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La buena salud no tiene por qué ser complicada. La mejor dieta para los deportistas profesionales es también la mejor dieta para perder peso, para la salud cardíaca, la prevención del cáncer y prácticamente para todo. Siguiendo la estela de aquellos chefs, periodistas y críticos gastronómicos que han colocado en el punto de mira la importancia de comer bien, conocer los orígenes de los alimentos y respetar las tradiciones, la doctora Shanahan añade a esta creciente revolución alimentaria la voz de una médica y científica experimentada. Con consejos claros y fáciles de recordar, Pautas alimentarias aporta información clave que incluso los pacientes de la doctora Shanahan que más se preocupaban por su salud habían pasado por alto y que podría también ayudarte a cuidar de la tuya.
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Seitenzahl: 208
Veröffentlichungsjahr: 2020
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Los editores no han comprobado la eficacia ni el resultado de las recetas, productos, fórmulas técnicas, ejercicios o similares contenidos en este libro. Instan a los lectores a consultar al médico o especialista de la salud ante cualquier duda que surja. No asumen, por lo tanto, responsabilidad alguna en cuanto a su utilización ni realizan asesoramiento al respecto.
Colección Salud y Vida natural
PAUTAS ALIMENTARIAS
Catherine Shanahan
1.ª edición en versión digital: enero de 2020
Título original: Food Rules
Traducción: David N. M. George
Maquetación: Isabel Also
Corrección: TsEdi, Teleservicios Editoriales, S. L.
Diseño de cubierta: TsEdi, Teleservicios Editoriales, S. L.
© 2010, Catherine Shanahan, MD.
Libro publicado por acuerdo con Folio Literary Management e International Editors Co.
(Reservados todos los derechos)
© 2018, Ediciones Obelisco, S.L.
(Reservados los derechos para la presente edición)
Edita: Ediciones Obelisco S.L.
Collita, 23-25. Pol. Ind. Molí de la Bastida
08191 Rubí - Barcelona - España
Tel. 93 309 85 25 - Fax 93 309 85 23
E-mail: [email protected]
ISBN EPUB: 978-84-9111-575-5
Maquetación ebook: leerendigital.com
Reservados todos los derechos. Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada, trasmitida o utilizada en manera alguna por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación o electrográfico, sin el previo consentimiento por escrito del editor.
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Índice
Portada
Pautas alimentarias
Créditos
¿Es tu problema la inflamación?
Por qué me centro en la dieta
La dieta antiinflamatoria
Parte I: ¿Qué debería comprar? Pautas para comprar alimentos naturales
1. Compra alimentos naturales
2. Evita los aceites vegetales
3. Compra aceites saludables
4. Abandona tu adicción al azúcar
5. No te engañes: el azúcar es azúcar
6. Trata a los carbohidratos como si fuesen azúcares, ya que lo son
7. No compres edulcorantes artificiales
8. Evita los alimentos que contengan glutamato monosódico
9. Evita el glutamato libre
10. Evita los alimentos que contengan glutamato monosódico, especialmente si eres vegetariano
11. Evita los alimentos que contengan glutamato monosódico, especialmente si tomas alcohol
12. Desea tu umami
13. No compres alimentos que te engañen
14. Compra alimentos con distintas formas, colores y tamaños siempre que sea posible
15. Paga más
16. Compra pensando en la nutrición
17. Lee siempre la lista de ingredientes
18. Toma buenas decisiones respecto a la charcutería
19. Compra más hortalizas y menos frutas
20. Compra hortalizas frescas, y no congeladas ni en conserva
21. No les compres a tus hijos alimentos azucarados
22. Evita la mayoría de los zumos de fruta
23. Haz la compra dos veces por semana como mínimo
24. No compres productos desnatados
25. Compra huevos camperos, especialmente si eres vegetariano
26. Compra leche cruda y quesos elaborados con leche sin pasteurizar
27. Compra yogur
28. Compra encurtidos, chucrut, kombucha y kimchi fermentados de forma natural
29. No pienses que el tofu es un alimento saludable
30. Compra panes elaborados con cereales germinados
31. Compra alimentos de origen animal verdaderamente ecológicos
32. Las carnes con hueso y piel son mejores que aquéllas sin hueso y sin piel
33. Conoce de dónde vienen tus alimentos
