de esta su mejor campaña.

Desde 2008 hasta la fecha, la selección juvenil nacional ha jugado 24 encuentros, con cuatro victorias, dos empates y 18 derrotas; 21 goles a favor y 59 recibidos (-38). Ahora y más que nunca, una vez que la práctica vuelva, el fútbol damas exige mayores oportunidades.

Proyección del fútbol femenino en el país

El análisis del entrenador Napoleón Cardozo, hasta hace poco DT de la selección nacional, identifica varios puntos, entre ellos la necesidad de contar con más apoyo y participación en la Federación Boliviana de Fútbol (FBF). Plantea crear asociaciones que permitan que el fútbol femenino gane mayor presencia deportiva. Además de que los directivos sean capacitados y adentrarse más en la gestión de esta categoría, designar un gerente deportivo que pueda permita impulsar el balompié.

Elegir un DT para la Absoluta y otros para las menores, pero con trabajo coordinado; cursos, talleres y capacitaciones; que los equipos profesionales permitan que el fútbol femenino tenga participación en el preliminar de los cotejos profesionales, entre otras propuestas para proyectarse hasta 2022.

De acuerdo al ranking controlado por la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), dirigido para las selecciones femeninas de este deporte, Bolivia ocupa el puesto 93 en diciembre de 2011 y dentro del continente Sudamericano está en el último lugar de la clasificación. El nivel del fútbol boliviano de la rama femenina está lejos del que juegan los demás países que forman la Confederación Sudamericana de Fútbol (CSF) y la posición en el ranking es una muestra de que debe existir mayor interés de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF) para mejorar el nivel.

Las actuaciones de los seleccionados femeninos en los campeonatos Sudamericanos no son de las mejores, por su lado la Liga Femenina de Fútbol en Santa Cruz trata de dar continuidad a las jugadoras con la organización de torneos, pero al momento de jugar contra otras selecciones la diferencia es abismal.

Un hecho histórico

Los amistosos que jugaron las Guerreras de la Verde, disputados en Santa Cruz y en Lima, y que dejaron resultados positivos en la fecha FIFA allanan el camino hacia el objetivo de profesionalizar la división femenina para el próximo año. El técnico de la selección femenina, Napoleón Cardozo, luego de los cotejos disputados señaló que la posibilidad de jugar amistosos en fecha FIFA fue un momento histórico.

“Significa muchísimo para el fútbol femenino porque históricamente se ha jugado un primer partido a nivel internacional en fecha FIFA, en Bolivia. Nos ha provocado que casi siete mil personas puedan ir al estadio y vean el fútbol femenino por primera vez y eso significa que el empoderamiento se dé para reconocer el fútbol femenino como un deporte al igual que para los varones porque el fútbol no tiene distinción, es para todos”.

Cardozo indicó que la intención es brindar un espacio a las mujeres que juegan fútbol, por lo que tener un momento como el que se vivió en estos dos escenarios deja resultados altamente satisfactorios para el fútbol boliviano.

Un inicio complicado

La Verde logró tres victorias en los cuatro partidos que disputó, y si bien los resultados son positivos, el inicio del trabajo fue complicado ya que al no contar con una división femenina que tiene competencia permanente, es difícil seleccionar a las mejores jugadoras para conformar el combinado nacional. Cuesta muchísimo, porque no se tiene una división femenina y porque en algunos departamentos no hay una liga organizada. No hay un campeonato organizado a nivel categoría mayores o menores.

Entonces, se hace difícil. “Yo he trabajado varios años con el fútbol femenino y sobre el banco de datos que logré elaborar pudimos hacer el seguimiento de dónde estaban jugando las chicas y se encontraron en varios departamentos”. Asimismo, según Cardozo, en algunos departamentos se solicitó hacer conocer a las jugadoras más talentosas, aunque esa no es la manera de conformar una selección.