34. Compra alimentos locales y de temporada
35. Compra salsas y pico de gallo de calidad
36. Compra condimentos de calidad
37. No compres alimentos cuya etiqueta afirme poseer propiedades beneficiosas para la salud
38. Compra buenos postres
39. Buenos alimentos gratis: cultiva tu comida
Parte II: ¿Cómo debería cocinar? Pautas para cocinar de acuerdo con la tradición
40. Cocina de acuerdo con la tradición
41. Lee un buen libro de cocina de principio a fin
42. Implica a tus hijos
43. Emplea las grasas y los aceites adecuados para cada preparación
44. Emplea grasa y sal en las hortalizas
45. Haz una ensalada GRANDE y colorida, y alíñala bien
46. Cuece al vapor y saltea las hortalizas
47. Cocina la carne con cuidado
48. Haz caldo de huesos o espinas
49. Explora distintas cocinas
50. Cocina variedad de carnes
51. Explora distintas técnicas culinarias
52. Aprende online
53. Evita las recetas espantosas
54. Cocina los huevos con delicadeza
55. Haz chucrut
56. Come pescado crudo
57. Evita los batidos de proteínas
58. Prepara tu propio aliño para ensaladas
59. Haz sopa
60. Conviértete en un adicto al sabor
61. No cocines. Encuentra alimentos listos para comer preparados sólo con ingredientes naturales
62. Come hígado
63. No prepares una comida a base de azúcar
64. Come cosas amargas
65. No cocines la cena cada noche
66. Compra unos buenos cuchillos y mantenlos afilados
67. Haz que tu cocina sea un lugar agradable en el que trabajar
68. Guarda la grasa
69. Añade las hierbas aromáticas frescas más tarde que las secas
70. Germina cereales integrales y legumbres
71. Consume encurtidos en tus comidas
Parte III: ¿Cómo debería comer? Pautas para comer de forma consciente
72. Rodéate de amantes de la buena comida
73. Concéntrate en los ingredientes y no en las calorías
74. No piques entre horas
75. Consume comidas completas
76. Disfruta de la pizza, las hamburguesas con queso y la cerveza
77. Planea para los momentos de caos
78. No desperdicies buenos alimentos
79. No confíes en que los demás den de comer bien a tus hijos
80. Haz que tus planes de menús sean emocionantes
81. Para ser más sexy consume alimentos sexys
82. Consume alimentos salvajes o silvestres, y no cultivados intensivamente o de criadero
83. Come con buenas intenciones
84. Haz que las verduras te llenen más
85. Incluye la grasa al principio de la comida
86. Incluye los carbohidratos en el lugar que les corresponde
87. Reconsidera la comida rápida
88. Come por la salud de tus nietos
89. Si no puedes conseguir carne de animales criados en libertad, piensa en reducir tu consumo de carne
90. Disfruta de la sal
91. Limita la cafeína a dos tazas diarias
92. Sustituye los refrescos por kombucha
93. Organiza una cita para cenar en casa con toda la familia
94. No seas un turista en tu propia ciudad
95. No te dejes engañar por la «auténtica» cocina falsa
96. Aprende que lo ecológico no equivale a saludable
97. Agasaja a tus invitados
Parte IV: Las indicaciones del médico
1. Conoce tu riesgo de padecer diabetes
2. Reflexiona acerca del cáncer
3. Hazte un análisis de tus niveles de azúcar en sangre
4. Conoce lo que tus cifras de niveles de colesterol significan realmente
5. Haz que tus niveles de HDL aumenten
6. Olvida la idea de que las grasas saturadas y el colesterol son malos para ti
7. Hazte un análisis de tus niveles de vitamina D
8. Muéstrate precavido con los medicamentos para reducir los niveles de colesterol
9. Muéstrate precavido con las píldoras para aumentar tu densidad ósea
10. Tómate el dolor en serio
11. Reflexiona sobre el ardor de estómago
12. Reflexiona sobre la artritis
13. Reflexiona sobre los dolores de cabeza
14. Evita los jabones antibacterianos
15. No esperes que los suplementos hagan gran cosa
16. Haz ejercicio
17. Haz yoga antes de desayunar
18. Haz que tu ritmo cardíaco aumente
19. Haz ejercicio anaeróbico
20. Aprende a bailar
21. Duerme
Apéndices
Apéndice A: La pirámide alimentaria tradicional
Apéndice B: Una lista de la compra saludable
Apéndice C: Alimentos que eliminar de tu lista de la compra
Sugerencias de menús
Se han llevado a cabo todos los esfuerzos posibles para asegurarse de que toda la información incluida en el libro sea completa y precisa. Sin embargo, ni la autora ni el editor se dedican a proporcionar asesoría a lectores particulares.
Dedicado a cualquiera que sea amable con los animales.
¿Es tu problema la inflamación?
Si has emprendido acciones para mantenerte sano, pero tu dieta y/o tu programa de ejercicio no te han proporcionado los resultados que deseas, hay una alta probabilidad de que la razón sea la inflamación. La mayoría de los problemas de salud que hacen que la gente acuda a mi consulta tienen su origen en la inflamación provocada por los desequilibrios en la dieta. Una vez que tu organismo está atrapado en un ciclo inflamatorio, ya no puedes eliminar células grasas ni transformarlas en músculo. La inflamación es el muro que se yergue entre ti y el cuerpo que deseas. Si quieres recuperar la salud y perder peso, primero tienes que derribar ese muro.
Para entender cómo la inflamación puede promover la ganancia de peso y otras enfermedades crónicas, debes saber algo sobre el papel de la inflamación en tu organismo.
En un cuerpo sano, la inflamación tiene un cometido útil. Cuando te tuerces el tobillo, por ejemplo, los tejidos que se han desgarrado desencadenan una cascada de respuestas inflamatorias que incrementan el flujo de sangre hacia la zona y provocan una hinchazón visible. Bajo la piel hinchada, yace una zona de demolición en la que las reacciones inflamatorias limpian partes dañadas para dejar espacio para las reparaciones que, en último término, reconstruirán la articulación de tu tobillo. Cuando te resfrías, los virus presentes en tus ganglios linfáticos desencadenan una inflamación que les hace ponerse en marcha para generar anticuerpos, y una garganta irritada y una nariz congestionada son síntomas de la batalla que se está librando en tu cavidad oral y en tus vías respiratorias superiores. Normalmente, una vez que la torcedura de un tobillo o un resfriado se han resuelto, la inflamación desaparece.
Sin embargo, en el marco del desequilibrio alimentario, a la inflamación le lleva mucho más tiempo desaparecer. Como la inflamación bloquea la función metabólica normal y altera el crecimiento celular, no sólo se tardará más tiempo en curarse las lesiones y las infecciones menores, sino que es probable que se desarrollen enfermedades graves como la aterosclerosis y el cáncer.
La palabra inflamación procede del latín inflammare («prender fuego»), y las sensaciones que provoca dependen de dónde arda el «fuego». Si padeces inflamación en tus articulaciones, sentirás dolor y rigidez. Si es en tus intestinos, provocará náuseas y retortijones. En el caso de los pulmones, te puede hacer toser. La inflamación también puede hacerte sentir cansancio, irritabilidad, problemas hormonales, alergias y otros trastornos. Estos síntomas comunes suelen atribuirse a la edad, el estrés, las infecciones o el sobrepeso, pero todos ellos deberían tomarse como signos de advertencia de que tu dieta está dañando a tu organismo.
La inflamación también evita que tu organismo desarrolle musculatura, lo que limita tu capacidad de ver cómo pierdes peso y ganas músculo al hacer ejercicio. Como las células grasas pueden secretar sustancias químicas proinflamatorias, la grasa excesiva (esto es, un índice de masa corporal superior a 25) actúa como maquinaria de generación de inflamación y puede dejarte atrapado en un ciclo vicioso de ganancia de peso, inflamación y todavía más ganancia de peso. Intentar revertir este ciclo por el mero hecho de comer menos alimentos proinflamatorios puede generar unos resultados temporales, pero como no soluciona la inflamación, normalmente acaba fracasando a largo plazo.
Lo que necesitas es una renovación metabólica. Si sufres cualquiera de las enfermedades listadas a continuación, las pautas que aparecen en este libro te ayudarán, primero eliminando la inflamación de tu organismo y luego aportándote los alimentos que necesitas para regenerar unos nuevos tejidos sanos.
La inflamación genera o hace empeorar muchas enfermedades, entre las que se incluyen:
• Sobrepeso.
• Diabetes/prediabetes.
• Cáncer.
• Alergias y asma.
• Ansiedad.
• Cefaleas.
• Trastornos del aprendizaje.
• Neuropatía.
• Hígado graso y acidez de estómago.
• Artritis y tendinitis.
• Aterosclerosis.
• Hipertensión.
• Ovarios poliquísticos.
• Fatiga crónica.