Otro de los inconvenientes fue que algunas jugadoras no pudieron sumarse a la selección, debido a que no consiguieron permiso de sus fuentes laborales. “Se ha tenido la dificultad de que algunas buenas jugadoras que se tienen en el país no han podido estar porque están trabajando y los permisos de sus trabajos no se los pueden dar por mucho tiempo. Hay chicas que están en cursos avanzados en la universidad, haciendo prácticas y no pueden conseguir permiso”

Cardozo aseguró que este problema continuará como hasta ahora, mientras no se inicie el proceso de profesionalización, que le permita a cada jugadora dedicarse de manera exclusiva a la práctica del fútbol. “Mientras el fútbol femenino no se profesionalice y permita que las chicas puedan vivir de lo que ganan en el fútbol, dejando las otras actividades, aunque no el estudio, no se podrá avanzar. Se ha tenido varias dificultades para conformar esta selección”.

El apoyo a la mujer

Desde el momento que se ha planificado tener una mujer en el Comité Ejecutivo, como Lily Rocabado, y al mismo tiempo que ella sea la presidenta de la Comisión del Fútbol Femenino y que además estén tres líderes más, ha provocado una mayor atención a la divisió, sostuvo el estratega.

La presencia de mujeres en la planificación del fútbol nacional ayudará a trabajar de manera óptima para el cambio. Cardozo aseguró que con la presencia de mujeres comprometidas con las ideas del fútbol femenino se puede proceder a la creación de ligas provinciales y departamentales que alimenten a los torneos nacionales que tengan una duración de varios meses.

“La profesionalización del fútbol para 2020 sería que cada equipo profesional femenino también tenga su división menor porque es de ahí donde se empieza a construir un nuevo fútbol y si a ello va acompañando las proyecciones que tiene la FBF de hacer estos partidos amistosos, se va a mejorar el trabajo”, aseguró el DT.

La idea de profesionalizar la división permitirá que para el próximo año se cuente con un mejor nivel de competencia, el que esperan mostrar en los Sudamericanos Sub-17 y Sub-20 que son clasificatorios para el Mundial de esas categorías. “Todavía es muy apresurado pensar que podemos equilibrar a Brasil, Venezuela o Colombia, pero creo que si se sigue así, en poco tiempo, nosotros podemos ir a buscar una clasificación y no simplemente a participar”.

FÚTBOL FEMENINO ARGENTINO

El fútbol femenino en Argentina se ha desarrollado de manera diferente al fútbol masculino. En este país, se han fomentado otros deportes en la rama femenina, como el hockey y el vóley. Aunque recientemente ha habido un impulso por promover el fútbol de la misma manera. El 21 de agosto se celebra el Día de la futbolista.

El fútbol femenino en Argentina ha estado en invisibilidad durante la mayor parte de su historia, por lo que hasta el momento no han sido demasiado abundantes los estudios que se le han dedicado. En palabras de Ángela Lerena, autora del prólogo del libro ¡Qué jugadora!, Un siglo de fútbol femenino en la Argentina de Ayelen Pujol. La invisibilidad padecida por el fútbol femenino en Argentina no se debió tanto a la ausencia de mujeres futbolistas sino más bien por su exclusión de la tradición fútbolera. En cuanto a las autoras que se han dedicado a investigar y analizar el fútbol femenino en Argentina, en general coinciden en dividir la historia en dos grandes etapas, siendo el punto de inflexión entre ambas el comienzo en 1991 de los campeonatos organizados por AFA.

Nuestro fútbol femenino además caracteriza la primera etapa como la de “jugar por jugar”, mientras que con la incursión de AFA comenzaría la de “jugar de veras”. Por otra parte, la profesionalización del fútbol femenino en 2019, junto a la mayor difusión y popularidad adquiridas en los últimos años, es un hecho histórico que parece marcar el inicio de una nueva era. Los prejuicios culturales contra el fútbol como una actividad de mujeres no son exclusivos del país y han estado presentes prácticamente desde los comienzos de este deporte.

Durante la época victoriana, cuando en Inglaterra comenzó la organización del fútbol moderno, las únicas actividades deportivas que se consideraban apropiadas para mujeres eran aquellas que podían practicarse con falda y corsé, y de ser posible en ambientes privados. Así, la participación femenina logró una mejor aceptación en deportes como el tenis, el golf, el críquet o el hockey, pero en el caso del fútbol, que ya entonces atraía una gran atención pública y que además requiere una amplia libertad de movimientos y en especial de las piernas, no quedaba mucho margen para la tolerancia.

El fútbol femenino era parte de los temas controvertidos de la época, tales como la reforma de la vestimenta, la sexualidad, el concepto de mujer y las libertades femeninas. Otra argumentación usual para descalificar al fútbol femenino eran los posibles riesgos que la práctica de este deporte pudiera tener para la capacidad reproductiva de las mujeres, todo esto en el marco de una cultura que les adjudicaba la maternidad como la realización de sus vidas. Con ese mismo argumento fue que el fútbol femenino fue prohibido en 1921 en Inglaterra y en 1940 en Brasil.

En tanto que en Argentina la cantidad de embarazos también era un tema de preocupación en la primera mitad del siglo XX, considerando que entre 1910 y 1930 la tasa de natalidad disminuyó un 54 %. El primer partido femenino de fútbol disputado en Argentina del que existe registro ocurrió el 13 de octubre de 1923 en la antigua cancha de Boca entre dos equipos denominados argentinas y Cosmopolitas.

Asistieron al encuentro aproximadamente unas seis mil personas. Los diarios La Vanguardia y Crítica publicaron noticias sobre el evento. Además, las historiadoras estadounidenses Brenda Elsey y Joshua Nadel encontraron un artículo de la revista Fray Mocho con fotografías de equipos de mujeres que aparecen identificadas como integrantes del primer club de fútbol femenino, denominado Río de la Plata, en Buenos Aires de ese mismo año.

Por aquellos tiempos en el panorama internacional el fútbol femenino había adquirido una popularidad sin precedentes. Entre los primeros registros mencionados anteriormente y las escasas noticias que se tienen de esta década existe un hueco en la historia que aún falta completar.

La entrenadora Bettina Stagñares conserva dos fotografías de 1950, en donde se ven mujeres jugando al fútbol. Una de ellas era su madre: Nélida Zulma “Beba” González. Lucila Sandoval, fundadora del proyecto Pioneras, organización dedicada a reconstruir y divulgar la historia del fútbol femenino en Argentina, mencionó en una entrevista un recorte de diario de 1956, el registro más antiguo que actualmente posee en su archivo.

En 1959, la revista Goles dedicó un destacado lugar en su portada a un partido de fútbol entre mujeres. En el interior del ejemplar, la nota titulada Juegan, discuten y se van a las manos como los hombres llevaba como epígrafe La mujer invade al fútbol y daba cuenta de un partido a beneficio en cancha de Tigre entre un equipo de Barrio Parque de Ingeniero Maschwitz y otro del club San Justo de Benavídez. El título de la nota aludía a ciertos altercados que se produjeron entre las jugadoras. Fue aproximadamente a fines de esta década cuando comenzaron su formación varias de las jugadoras que se destacarían en los años siguientes, aquellas que Sandoval denomina como la primera generación de pioneras.

En la década de 1960 se disputaron varios partidos de fútbol femenino entre clubes. Existe registro fílmico de un encuentro jugado en 1964 en la cancha de Tigre, y un año después se disputó en la cancha de Estudiantes un partido entre el Club Atlético Tigre y el Centro Cultural Alberdi, que contó con una notable asistencia de público y una recaudación de $300.200. Tigre estaba considerado como uno de los mejores equipos femeninos de la época y de entre sus filas surgieron cinco de las jugadoras que en 1971 participarían del Mundial de México: Gloria “Betty” García, Blanca Brúccoli, Eva Lembessi, Zulma Gómez y Zunilda Troncoso.