Por qué me centro en la dieta
¿Con qué frecuencia enciendes el televisor y ves una historia acerca de un niño afectado por el autismo, a una madre aquejada de un cáncer de mama, la carencia de tratamientos eficaces contra la enfermedad de Alzheimer o la epidemia que supone la obesidad? No es, simplemente, una exageración de los medios de comunicación. Los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades de EE. UU. predijeron que la generación de los niños nacidos en el siglo XXI sería la primera en la historia con una esperanza de vida más corta que la de sus progenitores, mientras que se ha identificado que los gastos en asistencia sanitaria, que se están disparando por la nubes, suponen una amenaza potencial para la economía nacional en EE. UU. Si nuestras crecientes crisis de mala salud tienen una única causa subyacente, creo que puede que se trate de la siguiente: Los médicos no estudian nutrición.
Las facultades de medicina son famosas por restar importancia a la nutrición. Los médicos no aprenden lo suficiente sobre la forma en que las perniciosas inflamación y degeneración se combinan para provocar las enfermedades que experimentan la mayoría de sus pacientes. A no ser que hayamos estudiado por nuestra cuenta, nosotros, los médicos, no podemos aportar muchos conocimientos sobre cómo las elecciones alimentarias de nuestros pacientes han contribuido a los problemas que les llevan a la consulta. Tampoco ofrecemos buenos consejos sobre qué comer o cómo cocinar para mantenerse alejado de los hospitales. Aunque los médicos somos muy conscientes del potencial de una profunda conexión entre la dieta y la salud, nos convencemos, a través de nuestra formación, de que no deberíamos molestarnos en hablar a nuestros pacientes de la comida que consumen a no ser que padezcan sobrepeso. Incluso entonces, las conversaciones son extremadamente superficiales y suelen desarrollarse de una forma parecida a ésta:
Médico: ¿Está usted vigilando lo que come?
Paciente: Bueno, doctor, lo intento, pero generalmente, cosa que veo, cosa que como.
Médico: Jajaja. Bueno, intente moderar un poco su ingesta.
En el pasado, yo también fui culpable de hablar simplemente de forma superficial de este tema con mis pacientes. Antes de llevar a cabo cualquier investigación en relación con mi primer libro, Deep nutrition,[01] sólo hablaba de las dietas con la gente con un sobrepeso severo o con diabetes, y limitaba esas conversaciones a lo poco que sabía: Cuente las calorías. Intente hacer ejercicio. Escoja alimentos bajos en grasa. Ése era el alcance de mis consejos, ya que asumía que eso era todo lo que alguien debía saber. Me di cuenta de que mi plan de estudios había omitido la nutrición porque la nutrición no importaba realmente. También asumía que la historia familiar y los genes tenían que ver más con la salud de mis pacientes que su dieta. No tenía ni idea de que el alimento podía modificar el devenir de la salud de una familia mediante la influencia sobre su expresión genética. Subestimaba el poder de la nutrición para dañar o sanar. Y así, al igual que la mayoría de los médicos, me centré en los medicamentos.
Si consumes el tipo de alimentos que comen la mayoría de mis pacientes cuando vienen a verme por primera vez, la mayor parte de tu ingesta calórica la constituirán los almidones procedentes de los cereales y las legumbres, los azúcares de la fruta, carnes de baja calidad de animales alimentados también con cereales y legumbres (y no con pastos y otros tipos de forraje) y aceites vegetales: exactamente lo que el Gobierno te dice que comas. Contrasta esta monotonía con lo que nuestros tatarabuelos comían hace un siglo: caldo de huesos o espinas, carne ecológica, frutas y hortalizas fermentadas, mantequilla fresca (no pasteurizada) y productos lácteos acidificados de forma natural. Este alejamiento de los alimentos de verdad para pasar a consumir productos industriales comestibles nos explica todo lo que necesitamos saber sobre la causa de la epidemia de las enfermedades que sufrimos.
Como la mayoría de los profesionales de la salud son ajenos a la pérdida de variedad en nuestras dietas, simplemente no estamos cualificados para proporcionar consejos nutricionales. Peor todavía es que la economía estadounidense depende ahora de las grandes empresas farmacéuticas y de otras industrias que venden servicios a la gente enferma, lo cual supone más del 30 % del producto interior bruto de EE. UU. En otras palabras, si nadie estuviera enfermo, eso sería muy malo para el 30 % de la industria estadounidense. ¿Dónde está el incentivo para buscar soluciones reales?