El equipo de Alberdi se había iniciado en 1964 y dos meses antes del partido frente a Tigre había realizado un partido de exhibición en cancha de Belgrano de Coronel Moldes, con una recaudación de $61.800. Mercedes Luna, a quien apodaban “Pelé”, era la principal figura del equipo de Alberdi.

A principios de la década de 1970, solo unas pocas instituciones de la ciudad de Buenos Aires aceptaban mujeres futbolistas: entre las opciones disponibles estaban los clubes Piraña, Excursionistas, Universitario y All Boys.

Simultáneamente, en otras partes del país se realizaban partidos de exhibición y giras de equipos femeninos, los cuales estaban organizados por empresarios que cobraban por la entrada. La informalidad era tal que una delegación no oficial de jugadoras representó a la Argentina en la Copa Mundial Femenina de Fútbol de 1971.

En 2019 se designó el 21 de agosto como el Día de la Futbolista en conmemoración de los cuatro goles marcados por Elba Selva en el partido frente a Inglaterra durante el certamen. En 1978 se realizó un torneo metropolitano de un mes de duración que fue ganado por Racing Club. Algunos de los equipos participantes, además del ya mencionado campeón, fueron Yupanqui, Excursionistas, Minué y San Fernando.

En el plantel de Racing se encontraban tres jugadoras que habían sido mundialistas en 1971: Gloria “Betty” García, Marta Soler y Virginia Cattaneo. Las condiciones de juego eran en general precarias: a veces jugaban en canchas de tierra, en ocasiones se requirió la improvisación de arcos y la mayoría de las futbolistas usaban zapatillas, salvo las mundialistas, a quienes se les habían obsequiado botines.

Entre 1985 y 1986, la Subcomisión de Damas del Club Independiente San Alberto de Ituzaingó organizó una serie de campeonatos y encuentros amistosos de fútbol femenino. Uno de los partidos con mayor difusión pública fue el que disputaron en abril de 1986 los equipos femeninos de Independiente San Alberto y Defensores de Lomas de Zamora como preliminar del encuentro masculino entre Deportivo Morón y argentino.

En 1986, con Doña Tota, madre de Diego Maradona, como madrina de honor, se crea la Asociación Argentina de Fútbol Femenino (AAFF). Agrupación independiente de AFA que organizaría campeonatos metropolitanos y que, a pesar de su carácter amateur, llegaría incluso a financiar viajes para disputar partidos internacionales.

Nils Altuna era la presidenta y principal impulsora de la asociación. Los torneos locales llevaban la denominación de Femigol y Yupanqui fue el campeón y gran dominador de los mismos hasta 1991, año en que comenzaron los campeonatos de AFA y en el que la AAFF desapareció como institución independiente al ser absorbida por la organización oficial.

A mediados de la década de 1980, la FIFA había tomado la determinación de impulsar el fútbol femenino y como parte de ese proceso, en 1991 se disputaron la primera Copa Mundial Femenina en China y el primer Campeonato Sudamericano Femenino en Brasil. Fue en ese marco que el 27 de octubre de 1991 comenzó el primer torneo oficial de fútbol femenino en Argentina organizado por AFA, conocido como Campeonato de Fútbol Femenino. Este torneo contó con la participación de ocho equipos y dio como ganador al Club Atlético River Plate.

La segunda edición del torneo fue ganada por Boca Juniors y luego River consiguió una seguidilla de cinco campeonatos consecutivos. El técnico de River Plate era Coco Torres, quien al mismo tiempo se desempeñaba como director técnico de la selección femenina de fútbol de Argentina que disputó su primer partido oficial en 1993.

En 1997 ocurrió un notable aumento en el número de clubes inscritos al torneo, de solo nueve equipos que habían participado en la edición anterior la cifra se incrementó a veintidós. Por aquellos tiempos los partidos más destacados eran transmitidos por el canal de cable Siempre Mujer y el ex arquero Sergio Goycochea oficiaba de comentarista.

En el año 2000 se disputó un Campeonato Sudamericano de clubes en Perú que contó con la participación de dos equipos argentinos: River Plate y Banfield. Si bien no fue un torneo oficial, en el mismo participaron varios equipos campeones de Sudamérica y podría considerarse un precedente de lo que luego sería la Copa Libertadores Femenina.

River Plate y Boca Juniors alternaron el primer puesto de la competición local durante 17 años. Recién en 2008 se consagra San Lorenzo, que clasifica a la primera edición de la Copa Libertadores de América Femenina. En 2011 se permitió la participación de clubes que no estén afiliados directamente a la Asociación del Fútbol Argentino y en 2015 se creó la Segunda División.

En los últimos años, UAI Urquiza ha crecido como uno de los referentes en el fútbol femenino argentino, estando a la par de Boca y River en materia de torneos ganados y jugadoras convocadas a la Selección. Otros clubes como Racing, Gimnasia La Plata, San Lorenzo, Talleres, Platense e Independiente han aportado en varias oportunidades futbolistas a los seleccionados de todas las categorías.

Hasta ahora, ningún club indirectamente afiliado a la AFA ha podido participar de los torneos oficiales. Ningún equipo argentino logró llegar a la final de la Copa Libertadores y aún existe una marcada diferencia entre los clubes de Capital Federal (especialmente Boca y River) con el resto de los equipos del país.

Muchos años antes de ese evento trascendental, entre 1950 y 1960, hubo una denominación de mujeres que empezó a jugar el fútbol. Este fue el “periodo pre AFA” y mujeres como Marta Soler y Betty García se volvieron conocidas como las pioneras en Argentina. Ellas son “reconocidas como las iniciadoras del camino del fútbol femenino en dicho país, puesto que empezaron a disputarles el fútbol a los varones”. El camino para ellas y muchas más que fueron sumamente importantes en la creación de fútbol femenino fue bastante difícil.

Otra jugadora, Malia Flores, contó que “de chica se escapaba de su casa para ir a jugar y que sabía que a la vuelta le esperaban los cinturonazos de su padre”. Ella sabía que no era normal ni aceptado jugar al fútbol, por el concepto reinante de la época y que estaba regido por patrones de formación, como que el fútbol era para hombres y la cocina para ellas.

Sin embargo, ellas prefirieron ir contra las normas cuadradas y estereotipos. Decidieron ir en busca de sus ideales y se convirtieron en “pilares fundamentales de la primera selección de mujeres argentinas que jugó en un mundial, la Copa del Mundo de México en 1971. Allí se dieron el gusto de ganarles a Inglaterra por 4 a 1 y de enfrentar a las dueñas de casa ante 120 mil espectadores”. El trabajo de estas mujeres empezó un movimiento, el cual causó declaraciones como la de FIFA en 1991. Sin embargo, todavía hay mucho potencial para el crecimiento y la equilibrarían del juego femenino.

Recientemente, ha habido un gran cambio hacia la creación de más igualdad para las futbolistas femeninas en Argentina. Macarena Sánchez, futbolista de UAI Urquiza, fue la principal impulsora del proyecto de profesionalización y visibilidad del fútbol femenino argentino. Tuvo inconvenientes con la dirigencia tras manifestar su opinión de un trato más justo para con las futbolistas y ha recibido amenazas a través de las redes sociales.

El 16 de marzo de 2019 se oficializó la profesionalización del fútbol femenino en Argentina. Se definió un mínimo de 8 futbolistas contratadas por club y un salario de quince mil pesos (equivalente a un contrato de Primera C masculino). Magalí Moreno, futbolista de Lanús, opinó al respecto: “El aporte de la AFA va a mejorar nuestro ingreso, para poder entrenarnos y dedicarnos más, pero dudo que podamos vivir con 13 mil pesos. A la mañana trabajo cuatro horas en una administración de consorcio y a la tarde soy niñera, luego de eso me voy a entrenar”.