Esto ha generado un vacío en el sector de la asistencia sanitaria. Los pacientes confían ahora en facultativos que practican medicinas alternativas para que les proporcionen lo que sus médicos no pueden darles. Muchos de estos doctores que se dedican a las medicinas alternativas se encuentran entre los pensadores de EE. UU. más informados y progresistas en las ciencias de la salud humana. Sin embargo, otros están tan mal formados para defender sus recomendaciones dietéticas como la mayoría de los médicos. Al carecer de un centro de referencia (un sistema oficial de evaluación por parte de expertos) en el que puedan analizarse teorías nutricionales que compitan entre sí, los pacientes quedan confundidos por lo que suelen ser filosofías opuestas e incompatibles.
Con mi formación en bioquímica y genética, y mi experiencia clínica con los efectos de variedad de programas dietéticos, he orientado con éxito a miles de pacientes a través de este paisaje cambiante de ideologías rivales. Este libro representa el núcleo de mis consejos nutricionales: un conjunto de pautas fáciles de seguir que darán lugar a los resultados que estabas buscando.
[01]. Nutrición profunda. Publicado por Ediciones Obelisco, 2019.
La dieta antiinflamatoria
Las pautas que aparecen en este libro se basan en los aspectos científicos explicados en detalle en Nutrición profunda, y representan los elementos clave del TRMI (Tratamiento para Revertir el Metabolismo Inflamatorio), mi exitoso programa para perder peso. Durante la consulta inicial con los pacientes, he visto que surgen muchas preguntas una y otra vez. Por lo tanto, antes de sumergirnos en las pautas, he pensado que sería buena idea que abordáramos algunas de las más comunes.
¿De qué tipo de dieta se trata?
Ésta es tu guía para reproducir el tipo de dieta que las personas más sanas seguían hace generaciones, antes de la invención de los alimentos industriales. Puedes aplicar estas pautas para preparar cualquier plato que quieras y disfrutar de una variedad ilimitada de cocinas auténticas que te harán recuperar la salud reduciendo la inflamación, la cual interfiere con tu equilibrio metabólico y con la expresión de tus genes.
¿Es ésta una dieta pobre en carbohidratos?
Sí. Todos los carbohidratos (incluso los cereales integrales) hacen que se eleven los niveles de azúcar en la sangre. Algunas décadas de alimentación basada en los carbohidratos (haciendo que el pan, el arroz, la pasta, etc. formen parte de cada comida) dañan tu metabolismo, de forma que sientes descensos de energía y punzadas de hambre que te hacen querer comer más de lo que necesitas. Tal y como verás, más de 100-150 gramos de carbohidratos diarios conducen a la inflamación y a ganar peso, mientras que las dietas ricas en grasas naturales son antiinflamatorias.
¿La grasa no me hará engordar?
Las grasas naturales no nos hacen engordar. Las grasas trans, especialmente en combinación con los azúcares, prácticamente garantizan que ganemos peso. Una deficiencia de grasas (naturales) en tu dieta hará que te resulte difícil quemar grasa, y no puedes perder peso sin quemar grasa.
¿Por qué no es preocupante que la grasa pueda elevar mis niveles de colesterol?
La cifra de colesterol que importa es tu relación entre el HDL y el LDL, y no tu colesterol total. Como la inflamación metaboliza moléculas que transportan colesterol de formas que pueden dañar a tus arterias, se nos ha hecho creer, falsamente, que el colesterol es la causa del problema, cuando no lo es. Los niveles bajos de HDL y altos de triglicéridos son mejores indicadores de tu riesgo de padecer un infarto de miocardio y un ictus que los niveles de LDL o de colesterol total.
Como hortalizas, ¿no basta con eso?
En realidad no. ¿Has comido hígado a lo largo de la última semana? ¿Y sopa o jugo de carne hechos con caldo de huesos? ¿O chucrut, encurtidos o kimchi, que contienen bacterias probióticas (buenas)? Hace doscientos años, probablemente habrías dicho «Sí» a cualquiera de los tres, pero en la actualidad la mayoría de los estadounidenses puede pasar décadas sin ni siquiera verlos. La supervivencia de tus bisabuelos dependía de estos alimentos, y si tú quieres independizarte de los medicamentos, la tuya también dependerá de ellos.
¿Por qué no sabe esto mi médico?