Este anuncio no contempla a los clubes del interior, que continúan jugando de manera amateur. Complementariamente al inicio del profesionalismo en noviembre de 2019 comenzó a disputarse por primera vez el Campeonato Femenino de Reserva. Según AFA la iniciativa tiene la intención de fomentar la formación de jóvenes futbolistas.

A su vez, desde 2019 se disputa el Torneo Rexona de Primera A de Fútbol Femenino en el que juegan los siguientes equipos: Boca Juniors, San Lorenzo de Almagro, UIA -Urquiza, River Plate, Rosario Central, Gimnasia y Esgrima La Plata, Racing Club, Estudiantes de La Plata, Independiente, Lanús, Excursionistas, S.A.T. (Social Atlético Televisión), Platense, Huracán, Defensores de Belgrano, El Porvenir y Villa San Carlos.

En marzo de 2019, la AFA anunció la creación de una liga profesional. La AFA prometió que pondrá más énfasis en el fútbol femenino en los años siguientes y está planeando construir un centro de entrenamiento en Buenos Aires para las mismas. La nueva liga empezará en junio y tendrá como propósito cumplir la promesa que hizo la matriz de continuar impulsando su crecimiento. Se proveerá de canchas para equipos que no tienen espacio físico para jugar y ha dado a equipos 60 días para registrar al menos ocho jugadoras profesionales. Con suerte, esto causará que las mujeres tengan más oportunidades de ganarse su espacio y también que sean más respetadas en la sociedad.

La Selección Femenina

Hasta muy recientemente, no había una liga profesional de fútbol femenino en Argentina. La mayoría de las jugadoras en la selección femenina hasta los años noventa fueron amateurs por la falta de apoyo de parte de la AFA y otras organizaciones deportivas.

El primer partido de la selección femenina oficial fue el 3 de diciembre de 1993 contra un equipo chileno. Fue un partido amistoso en el estadio Santa Laura en la ciudad de Santiago en Chile. Desde ese momento, la selección femenina se ha reafirmado como un equipo importante que debe tener apoyo. El equipo ha participado en una variedad de torneos en América Latina y también en otras partes del mundo, pero no ha tenido mucho éxito hasta ahora.

Sudamericano Femenino: La selección argentina obtuvo un segundo lugar en el torneo Sudamericano Femenino en los años 1995, 1998, y 2003. En el año 2006 accedió al primer lugar y muchos coincidieron en que este título es “el más importante de la historia de la Albiceleste de mujeres”.

Juegos Olímpicos: La selección argentina no ha calificado por los juegos olímpicos muchas veces desde su inicio como equipo competitivo, pero sí lo hizo para los JJOO en Beijing en el verano de 2008. Desafortunadamente perdieron en la primera fase de la competencia multidisciplinaria.

Juegos Panamericanos: La selección argentina no ha tenido mucho éxito en este torneo. Tomaron cuarto lugar en los juegos de 2014, pero perdieron en la primera fase en los años 2007, 2011, y 2015.

Copa América Femenina: La Copa América Femenina es el campeonato donde la selección femenina argentina ha tenido más éxito. El equipo tomo segundo lugar en los años 1995, 1998, y 2003, y fue el campeón en el año 2006. Después de estos años el equipo no tuvo tanto éxito, tomando cuarto lugar en 2010 y 2014. Este torneo es muy significativo a la situación corriente del equipo porque su término en tercer lugar en 2018 dejo al equipo calificar para la Copa Mundial en Francia en 2019.

La Copa Mundial Femenina de FIFA: La selección femenina argentina no ha calificado para la copa mundial muchas veces. En dos de los años que, si calificaron, los años 2003 y 2007, perdieron en la primera fase. El equipo calificó en el 2019 para la Copa Mundial en Francia.

Crecimiento del Fútbol Femenil

El fútbol femenino en Argentina lleva 29 años de existencia y el progreso ha sido considerable. Se posicionó como potencia sudamericana, además de obtener títulos y clasificaciones a nivel continental. Es muy competitivo, cuenta con varios clubes en primera división y también con una segunda división que lo hace más llamativo en cuanto a crecimiento.