Aquí tenemos un pequeño relato que puede ayudarte a responder a esa pregunta. En el año 2004, el doctor Michael Holick, de la Universidad de Boston, publicitó el hecho de que hasta el 80 % de los estadounidenses tenía una deficiencia de vitamina D, lo que podría duplicar su riesgo de padecer un cáncer de colon, mama o próstata. Entonces Holick sugirió dejar de ponerse protector solar de vez en cuando para favorecer una exposición sensata a los rayos ultravioleta. Esa simple recomendación fue lo suficientemente radical como para hacer que le expulsaran de su cátedra en el Departamento de Dermatología. Éste es el tipo de reacción política violenta que evita que la mayoría de los académicos agiten las aguas. Sólo después de que publicara un libro que explicaba su razonamiento, y sólo después de que facultativos que practicaban medicinas alternativas empezaran a recetar vitamina D, el establishment médico captó la idea, hacia 2009. Esto te explica algo sobre las dificultades con las que se encuentran los líderes médicos cuando realmente intentan liderar.
¿Cómo supiste sobre la inflamación?
Antes de ir a la Facultad de Medicina, estudié Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad de Cornell, donde aprendí cómo funciona la naturaleza en el interior de las células vivas. Durante mis años de práctica médica, llegué a comprender que alterar el orden natural de la función celular provoca la enfermedad. Gracias a esta combinación entre la educación en las ciencias básicas y la experiencia clínica, puedo explicar ahora qué alimento y qué pasos de su procesamiento promueven la inflamación. Yo, por ejemplo, advierto ahora a la gente de que el procesado de la leche con su pasteurización y homogeneización da lugar a más alergias que si la consumimos fresca; que el cocinar en exceso el salmón, que por todo lo demás es saludable, destruye los ácidos grasos omega-3; y que los aceites de canola (una variedad de colza) contienen un tipo de grasa trans que puede dañar las células y el ADN. La filosofía del TRMI se basa en comprender que eliminar la inflamación permite a tu organismo recuperar el equilibrio metabólico de forma natural.
¿Puede este pequeño libro explicarme de verdad todo lo que necesito saber?
Aprender a encargarte de tu propia salud es un viaje que dura toda la vida, pero mucha gente quiere una guía sencilla, concisa e infalible que le ayude a empezar a ir en la dirección correcta. Este libro es esa guía. Para obtener un conocimiento más completo sobre cómo estos cambios en la dieta afectarán a tu organismo, tus células y tus genes, lee Nutrición profunda.
Pero oí que «X» era bueno/malo para mí…
Cuando los pacientes preguntan por los beneficios o perjuicios para la salud de alimentos concretos (frecuentemente los productos lácteos, los cereales, la soja o la carne), les ayudo a responder a esa pregunta por sí mismos regresando a las fuentes y la tradición. Si cualquier alimento procede del mismo tipo de fuente en la que la gente tradicionalmente confiaba y se prepara de la misma forma, es muy probable que sea bueno para ti. Si la fuente o la forma de preparación han cambiado, entonces no obtendrás los mismos beneficios.
¿Cómo están organizadas estas pautas en el libro?
La PRIMERA PARTE te ayudará a comprar de forma saludable. Aprenderás qué comprar, qué tipo de mercados frecuentar, cuándo comprar alimentos ecológicos y cómo decidir entre dos marcas de un mismo producto.
La segunda parte te ayudará a empezar a pensar en la comida y en la nutrición como un chef. No es ninguna casualidad que Julia Child[02]viviera noventa y un años. En lugar de limitarte a depender de un puñado de las recetas incluidas, me centro en consejos y técnicas para hacerte más fácil escoger las mejores recetas de entre las que hay disponibles en Internet.
La tercera parte te ayudará a refrenar tus ganas de comer de más y te orientará hacia una relación más sana con la comida.
Las indicaciones del médico proporcionan aspectos esenciales que debes aprender antes de tu siguiente visita al médico. Incluye los mejores y más valiosos análisis de laboratorio, y los peores y más recetados fármacos.
Por último, ¿cuál es tu filosofía sobre la salud y la curación?
La salud es el inevitable resultado procedente de obedecer las normas de la naturaleza, y la enfermedad es el inevitable resultado procedente de distanciar tu organismo de la naturaleza. Te ofrezco estas pautas para ayudarte a hacer que la naturaleza sea tu aliada. Si las sigues fielmente, la naturaleza te recompensará.
[02]. Julia Child fue una famosa chef, autora y presentadora de la televisión estadounidense. (N. del T.)
